Capítulo 10: Histeria.

—¡Despierta!

Ichigo obedece en mal humor porque había estado muy a gusto en su sueño con Orihime. Raro, no tiene vergüenza en admitir que la mayoría de sus sueños son ella desnuda en la intimidad, pero esa ocasión fue diferente. En vez de estar conociéndose íntimamente en las sabanas, simplemente soñó que estaban tendidos en un descapotable mirando las estrellas. Como en una cursi película de los setenta.

¿Qué diablos estaba mal con él?

—¡Ichi-nii! — El susodicho desvía la vista hacía la voz: Yuzu. — ¡Despierta y levántate!

—¿Yuzu? — Revolviéndose el pelo se incorpora y queda sentado en la cama, apoyado en una mano en el colchón. — ¿Qué haces en mi casa?

—¡No hay tiempo, arréglate rápido si quieres desayunar! — Y sale antes de darle tiempo en reclamar.

¿Qué mierda ocurre allí?

¡Es su maldito día libre, joder!

Pero conociendo a Yuzu, no iba a dejarlo tranquilo, volvería y quizás lo haga con una jarra de agua fría con hielo incluido. Así que allí está, saliendo del baño desnudo luego de la ducha y pasando una toalla en el pelo húmedo.

Ya vestido baja las escaleras y se encuentra a su hermana hablando con la criada en lo que toma una taza de té y galletas. La criada se inclina en respeto apenas nota su presencia y le indica con la mano que su desayuno ya está servido.

—¿Qué diablos significa todo esto, Yuzu?

—¿A qué te refieres?

—No me vengas con eso. — Se sienta y la criada le llena su tasa con café. — Me despiertas en mi día libre.

—¡Hermano! — Su comentario la hace enojar y eso nunca es bueno. — ¡Se supone que hoy me llevas al parque de atracciones por fallarme en mi cumpleaños!

¿Qué ha dicho?

—¡Eso es mentira! Es la otra semana, Yuzu.

—¡Claro que no! — Infla sus mejillas y sus ojos delatan sus intenciones asesinas. — ¡Lo has olvidado por completo!

—Lo tengo agendado en mi teléfono, ya verás que tengo razón. — Saca el celular y abre la aplicación del calendario.

01 de Junio: Compensar a Yuzu con un estúpido parque de atracciones.

Kurosaki Yuzu sonríe victoriosa al momento que se cruza de brazos. Conoce bien a su hermano para saber que su expresión facial le da la razón.

—¿Decías?

—Lamento haberlo olvidado.

—¿Me dejas manejar?

—Solo de ida.


—¡Vamos, arriba! — Ordena Orihime abriendo la puerta de sus dos bebés. — ¡Al baño a lavarse la cara y luego a desayunar!

En lo que el adolescente y el niño obedecen en modo zombi, Orihime regresa a su cuarto a vestirse. Ya les había dejado la comida lista en la mesa después de todo. En lo que se coloca una falda larga de flores rosa, piensa en Ulquiorra y en lo que ha pasado hace tres días. Cierra los ojos y mueve la cabeza en negación, no es momento de pensar en eso, tiene que superarlo. Ya es demasiado pobre de su parte admitir aquel vergonzoso minuto llena de miedo que no fue capaz de moverse.

Que fue de nuevo esa asustadiza jovencita, suplicando.

Cuánta fuerza de voluntad tuvo que usar en las citas con Ichigo, no quería que notase un rastro de que algo iba mal y exigirle respuestas. Con lo débil emocionalmente que se encontraba, temía soltarlo.

Abrochándose la blusa holgada y amarillo claro escucha la puerta abrirse y su cuerpo se pone tenso un momento. Escucha la voz de Grimmjow y suspira aliviada mientras el pequeño espacio es invadido por el grito emocionante de Shigure. De seguro lo ha malcriado con algo.

Se peina y pone su perfume favorito. Busca sus zapatos rosa y los lleva en una mano junto a un bolso grande para abrir la puerta sin problema.

—¿Ya todos listos para el parque de atracciones? — Asoma su cabeza en el cuarto de los chicos. Grimmjow ayuda a Shigure en vestirse y Ayame ya se estaba poniendo una remera con el logo de Linkin Park.

