Capítulo 13. Change y Sight

-Puedes ponerte cómodo. Este fin de semana están todos fuera.-Sonrió la joven cuando atravesaron el umbral de lo que parecía ser su casa. Enji analizó la enorme sala de estar europea llena de cosas por todas partes. Parecía que aquello de acumular objetos era algo muy común en las gentes de esa parte del mundo. Al ver que ella caminaba por las maderas con sus botas, con tranquilidad, sin descalzarse, como haría normalmente en su casa, Endeavor atravesó el recibidor hasta colarse de lleno en aquel cálido salón custodiado por una preciosa chimenea de auténtica leña.- ¿Un café?, ¿té?, ¿chocolate?-Preguntó la de ojos azulados deshaciéndose del abrigo, la bufanda y los guantes.-Has llegado en una fecha muy fresca.-Rió.-Te vendría bien entrar en calor.-Lo que ella no sabía era que él, precisamente por su quirk, no solía pasar frío.

Pero con aquella retahíla de explicaciones sobre las bebidas calientes, no pudo decir que no.

-De acuerdo. Un té estará bien.-Optó. No era muy fan de hacer "amigos" pero sabía que estar allí era fundamental para dar con Megan. Su hermana no había mencionado palabra durante todo el trayecto así que, la intriga y su capacidad investigadora de héroe podían más que lidiar socialmente con alguien cuyo idioma a veces, le costaba trabajo, comprender.

Al cabo de unos minutos, la pecosa le llenó la mesa de dulces, galletas y una taza de fina porcelana con dibujos que llenó de un delicioso té verde. Los vapores salieron de la tetera mientras vertía el contenido y a Enji le apeteció aún más aquella bebida.

-Bien,-se sentó en un sillón justo al lado del sofá con una bonita manta de cuadros,-estamos preparados.-Sonrió.-Siento el desorden pero mis hijos son más revoltosos de lo que deberían.-Comentó.-Están con su padre en Londres. Han ido a pasar el fin de semana con ella.-La muchacha se pasó un mechón de pelo tras la oreja izquierda con gracia y a Endeavor le llamó la atención eso último que había mencionado antes de la joven se llevase a los labios su taza de chocolate caliente.

-¿Megan está en Londres?-Arqueó las cejas pensando que tendría que volver a viajar unas cuantas de horas para llegar a esa ciudad. Resopló interiormente.

-Quizás sea mejor que empiece a contarte lo que ocurrió por el principio…

"Flash Back"

La noche en la que llegó a su hogar, después de pasar algunas semanas sola intentando dar con la clave sobre qué pasos debía de seguir para proteger a los suyos, no solamente tuvo que lidiar con un hijo muy enfadado con su forma de hacer las cosas sino también con una familia que solo la estresaba preguntándole asuntos que, por desgracia, no podía contar. Lo último que quería era llegar allí y ponerles a todos en peligro.

-Si Megan no puede hablar del tema, no deberíamos de seguir insistiendo, ¿no creéis?-Por primera vez en mucho tiempo, a la hora de la cena, Mabel frunció el ceño siendo condescendiente con su madre que, no dejaba de atosigarla pero sobre todo, porque lo hacía delante los niños.-Cenemos en paz y descansemos. Ha sido un día muy complicado.

Lo había sido.

En silencio, todos acabaron los resquicios de sus platos de sopa y, cuando hubieron terminado, recogieron la mesa en esa completa ausencia de palabras. Hasta que, Megan subió a las habitaciones de los niños y ellos parecieron irse a dormir. Tras salir del dormitorio de su hijo con una discusión más tras la espalda, se apoyó sobre el marco de la puerta y soltó un largo suspiro. Necesitaba desahogarse, necesitaba llorar.

Y entonces llegó, por desgracia el momento en el que se rompería en mil pedazos.

-Megan,-la voz de Meribeth con la pequeña Elisa adormilada en brazos, se alzó al fondo del pasillo. Su rostro reflejaba una preocupación abrumadora,-¿podemos hablar?-Ella soltó un largo suspiro antes de asentir. Su hermana dejó a su hija acostada en la cuna de su dormitorio y en ese instante, con el walkie en mano, ambas bajaron al salón donde todos las observaron con el rostro desencajado nada más entrar. La mayor de todas las hermanas les miró sin comprender nada de lo que estaba ocurriendo.

-¿Qué pasa?,-preguntó intranquila. Sentía que algo no iba bien,-¿a qué vienen esas caras? Os he dicho que estoy bien.-Intentó sonreír sin mucho éxito.

