* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Capítulo 13

Hermana mayor

Unas semanas después de que Dororo comenzara a mostrar los síntomas de su segundo embarazo, Hyakkimaru tuvo que ir a la aldea que ahora era liderada por su hermano menor a atender a algunos de sus pacientes. Decidió aprovechar este viaje para darle la buena noticia.

— ¿Lo dices en serio, Aniue? ¿Dororo está embarazada otra vez?

— Si, es lo más probable. Está presentando algunos de los síntomas de nuevo, así que es casi un hecho que está esperando a nuestro segundo hijo.

— ¡Eso es maravilloso! ¡Muchas felicidades!

Tahomaru le dio unas palmaditas en su espalda a su hermano a forma de felicitación, sin embargo, se detuvo cuando observó su semblante. Decir que su hermano no se sentía feliz a la idea de saber que tendrían a su segundo hijo era una mentira, pero lo cierto era que sus ojos dejaban entrever también cierta preocupación.

Fue cuando el menor hizo memoria y pudo recordar que un mes atrás ya lo había notado también de esa manera. Tal vez desde entonces ya sospechaban lo del embarazo, pero si esto era cierto ¿Por qué su hermano mayor ya se notaba en ese estado ansioso? No importaba que tan difícil fuera, tenía que arreglárselas para que le hablara de su sentir.

— Tener un segundo hijo sin duda es una bendición—comenzó a hablarle Tahomaru con calma mientras se sentaba en el césped y observaba el riachuelo frente a ellos—pero creo que hay algo que te preocupa ¿no es así?

— ¿Qué te hace pensarlo? —Preguntó el mayor enarcando una ceja con curiosidad.

— A pesar de que siempre tienes ese semblante indiferente, soy tu hermano menor y te conozco muy bien. No importa que tanto lo intentes, no puedes ocultarme cómo te sientes en realidad, Aniue.

— Estas malentendiendo las cosas. —Se apresuró el aludido en responder al tiempo que desviaba la vista.

— Sabes que no dejaré de insistir hasta que me lo digas ¿verdad? Hoy tienes la mala suerte de que tengo mucho tiempo libre, tiempo libre en el que puedo molestarte una y otra vez hasta que me lo digas.

Hyakkimaru torció la boca en un gesto de reproche a la vez que se volvía a verlo solo para encontrarse con la pícara sonrisa que su hermano menor le mostraba. Cuando este se dio cuenta que obtuvo su atención dio unas palmaditas a su lado indicándole que se sentara y hablara con él. El mayor se dio por vencido tras unos segundos más de súplica hasta que cedió a regañadientes.

— Entonces, el segundo embarazo de Dororo no fue exactamente planeado. —Opinó Tahomaru con voz baja una vez terminó de escuchar todo el relato. Hyakkimaru negó lentamente con la cabeza, desviando el rostro para que no notara su vergüenza. Antes de continuar el hermano menor soltó un suspiro que trató de disimular—: Pues si no puedes frenar esas necesidades tuyas Aniue, no sé qué más esperabas que pasara.

— Cuando se tiene un hijo todo cambia. —Trató de explicarse Hyakkimaru intentando recuperar su habitual serenidad—. Esto ocupa todo tu tiempo y los momentos entre pareja pasan a verse reducidos a casi nada. Ahora que ustedes tienen a Hyogo sabes de lo que hablo.

— S-sí, tienes razón. —Confesó Tahomaru tímidamente, intentando hacer memoria de cuando había sido la última vez que había podido disfrutar de su Natsumi a solas desde que su primogénito había nacido.

— Si estaba a solas con Dororo, era obvio que quisiera aprovechar este tiempo haciendo lo que los matrimonios hacen.

— Es que parece ser que nunca tienes suficiente de tu esposa. —Lo recriminó el menor con severidad.

— ¿Y tú si eres capaz de tener suficiente de tu esposa?

Le regresó su ataque con un tono inquisitivo, a lo que Tahomaru sintió su rostro entero enrojecer al darse cuenta que, si pudiera estar a solas con su esposa sin tener que cuidar a su hijo, lo más seguro era que él también optaría por pasar el tiempo de esa manera.

Los hermanos se miraron con cierto recelo el uno al otro por algunos segundos, siempre era igual, de alguna manera terminaban discutiendo para después ceder y hacer las paces al instante.

