Ese lunes, Hermione notó a Draco raro cuando se sentó a su lado en la clase de Aritmancia.
Él no la miró en ningún momento y abrió su libro tras un escueto "hola" que salió de sus labios.
Cuando la profesora estaba distraída, ella giró un poco la cabeza para observarlo y frunció el ceño al ver que seguía ignorándola.
Rasgó un trozo de pergamino y, tras escribir unas palabras, se lo pasó.
Draco miró el papel y escribió una respuesta, devolviéndoselo a Hermione.
¿Qué te pasa? Estás raro
Apenas hablamos y parece que no te caigo bien, ¿no? Pues mejor ni mirarte
Hermione suspiró y volvió a escribir.
¿Escuchaste la conversación con mis amigas? Pero si estabas a una mesa de distancia
Tengo muy buen oído, Granger
¿Ahora vuelvo a ser Granger?
Y supongo que yo vuelvo a ser el idiota de Malfoy
Ella levantó la mirada y sus ojos se cruzaron con los grises de Draco unos segundos.
Lo que les dije no iba en serio, Draco
Demuéstramelo
Hermione pestañeó unos segundos, algo confusa.
¿Cómo?
No vayas luego al gran comedor, ven conmigo al lago
Apretó los labios al sentir un latigazo de nervios recorriendo todo su cuerpo y volvió a escribir.
Está bien, pero no voy a acostarme contigo
...por ahora
Hermione soltó un pequeño resoplido al leer esa respuesta y miró a Draco, que estaba sonriendo con picardía mientras la observaba de reojo.
La clase continuó y las dos horas se le pasaron muy rápido, pero para Draco fueron eternas.
Cuando por fin terminó, él se acercó a su oído.
-Te espero en el árbol que nos vimos la otra vez- susurró, erizándole la piel del cuello con su aliento.
Ella se limitó a asentir y Draco salió de clase junto a sus amigos de Slytherin.
Caminó escondiéndose entre los alumnos para evitar encontrarse con alguno de sus amigos, si la veían iba a tener que dar explicaciones sobre por qué no iba al gran comedor para el almuerzo.
Aunque de todas formas... le iba a tocar responder muchas preguntas cuando viera a Ginny y a Harry esa tarde en la sala común.
Y no tenía ni idea de qué iba a decir para poder justificarse.
Consiguió salir del castillo sin ser vista y corrió hacia el árbol junto al lago donde estaba leyendo ese día que Draco se acercó a ella y la besó.
Le extrañó que el chico rubio no estuviera ahí al llegar, él había salido de clase bastante antes que ella.
Se apoyó en el tronco del árbol y suspiró.
-¿Estás suspirando por mí?-.
Hermione se sobresaltó al oír su voz y miró hacia arriba.
Draco estaba sobrevolando el árbol en su escoba, y sonreía en su dirección.
-Ni en tus mejores sueños- respondió, haciendo una mueca.
Draco descendió hasta aterrizar a su lado y le hizo un gesto para que se subiera con él.
Ella dudó, hacía mucho tiempo que no se subía a una escoba, pero le hizo caso.
Él levantó el vuelo y ella se agarró a su cintura y cerró los ojos, el chico volaba demasiado rápido y eso le daba un poco de miedo.
Escuchó una risita de Draco y sintió que aceleraba, por lo que no abrió los ojos hasta que oyó su voz otra vez.
-Ya puedes bajarte, hemos llegado-.
Hermione pestañeó y se bajó de la escoba, mirando a su alrededor.
Estaban en el balcón de la torre más alta del castillo, desde donde se veían los terrenos de Hogwarts, el bosque prohibido y hasta el campo de quidditch a lo lejos.
-¿A dónde da esto?- preguntó, mirando la ventana que tenían detrás.
Draco se encogió de hombros.
-No lo sé, está prohibido entrar en la parte alta de esta torre pero nadie ha dicho nada de venir hasta ella volando-.
Hermione sonrió y se sentó junto a él en la enorme baranda de piedra.
-Deberíamos estar comiendo- protestó mientras seguía observando el horizonte y escuchando el suave murmullo del viento.
Draco sacó del bolsillo de su capa una servilleta y la abrió, dentro había varios trozos de sandwich y algunas empanadillas.
-He traído esto de la mesa de Slytherin, come lo que quieras- dijo, dejando la servilleta entre ellos dos.
Ambos comieron y hablaron de sus amigos mientras el sol iba bajando por el cielo.
Hermione se sorprendió al descubrir que Draco se sentía muy culpable por la muerte de su amigo Crabbe, y que le atormentaba que no estuviera este año en Slytherin como el resto de ellos.
Ella también le confesó que todavía ni Harry, ni la familia Weasley ni ella misma habían conseguido aceptar que Fred ya no estuviera, y además tenían que enfrentarse a la ausencia de Lupin, Tonks y otros muchos amigos que fallecieron en la batalla final contra Voldemort.
Draco no dijo nada, pero sus ojos se llenaron de tristeza y culpabilidad al recordar todo aquello.
-No eres para nada como pensaba que eras- reconoció ella en voz baja.
-Tú tampoco eres como yo imaginaba- respondió él.
-¿Y cómo creías que era?-.
-Una sabelotodo insufrible-.
Hermione gruñó y le dio un codazo a Draco, que empezó a reírse.
-Entonces ahora somos amigos... ¿no?- preguntó él, mirándola a los ojos.
-Sí, lo somos. Pero es mejor que los demás no lo sepan, no lo entenderían-.
