Namjoon dejó con cuidado la última caja de la cajuela del coche de Jun sobre el piso de la cocina y se estiró, soltando un pequeño gemido. Por fin, creyó que jamás terminarían. Realmente estaba sorprendido, ¿para qué necesitaba tanta mantequilla el pelirrosa? Quiso saber más sobre ello, pero el chico insistió en que era mejor que no supiera para qué era. Algo en su tono de voz lo convenció de no seguir preguntando. A veces pensaba que, mientras menos entendiera lo que pasaba por la mente del otro cuando hacía esa clase de cosas, mejor era para su salud mental. Jun le agradaba, pero solía ser demasiado excéntrico y seguirle el ritmo podía resultar muy complicado.
Volteó hacia atrás para ver al muchacho. Estaba sentado cerca del lavabo, examinando una de las varias barritas de mantequilla que había comprado, olfateando y aplastándola un poco. Sí, estaba mejor sin saber lo que estaba pensando. Caminó hasta él con una sonrisa.
—Ya quedó.
—Muchísimas gracias Joonie, no sé qué hubiera hecho sin ti.
El pelirrosa dejó lo que estaba haciendo para acercarse más al otro y poner una mano sobre su hombro.
—Yo te ayudo encantado, pero ¿por qué Hobi no te ayudó?
—Hm no— Jun no percibió ofensa alguna en el comentario del moreno —Hoy está ocupado con algo del trabajo, además, él no tiene estos monstruos de aquí— al decir eso, apretó los brazos de Namjoon —No existía persona más indicada para este trabajo que tú.
El mayor de los dos se sonrojó ligeramente ante el cumplido. No entendía por qué no lograba acostumbrarse a éstos. Jin se encargaba de recordarle todos los días lo maravilloso y fantástico que era y ni así. Probablemente tenía que ver con el hecho que sentía que no se los merecía, y más ahora que le estaba ocultando cosas. Soltó un suspiro, tratando de no pensar demasiado en eso.
—Bueno, me alegra haberte sido de ayuda— Namjoon miró alrededor, observando todas las cajas del suelo —¿Dónde planeas dejar todo esto?
—Aquí mismo.
—¿En serio? ¿Pero no corres el riesgo de que se derrita?
—Esa es la idea, necesito que esté lo más líquida posible.
Namjoon decidió que era momento de dejar el tema en paz. Se desplomó en uno de los sillones, sintiendo cómo cada uno de sus huesos tronaba de manera placentera. Cerró los ojos e hizo la cabeza hacia atrás. Amaba los sillones de esa casa, eran incluso más cómodos que su propia cama. La primera vez que se sentó en uno, estuvo a punto de quedarse dormido. Aquello disgustó mucho a su amigo porque se encontraban a la mitad de una partida de un juego de mesa que el otro acababa de comprar. Ahora que no se encontraba bajo presión, podía relajarse.
Su paz duró muy poco, ya que pronto sintió un peso sobre sus piernas. Al bajar la mirada, se encontró con la cabeza de Jun, quien se había acostado en el mismo sillón donde estaba sentado. Lo miraba fijamente con una sonrisa.
—¿Cómo has estado?
Tragó. Odiaba esa pregunta.
—Bien, gracias. ¿Qué hay de ti?
—Wow, ni siquiera te esforzaste en sonar natural— el pelirrosa soltó una pequeña carcajada, dándole un golpe con uno de los cojines —¿Sucede algo? Te siento muy raro últimamente. Como si no estuvieras aquí, quiero decir.
Namjoon rascó su cuello, sabía que, si alguien iba a descubrir su pequeño secreto, eventualmente sería Jun. Le daba algo de miedo su capacidad para leer a las personas como si nada. Aunque todavía no se sentía listo para hablar de eso con alguien, quería que la primera persona que se enterara fuera Jin.
—Tienes razón, pero no quiero hablar de eso.
Su amigo lo observó en silencio, como si tratara de adivinar lo que estaba sintiendo. Pareció funcionar, puesto que volvió a relajarse y asintió levemente.
—Está bien, pero quiero que sepas que, si alguna vez necesitas a alguien con quien desahogarte sobre lo que sea, aquí estoy para ti— Lo sabía. No estaba solo en eso, era él quien se aislaba de los demás porque tenía miedo de lo que pudiera pasar. Agradecía que el menor estuviera siendo tan comprensivo —Cambiando un poco de tema, ¿cómo te fue con lo que compramos el otro día?— preguntó, juguetón. Namjoon casi se atragantó con su propia saliva. Miró al otro, sorprendido.