Volvieron la vista al frente y dejaron escapar un profundo suspiro en señal de que ambos habían levantado la bandera de la paz. Dándose cuenta de esto, Hyakkimaru retomó la plática hablando con más calma:

— A Dororo le preocupa que no tengamos los medios suficientes para cuidar de dos niños. La verdad es que me sentí tan feliz a la idea de pensar que esperamos a nuestro segundo bebé que no había caído en cuenta de eso. Me las arreglé para tranquilizarla, pero no puedo dejar de pensar desde entonces en todo lo que debo hacer para traer más dinero a casa.

«Mi oficio como médico me obligará a salir a más viajes para curar pacientes y hacer más estudios herbolarios y prostéticos todo con tal de poder ganar un poco más de dinero, pero no soporto la idea de dejar a mi esposa embarazada y a mi niña solas. Sé que habrá personas en la aldea que sin duda cuidarán de ellas, pero no puedo evitar preocuparme por su bienestar».

Hyakkimaru bajó la vista y apretó sus puños con frustración. Escuchando atentamente sus palabras fue cuando Tahomaru pudo comprender la casusa de la enorme preocupación que este cargaba en sus hombros.

Experimentó a la tristeza apretar su estómago al ver a su preciado hermano mayor de esa forma. De inmediato un sinfín de ideas comenzaron a surgir en su cabeza hasta que la solución necesaria pareció llegar de pronto. Esto le hizo exclamar con una voz alta y emocionada:

— ¡Ya lo sé! Tengo la solución perfecta para tu problema, y con esto no tendrás que hacer tantos viajes como tienes planeados.

— ¿En verdad? —Preguntó el mayor con un profundo interés.

— Si… Se trata de un proyecto que estoy organizando pensando justamente en que quiero incrementar los valores monetarios de nuestra aldea. Ya que nosotros tenemos una alianza, estoy más que seguro que podrán ayudarnos y así ambas aldeas podrían verse beneficiadas. Escucha…

Hyakkimaru escuchó con asombro el increíble proyecto que su inteligente hermano traía entre manos. Tenía unas cuantas semanas organizando a varios de sus hombres en una expedición para que buscaran más yacimientos minerales cerca de sus territorios y de esa manera obtener más materiales por medio de excavaciones que podrían aprovechar para la elaboración de armas, utensilios, joyerías y un sinfín de cosas más.

Tenía las pruebas gracias a las otras aldeas aliadas que a los alrededores comenzaban a formarse diferentes yacimientos, por lo cual explorar para comenzar a excavarlos era más que recomendable. Sin disminuir ni un centímetro la sonrisa triunfal en su rostro, Tahomaru finalizó:

— Mis hombres son mineros y están muy bien entrenados en ese ámbito de exploración y mano de obra, pero un aspecto en que aún no hemos podido mejorar mucho es en tener grupos de soldados experimentados que puedan defender a la expedición en caso de ataques de bandidos o monstruos, y es aquí donde entran ustedes, Aniue…

«Gracias a tus conocimientos y a que el mismo anciano Biwamaru amablemente los ha ayudado a entrenarlos en diversas ocasiones, el grupo de guerreros de tu aldea está formado por hombres fuertes, nobles y feroces más que capacitados para defender de cualquier grupo de bandidos, monstros o demonios que se atrevan a atacar a la expedición».

— Entonces… ¿quieres que te prestemos a nuestros soldados?

— ¡Si! Estoy seguro que con la protección de tus soldados nuestro grupo de expedición siempre regresará sano y salvo a nuestras tierras. Por supuesto no pretendo que esto sea de a gratis, podemos dividirnos las ganancias entre ambas aldeas en cuanto los yacimientos minerales fueran encontrados y se empiece a comerciar.

— Dororo…

— ¿Eh?

— Ella debe ser la encargada de negociar contigo, mi esposa es la líder.

— Tu esposa es una mujer maquiavélica que se las arreglará para sacar la mayor ventaja de esto… —Confesó Tahomaru con ironía.

— Es por eso que debe hacerlo, ya que es muy buena para negociar. —Presionó el mayor con un inmenso orgullo al recordar la astucia de su esposa.

