Un Juego Contra el Destino

Cero días desde la Última Muerte (Nueve Muertes)

Durante el ciclo de muerte actual, Subaru ya había muerto cuatro veces, y no estaba dispuesto a sumar una quinta. Consideraba que ya poseía la información necesaria para resolverlo sin necesidad de hacerlo, así que, apegándose a la promesa que le había hecho a Anastasia, lucharía por seguir con vida hasta el final; y lo lograría.

Primero murió de una manera patética, incapaz de poder hacer algo para evitarla. Después de regresar, intentó escapar a la sede de la Compañía Hoshin, donde esperaba reunirse con Mimi y Tivey, pero su asesina lo encontró. Sin embargo, un desconocido que lo había ayudado a ponerse en pie solo minutos atrás, lo siguió y terminó convirtiéndose en la antorcha con la capacidad de iluminar su camino hacia la salida de esa tragedia.

A pesar de la aparición del desconocido, Subaru pereció en manos de una afligida Mimi. Tras esa muerte, Subaru decidió buscar a aquel buen samaritano que había alargado su vida sin pedir nada a cambio, sin embargo la búsqueda no dio frutos… No, se podría decir que sí los dio, pero el fruto que obtuvo resultó completamente amargo.

En una patética muestra de autopreservación, Subaru usó a los civiles reunidos en la avenida principal del área metropolitana como escudos humanos, terminando así bañado en sus restos. Al final, su inútil búsqueda de alargar su vida a costa de la de otros, lo llevó a morir desangrado y cubierto por lo que en vida había sido la niña que lo defendió hasta sucumbir.

Habiendo reunido bastante información, Subaru regresó a la vida y logró dar con la ubicación de aquel que lo había ayudado desinteresadamente. Halibel, el mejor guerrero de Kararagi, era la pieza que necesitaba en su lado del tablero para poder ganar así ese descorazonador juego contra el destino. Aun así, su falta de ingenio, agallas y carácter bastaron para llevarlo a una muerte más. Una muerte casi tan patética como la primera, en la que ni siquiera pudo voltearse antes de perder la cabeza.

Y ahora que volvía a tener casi todas las piezas en el tablero, el juego se había reanudado; una vez llegara Mimi, estaría listo para declarar el jaque. Subaru, con toda la información que había reunido a lo largo de sus cuatro fracasos anteriores, estaba decidido a acabar con ese ciclo de muerte, su tercero, sin morir una vez más. De momento, solo tenía que asegurarse de mantenerse con vida y de prevenir a Halibel en caso de que notara que la atacante, supuestamente el Gran Espíritu Zarestia, estuviera por realizar alguno de sus ataques más letales...

El Shinobi intercambió ataques con la terrible entidad, rechazando, disipando y desviando sus ataques de viento con nada más que sus kunais de manufactura japonesa; o en el caso de ese mundo, manufactura de Kararagi. Halibel se encontraba, notoriamente, en un nivel de habilidad igual, sino superior, al de Zarestia. A simple vista, se podía determinar que él era un hombre de gran experiencia y talento natural; algo que incluso el poco versado en batalla Natsuki Subaru podía notar.

Sin embargo, por muy buen combatiente que fuera Halibel, su estilo de batalla, el de un Shinobi, definitivamente no era el más acorde al combate cuerpo a cuerpo. Al igual que los ninjas del mundo de Subaru, Halibel era un guerrero sigiloso, enfocado en técnicas de asesinato, que no paraba de buscar formas con las cuales escabullirse tras su enemigo para apuñalarlo en la espalda.

Desapareciendo y reapareciendo gracias a su inhumana velocidad y agilidad, Halibel siguió buscando la manera de colocarse a espaldas de su contrincante. Con un kunai en cada mano, Halibel siguió haciéndole frente a la mujer enloquecida por el odio y la sed de sangre. Esquivando una ráfaga de viento que bien pudo haberlo partido en dos desde la cintura, Halibel saltó hacia arriba y entonces cayó ágilmente al costado de Zarestia.

