Después de aquel momento en que su relación había sido decidida, y con ello, su lazo se había profundizado más, 001 consideró que era momento de decirle lo que en verdad pasaba.
Sobre quién era realmente el enemigo, VIRM, lo que llamaban ellos Papá. Los invasores.
Contándole que su raza al haberse negado a ser parte de ellos, destruyeron su pueblo y mataron a muchos. Siendo que los que restasen, junto a sus parejas, entrasen en lo que hoy conocían como Klaxosaurios que en este caso, le explicó que venía siendo lo que ellos usaban, los FRANXX.
Y que el magma que se extraía, en realidad, era el significado de ser uno.
Así como lo que era su hijo, la cristalización de sus lazos. Y el arma definitiva que pondría fin a los invasores; Star Entity. O como aquel hombre había nombrado, Strelitzia Apath.
— Entonces, todo este tiempo... ¿Hemos luchado para el lado equivocado?
— No puedo culparte, después de todo, fueron fabricados con ese propósito — respondió 001, tomando una de sus manos entre las suyas, con delicadeza —. También creó, que ya sabes entonces, con qué propósito también fue creado mi imitación.
—... Sí.
— El traerte aquí, fue solamente retrasar las cosas — su ceño se frunció, molesto —. VIRM no se quedará quieto, y es posible que estén buscando un reemplazo para ti. Aunque en realidad, nadie que no sea yo, puede ingresar a nuestro hijo.
— ¿…Dónde se encuentra en estos momentos?
— Ustedes ya tomaron el sitio, lo que llaman Gran Crevasse. Sin embargo, no han tomado nuestras armas — mencionó soltando sutilmente su mano, y caminando dónde siempre solía sentarse. Hiro se levantó del suelo, siguiéndola de cerca.
— Espera, ¿Estás planeando ir allá?
— No podemos retrasarnos más... Cada día que pasa, es tiempo perdido y, más de los nuestros se pierden — su mirada se tornó seria, mientras miraba a Nawabari y Orochi —. VIRM acabó con mi pueblo, con mi gente... No puedo permitir que haga lo mismo con este planeta — se detuvo, volteando a ver a Hiro, quién también había detenido sus pasos, quedando a sólo unos pocos centímetros de distancia —... Y también, no puedo dejar que te hagan daño, Hiro.
— Yo tampoco deseo que te hagan daño, y también a este planeta... Y a mis amigos.
—... Sobre eso... ¿Deseas verlos una vez más? — preguntó, tranquilizándose, dándole una mirada suave.
— ¿...Verlos de nuevo? — preguntó, dudoso —. ¿Crees que ellos...Puedan perdonarme por mi decisión?
— No lo sé. Por ello, te pregunto, si quieres verlos otra vez. Es tu decisión.
Ichi lo miró en silencio, paciente. Hiro se llevó una mano a su frente, dónde eran más notorios su cuernos; cerró los ojos un instante para después suspirar y mirar decidido a la klaxo-sapiens.
— Quiero verlos, por última vez, Ichi. Y de paso, despedirme.
Ella suspiró, sonriendo levemente.
— Que así sea, entonces... Hiro.
Príncipe de los Klaxosaurios.