— Está bien, de todas formas, pensaba visitarlos pronto para justamente hablar con ella sobre eso. —Afirmó con un tono entre derrotado y divertido—. Pero ¿qué opinas, Aniue? ¿Verdad que es una gran oportunidad para que ambas aldeas prosperen? De esa manera no deberás preocuparte de nada más. Podrás continuar tranquilamente con tu trabajo de médico en su aldea cuidando a tu familia, el incremento en el comercio para ambas aldeas está más que asegurado.

— Si… Muchas gracias por tomarnos en cuenta para eso, Tahomaru.

Le dijo con una sincera gratitud, gesto al que el mencionado respondió con cariño:

— No tienes nada que agradecer… Ya que ambos tenemos familias ahora, debemos pensar en su bienestar. Este proyecto surgió porque estaba pensando también en el bienestar de Natsumi y Hyogo.

Los orgullosos padres volvieron la vista hacia atrás apreciando a sus dos hijos los cuales jugaban unos metros detrás de ellos. Los alegres niños estaban tendidos en el césped con un numeroso grupo de juguetes de madera hechos por Hyakkimaru esparcidos alrededor.

— Kaede tendrá la oportunidad que por desgracia nosotros no tuvimos. —Habló de pronto el mayor con sinceridad—. Ella podrá convivir y criarse con su hermano o hermana desde su niñez.

Para Tahomaru estas sin duda fueron palabras inesperadas. Escucharlas ocasionó una mezcla de emociones en su corazón, experimentó cierta aflicción, aun así, podía asegurar que de igual manera se sentía genuinamente feliz de que esa experiencia no le hubiera sido negada a su sobrina como por desgracia si pasó con ellos.

— Es una bendición del cielo. —Respondió Tahomaru con dicha—. Una bendición sin duda otorgada por nuestra madre.

Tahomaru se volvió a ver a su admirado hermano repitiendo el gesto de darle unas palmaditas cariñosas en su espalda, este le correspondió revolviendo salvajemente sus cabellos, ocasionando la risa del menor, sin duda la sutileza no formaba parte de la forma de ser del ahora respetado médico.

Este lindo momento entre hermanos se vio interrumpido ante lo que presenciaron de pronto. Hyogo había alzado sus pequeñas manos hacia su prima en un ademan de pedirle prestado el tan preciado caballo de madera de la niña. Esta se mostraba empeñada en negárselo, cuando Hyogo se acercó a ella para intentarlo una vez más pareció acabar con su paciencia. Kaede frunció sus pequeñas cejas para después darle un golpe en el brazo a su primo, lo cual como era obvio, ocasionó que el bebé de un año comenzara a llorar con todas sus fuerzas.

— ¡Kaede!

— ¡Hyogo!

No perdieron tiempo y se acercaron a ellos. Tahomaru de inmediato tomó a su hijo entre sus brazos y comenzó a arrullarlo para intentar tranquilizarlo, por desgracia no podía lograrlo, el pequeño continuó con su desesperado llanto.

— Kaede, lo que hiciste no estuvo nada bien.

Le llamó la atención Hyakkimaru con rudeza, una acción no muy común en él lo que ocasionó que el pequeño cuerpo de su hija se sobresaltara un poco a causa de la sorpresa. Dándose cuenta de cómo la situación se ponía cada vez más tensa, Tahomaru se apresuró en intervenir en un intento por relajar el ambiente:

— Tranquilo Hyogo, tranquilo… Todo estará bien, no debes llorar más. Apuesto a que, si se lo pedimos, tu tío Hyakkimaru estará encantado en hacer después un nuevo caballo de madera solo para ti… ¿verdad que lo harías, Aniue?

— Claro, no sería ningún problema hacer uno después para Hyogo. —Respondió con calma para después volver a ver a su hija y endurecer su voz—. Sin embargo, lo que hizo Kaede está mal. Kaede, pídele disculpas a tu primo Hyogo.

Hyakkimaru se dio cuenta en ese momento que Kaede había heredado también la terquedad y orgullo de su madre. La niña le dirigió primero una mirada sumamente herida que estrujó su corazón, la cual de inmediato sustituyó por una de enfado cuando se cruzó de brazos y ladeó su cara desobedeciendo a su padre. Hyakkimaru la llamó varias veces más, pero esta seguía sin responder.