Girando sobre sí mismo, Halibel empujó uno de sus brazos en dirección del abdomen de la entidad hostil, que no paraba de buscar a su objetivo con la mirada. Refunfuñando frustrada, ella emitió una potente ráfaga de viento desde su cuerpo. Ésta ocasión no se trataba de un ciclón de viento afilado, sino que de una potente masa de aire que empujó lejos a Halibel. Habiéndose quitado de encima al molesto individuo, Zarestia saltó hacia Subaru.

"¡Maldita zorra, déjame en paz!" Irritado, Subaru vociferó mientras se alejaba de Zarestia y Halibel.

Deslizándose por la acera, Subaru buscó refugio detrás de un carruaje que se encontraba parqueado a varios metros del área de combate. Él había tenido dicho carruaje a la vista desde hacía un par de minutos, esperando el momento en que Zarestia volviera a arremeter contra él, para entonces utilizarlo como refugio de un solo uso.

Así se había estado desenvolviendo el combate por varios minutos ya. Halibel buscando la manera de causarle daño a Zarestia, Zarestia buscando la oportunidad para sofocar la vida de Subaru, y Subaru buscando la manera de alargar su vida mediante una huida que parecía no tener fin. Siempre con la vista en el siguiente objeto con el cual cubrirse, Subaru corrió, se deslizó y saltó fuera del rango de impacto del viento afilado.

Lo que hasta hace un segundo había sido un hermoso carruaje de madera, ahora había sido explotado por la fuerza del viento y reducido a millones de astillas que se dispersaron por toda la calle. Subaru, que había saltado solo unos milisegundos antes de que el ataque impactara contra el carruaje, liberó un gutural gruñido de dolor.

"¡Aaaaarghhhhh! ¡Maldición!" Había logrado evitado entrar en contacto con alguna de las corrientes de aire asesino; sin embargo, no había evitado las secuelas del ataque. Como si de miles de proyectiles en forma de aguja se trataran, las astillas de madera habían llovido por toda esa zona de la calle, inevitablemente impactando contra la persona más cercana a la explosión de aire. "Mierda…"

Forzándose a ponerse en pie de nuevo, Subaru se quejó mientras volvió a alejarse del área de combate, arrastrando sus pies. ¡¿Por qué no lo consideré?! Gritó Subaru hacia sus adentros, mientras se forzaba a seguir avanzando. Hasta ahora, no le había sucedido nada similar, puesto que la estructura de los puestos de venta no había resultado tan amplia y densa como para explotar en miles de proyectiles en miniatura.

Y no solo eso… Hasta ahora, durante ese bucle, Zarestia no había atacado con tanta intensidad. Conforme se elevaba su frustración, su deseo de acabar con él también lo hacía. Eso es algo que ya había teorizado, pero ahora no había forma de refutarlo... La combinación de una estructura muy densa y un ataque de gran poder explosivo, había causado que ahora su cuerpo estuviera lleno de pequeñas heridas que no dejaban de escocerle.

Su cuello, brazos, espalda, muslos y piernas estaban cubiertos por miles de astillas que le dificultaban moverse. La desesperante necesidad de sacarlas no lo dejaba pensar con claridad, y su cuerpo cada vez se teñía más de un tono rojizo, por la sangre que fluía a cuenta gotas de la pequeñas heridas. Había cometido el primer error, y éste le había salido extremadamente caro.

Aun así, no podía dejarse vencer por el dolor, tenía que colocarlo en la parte trasera de su mente y esforzarse por no prestarle atención hasta que pudiera recibir alguna clase de tratamiento. Aun así, la ansiedad y el escozor pudieron con él, porque inevitablemente comenzó a sacar las astillas clavadas una por una, con la punta de sus uñas. No obstante, lo hizo sin mover las mangas de su camisa, por lo apenas logró remover las astillas que sobresalían de la tela.

La incomodidad y el dolor estaban comenzando a carcomer la determinación que había labrado desde que regresó de la muerte. Por más que se esforzaba por ignorar las astillas que decoraban la parte trasera de su cuerpo con el brillo de cientos de gotas de sangre, la tarea estaba probando ser más difícil de lo que había creído. Solo son astillas y nada más, repitió dentro de su cabeza, forzándose a sí mismo a cumplir con lo que se había propuesto; si no lo hacía, era posible que volviera a fallar.