Por supuesto que no lo había olvidado, era Jun de quién hablaba. Al inicio, le perturbó un poco que se viera tan interesado en su vida sexual, pero, eventualmente, se dio cuenta de que simplemente se debía a que era chismoso y nada más. No había otro motivo detrás de su interés.
—Oh… Realmente no he tenido la oportunidad de usarlo. Jin suele llegar muy cansado a casa— abrió los ojos, encontrando la excusa perfecta para cambiar de tema —Por cierto, muchísimas gracias por haber ayudado a Jin con la tienda el otro día. El trabajo puede ponerse muy pesado, por lo que odio dejarlo solo. Me alivió mucho saber que ese día tuvo a alguien más para apoyarlo.
—No tienes nada que agradecer, es lo que hacen los amigos— el castaño sintió una agradable calidez cuando el otro lo llamó amigo —Gracias por el pastel, estuvo delicioso. Incluso Hoseok lo amó y él ni siquiera es de pasteles.
Namjoon lo miró, sorprendido por ese último dato. Siempre vio al pelirrojo como alguien con un diente muy dulce, le sorprendía que no le gustaran los pasteles.
—Esa es la magia de Jin. Su especialidad son los pasteles, hasta las personas más quisquillosas terminan amando los postres cuando prueban los que él hace.
Jun río. Un silencio bastante cómodo se estableció entre ambos chicos mientras cada uno se perdía en sus propios pensamientos. La sonrisa del pelirrosa se fue esfumando poco a poco al recordar algo bastante importante que aún tenía que discutir con el castaño. Se incorporó, sentándose a lado de su amigo. Namjoon se preocupó un poco al verlo así.
—Tú también eres cercano a Suga, ¿verdad Joonie?
—Sí ¿por qué preguntas?
No entendía por qué el otro preguntaba sobre su relación con el psicólogo de la nada.
—¿Deberíamos preocuparnos? Ya sabes, por lo que pasó el otro día en la cafetería con él y Taehyung.
—No lo sé— ¿Qué era lo que había pasado...? Ah claro, ese incidente —No creo.
—¿Por qué lo dices?
El mayor frotó un poco sus sienes, tratando de recordar todas las cosas que habían pasado con Suga en la cafetería. Recordaba que al inicio estuvo demasiado confundido porque nadie le explicó nada, pero en cuanto Taehyung se fue y se sentó con su amigo a platicar, pudo entender un poco mejor la situación en la que estaban. Soltó un suspiro.
—Es que realmente fue una tontería, no creo que escale a más.
—¿Sabes qué pasó?
Jun se veía considerablemente sorprendido.
—Después de que todos se fueran, sin decirme nada, por cierto— comentó de manera acusatoria mientras miraba al otro —Me acerqué a la mesa de Suga y nos quedamos platicando un rato. Resulta que el día anterior fue a desayunar con su suegra sin Taehyung, por eso no lo encontró en su oficina. El detalle fue que la recepcionista dijo haberlo visto salir con una mujer y que la mamá de Taehyung le pidió que lo mantuviera en secreto. Jamás se imaginó que Tae le fuera a preguntar, por lo que tuvo que inventarse algo. Pero todo se le vino encima en cuanto ustedes hablaron con él.
—Pues yo qué iba a saber— se quejó Jun, cruzándose de brazos mientras meditaba un poco —Pero tienes razón, suena tonto. Tampoco creo que haya por qué preocuparse— sonrió —Es Nieves, Sr. "La comunicación es importante en una relación para que funcione", estoy seguro que pronto va a aclarar todo el malentendido. No creo que sea tan tonto como para pensar que la confianza de su suegra es más importante que la de su pareja.
—Esperemos que no.
El pelirrosa se puso de pie de repente.
—Ya fue suficiente con los temas depresivos. Vamos por un helado, yo invito.
—Te diría que no, pero con este clima creo que caería bien.
—Entonces andando.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Suga inició aquel día pretendiendo que todo estaba bien y que no se sentía muerto por dentro. La idea era que nadie se enterara para que no le hicieran preguntas que el chico no deseaba contestar. Pronto se dio cuenta de que estaba fracasando rotundamente en su misión cuando más de tres personas le preguntaron si se encontraba bien al verlo, todos ellos extraños que se encontraba en la calle. Así de mal estaba. Antes podía disimular sus emociones, ¿qué demonios le había pasado?
Abrumado por todo lo que estaba pasando, decidió que necesitaba un café y alguien con quien platicar de lo que fuera. Desde aquel incidente, Taehyung lo evitaba como si tuviera alguna enfermedad infecciosa, por lo que ahora no tenía nada que hacer en sus tiempos libres. Por desgracia, se había desacostumbrado a estar solo. Ahora que se percataba, muchos aspectos de su personalidad habían cambiado desde que comenzó a salir con el profesor y no sabía cómo sentirse con eso.
