ATRACCIÓN

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En sus vidas, habían viajado por múltiples zonas difíciles, pero sin duda, la aldea del sonido parecía un territorio habitualmente hostil.

Las trampas bajo sus pies indicaban el bajo esmero de aquellas personas por recibir visitas. Como no era de extrañar, la confianza en el ambiente que los rodeaba descendía a medida que se aproximaban hacia el epicentro de la ciudad.

- No asesiné a esos hombres –confesó contrariado deteniéndose repentinamente entre los arbustos.- pero lo habría hecho.

Naruto expectante, intentó comprender aquella declaración.

- ¿De qué hablas? – cuestionó el rubio.

- Para estar aquí deberán olvidar que son shinobis de la hoja – agregó el pelinegro imperturbable.

Sakura meditó aquello unos segundos antes de quitar su protector frontal para ocultarlo entre sus ropas.

- No te refieres solo a esto ¿verdad Sasuke? – cuestionó el rubio símil a la pelirosa.

El muchacho entrecerró los ojos afrontando con su mirada a sus confundidos compañeros.

- Aquí no hay reglas establecidas - Respondió seriamente.

Los jóvenes asintieron ante los escalofríos que aquellas palabras produjeron en sus adentros. Ciertamente si Sasuke entregaba aquel consejo tenía razones de peso para ello.

- ¿Hay alguien en específico por quien debamos ser cautelosos? –cuestiono Sakura con el ceño fruncido en ansiedad.

- Espero que no – musitó el pelinegro tomando lugar frente a sus compañeros para continuar con su camino.

El viento colado entre sus ropas les recordó el frio ambiente a su alrededor.

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Tras descender aquella colina, Naruto se había encargado de custodiar el camino de la ojiperla hacia su momentánea tienda. A sus compañeros no les extrañó que la pareja se desvaneciera entre la nebulosa a su alrededor. Y mucho menos ahondaron en las razones de aquella ausencia.

- La nieve parece acumularse rápidamente – comentó la muchacha con una taza caliente entre sus manos.

Apoyada en el umbral de la tienda, agradeció que la gruesa tela fuera capaz de sostener su peso. Entre el frio y el cansancio físico, su organismo comenzaba a sentir el remezón del mal vivir sufrido durante aquellas últimas semanas.

Sasuke, perdido en algún punto frente a sus ojos, escuchó las palabras de la chica mientras los dedos de su mano se azulaban ante el hielo.

- No tenemos por qué permanecer aquí. – soltó toscamente en un ademan por entrar nuevamente en la tienda. Sin embargo, Sakura rápidamente se lo impidió anteponiéndose en la entrada.

- Querrán estar solos… - susurró la muchacha aclarando su garganta sugerente- esperemos unos minutos más.

Aquella última frase fue acompañada por el tibio tazón golpeando suavemente el pecho del pelinegro.

El Uchiha meneó la cabeza ante la idea que cruzó sus pensamientos. Hinata era una mujer introvertida y difícilmente aquello coincidía con la actitud pervertida de su amigo; suspiró profundamente antes de tomar la taza dejando el calor inundar su cuerpo.

- Es chocolate caliente – soló la muchacha entre risas cuando observó el rosto del azabache torcerse luego del primer sorbo.

Ciertamente aquel sabor no era de su gusto. Lo había probado de niño e ignorado durante toda su vida. Pero mientras sentía el ardor en su esófago, de pronto consideró que aquel dulzor no solo era soportable, sino que parecía agradable considerando el frio ambiental.

Los minutos pasaron en absoluto silencio. Ambos con sus espaldas apoyadas en la tienda, compartiendo el dulzor adictivo de aquella taza caliente.

- Sobre el entrenamiento…- susurró la chica luego de considerar seriamente sus pensamientos.

- No lo hice para ganar tiempo – soltó Sasuke comprendiendo las intenciones en la mujer.

La pelirosa asintió liberando una sonrisa de satisfacción mientras giraba su rostro para presenciar la blanca tez del muchacho relucir en conjunto con la nieve posada bajo sus pies.

