«La confianza es frágil. Cuando la ganamos nos da una tremenda libertad. Pero cuando la perdemos es imposible recuperarla».
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10. En la confianza.
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La tribuna estaba ubicada en el centro de la plaza, desde donde se tenia una vista panorámica de toda la concentración y la estatua del líder supremo. A la izquierda se colocaría el toldo con sobrepiso donde se ubicarían los generales y enviados especiales de las fuerzas militares, y a la derecha el toldo donde se ubicarían los diplomáticos.
Kakashi miró al cielo repentinamente encapotado de nubes negras a punto de partir a llover. Ni eso detendría el mitin de Danzo, por lo menos no esté. Este era extremadamente necesario para su política . Había obtenido uno o dos observadores internacionales que estarían dispuestos a testificar sobre los comicios electorales.
Por eso la seguridad estaba exageradamente alta.
—Ustedes estarán acá— dijo Ibiki señalando la ubicación clave en la esquina de la terraza.
Tenzou se dedicó exclusivamente a revisarla con la mirilla y hacer la simulación de la ubicación de las armas. Kakashi por otro lado se dedicó a inspeccionar el resto de la terraza y sus vistas desde cada punto.
—Pensé que vendrías con todo el equipo—dijo Ibiki, inmediatamente revisó su celular.
Kakashi tomó una pequeña maceta junto al muro que bordeaba el lugar y la examino. Un entorno demasiado civil para su gusto.
—Si, es que Gai y Genma tenían algo que hacer en el pueblo. Tengo algunos problemas en casa.
—Coronel Ibiki, ¿podríamos tener planos de esta zona?, Quisiera saber cómo distribuir al equipo —interrumpió el teniente.
Ibiki arrugó más el entrecejo haciendo que su cara luciera más contraída, como si realmente le hubiese molestado esa pregunta.
Kakashi sabía que aquello no era alguna molestia en contra de ellos —mucho menos contra el más joven del grupo— pero Tenzou había tocado una tecla sumamente sensible para el coronel. Él simplemente no podía obtenerlos, ya no. Raíz se hacía cargo de esas cosas ahora, todo lo que hiciera referencia al control directo de los ciudadanos —incluyendo las información sobre la distribución civil— era altamente clasificado para el ejercito personal de Danzo.
—Me temo que no, teniente—respondió luego de aclararse un poco la garganta—. Recuerden que técnicamente ustedes no están aquí.
El capitán Hatake sabía perfectamente que para Danzo ellos eran carne de cañón. Si bien ellos conformarían la seguridad personal de los diplomáticos, la división especial de Raiz cuidaría pública y no tan pública la seguridad de Danzo. El líder supremo quería demostrar ante el mundo que sus políticas extremistas tenían un buen resultado, su entrenamiento tortuoso —y quien sabe que más— crearon el mejor ejercito del mundo. Raíz podría dejar de estar bajo tierra.
Tenzou asintió poco convencido, pero Ibiki no se percataría de ello, el peliplata por otro lado pensó que debía pasar por alto la cara de su teniente, ya en casa afinarían esos detalles.
—¿Cuántos son? —preguntó— En el toldo de los diplomáticos, me refiero. ¿Tal vez podría dejar alguien abajo.
—No lo sé, Kakashi, aún no hemos confirmado la asistencia de todos. Pero te sugiero que concentres la vigilancia en el enviado especial de Suna y el de Kumo, sería la primera vez en años que estas dos naciones presencian la apertura de campaña oficial del Lider supremo y no sabemos qué clase de locos pueden estar por ahí.
Morino iba a decir algo más, pero el teléfono vibrando en su mano lo volvió a interrumpir. Le hizo un gesto a Kakashi para que le diera un momento, y luego se devolvió por la puerta de la azotea para que el viento le dejara escuchar a su interlocutor, o tal vez era una conversación tan importante que no podría tener delante de ellos. De cualquier modo, Kakashi no quería saberlo, él estaba lo bastante entrometido en otros asuntos como para querer escuchar los del coronel también.
—Me gusta este lugar—dijo Tenzou. Se había recostado del muro, la banda de Konoha ondeaba en su brazo—Es muy abierto. Podemos tener una vista perfecta de la zona en cuestión, incluso podríamos estar aquí varios. Es claro y ventilado.
El capitán sabía que esa declaración era una total mentira, a Tenzou le disgustaban los lugares cerrados, pero también era ridículamente paranoico cuando las ubicaciones eran a campo abierto.
—Es ventilado—dijo Kakashi—siempre te quejas porque los lugares son sofocantes.
Recordaba una o dos ocasiones especiales donde Tenzou les había dado un monólogo de diez minutos de cómo las casas de campo no eran lugar para la vigilancia, y la humedad no era una condición idónea para estar encerrados. También otra oportunidad cuando era apenas un novato y decidió bañarse en lodo y paja solo para no sentir que caminaba como una diana de tiro por el campo abierto que le habían dado a atravesar.
—Si, me refería al algo como esto — continuó— Puedo cuidar que a nadie le den un tiro en la nuca y no sofocarme en el intento.
Aquello era como un: Puedo cuidar que a nadie le den un tiro en la nuca mientras mi nuca queda expuesta para un tiro.
—Estas de suerte, pequeño teniente.
Una mano discreta tomó otra de las macetas verdes del piso. Tenzou asintió en silencio mordiendo la sutil indirecta.
Ibiki subió al cabo de unos segundos, venía más serio de lo que se había ido, su humor se había ido al piso muy rápido. Mientras bajaban las escaleras, Kakashi resistió el impulso de preguntarle qué sucedía, conocía al coronel lo bastante como para saber que cualquier cosa que involucrara directamente al capitán, Ibiki no tardaría en decirlo.
—Gracias, por aceptar, capitán Hatake. Sé que para ti esto no es una obligación, pero es un honor ser considerado para vigilar la seguridad personal en un evento de tal magnitud.
—Yo le agradezco a usted, coronel Morino. En mi situación, y suspendido de mis deberes, me honra recibir tal oferta.
Bajaron un piso en escaleras y luego tomaron un ascensor, Tenzou siguió su camino por las escaleras y dejo a Kakashi solo con Ibiki. Estaban casi en el último piso de uno de los edificios más alto de Konoha, el más alto por supuesto, era la torre del Hokage donde estaba la oficina del Lider Supremo Danzo.
—¿Qué le pasa a Tenzou? —preguntó Ibiki subiendo al ascensor.
Kakashi toco el botón de plata baja.
—Está algo irritable por la suspensión de nuestras funciones. La investigación no solo me incluye a mí, es que Tenzou redacto el informe. Además, tiene fobia a los ascensores.
Ibiki se carcajeó. Cuando estaban ellos solos, su coronel podía relajarse un poco. Estar constantemente observado no debía ser algo fácil, en Konoha todas las paredes tenían oídos.
—Todos saben que el implicado en el accidente fuiste tú y no Tenzou. Deberías enseñarme como convencer a mi subordinado para que se eche la culpa voluntariamente.
—Ya sabes que me sigue a todos lado, es inevitable.