Antes solía ser alguien más independiente, que no se dejaba afectar por lo que los otros dijeran o pensaran de él. Ahora, sin embargo, parecía que no podía hacer nada sin Taehyung y cualquier cosa que el otro hiciera también lo afectaba a él. No podía decir que era infeliz con el profesor, realmente estaba pasando muchos de los momentos más felices de su vida con él, pero se sentía un poco… ¿débil? Tal vez nunca fue fuerte en primer lugar y solo vivió bajo la ilusión de que sí porque nunca estuvo en una relación seria antes de Tae. Namjoon fue lo más parecido, pero nunca se sintió de la misma manera que ahora. Jimin ni siquiera era un ejemplo a considerar.
Suga estaba comenzando a desenterrar demasiadas cosas de las que no se había dado cuenta antes y eso no le gustaba. Ya tendría tiempo más tarde para tratar de conocerse mejor y resolver los complejos personales que al parecer tenía. En ese momento solo deseaba algo muy caliente para beber y un oído dispuesto a escuchar sus quejas.
Entró a la cafetería donde todo pasó, esperando encontrarse con la sonrisa boba de su amigo que hacía que sus hoyuelos se marquen, como siempre. Sin embargo, se llevó la sorpresa de que, quien se encontraba en la caja, era Jin, quien miraba alrededor un tanto aburrido por la escasez de clientes. Funcionaba igual.
Jin vio a Suga caminando hacia él tratando de actuar normal, pero fallando en hacerlo. Se delató aún más cuando, al estar cerca de la barra, prácticamente se desplomó sobre esta con una expresión cansada en el rostro. Tenía ambos brazos recargados sobre la barra mientras que con sus manos sostenía su cara.
—Un chocolate caliente. Mezclado, no agitado— alzó un poco su mirada —Ah, y sí puedes agregarle malvaviscos, te lo agradecería mucho.
—Oh wow. Hoy venimos salvajes, ¿eh?
—Jin...
—Sale en seguida— dicho esto, tecleó el pedido en la caja registradora para después cobrarle. Suga pagó y se retiró a una mesa que quedaba justo frente a la barra. Suga se recostó en ésta, jugando con una de las servilletas, llevando una expresión vacía.
Jin lo miró un tanto triste, optando por preparar su bebida rápido para platicar un poco con él sobre lo que pasó con Taehyung. Gracias al cielo, aquel día no tenía demasiados clientes. Por algún motivo, los jueves solían ser los días menos concurridos de la semana.
Para ese punto, ya no necesitaba ver sus notas o la receta para saber cómo preparar un chocolate caliente a la perfección. Sin muchos problemas, tuvo lista la bebida con todas las indicaciones que su amigo le dio. La tomó con mucho cuidado y rodeó la barra para ir hacia donde estaba el menor. En su camino saludo a una persona que ya se había vuelto un cliente frecuente. En realidad, ya tenían bastantes clientes frecuentes. Todo gracias a su increíble talento para cocinar y a la dulce personalidad de Namjoon.
Al depositar la bebida frente a Suga, este ni siquiera reaccionó, apenas limitándose a mirarlo de reojo.
—Gracias.
—Bueno, ¿y a ti que camión te arrolló? Te ves devastado.
—Gracias.
Jin soltó un suspiro y se sentó frente a él.
—¿Tan mal?
—¿Tú qué crees Jin?— finalmente alzó la mirada, aunque no demasiado —Ni siquiera voltea a verme cuando estamos en el mismo cuarto, es como si no existiera para él. Hoy tenía el día libre en ambos trabajos y no pude quedarme en casa a descansar porque sabía que Taehyung iba a estar ahí y ya quedó más que claro que no me quiere cerca.
El mayor entendía de lo que le estaba hablando. Siempre que el profesor se enojaba con él, solía evitarlo por días, incluso semanas, hasta que volvía a necesitar algo de él y lo buscaba. Taehyung era diferente ahora, evidentemente, por lo que no estaba seguro de qué esperar. Suponía que Suga lo conocía mejor que él, pero, a juzgar por cómo se encontraba, le daba la ligera impresión de que el chico tampoco tenía idea de cómo lidiar con eso.
—Nunca se había enojado tanto conmigo. Sí, explotaba, eso siempre, y a veces salía de la casa un rato, pero siempre regresaba y lo platicamos. Ahora ni siquiera me está dando la oportunidad de hacerlo.