"¡Muere, muere, muere, muere! ¡Muere, muere, muere, muere! ¡Muere, muere, muere, muere! ¡Muere, muere, muere, muere! ¡Muere, muere, muere, muere! ¡Muere, muere, muere, muere! ¡Muere, muere, muere, muere! ¡Muere, muere, muere, muere!" Con esa frase siendo repetida una y otra vez a solo metros de él, Subaru supo que debía de hacer. Movido solo por instinto, se impulsó hacia un costado, evitando por extremadamente poco la ventisca mortal.

"¡Mierda! ¡Déjame tranquilo por solo un momento, perra molesta!" Arremetiendo verbalmente contra la atacante, Subaru comenzó a ser absorbido por la ira que había estado ardido sin parar dentro de su pecho. Con su determinación medio-carcomida por el dolor y la desesperación, la ira fue lo único que le quedó para seguir luchando.

Sintiéndose como si miles de insectos lo estuvieran picando y mordisqueando a la vez, Subaru sintió la necesidad de liberar un aullido de agonía. No era un dolor ardiente como el que sufrió a manos de Elsa… No era un dolor agudo como el que sufrió a causa de las mandíbulas de las mabestias… Se trataba de un dolor desesperante y enloquecedor, que constantemente carcomía su concentración, impidiéndole pensar correctamente. Increíblemente enardecido y al borde de perderse a sí mismo en la ira, Subaru cayó al suelo.

Había logrado evitar el embate de la entidad que no paraba de perseguirle, pero en el proceso las astillas que habían cubierto sus brazos se clavaron todavía más en su carne, causando que un torrente de dolor chocara con su cerebro. Naufragado en un mar de sufrimiento, desesperación e ira, Subaru intentó nadar hacia la costa, pero no había ninguna a la vista. Estaba perdido, perdido dentro de su propia mente.

Con su razón entumecida, Subaru se levantó del suelo guiado solo por el instinto de supervivencia. Gruñendo, Subaru miró hacia el campo de batalla y pudo ver que Halibel estaba ocupado desviando los ataques de viento de Zarestia. Fue entonces que, desesperado por encontrar una manera de seguir viviendo, se acercó rápidamente al campo de batalla.

"¡Halibel!" Con una voz ahogada por la ira y la frustración, Subaru llamó al guerrero Shinobi. "¡Lánzale tu botella de sake!" Halibel, que había logrado alejarse de otra ráfaga de ataques, lo miró directamente a los ojos.

Subaru, o al menos la esencia del Subaru que había conocido, no se hallaba del todo en su mirada. Como si su cuerpo hubiera sido poseído por algo dentro de sí mismo, Subaru una vez más estaba siendo movido exclusivamente por el ardiente deseo de venganza y la necesidad básica de seguir viviendo. Con la ira ardiendo a tal intensidad que sus entrañas estaban al borde de carbonizarse, Subaru le dirigió a su compañero una mirada de severidad.

"Como digas…" Exhalando humo por su nariz y hocico, Halibel decidió hacer caso a la palabra de Subaru; después de todo, el chico había visto el futuro…

Subaru no había olvidado la utilidad del uso de las bebidas alcohólicas. Si estaba en lo correcto, el olor a licor bastaría para petrificar a Zarestia, así que definitivamente era algo que valía la pena aprovechar. No obstante, se había abstenido de hacerlo debido a que también existía la posibilidad de que, mal utilizado, simplemente condujera al escape de Zarestia.

Aun así, Subaru ya no estaba dispuesto a esperar. Con la frustración y la ira apoderándose de su ser, llegó a la conclusión de que lo mejor era dejar de perder tiempo y utilizar la mejor arma que poseía. El único problema era que Mimi aún no había llegado, pero Subaru, en la condición en la que se encontraba, era física y mentalmente incapaz de esperar más; ese era el precio de su estúpido error de cálculo.

