Transmisión reestablecida...

Capítulo 10

Persecución

-¡Volvieron! ¿Qué tal la misión?

555 se hallaba recostado en uno de los sofás de la sala de estar, mirando un programa en la TV y con un paquete de papas fritas a su lado. Se había recolocado el yeso en la pierna, de modo que nadie se diera cuenta de su tapadera.

"¡Sí que son tontos estos agentes! ¡Engañarlos ha sido pan comido", pensó para sus adentros, mientras aparentaba preocuparse por la suerte del equipo.

-Es una larga historia, amigo... –dijo Numbuh 2, recuperando el aliento junto con sus compañeros.

Mientras los cuatro se bajaban del COOLBUS, compartieron miradas preocupadas.

-¿Qué vamos a hacer ahora? –preguntó 3, al borde del llanto.

-¿Qué ocurre aquí? ¿Me estoy perdiendo de algo?

-En pocas palabras, la misión no fue exactamente un éxito –dijo Numbuh 1, abatido-. En menos de veinticuatro horas, descubrimos algunas cosas sorprendentes. Por ejemplo, que Numbuh 5 está detrás de la alianza de los villanos.

-¡Qué! ¡Tienes que estar bromeando! ¿Cómo es eso posible?

-Tenemos que advertir a 362. KND está en serios problemas –siguió el británico.

-¡Espera, 1! –saltó 4, llevándose las manos al pelo con preocupación-. ¿Cómo rayos le explicamos a 362 que nuestra mejor amiga es ahora una villana sin corazón?

-Especialmente, ¿cómo lo hacemos sin ponernos en evidencia? –secundó al güero 2, con los brazos cruzados-. Si 362 se entera de golpe que fuiste y decidiste expulsar a 5, basándote en un disquete y un par de tonterías... No sé tú, amigo, pero pensaría que es el peor chiste que se te podría ocurrir, y eso que yo sé de chistes malos.

-Hmm, jejeje... ¡Ah, miren qué tarde es! –dijo de pronto 555, apagando el televisor y levantándose del sofá-. Mi antiguo Sector C acaba de enterarse que sigo vivo. No puedo quedarme aquí y no pasarme por allí como se debe, ¿no creen?

-Pero 555, ¡aún estás herido! –se alarmó 3, aunque sin energías para intentar detenerlo.

-Ya estoy mejor, Numbuh 3. ¿Ves?

El agente canadiense movió su pierna "herida", demostrando su punto.

-Oh... bueno, pero no te esfuerces demasiado, ¿OK?

-Entendido, doctora. Entendido.

Pero antes de que 555 pudiera continuar su camino al puerto de naves, donde permanecía la suya desde la última vez, el calvo británico lo detuvo en seco, mirándolo con sospecha.

-Un momento, amigo mío. Hay algo que necesito que me aclares. O, más bien, que nos aclares a todos. La profecía que me entregaste...

-Sólo tú, yo, y el resto de tu sector conocen su contenido, ya que es información clasificada. ¿Qué necesitas saber?

Aunque no lo mostrara, 555 había empezado a ponerse nervioso. ¿Había descubierto Nigel que él era un traidor?

-¿Estás seguro? ¿nadie más tiene idea de esta información? ¿Los adolescentes que te capturaron no consiguieron absolutamente nada al respecto? –Nigel miró fijamente al canadiense, ahora abiertamente suspicaz ante su aparente estoicismo-. Así que, por Los Chicos del Barrio, tu lealtad a los niños del mundo y todo lo que es bueno y puro como el cereal arco iris... Necesito que seas absolutamente sincero. ¿Alguien más lo sabe?

-Numbuh 1, te juro por mi puesto y mi vida que nadie, excepto nosotros, conoce esa información. ¿Es todo? Porque tengo mucho qué hacer.

-Está bien, puedes irte.

-Gracias.

Sin embargo, antes de que 555 terminara de salir por la puerta, no advirtió que dejaba caer algo en el suelo.

Sin darle mayor importancia, y siendo la única que había notado esto, Kuki lo tomó, guardándoselo en un bolsillo de sus pantalones para dárselo cuando regresara.

-Tienen razón, chicos. No puedo simplemente ir a 362 y soltarle todo esto. Me mataría.

Nigel colocó su cabeza entre sus manos, admitiendo que se había equivocado tanto como para arriesgar su continuidad en KND. Sólo cuando sintió tres pares de manos rodeándolo se animó a levantar la mirada.

-Esto no es tu culpa, 1 –lo animó Kuki, mirándolo con determinación-. Si no hubiera sido 5, cualquiera de nosotros estaría ahora en su lugar, y nos enfrentaríamos entre nosotros de todos modos.

