Otro drabble con POV del harem del leoncito. Esta vez el candidato es Afrodita 7w7.
Recién habían salido Aioria y su invitado de su templo. Afrodita se sirvió una copa de vino tratando de calmarse, aquél sujeto Pelirrojo no le había agradado en lo absoluto y tuvo que hacer un esfuerzo extremo para mantener la máscara formal en vez de golpearlo.
Bebió el líquido bordó de golpe, tratando de despejar su mente, su sangre seguía hirviendo y esa molestia en su pecho no menguaba.
Los celos
Los celos no eran un sentimiento a lo que el Pisciano estuviera acostumbrado, de hecho, si hace años le hubiesen dicho que ardería de celos en lugar de causarlos, se hubiese reído.
Pero Aioria tuvo que aparecer para poner su mundo de cabeza.
Se conocían desde niños aunque realmente no se hablasen demasiado y siempre lo consideró un niño agradable, además de muy lindo. Siempre con ese rostro alegre y esa enorme sonrisa, sobre todo cuando estaba junto a su hermano.
Él ya se había ganado cierta fama por ser el aspirante más lindo, por lo que algunos niños tendían a hacerle bromas pesadas al decir que parecía una niña. Aunque normalmente no le molestaban, había algunos chistes que sí lo herían bastante, por lo que cuando se pasaban de la raya, él solía irse a llorar solo.
Ahí era cuando el leonino entraba en escena, por mera casualidad.
Flashback:
Hubo una vez en la que él estaba llorando debido a que en vez de bromas sobre su rostro excesivamente fino, sus compañeros empezaron a hacer bromas sobre su virginidad, uno llegó incluso a llamarlo "Puta" ¿De dónde sacaban unos niños unos apodos tan grotescos? Ni idea.
Se había escapado a una pequeña pradera aislada para descargar sus sentimientos.
Lloraba en silencio o eso intentaba, mordía sus rosados labios en un intento de acallar sus sollozos, ya estaba lo suficientemente humillado por su aspecto como para que ahora dijesen que era tan llorón como una niña.
En ese momento, sintió que no estaba solo. Miró por sobre su hombro y se encontró con la persona que menos quería que lo encontrara así.
Era el dulce chico moreno que le había llamado la atención, pasaba por allí de casualidad con unas ramitas en sus manos... ¿De dónde las había sacado y para qué? No tenía ni idea.
Lo miraba sorprendido, no hablaban mucho pero jamás había visto al Peliceleste tan destrozado y vulnerable.
Los niños podían ser crueles.
El mayor sorbió su nariz y apartó la mirada, ocultando sus orbes celestes tras sus cabellos del mismo color y deseando morir de vergüenza... Seguramente Aioria se iba a burlar de él, como todos los demás.
Tremenda fue su sorpresa cuando el niño Oji-verde tiró las ramitas que llevaba y corrió hacia el niño Peliceleste... Para acunarlo entre sus brazos.
Pese a la diferencia de edad el moreno era tres centímetros más alto que Afrodita, por lo que él parecía mayor.Por su parte Afrodita quedó estático y sin saber que decir.
— A-Aioria — Tartamudeó el pisciano — ¿P-Por qué?
— Mi hermano dice que está bien llorar, que es sano descargar lo que sientes y es mejor con compañía — Explicó el menor sin soltar al otro — Cuando yo lloro Aioros siempre me abraza y me hace sentir mejor... Llora lo que quieras, Afrodita, prometo no burlarme.
No supo si fue por la ternura en las palabras del moreno, por el calor de sus brazos o por lo triste que estaba. Pero el Oji-celeste sintió que sus ojos se aguaban nuevamente, hundió su rostro en el hombro del otro y se permitió llorar, chillar y sollozar lo que quiso, aferrándose a la ropa del leonino como si fuese un oso de peluche... O un león de peluche.
Aioria por su parte sólo acariciaba el cabello azulado y sujetaba al mayor entre sus brazos, dejando que dejase salir todo hasta que se sintió mejor, aún así, Afrodita no quería soltarlo, se sentía muy bonito estar así de cerca con el castaño.
Olía muy bien y allí.. Entre sus brazos se sentía protegido y querido.