-Siéntate cielo.-Su madre, la animó a que lo hiciese a su lado y Megan observó en su padre el rostro plagado de la más profunda de las tristezas. Ella, aun dubitativa, obedeció sin comprender nada de lo que estaba ocurriendo.

-¿Y bien?

-Hay noticias de Japón.-Habló el padre de aquella familia llena de mujeres. Al oír el país del que hablaba, Megan notó como el nudo de su corazón empezaba a deshacerse completamente rendido.-Han confirmado que Daiki Shinto ha fallecido.-Susurró. En ese momento, su hermana más pequeña la agarró de la mano con fuerza.-Al parecer, un héroe, lo ha descubierto. Los labios de Megan se abrieron, ligeramente. Por una parte sintió un enorme alivio recorrerle la piel al saber, por fin, el resultado de todo aquello, pero, por otra parte…, ella se había marchado de Musutafu pensando que lo estaba cuando en realidad…, no…

-¿Y…, el cuerpo?-Inquirió sin saber muy bien por qué.

-Los villanos habrán hecho con él cualquier cosa. No han dado con su cuerpo, cielo.-Murmuró la madre.-Pero…, por lo menos, sabemos que por fin está descansando en paz…

Había ideado muchas veces en los últimos meses lo que significaba que Shinto estuviese muerto pero, aquella confirmación fue algo devastador. De repente, el mundo que tenía a su alrededor se paralizó por completo y su pequeña gotita de dolor, eso que pensaba que había manejado a la perfección hasta ese mismo instante, se desató. Ya no era algo imaginario. No podía pensar que un día abriría la puerta y volvería. Ahora, no podía ser así. Nunca más.

No volvería a sentir su piel, su olor. No volvería a ver nunca más sus ojos encogidos cuando su sonrisa era la más bonita de todas. Ni siquiera le escucharía más hablar, reír o gritar enfadado con el mundo. Las maravillosas manos con las que la tocaba, con las que era capaz de construir sus sueños, de tocar una buena guitarra, se había desvanecido para siempre. Y esta vez, era cierto. Más real que ella misma y sus propias lágrimas.

Enfadada con el mundo, Megan empezó a llorar como nunca lo había hecho en su vida. Deshaciéndose de todo lo que había acumulado para que los pequeños, a los que había cuidado y protegido cada día desde entonces, se sintiesen seguros y a salvo.

Su tristeza reprimida, se desencadenó sin que pudiese hacer nada por evitarlo.

Esa noche, el hijo de Daiki Shinto, sentado en aquella escalera moqueteada y en la penumbra, oía a su madre soltar aquellos sollozos desesperados y desgarradores como jamás lo había hecho en sus cortos años de vida. Se le encogió el corazón y él mismo, se llevó una mano al pecho sintiéndose más triste y vacío que nunca. Su padre, ese al que había admirado como a nadie, había…, desaparecido de verdad sin que hubiese podido hacer nada por evitarlo.

En ese mismo instante, el menor, decidió que algún día sería lo suficientemente fuerte como para proteger a los suyos sin que nada ni nadie pudiese impedirlo. Su camino de héroe había empezado sin que apenas se diese cuenta de ello…

Los días pasaron y ella no parecía reaccionar. Completamente ausente, Megan se pasaba la mañana y la tarde sentada en el sillón de la biblioteca del padre de las Kent, pensando en sus cosas sin mencionar palabra. Analizaba de vez en cuando en el móvil las noticias que llegaban de Japón sin demasiados detalles, con la mirada perdida y el brillo de los ojos apagado. Era como si el mundo, se hubiese detenido por completo la noche en la que se confirmó eso que siempre había sospechado desde que el amor de su vida desapareció en un accidente de tráfico.

Su familia la observaba consumirse sin saber muy bien qué hacer.

Y fueron esos días en los Daiki, tras oír de nuevo la noticia, estaba más molesto con ese lugar y Nyrai se preguntaba cuando las cosas empezarían a mejorar. Para poder paliar un poco el dolor, entre Mabel y Meribeth, cambiaron y decoraron sus habitaciones para que ambos pequeños se sintiesen como en casa, sin embargo, no parecía estar teniendo el resultado que a la última le hubiese gustado así que, esa tarde, se lanzó de lleno a la piscina sin mirar atrás.

-Aquí está mi sobrino preferido en su nuevo dormitorio.-Meribeth abrió la puerta de la habitación que estaba estrenando el pecoso. Con una sonrisa se acercó a él que observaba sus cosas lleno de resignación y enfado.-Daiki, hace muchos años que no nos vemos y probablemente apenas me recuerdas pero...,-la morena se subió a la cama con una preciosa expresión cargada de expectación,-¿podrías regalarme una de tus sonrisas? Cuando eras más pequeño te encantaba sonreírme.