Movido por la sed de venganza, la ira y el instinto de supervivencia, Subaru observó como Halibel rodeó a Zarestia y se preparó para lanzar la botella de sake que llevaba en su kimono. En esta ocasión, Subaru no lo había visto con dicha botella, sin embargo, sí lo había hecho durante el bucle anterior, y estaba seguro de que eso no había cambiado. Acorde con la suposición de Subaru, Halibel sacó de su kimono la botella, reemplazando un kunai por ella.

"¡Muere! ¡Muere! ¡Muere!" Sin embargo, Subaru no previó que Zarestia reaccionaría ante la sola imagen de la botella de vidrio.

De hecho, ahora que lo pensaba con más claridad, las dos ocasiones en que Zarestia fue afectada por la presencia de las bebidas alcohólicas, ella había sido tomada por sorpresa. Ahora que había visto a Halibel sacar la botella, cuyo contenido visiblemente brillaba ante los rayos del Sol de medio día, había tenido la oportunidad de reaccionar. Con un chillido de ira, Zarestia llevó sus manos a su rostro y entonces… Subaru lo notó.

"¡Halibel, ella va a rodearse de un domo de viento! ¡Si eso te toca, incluso tú vas a terminar lastimado!" La diferencia de tiempo entre su advertencia y la aparición del domo de viento fue de menos de un segundo. Y aún bajo esa situación en su contra, Halibel fue capaz de evitar el ataque.

¿Cómo? Utilizando la técnica que durante todos los bucles se mostró más reacio a utilizar, pero de una manera en que Subaru no había visto hasta ese momento. Un clon señuelo, o clon de reemplazo, esa sería la mejor forma de definirlo. Cambiando de lugar con uno de sus clones, Halibel desapareció para reaparecer a varios metros de Zarestia, donde no sería afectado por el domo de aire.

El clon sombra, como era de esperarse, fue consumido por el filoso ciclón, dejando atrás no más que una nube de humo y cenizas. Halibel se había librado del ataque sin recibir daño alguno. Y Subaru, gracias a que la ira estaba entumeciendo su cuerpo y mente, irónicamente, estaba comenzando a pensar con más claridad. Logrando finalmente dejar el dolor de las astillas clavadas en su carne en un segundo plano, Subaru observó a Zarestia.

"¿Qué crees que debería hacer ahora? ¿Le lanzo la botella aún con ese domo de viento rodeándola?" La pregunta provino de Halibel, que se había acercado a él para ver qué opinaba sobre el combate. Esa era la primera vez que lo hacía en todo el ciclo de muertes, lo que demostraba que Subaru finalmente había tomado una decisión correcta.

"No…" Subaru deseaba deshacerse de Zarestia, o quien demonios fuera, lo más rápidamente posible; sobre todo si eso apuraba el tratamiento de sus heridas.

Sin embargo, ahora que Zarestia tenía el domo de viento a su alrededor, no podía apurar las cosas, o la botella se quebraría demasiado lejos de ella, lo que impediría que el efecto de parálisis fuera lo suficientemente efectivo. Entre más cerca mejor, eso es lo que había notado. Si la botella no caía directamente sobre Zarestia, ella bien podría terminar escapando, lo que significaría el fracaso. Sintiendo como la ira y la frustración lo carcomían, Subaru rascó involuntariamente sus brazos.

"Oye, Subaru, ¿estás bien? Tienes toda la ropa empapada de sangre, no crees que deberías arrancarte las mangas de la camisa y…" Antes de que Halibel pudiera terminar, Subaru sacudió su cabeza.

"¡No!" Subaru, percatándose de que se había alterado de más, respiró hondo y le medio explicó a un desconcertado Halibel la razón de su negación. "Mientras esté consciente, lo mejor sería no mover las mangas de mis brazos."

Por la severidad que presentó la voz de Subaru, Halibel comprendió inmediatamente que no era un tema abierto a debate. Por lo que decidió dejarlo de lado y enfocarse en acabar cuanto antes con la poderosa mujer que, sin duda, calzaba con la descripción de Zarestia; justo como había dicho el chico.

