Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenecen a Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 12

A Edward le gustaba las listas, pensó Bella, divertida. Era una de sus cualidades más adorables.

Bella echaba un vistazo a las páginas del bloc que él había dejado para ella. No tenía idea por dónde comenzar a buscar un abogado en Texas. Los abogados en general —el solo hecho de necesitar un abogado— la intimidaba. Ella no tenía idea de cómo buscar uno.

Edward tenía listas y más listas. Una lista de foros y otros sitios donde podía encontrar recomendaciones y testimonios personales. Una lista de nombres que sobresalieron en su búsqueda. Después de eso estaban las páginas con el nombre de un abogado y una lista con los pro y los contra—todo escrito en su prolija y hermosa escritura.

Pasando sus dedos por las curvas y bucles de las letras, Bella pensó en cómo Mac nunca tendría la oportunidad de aprender cursiva. Ella tuvo una visión—Edward y Mac inclinados hacia el otro sobre la mesa de la cocina mientras él le mostraba el alfabeto en cursiva.

Ella sacudió su cabeza, pasándose una mano por los ojos. Qué fantasía idílica y de niña pequeña. Incluso la imagen de su hija era casi cien por ciento ficción. Liam le enviaba fotos a regañadientes, pero eso era todo lo que ella tenía. No tenía idea de cómo Mac se movía, qué tan pequeña era. Ella no había visto a su hija desde que era una bebé regordeta y tambaleante.

Y Edward, bueno...

El destino tenía sentido del humor. Después de años simplemente sobreviviendo, su mente había volado con demasiados sueños imposibles. Como si no fuera suficiente tener esperanza que su hija pueda estar en sus brazos nuevamente. También tuvo que enamorarse de su esposo y sus cansados y hermosos ojos verdes.

Ella no había sido capaz de quitarse la idea de que él había querido besarla en la playa tanto como ella quería. Ella había olvidado, por un dulce período de tiempo, que su matrimonio era un acto. Ella se había dado vuelta, lo había visto observarla con una sonrisa en el rostro que gritaba adoración y genuino placer.

La laptop sonó, y la foto de Facebook de Emmett apareció por un instante en la pantalla con un mensaje. Bella abrió el chat.

Emmett: Digamos, eh, amiga. Conozco un tipo, que conoce a un tipo, que conoce a un tipo. ¿Interesada?

Bella soltó una risita.

Bella: ¿En español?

Emmett: Moví unos hilos. Si quieres, Marcus Russo tomará tu caso.

Bella casi se atragantó. Marcus Russo aparecía primero en la lista de todos como abogado de familia. Era costoso—el tipo de abogado que los villanos de películas siempre tenían para hacer la situación prácticamente imposible para la heroína.

¿Eso convertía a Bella en la villana?

Bella: ¿Cómo un abogado defensor en California conoce a un abogado de familia en Texas?

Emmett: ¿Acaso no prestaste atención? Conozco a un tipo que conoce a un tipo, etcétera... Oh, acabo de enviarle un correo, de profesional a profesional, y él acordó que ir contra un cabrón así vale un descuento. Los abogados son melodramáticos. Nos gusta la idea de liquidar a un pez gordo o un cabrón sin importar el tipo de ley que practiquemos.

Bella enterró las palmas de sus manos en sus ojos, abrumada. De nuevo.

Las cosas seguían yendo bien. Simplemente eso no había sido el patrón de los últimos años de su vida.

Inhaló y exhaló profundamente, luchando para mantener la esperanza bajo control. Esto podría pasar. Realmente podría pasar. Sus dedos temblaban mientras tipeaba su respuesta.

Bella: Realmente no sé como agradecerte.

Emmett: No te preocupes ;) Organizaré un encuentro por Skype cuando tú y tu esposito salgan de trabajar.

