Disclaimer: Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer y esta trama a content1. Yo solo traduzco con su autorización.
Capítulo veinticuatro
EPOV
Me tomó un momento comprender que realmente estábamos siendo rescatados. Desafortunadamente, fue suficiente para que Charlie pudiera vernos bien a Bella y a mí. Luchando para mantenernos a los dos cubiertos, traté de no encontrar demasiado divertido el rubor en las mejillas de Bella. El hecho de que pudiera sentir el calor de la mirada de Charlie en mi espalda ayudaba un poco.
—Dennos un minuto —les pedí cuando me volví hacia ellos.
Mi padre se apoyó contra la pared justo al lado de la entrada al túnel que habíamos estado explorando. Se estaba pellizcando el puente de la nariz, lo cual era una señal delatante de que estaba tratando de no reírse. Jasper no tenía tal apuro, y quise matarlo cuando se rio. Charlie estaba a apenas seis metros de distancia, mirando entre Bella y yo como un padre oso enojado. El desconocido esperaba en silencio.
Manteniendo a Bella detrás de mí, nos trasladé al cuarto cubierto donde guardábamos más ropa, colocando la manta que habíamos usado para mantener el calor.
—Oh, por Dios —murmuró Bella, mirando hacia la manta—. Nos descubrieron.
Se tapó la boca con una mano para no reír y yo le lancé ropa en un esfuerzo por animarla a vestirse rápidamente. Charlie me iba a matar. No necesitaba que viera bien los lugares en los que había dejado chupones a su hija. Solo aceleraría mi muerte.
En un minuto, eché la manta a un lado y Bella corrió hacia Charlie. Su expresión turbulenta solo se iluminó un poco, incluso cuando ella ignoró la humedad de su traje de neoprene y se arrojó a sus brazos. Ella sollozó contra su pecho mientras yo me dirigí a mi papá, abrazándolo con fuerza. Como Bella, me importó un carajo que me mojara.
Así es como debería haber sido ni bien nos despertamos para encontrarlos aquí, pero todo el tema de la desnudez y la parte de Charlie asesinándome... sí, causaba algunos problemas. Aferrándome a él, intenté no temblar como un niño. Él había sido mi roca durante tanto tiempo, era fácil absorber sus fuerzas. Con un último apretón, me obligué a dejarlo ir.
—Papá, ¿están todos bien?
Él sonrió suavemente.
—Lo estarán una vez que sepan que tú y Bella están bien. Tu madre ha estado hecha un desastre, al igual que tu hermana y Nessie.
El peso que había estado sentado sobre mi pecho se aflojó.
—¿Qué diablos pasó? —pregunté.
—De hecho, creo que esa es nuestra pregunta. —Fue Jasper quien respondió y me volví hacia él.
Echando un vistazo a Bella, me encogí de hombros.
—Jack nos advirtió. Bella y yo estábamos cocinando cuando él corrió a la cabaña y nos dijo que nos apresuráramos al túnel. Ellos no estaban muy atrás y Jack fue alcanzado por los disparos.
—Edward trató de salvarlo, pero volvieron a dispararle a Jack —intervino Bella. Sus ojos brillaban con lágrimas.
Noté que el otro hombre bajó la mirada ante las noticias.
—Edward, Bella, este es Harry Clearwater. El padre de Seth y el hijo de Jack. —La voz de mi padre era suave—. Seth resultó herido cuando regresamos a la cabaña después de la explosión. Los hombres enviados en buscar de Bella nos estaban esperando. Es por eso que no llegamos a ustedes antes. Harry es del Ejército, y tuvimos que mover algunos hilos para conseguir que vuele aquí. Él es la única otra persona que sabía dónde estaba la entrada submarina.
—Sr. Clearwater, siento mucho lo de Jack. —Bella sollozó—. Era un buen hombre. Nos salvó la vida.
Harry sonrió suavemente.
—Gracias.
