¡Día doce!

Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes.

Advertencia: Este drabble participa en la actividad de noviembre de #retossesshomenov.

Día 12: Kagome demonio y Sesshōmaru sacerdote

Palabras: 449

Baúl del Oeste

Lealtad

Sesshōmaru disparó.

La sangre salpicó el suelo.

—Buen trabajo.

El sacerdote le dio la espalda al cadáver para encontrar a una mujer que sonreía a pesar de la escena que llenaba el lugar, había al menos 12 cuerpos sin vida a su alrededor; le hombre levantó el arma para apuntarle, ella se detuvo, pero la sonrisa no cayó de su rostro.

—…

—¿Vas a disparar o no? —preguntó ladeando la cabeza curiosa.

—La información era verídica —bajó el arma.

—Como si alguna vez te hubiera mentido —rió suavemente.

Sesshōmaru tuvo que reconocer que, para ser un demonio, ella tenía razón, nunca le había mentido, siempre fue sincera y transparente, muy diferente a lo que debía ser un demonio, estaba llena de vida y emociones positivas.

Aún recuerda su primer encuentro con inusual nitidez, sus cabellos azabaches pegados a su cuerpo y cara por la lluvia que los empapaba, su ropa manchada de tonos rojos y negros; y lo más sorprendente, el cuerpo de un pequeño niño siendo acurrucado en su pecho protegiéndolo de los elementos naturales y de un grupo de demonios que al parecer querían al pequeño.

Él los asesino a todos e iba a ir por la mujer que no parecía temerle, sólo cansada y agradecida; sin embargo, el niño rogó por la vida de su salvadora, lo dejo pasar y no reportó el incidente, o más bien, que dejo con vida a un ser infernal.

Y conforme los meses pasaron, los encuentros se volvieron casi rutinarios, hasta que Kagome, -nombre que le dio de cuando fue humana, antes de que su alma fuera arrastrada hasta los fuegos y renaciendo como un demonio rastrero-; comenzó a contarle y pasarle información sobre los puntos de reunión y las fechas, al principio desconfió, pero todos resultaron ser ciertos, cuando le cuestionó, ella sólo sonrió y dijo:

Yo vendí mi alma por el bien de mi hermano, no quiero que viva en un mundo oscuro, eres mi mejor apuesta.

Sesshōmaru aceptó la tregua.

Pero ambos lo sabían mejor.

—Se acerca el día de la purga.

Kagome asintió.

—Y ese día me matarás —lo miró con sus ojos negros turbios que un día fueron celestes—. Será una buena noche, despejada y con luna llena. Sí, será una buena noche para morir.

—¿Te despedirás de tu hermano?

—No. Él es feliz así, quiero que siga así, ¿puedes prometerme que cuando muera lo cuidarás?

Él no podía prometer nada, menos a un demonio.

No debía.

—Lo prometo.

Ella sonrió.

—Sabes, no eres tan malo, me hubiera gustado conocerte antes —Kagome le guiño un ojo—, tal vez te hubieras enamorado de mí.

Sesshōmaru la vio salir del lugar.

—Ya lo estoy, Kagome.

FiraLili

12/11/2020