Halibel, notando que Subaru parecía haberse sumido de nuevo en sus pensamientos, miró fijamente hacia Zarestia, cuya mirada estaba posada no sobre Subaru, sino que la botella en su mano. Aparentemente, eso estaba evitando, de momento, que ella se abalanzara sobre ellos como había hecho antes. Por lo tanto, tenía dos opciones: o mantenía el punto muerto, o la atacaba y reanudaba el combate.

Por un momento consideró preguntarle a Subaru, pero al final decidió no hacerlo. Halibel era un guerrero experimentado, y sabía que lo mejor que podía hacer durante esa situación, era mantener el impasse lo más posible. No obstante, habría sido todo lo contrario de no existir ese domo de viento que rodeaba a Zarestia. Al final decidió prepararse para la reanudación del combate en silencio.

Pasaron los segundos y nadie había movido tan siquiera un dedo, aun así, la tensión en el aire había incrementado consecuentemente. Zarestia, que de nuevo tenía su mirada fija en Subaru, parecía a punto de perder por completo la compostura. La botella de sake la estaba manteniendo a raya, pero eso no seguiría así por mucho más tiempo. Y eso probó ser cierto más temprano que tarde, puesto que Zarestia destruyó el estancamiento lanzando un frenético ataque de viento en dirección de ambos.

¡Shin! Fue el sonido que produjo su kunai al rebanar la corriente de aire, despojándola de su letal impulso. Rechazando hechizo tras hechizo con su increíble velocidad, Halibel se encargó de proteger al chico de prometedor futuro. Con su mirada siempre al frente, Halibel se mantuvo a una distancia segura mientras buscaba la manera de hacer retroceder a Zarestia sin alejarse demasiado de Subaru.

Hmm… Debería usarlo ahora; pensó Halibel, refiriéndose a su técnica de clonación Shinobi. Apretando el mango de sus dos kunais, Halibel se dispuso a utilizar la técnica, pero fue detenido por una mano que lo tomó del brazo. Se trataba de Subaru, que había abandonado su puesto dentro de la relativa y frágil seguridad de la retaguardia. Con un movimiento de su barbilla, Halibel le indicó a Subaru que le dijera lo que tenía que decir.

"Quiero probar algo. ¿Podrías distraerla?" Subaru realizó esa pregunta, mientras señalaba a la enloquecida Zarestia, que había detenido temporalmente sus ataques para observar cuidadosamente el cambio ocurrido dentro de las líneas de combate de sus enemigos.

"¿Hmm? ¿No es acaso eso lo que he estado haciendo?" Preguntó de vuelta Halibel, socarronamente.

"En ese caso… Solo sigue haciéndolo. Si lo que quiero probar funciona, Zarestia enloquecerá y querrá atacarme con todo lo que tiene; pero a cambio terminaré vomitando sangre." Como si estuviera hablando de algo sin importancia, Subaru reveló su plan a Halibel.

"¡Espera, espera! ¡¿Qué demonios piensas hacer, chico?! ¡¿Vomitar sangre?! ¡¿Y qué eso de que harás que Zarestia enloquezca?! ¡A mí me parece que ya está bastante enloquecida! ¿Así que, qué ganamos con eso?" Halibel, perdiendo su casual calma por primera vez desde que Subaru se lo encontró en el callejón, lo cuestionó sobre éste susodicho plan suyo.

"No tenemos tiempo que perder. La última pieza del tablero debería de estar por unírsenos, pero es posible que podamos terminar el juego antes."

"¿Pieza del tablero? ¿Juego? ¿De qué hablas…?" Desconcertado, Halibel miró la cara de Subaru de soslayo, mientras se aseguraba de que el ente hostil que tenía al frente no los atacara.

