Hoy traigo un vestido de color verde esmeralda sin mangas, ajustado a la cintura y más suelto para la parte de abajo. Me sube la pierna izquierda hacia el asiento.
—¡Christian!
—Nadie nos va a ver Ana, los cristales son tintados. —me dice mientras roza mi rodilla y yo jadeo.
—Dijiste que me ibas a mostrar lo que tenías en la bolsita. —le digo jadeante y deseosa porque mueva su mano hacia arriba.
—Abre las piernas. —me pide mientras yo obedezco sin protestar.
Christian sube la mano lentamente por todo mi muslo hasta que llega a la unión entre mis piernas. En este punto ya mi respiración es errática. Desliza un dedo por encima de mis bragas y yo gimo.
—¿Es normal que estés tan mojada sin apenas yo tocarte? —me pregunta mientras yo muerdo mi labio inferior.
—No. —es la verdad. No es normal. —Es tu presencia, tus caricias y tu mirada que hace que mi cuerpo reaccione de esta forma.
Vuelve a deslizar el dedo lentamente por encima de mis bragas mientras no deja de observarme. Entonces las aparta a un lado y desliza el dedo lentamente por mi entrada. Cierro los ojos y gimo audiblemente mientras me dejo llevar por su lenta caricia mientras introduce un dedo en mi interior y lo mueve levemente en círculos.
—¡Christian! —no puedo creer que esté haciendo esto en la parte trasera del auto de Elena.
Saca el dedo y continúa deslizándolo por mi entrada. Entonces siento algo frío introduciéndose en mi y abro los ojos de repente.
—¡Christian! —lo observo apartarse de mi y acomodar mi vestido después de bajar mi pierna.
—Ya puedes regresar al trabajo. —me dice mientras se aparta de mí.
—¿Qué has puesto en mi interior?
—Algo para que continuemos con tu lección de hoy.
—¿Mi lección?
—Sí. La lección numero dos para ser exactos. Aprender a contener un orgasmo. —me dice con una sonrisa en el rostro.
—¿Cuál fue la número uno? —no recuerdo que me haya enseñado esa.
—Esa la dominaste rápidamente. —me dice mirándome fijamente.
Alzo una ceja esperando que me diga cual fue porque no la recuerdo.
—Tu primera lección fue alcanzar el orgasmo sin que te tocara. —me dice con una sonrisa.
Ya lo recuerdo. Lo sucedido en el club. Aparto los leves recuerdos que comienzan a aparecer repentinamente y me concentro en algo más importante. No tengo idea de que a puesto en mi interior, ni siquiera me lo ha mostrado. Lo miro frunciendo el ceño.
—¿No me lo dirás cierto?
—No.
—Entonces será mejor que regrese antes que alguien note mi ausencia.
Le quito el seguro a la puerta.
—Recuerda no venirte Ana. —me dice en tono muy bajo mientras yo contengo otro gemido más.
No creo que eso sea muy difícil después de lo de anoche.
Bajo del auto.
¡Dios!
Mientras me levanto del asiento y bajo del auto puedo sentir algo moviéndose en mi interior. Giro mi rostro hacia la ventanilla del auto. No puedo verlo, pero imagino que debe de estar observándome y sonriendo, sabiendo lo que acaba de hacerme, y aún más lo que me ha puesto en mi interior. Respiro profundamente y comienzo a caminar de regreso a la oficina.
Cada paso que doy, es una tortura y tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para llegar a mi puesto de trabajo. En cuanto me siento, el movimiento en mi interior se detiene. Pero sé que mi tortura solo a comenzado cuando Kate se asoma por mi puerta para ir a almorzar.
—¿Lista para almorzar?
—Lista. —le digo mientras me pongo de pie.
Me sostengo de repente de la mesa. Casi que había olvidado el misterioso juguetico que llevo en mi interior.
Casi.
Si fue una tortura caminar desde el auto hacia la oficina, más lo va a ser caminar hasta donde acostumbramos a almorzar. Esto va a ser demasiado para mí. Debo caminar dos cuadras y cada paso que doy, estoy mas cerca de alcanzar el orgasmo que antes.
Cuando estamos sentadas y hemos ordenado nuestro almuerzo Kate comienza con su interrogatorio.
—¿Qué te sucede? —me pregunta mientras intento ralentizar mi respiración acelerada.
—¿A qué te refieres?
—¿Como que a que me refiero Ana? Desde que salimos de la oficina estás sonrojada. ¿Te sientes bien?
¿Qué si me siento bien?
Desde luego que no.