-Es verdad, no puedes pensar que todo está perdido justo ahora. ¡Todavía podemos recuperar a 5!

-Y patearles el trasero a los villanos, como siempre –completó 4.

-Gracias, amigos. ¿Qué haría sin ustedes?

-No estás solo en esto, 1. ¿Verdad, chicos? –dijo Kuki, extendiendo una mano.

-Estamos contigo, líder. ¡Cuatro!

El Güero colocó su mano primero.

-¡Tres!

Kuki lo siguió.

-¡Dos!

El mecánico y piloto del equipo fue el siguiente.

-¡Uno!

Finalmente, el británico puso su mano en el centro, mirándolos a todos a los ojos, sonriendo al encontrarse con sus miradas determinadas.

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p class="MsoNormal"span lang="ES-AR" style="mso-ansi-language: ES-AR;"-Chicos del Barrio, es hora de rescatar a una amiga.

En otra parte, precisamente en una casa del árbol en Vancouver, Canadá, el paisaje otoñal indicaba tranquilidad y paz.

Hacía dos minutos, un pequeño jet individual acababa de aterrizar en su pista de abordo. 555 bajó de su transporte, siendo recibido por cuatro caras familiares.

Números 551, 552, 554 y 560 lo miraban con la boca abierta, sin terminar de creer que su viejo amigo estuviese allí parado, y que no fuera todo un sueño.

551 era un chico larguirucho, de tez pálida, ojos verdes y cabello castaño, que usaba gafas azules, vestía una camisa verde y pantalones rojos. 552 era una niña menuda de ojos almendrados, rubia y de tez ni demasiado clara ni demasiado oscura, con una camiseta blanca con unos dibujos de rombos rojos y azules en el frente, falda amarilla y pantalones grises. A su lado, otros dos niños, 554, un chico gordito, pelirrojo y de ojos marrones, en traje de médico, y 560, menudo como la niña, rubio, parecido a 4, pero con el cabello cortado al rape y en vestimenta verde militar, lo rodearon en cuestión de segundos, antes de tirarlo al suelo en un abrazo grupal.

-¡chicos, me asfixian!

-¡Estás vivo! -exclamó 551.

-¡Has vuelto! -gritó 552.

-¡No era una broma pesada del Comando Global! -dijo 554 derramando una cantidad considerable de lágrimas.

-¡Y sin una sola herida! -acotó 560, tan impactado como el resto.

En efecto, de camino aquí, en su vehículo 555 se había quitado el yeso y se había terminado de cambiar a su ropa usual. Que era exactamente igual a la que traía al principio, excepto que su gorra con su número era ahora negra con las letras en blanco, y su chaqueta era amarilla.

-Claro que no es una broma, ¿por qué les haría una cosa así Número 86? El humor no es lo suyo, o al menos eso me han contado en la Base Lunar.

-¡Ven adentro! -552 lo ayudó a levantarse con el resto de su equipo, guiándolo hacia el interior-. ¡Hay tanto que te perdiste estos dos años!

-Y supongo que tenemos algunos días para ello. Pero, ahora mismo, francamente lo único que deseo es descansar un poco. ¿Todavía hay cereal arco iris en la despensa?

-Claro, ya te traigo un poco –se ofreció 551.

-excelente –dijo su recién reaparecido líder, echándole un vistazo nostálgico a la base, sonriendo feliz.

-Te ves... diferente. ¿Qué es, 555? –lo interrogó 554.

-Eso es felicidad, amigo mío. Estoy feliz. Feliz de finalmente estar de vuelta.

-No estoy para nada feliz –estaba diciendo Abby, golpeando su escritorio.

Mauricio y Chad se encontraban frente a ella, sentados en sendas sillas de metal, mirando al suelo, temerosos de que, si decidían mirarla a la cara directamente, acabara por matarlos literalmente.

-¿Qué rayos les pasa? ¡Mírenme a la cara cuando les estoy hablando, par de idiotas!

-¡L-lo sentimos, jefa! –dijeron al unísono, obedeciendo su orden y temblando de pánico.

-Está bien, ya. –De pronto, Abby suavizó su expresión de furia, y sus ojos rojos volvieron a ser normales-. Si me temen todo el tiempo, esto no va a funcionar. Chicos, se supone que soy su líder, no su verdugo.

-¿Eso qué significa, jefa? –dijo Chad, algo más compuesto.

-Si necesitan decirme algo, sólo díganlo, no voy a matarlos por quejarse.