—¿Por qué voy si estoy castigado? — Reprocha el adolescente. Ayer había regresado a clases pero en casa sigue bajo arresto domiciliario.

—No te preocupes, lo recompones y caso resuelto. — Le da unas palmadas a Grimmjow en la espalda como saludo.

—¿Por qué no simplemente te emocionas de ir como se espera? — Cuestiona el peliazul.

—Eso es porque no cumplirá su plan secreto de meter a su novio al departamento. — Acusa Orihime sonriendo y su primo se sonroja un poco por la vergüenza de ser pillado. — Tu tía Orihime lo sabe todo.


Dicen que el terror más grande de una madre es perder a un hijo y Orihime lo estaba viviendo en carne propia en ese momento.

Solo era una salida al parque de diversiones, ahí estaban en un caluroso sábado en un parque de diversiones, los olores de dulces y el ruido de gente caminando de un lado al otro atiborraba el lugar, cargaba su bolso grande en el hombro derecho, donde llevaba su abrigo y el de Ayame. Shigure llevaba su mochila de hamburguesa y dentro estaba su abrigo y Grimmjow llevaba sus pantalones desgastados, unas botas pesadas y una camisa negra con el logo de Metallica a juego con un chaleco de mezclilla sin mangas.

—¡Mami, mami quiero subir a ese! — Dice emocionado Shigure apuntando a los carritos chocones.

—Quiero subir al martillo. — Dijo Ayame, trata de no mostrarlo pero anda igual de emocionado que su primo.

—Con calma los dos, nos subiremos a los que quieran, tenemos todo el día. — Hablo Grimmjow totalmente relajado.

Por un momento fue como si Ulquiorra nunca hubiera reaparecido en el departamento.

—Grimmjow-ojisan tiene razón, primero vayamos a comer algo y después nos subiremos a las atracciones.

—¡Pero quiero subir! —Dijo Shigure en un puchero, inflando la mejilla como hace su madre.

—Hey bicho, esos autos va a seguir ahí. No te preocupes. — Grimmjow le revuelve el cabello al infante y éste lo miro molesto.

—¡No soy un bicho! ¡He crecido papá Grimmjow!

—Nah, aun te puedo llevar en una mano sin sudar.

—¡Moooo! ¡Voy a ser más alto que tú, ya verás!

—Ver para creer.

—Oye, deja a tu hijo en paz. — Orihime le da un golpecito en las costillas.

Pasaron a la cafetería del parque donde pudieron darse el lujo de pedir lo que quisieran, cortesía de Ichigo porque terminó pagando lo quíntuple del vestido que rompió después de aquel incidente en el hipódromo y por suerte Madam Christine le había dado una generosa parte de ello por los daños físicos que había recibido. Debía agradecer algo bueno a ese enfermo periodista acosador. Mientras Shigure comía su hotdog miraba de reojo las demás atracciones, la rueda de la fortuna fue lo que más llamo su atención y quería verla de cerca.

Terminaron de comer y tras esperar un poco para que el adolescente y el niño no vomitaran lo que habían consumido decidieron ir primero a un juego de destreza, Grimmjow pudo lucirse un poco derribando una gran torre de botellas con solo dos intentos y tras ganar un gran oso de peluche siguieron su paseo.

Habían subido al carrusel y a la montaña rusa, Orihime se quedó abajo con Shigure ya que por su edad y estatura aún no se le podía permitir subir a ésta. La Escort lo hizo sentir mejor diciéndole que después subirían a dónde él quisiera cuando habían llegado al parque, lo que lo había hecho sentir un poco mejor.

Después de esperar a que a Ayame se le pasara un poco el mareo de la montaña rusa finalmente fueron a los autos chocones. Shigure subió con su madre y aunque ella no sabía conducir muy bien habían disfrutado el golpear otros autos mientras reían a carcajadas.

—Tengo un poco de sed. — Admite Orihime cansada y con una ligera capa de sudor, se nota que es el primer día de junio y que el clima de Japón comenzaba a ponerse caluroso para dar la próxima bienvenida al verano.