-Ya no soy un crío.-Resopló fastidiado.

-Lo sé.-Meri se llevó ambas manos al mentón mientras movía sus pies tumbada boca abajo en el colchón.-Y por eso mismo imagino que sabes porque estás aquí.-El pequeño detuvo su encrucijada con la ropa y resopló alzando los ojos del color de su madre hacia aquella mujer a la que no recordaba con exactitud a pesar de los días que ya llevaba allí.

-¿Te ha enviado ella?-Era listo y avispado para su edad, pensó Beth. Sin duda la sangre de los Kent corría por sus venas. La joven soltó un largo suspiro.

-Tu madre aún sigue en su mundo así que, me he enviado yo sola y, ¿sabes por qué?-Daiki se encogió de hombros.-Porque pensé que necesitarías alguien en quien apoyarte y en quien soltar todo tu enfado.-Siguió.-Escucha Daiki,-era hora de hablar sinceros y con el corazón. Él debía de aceptar ciertas realidades a pesar de su temprana edad o acabaría convirtiéndose en un amasijo de odio y molestia hacia aquellos que le habían arrebatado lo que más amaba en el mundo,-mamá, Nyrai y tú corríais peligro en Japón. Tu padre estaba siendo perseguido por esos villanos hasta que dieron con él.-Comentó cruzándose de brazos sobre el colchón.-Estoy segura de que luchó con todas sus fuerzas para regresar con vosotros hasta que no pudo más.-Meribeth esbozó una expresión de tristeza con las comisuras de sus labios y vio como Daiki agachaba el rostro cabizbajo.-Sé que estás enfadado porque piensas que si os hubieseis quedado, algo habría cambiado pero no es así.-Se encogió de hombros.-Por desgracia, esos villanos estaban tres pasos por delante de todos nosotros incluso, aunque la investigación se cerrase. A veces, sobre todo en el mundo de los adultos, las cosas no salen como queremos.-Beth alzó una mano y Shinto la agarró subiéndose al colchón junto a ella. La pecosa le abrazó con fuerza.-Pero eso no significa que él se halla esfumado para siempre de nuestras vidas.-La morena le acarició el rostro con cariño.-Él está aquí.-Observó a su alrededor.-Escondido. Perdido entre las cosas que no podemos ver, amándote con todo su corazón.

-Mamá cree que la culpa la tienen los héroes…-Respondió Ofuscado.-Si ese mundo no existiera, tal vez, aún podría verle.-Se sorbió la nariz aprovechando que su tía le abrazaba por la espalda.

-Lo único que siempre le ha pasado a tu madre es que no le gustan demasiado los héroes.-Corrigió.-Pero amaba a tu padre porque era uno de ellos aunque lo negase una y mil veces. Todos sabemos que era así y que si hubiese sido de otra manera, no le habría atraído tanto jamás.-Sonrió Meri con las lágrimas saltadas.-Escucha cielo, en realidad, no cree que la culpa la tengan los héroes sino los villanos sin piedad. Esos que no tienen escrúpulos con personas que solo quieren lo mejor para la sociedad y que ayudan a aquellos que no pueden hacerlo. Esos horribles hombres no piensan en ningún instante en todos los que estamos tras esos héroes que se dejan la piel en el campo de batalla. Esas personas que sufrimos y nos preocupamos cada día por ellos.

-Habría que eliminarlos o encarcelarlos a todos para que no nos hagan daño a nosotros, que estamos detrás. Así los héroes podrían vivir más tranquilos.-Respondió muy elocuentemente haciendo sonreír a su tía quién, había empezado a llorar sin siquiera darse cuenta de ello.

-Desde luego que sí.-Asintió.-Pero hay que ser muy fuerte para ello, ¿sabes?

-Yo lo seré.-Advirtió de repente secándose sus propias lágrimas.-Y protegeré a mi madre para que nunca más vuelva a llorar como esa noche.-Asintió decidido volviéndose hacia ella quién, también se apartó las gotitas que caían por sus mejillas.

-No sé si a tu madre le haría gracia algo así pero a tu padre…,-la sonrisa de Daiki se coló sutilmente en la mente de su cuñada,-le encantaría la idea.

-Se sentirá siempre a salvo y…,-de repente, su entusiasmo bajó unas cuartas,-volverá a la normalidad, ¿verdad?-La preocupación en el tono de voz de aquel niño de ocho años le puso la piel de gallina a la de ojos azulados.

-Estoy segura.-Afirmó con el rostro.-Pero hay que darle un poquito más de tiempo.-Señaló con un par de dedos la cantidad.