Por unos minutos, Bella se sentó frente a la mesa de la cocina, temblando. Respiraba en jadeos, apretando los dientes para contener la sensación de anticipación. Ella recordaba el peso caluroso de su hija sobre sus caderas. Solo ayer, Mac se había reído por algo que dijo Bella. Ella imaginó el sonido de su risa llenando la habitación. Casi podía escuchar los pasitos de bebé, demasiados rápidos e descoordinados, corriendo por la casa. Ella imaginó un día en la playa, tomando a Mac en sus brazos antes que pudiera adentrarse demasiado en el agua; reprendiéndola para que se colocara protector solar primero.

Ella imaginó a Edward allí con ella, con las dos. Tomando en brazos a Mac cuando sus piernas se enredaban. Colocándola sobre sus hombros en la playa.

Los sueños se colisionaron con pensamientos tangibles. Ella podía sentir ese futuro; podía saborearlo.

Lo necesitaba.

En algún momento, antes que pudiera detener la euforia, la puerta del garaje se abrió. Bella se paró sobre piernas temblorosas y cruzó la habitación, lanzando sus brazos alrededor del cuello de Edward.

—Oh —dijo él. Su mano automáticamente se levantó, presionándose contra su espalda.

—Lo siento —murmuró, aunque no podía lograr que sus brazos cooperaran. Ella solo lo aferró con más fuerza, jadeando nuevamente. Su garganta estaba cerrada, y sin aliento de la emoción—. Es solo... amo... —Sus palabras eran ahogadas, racionalmente funcionaron antes de que fuera demasiado tarde—. Amo a tu hermano. —Bajó el rostro, escondiéndolo contra el hombro de él. Aún no lo había soltado.

—Oh. —Edward rio suavemente, frotando su espalda con pequeños círculos—. Bueno, creo que debo advertirte. Rosalie es feroz. Creo que podrías ganarle a cualquiera, pero Rose puede que sea un desafío. No estoy seguro que Emmett valga la pena.

Bella rio y levantó la cabeza.

—Lo siento. Tu hermano consiguió que Marcus Russo aceptara el caso con nuestro presupuesto.

Los ojos de Edward se abrieron de par en par, y sonrió.

—Eso es fantástico. —La acercó nuevamente, abrazándola con fuerza. Para sorpresa de ella, la levantó y la giró en brazos. Bella rio, aferrándose a él.

Cuando la bajó, él la tomó del rostro.

Y el mundo se detuvo.

La euforia que repiqueteaba debajo de la piel de Bella enrojeció. Sus manos se habían ubicado sobre los hombros de él. La sonrisa de Edward se esfumó y formó una O antes de jadear. Sus ojos buscaban los suyos, y su corazón comenzó a latir rápidamente. Ella levantó su barbilla en una tentativa invitación.

Él soltó el aire, el calor soplando en su rostro. Se inclinó. Sus labios se unieron—apenas un roce. Bella se estremeció. Él suspiró y se movió ese milímetro, presionando su boca con la suya. Él tomó su labio superior entre los suyos. Bella deslizó una de sus manos para aferrarlo del cuello.

Edward se movió. Sus manos se deslizaron por sus costados, hacia su cintura. Extendió una mano en la parte baja de su espalda mientras sus labios se alineaban con los de ella. Ella ladeó la cabeza, encontrándose con cada movimiento suyo. Él emitió un suave sonido que vibró contra su boca. Ella se meció en el lugar y él la encaminó hacia atrás. Un paso. Dos. Tres. Entonces, su espalda se encontraba contra la encimera con las manos de él firmes a sus costados.

Él estaba allí en un momento. Entonces, con un jadeo, ya no estaba. Él se apartó. La cabeza de Bella automáticamente siguió los centímetros hasta que notó que el calor de su cuerpo estaba lejos de ella. Abrió los ojos para encontrar que él estaba a unos metros. Sus ojos estaban cerrados, y tenía un puño presionado contra su mentón.

—Lo siento —dijo él rápidamente—. No... Lo siento.

El corazón de Bella se retorció, aún latiendo fuerte.