Poder evadir las sensaciones que se apoderaban de su cuerpo era una tarea constante, más cuando se trataba de aquellas agradables contracciones destinadas a instalarse en algún espacio visceral; dentro de aquella tienda Naruto y su amiga mantenían algún tipo de intimidad que ella podía asegurar, desconocía absolutamente. Su rostro se coloreo de un rojo escarlata ante las ideas en su mente.

El sonido que los devolvió a la realidad fue sin duda la voz de Naruto aclarando su garganta ante su propia interrupción.

- ¿Muy congelados? – cuestionó frotando su nuca en un intento por ocultar la rojez sobre su rostro.

Sasuke lo observó sin perturbaciones antes de entrar en la tienda a pasos seguros.

- Al menos más que ustedes – comentó Sakura adentrándose en la tienda junto al pelinegro.

La risa del rubio resonó en sus oídos en conjunto con la cómplice mirada que los hombres se dedicaron el instante en que la incomodidad se dispersó dando paso al calor en sus cuerpos.

- Hinata se marchará al amanecer y luego podremos continuar hacia la Aldea del sonido – soltó el Uzumaki sin dar espacio a interrogantes.

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Rodearon la ciudad durante lo que pareció una hora. Hastiados ante el desorden en que se había convertido la aldea, no les extraño que Sasuke los dirigiera hacia un lugar alejado entre los arbustos.

- Descansaremos aquí – soltó el Uchiha levantando unos arbustos junto a un árbol.

La sorpresa de los jóvenes casi desencaja sus mandíbulas cuando tras el matorral unas escaleras indicaban el oscuro camino hacia las profundidades.

- Esto explica por qué tardamos tanto en localizarte – comentó el rubio entre dientes.

Asombrados por las paredes bien conservadas, Sasuke encendió una de las antorchas en la pared para guiar de mejor manera su camino.

- La última vez que estuve en una de estas guaridas recuerdo la cantidad de caminos … - susurró la muchacha mientras un sudor frio descendía por su espina.

Sasuke la observó de reojo mientras se introducían en un pasillo cubierto de polvo.

- ¿Estamos solos? – cuestionó la pelirosa en un susurró ante el sonido de un movimiento lejano que llegó a sus oídos en un eco tenue pero amenazante.

- Probablemente no, esta guarida es una de las más difíciles de hallar pero hay quiénes pueden haber permanecido viviendo aquí– respondió el pelinegro analizando el espacio.

- Elijo esta habitación – exclamó el rubio tras hurguetear tras las puertas en el pacillo.

Sakura entornó los ojos mientras curioseaba entre las puertas cerradas. Decidió que el mejor lugar para pernoctar era un cuarto con una cama extrañamente en perfecto estado.

- Antes de dormir sería bueno planear nuestros próximos movimientos – comunicó la mujer cerrando la puerta hacia su momentáneo cuarto.

Sasuke extendió sobre el suelo el mapa que traía consigo entre sus ropas. Iluminado con una antorcha sujetada por Naruto, los tres se inclinaron para analizar su posición entre las aldeas.

- Creo que estamos cerca – comentó el rubio concentrándose en la energía natural a su alrededor.

El pelinegro asintió ante aquella observación.

- Esta guarida está construida sobre laberintos naturales, forjados por chakra expelido desde el centro de la tierra. – agregó parsimonioso.

- ¿Qué tanta energía podría ser capaz de forjar laberintos hacia el exterior? -cuestionó Sakura sopesando lo escuchado.

- Orochimaru intentó extraer la energía – habló nuevamente el Uchiha- Todos quienes intentaran atravesar los túneles… desaparecían.

- ¿No iremos allí? ¿verdad? – alzó la voz Naruto preocupado ante el avance de aquellas ideas.

El silencio invadió el espacio entre los tres.

- Deben estar bromeando – agregó el rubio con ambas manos sobre su cabello.

Sakura señaló en el mapa las aldeas vecinas que pudiesen estar conectadas con aquella energía.