-¿De verdad? ¡Qué alivio! –Mauricio se permitió sonreír por primera vez en dos días, imitándolo su amigo-. Porque, si quieres mi sincera opinión, te comportas como toda una diabla.

-¡Eso es tan gracioso, amigos! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! –de pronto, y para su sorpresa, la afroamericana se echó a reír, haciéndolo expontáneamente por primera vez en días, siguiéndola sus subordinados un instante después, no sin mirarse entre sí antes.

Cuando sus risas disminuyeron un poco, la líder se permitió volver al asunto en cuestión.

-Volviendo a lo nuestro, necesito avances. ¿Seguros de que no tienen ni idea de quién podría haber ayudado a nuestros prisioneros a escapar?

-Ni idea –dijo Chad, temblando imperceptiblemente.

-Lo mismo –lo secundó el moreno, encogiéndose de hombros; sólo él había sido capaz de captar el nerviosismo de su amigo-. Pero seguiremos buscando. Desgraciadamente, él o ella borró las grabaciones de las cámaras justo antes de que los refuerzos pudieran reorganizarse.

-¿Saben qué? No me importa. –Abby suspiró, girando su silla hacia la ventana-. Nuevas órdenes: asegúrense de que los demás ninjas adolescentes me son leales. Si son capaces de asustarlos con la idea de enfrentarme, creo que nadie más se animará a intentar nada gracioso mientras siga por aquí. Sin embargo, para eso tendré que hacer... algo. Algo que no necesariamente me gustaría hacer.

-¿A qué te refieres? –preguntó Mauricio, temiendo la respuesta a su pregunta.

-Cree, a eso me refiero. Díganle que venga en cuanto terminen su patrullaje del día.

-En realidad, tenemos clases extra –se apresuró a excusarse Chad, levantándose de su asiento y arrastrando al moreno con él-. Pero no te preocupes, hmph, quiero decir, no se preocupe, jefa, haremos que alguien la llame por nosotros.

-Bien entonces. Pueden irse.

Sin una palabra más, ambos adolescentes se marcharon. Una vez fuera, la tensión terminó de desaparecer, permitiéndoles relajarse verdaderamente.

-Te juro que esta vez estuvo demasiado cerca –dijo el rubio, rascándose la cabeza.

-No tienes por qué estar tan alterado, después de todo, ella sabe que soy encubierto, tonto. –Ante el predecible grito de su mejor amigo, el moreno se apresuró a cubrirle la boca con una mano, antes de agregar-: por suerte, sigue sin saber que tú también eres un espía para KND.

-¡Ay, Mauricio, casi me das un ataque al corazón! ¿Cómo se te ocurre decirme esto recién ahora?

-Porque, contra mis peores temores, ella parece estar cómoda conmigo alrededor, como la Abby que conozco. ¿Viste cuando se suavizó? Presiento que esa cosa maligna que ustedes le metieron no tiene el control total sobre ella aún. Si no, no dudo que ya hubiera ordenado que me metieran en una máquina cortadora de carne.

-Oye, ¡no exageres! Cuando yo "traicioné" a todos, e incluso con sus memorias recuperadas, y durante lo del Abuelo, nunca he visto a ningún agente que fuera capaz de jurarme venganza. A ti, en cambio, no han dejado de admirarte en secreto. Para ellos, siempre serás el legendario Número 9. pese a todo, ni siquiera Número 1 parece haber querido vengarse. Sin embargo, empiezo a temerla. ¿Qué estará planeando hacer con Cree?

-Ni idea. Sólo podemos cruzar los dedos y rezar para que no sea lo que creo que hará.

-¿Y eso sería?

-No quieres saberlo. Vámonos de una vez, voy a llegar tarde a matemáticas avanzadas.

-Y yo tengo mi entrenamiento CON EL EQUIPO de fútbol.

-¿Realmente creen que esto sea necesario? ¡O sea hello, tampoco es como si ella quisiera matarme por alguna especie de retorcida venganza!

-Amigo, si quieres sobrevivir, vas a tener que usar algo más que tus habilidades de combate cuerpo a cuerpo y tu astucia de líder –lo estaba exhortando nemo, arrojándole una mochila llena de cosas-. Vas a necesitar toda la ayuda que puedas obtener.

-dudo que esto vaya a funcionar, Nemo. ¿Qué van a hacer mientras no estoy?

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-Mientras escapábamos, conseguí que Chad nos diera algunos de los planes de nuestra ahora psicópata ex mejor amiga –dijo el piloto, acariciando su gorro de aviador-. Créeme, 1, no querrás estar ahí cuando ataquemos.

-¿Qué? ¿Atacar? ¿Acaso ustedes están pensando en alguna especie de emboscada?