—¿Los hombres que volaron la cabaña? —Necesitaba saber.
—Escuchamos la explosión y llegamos corriendo. Lo que quedaba estaba en llamas y una parte de la montaña se había deslizado sobre el resto. El grupo responsable nos estaba esperando y abrió fuego. Seth recibió un balazo en el hombro que lo derribó y cayó sobre una roca. Pero quedaron atrapados en el fuego cruzado entre Charlie y nosotros.
—Uno se escapó y corrió hacia mí. Le disparé, pero se tiró por los acantilados. No puedo imaginar que haya sobrevivido. —La voz de Charlie era profunda y tranquila. Contrastaba bastante con la forma en que me miraba.
—No estamos seguros si nos quedamos aquí. Casi pierdo a Bella ayer por un derrumbe.
—¡¿Qué?! —Charlie gruñó, sosteniéndola con los brazos extendidos, examinándola.
Ella envolvió sus manos alrededor de las de Charlie.
—Estoy bien. Edward me salvó. Habíamos estado inspeccionando los túneles tratando de encontrar la salida y algo sucedió. De repente, el techo se derrumbó y Edward tuvo que desenterrarme.
—Maldito piloto —murmuró Harry, luego se explicó cuando lo miré—. Le dije al piloto que aterrizara el helicóptero en el prado, pero me ignoró y lo hizo en uno de los afloramientos rocosos debido al humo. Apuesto a que estaba cerca de donde ustedes estaban y el peso tuvo algo que ver con el derrumbe. El misil que usaron para destruir la cabaña comprometió la capa exterior de la montaña. Honestamente, después de ver el daño, me sorprende que este lugar haya sobrevivido.
Siguió con una mirada a la cueva, y vi que sus ojos se detuvieron en los recipientes que había colocado debajo de las grietas.
De pie, Jasper se hizo cargo.
—Bueno, sugiero que salgamos de aquí entonces. Jacob está esperando en el bote bajo la oscuridad. Tendremos que quedarnos cerca de Harry para rodear las rocas con seguridad.
—¿Oscuridad? —preguntó Bella, sus cejas arqueadas delataban tanto su confusión como la pregunta.
—Comenzamos nuestro viaje hacia aquí justo después del atardecer.
—Pero Edward y yo acabamos de despertar.
La mirada fulminante de Charlie se intensificó con sus palabras. Maldita sea, estaba en muchos problemas. Afortunadamente, Jasper siguió hablando.
—Sería fácil mezclar sus días y sus noches aquí, pero les advierto, estaremos nadando en aguas oscuras hasta que lleguemos al bote. Quienquiera que envió a esos hombres probablemente estén observando la actividad en la isla, y es nuestro trabajo convencerlos de que están muertos. Charlie, Carlisle, Harry y yo tendremos que regresar para unirnos al resto del grupo en la isla. Hemos estado ayudando a remover los escombros. Tú y Edward serán trasladados a otro lugar que Jacob ha localizado.
—¿Dónde? —pregunté.
Jasper parecía afligido.
—No lo sé, Edward. Jacob no me lo quiere decir.
—¡Diablos! —gruñí. No había forma de que Jacob pudiera creer que Jasper era el infiltrado.
—Está siendo protector, bro. Sabe que no te delataría, pero hasta que sepa quién es, tomará todas las precauciones. Él mismo transmitirá todas las comunicaciones personales.
Tenía que aceptar la inteligencia de Jacob en esto.
Al salir de la cueva, Bella se detuvo para poner su mano en las rocas y así evitar que la madre y el niño fueran descubiertos. Lo hizo con tanta sutileza que no estaba seguro de que nadie más lo haya notado. Pasamos la curva que casi le había costado la vida y recorrimos el camino que habíamos determinado que era la mejor de nuestras dos opciones. No diría que sentí una punzada de arrepentimiento cuando nos sumergimos en el agua oscura y comenzamos a seguir al padre de Seth, pero ciertamente podría decir que dejé en su mayoría buenos recuerdos en la cueva de Jack.