-Yo también le echo de menos.-Expresó regresando todas esas lágrimas a sus bonitas pupilas. Meribeth se mordió el labio ante aquella fragilidad.-Él siempre sabía qué hacer en estos casos. Cuando mamá estaba triste…-Daiki se enjugó las lágrimas angustiado.

-¿Y qué hacía?, ¿te fijaste alguna vez?

Y en ese instante, Shinto pensó a conciencia cualquier escena en la que su padre la hubiese hecho sonreír de alguna forma hasta que…, dio con una que quizás podría funcionar.

-¿Hay algún sitio donde vendan flores por aquí?-Las esferas de Beth se abrieron un tanto sorprendidas.

-Desde luego, ¿avisamos al resto y vamos?-Cuestionó al ver que se animaba un poco.

-No,-negó,-solo nosotros.-La pecosa sonrió feliz sintiéndose la mejor cómplice del mundo. Si Megan no reaccionaba después de aquello tenía claro que se las vería con ella después.

El silencio se alzó momentáneamente en el dormitorio. Soltar sus dudas y sus frustraciones hizo que Daiki pensara muchas cosas sobre el mundo que le rodeaba a su corta edad. Pero sobre todo, a lo que algún día quería dedicar verdaderamente su vida…

Y esa tarde, mientras Megan se daba un buen baño, ambos cometieron la fechoría y esperaron pacientes tras la puerta en la que, pocos minutos después se reunió casi toda la familia.

-¿Qué está pasando aquí?-El desconcierto de Mabel no tuvo parangón cuando vio a su hermana pequeña rodeada de todos esos niños junto a la chismosa de su madre.

-Shhhhh…-La mandó a callar la pecosa.-Queremos ver la reacción de Megan.

-¿Y qué habéis hecho?-Se acercó.

-Le hemos comprado las flores que odia.-Soltó Daiki sonriente. El cambio de humor de su sobrino la sorprendió aun así, la frase no coincidía con su sonrisa para nada.

-Puede que reaccione con eso.-Susurró Nyrai emocionada.

-¡Tiene que regresar!-Animó Aleck sin dudarlo. Meribeth sonrió ante el entusiasmo de su hijo pequeño.

-¿Y tú también estás en el ajo?-Inquirió a su madre con una risueña Elisa en brazos quién asintió sin dudar.-Esto es alucinante…-Una pequeña gotita rodó por la nuca de la hermana mediana que veía como toda su familia se había compinchado en un plan que nadie sabía si daría resultado.

Poco después, dentro de la habitación con la puerta entrecerrada, Megan con el pelo recogido y un buen albornoz, salió del baño con la intención de vestirse, sin embargo…

-Margaritas…-Susurró arrugando la nariz extrañada al oler el aroma que desprendía el dormitorio. Poco a poco se acercó al jarrón con las hermosas flores blancas dispuestas sobre la cómoda.-No me lo puedo creer…-Se dijo.-Es…

Y entonces, vio una pequeña nota a los pies del cristal.

"Siempre te querré. Desde aquí a la Luna y vuelta…"

Inmediatamente reconoció la letra de su hijo. Sus esferas azuladas se abrieron de par en par, llorosas. Todo su cuerpo temblaba a horrores. Sintió una enorme calidez en el pecho. No podía creer que su pequeño recordase que su padre solía comprarle las flores que menos le gustaban para sacarle una sonrisa solo por oír lo mucho que las detestaba, cuando estaba triste o abatida por algo. Y usaba tanto aquel te quiero tan especial que…, leerlo así era un regalo para el corazón. Esa siempre había sido la forma en la que Daiki la había hecho sonreír en los momentos más…, complicados…

En ese instante, al darse cuenta de lo que su hijo pretendía con ese detalle, dio rienda suelta a sus lágrimas mientras se llevaba una de las manos a los labios y pensó a conciencia en cómo se había comportado las últimas semanas. Ni siquiera se había dado cuenta de cómo podría sentirse él con lo pequeño que era perdiendo a un padre de esa manera. Había sido la peor madre de todas y…

De repente, escuchó un estruendo tras ella. Rápidamente se volvió sobre sus pies y abrió los ojos de par en par sorprendida cuando vio a todos sus sobrinos y su hijo tirados en el suelo junto a su hermana pequeña en la puerta del dormitorio.

-¡¿Quién nos ha dejado caer?!-Protestó Daiki.

-Ha sido la abuela que no veía bien por la rendija.-Se chivó Aleck.

-¡No digas eso!-Le contradijo su madre con la tonalidad de sus mejillas, subida de color.

-Oh vamos, no se había dado cuenta.-Nyrai suspiró rendida con aquel nefasto plan.