Jin lo escuchaba en silencio mientras frotaba su barbilla levemente. Sentía un poco de lástima por el chico, y más porque el problema se hizo todavía más grande de lo que era cuando él y Jun trataron de arreglarlo con más mentiras. Pero algo que no terminaba de sentarle bien en todo eso: el hecho de que el psicólogo hubiera mentido sobre donde estuvo.
Suspiró y negó. No, él sabía muy bien lo peligroso que era ir asumiendo cosas de los demás cuando no se contaba con información que respaldara sus sospechas. Tenía que confiar en que, si el otro lo había hecho, era por un buen motivo. Respiró hondo.
—Primero que nada, perdón por hacerlo peor de lo que ya era.
—No te disculpes, no había forma de que alguno de ustedes supiera.
Suga, se veía más cansado que antes. Ya no sabía qué hacer para salir de ese problema sin que terminara exponiendo el motivo por el que había mentido en primer lugar. Era consciente de que mentir otra vez lo haría verse peor, sobre todo si terminaban descubriéndolo. La confianza en una relación es clave para que sea estable, pero si no le está dando motivos a Taehyung para que confiara en él, no podía esperar que lo hiciera por arte de magia. Por el otro lado, en serio quería formar una buena relación con la madre de su novio porque sabía que eso también era importante para él y decirle la verdad sobre lo que había pasado ese día rompería la promesa que le había hecho a la mujer. Él jamás ha roto uno promesa y esa no iba a ser la excepción. No sabía a qué darle prioridad.
—Disculpa la pregunta, pero ¿por qué le mentiste Suga?
—Salí con su mamá ese día para platicar y conocernos mejor, pero me hizo prometer que no le diría a nadie. No le estoy siendo infiel, jamás haría eso— el chico terminó su bebida. Miraba un tanto desolado su taza vacía y el barista no lograba descifrar si eso se debía a que se había puesto triste por el tema o porque se lamentaba de haber terminado su chocolate caliente tan rápido —Por una parte, quiero ir a encararlo y resolver todo, pero, al mismo tiempo, me da miedo hacerlo porque no tengo idea de que le voy a decir y prefiero que continúe manteniendo su distancia por ahora.
El mayor agradecía no haber tenido que pasar por una situación como esa con los padres de Namjoon, pero si estaba seguro de algo es que, si una salida secreta con la mamá de su esposo hubiera puesto en riesgo su relación, hubiera preferido mil veces decirle la verdad a su pareja. Ahora, Namjoon no tenía un complejo de mami, por lo que, aún si su suegra lo odiara, eso no sería un problema para el menor. Tal vez el tema de las cenas de Navidad con familiares sería un poco problemático, pero nada que no pudiera resolver con alguna de sus recetas especiales. El caso de Taehyung era muy distinto, sabía muy bien de todos los problemas que el abandono de sus padres había causado en él.
Nada le podía asegurar que, si sus padres rechazaran a Suga, él no acabaría rechazándolo también en un intento desesperado por ganarse su aprobación. El mayor estaba en una encrucijada bastante compleja entre decepcionar a su pareja o decepcionar a su pareja. Suponía que era mejor irse por lo que hiciera menos daño.
—Solo puedo decirte que, ni tú puedes huir de Taehyung para siempre, ni él puede evitarte para siempre. Vas a tener que tomar la mejor decisión para los dos.
Suga volvió a recostarse sobre la mesa con un suspiro.
—Lo sé.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Jungkook estaba comenzando a adaptarse a ese nuevo estilo de vida. Al inicio, la idea de compartir su espacio de trabajo con otras personas le desagradaba, sobre todo cuando dichas personas no parecían conocer el concepto de madurez. Ahora, las cosas habían cambiado y no sabía muy bien cómo sentirse con el hecho de que comenzaba a disfrutarlo.
Se encontraba leyendo un documento mientras tomaba notas de los puntos claves. A su lado, cerca del librero, estaba Jackson, quien acomodaba algunos de los archivos más recientes en orden alfabético. En medio del cuarto, donde podía ser el centro de atención (porque si no lo era, se moría) se encontraba Jimin, sentado en una silla y con los audífonos puestos, escuchando música mientras hacía un pequeño bailecito que resultaba un tanto cómico. Ambas presencias le resultaban sumamente distractoras, sin embargo, ya no podía imaginarse un día en la oficina sin que ellos dos ahí.
Días atrás, Jackson se había intoxicado por comer comida echada a perder, lo que significó que no pudiera ir al trabajo. El bailarín, siendo el novio devoto que era, se quedó con él para poder cuidarlo en lo que se recuperaba.
