Harry había vuelto durante esa semana muchas veces a un momento específico de la sesión, uno que le excitaba y humillaba a partes iguales.
Solo había suplicado una vez, y ni siquiera había sido por él, sino por la vida de otra persona.
Lo había hecho, y lo que le hacía sentir Draco era diferente, demasiados le habían subyugados, algunos tratándole como un objeto, otros queriendo que les amase. Draco no le trataba así.
A veces, la sensación incómoda de estar siendo tratado como un niño pequeño le repelía. Sin embargo, cuando lo fue, jamás nadie le dijo que hacía bien algo.
Pasó de ser nadie, casi un elfo doméstico a alguien que debía salvarlos a todos, del que solo se esperaban cosas asombrosas.
Pero cuidarle, felicitarle, nunca nadie lo había hecho de ese modo.
Y esa parte le hizo sentir incómodo, porque se descubrió ansioso por más, por querer que Draco le siguiera diciendo que era un buen chico, un buen sumiso.
Atracción y repulsión.
—Potter, frena el vuelo, se supone que los debemos vigilar, no hacer una carrera de escobas.—El pequeño artilugio en su oído había sido encantado para que los miembros de su escuadrón se escucharan entre sí.
Eran tres, y volaban mucho más alto que los contrabandistas. Salvo que en esa noche no parecía que hubiera ninguna actividad ilícita.
Sino simples envíos de paquetes vía escoba.
Robertson y Farrell no estaban contentos de patrullar con él, de hecho, y a pesar de ser uno de los mejores aurores solía tener problemas con sus compañeros. Harry se había ganado el apodo de "El suicida", ir con él significaba que probablemente habría problemas, y sino, Harry los provocaría.
Aminoró la marcha. Su trabajo era el único lugar donde podía ser él mismo, donde nadie le pediría más ni menos. Donde a nadie le importaba si tenía pareja, o porqué siempre era el primero en llegar y el último en irse.
Harry vivía para su trabajo, porque este no le cuestionaba quién era.
Para él determinado futuro se había cerrado, siempre deseó tener una familia propia, pero ese sueño se le esfumó entre las manos.
Tenía un ahijado, hijo de Lupin y Tonks, pero se había mantenido alejado de él y de su abuela. Se sentía sucio e indigno de estar cerca de un niño, y aunque supiera que ambas cosas no eran tan reales como sonaban en su mente. En el momento cuando más cerca pudo estar de él, Harry desapareció.
Ahora era un adolescente al que dudaba poder ser de ayuda o interés.
Lo más cercano a una familia que tenía era Ron y Hermione, y sus dos hijos. Hermione le había obligado a ir a cenar con ellos al menos una vez al mes, asistir a cumpleaños, bodas y eventos familiares. Para ella las navidades no eran cuestionables y Harry siempre tenía un asiento reservado.
Ron y él hacía años que habían vuelto a tener una dura discusión, durante meses no se hablaron y si Hermione no hubiera mediado seguirían sin hablarse.
Ron le echaba en cara haberse apartado una vez vencieron en la guerra, sintiéndose usado solo en tiempos de necesidad. Harry había preferido no contarle los motivos reales sobre su distanciamiento, sobre su ruptura con su hermana, sobre sus períodos de oscuridad y desesperación.
Hermione y Ron eran transparentes, Harry opaco y cerrado. Ellos acabaron aceptándole y Harry, con ellos, era con los únicos que se sentía bien.
Pero sus pensamientos volvieron a Draco. Él no era ningún desconocido al que había sido cedido sino un viejo conocido, casi un antiguo enemigo que en realidad nunca lo fue.
Y ahora era su amo, pero también era algo más, y eso hacía sentir incómodo a Harry, el deseo de complacerlo era extraño y molesto. Pero estaba en Harry desde que vio lo que era capaz.
Los mensajeros dejaron su carga y se fueron, una vigilancia improductiva. Volvían al cuartel y a Harry le hervía la sangre reclamándole acción.
La única que había podido tomar por su propia mano había sido esa, otra, quizás más placentera nunca había estado en su mano.
Recordó que Draco le había dicho que su chimenea siempre estaría abierta para él, Harry descendió de su escoba imaginando como Draco le follaba lo duro que él necesitaba.
Pero aún no era el día que habían fijado y Harry no iría ningún otro.
El control era importante, y Harry dominaba aquella necesidad desde el único cabo que tenía.
Redactó un insulso e insatisfactorio informe sobre la nula actividad delictiva, y terminó su turno.
Harry nunca había permitido que marcaran su piel con la marca de un amo, y Draco ni siquiera lo había querido. Todos parecían disfrutar dejando claro que les pertenecía y Draco no. Se desnudó para ducharse, aunque bien podría haberlo hecho en su casa.
Realmente no tenía ganas de llegar a un hogar vacío.
—Hey, Potter, ¿vigilancia fallida?—En otra de las duchas estaba Murphy, un joven auror que se había acercado a él deslumbrado por el personaje para encontrarse con un Harry poco colaborador.
—Un día desaprovechado.