BPOV
El agua turbia me recordó la insoportable oscuridad de la cueva, pero esta vez, no estaba sola. Aunque no podía tomar la mano de Edward, lo sentía a mi lado. Había envuelto la urna de mis padres en plástico, usando cinta adhesiva para impermeabilizarla. Llevando el paquete, había usado solo una mano para sumergirse, pero había esperado hasta que me uniera a él antes de entrar en aguas más profundas.
Jasper se había tomado el tiempo de familiarizarme con todo lo posible, pero ahora que el rescate estaba aquí, no podía controlar mi ansiedad por deshacerme de la montaña. Finalmente, simplemente se dio por vencido con la instrucción y me dijo que necesitaba acordarme de respirar.
Harry llevaba una luz resistente que atravesaba las oscuras aguas. Manteniéndome atenta, lo seguí. La natación era agotadora. Había jugado en piscinas y en el océano, pero nada de lo que había hecho en el pasado me preparó para el esfuerzo que exigiría un largo nado. Me habían advertido que cuando saliéramos de la cueva las aguas se volverían turbulentas. Incluso advertida, vacilé un poco cuando golpeé la corriente. Jasper debió haber visto mi lucha, y se acercó desde el otro lado, envolviendo su brazo alrededor de mi cintura y ayudándome. Sentí la oleada de fuerza cuando pateó y trató de igualar mis esfuerzos con los suyos.
Al momento en que mi cabeza salió del agua, quise arrancar todo y gritar a los cielos. Desafortunadamente, las olas chocaban contra nosotros y la niebla hacía que ver fuera casi imposible.
—¿Edward? —Sentí un momento de pánico al no saber dónde estaba.
—Aquí —respondió. Sus dedos rozaron mi brazo por un momento.
—Está bien, vamos a seguir las cuerdas desde aquí. No queremos que la luz nos delate. —La voz de Harry estaba a mi derecha, pero no podía verlo—. Bella, Edward, naden hacia mi voz.
—Hijo, déjame tomar la urna. Tu hombro probablemente aún esté débil y una vez que salgas de la protección de las rocas, el agua se volverá más fuerte.
Edward se rio a mi lado.
—Bella, mi papá ganó varias medallas de natación en la universidad. Todavía cree que está en el mejor momento de su vida.
No podía creer que Edward estuviera bromeando en un momento como este, pero su padre respondía tan bien como recibía.
—Tu madre dice que todavía estoy en el mejor momento…
—¡Shh! —interrumpió Edward y escuché a Jasper reír suavemente a mi izquierda—. Vamos, Bella —dijo Edward.
—Charlie, tú eres el próximo —dijo Jasper.
A unos metros de distancia, mis manos se toparon con Harry y él me estabilizó.
—Acércate un poco más y empezarás a sentir una roca bajo tus pies. Puedes usarla para pararte y descansar un poco.
Haciendo precisamente eso, agarré el áspero trozo de piedra frente a mí, dejando que mis piernas y brazos descansaran de las patadas. Edward se me acercó, haciendo lo mismo.
—Está bien. Edward, quiero que vayas primero, luego Bella, y Charlie en tercer lugar. Voy a atarles cuerdas alrededor de la cintura a medida que avancen, de modo que, si accidentalmente se salen de la línea guía, las otras dos con suerte evitarán que se alejen.
Escuché a Edward moverse cuando Harry hizo lo que dijo. Luego fue mi turno antes que el de mi papá, que había venido a descansar a mi lado.
—Ahora, aquí está la cuerda guía. La tengo atada alrededor de la roca a la que nos aferramos, por lo que no irá a ninguna parte. Solo cuélguense de ella como guía mientras nadan, y los llevará al bote. Son solo quince metros más o menos, pero se sentirá como los quince metros más largos de sus vidas.