Al principio, la noticia lo había emocionado. No porque su recepcionista y contador estuviera sufriendo a causa de dolor estomacal, sino por las implicaciones de eso. Iba a tener la oficina libre para él sólo, finalmente. Justo lo que había querido durante semanas. O al menos eso pensó.
Ese día pudo hacer el progreso que llevaba ya un tiempo sin hacer gracias a sus acompañantes regulares, pero el extraño sentimiento que lo acompañó durante toda su jornada provocó que no disfrutara del hecho tanto como hubiese esperado. Realmente no podía ponerle otro nombre más que soledad. Genuinamente extrañó la presencia de las dos personas que antes consideraba una molestia y eso lo confundió un poco.
En un intento por tratar de erradicar aquella horrible sensación, Jungkook decidió hablarle a un colega para ir a cenar y platicar con alguien, asumiendo que cualquier persona sería suficiente como para no sentirse tan mal. No funcionó, ni siquiera cuando aquella pequeña e inocente salida entre compañeros pasó a ser algo más. Aunque lo disfrutó, a la mañana siguiente, al llegar a su casa a descansar antes de ir de vuelta al trabajo, volvió a sentirse desanimado al darse cuenta de que no había recibido un solo mensaje de la pareja.
Ellos, por supuesto, no tardaron en aparecer nuevamente cuando el mayor de los dos se sintió mejor. A pesar de volver a su rutina de no poder terminar el trabajo en el tiempo deseado, una extraña calma lo inundó, impidiendo que le importara demasiado. No estaba seguro de a qué se debía, pero Jackson y Jimin parecían ayudarle a no sentirse mal. No deseaba indagar demasiado en el porqué de momento. Si es así cómo funcionaban las cosas, entonces no pensaba quejarse. Fue así como terminó en esa situación.
El pequeño baile de Jimin comenzó a subir de escala, llegando al punto en que se paraba y hasta daba vueltas en su silla, simulando que se encontraba en alguna clase de concierto extraño. Jackson lo miraba con adoración, pausando brevemente lo que estaba haciendo para admirar a su novio. Fue en alguna de las vueltas que el bailarín paró en seco mientras miraba a la entrada del cuarto, en donde una persona se encontraba parada, observándolos a los tres.
Jackson, casi al mismo instante, se percató de la presencia de dicho sujeto. Jungkook se extrañó ligeramente al ya no detectar ningún movimiento por parte del rubio, lo que hizo que alzara la vista y su atención finalmente recayera sobre su muy inesperado y, ciertamente, indeseado visitante. Pronto, su expresión volvió a ser la de siempre, simplemente estaba harto de que esas cosas le estuvieran pasando a él. Ahí, en toda su gloria, se encontraba Taehyung, quien le sonreía de una manera bastante peculiar.
—¿Tae?— dijo Jimin mientras se quitaba uno de los audífonos, rompiendo el silencio incomodó que se estableció en el lugar ante la repentina aparición del castaño.
El mencionado apenas y apartó su mirada del joven abogado.
—Jimin, Jackson, hola. No esperaba encontrarlos aquí— casi al instante, volvió a fijarla sobre Jungkook —Es hora de la comida, así que estaba pensando que tú y yo podríamos ir por algo, solos.
Aquello desconcertó todavía más al pelinegro, ¿que Taehyung quería qué? No podía estar hablando en serio. El chico no pareció ser el único que captó lo extraña que había sido aquella petición, el bailarín se dio cuenta de inmediato de por qué el profesor estaba ahí. Rodó los ojos. Se puso de pie y bastó una mirada hacia su novio para que éste supiera que ya era momento de irse. Jackson soltó un suspiro y dejó todas las cosas que tenía en las manos para salir del lugar junto a su pareja. Jungkook los miró irse en silencio. Quedaron solo él y el castaño.
Sin darle demasiada importancia, Taehyung caminó hasta su escritorio, tomando la silla en la que Jimin estuvo sentado y arrastrándola con él hasta que se encontró frente a frente con el joven abogado. Una vez cerca, tomó asiento y se reclinó hacia él.
—Entonces, ¿de qué tienes ganas?
Muchas veces Jungkook se había encontrado en situaciones como esa, donde personas que le resultaban intimidantes llegaban y simplemente lo forzaban a hacer cosas que no quería, conscientes de que no iba a poder negarse. Honestamente, ya estaba comenzando a cansarse de eso, No quería recibir una paliza, pero para todo existía un límite y Jungkook acababa de llegar al suyo. Era un maldito abogado, por Dios. No podía continuar permitiéndole a los demás que lo manipularan de aquella manera. Era momento de volver a ser la persona despiadada y con una personalidad de hierro que solía ser. El joven se cruzó de brazos mientras le dedicaba al otro una mirada fría y retadora.