—Los otros capitanes deben envidiar esa devoción. Tu teniente es fiel en cada orden.
Kakashi no dudaba que el castaño lo seguiría al fin del mundo, pero seguir sus órdenes era un tema a parte. Sus subordinados llegarían al mismísimo infierno con él, pero cada uno por sus propios medios y específicamente cuando él dijese: No me sigan hasta el infierno. Entonces ellos harían todo lo contrario.
—Esa lealtad a menudo puede ser motivo de conflictos —admitió—. Ya he recibido más de una advertencia de algún mayor.
—¡Ja! ¿Me lo dices o me lo preguntas? —ibiki se cortó, y repentinamente le ataco una tos muy mal fingida. Luego dijo: —Yo mismo te daría todas las advertencias que fueran necesarias, el favoritismo no es bueno en este trabajo.
El peliplata asintió convencido de que aquello no era lo que su coronel quería decir. Sabía que Ibiki diría que Obito fue así mientras sirvió. Kakashi se perdió esa etapa de la vida de su amigo, pero estaba seguro de que fue así.
Las puertas del asensor se abrieron, y varios soldados recibieron a Ibiki en el lobby del hotel. Un saludo de despedida, y el hombre corpulento se fue intercambiando palabras con otro hombre desconocido. Kakashi se quedó ahí, recostado de un mostrador en recepción, esperando que Tenzou terminara su misión y bajara al lugar.
—¿Listo?
Tenzou asintió y juntos salieron del hotel. Afuera ya asuma esperaba en el auto. Kakashi se sentó en el asiento trasero sin decir una palabra, inmediatamente Asuma le paso el celular.
—Tres llamadas perdidas, un numero de acá de Konoha. Dime que es una chica, estuve a punto de contestar.
Kakashi sonrió.
—Es Raido — respondió.
Pensó en devolver la llamada, pero sería algo inútil, no contestaria. Los repiques solo eran para informar que estaba listo para recibirlo en el lugar y ninguno de los dos hablaría de eso por teléfono, mucho menos uno de uso oficial.
—¿Ah sí? Debí contestar, ese tonto me debe una barbacoa —Asuma se metió por una de las autopistas principales.
—Vamos a la oficina de registros civiles, no te desvíes —le advirtió Tenzou.
—¿Capitán, no me invitaras el almuerzo? Siento que cada día te estas volviendo más tacaño.
—Tenemos cosas más importantes que hacer—dijo Kakashi.
Asuma entreabrió un poco la ventana para que el humo de su cigarrillo saliera.
—No entiendo, si Raiz es tan increíble como Danzo quiere demostrarle al mundo ¿Por qué tenemos que cuidar nosotros de los diplomáticos? —exhaló una gran bola de humo.
El peliplata también se preguntaba eso la mañana cuando fue a recibir su amonestación. Había llegado a su oficina y junto al sobre que dictaba que se le había relevado de responsabilidades de capitán mientras durara la investigación, estaba un nuevo sobre. Tenía el sello oficial de la torre Hokage y le convocaba urgente al cuartel principal a reunirse con Ibiki, quien tenía una asignación especial para él. Así mismo terminó inspeccionando la ubicación de su nueva misión extra oficial.
—Porque el teniente coronel Matsuda era el encargado de hacer estas alineaciones —respondió él.
—Entonces debería poner a su gente. Como a ese mayor imbécil, Takashi Mori.
—No es tan sencillo Asuma —interrumpió el teniente— Mori tiene grandes responsabilidades en nuestro cuartel. Además de que cuidar la seguridad de los enviados de Kumo y de Suna no es algo fácil. Si les pasa algo alguien tendría que responder por ello.
El del cigarrillo se detuvo en un semáforo y su expresión dijo que entendía todo.
—Kakashi tiene la experiencia y la habilidad para hacerlo, y si algo sale mal, pues nada mejor que echarle la culpa al problemático capitán Hatake—declaró.
Ese era solo parte del problema real, la situación iba más allá de eso —o eso pronosticaba el capitán— y aunque le ponía los nervios de punta, todo apuntaba a eso.
—Eso es solo la excusa básica, por si alguien se pregunta por qué esta allí. ¿Acaso no te parece raro que lo saquen de la amonestación para cuidar a un par de vegetes? —dijo Tenzou — Además que en Konoha nunca pasa nada, si fuese otro lugar, entiendo el exceso de seguridad, pero los diplomáticos tendrán la seguridad habitual, más los cuidadores personales, más nosotros en una terraza vigilando.
—Una terraza abierta—aclaro el capitán— a la intemperie si se quiere decir. Con micrófonos bajo las macetas ¿Quién saca plantas a la terraza cuando casi es invierno?
—Listos para que nos fusilen ahí—completó Tenzou.
Asuma dobló en la esquina. Kakashi vio el ligero temblor de sus manos mientras cambiaba de velocidad.
—Un escuadrón militar de elite, actuando como civiles, armados hasta los dientes a punto de matar al líder supremo —Asuma se detuvo frente al edificio de registros civiles—. Ahora lo entiendo.
Ninguno de los tres habló. Estaban conscientes de se habían ganado enemigos poderosos desde el momento en que se toparon con aquellos hombres en la frontera. Era demasiada coincidencia que Matsuda y Mori los pusieran bajo investigación policial, casi empujándolos a actuar de esta forma, llevándolos a ciegas a un trabajo clandestino.
Si Kakashi se negaba a aceptar ese trabajo, la investigación seguiría y Mori ya había visto a Sakura, no dudaría en atar cabos. Si Kakashi aceptaba se arriesgaba a que sus paranoias se hicieran reales.
Su instinto le decía que lo hiciera, ya tenía un plan en marcha, pero necesitaba estar en la ciudad.
—Esto apesta—dijo Asuma cuando nadie se movió del auto.
Kakashi se lo explicaría a los chicos esa noche.
—Seguimos confiando en ti, sempai.
Apenas logro oírlos, ya se había bajado del auto.
Raido le esperaba en el vestíbulo del departamento. Kakashi arrugó el ceño ante el olor a tinta en un lugar tan estrecho y poco ventilado aun así no dijo ni una palabra mientras le empezó a seguir por los pasillos.
Las fotos del líder supremo aparecían entre cada esquina que doblaban y sus consignas adornaban cada puerta. Raido se detuvo ante una sencilla puerta de madera roja: Patria y trabajo.
—Esta es mi nueva oficina—dijo abriéndola para que Kakashi pasara—. Esta mejor que la otra.
A Kakashi le parecía una ratonera.
—Se que te parecerá lúgubre, pero debiste ver la otra. En serio, amigo, eso era deprimente. Anko paso un par de veces por acá y lucia bastante sorprendida.
—Bueno, Anko es bastante sincera. Si a ella le gusto supongo que debe haber una gran diferencia.
Raido se lanzó tras un escritorio hasta una silla que parecía demasiado rígida para ser de oficia.
—Aquel escritorio es de mi compañero, alguien de Raiz, ni me preguntes por él, así que habla de una vez. ¿En qué puedo ayudarte?