—Tú puedes, cariño —me dijo Edward suavemente, y escuché el bufido de mi padre cuando captó las palabras.
Estar atrapada entre ellos así era exactamente lo que necesitaba: la protección de mi padre sobre mí y el amor de Edward. Estaba bien. Esto iba a pasar e íbamos a salir de aquí.
Repetí eso con cada tirón de las aguas, cuando mis manos se resbalaban y tenía que abalanzarme para encontrarla, incluso cuando Edward y Charlie gritaron mi nombre, y sentí que unas manos se deslizaban debajo de mis hombros arrastrándome hacia el bote.
—Es bueno verte de nuevo, Bella —dijo Jacob rápidamente mientras me dejaba en un asiento en el bote.
Se fue rápidamente para ayudar a los demás, así que, por el momento, descansé contra Edward, luego entre él y mi papá cuando Charlie se sentó a mi otro lado. Cerré los ojos para evitar darme cuenta de que estábamos navegando por las aguas sin luces, con la esperanza de que Jacob supiera lo que estaba haciendo, porque otra inmersión en las aguas heladas sin duda significaría mi perdición.
~MF~
—Dile a mamá que estoy bien y que la amo —le dijo Edward a su papá antes de darle un abrazo. Le dio un mensaje similar a Jasper para Alice.
Nos habíamos encontrado con el otro barco y el grupo se estaba dividiendo nuevamente. Sería sólo por unos días, me aseguró Jacob, porque soltar a Charlie de nuevo estaba por matarme.
—Bells, no puedo decirte cómo mi corazón se detuvo cuando escuché esa explosión y vi la cabaña en llamas. Mi única esperanza era que hubieras entrado en la cueva a tiempo. Ahora que sé que estás bien, puedo soportar un par de días para estar contigo. Necesito estar allí con Carlisle y Esme cuando se encuentren los huesos que los chicos de Jake han plantado. Estoy seguro de que estamos siendo observados, así que es importante que demos un buen espectáculo.
—¿Jacob te va a dejar venir conmigo? —pregunté de nuevo, desesperada por tranquilizarme e incapaz de soltar su mano.
—Sí. Carlisle y Esme van a regresar a Seattle para interpretar a los padres en duelo, pero mi historia me permite simplemente desaparecer. Es lo que he estado haciendo durante años, ir al bosque a pescar y cazar para olvidar. —Me abrazó con fuerza—. Solo dame unos días, Bella, y estaré allí para protegerte.
Le dio a Edward una mirada fulminante, y me estiré para tomar su rostro en mis manos.
—Papá, lo amo y él me ama a mí.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Maldita sea, Bells. ¡Te acabo de encontrar!
—Y no me perderás. Solo quería que supieras que lo que viste en la cueva, no fue forzado o por su culpa.
No se veía feliz, pero no tuve más tiempo para convencerlo cuando Jacob se acercó y les dijo que teníamos que irnos. Si bien la libertad del aire que me azotaba era algo para saborear, sentí un tirón en mi corazón cuando el bote que habíamos dejado desapareció de la vista. El aire helado me hizo temblar por unos momentos, y Edward nos condujo bajo cubierta.
—¿A dónde nos lleva Jake? —le pregunté a Edward cuando encontramos montañas de ropa seca sobre la mesa de la pequeña cocina.
Se quitó el traje de neoprene y se encogió de hombros.
—No tengo ni idea. Tan pronto como nos vistamos iremos a hablar con él. Ven aquí y te enjuagaré el agua salada del cabello.
Echándole un vistazo al pequeño fregadero, estaba más que agradecida de permitirle hacerlo. A los pocos minutos, nos vestimos y nos limpiamos lo mejor que pudimos.
Agarrando mi mano, Edward me llevó hacia la puerta, pero justo cuando nos acercábamos a los escalones, me empujó contra la pared, inclinándose para que nuestros labios estuvieran a una pulgada de distancia.