-Pues nos ha pillado.-Susurró Meribeth alzando sus pupilas hacia su hermana mayor que de repente, empezó a reír como no lo hacía en semanas.

-¡Funcionó!-Nyrai aplaudió de felicidad.

-No lo tengo claro, llora y ríe al mismo tiempo.-Sospechó Daiki.

-A lo mejor se ha vuelto loca del todo.-Ese comentario de Nyrai hizo reír a Mabel que desde la puerta observaba pasmada el panorama.

-¿Y si la abrazas?-Le susurró su tía al oído.-Seguro que así se recupera del todo.

Shinto se echó a sus brazos sin pensarlo y a partir de ese instante, durante una temporada las cosas empezaron a mejorar un poco.

En aquel tiempo, su tía Meribeth les apuntó a la escuela en la que tenían que hablar un idioma que no comprendían la mayoría de las veces. Las clases se sucedían y ellos, a pesar de intentar más o menos seguirlas, tenían planes mejores. Por las tardes se dedicaban a practicar su quirk en el jardín cuando tenían tiempo libre y terminaban todas sus extrañas tareas, por supuesto.

-¡Mirad! ¡Es diminuto!-Señaló Aleck con orgullo aquel coche de juguete que había empequeñecido con su recién estrenado quirk. Daiki y Nyrai le observaban impresionados.

-Es genial.-Afirmó el pecoso.-Tengo que ver cómo funciona, ¿qué has hecho exactamente?-Sacó un lápiz y un papel para apuntar.

-¿Esa es tu nueva distracción Daiki?-De repente, la voz de un niño se alzó tras la valla del jardín. Los tres elevaron la mirada hacia aquel moreno de ojos verdosos que abrió las verjas y se acercó sonriente.

-¡Archie estamos entrenando!, ¡quédate!-Soltó Nyrai entusiasmada con la idea de tenerle allí.

-Me apunto.-Alzó su dedo pulgar en señal de aceptación.-Shinto no puede ser mejor que yo de ninguna manera.-Aleck abrió sus ojos de par en par. Era la primera vez que veía a ese niño.

-¿Y qué haces tú?-Preguntó sin dudar.

-Soy un cristal.-Explicó.-La luz rebota en mi cuerpo y puedo dejarte ciego, chaval.-Se llevó las manos a la cintura altivo. Aleck soltó una exclamación llena de admiración.

-¡Eso ya lo veremos!-Daiki se levantó y empezó a moldear su mochi.- ¡Vamos a pelear!

-No creo que a la tía Megan le haga gracia esa idea…-Murmuró Nyrai fijándose en como ambos se ponían en una extraña posición de ataque.

Dentro de la casa, Megan observaba disgustada la obsesión de aquellos niños por aprender a luchar. No lo habían mencionado delante de ella, imaginaba por qué, pero sabía perfectamente que la idea de todos ellos era la de ser héroes algún día. Y eso, no le gustaba en absoluto.

-¿Habrá alguna forma de disuadirles?-Cuestionó en voz alta secando la vajilla que su madre le daba.

-Eso mismo me pregunté yo cuando cantaste a los cuatro vientos que te marchabas a Japón con ese hombre sin mirar atrás.-La de reflejos anaranjados sonrió de medio lado.

-Era diferente. Yo no me jugaba la vida.-La contradijo.

-¿Ah no?-Gillian arqueó las cejas desconcertada.- ¿Quieres que hablemos sobre tus investigaciones…?

-Bueno…, ya lo sé.-Chistó.-Al final siempre acabas teniendo razón.

-Por supuesto.-Sonrió altiva la señora.-Soy tu madre.

Y nada más oír como uno de los cristales de la ventana de la sala de estar se rompía en mil pedazos, Megan frunció el ceño sin dudarlo. Una cosa era jugar a ser héroes y otra muy diferente era tomárselo enserio hasta llegar a al punto de dejarles sin ventanas. Gruñó, se secó las manos y salió al jardín para regañar a aquellos niños tan imprudentes.

En ese momento, Gillian suspiró cerrando el grifo al tiempo que escuchaba al fondo del comedor, un quejido de dolor. Sus ojos se abrieron de par en par cuando sus instintos le indicaron que ocurría algo en la biblioteca. A toda prisa, se llevó las manos al delantal y caminó hacia el lugar en el que había oído el ruido pero cuando se dio cuenta de lo que verdaderamente estaba pasando, su conmoción fue aún mayor. Su marido permanecía sobre el suelo con una brecha en la cabeza por un golpe importante. Ante él había un hombre con parecía segregar miel de los poros de su piel.

-¡Gill aléjate!-Le advirtió cuando vio que su mujer entraba por la puerta.