Fin del Flashback:
Desde ese momento las cosas tuvieron un ligero cambio, pues Aioria desarrolló una especie de instinto que hacía que siempre fuese a buscarlo a aquella pradera cuando sus compañeros exageraban con sus burlas, se limitaba a abrazarlo sin pedirle explicaciones o pedirle que parara, solamente lo sostenía y lo dejaba desahogarse en paz.
Al cabo de un tiempo, Afrodita adquirió suficiente valor para contarle a Aioria el por qué se iba a llorar a aquél prado y Aioria no tardó en reaccionar, lo acompañaba a dónde el Peliceleste se lo pidiera y no dudaba en defenderlo cuando notaba que sus comentarios hacían mella en su compañero.
Incluso alcanzó a notar cuando el Pisciano estaba a punto de llorar, sus ojos se cristalizaban, sus mejillas se abultaban y sus rosados labios temblaban con ligereza.
Afrodita llegó a cogerle mucho cariño a aquél amable chico que prácticamente era su único apoyo.
Desgraciadamente, las cosas cambiaron después del complot de Saga. Aioria terminó siendo tachado como el hermano del traidor y su vida se volvió un completo tormento.
Aunque en ese tiempo Afrodita estaba convencido de que hacía lo correcto, creyendo que Saga podría dirigir bien el Santuario al contar con el poder y la inteligencia para hacerlo. Hoy en día realmente lamentaba haber apoyado aquella decisión.
Veía como Aioria sufría, era espectador de los insultantes gritos y humillaciones de los guardias, los aspirantes y hasta algunos caballeros de Plata contra el pobre niño, notaba como tenía que mantenerse alejado de los grupos sabiendo que no sería bien recibido, incluso llegó a presenciar los apaleos que recibía y como le lanzaban palos y piedras, teniendo que enfrentarlos solo al ya no contar con su amado hermano ni con ningún familiar para defenderlo.
Lo más desgarrador de todo fue ver como la sonrisa de Aioria se apagaba, como su carácter tan sociable y alegre menguaba, como se sobreesforzaba hasta casi morirse un par de veces y como él mismo empezó a escaparse al mismo prado donde hablaron por primera vez a llorar y lamentarse, preguntándose por que debía pasarle eso a él.
Pero a diferencia de Aioria, él jamás le ofreció consuelo, un abrazo o siquiera compañía, es decir ¿Cómo puedes intentar consolar a alguien sabiendo que contribuiste en la mayor parte de la causa de sus desgracias?
Era un maldito cobarde... No había día en que no se lo recordara.
Aioria enfrentó cosas aún más duras que las que él pudo haber soportado en toda su vida, Aioria siempre estuvo allí para él aún cuando lloraba por tonterías y ahora que era él el que realmente sufría. Afrodita no fue capaz de darle una mísera palabra de aliento.
Que vergüenza...
Pero a pesar de todo, Aioria se secó los ojos y se levantó de entre las cenizas, eligió continuar y enfrentar al crudo mundo con una sonrisa en lugar de estancarse en sus problemas.
El Santo de Leo era más valiente de lo que él sería nunca y tenía un corazón tan puro y grande, que ni siquiera al conocer la verdad 13 años después guardó rencores contra nadie. Ni contra Saga por manchar el nombre de su hermano, ni contra Shura por quitarle a la única familia que tenía, ni siquiera contra él, no sólo por su papel en el asesinato de Aioros, sino por abandonarlo cuando más lo necesitaba.
Tras ser revividos por su diosa, Afrodita tuvo que aceptarlo... Estaba completamente enamorado de Aioria...
El Caballero de Leo siempre estaba allí, metido en algún rincón de sus pensamientos, cuando estaban juntos se sentía en paz consigo mismo y sentía que nada malo podría pasar si Aioria estaba allí, cada día, incluso el peor de todos valía la pena si Aioria estaba presente, con su bello rostro y sus alegres ojos iluminando su espinado corazón.
Gracias a Aioria conocía lo que era el amor... Y ahora sabía lo que eran los celos
Pero no... No podía soltarlo sin luchar.
Es cierto, cargaba muchas cosas de las que se arrepentía con toda el alma. Pero en verdad él quería al leonino y de verdad quería que este le correspondiera.
La llegada de Apolo era una señal, una señal para que actuara y derrumbara aquella barrera que el mismo levantó debido a su ceguera y cobardía.
Y era una señal que él no estaba dispuesto a ignorar.