Kakashi tomó asiento en el banquillo frente a él, deslizo un pequeño papel amarillo hasta las manos de su amigo. Raido lo miró y miró de vuelta el papel.
—Esperaba que me devolvieras un favor—dijo sin la necesidad de entrar en detalles en voz alta.
Se corría a voz populi que en Konoha todo, literalmente, todo tenía oídos. El registro civil llevaba el control absoluto de los estatus de cada ciudadano del norte, la oficina de uno de los funcionarios no debía ser la excepción.
Raido abrió la nota y su cara se contrajo en una mueca fea y agria, las cicatrices de su rostro deformaron todo ese lado de la cara.
—¿Sí? Se me hace extraño que me cobres estos favores.
—Bueno, tienes muchas deudas conmigo—Kakashi jugó con uno de los lápices de la mesa.
En los ojos de Raido la duda se asomó y luego su cara se deformo en la máscara agria. Kakashi sabía que le estaba pidiendo demasiado, pero tenía pocas opciones para recurrir. Raido tenía un cargo adecuado y la suficiente libertad como para actuar por su cuenta sin tener tantos ojos encima.
Luego de una mirada intensa, su amigo de las cicatrices suspiró y se metió la mano en el bolsillo, saco un encendedor y quemó en papel en la papelera de metal al lado del escritorio.
—¿Cuándo puedes venir? Tiene que ser personal—le preguntó.
—Vendré un día antes del evento, sin faltas. ¿Tendrás todo para esa fecha?
Raido asintió algo desconfiado aún. Y aunque Kakashi sintió que debía explicarse de algún modo, pero aquel no era el lugar preciso para tener una de estas conversaciones. Incluso cuando se les entregaban oficinas particulares, y se les permitía el uso de celulares, eso no significaba que existiera privacidad de algún modo, por lo que desistió de dar las respuestas que su amigo quería y le dio una sonrisa de medio disculpa.
—¿Cómo van las cosas acá? —Raido le permitió subir los pies hasta el escritorio.
—Lo normal, Kakashi-taichou. Trabajo, organizo, dirijo, bastante cómodo si me preguntas.
—Pensé que dirías que extrañas el equipo—su amigo río— Genma te extraña, puedo decir.
—Ese inútil no me extraña, solo necesita un compañero de juergas. Ahora soy decente ¿sabes? Vivir en Konoha me culturiza.
Una curiosa elección de palabras que ninguno de los dos podía pasar desapercibida. En la capital se vivía con la ligera idea que en los campos la gente era un poco menos civilizada. Patrañas. Pero Raido apreciaba el cargo que se le había dado aparentemente, entonces como todos los demás, debía llevar la misma idea sobre el estatus "civilizado" que otorga un simple apartamento en Konoha y electricidad para poder usar un refrigerador.
—¿Cuándo vendrás acá? —le preguntó. Ahora un poco más serio.
Kakashi desvió la vista. Danzo y su cartel del partido de los trabajadores le observaban desde un rincón.
—No es de mi interés aún. Funciono más en el campo.
—Si, eres como un perro salvaje, eso lo sé, nadie ni nada puede domesticarte. Aquí también podrías tener movimiento, ser parte de la brigada de operaciones especiales es un gran honor.
—Lo sé, me complace mucho todas las invitaciones, pero mi lugar está en el campo y lo sabes.
—¿Planeas ser un simple capitán por siempre? Podrías llegar mucho más arriba si quisieras.
—Ya suenas como Ibiki.
Raido sonrió suavemente, los pliegues en su cicatriz se profundizaron.
—Eres el único soldado en la historia de este país que ha rechazado un ascenso. Ya eres leyenda. Ahorita bien podrías ser ¿Qué? ¿Teniente coronel?
Un cargo inútil, le gustaba pensar. De igual modo, Kakashi se contuvo de decir lo que realmente quería y ambos entablaron una conversación simple sobre los viejos tiempos. El peligris no se negaría a tener que hablar de ellos, pero teniendo mucho menos que privacidad y con aquella extraña sensación de sentirse observado, hablar del pasado era la mejor opción.
Durante varios años Raido fue parte de su escuadrón como un miembro mas activo, inevitable verlo junto a Genma y Hayate más de la mitad del tiempo y era el mismo quien se había encargado de redactar las declaraciones escritas donde Kakashi rechazaba los cargos ofrecidos. Tenia un claro talento para las oficinas, pensaron todos, y mantenía una perfecta administración del papeleo. Cuando le transfirieron a la oficina de registro, era Tenzou quien le había extrañado más que todos pues ahora el papeleo terminaba recayendo sobre los hombros del menor del grupo. Luego cambiaron a Hayate, y Genma realmente empezó a resentir la soledad. Raido se había ido sin quejarse mucho, en el escuadrón ocurrieron unos tantos incidentes que los obligaron a empezar a separarse. A diferencia de Hayate, Raido no luchó mucho por quedarse, de algún modo vio que dejarse separar del grupo era mucho mejor para todos. La gente de arriba consideraba que tenerlos alejados era la mejor manera de mantener los ánimos calmados y aunque Genma tuvo que convencer a Gekko, Raido se dejó hacer fácilmente. Kakashi aun resentía eso un poco, no era un claro concepto de abandono —y era la mejor de las soluciones— pero sintió que poco a poco el de la cicatriz les dio la espalda.
—Extraño a Hayate, bueno, en realidad los extraño a todos.
Kakashi hizo un gruñido, no tenia mucho que responder a eso.
—Por lo menos estamos vivos, podrás seguir viéndonos.
Raido le dio una mirada extraña.
—La noche antes del evento nos reuniremos en un lugar cercano, podrías quedarte y venir, estaríamos todos, como en los viejos tiempos.
—No todos—soltó antes de pensarlo bien.
—Falta Hayate, falta Iwashi, falta Aoba, falta… Faltan varios.
Kakashi sabía que ahí tenía que ir el nombre de Obito, pero nadie quería decirlo, por lo menos no frente a él. Agradecía eso.
—Llévame a la salida, vamos—dijo.
Namiashi lo guió de vuelta por todos los pasillos, esta ve menos emocionado que antes y mucho mas callados. Kakashi no se atrevía a romper el silencio, ya había dicho muchas cosas locas por hoy y no quería tener que arreglarlo después. Raido aún tenía la mirada nostalgia en el rostro y el capitán lo único que logro fue quitarle la emoción de la cara al pensar en tener a todos sus amigos juntos de nuevo.
El grupo se estaba rompiendo poco a poco mientras mas pasaban los años y nadie quería que les recordasen quienes faltaban.
Cuando llegaron a la salida ya había parado de llover. El vehículo donde se trasportaban no estaba por ningún lado y Kakashi asumió que habían ido a dar una vuelta, con lo ansioso que estaba Asuma por moverse por la ciudad, comprendía que se sentía como niño con un juguete nuevo.
Kakashi miró al cielo y luego volvió a mirar a su amigo, el perfil lleno de cicatrices. Toco su hombro para llamar su atención y caminaron hasta el borde de la acera, había una alcantarilla bastante ruidosa con el agua de la calle.