-¡Niall!-Tuvo la intención de acercarse pero notó que alguien la cogía del brazo y este comenzaba a convertirse en piedra. Sintió que todo su cuerpo se paralizaba. ¿Quiénes eran esos hombres y qué estaba pasando?

-¡Dejadla en paz!-Tosió el padre un hilo de sangre. Ella sintió que podría desmayarse en cualquier momento pero, antes de perder la conciencia le ayudaría a toda costa con su quirk que hacía años que no…

Pero, sus pensamientos solo se quedaron en eso. De repente, notó un fino corte a la altura del cuello y la sangre brotar de él a borbotones. Su mente se quedó en blanco. El padre de sus hijas abrió sus ojos azulados, aterrorizado e intentó levantarse pero el villano creo un amasijo de miel que endureció sobre su cuerpo para que no pudiese levantarse.

Su mujer, con sus preciosas esferas abiertas, cayó sobre el suelo moviéndose involuntariamente hasta que la sangre dejó de emanar y ella exhaló su último suspiro. El brazo que tenía impregnado en piedra se rompió en mil pedazos y él, sin saber qué podía hacer, sabiendo que sus nietos y su hija mayor estaban en la casa, gritó de desesperación.

-¡Maldita sea! ¡¿Qué le pasa a este dichoso viejo?!-Soltó ofuscado Omutsu creando un punzón endurecido con su Don con la intención de hacerle callar cuando, de repente, el cristal de la ventana se resquebrajó y todos aquellos vidrios fueron a dar en un abrir y cerrar de ojos contra el secuaz que le seguía y que había asesinado a sangre fría a aquella mujer. Twedloon, que no se lo esperaba, intentó refugiar su rostro con sus brazos cuando se precipitaron a toda prisa contra él. Sintió que se le clavaban en la piel. Furioso gritó de dolor quitándoselos y convirtiéndolos en piedra al mismo tiempo.

-¿Qué demonios…?-Mientras todo aquello ocurría, Omutsu detuvo su ataque contra el señor Kent intentando comprender qué estaba pasando cuando sintió una fuerte patada en el costado derecho que lo mandó volando con más violencia de prevista contra la pared frente a él.

-¡Buena intervención Sight!-La joven sonrió ante la aprobación de su maestro justo unos segundos antes de fruncir el ceño.

-¡Tras de ti!-El hombre se volvió, tocó una pequeña mesa y al instante se telestransportó sobre el villano con fuerza. Este la detuvo con una masa de miel rompiéndola en mil pedazos.

-¡Twedloon! ¡Deja de gritar y haz algo de una vez imbécil!-El nombrado, aun enfadado con aquellas heridas en sus brazos, tocó el suelo convirtiéndolo en piedra sin dudar. La joven heroína que sintió su movimiento, avisó a su compañero y ambos saltaron sobre sus pies antes de que les transformase en piedra. Sin embargo, los señores Kent que aún seguían en el suelo, no tuvieron tanta suerte como ellos.

-Mierda…-Susurró Sight chistando con la lengua. Y en ese momento, notó que un montón de gente se aproximaba hacia aquella estancia seguramente por el estruendo que allí, se había generado. Eso no era buena idea. Caminó sobre los muebles esquivando al otro villano que le lanzaba espigas endurecidas de miel antes de que Change, el héroe al que se refería como su maestro, se lanzase contra él para que la dejase tranquila. En cuanto llegó a la muerta, se colocó delante de ella deteniendo a la familia que se aproximaba.- ¡No se acerquen!-Alzó la voz levantando sus brazos.- ¡Estamos en medio de un arresto!-Confirmó.

-¿Qué?-Pero Megan no comprendía nada.- ¿Un arresto? ¡Oiga escuche…, es mí…!

Sin embargo, antes de que acabase hablar, todos sintieron un fuerte golpe a su izquierda que derribó la pared haciéndole un boquete. Sobre los escombros, un villano parecía toser sangre con una sonrisa en los labios. Megan abrió los ojos de par en par. No podía ser…, no podían haberla encontrado con tanta facilidad tan rápidamente después de todo lo que había dejado atrás. Era prácticamente imposible…

Su corazón se aceleró y sus pies se paralizaron por completo. Más aun cuando ellos se lanzaron contra el enemigo sin dudarlo.

-¡Son villanos!-Señaló Aleck. En ese instante, Daiki frunció el ceño furioso y, sin pensárselo ni un segundo, comenzó a crear todos los Pakus que su quirk le permitía y, cuando los tuvo listos, sus ojos se desviaron hacia Archie que, sin decirle nada, asintió sin dudar. Ambos empezaron a correr por el pasillo hacia el villano y en ese instante, las esferas de Megan aterrorizadas por lo que estaba ocurriendo, reaccionaron.

