Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Robsmyyummy Cabanaboy. Yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo diez

BPOV

—Bella.

No.

—Bella, despierta.

No hablo español.

—Vamos, Bella. No me obligues a hacerte cosquillas.

Mis ojos se abren rápidamente, pero me encuentro en la completa oscuridad, a excepción de una luz lejana, solo visible porque la puerta de mi cuarto está abierta.

—Mmm —murmuro y lentamente me incorporo mientras se me aclara la cabeza—. ¿Qué hora es?

—Es la 1:30 de la mañana.

Suelto un bufido y vuelvo a recostarme en la cama.

—Una maldita hora, no bromeabas. —Cierro los ojos de nuevo y murmuro—. Jodido Marine diciplinado.

Escucho a Edward reírse, pero no creo que sea gracioso. Estoy exhausta ahora mismo. Una siesta de una hora fue una broma espantosa.

Él frota mis piernas, las cuales siguen enterradas bajo las mantas.

—Debes levantarte, Clementine. La parte dos de nuestra cita comienza en quince minutos.

Me froto los ojos y gruño un poco más.

—¿Acaso has dormido algo? —pregunto, sonando completamente molesta y lanzando las mantas a un lado mientras escalo las piernas estiradas de Edward.

—Cerca de media hora. Empaqué la mayoría de lo que necesitamos, unos bocadillos, bebidas, oh, y tomé tu cámara que estaba sobre la mesa ratona —dice con calma mientras yo me coloco unos leggins y una camiseta con mangas largas—. Lo único que necesito ahora eres tú.

Termino de recoger mi cabello en una coleta alta y asomo mi rostro desde el baño, sonriendo ampliamente ante las palabras que acaba de elegir.

—Bueno, ¿por qué no lo dijiste? —Decido probar mi suerte y camino rápidamente hacia la cama y me lanzo sobre él, haciendo que cayera sobre mis almohadas con una risa retumbante.

—Audaz —susurra, aun riendo mientras me acaricia la mitad de la espalda, sobre mi trasero, bajando hacia mis muslos, y volviendo a subir.

Asiento en la oscuridad y ataco sus labios con los míos. A él no parece importarle en absoluto, porque inicia contacto con su lengua y nos besamos por diez segundos completos. Al onceavo segundo —pero, ¿quién cuenta?— nos gira, apartándose de mi boca, algo reticente, y comienza a dejar un camino de besos ardientes. Empieza en mi mandíbula y sigue con mi garganta, cuello, entre mis pechos, mi vientre, y termina justo debajo de mi ombligo, deteniéndose. ¿Unos milímetros más abajo, por favor?

—¡Vamos, chica caliente, o si no vas a arruinar mis planes para esta cita! —Fácilmente se libera de mi cuerpo, y haciendo una flexión de brazos sobre mí, se pone de pie, reajustando su orgullosa erección en el proceso.

—Agh, eres malo —gruño, frotándome el rostro bruscamente, ahora exhausta Y excitada.

Escucho su tarareo ronco mientras se aparta de la cama.

—Sí, lo soy. ¡Y lameré, mordisquearé, besaré, frotaré y todo tipo de verbos eróticos que puedas pensar, pero no lo sabrás si no comienzas a mover ese trasero perfecto que tienes! —Se ríe y camina hacia la puerta del cuarto, encendiendo la luz a su paso—. Toma un cambio de prendas, usa tus zapatillas, y por favor, estate en la cocina en cinco minutos, Clementine.

¿Cómo diablos hace eso? ¿Ponerme toda caliente y excitada y luego apagarlo como si fuera un maldito grifo? Supongo que pasar meses en un desierto rodeado de solo Marines con armas automáticas te enseña cierta cantidad de control. ¡Pero, agh! ¿Qué puede hacer una chica cachonda para tener algo de acción aquí?

¡Será mejor que sea que esté por pasar en la segunda parte de esta cita sea jodidamente épico!

~TotS~

—Bien, aquí estoy. Haz conmigo lo que desees. —Me siento en una banqueta en la cocina y espero mis instrucciones.

—Genial, vayámonos; nos espera un largo viaje —dice Edward, extendiendo su mano hacia mí. Toma la mía y me lleva hacia su cuerpo, inclinándose hacia adelante y besándome suavemente—. Gracias por darme el gusto esta noche. Me he divertido planeando esto para nosotros. Espero que también lo disfrutes.

Sonrío, envolviendo mis brazos alrededor de su cintura.

—Estoy segura que así será. ¿Pero puedo dormir en el coche? ¿Herirá tus sentimientos si no estoy completamente coherente en esta parte de nuestra cita?

Él sacude su cabeza, esa sonrisa torcida afectando a mi corazón.

—No herirá mis sentimientos. Vas a necesitar la energía para el destino, no el viaje. —Guiña un ojo—. Yo me encargaré del viaje.

Los senderos y el patio del hotel están prácticamente silenciosos, a excepción de la vida salvaje que vive en el terrario que se encuentra en medio del resorte.

El escenario es encantador. Estuvimos tan ocupados todo el día con el viaje y desempacar, luego preparándonos para nuestra gran noche; que no tuvimos oportunidad de explorar la propiedad. Con suerte tendremos tiempo para eso mañana. Al dormir tan poco esta noche, imagino que tendremos un día tranquilo una vez que volvamos de esta misteriosa aventura.

Mientras nos acercamos a la calle principal afuera de la verja del resorte, en vez de girar a la izquierda, Edward gira a la derecha, llevándonos lejos de la ciudad. Entrecierro los ojos y le echo un vistazo.

—Conducimos hacia el sur, ¿eh? ¡Tengo curiosidad!

Él se ríe.

—Estoy contento de que sientas curiosidad, pero preferiría que duermas un poco. Confía en mí. Te despertaré cuando lleguemos.

Suspiro y me recuesto en mi asiento, acurrucándome sobre la almohada y la manta que Edward me dijo que trajera.

—De acuerdo, señor. Gracias por la siesta extra.

~TotS~

Cuando el movimiento del coche cesa, lentamente me desperezo. Escucho la puerta crujir y me obligo a abrir los ojos, notando que estoy sola. Me siento, miro a mi alrededor, tratando de orientarme. El reloj en el salpicadero dice que son las 3:45 a.m.; como era de esperarse, la oscuridad sigue rodeando el coche. No veo señal de vida afuera, pero hay un pequeño edificio a la izquierda con una luz resplandeciente sobre su puerta.

Después de unos segundos, Edward sale de la cabaña con un papel en su mano. Trota hacia el auto y se sube.

—Hola.

—Hola, dormilona —dice, tendiéndome el papel, el cual termina siendo un folleto. Lo abro, leyendo la letra negrita impresa. «Parque Nacional de los Volcanes de Hawái.»

Siento mi sonrisa aumentar de tamaño ahora que uní todas las piezas del rompecabezas. Recuerdo leer en internet que es mejor visitar los volcanes activos durante la noche para poder apreciar el brillo luminiscente naranja de la lava.

—No solo eres un rostro bonito, ¿sabes eso? —bromeo, dándole una palmada en el muslo.

—¿Puedes perdonarme por despertarte en la mitad de la noche? —pregunta, su cabeza recostada sobre el reposacabezas, ojos fijos en los míos.

—Si me perdonas por ser tan molesta y asertiva.

Ladea su cabeza, confundido.

—Culpo a la falta de sueño por las quejas. Sé que te encanta dormir, pero ¿por qué necesito perdonarte por ser asertiva?