-Ojalá, lo más cercano a mi estrategia se puede definir como suicidio –dijo su amigo, suspirando.

-¡Oye, 1! ¡No te olvides de éstos!

-¡Número 4...!

Antes que el británico pudiera continuar con su diatriba, un par de objetos volaron directamente a su cara, estampándolo contra la pared, antes de deslizarse al suelo.

-más cuidado, 4. Queremos armarlo, no desarmarlo. ¿Entendiste?

-¡Aquí tienes, Numbuh 1!

Kuki venía arrastrando su propio conjunto de armas para el calvo, enterrándolo en un montón de Simios Arco Iris de colores.

-¡Son demasiados! ¡Sólo puedo llevarme dos a lo sumo!

-¡Ah, claro! ¡entonces tienes para elegir! Te recomiendo: el Simio Arco Iris Súper-Amoroso, al Simio Arco Iris Sonrisa-Brillante, el Simio Arco Iris No-Me-Dejes-De-Abrazar, el Simio...

-Número 3, ¿por qué no mejor vamos todos a la sala a mirar tu programa favorito, y le damos a Numbuh 1 un poco de espacio?

Nemo se llevó a la japonesa entre saltos de alegría y risas.

-Pero es que yo vivo de mi público...

-¡Ah, no hay nada como un buen botín de dulces para terminar una tarde de invierno! ¿No lo creen, chicos? –estaba diciendo Barba Pegajosa, lamiendo una paleta multicolor.

A su alrededor, sus marineros se encontraban despatarrados sobre la cubierta del Dulce Venganza, disfrutando de un trabajo bien hecho. Todos estaban comiendo de su más reciente tesoro, que consistía en más de quinientos kilos de dulces, robados a varias tiendas del centro de cleveland durante la mañana. El viejo capitán había aprovechado la casi nula presencia de niños, y la total de agentes de KND, algo por lo demás rarísimo, pero hasta él sabía aprovechar una oportunidad única cuando se presentaba. Robar había sido como robarle un dulce a un bebé, ya que los pocos niños en las tiendas que tuvieron la mala suerte de estar allí hoy, sin protección alguna contra sus ambiciosos hombres, habían tenido que entregarles todos sus dulces, al igual que los dueños de dichas tiendas.

-Sin embargo, algo no se sintió bien. Barba Pegajosa tiene la sensación de que algo falta. Francamente, no estaría mal un poco de acción para este capitán de vez en cuando, y no entiendo por qué esos mocosos del barrio no tuvieron siquiera la decencia de aparecerse. ¿Será que me estoy haciendo viejo?

Al caminar de regreso a su camarote, sus ojos volvieron a fijarse en el trozo de papel en el centro de su modesta mesa de madera, que utilizaba como centro de operaciones. Los mapas habían sido tirados a un lado, y en su lugar ese pequeño y misterioso trozo de papel era lo que ocupaba su mente. Hacía ya una semana que una gaviota exótica, de color negro, le había traído una nota. La letra, el estilo de la escritura, todo indicaba que sólo podían venir de una persona: Lazzie; pero era el contenido de la carta lo que lo había desconcertado. Lo que casi lo hizo arrojarla al mar para desaparecer con la corriente.

-Sigo sin poder creérmelo. No, una de dos: o es de otra persona, que intenta hacerle una broma a Barba Pegajosa, o Lazzie enloqueció. Sí, este viejo capitán está más inclinado por esta última posibilidad.

Fue en ese preciso momento cuando escuchó gritos y golpes afuera. Alarmado, salió lo más rápido que pudo de su camarote, y se sorprendió ante la vista.

-A ver, a ver, adultos, será mejor que me digan dónde está el capitán de este barco, o me veré obligado a tomar medidas drásticas.

-¡Aquí está él, chamaco!

Frente a frente, adulto y niño se miraron fijamente. Para su asombro, se trataba nada más y nada menos que del famoso Número 1, con una mochila roja al parecer llena de objetos misteriosos, su par de gafas de sol habituales, un brazalete de alguna clase y una especie de espada samurai a la cintura. El viejo pirata no se dejó intimidar por la vista, en su lugar se enfrentó al niño con entereza.

-¿Qué estás haciendo aquí? ¿Y dónde están tus estúpidos amiguitos? ¡Porque no pienso devolver ni un solo caramelo sin antes romperte todos los dientes, pequeño mocoso!