Como estaban bastante alejados de la entrada, Kakashi se aclaro la garganta y hablo: —Ella no es de aquí y quiero tener un seguro por si alguien se interesa más en ella.
—Por un momento me asustaste, pensé que de verdad querías casarte. Integrar a la esposa de uno de mis amigos al registro civil y que ni siquiera me invitara a la boda. Eres un sínico.
—Solo quiero que sea lo más real posible—se sintió incomodo hablando de ello— ¿Conoces a Takashi Mori? Esta cada vez más interesado en mí.
—Sé quién es. No preguntare por ella porque igual no me dirías, solo quiero que tengas cuidado, Kakashi. Todos están hablando de eso, estas muy observado, la gente de Danzo podría empezar a meterse en tus asuntos ¿Vale la pena lo que estás haciendo?
Kakashi no tenía respuesta para eso aun así pensó que mentirle le daría la tranquilidad por la que sus ojos rogaban.
—Si—afirmó—. Ella está aquí por mi culpa, solo quiero protegerla.
—Me estas pidiendo que falsifique un registro de nacimiento y comprometa tramites de una relación matrimonial contigo, uno de los hombres más vigilados por inteligencia ahora ¿Estas seguro que la estas protegiendo?
El capitán tocó con la punta de su bota una hoja para que callera en la alcantarilla.
—Ya mentimos, no puedo salirme de eso, solo debo hacer la mentira cada vez más creíble. Sé que suena como una locura, pero funcionará. Una vez ella se haya ido, nos desharemos de los registros oficiales. Si alguien quiere arrestarme después, podría ser solo por concubinato.
—¿Y si no funciona?
—Nunca te involucraría, lo sabes.
—Eso lo sé, pero no me refiero a eso. Kakashi no quiero perder más amigos. A todos nos han ido alejando poco a poco, todos ustedes están siempre enredados en cosas raras, haciendo que los de arriba pongan los ojos en ustedes ¿Vale realmente la pena? ¿Por qué no pueden calmarse?
—Han estado calmados por años, Raido, desde lo de los chicos. La gente se está cansando, todos tenemos un límite.
—Hayate quería largarse de aquí con Yugao, Aoba e Iwashi solo defendían a su gente, Obito solo quería hacer un mundo mejor ¿Y cómo están ahora? Muy muertos.
Kakashi apretó los puños.
—Vale la pena morir por lo que uno quiere proteger, no se puede ser un cobarde por toda la vida.
Se mordió la lengua casi inmediatamente luego de soltar las palabras, pero la cara de Raido ya había cambiado por completo hasta transformarse en una máscara inescrutable desprovista de toda la preocupación que antes le había mostrado. Kakashi supo que lo que sea que pudiera decir era inútil, sin quererlo le había golpeado en un punto sensible.
—Los del cuartel saben que siempre fuimos un problema, espero que no estén viendo esto como una nueva oportunidad para deshacerse de uno de ustedes. Tendré tus papeles para la fecha que te he dicho, ni un día más y ni un día menos. Procura no morir antes o después de eso.
—Raido…
—No, ya dijiste lo suficiente. Confió en que lo resolverás, siempre lo haces. Y aunque pienses que soy un cobarde, aun me preocupo por ustedes así que trata de que no los maten.
Se fue antes de que los muchachos llegaran, dejando a Kakashi irritable y más frustrado que antes.
Ibiki tenía razón, esa devoción que todos sentían por él, bien podría ser la raíz de todos sus problemas.
Si Raido tuviera una pizca de malicia lo denunciaría al instante, entonces Kakashi no se sintiera presionado al involucrarlo, tal vez Hayate no se habría expuesto mas para averiguar las cosas para Kakashi, incluso Tenzou no estaría bajo investigación por culparse de un incidente donde ni siquiera estuvo. La cosa con la lealtad era esa, que mientras más ciega fuese, era más problemática y eso la hacia mas peligrosa. Raido no era un cobarde por entender que separarse era lo mejor para grupo y Kakashi no era un valiente solo por tratar de mantenerlos a todos juntos. Al final solo terminaba exponiéndoles más y más.
La confianza desmedida que todos tenían en él, bien podría empezar a pasarle factura.
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Sakura le paso el abanico a Gai sin siquiera abrir los ojos y él lo recibió gustoso alabando sus atenciones. Empezó a abanicarse la cara suavemente para que la pasta se solidificara un poco y del otro lado Genma empezó a decir algo que ella ignoro hasta que pudo detectar que indudablemente la conversación se dirigía hacia Sakura.
—Sin miedos, Sakura.
Sakura se sentó en el piso, los pepinos que tenia en los ojos cayeron manchando la madera junto con el contenido de la mascarilla. Gai y Genma aún estaban acostados en el piso sin mirarla.
—¿Qué yo qué? —preguntó extrañada por la conversación.
Tomó el abanico de la mano errante de Gai y empezó a soplar aire entre las caras de ambos hombres.
—Dijo—empezó Genma— que si ya has tenido que interpretar bien tu papel de señora Hatake.
Sintió los colores subirle a la cara, y al mismo tiempo la ira empezar a bullir en ella.
Cerdos, entrometidos.
—No sé de qué diablos hablas—escupió repentinamente más enojada de lo que pretendía.
Gai abrió un ojo, la miro e inmediatamente lo cerro.
—Dinos sin miedos, Sakura. Somos extraños, nunca nos veremos de nuevo.
Se mordió la lengua para no soltarles que probablemente se verían por unas cuantas semanas más.
—No es de su incumbencia lo que haga o no aquí.
—Te equivocas, querida pelo de chicle—dijo Genma—. Eres la esposa de nuestro capitán y mejor amigo. Tenemos toda la obligación de saberlo.
—¡Lo que Kakashi y yo hagamos en casa no tenemos por qué contárselos!
—¿En casa? —Gai se sentó —¿De qué hablas? Me refiero al pueblo, si ya actuabas como las otras mujeres de acá, suelen ayudar en las labores básicas colectivas.
La comprensión llego a Sakura pero por algún motivo su ira no se disipó, incluso se incrementó más.
—Ahora yo quiero saber que es lo que pasa en casa que no nos puedes contar—dijo Genma.
Sakura se levantó furiosa y se fue hasta la cocina a lavarse la cara.
Todo esto era culpa de Kakashi, él le permitía acercarse, andar abrazándolo y ahora seguía con esos juegos doble sentido y bromas oscuras. Le tenia nerviosa y imaginativa, con los nervios de punta por cualquier duda sobre su "relación". Era su culpa ser frio y distante y aun así no ponerle un alto a la pelirosa. Le entraron ganas de estrangularlo de repente.
Se lavó lo mejor que pudo y aun así, sintió la pasta pegajosa de la mascarilla correrse hasta sus patillas, lo ignoro y salió de nuevo al patio. El par de idiotas seguían en el mismo lugar sin moverse.
—Los odio a ustedes tanto como a él—escupió.
—¿A mí? Solo soy un hombre curioso, Sakura. Genma el curioso me llaman.
—Genma el pervertido le dicen.
—¿Pervertido? Pero si tu fuiste el que empezó a preguntar por "papel de esposa". No te hagas el inocente, Gai, eres igual de chismoso.