Me encojo de hombros, sintiéndome insegura por primera vez en mucho tiempo.

—Intentaba presionarte, ya sabes, para que te unas a mí en la cama cuando llegamos a casa de la cena y de bailar, pero tú sabías qué planes teníamos. —Suspiro—. No fue mi intención usurpar tus ideas sobre la primera cita perfecta.

Su media sonrisa aparece en su rostro.

—Jamás sabrás lo difícil que fue alejarme de ti anoche. —Se ríe, echándole un vistazo a su reloj—. Bueno, hace unas horas. Pero sí, confía en mí cuando digo esto; nunca volveré a alejarme de ti.

Siento que mi aliento se atasca. Obviamente, la vibra sexual que insinúa no se me pasa por alto. Pero más allá de eso, no puedo evitar preguntarme —incluso, anhelar— ¿realmente dijo en serio que no se alejará de mí… jamás?

Pasan unos segundos silenciosos y me encuentro sonriendo y mordisqueando mi labio inferior.

—¿Lista para unas aventuras de madrugada, Clementine?

—¡Hagámoslo!

~TotS~

Seguimos el mapa que nos dirige hacia el Camino de la Cadena de Cráteres. En el camino, pasamos por numerosos carteles que indican EXTREMO PELIGRO ADELANTE, pero aun así seguimos avanzando. Lo que estamos haciendo no es ilegal; el parque está abierto las veinticuatro horas del día, todos los días del año por esta razón en particular. Pero supongo que, por el seguro, se les requiere tener una docena de señales de color naranja brillante en el camino. Supongo que nunca se sabe cuándo una persona despistada, que casualmente dio una vuelta equivocada desde el McDonald's más cercano, entrará y caminará hacia la lava activa.

Edward literalmente nos dirige hacia el final del camino, de ahí que necesite mi mejor y conmovedora interpretación de la canción de Boyz II Men que hablaba sobre el mismo problema. Edward se une a mí cuando llego al estribillo, haciéndome reír. Me encanta que se le haga más fácil soltar su niño interior y simplemente divertirse. Por supuesto, siempre hay un momento y lugar para organizar, planear y ser serios, pero lo veo relajarse más fácilmente y me pone feliz.

Estamos completamente solos aquí afuera, no hay ni un coche ni turista por lo que puedo ver, y no me molesta ni un poco. Tiempo a solas con mi hermosa cita y el monte Kilauea, es bastante increíble si me lo preguntas.

Edward apaga el motor y se gira hacia mí.

—¿Te gustaría una pequeña excursión nocturna? —pregunta, esperanzado—. Tienes tu cámara; yo tengo dos litros de agua y un par de linternas. —Está tan emocionado que prácticamente da brincos en su asiento.

—Bueno, sé que fui capaz de subir el Olomana, pero probablemente deba decirte que no soy la persona más coordinada del mundo —confieso, haciendo una cara.

—No importa —dice, buscando su mochila en el asiento trasero—. Iremos tan lejos como te sientas cómoda. Diablos, incluso podríamos quedarnos aquí en el borde y simplemente usar nuestras cámaras para mirar la lava con el zoom si realmente deseamos. El guardabosques de guardia dijo que son más de diez kilómetros de terreno inestable para llegar al flujo.

Mis ojos se ensanchan ante la realidad de la situación.

—¡No! Definitivamente quiero probar la caminata. Dudo mucho que llegaremos al borde de la lava, pero solo el hecho que estemos aquí lo hace una experiencia increíble y… ¿hola? La hiciste la segunda parte de nuestra cita —canturreo—. Sí que sabes cómo derretir mi corazón.

Edward bufa, poniendo los ojos en blanco ante mi horrible juego de palabras.

—Ja, ja. ¿Cuánto tiempo estuviste esperando para usar esa frase?

—Veinte segundos después de que me diste el folleto y el mapa —me río.

—Bueno, estoy por hacer que esta cita sea aún mejor.

Frunzo el ceño, confundida y emocionada.

—¿Acaso Ed McMahon está a punto de aparecer con un cheque enorme y tres docenas de globos de colores?

Los hoyuelos de Edward se pronuncian aún más con sus carcajadas.

—¡Eh, espero que no, considerando que el hombre ha estado muerto por casi tres años!

Nos reímos juntos e intentamos recuperar el aliento.

—Okey, okey, okey… dime qué harás para mejorarla —jadeo entre risas.

Él mece una llave alrededor de su dedo y luego la cuelga entre nosotros.

—Renté una cabaña. Podemos dirigirnos hacia allí cuando sea que estemos cansados.

Chillo y lanzo mis brazos alrededor de su cuello.

—¡ERES la mejor primera cita…DE TODOS LOS TIEMPOS! —Él se ríe y lleva un brazo alrededor de mi espalda.

—La tenemos hasta mañana al mediodía.

Sacudo mi cabeza, sonriendo, asombrada de su planificación.

—Entonces, ¿qué dices? Caminemos por un rato y tomemos las fotos que queremos en la oscuridad, luego volvamos a la cabina y descansemos. Si realmente tenemos ganas, podríamos tratar de subir todo de día, la cual es definitivamente la opción más segura. —Abre su puerta y hago lo mismo, bajando—. Además, hay otros cráteres, plumas mantélicas, miradores, museos… mucho que hacer entre hoy y mañana.

Cerramos el coche y nos acercamos a las formaciones escarpadas como consecuencia de los flujos de lava en el pasado. Me pregunto por un instante cuándo ocurrió la erupción que cubrió el resto de este camino en particular. Edward apunta su linterna hacia el suelo y avanza sobre las rocas, se tambalea solo un poco pero continúa.

—¿Feo? —pregunto, lista para dar un paso y seguirlo.

—Bueno, no es fácil. Incluso puedo sentir las formaciones a través de mis zapatillas… ¡es jodidamente loco! Estoy deseando tener mis botas de uniforme.

Lo sigo por detrás, lentamente pero con seguridad. Nuestros pasos son tentativos e infrecuentes. Cada pocos minutos, él pausa y alumbra su linterna a nuestro alrededor. En un momento que se detiene, me agacho para tocar cautelosamente la superficie del suelo inestable. Me da la sensación de estar metiéndola dentro de un cubo con tijeras. Los bordes dentados parecen infinitos y crueles.

Hemos estado caminando por veinte minutos, tomando fotos cada cierto tiempo, pero hemos recorrido aproximadamente cuatrocientos metros.

A lo lejos, podemos ver la lava brillante que ilumina las nubes. Es emocionante y este viaje podría ser considerado una experiencia única, pero caminar en la completa oscuridad puede que sea la decisión más estúpida que hemos hecho.

—Bella, yo…

—¿Sabes que…?

Ambos comenzamos a hablar al mismo tiempo y entonces nos reímos por unos segundos.

—¿Qué estabas por decir? —pregunta, girándose con cuidado.

Ilumino mi linterna sobre mi rostro.

—Estaba por decir que me preocupa que alguno de los dos se caiga, se resbale, se tropiece, lo que sea, y se lastime gravemente. Y me estoy divirtiendo demasiado contigo; no quiero que terminemos en el hospital.

—Gracias a Dios —murmura y mueve su linterna hacia su rostro—. Con cada paso que damos, la mala sensación en mi estómago crece, preocupándome que algo te pueda pasar.

Me quedo quieta cuando se ubica a mi lado.