Antes de que el pelón fuera capaz de reaccionar, el pirata había desenfundado su espada de menta y, golpeándolo con la parte roma de la hoja, lo arrojó contra el mástil, donde se deslizó hasta tocar el suelo. Un instante después, tenía al pirata sobre él, con su espada de dulces justo en su garganta, dispuesto a acabar con su miseria, a menos que supiera cómo escapar.

-¿Últimas palabras, amigo?

-Sí. ¡Hay una ballena de chocolate justo a estribor!

-¿Qué? ¿Dónde?

Un segundo de distracción por parte del pirata fue todo lo que Numbuh 1 necesitó para escapar de su trampa, al patearlo en la cara, dar un salto sobre su espalda y tirarlo al suelo. No pasaron ni cinco segundos para que la tripulación, ahora anonadada y con diversas miradas de miedo, ira y venganza, se recuperara de su shock momentáneo y lo apuntara con una veintena de armas de dulce.

-Yo no haría eso si fuera ustedes. No querrán que Barba Pegajosa sufra daño, ¿verdad?

Con clara reticencia, poco a poco los marineros bajaron sus armas, mirando a su capitán con impotencia. Sin embargo, en cuanto lo hicieron, el niño salió de la espalda del pirata, permitiéndole levantarse.

-¿Qué rayos quieres, mocoso? ¡Si querías algo de nuestro botín, sólo tenías que robarlo sin que nadie se diese cuenta!

-No he venido hasta aquí por dulces, capitán. No me interesa su botín, al menos no por el momento. Hay algo de lo que tenemos que hablar. En privado.

-Bien, bien, si eso es todo... ¡Hombres! ¡vigilen la cubierta! Tom Estúpido, ¡súbete ahí arriba y vigila que nada ni nadie más pueda sorprendernos!

-¡A la orden, capitán!

Una vez en su camarote, el adulto se acomodó en una silla. Nigel, por otro lado, permaneció de pie, paseándose con nerviosismo por la estancia, mirando de tanto en tanto los mapas y dibujos pegados en las paredes.

-Hmm, ¿te gusta la navegación, muchacho?

-Iré al grano. ¿Qué sabe del resto de los adultos villanos?

-Oh, ese montón de perdedores. Hace meses que no asisto a sus reuniones, sobre todo después del fiasco con el Abuelo y todo eso. Claro, sigo suscrito a la revista semanal de villanos, pero suelo usarla como papel higiénico extra. ¿Eso es todo?

-¿Y eso? –de repente, a la velocidad del rayo, el calvo saltó sobre la mesa, donde estaba la extraña carta. Antes de que el pirata pudiera alcanzarla, el británico había vuelto al suelo, con el trozo de papel firmemente en sus manos-. ¿Puede explicarme qué es esto?

-Sigo haciéndome esa misma pregunta desde hace dos días, cuando me la trajo un ave costera. ¿Y tú? ¿Qué crees que signifique?

-Antes, mencionó una revista de villanos. ¿Aún conserva el último número de la semana?

-Déjame ir a buscarla al baño.

Ni un minuto después, el villano volvió con un lamentable montón de papel de colores, la mayoría en mal estado, pero al líder del Sector V poco le importaba. Arrebatándoselo, buscó alguna página que fuera legible todavía, y encontró lo que estaba buscando.

-O sea hello, ¿es que los piratas no miran las noticias? Al menos deberían tener una radio por aquí. Bueno, no importa. Mire esto.

Farfullando insultos de marinero, el pirata tomó las dos páginas arrugadas que el niño le arrojó, mirándolas con desconcierto.

-¡rayos y centellas! ¿qué hace Lazzie en la revista de villanos?

-Lea eso en voz alta, si aún no entiende lo que pasa.

-"¡inaudito! La antigua Numbuh 5, ex miembro del Sector V de KND, acaba de ser nombrada la nueva jefa extra oficial de los villanos, junto con el Señor Jefe y Padre. Todos nos preguntamos ¿qué hace una niña, una enemiga nada menos, trabajando con los villanos? Para más información, comuníquese con el Padre, quien estará gustoso de darle más detalles al respecto." ¡Oh, no! ¿Eso quiere decir que el trozo de papel no era una broma?

-De eso quería hablar con usted, pirata pegajoso.

-¡Bah, claro! ¿Y qué tiene que ver con tu problema con Lazzie este pirata? Si no me falla la memoria, somos enemigos jurados. Eso sin agregar que la nota me invita, a mí y a mi tripulación, a formar parte de este nuevo plan de Padre. ¿Qué te hace pensar que te ayudaría?

-Porque es uno de los únicos villanos que no nos atacó el otro día, cuando esta locura comenzó. Además, no querrá hacerla enfadar. Tiene que ayudarme a detenerla, o si no...