"¿De que hablo…?" Visiblemente consternado, Subaru se hizo esa pregunta; como si el mismo no lo entendiera. Sin embargo, tras un instante de mediación, sacudió la cabeza y observó de nuevo el perfil del rostro de Halibel. El demi-humano, extrañado, pudo observar en Subaru una mirada nublada por un tumulto de emociones. "Hablo de que, si Zarestia pierde el control, me atacara con todo lo que tiene. Es en ese momento que se abrirá una abertura en su escudo de viento. Lánzale la botella antes de que pueda atacar, y quedará completamente paralizada… o eso espero."

"¡¿Eso esperas?! ¿Acaso lo viste con tu bendición, o algo así?" Halibel, desconfiando cada vez más de la solidez de las palabras de Subaru, volvió a lanzarle una ráfaga de dudas. No obstante, Halibel se calló y miró a Subaru, que no parecía dispuesto a responderle sus últimas preguntas. Su instinto… Su instinto le estaba indicando que lo mejor era obedecer lo que decía el chico. Suspirando, Halibel exhaló una densa columna de humo. "¿No crees que es demasiado arriesgado, chico?"

"Tal vez… Por lo que supongo que no me queda de otra que confiar en tu destreza, Halibel." Y con esa respuesta, Halibel soltó un segundo suspiro; uno de derrota.

"Maldición… ¡Qué más da, intentémoslo! Solo espero que esta apuesta tuya no nos lleve directo a la muerte." Tras responder así, Halibel tomó una buena bocanada de humo y se colocó en posición de ataque.

"Yo espero lo mismo…" Susurrando eso, Subaru miró directamente a Zarestia, que parecía estar a punto de lanzar otro ataque; uno que definitivamente no llevaba al cantidad de poder que necesitaba para que el escudo de viento se debilitara. Una vez la Gran Espíritu del viento perdiera la cordura, atacaría con uno de sus más potentes ataques; de eso Subaru estaba seguro. "Halibel, nada más tengo una última cosa que decir…"

"¿Hmm?"

"El nombre de mi bendición es Regreso por- ¡Arghh!" Subaru, que desde el ataque al hotel en Priestella no se había atrevido a mencionar el tema ni una sola vez, rompió así el tabú de la sombra…

Mientras Halibel había estado buscando una manera de mantener ocupada a Zarestia, Subaru repasó las opciones que tenía a mano. Necesitaba encontrar una manera de poder superar la barrera de viento que su enemiga había colocado alrededor de ella. Tras pensar y pensar, Subaru se vio en la necesidad de revisitar un tema al que ya le había dado varias vueltas.

¿Cómo es que Zarestia siempre daba con él, sin importar lo que hiciera? Era una pregunta que fácilmente podía responderse alegando que se debía a sus habilidades espirituales más allá de los límites humanos. Pero Subaru sentía que había algo más al respecto que solo eso. ¿Podría tener algo que ver con mi olor? Pensó, recordando las palabras de la niña Usuaria de Mabestias.

Aunque recordar cualquier cosa relacionada con ella y su compañera asesina no hacía más que desestabilizar su ya poco estable salud mental, debido a los traumas, no le quedaba de otra que hacerlo. Así que recordó y recordó, pero al final resultó en vano. No sabía por qué las mabestias lo perseguían además de su olor, y eso no bastaba para poder relacionarlo con el hecho de que Zarestia siempre supiera donde encontrarlo.

Sin embargo, esa era la única pista con la que contaba. Sus ansias de venganza ardían con cada vez más fuerza dentro de él, lo que entumecía cada vez más su raciocinio. En el estado mental en el que se encontraba, apostar todo a una corazonada no sonaba tan mal como debería de haberlo hecho. Además, tal vez su lógica no era tan defectuosa como podía aparentarlo a simple vista.

Zarestia se especializaba en el uso de magia del elemento viento, por lo que tal vez podría captar los olores mejor que nadie más. Y si era cierto lo que la niña asesina dijo sobre que su olor atraía a las mabestias, tal vez, solo tal vez, aplicaría igual con Zarestia. Tal vez por eso ella podía encontrarlo sin importar donde estuviera. Claro, nada de eso era más que simples conjeturas de una mente desesperada y resquebrajada. Sin embargo, tampoco podía descartarlo sin al menos ponerlo a prueba.

