(¡Yo mate a la bruja que casi me mato!) Notas de Autora (osea yo)
(Que alguien lo mate)
Personaje
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Arco de la Piedra Filosofal
Hagrid levantó un gigantesco puño y llamó tres veces a la puerta del castillo.
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Pov Harry
La puerta se abrió de inmediato. Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda, esperaba allí. Tenía un rostro muy severo, y mi primer pensamiento fue que se trataba de alguien con quién era mejor no tener problemas.
—Los de primer año, profesora Mcgonagall—dijo Hagrid.
—Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.
Abrió bien la puerta. El vestíbulo de entrada era tan grande que hubiera podido meter toda la casa de los Dursley en el. Las paredes de piedra estaban iluminadas con resplandecientes antorchas como las de Gringotts, el techo era tan alto que no de veía y una magnífica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores.
Seguimos a la profesora Mcgonagall a través de un camino señalado en el suelo de piedra. Pude oír el ruido de cientos de voces, que salían de un portal situado a la derecha (el resto del colegio debía de estar allí), pero la profesora nos llevó a una pequeña habitación vacía, fuera del vestíbulo. Nos reunieron allí, más cerca unos de otros de lo que estabamos acostumbrados, mirando con nerviosismo a nuestro alrededor.
—Bienvenidos a Hogwarts—dijo la profesora Mcgonagall—. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupen sus lugares en el Gran Comedor deben de ser seleccionados para sus casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque, mientras estén aquí, sus casas serán como su familia en Hogwarts. Tendrán clases con el resto de la casa que les toque, dormirán en los dormitorios de sus casas y pasarán el tiempo libre en la sala común de la casa.
»Las cuatro casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Cada casa tiene su propia noble historia y cada una ha producido notables brujas y magos. Mientras estén en Hogwarts, sus triunfos conseguirán que las casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la Copa de las Casas, un gran honor. Espero que todos ustedes sean un orgullo para la casa que les toque.
»La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de pocos minutos, frente al resto del colegio. Les sugiero que, mientras esperan, se arreglen lo mejor posible.
Los ojos de la profesora se detuvieron un momento en la capa de Neville, que estaba atada bajo su oreja izquierda, y en la nariz manchada de Ron. Con nerviosismo, trató de aplaste de aplastar mi cabello.
—Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremonia—dijo la profesora Mcgonagall—. Por favor, esperen tranquilos.
Salió de la habitación. Tragué con dificultad.
—¿Creen que nos vaya bien?—pregunto Hermione mientras se acercaba a nosotros junto con Neville.
—Según me dijo Percy, solo es colocarse un sombrero—comente relajando mi respiración. Ron se relajo cuando dije eso.
—¿Alguna materia que les llame la atención?—cuestiono Neville mientras esté trataba de acomodarse la capa.
—Dejate ayudo—le murmuré mientras se la acomodaba.
—Me interesa encantamientos—respondio Hermione mirándonos.
—A mi Astronomía—contesto Ron en esta ocasión tratando de limpiar su nariz.
—Herbologia seria mi caso—termine de acomodarle su capa—. Gracias Harry.
—De nada, y contestando tu pregunta, Pociones y Defenza Contra las Artes Oscuras—parece que algunos nos escuchaban, por que me miraron con curiosidad. Probablemente ya me reconocieron algunos.
—Interesantes opciones—comento Ron.
Antes de decir algo más sucedió algo que hizo que los de atrás gritaran.
—¿Qúe es...?
Unos veinte fantasmas acababan de pasar a través de la pared de atrás. De un color blanco perla y ligeramente transparentes, se deslizaban por la habitación, hablando unos con otros, casi sin mirar a los de primer año. Por lo visto, estaban discutiendo. El que parecía un monje gordo y pequeño, decía:
—Perdonar y olvidar. Yo digo que deberíamos darle una segunda oportunidad...
—Mi querido Fraile, ¿no le hemos dado a Peevees todas las oportunidades que merece? Nos ha dado mala fama a todos y, usted lo sabe, ni siquiera es un fantasma de verdad... ¿Y qué están haciendo todos ustedes aquí?
El fantasma, con gorguera y medias, pronto se había dado cuenta de nuestra presencia.
Nadie respondió.
—¡Alumnos nuevos!—dijo el Fraile Gordo, sonriendo a todos—. Están esperando la selección, ¿no?
Algunos asentimos.