—Okey. —Tragó con fuerza—. ¿Por qué?

Él respiró profundamente y abrió sus ojos. Dio un paso hacia adelante, tentativamente tomando su mano suavemente.

—Quiero que te sientas segura aquí.

La pesada anticipación de rechazo se elevó, y Bella tuvo que luchar para no sonreír felizmente. Enlazó sus dedos con los de él con fuerza y lo jaló hacia ella. Presionó un beso en su barbilla.

—Me siento segura aquí. —Deslizó una mano alrededor de él—. ¿Crees que haría esto si no me sintiera a salvo aquí?

Sus ojos se encontraron con los de ella. Levantó una mano, rozando un nudillo contra su mejilla. Era toda la señal que ella necesitaba. Se apoyó sobre las puntas de sus dedos y lo besó.

Cualquier recelo que él había tenido hace solo un momento desapareció. La abrazó, la besó fuertemente. Acarició a los largo de su espalda antes de tomarla de la cintura. Bella jadeó en su boca mientras él la subía a la encimera. Envolvió las piernas a su alrededor. Él tomó con una mano su muslo, la otra caliente en su espalda, debajo de su camiseta. Ella enredó sus dedos en su cabello, maravillándose con su sabor, con sentirlo.

Minutos después, cuando su beso se detuvo, ambos jadeaban. Bella tomó su rostro entre sus manos, observándolo a los ojos maravillada. Estos eran de un verde que jamás había visto antes—brillantes y vivos, oscuros con deseo.

—Vaya —dijo ella.

Él era hermoso.

—Sí —susurró él, una mano presionada sobre la suya.

Las palabras de ella se encontraban enredadas, confundidas—todas las cosas que debería querer luchando contra todas las cosas que temía desear. Su vida era irreconocible de lo que había sido hace solo unas semanas. Ella había tenido tan poco, pero se moriría si perdiera todas las cosas que tenía en sus manos ahora.

Entonces, no habló. Se inclinó y lo volvió a besar, esta vez más suave. Dulce, pero serio. Esperaba que él pudiera sentir todas las cosas que ella no podía decir con la forma en que sus labios y sus manos se movían sobre él.

~0~

Pasaron unos días. No hablaron realmente del cambio de aire entre ellos—como si las palabras pudieran romper el hechizo. Se besaban en despedida cuando uno o ambos se iban a trabajar. Se tocaban más, como si tantearan su camino con la intimidad. Sus dedos encontraban los de ella cuando se cruzaban. Miraban una película, acurrucados en el sofá, y ella trazaba las líneas de sus palmas con suaves caricias.

Se besaban. Mucho. Besos serios que los dejaban enredados entre sí.

Había una extraña dicotomía en toda la situación para Bella. Estaba la emoción de una nueva conexión. Lo que pasaba entre ellos no era algo pasajero. Eran dos personas rotas, llenando las piezas del otro—convirtiéndose en un nosotros sólido en todo sentido del término.

Por mucho que a Bella le encantaría envolverse en él, dejar que estos hermosos minutos y horas que robaban puedan ser solo sobre ellos, ella luchaba contra otra batalla por separado. Todos sobre esta nueva intimidad era táctil. Edward no solo la tocaba; la acariciaba, y eso provocaba sensaciones que para Bella no eran familiares.

Este cuerpo la había traicionado, la había roto con dolor. Había dejado de funcionar como un cuerpo debería. Mientras sus toques se volvían más sexuales, Bella estaba sorprendida al recordar que su cuerpo también era capaz de un placen intenso. Ella había olvidado eso, en vez de enviar un dolor espectacular por todo su ser, sus terminaciones nerviosas lograban que cada milímetro de su piel estuviera despierta. El dolor podía ser delicioso—el tirón de sus firmes pezones endureciéndose cuando los dedos de él hacían cosquillas en su vientre, el grito interno de deseo de tomarlo dentro de ella.