—¡Ambos son unos entrometidos! No hay papel de esposa y si lo hubiera tengan claro que tampoco se los contaría.
Se sentó enfurruñada en la esquina del piso. Los hombres se calmaron un rato y siguieron disfrutando de su tiempo de descanso y su mascarilla de zanahoria. Sakura encontró bastante divertido que ambos disfrutaran tanto de "las vanidades sureñas" como dijo Genma al principio pero que luego estaba ansioso por que se la aplicaran en la cara.
Luego de unos minutos más de silencio, empezó a sentirse incomoda.
—¿Qué es eso de labores básicas colectivas? —preguntó.
—Las dinámicas en el pueblo. Festivales. Elaboración de encurtidos. La limpieza en el mercadillo—Gai hizo un gesto con la mano restándole importancia.
—Ya me han tratado de llevar a lo del festival.
—¿Y no has ido? —fue el turno de Genma de preguntar.
—No soy muy buena en esas cosas—admitió—. Podría incluso arruinarlo más.
—Kakashi es un hombre muy respetado en el pueblo, nadie diría nada si lo arruinas.
—Probablemente todos dirían algo si lo arruinas—corrigió Genma.
Sakura se mordió el labio. Ella no quería interpretar un papel de esposa en publico y estaba segura que Kakashi tampoco quería eso, mucho hacían intentando que las cosas no fueran incomodas en la casa, en público todo se arruinaría aún más. El anillo que usaba en el dedo parecía ser un cargo pesado.
—¿Conocen a la líder Comunal?
—¿La mujer horrible de pelo rojo? —pregunto Gai.
—Es la que se cree dueña del pueblo.
Sakura reprimió una risita.
—Ella ha estado tratando de arrastrarme a los preparativos esos.
—Insufrible mujer—coincidió Gai.
—Ella y la hija—corrigió Sakura e inmediatamente se arrepintió porque ambos hombres abrieron los ojos y se miraron entre ellos casi como si hubiesen coincidido con algún pensamiento.
Ahora que lo había dicho y en el tono en que lo dijo, sería imposible para la mujer ocultarles su disgusto por la otra peliroja. Sin embargo, luego de la mirada cómplice entre ellos, Sakura quiso saber más.
—Ustedes saben algo que yo no sé…
—No estamos autorizados para hablar de eso—dijeron al unisonó.
—Que injustos, quieren que les hable de Kakashi y de mí, pero no me hablan de Kakashi y esa mujer.
—Creo que deberíamos seguir haciéndonos las mascaritas ¿No, Gai?
El de las cejas asintió y siguieron su asunto. Pero Sakura no iba a dejar pasar eso, no ahora que sabía que había algo escondido ahí.
—Se acostaba con ella ¿verdad?
—No es mi incumbencia hablar de la virtud de otras mujeres, Sakura san.
—¿Qué diablos dijiste, Gai? Si se acostaban, pelo de chicle, pero no hablaremos de eso. Pregúntale a tu esposito.
Sakura sabía que Kakashi había zanjado en ese tema hacia varios días, no volvería a abrir la boca entonces.
—Debió gustarle mucho, no habla de ella, ni siquiera cuando ella ya me lo dijo. Espero no arruinar su "relación".
—Mi estimado rival no tiene una "relación". No creo que Kakashi haya vuelto a tener una relación desde hace más de una década.
—No creo que Kakashi quiera una relación.
—¿Y por qué no habla de ella?
Gai se levantó y la madera crujió bajo su peso, en el piso habían quedado desparramadas un par de gotas de la pasta que tenía en la cara.
—Es complicado—dijo Genma sin moverse de su lugar—Creo que Kakashi quiere que veas su lado bueno, tal vez le da vergüenza que sepas que se acostaba con ella solo por placer. ¡Una tontería si me preguntas!
La pelirosa no sabría decir si eso pudiese ser real o no. Kakashi era una persona demasiado ambigua que actuaba de acorde a las situaciones, mientras que en un momento podía ser frio y desprovisto de sentimiento, ya varias otras veces le demostró que podía bromear incluso un poco más allá de lo picante y aparentemente era algo que le gustaba hacer con ella. Se llamó a si mismo pervertido un una oportunidad.
—Es solo alguien reservado. No le gusta hablar de su vida privada.
Ella asintió, queriendo ahora terminar ese tema. Repentinamente se le habían quitado las ganas de saber.
—¡Como en las telenovelas, pronto conquistaras su corazón, querida Sakura san!
—Yo solo quiero saber que andan haciendo ustedes dos en la privacidad del hogar.
Sakura soltó un ruido de frustración desde el fondo de su arganda.
—¡Los odio a los dos!
Luego de un rato más se encontró riendo en silencio. Ella disfrutaba mucho el tiempo que pasaba con ellos. Genma era insufriblemente acido y "sádico" como decía Gai, mientras que este era toda una señora. Una combinación medio desbaratada, pero ambos parecían funcionar muy bien juntos.
—Se acerca navidad, pelo de chicle ¿Qué es lo que más extrañaras?
Sakura se miró las uñas, curtidas de hollín.
—Debería decir que mis amigos, pero realmente lo que mas extrañare es la comida.
—¿Comen tanto allá?
—De todo. Pollo, carne, ramen… ¡Dios mío, extraño tanto el ramen!
—Los he visto en la televisión, también quisiera probarlo algún día.
—¡Algún día los llevare a comer ramen a ambos!
Ambos sonrieron como un par de niños, mas que todo por cortesía. La probabilidad de que volvieran a verse luego de que todo ese pasara era nula, sin embargo nadie se atrevería a desmentir lo que acababa de decir, mantener las esperanzas altas de una unificación futura parecía ser un mal tanto del norte como del sur.
—¿Alguna vez… han soñado con salir de acá?
Genma se aclaró un poco la garganta y la expresión en el rostro de Gai decía que era un tema sensible para ambos.
—Algo así, creo. No es realmente algo de lo que podamos hablar.
—Genma tiene razón. Escucha, Sakura, en este país debes cuidar lo que dices. Uno de nuestros amigos murió hace poco por "tratar de salir". La mayoría no terminaría de ese modo nunca, solo hay que bajar la cabeza y seguir las reglas.
—Aunque sea asfixiante, y estés claramente en contra.
—No me respondieron. ¿De verdad ustedes creen en esto? Todo acá está mal, la gente que esta por encima de ustedes esta muy mal de la cabeza.
Ninguno de ellos volvió a decir algo y la rutina siguió de manera acostumbrada. Sakura lavó un par de trapos de cocina y fregó los platos mientras los hombres hablaban entre ellos en el patio, el dúo dinámico —les dijo en algún momento— pero ellos insistieron que solo eran buenos camaradas. El verdadero dúo eran Kakashi y Tenzou.
Ella lo veía difícil, demasiado iguales para complementarse.