— ¡Kaede, estoy esperando!

Los ojos de la niña humedecieron en cuanto escuchó como su padre alzaba su voz para darle más fuerza a su regaño, si, era la primera vez que su gentil padre la regañaba. La niña se volvió a verlo con cierto temor para encontrarse con que la miraba con desaprobación y los brazos cruzados, pudo darse cuenta que en verdad estaba enfadado.

— Lo siento mucho, Hyogo…

Alcanzó a decir la pequeña con voz gangosa antes de soltarse a llorar en voz alta. Que su amoroso padre la hubiera tratado por primera vez de esa manera tan fría ocasionó que un profundo dolor la invadiera. Fue más el sentimiento de saber que había decepcionado a su padre que el haber lastimado a su primo la que la hicieron que no fuera capaz de parar su llanto.

Volvieron a su hogar sin hablar entre ellos pues Kaede siguió llorando y haciendo berrinches por un buen rato más. Siendo incapaz de controlar a la confundida niña, Hyakkimaru decidió dar por terminada la visita, teniendo que regañarla unas cuantas veces más.

Kaede continuó sollozando en voz baja durante el camino a casa. A diferencia de otras veces, su padre no la cargaba en hombros ni jugaba con ella en el camino como lo habían hecho antes en las visitas a su tío. El padre se limitó a tomarla fuertemente de la mano sin despegar la vista al frente, en verdad estaba enfadado.

"Papi" … Kaede quiso llamarlo, pero fue imposible, su garganta estaba seca y cerrada después de tanto llorar. Finalmente, a unos cuantos minutos antes de llegar a su hogar, Hyakkimaru dejó escapar un pesado suspiro para después voltearse a ver a su niña y decirle en un tono mucho más calmado:

— Kaede, debes entender que esto es por tu bien. A partir de ahora, debes aprender a ser más compartida con tus juguetes y pertenencias. Dentro de poco serás una hermana mayor, debes aprender a compartir.

"Hermana mayor". Esa palabra se quedó muy grabada en la mente de la pequeña. Por supuesto no pudo entenderlo en ese entonces… ¿Qué significaba ser una hermana mayor?


Conforme los días, semanas y meses continuaron transcurriendo, todo alrededor suyo comenzó a cambiar de una manera significativa, ocasionando que la confusión en la niña solo pudiera aumentar.

Cada vez eran más los días en que sus amorosos padres se notaban fastidiados o cansados. Su hermosa mamá, a la cual Kaede siempre disfrutaba de ver como todo el día iba de un lado para otro mientras le cantaba alegremente permanecía más tiempo en casa y se movía con más lentitud. Su comprensivo papá con el cual tanto adoraba jugar pasaba más tiempo en su clínica, y de vez en cuando se iba de viaje por unos cuantos días, ya no estaba tanto tiempo en casa con ellas como antes.

Kaede no comprendía el porqué de todos estos cambios, pero sin duda lo que más extraño le pareció fue ver como la panzita de su madre, la cual antes era plana de pronto había crecido. La niña no podía comprender porque su papá podía pasar varios minutos observando embelesado la ahora abultada panza de su mamá, tampoco entendía porque le cantaban y porque de repente su padre depositaba amorosos besos en ella.

"Tu hermano está aquí", le dijeron en varias ocasiones, pero sencillamente ella no podía comprender en absoluto a que se referían ¿había algo dentro del estómago de su madre? ¿era por eso que había crecido? Si era así ¿entonces no le dolía? ¿no le molestaba?

La niña de dos años se sentía confundida y triste. No podía entender el significado de tantos cambios tan radicales en su familia, ni tampoco toda la atención que sus padres le prestaban a lo que estaba dentro del estómago de su mamá. A veces pensaba que era como si se hubieran olvidado de ella.


— Papi, vamos a jugar.

Le pidió la niña con cariño acercándose a su amado papá, el cual se encontraba alistando sus cosas para salir. Hyakkimaru bajó la vista y se encontró con que su hija jalaba cariñosamente la tela de su hakama para llamar su atención, incluso traía cargando algunos de sus juguetes ya listos en sus brazos.