—¡Aw, capitán! ¿Estabas preocupado por mí?

—Estaba y estoy… hasta que volvamos a suelo firme. Por favor, ten cuidado.

—¡Oorah, señor! —digo, dándole mi mejor saludo militar.

Lo escucho reír.

—Escúchate, "Oorah, señor". Eres jodidamente adorable. Quiero meterte en mi bolsillo, Clementine.

Volvemos a la seguridad del coche, acordando que a pesar de que ver la lava de noche sea espectacular, estaremos más seguros caminando sobre el terreno abrupto a la luz del día.

Edward nos conduce por unos kilómetros hacia la estación de guardabosques y pasamos un hotel llamado Volcano House.

—Espero que no te moleste que no haya reservado una habitación de hotel, pensé que sería más divertido hacerlo al estilo Marine Corps. Bueno, sin las tiendas, quiero decir.

Pasamos la señal del campamento Namakanipaio mientras lo miro con ojos asombrados.

—¡No puede ser! ¡Me encanta que vayamos a prescindir de los lujos! No he ido a acampar en años. No puedo esperar a ver cómo son las cabañas —chillo, para su felicidad.

—Bueno, no esperes más. Aquí estamos, cabaña número siete —dice con un guiño.

—¡Yuju! Número siete de la suerte, cariño. ¡Adelante!

Bajamos del coche, pasando un brasero y una parrilla. Ni si quiera sé si puedo llamarla cabaña, es demasiada pequeña. Mi corazón se acelera y no puedo creer que él haya hecho todo esto por mí… por nosotros.

La cabaña tiene la forma de un pentágono, el techo angular cayendo casi hasta el suelo. También hay un banco para picnic cubierto por el techo en la entrada. Edward destraba la puerta y la abre, invitándome a entrar.

Es perfectamente rústica con una cama matrimonial contra la pared a nuestra derecha y armada con las mantas del hotel. También hay dos literas de madera unidas a la pared del fondo. Cinco ventanas pequeñas de distintos tamaños se ubican sobre la litera superior, la cual tendremos que abrir para permitir que circule el aire, pero huele a limpio, fresco y nuevo para mí.

Edward está callado mientras observo nuestro escaso alrededor. Me giro para ver que está apretando la mandíbula y tragando con fuerza.

—Oye —digo, caminando hacia él, tirando de las presillas de cinturón—. ¿Por qué esa cara?

Sacude su cabeza y se encoje de hombros.

—Es nada comparado con los lugares que has encontrado para nosotros. Probablemente deberíamos haber elegido el hotel Volcano kilómetros atrás.

Echo mi cabeza hacia atrás.

—Detente. Detente ahora mismo. —Negando con la cabeza, tengo mi voz de profesora—. Ven… siente eso. —Jalo su mano derecha afuera de su bolsillo y la coloco en mi pecho, sobre mi corazón—. ¿Sientes eso?

Él asiente, estoicamente.

—Eso es lo que me haces. Eso es lo que esta pequeña cabaña en el medio de la nada en Hawái, me hace. Lo que has hecho esta noche. —Exhalo, bajando la mirada—. Desde las flores a la cena, y luego el baile… —digo con una risa, recordando lo increíble que fue ver a Edward soltarse en esa pista de baile conmigo—. Después nos trajiste aquí, estás completamente exhausto, caminamos sobre roca volcánica en el medio de la noche, solo nosotros dos, y entonces me sorprendiste con las noticias de que rentaste una cabaña, así podíamos tener toda la experiencia aquí y no tener que comprimir todo en una visita de dos horas.

Suspiro y trago fuertemente, sin que me importe que pueda sentir las lágrimas asomarse en mis ojos.

—Nadie jamás ha hecho una primera cita tan especial… o cualquier cita, de hecho. Yo solo hice unos clics en unos sitios web y encontré dos condos, nada tan importante. —Me encojo de hombros.

Doy un paso hacia la puerta y señalo hacia el coche.

—Ven conmigo, por favor.

Camino hacia donde estacionamos y me paro allí mientras Edward se acerca, sus manos de vuelta en sus jeans.

—Si abro este maletero, ¿qué me voy a encontrar?

—Nuestros bolsos con cambios de ropa y una hielera con comida y bebidas —responde.

—¡Exactamente! Ábrelo por mí, ¿sí? —Abre el maletero y saca una hielera enorme y camina atropelladamente hacia la cabaña. Tomo nuestros bolsos y lo sigo adentro, cerrando la puerta detrás de mí.

Él lo coloca en el suelo, pero vuelve al coche una vez más, regresando con otro gran bolso y colocándolo en el estante al lado de las literas. Me mira expectante, sabiendo que no he terminado mi discurso.

—Me dijiste en el condo que "tomaste unos bocadillos para nuestra aventura" —digo, usando comillas en el aire—. ¿Puedo? —pregunto, arrodillándome frente a la hielera.

—Claro —dice suavemente y se sienta en el borde de la cama.

Abro la tapa para encontrar varios packs de hielo azul que cubren un paquete de carne molida, zanahorias, papas, hot dogs y pan, huevo, salchichas, jugo de naranja, sal, pimienta, mostaza, mantequilla, cebolla y ajo en polvo, botellas de agua, galletas Graham, barras de chocolate, malvaviscos y una botella de vino. Incluso trajo nuestra pizza congelada.

Levanto la mirada y susurro su nombre. El cuidado que tuvo, la planificación, el gasto… ni siquiera puedo comprender cómo hizo todo esto sin que yo lo sepa. ¡Solo llegamos a la isla hace dieciocho horas! Y sé absolutamente que más de la mitad de estos productos NO estaban en nuestro carro ayer en Walmart.

Cierro la hielera, camino hacia donde está sentado y me paro entre sus piernas. Él levanta la mirada con sus labios torcidos, encogiéndose de hombros.

—Culpo al oficial de suministros, siempre planificando.

Coloco mis manos en sus mejillas mientras él envuelve sus fuertes manos detrás de mis muslos. Me mira a los ojos mientras yo suavemente rozo mis dedos sobre su cuero cabelludo.

Me lamo los labios, los cuales de repente están secos.

—Esta cabaña, esta noche… todo. —Suspiro de nuevo, cerrando los ojos, pero vuelvo a enfocarme en él—. Es perfecto, Edward. Quiero asegurarme que sepas eso. Por favor, no dudes de lo que has hecho aquí. Me encanta. Me encanta todo. Pero mayormente, me encanta porque te atreviste y tomaste una decisión por nosotros. Y sí, incluso aunque haya tomado mucha planificación para las pequeñas cosas que has hecho aquí, tomaste una decisión espontanea por los dos, y ESO es lo que me emociona.

Él permite que un rastro de sonrisa adorne su hermoso rostro.

—Te lo mereces, todo esto y mucho más. Siento que estoy pasando por un cambio importante, y todo se debe a ti. —Suspira y mira a lo lejos por un segundo—. Estoy pasándolo increíble contigo, Bella. Me gusta la persona en la que me estoy convirtiendo. Es como si viera al mundo por primera vez con nuevos ojos, una nueva perspectiva.

Me inclino y suavemente rozo mis labios contra los suyos. Su sonrisa es de alivio, quizás porque ha admitido algunas cosas que ha estado guardando en su pecho. O quizás simplemente está feliz por el momento; de cualquier forma, lo acepto sin hacer preguntas.

—Bien, ¿cómo dormiremos aquí en esta acogedora cabaña? —Miramos simultáneamente hacia las literas—. ¿Quieres estar arriba, capitán?