-¡No!-Gritó-¡Daiki!-El villano giró el rostro al oír el nombre que esa mujer pronunciaba pero antes de que pudiese verla, un reflejó del sol demasiado intenso le cegó la mirada y justo en ese instante, notó como un montón de cosas pegajosas se adherían a su cuerpo pegándole contra los escombros. En ese instante, irascible, el hombre intentó quitarse a todos los que podía pero que volvían a pegarse a él sin dudarlo.

-¡Esos malditos mocosos!-Gritó ofuscado. Esa distracción ayudó al héroe dándole una pequeña ventaja para atacar haciendo que un montón de escombros se transportarse sobre él ahogándole en polvo y haciéndole perder casi de inmediato el conocimiento.

Dentro de la habitación, la muchacha intentaba acatada al tipo de piedra sin mucho resultado. Estaba siendo lo suficientemente cuidadosa como para no hacerle daño a aquellas personas que había tumbadas en el suelo. Sight se dio cuenta, entonces, que debía de darse prisa si quería que ese hombre volviese a despertar.

Y de pronto, desde el hueco de la habitación los escombros volaron tan rápido que ni fue capaz de verlos aterrizar con furia sobre el villano que salió volando por la ventana abierta hacia la calle.

-¡Vamos! ¡Tenemos que ir!-Soltó Shinto pero su madre le agarró del brazo más enfadada que nunca.

-¡¿Qué te crees que estás haciendo?!-Le regañó alzando la voz como jamás antes lo había hecho. Daiki se quedó totalmente estático ante el grito de su madre.-Subid arriba.-Señaló furiosa pero los pequeños no se movieron ni un ápice.- ¡Vamos!-Todos obedecieron sin chistar como un resorte. El pecoso chistó enfadado siguiendo al resto. Estaba convencido de que podían haber hecho algo más.

En ese instante, en el que los héroes habían salido fuera y en el que la policía de Inverness parecía llegar, la piedra del suelo comenzó a desvanecerse haciéndole saber que el quirk de ese hombre se esfumaría por su desvanecimiento. Y, entonces, justo entonces, Megan fue consciente realmente de lo que había ocurrido allí…

Sus esferas azuladas se abrieron de par en par al ver a su madre tumbada en el suelo con un charco de sangre surcándole el cuello y más allá, su padre permanecía echado sobre la alfombra sin tener la intención de moverse. Un leve vientecillo entró por la ventana. Su corazón, lleno amor hacia esas personas que le habían dado la vida, se resquebrajó. Notó que sus piernas flaqueaban y daban de bruces contra el suelo.

Su mundo, se resquebrajó una vez más.

Dos semanas después, las hermanas Kent se reunían en la sala de estar de su casa, con el abogado de la familia, para repartir aquellos bienes que sus padres les había dejado en herencia.

Meribeth, siempre tan animada y feliz, suspiró abatida cuando sus esferas rodaron por el lugar carente del ruido de su madre al subir y bajar las escaleras. Aun olía al tabaco que padre fumaba en el comedor y, los periódicos se apilaban sobre la mesita baja sin ser leídos, por nadie. Sin embargo, a pesar de la tristeza que invadía a esa familia, una parte de ella se obligaba a sí misma a sonreír, aunque fuese una migaja.

-Con esa tasación, podríamos ponerla en venta.-La voz de Mabel se alzó bajo los colores del atardecer.

-No creo que haga falta realmente…,-murmuró la pequeña,-puedo conservarla el tiempo que sea necesario.-Expresó.-No me molesta tenerla ahí para cuando nuestros hijos, en el futuro necesiten cierto dinero.-Mabel asintió.

Pero Megan no estaba de acuerdo.

-Es absurdo.-Negó.-No puedo creer que llegasen hasta aquí por mí…,-de nuevo, los remordimientos que llevaba muchos días gestionando regresaron a su mente cada vez menos estable,-si yo no hubiese regresado…

-Déjate de culpabilidades, Megan.-Mabel frunció el ceño.-Ya no tiene solución. El lado positivo es que están encerrados y nunca más saldrán del agujero en el que están.

-Así es.-Añadió Beth.-Piensa en eso y ya verás cómo al menos, te consuela un poco…-Megan lanzó un largo suspiro antes de cerrar los ojos y masajearse el puente de la nariz. Le dolía la cabeza a horrores.

En ese momento, sintieron que llamaban a la puerta. Las tres se miraron confusas. No esperaban más visitas. Ya habían tenido suficiente con, prácticamente, las condolencias de toda la ciudad.