-¿O si no qué?

-Si no, puede prepararse para vivir bajo su zapato.

-¿Por qué? ¿Soy el pirata más temido de los siete mares dulces! ¿Qué razón tiene Barba Pegajosa para sentirse amenazado? ¡ja! ¡Y por Lazzie, nada menos!

-Pues... Porque... le digo, me dice, le digo, qué le digo...

-¡capitán! –gritó Tom, en un tono de puro terror-. ¡Alguien o algo nos ataca!

-Quiero decir, porque viene por nosotros.

-¡Eleven las velas! ¡Y prepárense para el asalto! ¡Mis dulces no pienso regalárselos a nadie! ¡A los cañones!

En eso, el pirata le lanzó al calvo una mirada de muerte, que él rechazó con un encogimiento de hombros, mientras se preparaba por sí mismo, extrayendo un arma 2X4 de su mochila.

-¡Como llegues a hacer algo gracioso, niño, te haré caminar por la tabla!

-En este momento, me encantaría, capitán, pero no tenemos tiempo para eso. ¡O sea hello, prepárese para surcar el mar como si nuestras vidas dependieran de ello! –y, acto seguido, salió corriendo del camarote, hasta pararse junto al timonel, quien lo miró con algo semejante a la ira y al miedo mezclados-. ¡A toda máquina, amigo! ¡Quiero seguir vivo mañana!

-¡Hey, sólo yo les doy órdenes a mis hombres! –ni bien dijo eso, un segundo barco, apenas más grande que la Dulce Venganza, de color negro y con tres calaveras en la proa, se puso a unos doscientos metros al sur de donde estaban, disparándoles una bala de cañón-. ¡Tom, a toda máquina!

A pesar de la habilidad del timonel, el brusco viraje de la embarcación no fue lo suficientemente veloz como para evadir el ataque en su totalidad. La bala de cañón arrancó el mástil de cuajo, a punto de voltear la nave.

-¿qué fue eso? ¿Alguien puede decirme qué nos está atacando?

-Hmm, ¡oigan! –uno de los marineros, cerca de la inconsciencia, lamió el proyectil, sonriendo tontamente-. ¡Sabe a fresa!

-¿Fresa? ¡Oh, no! ¡Otro pirata de los dulces! ¡Chicos, prepárense para contraatacar! ¡Nadie se roba mi título y vive para contarlo!

El mismo capitán en persona tomó asiento en uno de los cañones, y disparó un proyectil con un resultado similar en su enemigo, destruyendo el mástil de la otra embarcación, esta vez con una alargada bala de menta.

-¿Eso la detendrá? –el calvo se mantenía aferrado a la base de una de las velas, ahora completamente alzadas para mayor impulso, como había ordenado el capitán.

-No, pero nos dará algo de tiempo. ¡Necesito un plan, y rápido!

De repente, la nave entera de los piratas fue empujada hasta volcarse hacia babor, y todos debieron aferrarse a algo para evitar caer al agua. Con la Excepción del timonel, que salió despedido hacia el mar, perdiéndose de vista.

Dos enormes arpones acababan de impactar el costado de estribor, a pocos metros de la popa, donde se encontraba buena parte del botín de la mañana. Una silueta desconocida se encontraba en el agua, acercándose rápidamente hacia ellos. Ni tres minutos después, mientras la nave volvía a estabilizarse, y en medio de una tensión palpable con las manos, quien saltó del agua hasta ellos, para pararse en mitad de la misma era, nada más y nada menos, que Abigail Oliveira, pero su aspecto era algo diferente a como la tripulación pirata la recordaba. Iba vestida toda de negro, con una mirada cruel, una sonrisa de suficiencia en su rostro, y algo escrito en su gorra roja. En su mano izquierda, un Tom Estúpido pataleaba como pez fuera del agua. Era una imagen casi ridícula, rozando el absurdo; el enorme timonel pateaba y mordía con todas sus fuerzas, pero ni siquiera eso parecía disuadir a la morena. En su mano derecha, su propia espada de menta brillaba a la luz de la tarde, a milímetros del cuello del desgraciado.

-¡Espera ahí, tú! –Barba Pegajosa se abrió paso a empujones entre su tripulación nuevamente paralizada, hasta llegar frente a frente con su "aprendiza", sin dar crédito a lo que sus ojos estaban viendo-. ¿Lazzie? ¿Eres tú? ¿Qué estás haciendo?

De pronto, fue Numbuh 1 quien saltó en medio de la cubierta, pateando a su antigua segunda al mando en un costado, y así liberando al pobre timonel, que enseguida se puso a escupir el agua que había en sus pulmones.