—¿Quieres algo frío? — Pregunta Grimmjow señalando un puesto de raspados.

—Te lo suplico. — Ruega haciendo un puchero.

—Iré a comprar uno para todos. — Se aleja el peliazul con sonrisa burlona.

—Ayame por favor ve con él, Grimmjow no podrá cargarlos todos. — Le pidió a su sobrino el cual solo asintió y se fue tras el roquero.

—Yo quiero uno de melón. — Le grita el pequeño ojiverde y Ayame levanta el pulgar dando a entender que le había escuchado.

Tomaron asiento en una de las bancas y Orihime nota que uno de los zapatos se estaba saliendo de su pie, en cuando se agachó a acomodarlo y miro a su alrededor…

El aire abandonó sus pulmones.

Shigure había desaparecido.


¿Cómo termine aquí?

A pesar de haberlo prometido, Ichigo estaba repasando por su mente los mil y un motivos por los que no debería estar en ese lugar. Es decir ¿Que se supone que un hombre de veinticinco haría en un parque de diversiones?

—¡Hermano quiero un algodón de azúcar! — La voz de Yuzu lo saco de sus pensamientos al tiempo que la castaña lo tomaba del brazo y lo obligaba a caminar con ella.

La verdad es esta: le había prometido a Yuzu salir a dar un paseo por su cumpleaños que fue el seis de mayo. Como había tenido una emergencia en la empresa no habían podido celebrarlo con ella en la casa familiar como todos los años, Kaien le había advertido la noche de la fiesta que se preparará para las futuras demandas de la menor del matrimonio.

Y dicho y hecho, la joven de ojos cafés le había exigido al día siguiente que la llevara al parque de atracciones y debía estar con ella todo el día. La agenda de Ichigo había estado llena así que el primer día de junio era lo más cercano en qué podía llevar de paseo a su hermana. Pensó ilusamente que le pediría ir de compras o al cine, pero no, ella había elegido ir a un parque de diversiones y Karin se había escapado diciendo que ya tenía otros planes de salir con sus amigas, por lo que no podía acompañarlos.

Así que ahí estaba Ichigo, esperando a que le dieran el dichoso dulce a su hermana menor. Vestía unos pantalones de mezclilla, una camisa tipo polo suelta de color negro con líneas blancas en los bordes, unas botas de gamuza y un reloj deportivo. Se veía simple pero no dejaba de perder atractivo para las mujeres que pasaban cerca de él.

—¿A dónde quieres ir ahora? — Le pregunta a la joven, la cual se acercaba feliz con su caramelo.

—¡Carrusel! —Exclama feliz la joven, sin preocuparle que tener diecinueve años incluye no estar apta para esas cosas. Pero YOLO para ella.

Ahoga un suspiro y trata de estar de buen humor, si no lo hacía Yuzu le reclamaría por andar de cara larga en su paseo. Después del carrusel habían ido a más locales en el lugar, incluso había esperado paciente a qué Yuzu comprara una lámpara con forma de elefante. ¿Dónde iba a usar eso? No tenía ni idea, hasta le rogó que le consiguiera un enorme oso de peluche en un juego de tiro al blanco. No sacó el premio que deseaba la castaña pero al menos le había dado un perro de peluche lo suficientemente grande para hacerla feliz.

—Creo que deberíamos almorzar. — Fue lo primero que Ichigo sugirió en todo el paseo al ya pasar de las dos y no habían comido nada.

—¡Barbacoa! —Exclama feliz la menor de los Kurosaki, logrando sacarle una sonrisa al pelinaranja.

Terminaron rápido su almuerzo e iba a proseguir con el paseo cuando un llanto infantil llama la atención de Ichigo.

Cerca de un enorme reloj con forma de caramelo un niño de cabello oscuro se encogía mientras tomaba entre sus manos una pequeña pelota. Miraba su alrededor en verdad aterrado, sin dejar de lloriquear.

Lo más importante es que reconocía a ese infante.

Solo lo vio fuera del gimnasio pero fue suficiente.