-Vuelvo enseguida.-Se levantó la mediana de su asiento mientras las otras dos seguían gestionando el patrimonio y todo el papeleo tan tedioso que suponía esa parte.

La castaña caminó por el pasillo más o menos reconstruido hasta dar con la puerta de entrada que abrió sin pensárselo mucho pero siendo consciente de que aun podían estar en peligro a pesar de la vigilancia policial veinticuatro horas al día. Y en ese instante, sus ojos azulados se abrieron ligeramente al ver al héroe que había "salvado" al resto de su familia esa tarde, cuando les atacaron. Sus ojos grisáceos se fijaron en ella y su rostro dibujó ligeramente una sonrisa entristecida. Venía vestido con tu traje de héroe salvo por las gafas protectoras y el casco.

-Siento molestarla…

-Mabel.-Terminó aquello que supuso que trataba de adivinar el muchacho.-Mabel Kent.

-Siento molestarla señorita Kent en unos momentos tan complicados pero, volveremos en tres días a Londres y tengo que atar algunos cabos de la investigación. ¿Habría alguna posibilidad de hablar con su hermana si se encuentra mejor?-La última vez que aquel muchacho lo había intentado, la pelirroja aún no estaba dispuesta a ver a nadie pero tal vez, ahora que parecía que todo se "normalizaría" de alguna forma tarde o temprano, quizás entrase en razón. A veces, no parecía la mayor de las tres a pesar de que entendía como lo estaba pasando…-Dígale que es urgente si no supone un riesgo para su integridad.-Mabel suspiró.

-Lo intentaré. Deme un minuto.-Apuntó antes de perderse por el corredor hacia la sala de estar.

Change esperó pacientemente. Si algo le caracterizaba era la tranquilidad con la que se tomaba la vida a pesar de que le habían insistido una y otra vez desde Londres debía de acelerar un poco, las cosas. Aunque él, prefería solucionar todo a su tiempo, sin prisa. A veces, podía ser agobiante tener a alguien encima sobre todo cuando las situaciones se complicaban. Por eso, cuando esa mujer a la que veía por primera vez le susurró aquella pregunta se sintió totalmente fuera de lugar.

-¿Usted es el que insiste en verme urgentemente?-Oyó la voz de la muchacha con la que necesitaba hablar e inmediatamente se giró sobre sus botas hacia ella. Nada más toparse con sus ojos tragó saliva inconscientemente.

-Me temo que volvemos a Londres en tres días señorita Kent, y no tenemos más margen de error. Siento muchísimo molestarla en un momento así.-Megan soltó un largo suspiro.

-Muy bien,-asintió haciéndole un gesto con la cabeza hacia el interior,-entre.-La joven le dejó pasar y ambos caminaron hacia la cocina. Enseguida, al ver el estado en el que había dejado aquella casa, Change se arrepintió de su mala gestión a veces con los civiles.

-Siento eso.-Murmuró tras ella.

-No se preocupe,-Megan le invitó a que tomase asiento en cuanto entraron allí,-tampoco es que tuviese las paredes más robustas del mundo.-Sin saber por qué, la pecosa sonrió un poquito. Hacía tiempo que no hablaba con alguien que no fuese de su familia. Echaba de menos a sus amigos más de lo que habría imaginado jamás.- ¿Quiere tomar algo?

-No,-gesticuló el héroe revolviéndose aquel pelo rubio caía por su nuca,-estoy de servicio aunque no lo parezca.

-Muy bien, en ese caso, dígame en qué puedo ayudarle.-La muchacha se sentó sobre la mesa y esperó.

-Imagino que sabe que esos villanos venían buscándola a usted, ¿cierto?-Ella asintió.-Pues no han soltado prenda del motivo y desde Japón todo es un secreto. Así que, como uno de los responsables de lo que pasa en este país, me veo en la obligación de preguntar si existe alguna amenaza mayor a la que nos tengamos que enfrentar.-Fue directo al grano, sin tapujos. Megan sintió un fuerte vuelco en el corazón. Había tenido prohibido hablar de las investigaciones y sus experimentos sobre las mejoras de los quirks o incluso de la modificación de alguno de ellos para intentar reproducir uno nuevo en alguien sin Don así que, cuando aquel hombre le preguntó con tanta seguridad, no supo realmente qué debía de contestar. Sus labios se entrecerraron indecisos. Sin ser realmente consciente de ello, su cuerpo tembló.

Al ver que no mencionaba palabra, algo que esperaba, el héroe volvió a pronunciarse.

-Señorita Kent, mi nombre es Jack Smith y sé mucho sobre usted…