- Si no hacemos esto entonces nuevamente estaremos sin saber cómo avanzar. – comentó la muchacha apenada- Podríamos seguir estos túneles… hacía algún lugar nos deben llevar.

- Es el centro de la tierra – habló nuevamente el Uzumaki.

- Esta vez estamos tres ¿no? Podemos hacer esto – exclamó la muchacha empuñando ambas manos- Orochimaru no contaba con un equipo como el nuestro – sus palabras retumbaron en las paredes a su alrededor.

- Sakura tiene razón – alzó la voz el pelinegro luego de meditar aquellas opciones- No es necesario llegar hacia el centro de la tierra, basta con hallar alguna pista de los Otsutsuki.

- ¿Y si no encontramos nada? –cuestionó la muchacha consternada ante el posible desenlace.

- Es lo que debemos hacer– soltó Naruto irguiéndose nuevamente. Esta vez con la mirada fija en la proyección de sus ambiciones; Aunque arriesgase la vida, en aquella misión peligraban asuntos más importantes.

Los tres se observaron con la duda integra en sus pupilas. Demasiadas inseguridades ante el polvo bajo sus pies.

Aquel territorio estaba completamente forjado sobre misterios.

Sasuke guardó el mapa entre sus ropas y sin más preámbulos todos asintieron antes de girarse hacia sus respectivas habitaciones. Por esa noche lo mejor era descansar, aunque probablemente ninguno pudiera conciliar el sueño.

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Se recostaron cada uno en su habitación. Considerándose de alguna forma afortunados por su estadía bajo un techo cálido.

Sakura, nerviosa ante el flujo de sus corazonadas, salió sigilosa desde su momentánea habitación. Observó su alrededor apoyando la coronilla en su puerta designada; demasiados pensamientos en su mente luchaban entre sí por salir disparados desde su boca; Cuestionó en sus adentros como el pelinegro había sido capaz de vivir tantos años oculto entre aquellos dominios. Aquella alucinación le entregaba una visión más clara de los significados que el hombre otorgaba a su existencia misma.

Se cuestionó duramente la primera vez que ofreció su compañía para un viaje de redención en el que ciertamente no tenía nada que hacer allí. No había estado preparada. No lo estaba antes y posiblemente tampoco lo estaba en aquel momento.

Caminó hacia la habitación de su amigo, cuidando que sus talones chocaran suavemente con el suelo. Naruto existía en su mente como el símbolo de lo que significaba un compañero. Considerando aquello, claramente habían muchos aspectos a los que nunca les había brindado demasiada importancia, aspectos que de vez en cuando golpeaban en su cara como un recordatorio de los años sobre su cuerpo. Años en los que ella, como la egoísta persona en que a veces se convertía, había ignorado asuntos importantes en la historia del joven rubio.

Más puntualmente no quería imaginar las horas que pasaron Hinata y Naruto encerrados entre las telas; un sentimiento extraño se apoderaba de sus emociones ¿celos? ¿Envidia? Acaso Naruto, así como el resto de sus compañeros, ¿había avanzado en la vida hacia un espacio que ella había decidido ignorar? Las controversias en su mente bailaban en azotes hacia su corazón mientras su mano empuñando el pomo de la puerta le indicaba la cruda realidad en que se encontraba.

En lugares como aquellos jamás encontraría correspondencia. Si su vida continuaba en el vaivén de tareas que significaba ser la sucesora de Tsunade, entonces probablemente su destino se tornaría similar al de su mentora ¿acaso Tsunade era feliz? ¿Cuáles habían sido las decisiones en su vida que ahora la mantenían llegando a una casa solitaria?

"La juventud a veces eterna, solo se trata de un lapsus más efímero de lo imaginado" Había dicho su maestra más de alguna vez. Y ella, como la muchacha que había sido, siempre había escucho aquello como la palabrería innecesaria dentro de un entrenamiento.

Pero dentro de pocos meses cumpliría 20 años.

20 años parecía colosal.