—No puedo decirte lo feliz que estoy de haber salido de esa cueva, Bella. Pero quiero que sepas que siempre apreciaré los recuerdos que creamos allí. —Rozó nuestros labios suavemente antes de retroceder lo suficiente para que pudiéramos vernos—. Dije en serio lo que dije. Estoy enamorado de ti. —El beso que me dio esta vez fue más completo, mordisqueó mis labios y su lengua exploró lentamente mi boca. Podría haberse vuelto caliente y pesado fácilmente, en cambio, fue un mensaje lento y lujoso. Me apreciaba, como había dicho.
~MF~
Al entrar en la pequeña cabina, Edward se abalanzó sobre Jacob y le dio un abrazo de oso.
—Jefe, no puedo decir que alguna vez haya estado más feliz verte.
Jacob puso los ojos en blanco hacia Edward, pero noté que le devolvió el abrazo.
—Cullen, no puedo decirte lo satisfactorio que fue ver tu feo rostro en el agua. Esperaba, por supuesto, que hubieras llegado a la cueva a salvo, pero puedo decirte que los últimos días han sido algunos de los más largos de mi vida.
Jake tenía la calefacción en alto y me estremecí de placer. También tenía un termo y varias tazas, a las que nos dirigió con un tirón de su hombro.
—Café negro. Lo siento, no tengo crema ni azúcar, pero está caliente.
No lo rechazaría incluso si hubiera estado tibio. Sirviéndonos dos tazas para Edward y para mí, se lo llevé. Jake me sorprendió al sacar una pequeña bolsa y lanzármela.
—Un cepillo y algunas cosas para el cabello.
Era asombroso cómo las cosas simples de la vida me alegraban tanto ahora. Mientras me desenredaba el cabello, Jacob metió unas coordenadas en la computadora del barco.
—¿Dónde vamos? —preguntó Edward mientras miraba lo que estaba haciendo Jacob.
—Al final, Seattle. Voy a esconderte a plena vista.
—¿Qué quieres decir con eso? —pregunté.
—Espero, probablemente con imprudencia, que crean que están muertos. —Me miró—. Deberías estarlo. Si pudieras ver lo que queda de la cabaña, lo entenderías. Pero en la más mínima posibilidad de que crean que saliste de allí, entonces el último lugar que creo que sospecharían es justo debajo de sus narices.
Edward lo estaba mirando con desconfianza.
—¿Dónde?
—Una suite en el Hotel Mónaco durante las próximas dos semanas como luna de miel. Comenzaremos por allí.
—¿Qué? —dijo Edward con voz ronca.
Al contrario de cómo debería haber reaccionado, Jacob se limitó a sonreír.
—No preguntes cómo lo reservé, solo confía en mí que es a prueba de fallas. El constructor conservó una entrada a través de los túneles subterráneos que podemos usar para que Jasper, tu papá y yo podamos ayudar a protegerte, y no sería inusual que los recién casados se queden en sus habitaciones durante días y días. Jasper puede acceder a las cámaras de vigilancia.
—¿Le estás pidiendo que haga algo ilegal? —Edward arqueó una ceja.
Jacob no se inmutó.
—Sí. Creo que, en este momento, estoy listo para cruzar esa línea. —Jacob esperó a que Edward hiciera más comentarios, pero siguió hablando cuando no lo hizo—. Mira, estoy buscando al infiltrado en la unidad, rastreando alguna actividad sospechosa, así que, por ahora, solo confío tu secreto a tu familia. Fui un maldito idiota al involucrar a Seth y Jack, y ahora alguien especial para mí está muerto y otro está herido.
Mis ojos se llenaron de lágrimas ante la mención de Jack. Ya había llorado por él, pero parecía que no podía dejar de hacerlo otra vez. Lo conocí por poco tiempo, pero aun así se había portado bien conmigo. Jacob echó un vistazo y frunció el ceño cuando me vio.