—Hermano ¿Vamos a la rueda de la fortuna? — Yuzu lo llama pero se da cuenta que la atención del joven estaba en otro lugar. — ¿Hermano?

Ichigo se acerca al niño y se agachó a su altura. Al darse cuenta de una presencia cerca, alza la cabeza y sus ojitos verdes lo encararon mientras seguía llorando.

—Hey, eres el hijo de Orihime, ¿No es así?

El niño se encoge un poco pero tras verlo mejor se limpia un poco la cara con sus manos pero no podía dejar de llorar.

—Tú eres el de la televisión...

—¿Qué?

Shigure tímidamente lo toma de la manga de la camisa y lo mira triste.

—Soy Shigure… —Le habían dicho que no hablara con extraños, pero él era el que estaba en la tele con su mami. — Ayúdame novio no aprobado de mamá, me perdí. —Y se echa a llorar nuevamente como el niño de cuatro años que era.

—Hermano ¿Conoces a este niño? — Yuzu se acerca por detrás, extrañada.

—No exactamente, solo lo vi una vez de lejos. —Le responde al mismo tiempo que trata de consolar al pequeño en sus brazos. —Es el hijo de mi novia. — Aclara sin temblar.

Yuzu lo mira con la cabeza un momento en blanco, su hermano nunca salía con mujeres que ya tenían un hijo, asegura que con lo mucho que quiere a los niños, no quiere que se encariñen de él o viceversa si las relaciones no van bien (que mayormente lo es). Y además su cabello y ojos… ¡Oh dios!

—No puede ser… ¿Es tu hijo Ichi-nii? — Se lleva las manos a la boca tratando de ocultar su asombro.

—¡¿Qué?! —Responde espantado. — ¡NO! —Niega de inmediato.

—Pero tiene las señas de la familia de papá.

—Hay más personas en este mundo con ojos verdes y cabello negro Yuzu. — Le dijo totalmente rojo. ¿De dónde había sacado semejante idea?

—No tienes que negarlo hermano, yo entiendo si querías ocultar a mi sobrino a los medio… pero a la familia no es la forma. — Lo mira decepcionada.

—¿Me estás escuchando? —Se lleva la cara a la mano frustrado. — Ya te dije que no es mi hijo.

—¡Quiero a mi mamá! — Shigure interrumpió su discusión mientras lloraba a todo pulmón, llamando la atención de algunos transeúntes, pensando que quizás eran padre e hijo y el pelinegro estaba haciendo una rabieta.

—Espera, espera no tienes que llorar así, la llamare. — Ichigo trata de calmar a Shigure y tras unos intentos vagos el niño deja de llorar. — Cuídalo un momento, llamare a Orihime. — Le pidió a su hermana.

—¡Sí! — Yuzu había olvidado la discusión, en su mente aún pensaba que Ichigo había tenido un hijo con Orihime y estaban dándose una oportunidad nuevamente. — Vayamos por helado Shigure, yo soy Yuzu pero puedes decirme tía. — Le dijo feliz mientras Shigure olvidaba que estaba asustado y pedía un enorme Banana Split con mucho jarabe de chocolate.

Ichigo por su parte no tenía tiempo de continuar peleando con su hermanita, toma su teléfono y marca el número de Orihime, pero no contestaba. Marca dos y tres veces y sigue sin respuesta alguna. ¿Qué estaba haciendo esa mujer que no tomaba el teléfono?


En otro punto del parque Orihime buscaba desesperada a su hijo, solo se había distraído tres segundos, solo un instante y Shigure se había separado he ido a quien sabe dónde. Lo habían buscado en las áreas cercanas cerca de media hora sin éxito, el niño no aparecía. Ayame informo que iría a buscar a seguridad del parque y se alejó un momento al oficial más cercano para decirle la situación.

—Tranquilízate, si no mantienes la calma en este momento te veraz más fea de lo normal. — Grimmjow trata de calmarla, pero solo logra que la susodicha lo mirara enfadada y con ganas de estrangularlo. — Al menos te distraje un poco, ¿no?