Si acaso lograba cruzar el umbral hacia el rubio no existía un tema de conversación en su mente en el cual no cuestionara a su amigo sobre la intensidad de su relación amorosa, por alguna razón necesitaba conocer los detalles, o tal vez solo intuirlos, leer del rostro de Naruto todo lo que albergara en sus vivencias. ¿Importaba acaso? ¿por qué en su mente albergaba todas esas circunstancias cuando había pasado una noche abrazada el pelinegro? Porque aunque las circunstancias congeladas lo hubiesen incitado, no podía obviar su íntima interacción, los vistazos efímeros, el tacto del muchacho sobre su piel y por supuesto la confianza transmitida entre sus miradas en lo que parecía un segundo de complicidad.

Pero no. Todo aquello no producía expectativas, ni mucho menos lograba alzar la llama del afecto. Probablemente tras lo vivido, la niña de ilusiones simples yacía olvidada en lo profundo de su infancia.

Abrió la puerta hacia la habitación de Naruto, con su labio inferior entre sus dientes y por alguna razón las palmas sudorosas. Sin embargo, al adentrarse únicamente descubrió al Uzumaki profundamente dormido con sus extremidades colgando sosamente por los bordes de la cama.

Naruto parecía dormir como si el mundo no estuviera en crisis.

Cerró la puerta lentamente sin emitir ruido alguno. Pensando en que aquella noche definitivamente sería más larga de lo imaginado. Aquel lugar era un repelente para toda la paz en su interior y sabía que el único capaz de calmar aquella ansiedad era su risueño compañero.

Caminó de regreso a su habitación, deteniéndose temerosa ante la puerta de su pelinegro compañero.

Cuántas veces una mujer necesita ser rechazada para comprender que allí no es su lugar; Por más amistosa que se pueda haber tornado su relación, Sasuke no era un hombre con el cual podría pasar el rato sin que su rostro se tornara ardiente por una simple mirada. Pero no, aquello no era una sensación ni cercana al amor. Tras los últimos acontecimientos podía determinar aquel efecto como una atracción física muy difícil de obviar.

Entornó su camino de regreso a su cama, con las uñas clavadas en su palma y los labios fruncidos ante la idea que recientemente había cruzado su imaginación. La atracción física podía llegar a ser mutua, y aquello convertía sus intenciones en un peligro perpetuo. Después de todo, aún mantenía en su retina la mirada fija del azabache sobre su cuerpo semi desnudo durante aquel encuentro en las duchas.

El sonido de una puerta abriéndose provocó una contracción súbita en su estómago. Apretó los ojos entendiendo que bajo aquellos pensamientos afrontar a Sasuke era básicamente exponer lo carnal de sus intenciones; se giró para observarlo respirar contrariado, sin realmente palabras en sus labios.

El Uchiha era un hombre conciso. Pero aún en la brevedad de sus palabras parecía expresar más de lo que incluso sus intenciones podían asimilar. Y más cuando en aquel momento sus intenciones estaban enmarañadas en un nudo de argumentos y acciones involuntarias.

No podía dormir, como era costumbre. Pero tenía ciertos pensamientos en su mente que lejos de doblegar su voluntad lo mantenían inquieto; podía cerrar los ojos mil veces y allí estaba el rostro de la Sakura con el agua goteante sobre sus hombros. Podía cerrar los ojos otras mil veces y allí estaba ella la noche anterior con respiros congelados inundando el espacio silencioso entre sus cuerpos; Obsesivo, como a veces se comportaba, quitarla de sus pensamientos era aún más difícil que mantener su cuerpo quieto sobre la cama.

Por eso, cuando escuchó aquellas pisadas suaves recorrer el pasillo entre sus cuartos, no determinó exactamente el instante en el que decidió recorrer el trazo hacia la chica.

El muchacho abrió los ojos delatando su inexperiencia. Y con claras señales de desvelo, el cabello revuelto y la respiración alterada, se detuvo estático observando a la chica removerse en las mismas condiciones que él.

- No puedo dormir… – Susurró Sakura dejando caer ambas manos a sus costados- supongo que no soy la única.

-Si...- El chico condescendió en un bufido de insatisfacción ante su propio trasnoche.