-Es la última vez que Tom bebe agua de mar –dijo el propio hombre, antes de quedar inconsciente y en brazos de dos compañeros.

-Claro, ¡porque la próxima vez, lo que escupirá será sangre! ¡Ja, ja, ja!

-¡lazzie! –ahora, tras recuperar la compostura, el capitán pirata había vuelto a desenvainar su espada, en alerta ante cualquier nueva acción de la chica-. Será mejor que comiences a explicarle a este pirata qué está pasando.

-A un lado, capitán –dijo el calvo, enfrentándose a la chica-, yo me encargo. Esto es entre ella y yo. Me quiere a mí. ¿No es así?

-Afirmativo –estuvo de acuerdo Abby, antes de dirigir su espada contra su antiguo líder-. ¡Prepárate para morir!

Ambos se movían a gran velocidad, parando y esquivando los golpes del otro; Abby con su espada de menta, y Nigel con la espada que le había regalado Numbuh 3. cuando, en un descuido, la afroamericana dejó su defensa desprotegida, el británico la golpeó en el hombro, lanzándola contra el botín, en cuyo interior se perdió.

-¡Sáquenos de aquí, capitán! –gritó el británico, mientras el cofre del tesoro rebalsado de golosinas estallaba por los aires, y todo el mundo corría para rescatar los dulces.

Cuando Abby emergió del montón, sin embargo, tenía la boca llena de dulces, con una gran sonrisa en su cara, pero su mirada asesina acababa de desaparecer. En sus manos, al menos una veintena de gomitas de los Simios Arco Iris la mantenían ocupada.

-¿Alguien va a explicarme qué rayos está sucediendo aquí? –el capitán, ahora en el lugar del timonel, miraba al británico por encima del hombro.

-Una larga historia. ¿Hmm, Abby? ¿Numbuh 5?

En cuanto la chica se hubo terminado parte del botín de los piratas, miró desconcertada a todos, en especial a su antiguo líder.

-¿Numbuh 1? ¿Barba Pegajosa? ¿Qué ocurre? ¿Qué estoy haciendo aquí?

-Venías persiguiéndome con intenciones asesinas, ¿no te acuerdas?

-¿yo? ¿Por qué?

-le digo, me dice, qué le digo... Te expulsé del equipo sin una buena razón, ¿recuerdas?

-¡Tú! –saltó entonces Abby, con su ira regresando a marchas forzadas-. ¿Cómo te atreves?

-¡Lo lamento! Mira, no pensaba con claridad entonces, ¿de acuerdo? Todavía podemos olvidar todo este problema y volver a casa. ¿Qué me dices?

-¡Ay, no! ¡El ataque!

-¿Qué?

-Ay, no, ¿qué he hecho? –la chica, con la cara crispada de horror, miró a su líder, indicándole con los ojos una sola cosa: "corre".

"¡No! ¡No puedes detenerte ahora! ¡No lo permitiré! –era la voz maligna otra vez, ahora en la mente de todos los presentes, que con excepción de Barba Pegajosa y Nigel, acababan de tirarse al suelo y agarrarse la cabeza por el dolor-. ¡Venganza! ¡Dolor! ¡Miedo infinito! Eso soy yo! ¡Y nada ni nadie va a detenerme!"

-¿Q-qué es esa voz? –dijo el pirata mayor, con una fuerte jaqueca que estaba tratando de reprimir-. ¿Acaso es un efecto alucinatorio de los dulces?

-¡Es lo que ha estado causándonos a mí y a mis amigos tantos problemas! ¡La Oscuridad!

-Pero ¡es de día! –dijo un marinero, estúpidamente.

-¡O sea hello, es su nombre! Pero ¡tenemos que detenerla!

"¡Nigel Uno! ¡Tú eres mi principal problema! ¡En cuanto acabe contigo, será el fin de todos tus amigos!"

-¡Cállate! –gritó Abby, presionando sus manos sobre su frente, con los ojos fuertemente cerrados-. ¡Basta! ¡Todos, deben alejarse de mí! ¡Tírenme al agua mientras aún pueden!

-¡No puedo hacer eso! –se opuso el pirata, procurando ocultar su pesar por su amienemiga-. Quiero decir...

Fue el británico quien lo hizo, haciéndole caso a su amiga. Agarrándola de un brazo, la arrastró por la cubierta, con ella dejándose llevar dócilmente, luchando interiormente para que la entidad maligna dentro suyo no volviera a tomar las riendas pronto. En pocos segundos, consiguió empujarla al agua, donde se hundió.