Su cuerpo, como el resto de ella, lentamente se había alejado de la muerte. Por un tiempo, no había hecho nada además de existir—seguir adelante. Ahora, lentamente volvía a la vida. Así que Bella comenzaba a conocer su propio cuerpo, nuevo en muchas maneras, incluso mientras exploraba el de Edward.

La segunda llamada de Marcus Russo los interrumpió mientras Edward estaba cambiándose la ropa de trabajo. Por lo que habían terminado en la cama de él, con la laptop entre ellos, sus cabezas cerca mientras escuchaban a su nuevo abogado.

—La redacción que me envió me hizo comprender mejor la situación, Sra. Cullen. —Marcus acarició su mentón, asintió—. El momento adecuado tiene que ser acertado. ¿Podrán ser capaz de estar en Texas por unas semanas?

Bella se quedó sin aliento. Estar cerca de su bebé... seguramente si estaba allí, Liam tendría que dejarla ver a Mac. Aún así, ella no podía ignorar los gastos que implicaba. Boletos de avión. Hoteles. Transporte. Comida. Ella no podía costearse nada de eso.

Edward tomó su mano y le dio un apretón.

—Es posible —les aseguró a los dos, a Marcus y Bella.

—Bien. Les estoy enviando una lista de cosas que necesitaré. Declaraciones de tu doctor, Sra. Cullen. Fotos. Una lista de personas de tu vida antes y después de tu enfermedad. Y también hay un cuestionario para los dos. —Unió las puntas de su dedo índice y mayor, mirándolos—. Este es un caso único por muchas razones, destacando que intentan sacar a esta niña del sistema de Texas por completo. La mayoría de las leyes de custodia es una batalla que se desarrolla en la misma arena, pero para nosotros, intentamos ganar esto a primeras, llevar la guerra, por así decirlo, a su territorio.

—Es por eso que mis preguntas para ustedes, y las cosas que voy a preguntarles, deben ser rigurosas. Voy a pedirles que no se ofendan por algunas de las preguntas que haga, y las cosas que querré que hagan. Es mi trabajo tratar de predecir el futuro, lo que podría ser problemático para su caso y lo que será beneficioso. Los padres pelean sucio por sus hijos. La mejor manera en que puedo ayudarlos es si sé todo.

—Texas es un estado rojo, así que no dejen que su mentalidad californiana se meta en el camino. Tenemos cosas a nuestro favor en ese aspecto. Es bueno que ya estén casados y no solo cohabitando.

Edward y Bella intercambiaron una mirada. La mano de Bella había comenzado a sudar en la de Edward.

—Ustedes presentan una unidad familiar cohesiva. Es una buena imagen que un juez quiere tener en su cabeza cuando decide la custodia, que el niño tendrá un ejemplo en vez de un hogar roto. —Marcus frunció el ceño—. Pero entonces, el aborto también es un problema emocional.

Bella se estremeció.

—Hay algunos que ven el aborto limitado solo al estereotipo de irresponsables y promiscuos. Un niño como castigo a las acciones vergonzosas. —El tono de Marcus se mantuvo neutro mientras hablaba—. Esos tipos hacen una excepción por violación, incesto, o cuando la vida de la madre se encuentra en peligro, como es el caso aquí. Pero, hay otros que creen como su exesposo. Es el privilegio de una madre dejar su vida por la de su hijo. Si te pararías frente a una bala para salvar a McKenna, ¿por qué no dejarías que una enfermedad te lleve si eso significa que tu hijo viva?

A su lado, Edward soltó un gruñido suave. Bella apretó su mano ahora, ignorando la forma en que su estómago se retorcía.

Marcus levantó sus manos en modo apaciguador.

—Como dije. Estas son simplemente realidades para las cuales debemos estar preparados. Considerando todo, tienen un buen caso. A pesar de lo que hizo, no muchos estarán de acuerdo con la reacción de Liam a la situación. Volvámonos a reunir después que hayan podido analizar mi lista, y armaremos un plan de juego.