Entre bromas y rutinas de belleza fallidas transcurrió la tarde y cuando estuvo a punto de ocultarse el sol, Kakashi apareció de nuevo. Venía acompañado de Asuma y Tenzou y la cara de pocos amigos que traía fue una clara advertencia para todos. Gai no tardo en correr a presentarse firme ante él, Genma —un poco más relajado como siempre— se tomó su tiempo en levantarse del patio y salir a su encuentro en la puerta delantera de la casa.
Sakura se mantuvo atrás, tímida.
—¿Qué coño traen en la cara? —exclamó enojado.
Asuma contuvo una risita y Tenzou ni los miro, paso justo al lado de Sakura y con un leve asentimiento de saludo se perdió tras las puertas del patio.
—Zanahoria—respondieron al unisonó.
El fuego de la ira brillo en el peliplata.
—Mascaritas de Zanahoria—agregó Genma como si aquello fuese a acomodarlo.
—Mascarillas—corrigió Gai.
—Vayan a limpiarse esa mierda de la cara ¡Ya!
—Uy, alguien esta un poco enojado, capitán.
—Mi estimado capitán, en nuestra defensa, sentimos correcto interactuar con Sakura san, comprender sus costumbres y conducta podría ayudarnos a-
—Sargento Shiranui, Sargento Maito, como a ambos aparentemente les gustan tanto las hortalizas, pasaran toda la noche en los campos de cultivo. ¿Les parece?
—¡Perfecto, capitán! —y partieron como alma que lleva al diablo hasta el fregadero del patio trasero. Asuma paso siguiéndolos de cerca.
Cuando Kakashi la miro, con los ojos encendidos en rabia, a Sakura lo mas que se le ocurrió fue encender los suyos también. Él no iba a estar regañándola por una tontería.
—Ni se te ocurra decirme una palabra—siseó la mujer con los dientes apretados.
—No planeaba hacerlo. Imposible ponerte limites ¿no?
Sakura se encogió de hombros.
—No estoy haciendo nada malo. Solo nos divertimos un rato, no es nuestra culpa que seas un aburrido.
—Claro, nada malo, correcto.
Soltó un bolso que traía colgado en los hombros y paso al lado de la mujer chocando los hombros.
Y ahora qué diablos le pasa.
Ella los siguió a todos y cuando cruzo las puertas corredizas, Gai y Genma ya estaban limpios y poniéndose las botas a las volandas. Asuma y Tenzou arrastraban hasta el piso un gran baúl de madera. Sakura no le había dado importancia a ese artefacto. El del senbon llego desde muy temprano arrastrándolo junto a Gai, lo habían lanzado sin importancia en la esquina más alejada bajo el techo e incluso durante el almuerzo ella llego a sentarse encima para no utilizar el piso. Por lo mucho que habían batallado al traerlo debía ser algo grande y pesado.
Todos se colocaron alrededor y cuando Genma estuvo a punto de abrirlo, su teniente le detuvo: —¿Se supone que este ella aquí?
Todos posaron su mirada en ella.
—No creo que deba—murmuró el del senbon.
El corazón de Sakura se aceleró pero decidió clavar los talones en la madera y busco la mirada de Kakashi para que le dejara en claro que lo que sea que estuviesen a punto de hacer no tenia que ver con ella, porqué si lo tenía, ella no se movería ni un milímetro.
Él le ignoro de manera intencional.
—Solo ábrelo—le dio la orden al castaño.
Entonces Sakura se acercó y miró dentro del cajón que todos estaban mirando.
—Armas—dijo bajito, pero todos le escucharon claramente.
—Y municiones—coincidió Asuma.
Sakura dio un par de pasos atrás. Las rodillas le temblaban de solo ver el destello metálico del cañón de las monstruosidades esas.
El corazón le subió a la garganta y enmudeció. Todo el día con eso rondando en su casa.
—¿Que conseguiste, Genma? —preguntó Asuma.
Sakura dio un paso atrás cuando este tomó algo enorme, de más de un brazo de tamaño y lo cuadro en su hombro. Los flashes de aquellos hombres sosteniendo el metal frio entre sus costillas llegaron a ella como luces detrás de los ojos, tan lucidos y reales como lo fueron en su momento.
—Todo lo que me pudo sacar Akihito, está encargado del almacén.
—¿Cómo hiciste que hiciera eso? —preguntó Tenzou.
Sakura dio un paso atrás.
—Me debe varios favores. Tiene una novia en la aldea minera de al lado, siempre se escapa a verla, así que borro los videos de las camas de seguridad y a veces lo cubro un par de turnos.
Asuma preguntó: —¿Y son esos suficientes favores?
—Él está "felizmente" casado con su esposa, así que sí, son varios favores muy grandes para él y para la novia.
—Podrían encarcelarte por eso. La capitana Anko está encargada de la artillería, tarde o temprano se enterará.
—Ella lo sabe y también tiene sus escapadas hasta quien sabe dónde, no es mi asunto preguntar. Mi silencio cuesta, sabes.
Kakashi hizo contacto visual con ella. Sakura aun no tenia palabras para preguntar que rayos estaban haciendo esas cosas ahí, suponía que eran parte de los planes de Kakashi de un modo u otro, pero estaba bastante incomoda como para reclamar o exigir explicaciones. Tampoco quería demostrarle al capitán lo traumada que se sentía por las armas de fuego que parecían ser cotidianas para ellos.
Son soldados, se recordó, son los buenos.
Apretó los dientes con fuerza.
—Carabina M4, una escopeta Mossberg para Gai, un AK-103 y el favorito de Kakashi, McMillan TAC—Genma hizo una pausa para mirar sínicamente a su capitán.
—¿Y la mira? —preguntó Kakashi.
Desde su posición Sakura no podía ver exactamente que estaba mirando él dentro del baúl. Tampoco quería saberlo.
—Estoy en proceso de conseguirla, capitán, relájate.
—¿Qué opinas, Kakashi? —dijo Tenzou.
Pero este estaba ahora mirando a Sakura, tenía el entrecejo fruncido como si quisiera atravesarla con la mirada. De pronto, el aire se torno pesado entre el grupo e incluso la sonrisa de Genma cayó un poco.
Kakashi se aclaró la garganta.
—Debemos hablar. Todos.
Y la tapa del cajón se volvió a cerrar. Todos volvieron a entrar hasta la mesa del comedor, Kakashi liderando el grupo y Sakura siendo empujada ligeramente por los hombros por Gai, si no fuera por ello habría quedado estática clavada en su lugar, todo el asunto resentía con fuerza en sus nervios.
Cuando todos estuvieron sentados en la mesa, Sakura se sentó tímidamente junto a Kakashi, entonces él se aclaró la garganta de nuevo y dijo:—Tenzou, reporte.
—Se supone que todos estábamos al tanto.
—Sakura no está al tanto.
—¿Por qué tiene que estarlo? Esto es confidencial.
Ella miró a Kakashi y luego a su teniente.
—Porque yo quiero que lo esté—sentenció Kakashi.
Ahora de un malhumor papable, el de los ojos grandes inspiro para calmarse y dio un reporte detallado.