¿Y cómo lo haría? Solo se le ocurría una forma, y aunque probablemente lo postraría sobre un charco de su propia sangre, estaba dispuesto a llegar hasta esos límites. Así de fuerte ardía el deseo de detener al ente que lo había asesinado cuatro veces, y lo había obligado a presenciar la muerte y agonía de Mimi, y la muerte de decenas de transeúntes inocentes. Esa forma era romper el tabú de la sombra.

Respecto a qué lo había llevado a concluir que existía relación entre su olor y el tabú de la sombra, se trataba de lo ocurrido en el hoyo en el que se ocultó junto a Anastasia. Subaru rompió torpemente el tabú, provocando que las mabestias los encontraran y atacaran. Y es no era todo; posteriormente, probó a romper el tabú de nuevo, buscando así comprobar si eso había tenido que ver con el repentino ataque de las mabestias. Así comprobó que efectivamente romper el tabú, por alguna extraña razón, atraía a las mabestias y las colocaba en estado de frenesí.

Si lo que atraía a las bestias de la pequeña asesina era su olor, entonces, tal vez romper el tabú, de alguna forma que no comprendía, causaba que su cuerpo soltara más de ese olor. Sin embargo, creer eso implicaba creer que lo que había dicho la niña era cierto. No podía ignorar la posibilidad de que ella estuviera mintiendo. Aun así, no sentía que ella hubiera tenido la necesidad de mentir en esa ocasión; ¿por qué hacerlo? Ella no ganaba nada diciendo que lo que atraía a las mabestias era su olor. O al menos eso es lo que él quería creer.

Decidiendo finiquitar allí ese tren de pensamientos y conjeturas, Subaru regresó a la realidad. Entonces, pudo observar que Halibel parecía dispuesto a reanudar el combate contra Zarestia, por lo que dio un paso al frente y lo tomó del brazo. Después de explicarle la excusa de plan que había realizado sobre la marcha, Subaru dejó salir las palabras que se había esforzado por no volver a pronunciar.

Acorde a lo esperado, el tiempo se detuvo y un vórtice se formó exactamente frente a él. De éste surgió una sombra, que lentamente se materializó en una mano, luego en un brazo y entonces en lo que parecía una suerte de torso. La sombra estaba tomando una forma más definida cada vez que él rompía el tabú, de eso no había duda.

Intentando controlar el odio y la ira que instintivamente brotaban de su interior, Subaru pasó por otra sesión aparentemente interminable de tortura. No satisfecha hasta que su corazón fue reducido a cenizas, la sombra regresó al lugar del que vino, dejando atrás a un Subaru severamente afectado. Con sangre brotando de sus ojos, nariz y boca, Subaru cayó de rodillas.

Halibel, aun cuando había sido advertido de lo que sucedería, fue sorprendido por la extrema aura de hostilidad que exudó la figura femenina ante él. Perdiendo todo rastro de razón o lógica, Zarestia levantó sus dos manos y se preparó para lanzar un ataque que fácilmente podría reducir no solo la calle en la que se encontraban, sino que además media área metropolitana, a escombros.

No obstante, Halibel pudo notar a tiempo la abertura que Subaru había mencionado. Sin esperar un segundo más, Halibel movió su brazo con fuerza y lanzó la botella hacia el cuerpo desprotegido de la atacante. Atravesando la barrera sin convertirse en polvo, la botella siguió adelante y golpeó a Zarestia en su pecho, quebrándose al hacerlo.

Vidrio y sake se elevaron por el aire, bañando completamente a Zarestia. Por un instante, uno minúsculo, la entidad espiritual pareció no comprender que había ocurrido, puesto que su razón aún seguía nublada por la ira. Sin embargo, cuando el intenso olor a alcohol llegó a su nariz, el cambio se hizo perceptible. El domo de viento desapreció por completo y entonces su rostro se contorsionó en una mueca de horror. El miedo se apoderó de ella y entonces todo su mundo se disolvió, dejando atrás una figura que no pertenecía a la de la Shinigami más hermosa; ella no era Zarestia.