—No sé donde puede estar, solo fue un instante que me distraje… ¡Dos segundos! — Grita histérica, al borde del colapso si no fuera porque desmayarse no traerá a su hijo de vuelta. — ¿Y si se metió en problemas? ¿Si se lo llevó un pervertido? —No pudo evitar imaginarse los peores escenarios. — Soy una madre terrible.

—Eres una madre excelente y nadie puede negar eso. — Le dijo Grimmjow animándola. — Lo vamos a encontrar ya lo veras.

El sonido de la canción "The Man" de Taylor Swift llegó del bolso de la pelinaranja y ésta saca el aparato, reconociendo el número de Kurosaki Ichigo. Molesta arrojó el aparato al bolso.

—¿No vas a contestarle al ricachón?

—No tengo tiempo para aguantar los caprichos de un rico idiota, tengo cosas importantes que pensar en este momento.

De pronto la cara de sus pesadillas se hace presente en su cabeza y un frío recorrió la espalda de Orihime mientras pensaba en su situación.

—Grimmjow…

—¿Qué pasa? — Se preocupa de verla tensa y sombría.

—¿Y si Ulquiorra lo secuestro? —Dijo exhalando su más grande miedo.

Grimmjow afilo su mirada y la vio sin humor.

—Si el imbécil es listo no lo hará o yo mismo lo pateare hasta que se muera.

Sabe que es cierto pero no para la necesidad de vomitar.

El sonido del celular de Orihime insiste tres veces más pero ella, molesta, lo pone en modo silencio. Debía encontrar a su pequeño lo más rápido posible.

—Tía le he pedido a los guardias que nos ayuden a encontrar a Shigure, les compartí una fotografía para que lo encuentren más fácil. — Dijo Ayame acercándose.

Orihime trato de esconder su más profundo terror para que el adolescente no se diese cuenta.

—Te lo agradezco Ayame, no sé qué haría sin ti. — Suspira aliviada la mujer. — Hay que dividirnos en el área de suvenir, quizás esté ahí.

—De acuerdo. —Asintieron Grimmjow y Ayame mientras se separaban.


En otro lugar, específicamente en la rueda de la fortuna, Yuzu, Shigure e Ichigo habían montado la atracción a petición de la menor y el pequeño pelinegro.

Ichigo cuelga la línea por vez número treinta y maldijo mentalmente a la Escort ¿Por qué demonios no contestaba el teléfono?

—¿Ha habido suerte Ichi-nii?

—Nada, no toma el celular. — Dijo frustrado el joven CEO, habían distraído al niño con juegos y golosinas mientras contactaban a la madre sin éxito.

—Tal vez no escucha el teléfono. —Agrega la chica de ojos cafés.

—O tal vez me está ignorando a propósito. — Apuesta Ichigo sin saber que ese era exactamente el motivo por el que no le hacía caso.

—¿Tal vez debamos ir con los guardias?

—Buena idea Yuzu. — Dice feliz el joven.

—Aunque yo aún quería pasar más tiempo con mi sobrino. — Suspira triste.

—¡Que ya te dije que no es mi hijo! — Una gran vena apareció en la cabeza de Ichigo mientras negaba por centésima el parentesco.

—Ichi-nii debes ser responsable y asumir las consecuencias de tus actos. — Le dijo ella sabiamente.

—Que-él-no-es-mi-hijo. — Cansado hace énfasis en cada frase, pero Yuzu lo ignora de nuevo.

—Novio no aprobado de mamá… — El pequeño de ojos verdes lo jala del pantalón, haciendo que Ichigo bajara a su altura. —Necesito ir al baño. — Esto último lo dijo en voz baja para que no lo escuchara Yuzu.

—Hay un baño público cerca, vayamos ahí. — Lo toma de la mano mientras encargaba su celular a su hermana pequeña para que siguiera insistiendo a Orihime.

Se acercan al cubículo cuando un guardia se acerca a él.

—Disculpe. —Lo llamo cuidadosamente. — ¿Es usted el padre de este niño?

—¿Qué? —Dijo sorprendido Ichigo. — No, yo…

—Novio no aprobado de mamá, se me está saliendo. — Shigure mueve sus piernas y lleva sus manitas a su parte baja dando a entender que necesitaba ir al baño de urgencia.