-Ya sabes que quiero que seamos más que amigos- añadió Draco con voz grave.
Hermione puso los ojos en blanco y dio un gran suspiro.
-No me van los rollos de una noche, Draco-.
Él miró al frente con gesto pensativo.
-¿Y si hacemos una apuesta?- propuso.
Hermione lo miró, levantando una ceja.
-¿Qué apuesta?-.
-Si Gryffindor gana el partido del viernes... te dejaré en paz. Pero si soy yo el que atrapa la snitch, tú aceptarás acostarte conmigo-.
Hermione frunció el ceño.
-¿Intentas obligarme a hacerlo?-.
Draco se movió para sentarse más cerca de ella y con una mano acercó su rostro al de él, besándola.
Hermione se quedó paralizada durante unos segundos, pero correspondió al beso del chico apoyando las manos en su pecho y separando los labios para poder sentir la lengua de Draco contra la suya.
Se maldijo a sí misma al darse cuenta de que le gustaban demasiado sus besos.
Draco jugueteó con sus labios, mordisqueándolos mientras con una mano recorría la cintura de Hermione.
Cuando se separaron, ella estaba ruborizada y él tenía la respiración muy acelerada.
-No es obligarte porque sé que tú también quieres- dijo en voz baja.
Ella resopló, era estúpido intentar negar eso.
Los besos de Draco despertaban un fuego en su interior que hasta ese momento no había sentido, y estaba claro que él se daba cuenta.
-De acuerdo... acepto la apuesta, pero solo porque estoy segura de que Harry va a encontrar la snitch antes que tú-.
Draco la miró, sorprendido porque de verdad hubiera aceptado.
-Voy a ganar ese partido como sea- respondió con una sonrisa malvada.
Hermione entrecerró los ojos.
-Nada de hacer trampas, Draco-.
-Lo siento, eso no estaba incluido en la apuesta y ya la has aceptado-.
Ella frunció el ceño y Draco soltó una risita.
-No le hagas daño a Harry o me enfadaré-.
-No le haré nada, pero se lo voy a poner muy difícil-.
Los dos volvieron a subirse a la escoba y volaron de vuelta al lago, donde no había nadie.
Al bajarse de la escoba, vio que Draco no tenía intención de hacer lo mismo.
-Ahora tengo entrenamiento, prepárate porque voy a ganar... y serás mía-.
Hermione se estremeció al escucharle pero no dejó que se notara.
-No estés tan seguro- respondió, apartando la mirada.
Draco sonrió y la besó en los labios unos segundos antes de marcharse volando.
Los días pasaron y llegó el partido que todo el colegio estaba esperando.
Siempre era muy emocionante ver un enfrentamiento entre Slytherin y Gryffindor, todos los alumnos corrieron hasta el estadio de quidditch aunque aún faltaba media hora para que empezara.
Hermione se sentó en las gradas al lado de Luna, estaba bastante nerviosa por ver lo que pasaba.
Y se puso más nerviosa cuando el equipo de Slytherin salió al campo, con sus uniformes de quidditch puestos, y Draco le guiñó un ojo cuando pasó muy cerca con su escoba.
Poco después salieron Ginny, Harry y Ron con el resto del equipo de Gryffindor, volando hasta el centro del campo y colocándose entre los jugadores de Slytherin.
Un pitido sonó y el partido dio comienzo.
Harry subió con su escoba hasta lo más alto y empezó a recorrer todo el terreno con la mirada, buscando el brillo dorado de la snitch.
Draco estaba unos metros más abajo, dando vueltas alrededor del campo mientras sus ojos grises miraban por todas partes.
Harry escuchó el sonido de algo yendo hacia él y levantó la vista justo a tiempo para ver la bludger y conseguir esquivarla.
Descendió con su escoba en picado unos metros, evitando el golpe con la pelota encantada y miró a su alrededor, viendo al bateador Nott mirándolo con una sonrisa socarrona en los labios.
No le dio tiempo de insultarlo, otra bludger iba en su dirección y tuvo que volver a inclinar la escoba a toda velocidad para esquivarla.
Miró hacia atrás con odio, encontrándose con la mirada burlona del otro bateador de Slytherin.
-¿Qué coño hacéis? Lanzádselas también a los demás, no solo a mí- gritó Harry con furia.
-Se la lanzaremos a quien nos dé la gana- respondió Nott.
-Sois unos cabrones- gruñó Harry antes de volver a subir con su escoba hasta lo más alto del campo.
Siguió buscando la snitch mientras esquivaba las bludgers que le lanzaban los dos golpeadores de Slytherin, con tanta distracción no podía ver nada.
Por el rabillo del ojo vio que Draco se lanzaba en picado hacia abajo.
Murmuró una maldición y voló detrás de él, el maldito de Malfoy había encontrado la snitch y la estaba persiguiendo.
Casi lo había alcanzado cuando otra bludger le obligó a cambiar la dirección.
-¡Joder!- gritó Harry, furioso.
Volvió a mirar a Draco y observó con horror que estaba rozando la snitch con la punta de los dedos.
Se escuchó por todo el estadio el grito del comentarista.
-¡Y el buscador Malfoy tiene la snitch! ¡Slytherin gana!-.
Harry miró a Draco con odio mientras él sobrevolaba el campo sonriendo con la snitch dorada en su mano derecha.
El corazón de Hermione latía a toda velocidad mientras veía al equipo de Slytherin dar vueltas alrededor de las torres del campo, celebrando la victoria.
Acababa de perder la apuesta.