Sakura solo permaneció un rato más ahí, escuchando atentamente cada cosa. Konoha, Matsuda poniéndolos en la mira, la misión extraoficial, todo era doloroso para su cabeza. Entre los ojos empezó a punzar anunciando una migraña. Kakashi estaba en silencio, se había sentado deliberadamente en la cabecera de la mesa para establecer contacto visual directo con cada uno de sus subordinados, pero a Sakura no la había mirado por más de cinco segundos seguidos desde que el asunto de las armas se estaba tornando serio.
Ella medio agradecía que ambos se esquivaran lo más que pudieran.
—Concluyendo con la inspección que hice, y las cámaras de seguridad del pasillo están bloqueadas.
—¿Cuándo revisaste las cámaras de seguridad? Se supone que no podemos desviarnos —inquirió Asuma.
—Cuando Kakashi bajaba con Ibiki, baje por las escaleras e inspeccione los pasillos de vías de escape. Cámaras visiblemente dañas y bloqueadas, no se molestaron ni en disimularlas.
—Ellos, quienes sean, no pensarían que Ibiki te dejaría vagar solo por el hotel.
—Genma tiene razón—interrumpió Gai— pero tampoco imaginaban la relación entre Ibiki y Kakashi.
Sakura se miró las uñas casi incrustadas en el borde de la madera desgastada.
—Ventajas de ser Kakashi, puede engatusar a quien sea.
—Es evidente que nos quieren ahí, por lo menos al capitán, no estoy muy seguro de mí. Es más fácil silenciar al que sea de ese modo.
—La investigación de inteligencia—Kakashi interrumpió a Tenzou— está siendo llevada a cabo de todos modos, trataran de hacerme el dueño de esa arma, es por eso que he registrado mi arma de uso personal en el inventario del almacén.
—Eso también lo solucioné—dijo Genma con un chasquido de su lengua—. Akihito me debe muchos favores, ya saben, el serial de tu arma personal lo registraremos como resguardado en el almacén. Lucirá como si la usaste esa misma noche.
—No entiendo—admitió ella con voz débil y apagada.
—Cuando inteligencia se percate que alguien, quien sea, retiro un arma asumirán que es la de Kakashi—explico Genma— y para colmo le han borrado el serial. Fuimos los únicos ese día que usaron armamento, todo apuntara él. Ahí es donde entran mis favores. Si conseguimos el registro oficial y añadimos el serial del arma personal de Kakashi la cosa cambia ¿Por qué Kakashi retiraría un arma del almacen de artillería si tiene un registro personal?
Sakura parpadeó medio confundida aún.
—¿Tienes un arma?
Kakashi la miro: —Si, ¿tú no?
Las comisuras de sus labios se apretaron en una mueca enojada.
—¿Y esas otras…cosas? —su voz tembló un poco.
Kakashi suspiró y le respondió: —Por si acaso. No usaremos su armamento para lo de los diplomáticos. No jugaremos con sus reglas, pero no se lo diremos. Mis armas y ahora estas, son de desconocimiento público.
—Akihito es una tumba, sabe que podría caerse si abro la boca. A Anko simplemente no le importa.
Tenzou dio un golpe suave en la mesa para llamar la atención.
—La excusa del ejercicio de la frontera siempre es viable, si necesitásemos registros ahí tendríamos la cubierta.
—¿Y la distribución de lo de la vigilancia? Mi estimado Kakashi no debería estar en la terraza.
—Gai tiene razón, capitán, podrías estar abajo coordinando.
Por primera vez en toda la noche, Sakura vio como su mascara de calma perfecta se desvaneció por instantes ante las palabras de su teniente, para luego recomponerse, más estoica y más fría.
—No. Ellos me quieren ahí, no dejaran que me mueva de lugar. Abajo puede ser más problemático en caso de que necesitase defenderme.
—Arriba puede ser mas peligroso en caso de que necesitases defenderte. Abajo por lo menos habría testigos.
—Estoy seguro que no serian testigos a mi favor, Tenzou.
—¡Cualquiera es mejor que tener el cuello expuesto!
—¿Y dejarlos como carne de cañón? No gracias, soy el mejor tirador y arriba es mi lugar.
—¡También eres el mayor suicida! Piensa con la cabeza, podemos solucionarlo si-
—¿Teniente, estas gritándome?
La tensión que se cortaba con un cuchillo cambio abruptamente, y Tenzou, que se cernía casi por encima de la mesa, regreso a su lugar aprendo la boca en un gesto que solo podría ser interpretado como contenerse.
Los demás se miraron entre ellos, Sakura trato de buscar la mirada de Kakashi, pero como ya se veían haciendo, el contacto visual duro menos de lo esperado. Estaba molesto, la ira ardia en sus ojos de un modo muy diferente al que ella estaba acostumbrada.
—Formación estándar para el equipo lobo. Genma abajo sin llamar la atención cuidara las espaldas de los políticos. Gai en el hotel, cámaras y vigilancia. Tenzou y yo en el techo. Asuma jugara el papel de seguro, podríamos necesitar de su padre. ¿Entendido? Ni siquiera estamos seguros de que pase algo, esto es solo por si acaso.
Un asentimiento general se extendió entre los hombres.
Sakura no se había percatado de lo dilatadas que estaban sus fosas nasales tratando de conseguir aire. Ella estaba nerviosa y exaltada como nunca, no podía dejar ir el miedo que sentía de solo pensar en que el peligro cada vez se materializaba en la realidad, pero tampoco queria demostrarles a ellos todo lo que sentía. Tenia la garganta bien apretada y se mordió las mejillas para no dejar que el grito de frustración le desgarrara.
—¿Qué hay con Raido? —preguntó Genma tímidamente.
La cara de Kakashi se ensombreció ante la mención de aquel nombre.
—Él está bien. Fui a verle hoy. Trataremos un asunto diferente un día antes del asalto.
—¿Sabe acerca de todo esto? —ni siquiera Asuma estaba fumando.
—Si, bueno, no. Sabe lo que necesita saber, no queremos mas gente en esto. Solucionara lo de Sakura, es todo.
La pelirosa dio un respingo: —¿De mi? ¿Qué hay que solucionar conmigo?
—Para eso es la carabina M4, pelo de chicle, te solucionaremos del modo más elegante posible—Genma tomo uno de los palillos de dientes del centro de la mesa.
Sakura estaba segura de que Tenzou sonrió ante eso, pero a nadie más le pareció gracioso.
—Si la investigación sigue, necesito cubrir tus espaldas. Ya Takashi te vio, podría apostar por exponerte.
—Si él esta con la gente que me persigue, debe saber quién soy.
—Si realmente supiera quién eres ya habría encontrado la manera de arremeter aquí—puntuó el teniente.
Kakashi asintió: —Él no sabe a quién está buscando exactamente. Todo lo lleva a mí, es cierto, y te señala a ti como el objetivo más próximo, hasta ahí vamos seguros. Pero… pero si te legalizamos es más probable conseguir un tipo de cubierta, no estoy seguro por cuanto tiempo. Nos daría el suficiente de tratar de despistarle la pista y no llamar la atención de Inteligencia—tragó y su manzana de Adam subió y bajo en su cuello—. Las investigaciones no están hechas por él, así que nadie podría-
—¿Estas diciendo que debemos casarnos? ¿De verdad?