Suelta una carcajada y levanta la vista hacia mí.

—Más de lo que sabes —dice, apretando mis muslos—. Pero el sol está por salir, así que digo que vayamos a dormir.

—Oh, gracias a Dios. —Exhalo, aliviada—. ¡Me preocupa que, sin intentamos algo, me duerma en el acto!

Me mira con una ceja arqueada.

—De acuerdo, quizás eso nunca pasaría… pero, sí, descansemos un poco. Los dos lo necesitamos.

Doy un paso hacia atrás y me quito el sostén mientras que intento no babearme al ver a Edward quitarse su chaqueta y camiseta rápidamente. Me arrastro hacia la cama y aparto con las mantas, ubicándome debajo de ellas con un tarareo feliz. Momentos después, Edward apaga la luz y la cama se hunde a mi lado. Lo siento acercarse y mi corazón late salvajemente cuando envuelve sus manos debajo de mí y a mi alrededor, llevándome hacia él. Estamos haciendo cucharita. Ubica su mano izquierda sobre mi cadera, besando la parte posterior de mi cabeza.

—Gracias, capitán —susurro en la oscuridad—. Esta noche, este día… lo que sea que venga… significa más para mí de lo que jamás sabrás.

Siento su cuerpo relajarse contra el mío.

—Lees mi mente, Clementine.

~TotS~

He estado dormitando intermitentemente por un par de horas. No estoy segura de por cuánto tiempo Edward y yo nos mantuvimos juntos, pero debemos habernos separado en algún momento, porque me encuentro sobre mi vientre ahora mismo con mi rostro sobre la suave almohada. Decido abrir un ojo y ver cómo está durmiendo. Hay un lugar vacío a mi lado, pero sigue estando cálido. Asumo que acaba de levantarse, pero no está en nuestra cabaña.

Me siento y paso mis dedos por mi cabello enmarañado, esperando que no luzca tan mal como temo. Escondo mi rostro entre mis manos y suelto un gruñido mientras estiro y contraigo los dedos de mis pies. Justo entonces, la puerta de la cabaña se abre y Edward entra vistiendo solo unos pantalones deportivos y sus chapas identificadoras. La sonrisa que me da podría iluminar un cuarto, pero al menos hace que mi corazón enloquezca nuevamente.

—Buenos días —dice brillantemente, sosteniendo un tubo de pasta de dientes, un cepillo de dientes y una botella de agua.

—Hola. ¿Por casualidad sabes qué hora es?

Él saca su reloj de los jeans que usó anoche.

—Veinte minutos para las diez. ¿Te sientes más descansada?

Bostezo de una forma poco femenina.

—Por Dios, discúlpame. Eh, sí. Cuatro horas es mejor que nada, ¿cierto?

Él sonríe y toma asiento en el banco del otro lado de la cama.

—Te entiendo. Me he vuelto un consentido en las últimas semanas desde que volví de Afganistán. Cuatro horas allí eran un regalo. —Se ríe.

Mientras habla, no puedo apartar mi mirada de su increíble pecho. Jebús, no puedo esperar a pasar mi lengua por él.

Una idea terrible de repente se me viene a la mente.

—¡Aw, diablos! No traje mi cepillo de dientes —me quejo y me dejo caer en la cama. Nada como pasta de dientes en el dedo. Agh.

Por el rabillo de mi ojo, veo a Edward moverse del banco y rebuscar en su bolso. Después de unos segundos, se agacha frente a mi rostro, el cual está colgando por el borde de la cama.

—¿Acaso todavía no has comenzado a confiar en un compañero de viaje super organizador? —Me tiende un cepillo de dientes violeta y brilloso, aun en el paquete.

Frunzo los labios y suspiro.

—Quizás hacemos un muy buen equipo, capitán Masen. Entre tu loca necesidad de organizar las cosas, con una docena de planes de contingencia de respaldo… y mi necesidad de dejarme guiar por el instinto… creo que podríamos resolver todos los problemas del mundo, ¿no crees?

Él resopla, su sonrisa perfectamente torcida tentándome a que le haga cosas sexys a esa boca suya.

—Un equipo increíble. Como mantequilla de maní y jalea.

—¿O mantequilla de maní y malvaviscos? —bromeo, bajándome de la cama.

—¡Por supuesto, mantequilla de maní y malvaviscos! —gruñe, pero en broma.

—Solo espera —grito hacia la cabaña con la boca llena de burbujas de pasta dental—. Voy a hacer que comas fluffernutters antes que estas vacaciones acaben.

—De alguna forma, no dudo de eso. —Se inclina contra el marco de la puerta, mirándome mientras termino una versión abreviada de mi rutina matutina.

Me deja para cambiarme. Después, me uno a él afuera, en el banco de picnic y veo que ha preparado una pizza a temperatura ambiente como nuestro desayuno.

—Mmm —gruño con la boca llena de deliciosos champiñones. Echo un vistazo en su dirección y está asintiendo, también disfrutando de su porción—. Pizza de desayuno, ¿eh? ¿Qué te dije?

—Es muy bueno, Clementine, te concederé eso. Pero… mi preferencia es caliente. —Fijamos la mirada en el otro.

Paro de masticar y trago con una sonrisa irónica.

—Caliente es bueno… mejor que bueno.

Edward traga el resto de su botella de agua y se inclina hacia mi oído.

—Qué bueno que concordemos con eso —susurra, dejándome sin aliento.

~TotS~

Decidimos dirigirnos hacia el centro de visitantes de Kilauea para obtener información actualizada sobre el flujo de lava y los mejores miradores. Los guardabosques nos recuerdan que el sendero hacia el flujo es un viaje arduo. Les agradecemos por el consejo, pero aun así queremos intentarlo. Después de todo, ¿cuántas veces estás a pasos de una erupción volcánica activa y tienes la posibilidad de pararte en los bancos de tubos de lava?

El museo Jaggar es nuestra segunda parada y tiene una vista magnifica de la columna ondulante de gas volcánico. Me asombra saber que estamos parados sobre roca derretida revuelta en un lago de lava debajo del cráter. Tienen cámaras ubicadas por todo el museo que nos permite ver en directo la actividad actual de numerosos cráteres y, por supuesto, la erupción activa del cráter Halema'uma'u.

Después de nuestra visita, Edward nos lleva de vuelta para comenzar nuestra subida. Aunque sigue siendo peligroso y cauteloso, me siento cien veces más segura al hacer este viaje a la luz del día. Cada cierto tiempo, nos detenemos para tomar fotos y beber agua, pero seguimos con nuestro objetivo en alto.

—Leí en un folleto que hay dos tipos de lava hawaiana —digo entre jadeos mientras seguimos nuestra caminata media empinada.

—¿Oh, sí? ¿Qué aprendiste?

—Bueno, a pesar que la lava es similar químicamente, la apariencia después que se endurece luce de una u otra forma —pauso para tomar aire y dar un sorbo de agua.

—¿Lista? —pregunta Edward con una sonrisa, después de notar que me detuve por un segundo.

—¡Síp! Estoy bien. Bueno, si fuera una chica que hace apuestas, diría que la mayoría de esta cosa escarpada que luce y se siente como un campo de navajas se llama A'a.

—A'a —repite él—. Parece como si estuviéramos hablando chimpancé.

Me reí de sus tonterías.

—Es verdad. El otro tipo de lava dura es suave y viscoso se llama Pahoehoe.