- Hace frio esta noche – agregó la mujer comprendiendo la tensión tácita entre sus personas- ¿Tienes algo de parafina? – cuestionó en lo que ciertamente era una verdad.

El muchacho asintió abriendo la puerta de su habitación mientras la saliva nuevamente se acumulaba en su garganta.

Sakura acortó el espacio entre sus cuerpos adentrándose lentamente en el cuarto.

La cocinilla encendida sobre el suelo invadió con su calor toda la extensión de su anatomía. Como un remesón, el ardor acumulado sobre su rostro se dispersó a lo largo de sus extremidades.

- Sasuke –lo llamó girándose para observar al muchacho cerrar la puerta tras sus espaldas- ¿vivías regularmente en lugares como éste?

La turbación en el Uchiha duró un par de segundos.

- A veces – respondió sin intenciones de sonar cortante- ¿Te asusta?

Sakura bajó la mirada avergonzada ante su propia transparencia.

- No tanto en este momento – soltó afrontando en sus pupilas el ónix brillante.

El muchacho sonrió apaciguando los nervios en la muchacha y totalmente en contraste con el temor oculto en su interior.

El corazón de la chica se contrajo ante aquella simple sonrisa, y en un acto de torpeza retrocedió quemándose ante el contacto con la cocinilla; Su cuerpo saltó lejos chocando de espaldas con el torso del muchacho.

El respingo que aquel acto produjo en ambos la obligó a voltear para confrontarlo ante su propia ineptitud.

- Lo siento – soltó avergonzada.

- ¿estás bien? – cuestionó el chico tomándola desde el ante brazo para exponer la parte de su pierna chamuscada por el fuego.

-No ha sido nada - se apresuró a responder mientras ahogaba el ardor de aquella quemadura.

El Uchiha aclaró su garganta ante la cercanía entre sus cuerpos.

- ¿Lo puedes curar? – cuestionó nuevamente sin intenciones de abandonar aquella lesión mientras examinaba lo ocurrido con el ceño fruncido en desasosiego.

La chica asintió enternecida ante su preocupación.

- Quiero saber más sobre tu paso por este lugar –soltó la muchacha dando por finalizado su incidente y con ello, intentando evitar el nerviosismo creciente en sus acciones.

- ¿Por qué te importa… – preguntó para sí mismo, sin embargo, lo verbalizó en una fragmentación de su propia intimidad.

- Quiero saber lo que desconozco en tu vida. – expresó la pelirosa en un acto de absoluta valentía, logrando la completa atención del Uchiha.

Sasuke retrocedió en un intento por ocultar nuevamente sus secretos. Pero fue una mano sobre su pecho lo que evitó la división entre la estreches de sus cuerpos.

- No me mal interpretes -agregó la chica desviando la mirada- Hay obsesiones dañinas, que te sumergen – explicó afrontando nuevamente los ojos sobre su rostro- Desde hace mucho tiempo ya no estoy obsesionada contigo, Sasuke –confesó comprendiendo que aquel era el sentimiento que estuvo atorado en sus entrañas durante gran parte de aquel viaje.

La expresión en el muchacho se transformó en un ejemplo de atolondramiento. Los pensamientos enmarañados en su mente desataron la nulidad en sus palabras.

De alguna forma aquella frase tranquilizaba el miedo en su interior.

Él no era la clase de hombre por el cual una mujer como Sakura debía obsesionarse.

Pero también avergonzaba sus últimos momentos en solitario. Instantes en los que difícilmente podía quitar los orbes jade del perímetro en sus pensamientos. Él sí había descubierto recientemente cierta obsesión en todo aquello.

- Bien –Mintió guturalmente cuando al fin pudo recobrar la voz, provocando una remoción obscura en la muchacha; su cabeza asintiendo conforme comprendía las palabras expresadas por la Kunoichi, fue el tránsito que necesitaban para calmar sus temores.