Esperaba que su voz no hubiese tomado el tono histérico con el que sonó en su cabeza.
—Si.
Eso era todo. Los muchachos, como si hubiesen entendido que aquello era una discusión que salía de la misión y se metía en la vida personal de su capitán, salieron lo mas sigilosamente posible hasta la espesura de la noche.
Sakura se quedó ahí sentada en la mesa, con el ceño fruncido y la respiración acelerada mientras Kakashi intentó levantarse para despedirlos. Como un robot, sus movimientos eran mecánicos y rígidos, desde que abrió el portón e intercambio un par de palabras cortas con Tenzou, hasta que se volvió a sentar en la mesa y comenzó a desabrocharse los botones de su chaqueta camuflada.
Ahora que estaban solos, un suspiro cansado escapo de sus labios.
—Escucha, Sakura, yo…
—¡No! ¡Escúchame tu a mí! —su voz temblorosa se deformó hasta un grito inseguro— Estoy en este problema por tu culpa, y me vas a dejar más tiempo aquí y no me dejas hablar con mi gente porque Genma me dijo que tienes un teléfono y ahora tu… ¡No pienso casarme contigo!
—No vamos a casarnos de verdad, solo iremos a ponerte en el registro civil como mi esposa.
—¡Qué no es lo mismo! Es la misma mierda, solo me atará de un modo más acá.
—¿Crees que quiero atarte acá? Me preocupo por ti, nadie mas que yo quiere sacarte de una vez de aquí ¡Tampoco te quiero acá! ¡Solo eres otro problema más!
Como si hubiesen añadido más leña al fuego, Sakura golpeo las manos con fuerza en la mesa, y la incertidumbre que sintió antes, se apagó como una vela. Sentía su sangre bullir por todo el cuerpo.
—¿Te preocupas por mí? ¡No me hagas reír! Sabes que tengo pesadillas con el secuestro y aun así te apareces acá con un montón de pistolas o lo que sea. Te pones a hablar sobre un asalto raro y todo el peligro que representa ¡Incluso tienes un arma o varias escondidas por aquí por la casa! ¿Sabes lo que me hace eso? ¡No! Nunca sabes… Solo esperas que haga todo lo que me dices…
—¿Y qué quieres que haga? ¡Estoy intentando protegerte y armas todo este berrinche solo porque no quieres estar aquí, como una niña pequeña!
—Solo soy otro problema mas para ti, estas en lo cierto.
¿Por qué sus palabras le dolían tanto? ¿Por qué decirlo después de haberlo pensado tanto, era tan doloroso para ella?
Kakashi cerró los ojos y se apretó el puente nasal. Las esquinas de su boca parecían tensas en mantener una expresión lo más tranquila posible, pero era inútil ver como la ira se hacia cargo de sus rasgos.
—No quise decir precisamente eso—dijo con los dientes apretados.
Sakura trató de regular su respiración y obligar su cuerpo a relajarse, pero la frustración que sentía se hacia cargo de sus brazos tensos y sus nudillos apretados en puños sobre la mesa.
—Pero lo dijiste—atacó, la furia aun mordiendo sus palaras—Fue exactamente eso lo que dijiste.
—Estoy haciendo un esfuerzo monumental por tenerte aquí, por- ¡por lo que sea! A pesar de que es mi culpa, tu misma lo has dicho.
Sakura sabía que lo había dicho y también sabia que no era cierto, a pesar de eso no pudo contradecirlo, no estaba aun en control de su cuerpo y de sus palabras. Solo sabia que estaba tan enojada que había empezado a doler.
—Todos están en este problema gracias a mí, no solo tú. ¡Y confían tanto! —el puño apretado que tenía sobre la mesa empezó a temblar— Y tu no lo haces, no puedes ver que estoy intentando protegerte, no puedes confiar en que-
—¡No, no puedo verlo! ¡Tal vez deberías intentarlo mas porque justo ahora no confió en ti!
Kakashi abrió los ojos como si hubiera recibido un golpe y el temblor de sus manos se detuvo, aflojando poco a poco el puño.
—Tal vez —dijo con voz monótona.
Pero Sakura ya no podía detenerse, sus palabras ya no le pertenecían y podía verse a si misma actuar por los impulsos.
—No puedo verlo. Casi nunca me cuentas lo que realmente está pasando, lo de ese mayor y ahora esta cosa de Danzo. Me escondes cosas de tu vida personal en el pueblo, como con esa mujer. Ahora quieres imponer un matrimonio real, sin preguntarme una solución, sin venir a mi antes ¡Yo estaba comprometida! Así que no, no puedo ver que lo estés intentado.
Le dio la espalda lista para meterse a la habitación aun con el cuerpo temblando y con la esperanza de perder las ganas de seguir hablando, pero la lengua le picaba por decir más, había aguantado mucho de unos días para acá.
—¡Si los metiste a todos en este problema, quizás nadie debería confiar en ti!
—Quizás
—Me quedare aquí el tiempo que se te pegue la gana e iré a registrar este maldito matrimonio. Pero es hora de que tracemos esa línea de nuevo.
Dio un par de pasos, Kakashi no le detuvo, y tampoco pregunto a que se refería con lo que acaba de decir, pero Sakura asumió que entendió perfectamente porque no lo negó y en cambio dijo:
—Nunca debimos cruzarla.
Sus palabras le dolieron tanto como las que ella acababa de decirle. Todavía dándole la espalda, Sakura entró al cuarto mas calmadamente de lo que pretendía y se metió bajo las sabanas a luchar por contener las lágrimas.
Nunca pensó que él sabría en un principio que había otra línea específica que habían cruzado. Mas allá del agrado natural que pudieran desarrollar el uno por el otro, había algo, un no-se-qué que venían balanceando de un lado a otro de la línea. Algo que ni las mentiras sobre la amistad en el sur lograrían socavar. Kakashi estaba bien al tanto de eso, por eso lo permitía, la dejaba apoyarse en él, se hacia el tonto cuando la situación se comprometía más y recibía con los brazos abiertos el coqueteo sutil que venía dándose en ambos.
Incluso sueño con él.
Ella dijo cosas terribles en la discusión.
No era su culpa que ella estuviera ahí atascada, desde el principio lucho por sacarla del apuro, no era su culpa que sus amigos estuvieran en peligro por eso, esa era la culpa de Sakura también, de ellos por permitirlo. Pero Kakashi aparentemente tomó en sus hombros esa responsabilidad y Sakura no pudo detener su lengua mordaz aun cuando se percato que estaba poniendo el dedo en la llaga. Estaba frustrada por todo y por todos, nerviosa y asustada, siendo para ella la única salvación la ira.
Continuó luchando contra el llanto por un rato más hasta que escucho la madera de la silla rechinar al liberarse de su peso. Sakura se sentó en la cama, lista para soltar unas disculpas avergonzadas y con el cuerpo rogando por darle un abrazo, pero la puerta de la habitación nunca se abrió. En cambio, escuchó el portón delantero abrirse y cerrarse.
Así sentía estar al otro lado de nueva línea.