—Bueno, ¿acaso no eres la guardabosques más adorable que hay? —bromea, extendiendo una mano hacia la mía. Tomo la suya y seguimos con nuestra caminata. Afortunadamente, hemos llegado a una superficie lisa, así que no tenemos que concentrarnos mucho en dónde o cómo pisamos.

—Solo puedo ser una verdadera guardabosques cuando tenga uno de esos geniales sombreros de ala ancha y esa blusa sexy y shorts color caqui a juego. —Me río y nos detenemos otra vez para beber de nuestras botellas de agua—. Entonces, ¿qué piensas?

Frunce el ceño mientras bebe. Mis ojos están fijos en su manzana de Adán que rebota debajo de su barba incipiente.

—¿Qué pienso sobre qué? —pregunta, felizmente bebiendo.

—Sobre mí en un uniforme sexy de guardabosques. —Sonrío diabólicamente, dando un paso hacia él así mis labios prácticamente rozan su mandíbula—. ¿Hay alguna fantasía de guardabosques traviesa en tu arsenal para noches solitarias?

Él comienza a toser —bueno, a ahogarse— y doy un paso hacia atrás en sorpresa, pero rápidamente golpeo su espalda. Él se agacha, dejando caer su cabeza y tratando de buscar oxígeno desesperadamente.

—Dios, Bella —suelta y comienza a reír, aun jadeando—. ¡No puedes decirme esa mierda, menos cuando estoy bebiendo, y especialmente cuando no puedo hacer nada al respecto!

Estoy riéndome y temblando al mismo tiempo por la imagen mía en un disfraz ridículo de guardabosques y la de él devorándome contra un árbol con y sin dicho atuendo.

—Lo siento. —Me río—. ¿Estás bien?

Él asiente, tomando aire profundo y acercándome a su pecho.

—Quiero que sepas que, desde que nos volvimos a encontrar hace unas semanas, solo una persona ha sido la protagonista de mis fantasías en mis noches solitarias. —Su voz es ronca, llena de deseo. Hace que mi garganta se seque y luche con tragar.

Tarareo, incapaz de apartar mis ojos de su mirada profunda.

—Mujer afortunada —logro decir—. Espero que se lo hayas dicho.

Él sonríe, un hombre que guarda un secreto en su corazón.

—Creo que ella lo sabe.

Inhalo profundo, mi ritmo cardíaco multiplicándose por diez.

—Deberíamos seguir; ya casi llegamos.

Él baja su mentón, dando un paso hacia atrás, y seguimos nuestra caminata por otros veinte minutos.

Una vez que estamos lo suficientemente cerca del increíble calor y poder que emana el flujo de lava, nos detenemos, dejamos caer nuestras mochilas y simplemente absorbemos la magnitud de la exposición de la Madre Naturaleza.

Se puede escuchar los siseos y crujidos mientras el flujo se mueve lentamente por el costado de la montaña. Incluso aunque no caminamos por el banco de lava en la costa, aun así podemos escuchar la colisión humeante de la lava una vez que entra en contacto con el océano.

Se me llenan los ojos de lágrimas nuevamente, no por Mike esta vez, sino porque sigo orgullosa de mí misma y mi fe ciega al hacer este viaje por mi cuenta. Aunque Edward ha estado viajando conmigo en los últimos diez días, aun no puedo evitar darme unas palmadas en la espalda por hacer lo que nadie en casa pensaba que podía o debería hacer.

Miro a Edward, que está estudiando el flujo de la lava con seriedad. Es evidente la concentración en su rostro mientras escucha a uno de los guardabosques.

No tengo idea de lo que va a pasar con Edward en las próximas semanas. Sé lo que quiero y creo que sé lo que él quiere. Y sé que estoy sintiendo cosas por él que me han tomado completamente por sorpresa. Ciertamente jamás comencé este viaje con la intención de tener un amorío de vacaciones o algo más. Pero está allí y cerca de tocarme… y todo en mi corazón me dice que haga exactamente lo que me prometí a mí misma que haría años atrás cuando ya no me quedaban lágrimas que llorar.

Estoy viviendo en el momento; hago lo mejor que puedo para sonreír todos los días y encontrar la felicidad en las pocas y en las grandes cosas. Y si el cielo me envió a Edward, me niego a darle la espalda. Lo que sea que surja de nuestro tiempo juntos será obra del destino. Confío en él sin miedo. Simplemente quiero seguir sintiéndome viva… y Edward me está ayudando con eso.

Tomamos miles de fotos de la lava. Una joven pareja nos pide que les tomemos unas fotos de pie sobre los bancos, lo cual acepto. Ellos nos devuelven el favor sacándonos fotos a Edward y a mí, nuestros brazos alrededor del otro, luciendo como una pareja feliz.

Eventualmente, concordamos en volver a nuestra cabaña y comenzar la cena. Así como el camino de salida del flujo de lava, nos tomamos nuestro tiempo, pisando con precaución y deteniéndonos para beber agua. Casi tres horas después, llegamos a nuestro coche, exhaustos, pero completamente emocionados de haber cumplido tal hazaña.

~TotS~

—Bien, ¿qué hay de cenar aquí?

—Compré los ingredientes para una carne al papillote.

Sonrío ante el nombre tonto.

—¿Y qué hay en las cenas al papillote, capitán? —pregunto, sentándome a su lado en el banco de picnic. Sobre la mesa hay papel aluminio, carne molida, vegetales, mantequilla y especias.

—Esto es lo que haremos. Tomas una hoja de papel aluminio y le metes un puñado de carne molida. Luego metes cualquier vegetal que desees. —Toma el paquete de zanahorias en miniatura y vierte una taza sobre la carne molida. Después, toma una de las papas y la pela más rápido de lo que creía que era posible. Supongo que la vida militar te da ciertas habilidades—. Entonces, añades unos pedazos de papas, un poco de condimentos y varias cucharadas de mantequilla.

Mientras instruye, hago lo mismo con la mía.

—Ahora, simplemente cerramos bien el envoltorio y literalmente lo lanzamos al fuego —dice orgullosamente, mientras los dos nos paramos y caminamos hacia el brasero que ya está lleno de carbón caliente. Lanzamos nuestras carnes al papillote y las observamos envolverse en llamas.

—Les daremos entre cuarenta y cinco minutos y una hora, y deberían estar listas.

—Suena delicioso —digo, pasando mis dedos por mi cabello. Me siento sudada y pegoteada y desesperada por una ducha—. ¿Te molesta si corro hacia los baños del camping y uso sus duchas?

Él sonríe, sacudiendo su cabeza.

—Para nada, de hecho, iba a hacer lo mismo. Para cuando volvamos, estoy seguro que estarán listas para comer.

—¡Genial, sale una ducha!

~TotS~

Edward y yo arrastramos la mesa de picnic para disfrutar nuestra comida bajo las estrellas. Estar aquí, acampando prácticamente al lado de un volcán, me hace sentir como si estuviéramos cerca del cielo. Las estrellas parecen ser más grandes y brillantes, a nuestro alcance.

—¿Entonces qué te pareció la comida? —pregunta Edward, mientras estamos acurrucados frente el brasero, derritiendo nuestros malvaviscos mientras tomamos vino.

—Oh, por Dios, estaba increíbleeeee —canturreo—. ¿Es algo de los Marine Corps?