El corazón del padre se encogió de aflicción al darse cuenta que de nuevo no podría jugar con ella. Ya habían pasado algunos días desde la última vez que pudo dedicarse enteramente a pasar tiempo al lado de su amada hija, pero las cosas con las expediciones mineras de Tahomaru iban tan bien que varias veces necesitaron de su ayuda obligándolo a salir, y él no podía negarse.

— Lo siento mucho Kaede, pero papá debe salir a acompañar a tío Tahomaru. —Se colocó de rodillas en el suelo para quedar a su altura y darle un beso en su frente. Forzó una sonrisa cuando observó cómo esta le hacía un puchero—. Volveré antes del anochecer, cuando lo haga te prometo que jugaré contigo todo lo que quieras, mientras se una buena niña y acompaña a tu madre.

Kaede lloró tendidamente por algunos minutos por la partida de su padre hasta que Dororo pudo tranquilizarla cantándole alegremente como siempre lo hacía, la niña en verdad adoraba que su mamá, la cual era tan hermosa ante sus ojos le cantara.

Para fortuna de la pequeña su madre jugó con ella durante un buen rato hasta que alguien tocó a la puerta. Kaede supo que los alegres momentos de diversión habían terminado en cuanto vio a Jiheita y Yahiko entrar a su casa, para ese entonces ya sabía a la perfección que tal como cuando alguien llegaba a la clínica de su padre, ellos siempre obligaban a su mamá a ocuparse con algo.

Duraron poco más de una hora en la casa discutiendo y revisando diversos asuntos de la aldea relacionados al tratado de los yacimientos mineros. Cuando estos por fin se fueron Dororo se dejó caer pesadamente sobre el tatami de la sala de estar y acarició lentamente su barriga de seis meses de embarazo.

— Cada vez es más complicado moverse. —Señaló con cansancio la joven mujer, al tiempo que se daba unos golpecitos en los hombros a modo de relajación.

— Mami, vamos a jugar de nuevo. —Pidió la pequeña acercándose a ella y abrazándola amorosamente.

— Lo siento Kaede-chan, pero mami está algo cansada ahora. —Confesó su madre dirigiéndole una triste sonrisa—. Hoy fue un día pesado y descansar un poco me hará bien. Jugaremos de nuevo más tarde cuando tu papi llegue ¿está bien?

Kaede se dirigió cabizbaja hacia su habitación cuando vio cómo su madre aseguraba bien las puertas de la casa para posteriormente acercarle sus juguetes, dejarle un plato con deliciosos manjus, así como pergaminos y tinta para que se divirtiera con ellos. Ya sabía que esas eran todas las señales de que tendría que divertirse sola, un suceso que se repetía una y otra vez desde meses atrás.

Dejó escapar un leve sollozo mientras se secaba torpemente sus ojitos en un intento fallido para dejar de llorar. No quería jugar sola, ella quería jugar al lado de sus amados padres. Deseaba que todo fuera como antes, que los tres se divirtieran y rieran juntos, quería pasar todo el día a su lado, simplemente no podía comprender como de un día para otro todo había cambiado tanto. Kaede se sintió desplazada, era como si sus padres ya no la amaran.


— ¡Hyakkimaru, Kaede escapó de casa!

El joven de cabello azabache no se esperaba tal recibimiento al llegar a su hogar. Tras escuchar esas inesperadas palabras se detuvo a unos cuantos pasos de Dororo quien salía a toda prisa a su encuentro y su cuerpo se paralizó. Abrió levemente su boca, pero su garganta estaba cerrada, estaba tan sorprendido que no supo que responder.

— Lo siento mucho, fue mi culpa. —Volvió a hablar Dororo con voz temblorosa cerrando sus ojos con fuerza, unas pequeñas lágrimas escaparon de ellos—. Me recosté unos minutos para descansar, pero creo que estaba tan agotada que sin querer me quedé dormida. Aseguré todas las puertas, pero al revisar toda la casa me di cuenta que se las arregló para abrir una de las ventanas y salir por ella.

— Igual de intrépida que su madre. —Le respondió dulcemente juntando toda la entereza que le fue posible para no preocupar más a su esposa y ser un apoyo para ella. Se acercó, tomó su cara entre sus manos con delicadeza para limpiar sus lágrimas—. Tranquila, no fue tu culpa, Dororo.