—Bella, no fue tu culpa, y ellos conocían los peligros cuando aceptaron. —Un brillo sospechoso en sus ojos delató sus emociones—. Para ser honesto, diría que, si Jack pudiera elegir una forma de irse, lo hizo exactamente como le hubiera gustado: ayudando a alguien.
—Jake, no estoy seguro de esto. —Edward se puso a mi lado, envolviendo sus brazos alrededor de mi hombro.
Inclinándome hacia él, me relajé, saboreando la sensación de su sólida fuerza. Secando las lágrimas con mi mano libre, tomé un sorbo de café para aliviar el nudo en mi garganta.
—Seremos blancos fáciles si alguien descubre dónde estamos. Un hotel no es el lugar más defendible. —El pecho de Edward retumbó con sus palabras.
Jacob asintió y no apartó sus ojos del agua oscura frente a nosotros.
—Lo sé, pero la otra opción era la casa de tus padres, y no pensé que quisieras ponerlos en riesgo. Una buena imagen térmica te delataría allí. Al menos en el hotel, podemos tener gente en las habitaciones a tu alrededor.
El bote se balanceó y tuve que aferrarme a Edward para evitar caerme.
—Voy a llevarte a un muelle en Burien. —Metió la mano en el mismo compartimento donde había sacado la bolsa con el cepillo y sacó un juego de llaves—. Hay un Ford Explorer en el estacionamiento. Azul. Fue comprado en efectivo y puesto a tu nombre falso, Edward. En la cabina están sus disfraces y las mejores identificaciones que pude falsificar para ustedes. Edward, la tuya es mejor porque tenía material fuente para acompañarla, así que sugiero que seas tú quién hable la mayor parte del tiempo.
Edward se rio de él.
—¿Volviendo a tus raíces, Jake? —Para mí, explicó—. Jacob solía estar a cargo de documentos falsificados hace años cuando era solo un cachorro.
—Sí, sí. —Sonrió Jacob ante la burla de Edward—. Tengo que confiar en que llegarán los dos a Seattle sanos y salvos porque tengo que regresar a la isla antes del amanecer. Descubriremos sus cuerpos, o al menos partes de ellos, pronto. Es importante que demos un buen espectáculo. Charlie se irá a casa por unos días antes de desaparecer en el bosque para llorar. Entonces lo llevaremos con ustedes.
—Jacob, ¿de verdad crees que esto funcionará? —pregunté. Parecía convencido, pero también había parecido seguro de que la cabaña estaría a salvo.
Lentamente, se volvió hacia mí.
—Por ahora, es el mejor plan que tengo. Vayan a prepararse. Solo tenemos una hora antes de llegar al muelle.
Un silbido agudo salió de entre mis labios cuando vi la peluca. Jacob me había comprado una en rubio platinado. Tenía un corte bob que apenas rozaba mis hombros. Le acompañaba unos lentes de contacto verdes. Para Edward, le había dejado lentes de contacto marrones y un tinte de cabello castaño oscuro.
—No —le dije cuando lo vi tomar la caja.
—¿Eh? —preguntó, arqueándome una ceja.
—No te vas a teñir. —No podía soportar la idea de renunciar a sus mechones cobrizos—. Solo usa el gorro —le dije, arrojándole el sombrero que Jacob había incluido.
Con la camisa a cuadros de manga larga y las zapatillas de skater, Edward podría pasar por uno. Era un look que funcionaría. No nos llevó mucho tiempo prepararnos, así que suspiré de placer cuando Edward me tomó en sus brazos mientras se sentaba en uno de los asientos. Durante el resto del viaje, permanecí allí, disfrutando en silencio de unos momentos de libertad y la calma de su abrazo y los latidos de su corazón.
~MF~
—Estaremos allí tan pronto como podamos. Usen el servicio de habitaciones para su comida y quédese hasta que llegue uno de nosotros. Hay dinero en efectivo en las bolsas si necesitan algo. —Los ojos de Jacob nos escanearon antes de asentir.