—¡Espero verlos en Hufflepuff!—continuó el Fraile—. Mi antigua casa, ya saben.
—En marcha—dijo una voz aguda—. La Ceremonia de Selección va a comenzar.
La profesora McGonagall había vuelto. Uno a uno, los fantasmas flotaron a través de la pared opuesta.
—Ahora formen una hilera—nos dijo la profesora— y síganme.
Con la extraña sensación de que mis piernas eran de plomo, me puse detrás de un chico de pelo claro, con Ron tras de mi. Salimos de la habitación, volvimos a cruzar el vestíbulo, pasamos por unas puertas dobles y entramos al Gran Comedor.
Nunca habría imaginado un lugar tan extraño y espléndido. Estaba iluminado por miles y miles de velas, que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas, dónde los demás estudiantes ya estaban sentados. En las mesas había platos, cubiertos y copas de oro. En una tarima, en la cabecera del comedor, había otra gran mesa, dónde se sentaban los profesores. La profesora Mcgonagall nos condujo allí, nos hizo detenernos y formar una fila delante de los otros alumnos, con los profesores a nuestras espaldas. Los cientos de rostros que nos miraban parecían pálidas linternas bajo la luz brillante de las velas. Situados entre los estudiantes, los fantasmas tenían un neblinoso brillo plateado. Para evitar todas las miradas, levanté la vista y ví un techo de terciopelo negro, salpicado de estrellas. Baje la vista rápidamente, mientras que la profesora Mcgonagall ponía en silencio un taburete con cuatro patas frente a nosotros. Encima del taburete puso un sombrero puntiagudo de mago. El sombrero estaba remendado, raído y muy sucio. Después de unos segundos el sombrero se movió, abrió su boca y comenzó a cantar:
Oh, podrás pensar que no soy bonito,
Pero no juzgues por lo que ves.
Me comeré a mí mismo si puedes encontrar
Un sombrero más inteligente que yo.
Puedes tener bombines negros,
Sombreros altos y elegantes.
Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts
Y puedo superar a todos.
No hay nada escondido en tu cabeza
Que el Sombrero Seleccionador no pueda ver.
Así que pruébame y te diré
Dónde debes estar.
Puedes pertenecer a Gryffindor,
Donde habitan los valientes.
Su osadía, temple y caballerosidad
Ponen aparte a los de Gryffindor.
Puedes pertenecer a Hufflepuff,
Donde son justos y leales.
Esos perseverantes Hufflepuff
De verdad no temen el trabajo pesado.
O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw,
Si tienes una mente dispuesta,
Porque los de inteligencia y erudición
Siempre encontrarán allí a sus semejantes.
O tal vez en Slytherin
Harás tus verdaderos amigos.
Esa gente astuta utiliza cualquier medio
Para lograr sus fines.
¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!
¡Y no recibirás una bofetada!
Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga).
Porque soy el Sombrero Pensante.
Todo el comedor estalló en aplausos cuando el sombrero termino su canción. Esté se inclino hacia las cuatro mesas y se quedó rígido otra vez.
Si el sombrero hubiera mencionado una casa para la gente que se sentía un poco indispuesta, esa habría sido la mía.
La profesora se adelantó con un gran rollo de pergamino.
—Cuando yo los llame, deberán ponerse el sombrero y sentarse en el taburete para que los seleccionen—dijo—. ¡Abbout, Hannah!
Una niña de rostro rosado y trenzas rubias salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa.
—¡HUFFLEPUFF!—gritó el sombrero.
La mesa de la derecha aplaudió mientras Hannah iba a sentarse con los de Hufflepuff. Ví al fantasma del Fraile Gordo saludando con alegría a la niña.
—¡Bones, Susan!
—¡HUFFLEPUFF!—gritó otra vez el sombrero, y Susan se apresuró a sentarse al lado de Hannah.
—¡Boot, Terry!
—¡RAVENCLAW!
La segunda mesa a la izquierda aplaudió está vez. Varios Ravenclaws se levantaron para estrechar la mano de Terry, mientras se reunía con ellos.
Brocklehurst, Mandy también fue a Ravenclaw, pero Brown, Lavander resultó ser la primera nueva en Gryffindor, en la mesa más alejada de la izquierda, que estalló en vivas. Pude ver a los gemelos silbando.
Bulstrode, Millicent fue a Slytherin.