—Oh, no, de hecho, es algo que mi papá y yo solíamos hacer cuando íbamos de campamento. Se supone que lleva cebollas también, pero ya que tú y yo compartimos un odio mutuo por las cebollas, pensé que estaría mejor con especias que con el vegetal —dice, riendo mientras reacomoda nuestros bocados casi derretidos.

Le soy un empujón con mi hombro.

—Un hombre con muchos talentos.

—Hablando de talentos —dice, estirándose sobre el brasero. Su camiseta se levanta un poco y puedo ver la cintura de sus bóxers. De repente, tengo que frotar mus muslos entre sí para reprimir el creciente deseo—. Espera a que envuelvas tu boca alrededor de esto.

Intento contener mi sonrisa engreída. Él sabe muy bien que su doble sentido me está volviendo loca. Me tiende un sándwich de galleta, los hilos de malvavisco cayendo por los bordes de las galletas Graham hace agua mi boca en anticipación.

Tomo mi primer bocado al mismo tiempo que él grita:

—¡ESPERA!

Aparto mi boca, una sensación ardiente en mi lengua y paladar. Gimiendo en sorpresa, todo lo que puedo hacer es abrir mi boca y permitir que el aire frío alivie el dolor.

El rostro de Edward se retuerce con compasión y frustración.

—¿Estás bien? ¿Por qué lo mordiste al instante? ¡Están tan calientes como el fuego!

Asiento, abriendo y cerrando mi boca repetidamente, esperando un alivio instantáneo.

—Creo que mi lengua sufrió quemaduras de tercer grado. —Hago un puchero.

—Toma —dice, ofreciéndome mi botella de agua—. Puede que esto alivie el dolor un poco.

Ayuda, pero solo un poco. Sigo bebiendo sorbos de agua y asiento con una sonrisa forzada.

—Estaré bien. Fue estúpido de mi parte. —Me río—. ¡Lo hiciste sonar muy apetecible, no estaba pensando bien!

Unos minutos después, volvemos al banco, mirando las estrellas mientras mordisqueamos lentamente nuestros postres. Edward tira arena sobre el fuego para extinguir las últimas brasas ardientes.

—Mmm, estuvo muy bueno —felicito, lamiendo el resto de chocolate en mis dedos—. Es un excelente chef, señor.

Él resopla, las arrugas en sus ojos se contraen de la manera más adorable.

—Tengo habilidades culinarias fantásticas. Tacos, carne al papillote y malvaviscos… impresionante, ¿no?

Me río, recogiendo la basura de nuestra mesa mientras él empaca los restos de ingredientes y luego entra la hielera en la cabaña.

—Una bella noche —dice suavemente.

—Sí que lo es. —Echo un vistazo y sonrío en su dirección, está echado atrás sobre sus codos. Decido copiar su pose—. Gracias por todo, Edward. Realmente te luciste desde el momento que apareciste con las flores en la puerta.

—De nada, fue un placer. No puedo creer que haya sido anoche. Qué veinticuatro horas más movidas —se ríe.

Fuimos muy tenaces —concuerdo—. Fuimos tras lo que queríamos… es una buena forma de ser.

Ambos estamos acostados ahora, él me mira a los ojos. Creo que sabe que dije en serio cada palabra que acabo de decir; no es el único que puede lanzar juegos de palabras como un campeón.

—Bella —susurra, acercando su rostro al mío—. Por favor, dime que tu lengua se siente mejor. —Siseo mi respuesta afirmativa mientras él enlaza sus dedos con los míos. No pronuncia otra palabra, sino que suavemente toca mis labios con los suyos. Aferra mi rostro, su pulgar frotando mi pómulo al mismo tiempo que sus otros dedos bailan sobre mi cuello detrás de mi oreja. Su aliento es cálido y dulce. Nuestros ojos están abiertos, completamente fijos en el otro.

Tirando gentilmente de mi cuello hasta que los dos estamos sentados a la mesa, tiernamente me da besos en los labios, provocándome escalofríos por todo mi cuerpo.

En segundos, estamos inmersos en un beso ardiente. Nuestras lenguas giran alrededor de la boca del otro, respiraciones pesadas y jadeos suaves se añaden a los sonidos de la vida salvaje y los grillos que cantan en la noche.

Edward mueve su cuerpo y baja de la mesa, reacio a romper el beso. Abro los ojos por solo un momento cuando me sonríe, acercándome hacia el borde. Sus labios buscan los míos nuevamente, nuestro beso se vuelve ardiente. Me estoy derritiendo en sus brazos como el malvavisco y el chocolate que acabamos de disfrutar. El sabor de su boca me tiene volando alto, lleno de dulce, poder y lujuria.

Mis piernas cuelgan del borde de la mesa, con el cuerpo de Edward plantado firmemente entre ellas. El bulto firme en sus pantalones embiste contra mí, y suelto un gemido.

—Oh, Dios. —Suspiro, echando mi cabeza hacia atrás, abrumada por el deseo—. Por favor, Edward.

Embiste su pelvis otra vez, desencadenando otro gemido de placer. Si no llevamos esto hacia adentro pronto, no solo tendré mi primer y orgulloso orgasmo provocado por alguien en más de tres años, sino que también seremos arrestados por indecencia pública.

Edward debe estar pensando lo mismo porque lleva sus fuertes manos a mi trasero y me levanta. Mis piernas se envuelven fuertemente alrededor de su cintura, provocándole un gemido.

Me aparto de sus labios.

—¿Estás bien? —pregunto, sin aliento, estudiando sus ojos.

—Estoy volando, Bella. Tus piernas a mi alrededor acaban de darme una probada de lo que me espera. —Cierra la puerta con una patada y me acuesta suavemente en la cama. Mientras mis manos recorren los músculos de su espalda de arriba abajo, él se cierne sobre mí, agachándose para besarme mientras nuestras caderas siguen moviéndose en sincronía.

Es la tortura más dulce.

Ataca mi cuello, lamiendo y succionando. Él sabe que tengo sensibilidad a lo largo de mis costillas y suavemente roza sus dedos de un lado al otro hasta que toca mi pezón, el cual está completamente erecto bajo mi sostén de satén y mi fina camiseta.

Siseo de placer, y puedo sentir a Edward sonreír en nuestro beso.

—¿Te gusta eso, Clementine? —Respondo con un gruñido poco atractivo cuando él continúa dejando besos húmedos a lo largo de mi clavícula. Benditas sean las camisetas con cuello V.

—¿Podemos, oh por Dios, eh… quitarnos una prenda? —chillo, mis manos en la parte trasera de sus jeans, apretando y pellizcando su perfecto trasero, alentándole a que siga frotándose. Mis ojos se cruzan cuando gira sus caderas contra las mis una y otra vez.

Edward se levanta y queda apoyado sobre sus rodillas, tirando de mi brazo, ayudándome a sentarme. Su respiración es acelerada mientras lo veo levantar su brazo y quitarse la camiseta, lanzándola hacia la litera inferior a unos metros. Su torso me hace babear con sus hombros y brazos bien definidos, su pecho y sus fabulosos abdominales. Siento que estoy sola en una galería de arte y que soy la afortunada que eligieron para estudiar la espectacular escultura frente a mí.

Recuerdo que también debería desvestirme, así que paso mi camiseta por encima de mi cabeza, la tiro cerca de la de Edward y rápidamente suelto el broche frontal de mi sostén. Un gemido sale de su boca y sacude su cabeza, estudiándome.