— Yahiko y otros hombres ya la están buscando, pero aún no regresan con noticias. —Lo intentó con todas sus fuerzas, pero el enorme temor que le daba pensar que algo le pudo pasar a su amada nena le impedía dejar de llorar.

— Kaede es muy pequeña, por lo cual no creo que pueda ir muy lejos. No te preocupes, iré a buscarla en seguida.

— Hyakkimaru… ¿qué haremos si algo le pasa a nuestra Kaede?

— Estoy seguro que está bien. —El corazón del padre latía a toda velocidad a causa de la preocupación, sin embargo, hizo su mejor esfuerzo para ocultarlo, debía ser fuerte y mostrarse seguro, como padre de familia era su obligación—. Te lo prometo, no permitiré que nada le pase a nuestra niña, volveré con ella sana y salva.

— ¡Iré contigo!

— No, recuerda que en tu condición no es bueno que te sobre esfuerces. Lo mejor es que te quedes aquí y esperes por si vuelve a casa.

Hyakkimaru le dio un rápido beso en sus labios, se dio media vuelta y salió a toda velocidad en busca de su niña. Dororo regresó al interior de su casa reprimiendo su llanto. No podía dejarse sumir en la tristeza, tenía que ser fuerte y confiar en su esposo, estaba segura que él la traería de vuelta.

Dentro de su casa caminaba de un lado a otro sin poder detenerse, estaba tan nerviosa que sencillamente no se podía estar tranquila ni un segundo.

— Papá, mamá, por favor protejan a su nieta…

Dejó escapar esa suplica al cielo en voz baja para después dirigir su mirada hacia una de las ventanas traseras y ver algo en el exterior que la hizo abrir sus ojos con asombro. Justo donde comenzaba su adorado campo de arrozal podía vislumbrarse una pequeña mancha azulada. Dororo había vestido ese día a Kaede con un pequeño kimono color azul celeste, ¿y si…?

Salió corriendo lo más aprisa que pudo, a unos metros de llegar al campo sintió a su alma volver a su cuerpo cuando vio que en efecto su hija se encontraba sentada en el suelo cerca de los arrozales cabizbaja, la niña tenía su cara tapada con sus manos y lloraba desconsoladamente.

— ¡Kaede-chan!

Al escuchar la voz de su madre la niña alzó la vista por un momento para después dejar caer sus brazos a sus costados y comenzar a llorar con aun más fuerza. Dororo llegó a su lado y la envolvió con fuerza entre sus brazos para abrazarla y llenar de besos su cabeza.

— Kaede, mi amada nena. —Le habló con una voz que rebosaba alegría y alivio—¿Por qué te escapaste así? Mami y papi se asustaron tanto, por favor no vuelvas a hacerlo.

La niña hizo un enorme esfuerzo por controlar su llanto y le respondió entre hipidos:

— Mami… Por favor no me odien…

—¿Odiarte? —La tomó con cuidado de sus hombros y la movió para que quedara frente a ella—¿Por qué piensas eso?

— Mami y papi están siempre ocupados y se alejan de Kaede… Mami, no quiero que me abandonen, por favor no me dejen…

— Kaede, en verdad te sentías tan sola…

Dororo reflexionó unos segundos y poco a poco pareció comprender la situación. Experimentó una opresión expandirse por su pecho al darse cuenta que sin querer habían descuidado a su amada niña.

Dororo decidió repetir un gesto que su amada mamá siempre hacía con ella cuando esta deseaba explicarle y darle a entender las cosas. Tomó con cariño a su nena entre sus manos, la alzó y la sentó en sus piernas lo mejor que su condición de embarazada le permitía. Comenzó a hablarle con una voz suave y cariñosa:

— Kaede-chan, por favor disculpa a tu mami y papi que han sido unos tontos sin darse cuenta. Estamos tan ocupados preparando todo para la llegada de tu hermano que sin darnos cuenta te hemos descuidado. Es normal que te hayas sentido abandonada, por favor discúlpanos…

— ¿Hermano? —Inquirió la pequeña mientras disfrutaba del cariño de su madre—Mami y papi siempre me dicen que seré una hermana mayor, pero no sé qué es eso…

— Kaede-chan, ya lo sabes ¿verdad? Sabes que tu papi, tú y yo formamos una familia…

— ¡Si! Kaede ama a su familia.