Comencé a sentirme decididamente mal. Recordé lo que pasaba en las clases de gimnasia de mi antiguo colegio, cuando se escogían a los jugadores para los equipos. Siempre había sido el último en ser elegido no porque fuera malo, sino porque nadie deseaba que Dudley pensará que lo querían.
—¡Finch-Fletchley, Justin!
—¡HUFFLEPUFF!
Note que, algunas veces, el sombrero gritaba el nombre de la casa de inmediato, pero otras tardaba un poco en decidirse.
—¡Finnigan, Seamus!—El muchacho de cabello arenoso, que estaba al lado mío en la fila, estuvo sentado un minuto entero, antes de que el sombrero lo declarará un Gryffindor.
—¡Granger, Hermione!
Hermione casi corrió hasta el taburete y se puso el sombrero, muy nerviosa, le sonreí para calmarla.
—¡GRYFFINDOR!—grito el sombrero. Ronnie gruño.
Un horrible pensamiento me atacó, uno de aquellos que aparecen cuando estás intranquilo. Para calmarme busque con la mirada a Percy, y lo ví sonriendo. No pude evitar mirarlo un poco más antes de volver la vista al frente.
Cuando Neville fue llamado, se tropezó con el taburete. El sombrero tardó un largo rato en decidirse. Finalmente gritó: ¡GRYFFINDOR!, Neville salió corriendo, todavía con el sombrero puesto, y tuvo que devolverlo, entre las risas de todos, a MacDougal, Morag.
Malfoy se adelantó al oír su nombre y de inmediato obtuvo su deseo: el sombrero apenas tocó su cabeza y gritó: ¡SLYTHERIN!
Me miró por un momento y yo le regrese la mirada: "Controlate". Fue a reunirse con sus amigos Crabbe y Goyle con un aire tranquilo.
Ya no quedan muchas personas.
Moon... Nott... Parkinson... Después Patil y Patil... Más tarde Perks, Sally-Anne... Y, finalmente:
—¡Potter, Harry!
Recordé una de las notas: "Camina con elegancia pero sin ser arrogante".
Así que respire y camine con aire de poder pero sin ser arrogante, los murmullos se extendieron súbitamente como fuegos artificiales.
—¿Ha dicho Potter?
—¿Ese Harry Potter?
Antes de que el sombrero me tapara los ojos, todos trataban de verme bien. Al momento siguiente, mire el oscuro interior del sombrero. Esperé.
—Mm—dijo una vocecita en mi oreja—. Difícil. Muy difícil. Lleno de valor, lo veo. Tampoco la mente es mala. Hay talento, oh vaya, sí, y una buena disposición para probarse a sí mismo, esto es muy interesante... Entonces, ¿dónde te pondré?
Me aferre a los bordes del taburete y pensé: «Quiero estar con el, quiero estar con ellos».
—Vaya, en ti hay una magia muy especial, unirás a las cuatro casas. No hay dudas, ¿Verdad? Si estás seguro, mejor que seas ¡GRYFFINDOR!
Oí al sombrero gritar la última palabra a todo el comedor. Me quité el sombrero y anduve algo mareado hacia la mesa de Gryffindor. En eso Percy se puso de pie y me hizo señas para que me acercara a el, y así lo hice. Me senté a su lado mientras el colocaba un brazo sobre mis hombros. Mientras sus hermanos gritaban: «¡Tenemos a Potter!¡Tenemos a Potter!».
—Hola Harry—me sonrio levemente, le regrese la sonrisa antes de mirar hacia el frente.
Podia ver bien la mesa de los profesores. En la punta, cerca de nosotros, estaba Hagrid, quien me miro y levantó los pulgares. Le sonreí. Y en el centro de la mesa estaba sentado, en una gran silla de oro, el director Dumbledore. También ví al profesor Quirrell, el nervioso joven del Caldero Chorreante. Y ya quedaban solamente tres alumnos para seleccionar. A Turpin, Lisa le tocó Ravenclaw, y después le llegó el turno a Ron. Tenía una palidez verdosa y crucé los dedos debajo de la mesa. Un segundo más tarde, el sombrero gritó: ¡GRYFFINDOR!
Toda la mesa aplaudió, mientras que palmeé el asiento a mi izquierda a Ron, el cual se desplomó en ella.
—Bien hecho Ron, excelente—dijo Percy mientras palmeaba su cabeza. Blaise fue seleccionado para Slytherin. La profesora Mcgonagall enrolló el pergamino y se llevó al sombrero.
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