—Dios, eres increíble —susurra en reverencia, haciendo que sonría mientras me recuesto sobre las almohadas. Él sigue de rodillas y completamente lejos. Estiro mi mano y suavemente deslizo mis dedos sobre sus jeans, por el vello debajo de su ombligo, subiendo hacia su pecho esculpido hasta que llego a las chapas identificatorias cubiertas por un plástico negro que brillan colgando de su cuello. Cierro mi mano alrededor de los dos bloques de metal frio y suavemente lo atraigo así cae cuidadosamente sobre sus brazos, los cuales ahora se encuentras a los costados de mi cabeza.

Sigo tirando hasta que nuestros labios vuelven a colisionar con los míos. La sensación de sus chapas deslizándose entre mis pechos es intoxicante. Oh, cómo he esperado este momento. He soñado sobre la sensación del peso de su cuerpo sobre el mío. Su piel caliente presionando contra mis pezones sensibles es más de lo que puedo resistir y chillo cuando embiste su polla cubierta por denim entre mis piernas. He esperado esto por mucho tiempo, literal y figuradamente. Estoy tan tensa que seguramente vaya a estallar en cualquier momento.

Edward tararea y lentamente besa y lame su camino hacia mis pechos. Envuelve su boca caliente y húmeda alrededor de mi pezón mientras las yemas de sus dedos frotan el otro. Su lengua gira y se agita, sus caderas siguen meciéndose con las mías.

Envuelvo mis piernas alrededor del torso de Edward, alentándole a que se mueva más rápido y fuerte. Él cambia a mi otro pezón y le regala la misma atención con su boca divina. Puedo sentir la combustión comenzar en lo bajo de mi vientre y me detengo, queriendo absorber cada momento, cada pizca de pasión que está creando entre nosotros. Mis manos, las cuales han estado rasgando su espalda superior y tirando del poco cabello en su cabeza, caen sin energía al lado de las suyas.

Creo que Edward debe notar que estoy al borde porque deja de besar mi pecho y de repente ataca mis labios con los suyos de nuevo. Moviendo su lengua dentro y alrededor de mi boca en sincronía con cada vaivén de nuestras caderas, mi cabeza cae sobre la almohada y arqueo mi espalda, colapsando en silencio.

Mi cabeza sigue echada hacia atrás, mitad de mi rostro en la almohada disfrutando de cada milisegundo del éxtasis. Edward deja suaves besos a lo largo de mi mandíbula hasta mi oreja, su aliento caliente sigue creando escalofríos en mi piel.

—Cielos, eres jodidamente sexy, Bella. Podría ver cómo te corres una y otra vez y jamás sería suficiente.

Mientras caigo de mi nube, mi cabeza gira hacia él y sonrío con felicidad.

—Mmm, ¿cuándo podemos hacer eso de nuevo?

Su risa ronca y sexy sacude nuestros cuerpos.

—Muy pronto, espero. Porque este hombre no ha tenido la última palabra —bromea, empujándome su dura erección mientras rueda a un costado y ubica su cuerpo caliente a mi lado.

Me giro hacia él y coloco mis manos debajo de mi rostro. Nos miramos el uno al otro sin hablar por unos segundos y entonces, aparta mi brazo derecho lejos de mi cuerpo, descansándolo sobre sus caderas. Arqueo una ceja ante su maniobra.

—Estabas obstruyendo mi vista —dice, sin remordimientos—. Tenía que rectificar la situación.

Paso mi mano por su costado, sus abdominales se tensan con el cosquilleo. Aparentemente, mi toque es demasiado para él porque estira un brazo y pega todo mi cuerpo contra el suyo de un tirón, así nuestros pechos están piel contra piel. Presiona su pierna entre las mías mientras yo subo una sobre las suyas. Es como si no pudiéramos estar lo suficientemente cerca.

—Mejor —dice roncamente, su frente presionada contra la mía.

Levanto mis cejas.

—¿Esto es todo lo que quieres, capitán? —Permito que mi mano siga recorriendo y se deslice entre nuestros cuerpos, palmeando su gruesa erección por sobre sus jeans; él gruñe—. ¿Incluso si hago esto? —Me arrastro hacia abajo y comienzo a dejar suaves y húmedos besos sobre su pecho. Con pequeños mordiscos por aquí y por allá, succionando, y soplando mi aliento caliente sobre sus abdominales, logrando estremecer su piel.

Él ha rodado hacia atrás un poco, lo que me da acceso a todo su cuerpo mientras estoy arriba. Su mano se empuña sobre su frente, está respirando pesado, su mandíbula apretada en concentración.

Puedo ver que lo estoy afectando. Probablemente debería hacer a un lado el retraso del placer. El hombre pasó los últimos ocho meses insatisfecho en el desierto árido. Esto no puede ser justo. Estoy segura que ha sido entrenado para lidiar con la tortura a manos del enemigo: nombre, rango, número de identificación, fin de la historia. Pero lo que estoy haciendo ahora seguramente es un castigo cruel e inusual.

Me salgo de la cama. Mi movimiento causa que Edward abra sus ojos, probablemente tratando de verme en las sombras de la cabaña. Me quito los pantalones, arrastrando con ellos mis bragas. No tengo tiempo para ser modesta. Quiero a Edward. Él me quiere a mí.

Camino hacia su lado de la cama, su mirada fija en mí todo el tiempo. Ubicándome sobre sus rodillas, mis manos trabajan hábilmente con su botón y cierre. Deslizo mis dedos en el material y comienzo a tirar de este, logrando que levante sus caderas en el proceso. Ni siquiera me permito echar un vistazo hasta que lo he desnudado y estamos en las mismas condiciones.

Después de dejar caer sus pantalones y bóxers en el suelo, llevo mi atención hacia su cuerpo perfecto solo para encontrar que está sentándose con sus piernas cruzadas frente a él, y está buscando mi mano. Enlazo mis dedos con los suyos y balanceo mis piernas sobre su regazo, cruzando mis piernas por detrás de su espalda.

Él aparta sus manos y pasa sus dedos por mis pechos, mi clavícula y mi cabello. Una mano se queda firme en mi cuello, con su pulgar frotando mi oído mientras que enreda los dedos de la otra en mi cabello.

Estamos frente a frente, tocando nuestras narices, intercambiando el mismo aliento chocolatoso entre nosotros. Se inclina para besarme. No puedo evitar mover mis caderas, provocando a su polla que me está rozando. Ni siquiera puedo avergonzarme de lo húmeda que me encuentro. Y para ser perfectamente honesta, no creo que a él le importe.

—Bella —gime en mi boca; todo lo que puedo hacer es asentir—. Necesito estar dentro de ti.

Suelto un gemido, desesperada por sentirlo aclamarme al fin. Nuestros besos son desesperados, nuestros labios y dientes chocan. De repente, no puedo tener suficiente. Lamo y succiono mi camino hacia la parte inferior de su mandíbula. Esta pincha y pica mis labios hinchados y sensibles de la mejor forma. Sus gruñidos y gemidos solo me excitan más. Por todo lo que me da, se lo devuelvo con ansias.

Jamás me he sentido completamente deseada por alguien, ni he deseado a alguien más de lo que deseo a Edward ahora mismo. Él invade cada uno de mis sentidos. Todo lo que siento ahora mismo es Edward, Edward, Edward.

Estira sus manos a lo largo de mi espalda y, sin advertencia, nos gira. Desengancho mis piernas y él continúa tirando de mis labios con los suyos, deslizando su lengua dentro y alrededor de mi boca. Siento su mano bajar por mi cuerpo y sumergirse en mi húmedo interior. Me estremezco con anticipación mientras él separa mis labios con sus dedos y suavemente esparce la humedad que se ha acumulado entre mis piernas.