—Sé lo que estás haciendo y no te va funcionar. Ya fue suficiente, Taehyung.
La sonrisa del profesor se volvió cínica mientras alzaba una ceja. Al parecer no esperaba que le contestara.
—No sé de qué hablas.
—No nací ayer. No puedes evitar a Suga por siempre y yo creo que ya estás lo suficientemente grandecito para hablar las cosas de frente en lugar de huir como siempre.
Apenas terminó de decir eso, el profesor se puso de pie de manera violenta, golpeando el escritorio con ambas manos. Era como si estuviera a punto de lanzar el primer golpe, pero a Jungkook ya no podía importarle menos.
—Tú no eres quién para decir eso.
—Por favor, tu reacción es prueba más que suficiente de que sigues siendo la misma persona impulsiva e inmadura de antes— el abogado ni siquiera se inmutó un poco —Anda, golpéame si es lo que quieres, yo no te tengo miedo.
Por unos momentos, el profesor trató de continuar con su pequeño acto de provocación, creyendo que el otro cedería eventualmente ante sus deseos, como siempre. No obstante, no contaba con que Jungkook estuviera tan decidido a ya no dejarse influenciar por su actitud. El abogado seguía estoico, comenzando a prepararse para una pelea física con él. No le mintió cuando dijo que ya no le temía.
Taehyung soltó un suspiro, irritado, y volvió a dejarse caer en la silla en cuanto se dio cuenta de que no podía ganarle. No esta vez, por lo menos. Un puchero se formó en su rostro y, de bully de secundaria, se convirtió en niño berrinchudo de cinco años al que le acaban de negar un capricho.
—Es fácil para ti decirlo. No me importaría hablar las cosas con Suga si supiera que no va a mentir, otra vez.
Jungkook no sabía cómo contestar a eso. Conocía muy poco de lo que había pasado con la pareja y realmente no sabía cómo era Suga a la hora de resolver conflictos. Si existía alguien en este mundo que sabía cómo debía ser una relación de manera sana, era el mayor. Después de todo, el psicólogo era él. Tal vez las sospechas del profesor no eran tan infundadas como pensó.
—¿Has intentado siquiera hablar con él?
—No, lo he estado evitando desde el incidente en la cafetería.
Entonces sí era culpa de Taehyung ¿cómo esperaba que Suga le diera una explicación o siquiera justificara su actuar si ni siquiera le estaba dando la oportunidad de hacerlo? No entendía qué esperaba el profesor. Si algo le desagradaba del chico, era lo rápido que saltaba a conclusiones, aún sin evidencia. Eso no le quitaba culpa a Suga, pero sí la minimizaba considerablemente.
—Mira, como sea. Perdón ¿sí? Tú ganas, no debí actuar así, pero en serio me gustaría ir a cenar con alguien. ¿Podemos ir como amigos, por favor? Prometo no intentar nada.
—¿Y desde cuándo somos amigos?
El profesor meditó brevemente su respuesta, optando por el camino sincero.
—Desde el momento en que necesito a alguien con quien platicar.
Suga tuvo razón con todo el tema de contar con pilares en los que recaer fuera de su relación. El profesor quiso pensar que su relación no volvería a pasar por una situación complicada, pero, al parecer, fue demasiado ingenuo. Ahora agradece haberse dejado convencer por el mayor para tratar de conectar con antiguos conocidos.
—No lo sé...
—Por favor, te lo ruego.
Esta vez juntó sus manos a manera de plegaria mientras ponía cara de cachorro regañado. Jungkook soltó un suspiro.
—De acuerdo, pero tú pagas.
4 -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-Después de un largo día de hablar sobre todo lo que le atormentaba y llorar un poco, Suga se sentía considerablemente agotado. Estando fuera de su hogar, vio la hora, dándose cuenta de que ya era bastante tarde. Para ese momento, su pareja probablemente ya se encontraba durmiendo en el cuarto que compartían, por lo que se convertiría en otro día en el que no supiera nada de él. Sintiendo como el peso de sus problemas lo volvía a atormentar, abrió la puerta, ingresando al lugar.
Fue muy grande su sorpresa cuando se encontró que, no solo Taehyung aun estaba despierto, sino que también estaba en la cocina, preparando algo que olía demasiado bien. Al escuchar la puerta abrirse, el castaño volteó hacia la entrada, haciendo contacto visual con el psicólogo. Ambos se quedaron así sin decir nada. El mayor se sentía demasiado nervioso por algún motivo.
