Si pudiera colocarle a los días un nivel de dificultad, estos eran peor conforme avanzaba su vida. Primero que nada, estaba él con una extraña depresión que solo le hacía sentir como si nada de lo que hiciera valiera la pena. Incluso encontrarse con su, ahora nuevo amigo, no le ayudaba a disminuir esa presión aplastante en su pecho.
Se preguntaba cuánto tiempo más le iba a doler el corazón roto, hasta cuándo la herida que le hizo iba a cicatrizar, qué era lo que necesitaba para poder olvidarse del dolor que le provocaba su recuerdo.
Las reuniones con sus amigos eran divertidas, sus pequeñas platicas con Kaigaku eran entretenidas. Incluso las cenas que ahora tenía frecuentemente con su abuelo eran acogedoras, pero en su rutina todavía estaba esperarlo. Ya sea un mensaje, una llamada, un encuentro casual, lo que fuera estaba bien en ese punto. Siempre que nadie se entere no pasaría nada, porque nadie se decepcionaría de él, nadie sabría que era lo suficientemente débil como un alcohólico recayendo al vicio.
No necesitaba la lástima de los demás, suficiente tenía con la suya.
El peor de todos era Kaigaku sin duda, era al que menos parecía importarle que se perdiera en sus pensamientos. Después del beso que tuvieron días atrás nada había vuelto a pasar. Ellos seguían siendo lo mismo que antes, con la única diferencia que ahora Zenitsu ya no pagaba para verlo, incluso salían en sus tiempos libres a comprar comida chatarra en cualquier tienda que se les cruzara en el camino.
El rubio estaba aprendiendo a disfrutar de su compañía, aunque a veces era molesto cuando soltaba comentarios sarcásticos hacia Uzui. Lo peor venía cuando le pedía que dejara de hacerlo, entonces Kaigaku solo le recriminaría por aún no haberlo superado.
Él lo estaba intentando, a su propio ritmo y con sus propios demonios. Kaigaku jamás podría comprenderlo, así que siempre agradecía cuando al fin dejaba el tema de lado.
—Ya debo volver —dijo Kaigaku después de un rato.
Ambos se hallaban sentados en un parque semi vacío con latas de soda entre las manos. Zenitsu que miraba algunas aves cruzar, bajó su vista al chico a su lado y se levantó tomando su mochila escolar.
—Yo voy contigo.
—No lo hagas, hoy es viernes y te confundirán los borrachos —El ojiazul revisó los mensajes en su celular y apoyó una mano en el hombro del contrario— Nos vemos otro día, por ahora vuelve a tu vida normal.
Zenitsu quiso negarse, pero lo que le dijo lo acobardó. Al final ambos se separaron calles adelante y siguieron sus propios caminos.
La zona de por sí era oscura en los lugares ocultos como ese, Kaigaku había aprendido a avanzar entre esas rutas. Mayormente eran peligrosas, muchas personas desaparecían por ahí, y aunque se ahorraba minutos, solía evitarlo y rodearlo. Pero esa noche se retrasó, sin otra opción decidió cruzar precavido.
Cuando estuvo a unas esquinas observó una camioneta blanca esperando en la acera. Se detuvo en seco, comenzando a respirar más rápido de lo normal, esperaba no haber sido tan obvio con el ligero terror resbalando.
Entonces vio a un hombre bajar, el auto estaba apagado ahora y la melena plateada le llamó la atención.
Por ahora le daban la espalda, él miraba fijamente el burdel y eso solamente pudo ser una oportunidad para escabullirse de Tengen. Lo reconocía gracias a las fotos que Zenitsu a veces miraba melancólico, aunque no lo recordaba tan alto. Comenzó a caminar otra vez intentando ignorar al hombre parado al otro lado de la calle.
Ni siquiera lo miró al cruzar y aceleró un poco el paso cuando lo perdió de vista.
—¡Espera! —le llamó, pero no volteó a verle. Prefería seguir su camino e ignorar la existencia del mayor— Solo quiero preguntarte algo...
—Tendrás que pagar por mi tiempo, casanova —Kaigaku sonrió en su defensa y no inmutó su velocidad.
Detrás escuchó pasos y segundos después tenía billetes extendidos en frente de su cara. Apretó la mandíbula imponente, sabiendo que no podía negarlos. El dinero ejercía poder sobre el y no podía evitarlo. Sin otra opción se los arrebató.
—Muy bien, ahora tienes mi atención —Notificó, dejando que en su voz saliera un tono de fastidio al verle sus ojos violetas afilados y satisfechos.
Tengen le sonrió como siempre solía hacer, dejando que su encanto envuelva al chico frente a él. Si tan solo se descuidara un poco, si bajara aunque sea un centímetro su defensa caería en su trampa, como cualquier mujer u hombre que se topaba con él y le entregaban lo que quería.
Tenerlo en frente era irónico, porque siempre se burlaba de Zenitsu por no superarlo, pero de cerca creía entenderlo. Si Kaigaku hubiese sido su presa no lograría salir ileso tampoco.
—Genial —comenzó, comenzando a acariciarle el rostro con el dorso de su mano— Nos hemos visto antes, ¿Recuerdas? No pude olvidar tu rostro desde entonces, es demasiado singular.
Kaigaku lo desafío con una sonrisa, levantando una ceja al escucharlo. Él también sabía jugar así.
—Hoy sí solicitaste mis servicios, voy a satisfacer cada rincón de ti —Seguido a eso, Kaigaku posó una de sus manos en los brazos que lo rodeaban y comenzó a acariciarlo.
Los ojos de Uzui se entrecerraron con sigilo, pudiendo presentir lo que implicaba involucrarse con ese chico.
Llevó sus caricias a su cabello con lentitud, marcando su ritmo, dejando que el momento apenas se volviera íntimo y después apretó sus mechones, cada vez con más fuerza haciendo que el rostro del contrario vaya hacia atrás, vio su sonrisa segura vacilar ante el agarre.
—Solo quiero preguntarte algo. Sé que conoces a Zenitsu, y tengo la ligera sospecha de lo estás alejando de mi, ¿Me estoy equivocando?
Al oírlo, dejó de fingir su coqueta sonrisa y en cambio Kaigaku torció la boca con molestia ante la mano cerrada en su cabello. Él clavó las uñas en el brazo del más alto y un ligero gruñido se hizo presente.
—¿Y que si lo hago? —soltó con agresividad— lo descuidaste y yo lo tomé. Él no te pertenece.
—Oh, pequeño niño, no sabes nada —Uzui lo soltó y alejándose se cruzó de brazos— Zenitsu no me pertenece, pero yo a él si. Y no permitiré que lo alejes de mi. Déjanos en paz, esto es una advertencia.
Kaigaku escupió como respuesta, su saliva embarró los zapatos pulidos del mayor y sus ojos se levantaron a su rostro con enojo.
—Eso es una mierda. Si te vuelves a acercar a mí o a Zenitsu yo me encargaré de ver tu podrida cara en la prisión. Esto es una amenaza.
El ojiazul entonces retrocedió sobre sus pies y cuando tuvo una distancia prudente a Uzui, volteó para poder entrar al burdel. Maldiciendo que sus manos en los bolsillos temblaran por el encuentro, con inquietud latiendo en su pecho.
Ahora debía tener más cuidado al salir a la calle.
Además de prepararse para ver merodear a Uzui a su alrededor. Debía conservar la calma.
Feliz año nuevo a todos y gracias por leer uwu