Nunca antes he estado tan excitada en mi vida. ni siquiera anoche. Pero no puedo decirle que llevo un juguete erótico en mi interior que me hacer jadear de placer. Ah, y que no puedo venirme pues habrá consecuencias. No tengo idea de cuales serían las consecuencias si lo hago, pero no quiero averiguarlas.
—Debe ser la presión de trabajo. —le digo tocándome las mejillas con ambas manos.
Las siento calientes. Maldito Christian y su juguetico.
—Elena me ha dejado encargarme de Men Fitness. Seguro que el trabajar tanto me tiene atolondrada. —si seguro es eso y no otra cosa.
—¡Wau! De veras te dejo a cargo de todo. —creo que la táctica ha funcionado.
—Sí. De las entrevistas, de la sesión de fotos, de todo. —le digo con una sonrisa.
—Eso demuestra la confianza que tiene en ti. —me dice mientras comienza a almorzar.
Hago lo mismo. Estoy hambrienta. Y no sé si esta repentina hambre que siento se debe al esfuerzo sobrehumano que estoy haciendo aquí para hacer lo que él me ha dicho. No venirme.
—Entonces. ¿Qué sucede entre Christian y tú? —me pregunta de repente.
Cierro los ojos. Esto es lo que menos necesitaba en estos momentos. Me remuevo incómoda en el asiento. Mala idea. Cualquier leve movimiento hace que lo que sea que tengo dentro se mueva. Y el movimiento se siente deliciosamente torturador. Creo recordar la descripción de esta sensación en alguna novela que leí. ¿Me habrá puesto unas bolas chinas? No lo voy a saber hasta que no me las quite. ¿Pretenderá que las lleve el día entero?
—¡Ana! —Kate me saca de mis pensamientos. —Llevo rato llamándote y estás perdida en tus pensamientos. ¿En qué estás pensando tanto? No mejor no me contestes eso. ¿Dime a donde te fuiste anoche?
—¡Eh!
—Si porque en un momento te vi bailando con un tipo buenísimo que usaba una camisa blanca, y después desapareciste. Y hoy me dices que te marchaste con Christian. No entiendo nada. —vaya no se le fue un detalle.
—El tipo buenísimo de la camisa blanca… —le digo haciendo una pausa mientras ella me mira con los ojos bien abiertos. —Ese, era Christian.
—¡Que! ¡No puede ser! Pero el cambio ha sido radical. ¡Por dios! ¿Y yo estaba viviendo con un tipo así de bueno?
Me rio mientras continuo con el almuerzo. ¡Mierda! No debo reírme.
—Pero no me lo estás contando todo, ¿cierto? —la miro fijamente mientras detengo el tenedor a medio camino de mi boca.
—Qué quieres saber Kate.
—Anoche me dijiste que casi te habías acostado con Christian y después te marchas del club con él. —me mira alzando una ceja. —Dime que ya terminaste con la cuarentena. —su comentario me hacer reír.
—No podemos acostarnos Kate, trabajamos juntos.
—Aja. —me dice haciendo una mueca de fastidio. —No se lo contaré a nadie. Solo quiero saber que tal el sexo después de un año.
—Humm. —continúo comiendo mientras la miro pensativa. —Alucinante.
—¡No te puedo creer! —me dice golpeándome el hombro.
Y el movimiento hace que todos los músculos por debajo de mi vientre se tensen y se me escapa un gemido. Me quedo mirando a Kate, por suerte no se ha percatado de esto mientras me mira estupefacta aún por lo que le acabo de contar. No puedo contarle nada más.
Según Christian, mañana termina de trabajar para Elena. Así que después de eso, ya no tendremos que ocultarnos. Aunque no es que tengamos una relación de pareja normal. ¿Acaso me lo estoy planteando después de un solo encuentro con él? Ni yo misma me lo creo.
—Entonces. ¿Me darás todos los detalles suculentos de esa primera vez? —me dice mientras no aparta su mirada curiosa de la mía.
—Nada fuera de lo normal Kate. —le digo mientras continúo comiendo mi comida hora más lentamente.
—¿Te crees que soy tonta? Ya me dijiste como luce Christian y anoche tuve un vistazo del tipo con el que bailabas. Así que cuenta. ¿Qué tipo de sexo tuviste anoche? Duro o lento.
—¿Tiene algo que ver? —le pregunto sin mirarla a los ojos.
—Desde luego. Eso dice mucho.
Pervertido. Es la única palabra que pasa por mi mente para describir a Christian y el sexo respecto a él. Y por un momento me pregunto si Kate se escandalizaría si le cuento exactamente lo que hicimos anoche, como me tomó en el baño. Alzo la mirada de mi plato de comida y la miro a ella. Tiene un brillo de curiosidad en los ojos.