Inserta un largo dedo y jadeo de placer. Abro mis ojos para ver los ojos de Edward fijos en los míos. Sacude su cabeza ligeramente, su boca ladeada en una pequeña sonrisa.

—Eres jodidamente hermosa, Bella. —Se inclina para besarme de nuevo y luego desliza su lengua por todo mi cuerpo, separando más mis piernas cuando llega a su destino.

—Oh, por Dios —grito cuando su boca se cierra alrededor de mi clítoris. Su lengua se mueve a una velocidad que ni siquiera puedo comprender y entonces continúa su ataque alternando entre lamidas lentas y fuertes en mi entrada. Mis manos están tirando de mi cabello, siento que estoy por volverme loca. Siento su lengua entrar y salir de mí repetidamente antes de alejarse y volver a molestar mi clítoris.

Inserta dos dedos dentro de mí y los curva, frotando mis paredes mientras que su pulgar rasguea mi clítoris. Vuelve a besar mi cuerpo de camino al encuentro de mi boca. Gruño extasiada al saborear mi excitación en su boca.

—Por favor, Edward —ruego—. No puedo esperar más.

Estudia mis ojos por un minuto.

—Este es un momento pésimo para tener esta discusión, pero…

Lo interrumpo con un beso.

—Sé lo que vas a decir. He estado aplicándome la inyección por años. No tienes nada de qué preocuparte conmigo. —Envuelvo mis manos alrededor de su gruesa polla y lentamente lo acaricio mientras seguimos besándonos.

Él sonríe, luciendo casi triunfante.

—Bueno, sabes dónde he estado durante gran parte del último año. Nos hacen exámenes médicos antes y después de una misión… por lo que también estoy limpio.

Sonrío aliviada.

—Gracias a Dios. Te sientes magnifico, no creo que pueda soportar que bajes de la cama en busca de un condón.

Ambos reímos y él alinea su cuerpo con el mío, lentamente presionando dentro de mí mientras nos miramos a los ojos. Mi boca se abre en silencioso éxtasis, habiendo anhelado esta sensación por demasiado tiempo. Él pausa una vez que estamos completamente unidos y roza su pulgar por mi labio inferior.

—¿Estás bien? ¿Te lastimé? —susurra, preocupado. Su otra mano aparta el cabello de mi rostro, luego traza mi ceja por su dedo suavemente.

Sacudo mi cabeza, mordiéndome el labio y dándome unos segundos para ajustarme a su tamaño.

—Estoy bien. —Sonrío, tomando su rostro en mis manos—. Más que bien… perfecta. Te deseo desesperadamente, Edward Masen.

Puedo ver su sonrisa torcida mientras baja su boca hacia la mía de nuevo.

—Me tienes. Y honestamente no sé cómo te podrás deshacer de mí —gruñe.

Un calor se esparce por mi cuerpo al comprender lo que acaba de decirme. Hay una verdad detrás de esas palabras que no me permitiré sobreanalizar.

Estoy destinada a estar aquí… estamos destinados a estar aquí… juntos.

Besándome en todo momento, Edward se mueve dentro de mí e intercambiamos sonrisas y suaves gemidos. Paso mis manos por sus brazos definidos, sobre los músculos de sus hombros y por su espalda, apretando su firme trasero. La maravillosa sensación de sus embestidas crea una corriente eléctrica de placer por mi cuerpo que me hace temblar sin control.

—Mierda, Bella, te sientes increíble —gime y se coloca sobre sus codos, bajando su cabeza para observar donde estamos unidos. Cuando inclina su cabeza a un lado, puedo ver su gruesa polla entrar y salir de mí, mientras yo levanto mis caderas para encontrarme con sus estocadas.

Edward acelera sus movimientos y desliza sus manos por debajo de mis hombros, envolviendo sus dedos por encima de ellos. Nuestras lenguas siguen bailando en la boca del otro mientras sus caderas se mecen cada vez más rápido. Está gruñendo en el hueco de mi cuello, mi pelvis sacudiéndose debajo de él en busca de cualquier fricción posible.

Mi boca está completamente seca y me encuentro sin aliento. Anoche, todo este día que precede a esto… va más allá de cualquier expectativa y mis emociones están llevándome al límite. Siento las lágrimas formarse en mis ojos, completamente abrumada.

—Oh, Dios, Bella… por favor, dime que puedo hacer que te corras de nuevo. Yo ya estoy allí —jadea y lleva su mano entre nuestros cuerpos. Encuentra la suficiente humedad para que rápidamente frote mi clítoris, embistiendo determinadamente.

Estamos sudados y pegajosos, los sonidos de nuestra piel chocando entre sí me excita aún más.

Siento la exquisita ráfaga de mi orgasmo acumularse en mi vientre, mis gemidos revelándole que también estoy cerca.

—Córrete para mí, Bella. Déjame sentirte —gruñe, su ritmo titubeando mientras estalla dentro de mí—. ¡Agh!

Sus palabras me empujan por el borde y mi cabeza presiona la almohada, gritando su nombre como una plegaria en mis labios.

Permanecemos acostados allí juntos, jadeando, recuperando el aire. Él levanta su cabeza de donde estaba enterrada en mi cuello. Deslizo mis manos por su espalda y tomo su rostro con ellas. Levantando mi cabeza, lo encuentro a mitad de camino para besarnos suavemente.

Cuando nuestra energía se agota, seguimos intercambiando besos dulces y castos y suspiramos al mismo tiempo cuando sale de mí y se acuesta a mi lado. Giro mi cuerpo hacia el suyo y él envuelve su brazo alrededor de mi cintura, mientras acurruco mi cabeza en el recodo de su hombro. Mis dedos bailan por el vello de su pecho, de arriba abajo por su torso; él tararea con satisfacción.

—¿Estás segura que estás bien? —pregunta suavemente.

Exhalo y cierro mis ojos.

—Jamás he estado mejor —susurro, besándolo en el pecho—. Gracias por ser tan dulce y gentil.

Su brazo se intensifica alrededor de mi espalda y corre sus dedos por mi rostro.

—No sé si es posible ser de alguna otra forma contigo. Eres lo mejor que me ha pasado en… bueno, desde que tengo memoria. ¿Quién hubiera sabido que el casi haberme roto la nariz se hubiera sentido tan bien?

Me río y giro mi cabeza para besar su mandíbula.

—Esta ha sido la mejor primera cita jamás. Duerme bien, capitán —respondo, acurrucándome en su abrazo.

Él besa mi frente tiernamente.

—Dulces sueños, Clementine.

¿Cómo podrían ser de otra forma? Estoy en los brazos de Edward Masen. No creo que vaya a querer estar en algún otro lado que aquí. Segura, saciada y enamorándome de este hombre increíble. Dulces sueños, en efecto.


«Oorah» es un grito motivacional de los Marines. Casi como el «Hooah» en el Ejército y el «Hooyah» en la Marina. Los Marines a menudo lo cortan con un «Err» o un «Rah», haciéndolo sonar como un ladrido de perro… recuerden que su apodo es los Perros Malvados.


Uff, qué calor. ¿Siguen vivas? jajaja, fue tremendo capítulo y me costó días tenerlo y después revisarlo, pero aquí está :)

¡Hasta el próximo!