— Pues dentro de poco tendrás un hermanito, y se unirá a nuestra familia. —Dororo tomó la mano de su nena y la posó sobre su vientre—. El nuevo miembro de nuestra familia se encuentra aquí ahora.

Kaede soltó un chillido de sorpresa cuando sintió un leve movimiento en la panzita de su madre, Dororo rio tiernamente y volvió a hablar mientras acariciaba la cabeza de su nena:

— Ese fue tu hermanito… Apuesto a que está ansioso por nacer, conocerte y jugar contigo.

— ¿Jugará conmigo? —Los rojizos ojos de su nena brillaron de emoción.

— Sí, estoy segura que cuando nazca los dos se llevarán muy bien, jugarán mucho y se volverán muy unidos, así como tu papi y tío Tahomaru.

— ¿Papi y tío Taho son hermanos?

— Así es…. ¿recuerdas lo que pasó hace unas semanas atrás? Tu tío Tahomaru recibió una flecha en su brazo al defender a sus hombres en una de las expediciones. Tu papi no perdió tiempo y lo trajo a su clínica para cuidar de su herida.

— Si…—Kaede bajó su vista con tristeza—Papi y tío Taho estuvieron un buen rato en la clínica, Kaede nunca había visto a papi tan triste y preocupado.

— Eso es porque tu papi ama mucho a su hermano, por eso él hizo su mayor esfuerzo por curar su herida rápido para que no corriera peligro. Ya que tu papi es el hermano mayor, él cree que tiene la responsabilidad de velar y cuidar siempre por él. Así serás tú, Kaede-chan, tú serás también una hermana mayor.

— ¿Kaede será una hermana mayor, como papi con tío Taho?

— Así es, estoy segura que serás una excelente hermana mayor, Kaede-chan. —La niña sujetó con ambas manos el vientre de su madre y fue capaz de sonreír con un sincero cariño. Viendo esto, su madre continuó—: Cuando tu hermanito nazca, será muy pequeño e indefenso, es por eso que tu papi y yo deberemos cuidarlo y estar muy al pendiente. Pero eso no significa que nos hayamos olvidado de ti, mi querida Kaede. Tú y tu hermanito siempre serán lo más importante, valioso y amado para tu padre y para mí, no lo olvides.

Dororo besó su frente, pudo sentirse mucho más tranquila al ver como su niña había recuperado su ánimo cuando esta comenzó a reír alegremente.

— Kaede será una excelente hermana mayor y siempre cuidará a su hermano. —Aseguró la niña con dulzura.

— Estoy segura que así será.

Madre e hija se abrazaron con cariño para segundos después ser sorprendidas por la voz de Hyakkimaru a lo lejos llamándolas. En cuestión de un parpadeo se vieron rodeadas por los fuertes y cálidos brazos del joven de cabello azabache.

— Kaede, que bueno que estás a salvo. —Comenzó a decirle su padre con un enorme alivio reflejado en su voz—. Por favor, no vuelvas a irte así.

— ¡Papi!

— Ustedes son lo más valioso en mi vida, no sé qué sería de mi sin ustedes. —Confesó Hyakkimaru con su cuerpo temblando ligeramente de la emoción—. No importa que pase, nunca permitiré que nadie las lastime ni las aparte de mí.

— ¡Papi, mami, los quiero mucho! No volveré a hacerlo. —Exclamó Kaede aferrándose más a ellos.

— Todo irá bien a partir de ahora, así que dejemos este mal momento y volvamos a casa… ¡preparemos algo delicioso para cenar! —Sugirió Dororo con una enorme sonrisa adornando su hermoso rostro.

— ¡Si! ¡Kaede está hambrienta!

— La comida de Dororo es deliciosa.

Volvieron a su casa sujetando a su amada nena fuertemente de una mano cada uno. Los padres tuvieron sumo cuidado a partir de ese momento para no volver a descuidarla, trataron de organizarse mejor para poder dedicarle más tiempo y que de esa manera no volviera a sentirse triste o descuidada. Kaede no volvió a escapar ni a sentirse de esa manera, por el contrario, desde ese día ella comenzó a esperar con ansias el nacimiento de su hermano.

Continuará