—¿Alguna vez te han atado? —le pregunto sin dudarlo y puedo ver como su boca se abre completa.
—No. ¿Por qué lo preguntas? No me digas que…
—Sí. —le digo en un susurro mientras me pierdo brevemente en los recuerdos de la ducha.
—¡Espera, espera! Déjame ver si lo entiendo. Te mudas con mi antiguo compañero de piso, que resulta que está macizo y bueno a más no poder. ¿Y después de un año sin sexo, tu regreso a la actividad sexual ha sido atada a la cama?
Dos años en realidad, pero decido que es muy tarde para admitir la verdad.
—No precisamente, pero sí. —mejor no entro en detalles si ella a llegado a la conclusión de la cama sola.
—Y me imagino que te ha tomado salvajemente.
No tienes idea. A pesar de que me había dicho que lo haría lento. Me quedo en silencio y ella asume la respuesta más obvia.
—¡Por dios Ana! ¿Cómo te sentiste?
—Excitada a más no poder. Abrumada por las sensaciones que resultaron nuevas para mí.
—¿Y cómo te sientes hoy?
Bueno Kate. Christian resulta que es más pervertido de lo que puedas llegar a imaginar y antes de venir a almorzar me ha puesto un juguetico dentro que hace que cada movimiento resulte doloroso para mí. Cada movimiento hace que todo mi vientre se contraiga deliciosamente y a cada instante me excite aún más. Pero me ha prohibido venirme o habrá consecuencias. Las cuales ignoro.
—Con una energía renovadora. —le contesto con una sonrisa.
—Sí. El sexo tiende a tener ese efecto. —me dice mientras ambas reímos a carcajadas.
Dejo de reír de inmediato. Esto solo ha hecho que lo que sea que llevo dentro se mueva y aumente la presión en mi vientre.
—¿Entonces es solo sexo o hay algo más?
—Solo sexo. —le contesto rápidamente.
Es solo sexo, porque yo no he querido tener nada más con él. Además de los extraños términos de nuestra relación actual. Y decido ignorar el resto de preguntas y comentarios de Kate mientras termino de almorzar.
Hago el mismo esfuerzo sobrehumano mientras regresamos a la oficina y ahí estoy ultimando los detalles de mañana toda la tarde. Pero también me distraigo en mis pensamientos.
Después del almuerzo y la conversación con Kate, no puedo dejar de pensar en lo último que le dije con respecto a la relación que tengo con Christian.
¿Solo sexo?
Sé que me estoy engañando a mi misma. Sé que hay algo más. En primer lugar, está la innegable atracción que sentimos el uno por el otro. No creo que el sexo casual con un extraño se sienta de esta forma. Sí, porque eso es él para mí, apenas conozco mucho de su vida.
Si fuera solo sexo no sintiera las mariposas en mi estómago cada vez que lo veo. No hiciera que mi respiración se acelerara con solo mirarme y no me llevara casi al borde de un orgasmo con solo tocar mi piel. O con solo mirarme.
Anoche fue la primera vez que tuve sexo de verdad, sin tener que fingir, sin tener que hacerlo todo yo. Sin sentirme insatisfecha. Por primera vez me sentí libre de poder disfrutar del sexo sin tener que llevar el control. Y la verdad es que no quisiera que acabara nunca. Y eso solo hace que comience a sentir miedo de repente. A pesar de que sé que Christian quiere algo conmigo. ¿Cómo sé que no se cansará de mí? ¿O que no me engañará en el club del que es dueño? ¿Qué no es igual al resto de idiotas con los que he salido?
Después de tanto tiempo sin estar en una relación, me siento insegura. No sé como comenzar una nuevamente. Estoy llena de miedos e inseguridades que no tenía hasta esta mañana.
Pero hay algo que si sé con total seguridad. Y eso es que no pienso comenzar una relación. No solo porque no me conozca a mi misma, ya he ido descubriendo unas cuantas cosas de mi que desconocía y sé que Christian me las podrá ir mostrando por el camino.
Así que le pondré una nueva condición a nuestro extraño acuerdo.
Como mismo el me ha pedido total honestidad, el deberá hacer lo mismo conmigo. Necesito respuestas. Respuestas a todas las preguntas que comienzan a rondar mi mente. Y necesito conocer más de él. Solo así, sabré con seguridad si puedo arriesgarme aún más en lo que sea que estemos haciendo. Sí. Porque sé que poco a poco Christian terminará devorando mi cuerpo y mi alma completamente.