—Acompáñenos por favor y le responderé lo que guste cuando termine.

Después de casi correr al cubículo sanitario y el niño hiciera sus necesidades, finalmente pudo hablar con el guardia, informando que no era el padre y que llevaba tiempo contactando con Orihime sin éxito alguno. El guardia entendió la situación y los hermanos Kurosaki y Shigure se quedaron junto al oficial hasta que diez minutos después una apurada Orihime con Grimmjow y su sobrino siguiéndole el paso tras ella aparecieron en su campo de visión.

Lo primero que Ichigo percibe era su tez pálida y preocupada, debió haber estado desesperada buscando a su retoño.

—¡Mami! — Shigure se suelta de la mano de Yuzu y corre hasta la mujer…

…quien apenas al acercarse le dio una fuerte bofetada al niño, dejando a todos los presentes, incluido su sobrino y amigo, con la boca abierta.

—¡¿Por qué te has separado así?! — Le grita enfadada al momento que se pone a su nivel. — ¡¿No te he dicho que en lugares concurridos no te alejes de mí o de los adultos conocidos?! — Le reclama sujetándolo fuerte de los brazos, necesita sentir que de verdad está ahí y no en un lugar desconocido, secuestrado por Ulquiorra. — ¿Tienes una idea de lo preocupada que estaba? — Dicho esto se echa a llorar y abraza como si su vida dependiera de ello al pequeño, el cual también se pone a llorar.

—¡Lo siento! — Exclama Shigure entre lágrimas, incluso unos mocos asomaban de su nariz.

Ella apoya una mano en esa cabecita negra y le besa la sien, repitiéndose una y otra vez está a salvo.

Volveré a romperte por completo.

Y así tú serás totalmente mía.

—Hey. — Una mano en el hombro de Orihime a forma de apoyo la saca de su trauma. — Ya todo está bien, lo buenos es que ni paso nada grave ¿Cierto?

—¿Ichigo? — Suelta su nombre sin honoríficos por mera inercia. — ¿Qué haces aquí?

—Señorita este joven cuidaba de su hijo. —Informa el oficial. — Tuvo mucha suerte que su novio estuviera en el lugar o podría haber ocurrido una desgracia.

El oficial se despidió luego de asegurarse que todo haya terminado bien y reportar a sus colegas por radio que Shigure ha sido encontrado.

Ahora fue turno de Orihime en ir al baño, no quería soltar a su hijo, aun algo asustada de su loca imaginación que en esos minutos se lo llevarían y Grimmjow tuvo que quitárselo de los brazos y prometerle que no lo iba a bajar hasta que volviese. Desconfiando de su estado anímico el peliazul le pide a Ayame que la acompañe por si le da otra crisis y éste acepta a pesar que las otras mujeres podrían verlo feo.

—Ten. — Grimmjow extiende su brazo, enseñando un chocolate. — Por si necesita azúcar.

—Cásense de una vez y déjenme en paz.

—¿Bromeas? Pediríamos el divorcio a la semana siguiente si no nos matamos.

—Y si se casan, no tendríamos dónde escondernos cuando mamá se enoja. — Apoya Shigure ingenuamente.

—Tú ganas peque. — Admite el adolescente ya perdiéndose en el baño de mujeres.

—Qué bien se llevan, ¿No hermano? — Yuzu mira al susodicho pero otra vez él no la pesca por ver a Grimmjow con malas pulgas.

Parece que los problemáticos les gusta atraerse para peleas porque el peliazul no solo se da cuenta de ello, sino que tiene la arrogancia de sonreírle con superioridad. Dejándole en claro que él tiene el poder en ese pequeño núcleo y no el pelinaranja.

Luego de unos minutos, pudieron tomar asiento en una mesa cercana a una maquina de bebidas y tomaban de sus sabores favoritos en lo que se recuperan del calor y de aquel episodio.

—¿Cómo es que encontraron al bicho? — Pregunta Grimmjow.

—Fue mera coincidencia. — Habla Yuzu. — Estaba llorando e Ichi-nii lo reconoció en seguida.