La analizó desde su altura, consciente del vaivén en su pecho ante la agitación de su respiración. Sakura parecía en las mismas condiciones. Con las mejillas coloreadas y las manos firmemente apoyadas sobre su torso en un contacto extrapolado a todos los extremos de su cuerpo; sus ojos abiertos en expectación descendieron a través de las facciones de su compañera para posarse sobre el límite superior de sus labios.

La fuerza que lo incitaba a inclinarse sobre la chica, era demasiado difícil de sostener. Y en un instante de fluidez, se halló a sí mismo a tan solo un centímetro de la muchacha; Las delicadas manos elevadas sobre su torso, subieron para posarse en el límite de su mandíbula, únicamente logrando destensar los frenos a sus instintos.

Y a diferencia de todos los momentos en su vida, no visualizó realmente sus actos en una ignorancia absolutamente voluntaria.

Se alzó completamente sobre la mujer uniendo sus labios entre la torpeza del ímpetu y la exaltación naciente del caos en su estómago. En un impulso, que ya no podía contener por mucho tiempo oculto en su interior sin comprometer gran parte de su cordura.

Ser correspondido fue sin dudas, el resultado que esperaba para posicionar su mano sobre el cuello de la muchacha, atrayéndola bruscamente contra su cuerpo sin intenciones de separar aquella intimidad.

Sus dientes chocando torpemente en instantes efímeros que no opacaban el placer de su autodescubriento, marcaron un ritmo al que fácilmente pudieron acostumbrarse. Más cuando separarse significaría afrontar el duro espacio entre sus miradas.

Cuando sus respiraciones comenzaron a hiperventilar en busca de una inhalación profunda, se alejaron levemente sin ánimos por soltar el agarre bajo sus manos; Sasuke incapaz de elevar la vista producto de la inconsciencia en sus acciones, unió sus frentes para ocultar la turbación que comenzaba a inundar su cuerpo. No alcanzó a desatar la culpa cuando le muchacha nuevamente unió sus labios sin planes de permitirle parar tan fácilmente.

Quería más.

Ambos necesitaban más.

Pero era demasiado. La explosión en su vientre era demasiada como para no invadir todos los rastros de razón en sus pensamientos. Fue en un instante de delirio cuando las manos de Sakura descendieron para recorrer el amplio espacio en el torso bajo sus yemas. Había querido tocarlo desde aquella tarde en los vestidores. Había necesitado sentirlo desde aquella cena fallida.

Sasuke, abandonado de la parsimonia en sus acciones. Sintió su cabeza arder ante el contacto sobre su piel. El ardor bajo su camisa necesitaba liberar por completo su cuerpo de aquellas telas; y como si la muchacha lo hubiese escuchado, tironeo de las prendas superiores hasta deshacerse de ellas sin intenciones por detener su cometido.

No sabía cómo hacerlo, pero la chica parecía guiar fácilmente las circunstancias, y aquella confianza brindada por la seguridad de la mutua satisfacción, lo animó a posicionar su mano en la cintura de la pelirosa, rosando la piel bajo la tela mientras su pulgar buscaba un espacio que le permitiera adentrarse para sentir la suavidad que imaginó reiteradas veces en sus pensamientos.

Fue la mirada que ambos se dedicaron tras aquel frenesí lo que lejos de entorpecer su camino, lo tentó a seguir buscando un espacio entre las ropas mientras evidenciaba los ojos de la muchacha encendidos en un fuego desconocido.

Deseó quemarse por completo.

Se inclinó nuevamente sobre la chica para continuar con su tarea, sin embargo, el sonido de una explosión proveniente del pasillo, los separó rápidamente entre inhalaciones entrecortadas y ropas desordenadas; Sasuke cubrió a la muchacha de los estruendos que siguieron al primer estallido y mientras aun exaltado recogía su prenda superior para posicionarla nuevamente en su lugar, se detuvo un instante para observar nuevamente a la muchacha.

Respiró profundamente mientras su ceño se torcía en desosiego.

- Espera aquí – ordenó antes de incorporarse hacia el origen de aquel suceso.

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escríbanme que tal, realmente dan ganas de continuar escribiendo cuando uno lee mensajitos. (todos, hasta las criticas)

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