El profesor regresó su atención a lo que estaba haciendo, oportunidad que Suga tomó para escabullirse rápidamente a su cuarto, procurando hacer el menor ruido posible. Estaba actuando como un tonto y lo sabía. Su novio finalmente había volteado a verlo después de días de ignorarlo, algo había cambiado y era el momento perfecto para finalmente enfrentar el problema, pero como un cobarde había decidido huir porque no estaba del todo seguro que el profesor quisiera saber algo de él aún.
Frotó su cara levemente y negó. Dejó sus cosas sobre la cama y sacó su pijama y ropa interior. Todo lo que necesitaba era un baño con agua caliente para intentar relajarse. Habían sido demasiadas emociones para un solo día, estaba seguro que con mayor paz mental podría pensar mejor las cosas.
Una vez tuvo todo listo, volvió a salir de su recamara y miró el pasillo. Para llegar al baño tenía que pasar forzosamente por la sala y eso implicaba la cocina. Se armó de valor y rápidamente realizó el trayecto, esta vez sin ninguna clase de interrupción ya que su novio seguía estando inmerso en su tarea. Se encerró en el baño, aliviado y al instante se deshizo de todas sus prendas ansiando meterse a la ducha lo más pronto posible.
En cuanto las primeras gotas de agua hicieron contacto con su piel desnuda, pudo sentir cómo todos sus problemas se resbalaban fuera de él. Pasó sus manos por su cabello, haciéndolo para atrás, y su mente se puso en blanco. La idea era reflexionar un poco, pero, en aquel estado, no podía encontrar las fuerzas o las ganas para volver a abrumarse por todas las tonterías que había estado haciendo últimamente. Su mente optó por preocuparse por cosas mucho más triviales e insignificantes que la estabilidad de su relación. Su baño acabó extendiéndose más de lo que esperaba. No se percató de cuánto tiempo llevaba en el agua hasta que sintió como las yemas de sus dedos se arrugaban por completo, una clara señal de que era momento de que cerrara la llave y salir.
El joven, con cierta pesadez, tomó una de las toallas que tenía más cerca para poder secarse. Pensó brevemente en utilizar la secadora de cabello, pero al final decidió que dejarlo secarse al natural un día no iba a matarlo. Al ponerse su pijama, notó que aquello resultó ser una mala idea puesto ya que esta misma comenzaba a mojarse debido a las gotitas de agua que caían en ella desde su cabello. No importaba, no era la primera mala decisión que no planeaba resolver en un futuro cercano. Podía vivir con una gripe, en el peor de los casos.
Al abrir la puerta del baño, una corriente de aire frío provocó que temblara. Definitivamente se iba a enfermar. Perfecto. Iba a emprender su viaje de regreso a su cuarto cuando encontró a su novio en el pasillo que tenía que recorrer, mirándolo fijamente. Todos los músculos en su cuerpo se tensaron al instante, la mirada del profesor era fría.
—Tenemos que hablar— y era cierto. El psicólogo sabía que tenían que hacerlo, pero no pensó que sería tan pronto. Al ver que el otro se acercaba a él, comenzó a caminar en retroceso, de manera instintiva, hasta quedar acorralado contra la pared. Taehyung no lo tocó, realmente no estaba haciendo nada para mantenerlo fijo en su lugar. A pesar de tenerlo contra la pared, mantenía una distancia considerable y respetuosa mientras lo veía —¿Me estás engañando?
Directo al grano. El pelinegro por poco y se ahogó ante lo asertivo que fue su pareja, sobre todo por el tono de voz que usó. Respiró hondo; era ahora o nunca.
—No.
—¿Con quién me engañas?
—Con nadie.
—¿Me estás engañando?
—Que no.
—¿Quién es? Dime.
—Nadie, Taehyung.
El castaño dio un paso hacia adelante y Suga se pegó todavía más contra la pared, queriendo fusionarse con ella.
—Te pregunté si me eres infiel. Contesta.
—Que no. No lo estoy haciendo.
—¿Con quién?
—Taehyng, ya te dije que con nadie.
—Entonces, ¿quién era esa mujer?
El pelinegro sabía que esa pregunta saldría eventualmente.
—No puedo decirte.
—¿Por qué?
—Porque lo prometí, Taehyung. Por favor entiéndelo, en otras circunstancias no te lo ocultaría.
Ante eso, el profesor miró al suelo y se apartó.
—¿Y por qué mentiste? ¿Por qué no dijiste eso desde un inicio, eh?
—Porque pensé que no te darías cuenta de que no estaba en mi oficina y se me hizo fácil inventar cualquier cosa para salir de esa.