—¿Que hacían aquí? — Pregunta Orihime extrañada, aun tiene rastro de rojo en sus ojos pero al menos ya está recompuesta.

—Traía a mi hermana a pasear por su cumpleaños. — Explica el pelinaranja. —Vimos a tu hijo llorando y te intenté contactar muchas veces… ¡Ah! Y por cierto, gracias por ignorarme. — Le dijo sarcásticamente.

—Lo siento. — Admite ella. — Pensé que…

—Me doy una idea de lo que pensabas, deja de formarte esa mala impresión de mí, ¿Quieres? — Le dijo con el ceño fruncido.

—No le hables así a mi tía. — Ayame sale a su defensa, sin preocuparle haber faltado el respeto a un adulto, pero basta una mirada de la escort como advertencia a no meterse y acepta en mala gana.

—Está bien Ayame, fue mi error en parte por sacar conclusiones apresuradas. — Orihime, apenada, saca su teléfono de su bolso y se sorprendió al ver cerca de treinta llamadas perdidas.

—Pero sirvió de algo está experiencia. — Agrega Yuzu alegre como siempre e ignorando la tensión del ambiente.

—¿Ah? —Grimmjow se rascó la oreja sin entender a la menor de los Kurosaki.

—Sí, quiero decir, conocí a mi sobrino por este incidente. — Exclama feliz.

Silencio incómodo de parte de todos excepto Yuzu y Shigure, aunque el último es que no entendía la discusión de los adultos y solo aparecía un signo de interrogación encima de su cabeza.

—¿Disculpa? — Preguntaron Ayame y Grimmjow confundidos.

—¿No es Shigure hijo de mi hermano? — Dijo la joven inocentemente.

Otro silencio incómodo reino el ambiente hasta que Orihime decidió tomar la palabra… hacía Ichigo.

Furiosa

—¡¿Pero qué le andas metiendo a tu familia en la cabeza?!

—¡Nada! ¡Ella sola se lo ha metido!

—¡¿Y esperas que me crea eso?! ¡¿Qué simplemente se le nació la idea?!

—¡Así es ella!

Ayame mira la interacción de esos dos con la sorpresa en la cara. Hace mucho que no veía a su tía interactuar tan… fluido con una persona nueva, en especial con los hombres. Otro efecto secundario provocado por Ulquiorra: desconfiar de todo el mundo, en especial los que le miran las tetas. De reojo mira a su tío Grimmjow y parece que piensa lo mismo que él por su expresión facial. ¿Será bueno o malo para él? Por mucho que se lleven bien como amigos inseparables, sabe que han tenido contacto de piel en algunas ocasiones.

—¿Por qué se han enojado repentinamente? — Pregunta la castaña aun sin salir de su nube de pensamiento.

—Porque has causado un malentendido. — Responde molesto el adolescente. — ¿Cómo ese hermano tuyo aficionado a las carreras clandestinos y vicioso de las mujeres va a ser el padre de mi primo si nunca se han visto antes?

—¡Oye, no hables así de mi hermano!

—Pero he dicho la verdad... y he sido sutil.

—Bastante sutil. — Se burla Grimmjow de brazos cruzados.

—Ayame, respeto a tus mayores... aunque sean idiotas.

—Hey. — Se queja el pelinaranja.

—Y tú Grimmjow, no eres un santo para mofarte de la mala conducta de Ichigo en su adolescencia... que se me vienen unas anécdotas.

—Pero. — El peliazul extiende su dedo índice. — Lo mío no ha salido en televisión.

—Y Yuzu-chan… tu hermano no es el padre de mi hijo. — Habla Orihime con una expresión de disculpa.

—Eh… ¡¿Ehhh?! — La cara de la chica se puso roja de inmediato.

—Llevo rato diciéndote que no es mi hijo pero no me hacías caso. — Reprocha Ichigo mientras suspira cansado.

—Ah… ahhh… ¡L-lo siento mucho! — Exclama apenada Yuzu. — C-como tiene las características de mi familia paterna yo pensé…

—No hay problema. — Orihime le resta importancia al asunto. Sólo quiere darlo zanjado pronto.