Edward le estrechó la mano rápidamente y no pude evitar darle un abrazo al hombre. Permaneció en el bote mientras nos alejábamos, habiendo citado que no quería arriesgarse a que lo vieran en caso de que notaran sus actividades. El sol comenzaba a asomarse por el horizonte cuando Edward y yo nos metimos en la camioneta.
Respiró hondo y se volvió hacia mí.
—Bien, aquí es donde decidimos. ¿Seguimos el plan de Jacob o nos vamos solos?
Aturdida por su pregunta y de que pidiera mi opinión, tartamudeé:
—¿Qué quieres decir?
—Hay suficiente dinero en efectivo en la bolsa para que nos escondamos en otro lugar si queremos arriesgarnos a ir en contra del plan.
—¿Por qué haríamos eso?
Hizo una mueca.
—Confío en Jake con mi vida, Bella. Más importante aún, confío en él con la tuya, pero hay un infiltrado en alguna parte.
—Jake es el único que sabe a dónde vamos, ¿verdad?
Él asintió.
—Entonces confiemos en él. Además, si no vamos a Seattle, nuestros padres no sabrán dónde estamos. Me hace sentir mejor saber que Charlie y los demás se nos unirán a pronto.
Me miró durante varios momentos antes de asentir.
—Sí, siento lo mismo. Solo quería saber tus pensamientos.
Mi pecho se llenó de calor al darme cuenta de que él sentía la necesidad de incluirme en la decisión. Girando la llave, puso en marcha la camioneta, saliendo rápidamente del estacionamiento. Sin embargo, Edward me sorprendió cuando se detuvo en el estacionamiento de una cadena de tiendas de veinticuatro horas no muy lejos de la ruta.
—¿Que estamos haciendo? —le pregunté cuando abrió la puerta y me tendió la mano.
—Completando nuestro camuflaje.
Su comentario críptico se volvió aún más confuso cuando me llevó al mostrador del departamento de joyería. Cuando la dependienta finalmente se acercó, señaló las alianzas de boda.
—Le prometí a mi esposa que le compraría un anillo en el primer lugar que viéramos.
El asombro me mantuvo quieta mientras él la hechizaba. Incluso con el gorro escondiendo su cabello y la belleza de sus ojos escondida detrás de lentillas marrones, él seguía siendo fascinante; la mujer se sonrojó cuando le sonrió. En media hora, estábamos de regreso en la camioneta, con una bolsa de bocadillos, artículos de cuidado personal, varios conjuntos más de ropa y una joya.
Arrojó las bolsas al asiento trasero, menos la pequeña caja blanca. Sin fanfarrias, sacó la banda de oro simple y tomó mi mano, pero al momento en que comenzó a deslizarla en mi dedo, el aire se espesó. Mis nervios fallaron, volviéndome una bola de nervios, y el aire salió de mis pulmones cuando el frío metal se detuvo, sus dedos aún tocando el oro. Quitando mis ojos de la banda, me encontré con sus ojos y el fuego corrió por mi piel. Buscando a ciegas la otra banda, capturé su mano y deslicé la banda correspondiente en su dedo. Ninguno de los dos rompió el silencio, tal vez él estaba tan confundido y abrumado por las emociones como yo. Pero ni bien solté el oro, me atrajo hacia un beso. Un beso que debería haber prendido fuego a todo lo que nos rodeaba.
—Tenemos que irnos —jadeó contra mis labios cuando la necesidad de aire finalmente nos separó.
—Lo sé.
Sus manos me sostuvieron presa, sus pulgares trazaron suavemente mis pómulos.
—Supongo que hay una cama suave en esa habitación de hotel —susurré, y su labio se curvó ante la declaración.
—Sí, y una ducha caliente. —Arqueó la ceja.
—¡Entonces date prisa! —Me reí contra sus labios.