Desconectaron la llamada y Bella apartó la laptop. Ella no notó que estaba temblando hasta que Edward la rodeó con un brazo.

—Oye, va a estar bien —susurró, acariciando su cabello.

Ella no podía responder al principio. Agachó su cabeza en cambio, escondiendo su rostro en el cuello de él. No lloró, pero tembló fuerte. Edward la sostuvo, frotando sus manos por su espalda.

—Esto es demasiado —dijo Bella cuando pudo volver a hablar.

—Tú puedes con esto. —Presionó un suave beso en su frente.

—No hablo de mí. —Ella levantó su cabeza, descansando una mano extendida sobre el pecho de él mientras lo miraba a los ojos—. Es el dinero, y el tiempo. Un maldito investigando tu vida, tu negocio. Es pedir demasiado.

Los ojos de él eran tiernos y cálidos mientras la observaba. Él la tomó del cuello con una mano.

—No lo pediste. —Se inclinó, la punta de su nariz tocando la de ella—. Si me preguntas por qué tú... no lo sé. Porque estabas frente a mí. Porque podía. —Envolvió una mano alrededor de su muslo, llevando su pierna sobre el regazo de él. Tomó su mano y la colocó sobre su pecho—. ¿Sientes esto?

El corazón de Bella latía fuertemente como el suyo debajo de su palma, pero ella sabía lo que preguntaba en realidad. Ella asintió, sus ojos atrapados en los de él.

Él enredó sus dedos alrededor de los suyos, llevando sus manos unidas hacia la mejilla de ella.

—Te ofrecí lo que hice porque se sintió correcto. —Bajó su cabeza, besando sus besos con dulzura—. Cuando te beso, se siente correcto. Y bien. —Su sonrisa era triste—. Nada en mi vida se ha sentido correcto o bien en mucho tiempo. Eso es todo lo que sé.

Había un peso en sus palabras que no estaba mal, solo simplemente presente. Que ella se hubiera enamorado de este hombre no quería decir que lo conociera. Ella entendía lo que él quería decir. Ella sabía que lo amaba. Sabía que se sentía bien besarlo, y su vida había estado carente de algo bueno por mucho tiempo.

Ella presionó besos a lo largo de su mandíbula, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello. Él se inclinó hacia ella, profundizando sus besos, alargándolos, hasta que su espalda chocó contra el colchón. Ella abrió sus piernas, permitiendo que su cuerpo se ubicara sobre el suyo mientras frotaba su rodilla por el costado de él, acercándolo todo lo que podía con sus ropas aún puestas.

Una corriente de deseo la recorrió, y arqueó su espalda mientras se deslizaba desde la punta de su cabeza hasta los dedos de sus pies. Cada línea suya presionada contra cada línea de él. Lo quería debajo de su piel. Era una urgencia poderosa. Una que la tenía jadeando en su boca ante la intensidad de la sensación que movía su cuerpo.

—¿Estás bien? —preguntó Edward, apartándose, jadeando.

—Sí. —Lo aferró de la nuca, atrayéndolo hacia ella de nuevo—. Solo quiero hacer esto por un momento. —Besó su barbilla—. ¿Estás de acuerdo con eso?

Él rio, envolviéndola en sus brazos y girándolos hacia sus costados.

—Sí. —Enredó sus piernas con las de ella—. Creo que puedo con eso.


Noticias buenas y un acercamiento :)

Iba a hacerlo en mi grupo, pero decidí responder aquí una pregunta que surgió en un rr (o en varios, no lo recuerdo, sorry). Sí, la enfermedad de Edward será algo que va a empeorar, la advertencia en el primer capítulo era más por él y voy a poner un aviso en el capítulo cuando suceda. Si alguien quiere algún spoiler para ver qué tan feo se pone, me avisa por privado.

¡Espero que les haya gustado y hasta el próximo!