—Mi papá es él. — Agrega Shigure señalando a Grimmjow. — Es pesado y no deja de llamarme bicho pero es mi papá y no me queda de otra.

—¿Ah?— Grimmjow apoya su mano sobre la cabeza del niño y le revuelve el pelo. — Alguien se va a quedar sin cenar en el Paradise.

—¡Nooooo! ¡Mami, quiero mi hamburguesa!

—Estoy de acuerdo con tu papá Grimmjow, no creo que te lo merezcas con el susto que nos causaste.

Al borde del llanto (pareciéndose más aun a su mamá), Shigure mira a su único salvador: Ayame.

—Estoy castigado, no tengo poder de intervención, ¿Recuerdas?

—Mooooo… — Agacha la mirada.

—Deberíamos volver. — Murmura Orihime mirando a su amigo. — Antes que empiece a llenarse de gente en la parada.

—Claro… pero necesito ir al baño.

—Yo también. — Admite Ayame colocándose de pie.

—Lleva a Shigure.

—Ya fui con tu novio no aprobado. — Dice feliz.

—¿Van a seguir con eso? — Tanto hijo como sobrino respondieron al mismo tiempo con una afirmación y no le queda de otra que suspirar. — Como sea, igual ve al baño que no quiero sorpresas.

—¡Ichi-nii puede llevarlos a casa! — Sugiere Yuzu mirando a su hermano. — ¿Verdad?

—Claro, iba a sugerirlo de todas maneras. — Se encoge de hombros.

—Depende. — Apoya los codos en la mesa y la cabeza en sus manos, lo mira fijamente. — ¿Con qué auto nos sorprendes hoy?

—Lamborguini.

—Pues acepto.


El famosos Lamborguini se estaciona cerca del edificio de departamentos.

Orihime iba adelante con Shigure en sus brazos y el pequeño se había dormido a pesar de la velocidad del transporte. Ya anda acostumbrado, en parte porque desde que tiene consciencia Grimmjow lo ha metido en su moto. Ayame también se había dormido, debió afectarle el terror que pasaron más la comida y la adrenalina de los juegos y Grimmjow, sabiendo que se merece una buena siesta, se lo lleva cargando en un hombro como saco de papas.

—Gracias. — Murmura Orihime tras la ayuda de Ichigo en que se pueda bajar sin que Shigure sea afectado.

—No hay de qué. — Trata en verdad de no prestar atención el cómo Yuzu no deja de verlos como una fan desde el interior del auto. — Asegúrate de dormir un poco tú también.

—Sí… claro, lo haré. — Asiente como queriendo dar más énfasis a sus palabras. — Yo… gracias.

—Ya lo dijiste. — Bromea.

—No, me refiero… gracias. Por lo de Shigure. — Dice mirándolo fijo mientras su mano frota la espalda del pequeño.

—No tienes que darlas.

—Si tengo qué. — Se muerde sutilmente el labio pero es suficiente para encender a su cliente. — Shigure… Ayame… son todo. Y con eso de la custodia, yo… casi me muero. Creí por un momento que él se lo había llevado.

—El famoso Ulquiorra. — La ve tensarse al oír ese nombre.

—Sí… ese mismo. — Agacha la mirada, solo un segundo porque el empresario se la había alzado nuevamente tomándola de la barbilla. — I-… quiero decir…

—No me molesta, no es necesario que digas mi nombre solo en apariencias. — Sonríe queriendo verse despreocupado pero por dentro esta que le da un infarto de emoción.

—Pero no es profesional. — Se excusa débilmente, sabe que hay colegas que lo hacen como Rangiku a Gin, sin embargo teme las consecuencias de aceptar aquello.

—Por favor. Como un premio.

Ella arquea sus cejas y presiona sus labios, evitando otra vez la sonrisa que se le quiere escapar.

—De acuerdo. Pero que no se te suba a la cabeza.

—Demasiado tarde, ya imagine nuestra boda. — Bromea queriendo bajar la tensión del ambiente. Y sonríe al oírla bufar. — Descansa Orihime, nos vemos mañana.

—Gracias… descansa Ichigo.