-¡Tü! ¡Pequeño mocoso! –Barba Pegajosa levantó a Nigel del cuello de su camiseta, mirándolo con rabia-. ¿qué acabas de hacer?

-Créame, capitán, era lo mejor. Pero no confío en que el agua la detenga por mucho tiempo. Así que, si quiere volver a probar un dulce en su vida, será mejor que volvamos a navegar.

Sin saber cómo sentirse al respecto, el capitán dio órdenes para que alguien tomara el timón, mientras él se metía en su camarote, cerrando la puerta con fuerza, no sin antes echar una última mirada en dirección a la popa, mientras el mar se agitaba, no prometiendo nada bueno.

-Sólo espero que siga viva.

Mientras los marineros cortaban los arpones y volvían a poner en funcionamiento la Dulce Venganza, Nigel se preguntó para sus adentros cómo saldrían de ésta.

Saliendo fuera del agua y regresando a su barco, cortesía del Señor Jefe, la afroamericana, toda empapada y furiosa, volvió a controlar su nave, que yacía a punto de zozobrar en mitad de la nada. El sistema era tan avanzado que tenía un piloto automático, que utilizó para continuar la persecución, mientras ella misma se permitía cambiarse y comer algo.

"Te lo dije. La duda te ha debilitado. Si no hubieras dudado, y me hubieras permitido ayudarte, ese pelón no te habría tirado al agua. ¡idiota!"

-¡Cállate! ¡Por tu culpa, casi mato a alguien ahí! Abby no es una asesina, ¿me oíste?

El demonio, o cosa maligna, o lo que fuera, se rió de sus quejas en su cabeza, mientras se cubría la cara con las dos manos, intentando ocultar sus sollozos a esa cosa.

"Débil. Débil. ¿Cuándo te vas a dar cuenta de que soy tu única salida? Sin mí, ya habrías desaparecido. Fueran esos niños o los villanos, tarde o temprano te hubieran pisoteado."

Abby no replicó. A cada minuto, le era más difícil resistirse, tanto mental como emocionalmente, y no estar de acuerdo con esa cosa, que ahora tenía control sobre sus emociones. ¿Cuánto pasaría para que se apoderara del resto de su mente? Tenía que concentrarse y poner su mente en la persecución; mientras, había dejado la mansión del Padre con órdenes para los villanos. Aunque debía reconocer que volver a liderar le daba una sensación inigualable de calma y tal satisfacción como no sentía desde la última vez que dejó el puesto para que Nigel lo ocupara. ¿y si volvía a lastimarlo gravemente como entonces?

-Concéntrate, niña. Si no, acabarás enloqueciendo literalmente.

"Utiliza mis poderes, mi magia. Juntas, el mundo estará a nuestros pies. ¡El universo entero, incluso! ¡Imagina! ¿No te gustó volver a tener el control? ¿No amas el poder?"

-Sí. Pero... No quiero convertirme en lo mismo que Cree, no te dejaré.

"Eso ya lo veremos, amiga. ¡El universo!"

-No inventes. ¿No tienes nada mejor que hacer que atormentarme, verdad?

La voz permaneció callada por los siguientes veinte minutos, dándole algo de calma. Calma que, sabía, no podía durar.

-¿Estás seguro de que quieres que te dejemos aquí, amigo?

-Sí. Gracias.

Sin otra palabra, el operativo calvo saltó de la cubierta, aterrizando en tierra, sin mirar atrás.

-¿Ella no intentará hundir mi nave de nuevo?

Suspirando, el agente se dio la vuelta por última vez, mirando en dirección a la proa, donde Barba Pegajosa estaba cruzado de brazos.

-No, me busca a mí. Todo esto es mi culpa. Pero planeo arreglarlo.

Cuando ya se preparaba para adentrarse tierra adentro, sin embargo, el pirata volvió a llamarlo. Girándose, el calvo vio su espada en manos del pirata, que se la arrojó.

-¡Toma!

Nigel la atrapó, asintiendo en su dirección como agradecimiento.

-Una cosa más. Dale una dulce patada a lo que sea que esté manipulando a Lazzie, ¿de acuerdo?

-Eh, lo intentaré, capitán.

Ni dos minutos después, el barco se alejaba por el horizonte, en la dirección contraria.

-Bien, aquí vamos. Monte del Helado, allá voy.

Sin que él lo supiera, a una decena de metros, una silueta lo seguía, escondida entre los árboles.

-¿Numbuh 1? ¿Qué hace ese entrometido por aquí? Bueno, será mejor que lo averigüe.

Y entonces, tanto Nigel como la silueta, se adentraron en la montaña.

Transmisión interrumpida...