Murphy era agradable, era guapo y estaba muy interesado en Harry, siempre había sido completamente evidente.
Harry evitaba esas situaciones, por más que en el fondo las deseara, no podría tenerlas. Y no le parecía justo para la otra persona, pero ese Murphy le gustaba, le gustaba mucho.
Se enjuagó los restos de jabón y salió de las duchas, aunque casi el 90% de su tiempo aceptaba ese otro 10%, en días así se le hacía muy complicado.
—Harry—escuchó a su espalda—, espera un momento, por favor.
Harry suspiró, se colocó los pantalones vaqueros, una camiseta cualquiera de algodón que se pegó a su cuerpo porque no se había secado bien y se giró salpicando gotas de agua de su cabello.
—¿Una copa?—Le sonrió Murphy. Harry no debía, de verdad no debía involucrarse en algo que no llegaría a nada por más que quisiera.
Pero sin todo ese contrato de por medio, Murphy podía ser su tipo, era agradable, divertido y sin nada de ropa dejaba claro que estaba perfectamente y que se alegraba de ver a Harry.
Pero sobre todo lo que le gustaba a Harry es que tenía la mirada limpia, sin dobleces. Solo era un tipo al que le gustaba y al que Harry podía llegar a ver como algo más.
—Yo no bebo—dijo Harry sabiendo que con eso no estaba diciendo que no.
—Tomaremos zumo de calabaza si quieres.—Murphy era un poco más bajo que él y con ese color de pelo entre rubio y pelirrojo que con la humedad se le oscurecía.
Una bonita sonrisa en sus labios.
—Vale.
Ya se estaba arrepintiendo, pero estaba tan frustrado que aunque solo fuera por romper su rutina podría estar bien salir a tomar algo con un compañero.
Murphy casi sin creerlo se vistió con magia, como para no darle tiempo a cambiar de opinión a Harry.
Solo su pelo seguía húmedo y abandonaron juntos el cuartel de aurores, fueron a un pub mágico cercano donde los aurores eran asiduos. Harry prefería un entorno conocido.
No le sorprendió, fue realmente agradable la noche, hablaron de todos los casos pendientes, de los compañeros, de sus experiencias en la academia, del cabrón de Stevenson. Hasta que pasaron a terrenos más personales sin meter el dedo en la llaga de Harry.
Con 32 y sin más relación en su haber que los breves momentos en los que estuvo con Ginny, era alguien raro.
Por suerte Murphy no preguntó por aquello que Harry no daba libremente y fue él el que más habló.
Había tenido una relación larga y estable con un amigo de la infancia. Y hacía unos meses que habían terminado su relación, la vida de un auror era complicada.
Harry rió internamente, sumándole a los horribles horarios y peligros por ser auror, el handicap de ser además un esclavo sexual.
No, ninguna relación duraría para Harry.
Pero por una vez hacer como si fuera posible, responder a las sonrisas de Murphy, a sus coqueteos, era muy, muy agradable.
Harry no bebía, lo había probado pocas veces en su vida, y todas habían sido un competo desastre, odiaba a la persona en la que se convertía, y odiaba en lo que convertía a los que le dominaban.
Murphy le acompañó en la abstinencia. Cuando vieron la hora era realmente tarde, salieron y la noche era fría, parecía que no hacía calor en Londres desde 1998, pero quizás solo fuera Harry.
Harry era un estupendo auror, entrenado y con grandes reflejos, no, Murphy no le había pillado por sorpresa cuando trató de besarle.
Le esquivó atrapándolo por los hombros, y mirándole a los ojos, su compañero parecía avergonzado, y Harry se sentía un farsante.
Hacía años que Harry no recibía un beso, hacía años que Harry no permitía un solo beso.
Su contrato no evitaba que otro pudiera besarle, eran los actos sexuales los que le provocaban a él un gran dolor, y el otro saldría lanzado por los aires. Ya lo había comprobado.
No, no podía permitirse caer en algo que no podría ser, dar solo una parte de él, no poder darse por completo a una persona.
—Gracias por esta noche, realmente la necesitaba, pero no puedo.
Murphy se recompuso con rapidez, la patada a su ego no era tan poco previsible, pensó Harry. Nunca le había dado rienda suelta para que creyera otra cosa.
Murphy tuvo la prudencia de no decir nada, solo asintió con su cabeza y se marchó.
Harry suspiró a la noche, sí, sabía que era él mismo el que se cerraba las puertas al amor, que quizás pudiera encontrar a una persona que aceptara todo aquello de él, pero la soledad era más cómoda y más segura.
Se desapareció y evitó pensar en Draco, él no era ninguna solución, solo uno más.
Continuará
Hoy es mucho más temprano, pero como sé que hoy va a ser complicado que pueda actualizar a otra hora. Os lo dejo con nocturnidad y alevosía, aunque aquí sean las 9 de la mañana XD
Tengo un poquito de fetiche con el nombre de Murphy, y mira que en mis oídos no es bonito, pero no sé, me gusta y lo uso un poco demasiado en secundarios.
Hasta el miércoles.
Besos.
Shimi.