Era la verdad, no pensaba decorarla solo para no lastimar al otro. En aquel momento, prefirió mentir a explicar las cosas. El profesor no parecía muy contento con la respuesta, aun así, alzó la vista para verlo a los ojos, tratando de leer lo que estaba pensando.
—Esta es la última vez que te pregunto, ¿me estás engañando?
—No. J.
—¿Lo prometes?
—Sí.
En cuanto pronunció aquello, la expresión de rabia de su pareja se esfumó por completo y fue reemplazada por una de profundo alivio. El profesor frotó su cara, viéndose agotado. No era él único al que le había afectado todo eso.
—Está bien, te creo. Yo… en serio lo siento— Suga sintió su corazón enternecerse un poco —Por todo, absolutamente todo. Por cómo te traté en la cafetería y por, bueno, haberte acorralado ahora. No era el modo de llevar las cosas, es solo que me asusté demasiado cuando pensé en la posibilidad de… no importa. Como sea, no es excusa. En serio lo siento.
—Hey, está bien. Yo también me equivoqué.
Taehyung negó.
—No, eso no lo hace correcto. Soy un adulto, debería actuar como tal— el profesor mordió su labio inferior ligeramente —¿Puedo abrazarte?— Suga no le contestó, se limitó a alzar los brazos, invitándolo a acercarse con una leve sonrisa; Taehyung no perdió el tiempo, envolviendolo por completo, evidenciando lo mucho que había extrañado hacer eso —No estuvo bien, debí haber actuado diferente— besó la cabeza del mayor mientras lo aferraba con un poco más de fuerza, sin llegar a lastimarlo —¿Tienes hambre? Hice tu favorito. Sé que no compensa nada, pero pensé que podría hacer al menos eso por ti.
—Suena bien, además, huele delicioso.
Taehyung le sonrió y depositó un beso sobre su cabeza. Lentamente, la pareja caminó hasta el comedor. Mientras el mayor tomaba asiento, el castaño se dirigió hacia la cocina para servir la comida. Regresó a donde estaba el otro con un solo plato, colocandolo frente a Suga para después tomar asiento a un lado suyo.
—¿No vas a cenar?
—No, ya lo hice hace un rato. Invité a Jungkook al lugar que abrió hace poco cerca de aquí. Necesitaba alguien con quien platicar y que me abriera los ojos— Suga asintió levemente, un poco orgulloso de que el otro finalmente se hubiera dado cuenta de lo importante que era tener amigos. Dio el primer bocado, disfrutando por completo el delicioso sabor de la comida. Se perdió por completo en su cena, sin notar al otro mirarlo fijamente. Taehyung soltó un suspiro —¿Y la llamada? ¿Por qué te saliste de la casa de esa manera para tomarla?
El psicólogo casi se ahoga por la repentina pregunta, se quedó pensando.
—Bueno, es que era de un tema un poco sensible y no quería que escucharas cosas que pudieran darte una idea equivocada sobre lo que era o más motivos para sospechar de mí. Al parecer salió mal— aquello era parcialmente cierto.
Taehyung lo miró y sonrió, al parecer se la había comprado. Se sentía mal de volver a decirle una verdad a medias, pero era por un buen motivo. Tenía que proteger a Ahn, al menos hasta que terminara de descubrir cual era el problema de la chica. Su novio no era tonto, por lo que sabía que bastaba que le diera el más minimo detalle de lo que estaba haciendo para que él terminara por descifrar el resto. Si resultaba que conocía a la chica, no dudaba que trataría de involucrarse. Pero en lugar de ayudar, lo único que lograría con eso es que Ahn desconfiara de él y era lo último que necesitaba.
Cuando terminó de comer, su novio volvió a pararse, tomando su plato para poder lavarlo. Suga pensó en ofrecerle su ayuda, pero la cercanía del otro había hecho que se diera cuenta que, además de los abrazos, había algo más que también extrañaba. Lentamente se acercó hacia él, abrazándolo por detrás. Taehyung lo miró curioso.
—¿Suga?
—¿Qué tal si dejas esto para después y me acompañas al cuarto a hacer algo más divertido?— besó su cuello —Puedes ser rudo si quieres.
El cerebro del profesor hizo corto circuito momentáneamente, pero cerró el grifo del agua para poder voltear a verlo y abrazarlo mejor.
—Podría… o podríamos disfrutarlo los dos.
Ambos compartieron una sonrisa de complicidad mientras caminaban hacia su cuarto. Los platos sucios quedaron olvidados por completo al igual que el problema. Por ahora estaban bien y eso era lo único que importaba.
