Pasamos dos días en el tren desde Amtrak, dirigiéndonos hacia el
oeste a través de las colinas, sobre ríos, y pasando mares de trigo de
color ámbar.

No fuimos atacados ni una vez, pero eso no me hizo bajar la guardia ni por un segundo. Sentía que estábamos viajando dentro de un escaparate de una tienda o algo similar, siendo observados por algo o alguien desde arriba y quizás también desde abajo. Ese algo nos estaba acechando, y estaba esperando la oportunidad adecuada para sorprendernos.

Tanto Percy como yo intentamos mantener un perfil bajo debido a que nuestros nombres y fotos estaban esparcidos en las primeras páginas de varios periódicos de la Costa Este. El Treton Registres-News mostraba una foto particular hecha por un turista mientras bajábamos del autobús Greyhound.

Percy tenía una mirada iracunda, su espada parecía un borrón metálico en sus manos, quizás tenia la forma de un bate de béisbol de metal o un palo de lacrosse. En cambio, yo tenía una mirada salvaje casi maligna con mis ojos en forma de cruces doradas, incluso me asusté un poco al ver mis ojos en aquella fotografía. En mi mano aún estaba la nudillera, aunque menos amenazante pero en mi otra mano estaba el látigo de la furia pero tenia la forma de una cadena común y corriente, y sin nada de fuego infernal.

La leyenda de la foto decía así:

- Percy Jackson y Diomedes Wilson, de doce y catorce años respectivamente. Buscados para ser interrogados por la desaparición de la madre del primero en Long Island hace dos semanas, se muestra aquí a ambos jóvenes saliendo del autobús donde acosaron a varias pasajeras de tercera edad. El autobús explotó en la carretera al este de Nueva Jersey poco después que Jackson y Wilson huyeran de la escena. Basado en las declaraciones de los testigos visuales, la policía cree que los dos hermanos pueden estar viajando con otros dos cómplices adolescentes. El padrastro de Percy Jackson, el señor Gabe Ugliano, ha ofrecido recompensa por información que conduzca a la captura inmediata de ambos jóvenes. -

Es decir, que éramos fugitivos en toda la regla ... No quiero imaginarme lo que estén pensando la hermana Ilia, Mike, Chloe o los demás del orfanato sobre esto.

- No se preocupen. - Nos empezó a decir Annabeth. - Los policías son mortales, nunca nos encontrarán. - Dijo tratando de tranquilizarnos, pero sus palabras no sonaban muy seguras del todo, aunque se aprecia el gesto.

Aún así, siento que no debemos subestimar a la policía. Conociendo mi suerte, llegarán en el momento menos oportuno. Pero tratamos de mantener el positivismo.

Percy se mantuvo el resto del día caminando de un lado al otro por el tren y a veces hablando con Grover. Annabeth leía una revista para distraerse ... O al menos lo intentaba, casi olvidé que tiene dislexia. Yo en cambio me mantuve mirando por las ventanas el paisaje que recorríamos hasta llegar a nuestro destino.

Una vez, logré divisar a una familia de centauros galopando a través de un campo de trigo, y cazaban el almuerzo. El pequeño niño centauro que se encontraba ahí, captó mi mirada y me saludó, tenía el tamaño de un niño de segundo grado montando un poni. Mire a los otros pasajeros, pero nadie más notó el suceso. Todos los adultos estaban ocupados en sus teléfonos celulares o leyendo revistas.

En otra ocasión, por el atardecer, vi algo realmente grande moviéndose a través de los bosques. Podría haber que era un león, excepto que los leones salvajes no viven en América, además de que lo que había visto tenía el tamaño de una Hummer. Su pelaje dorado brillaba con la luz del atardecer. Luego, saltó entre los árboles y desapareció.

Nuestro dinero por la recompensa por devolver a Gladiolus solo había sido suficiente para que compremos unos tickets hasta Denver. No tuvimos suficiente para las literas, así que tuvimos que dormir en nuestros "cómodos" asientos. Mi cuello estaba rígido.

Percy intentaba no babear mientras dormía, debido a que Annabeth estaba a su lado. Supongo que ya había pasado suficiente vergüenza la primera vez que pasó.

Grover se limitaba a roncar y gemir haciendo que nos despertemos más d una vez. En un momento se retorció en su asiento y uno de sus pies falsos se calló, Annabeth y Percy tuvieron que colocarlo de nuevo en su lugar mientras yo vigilaba, antes de que algún pasajero notarán las pezuñas de nuestro cabril amigo.

- Bien. - Dijo Annabeth luego de que ambos volvieran a sus asientos después de colocar el pie falso en su lugar. - ¿Quien quiere la ayuda de ustedes? -

Casi me atragantó con mi propia saliva por aquella pregunta. Note que Percy parecía tan sorprendido como yo por lo dicho por Annabeth.

- ¿Que quieres decir? - Pregunto Aquaboy un poco a la defensiva.

- Cuando Dio dormía en el bosque no paraba de decir; "No, no te ayudaré", mis sospechas no fueron infundadas cuando hace unos momentos cuando dormías que decías exactamente lo mismo, cerebro de algas. - Se explayó la listilla, creo que he subestimado de lo que es capaz una hija de Atenea, Annabeth es muy observadora. - Así que, ¿Con qué han estado soñando ustedes dos? -

Yo estaba renuente a decir algo al respecto, he soñado varias veces con aquel hombre ojos dorados, pero cada vez se han vuelto más frecuentes. Pero Percy fue el primero en contar sus sueños al respecto.

Annabeth se quedó callada por un rato, meditando lo que Percy le había contado. - Eso no suena para nada como Hades. El siempre se manifiesta en un trono negro y nunca se ríe. -

- El me ofreció a mi madre a cambio de ayudarlo, ¿Quien más podría haber sido? - Le cuestionó Aquaboy.

- Supongo ... Pero si lo que busca es que lo ayuden a salir del inframundo, si lo que quiere es desatar una guerra contra el Olimpo, ¿Por qué les pide que le lleven el Rayo Maestro si ya lo tiene en su poder? -

Percy sacudió su cabeza, deseando saber la respuesta. Hice una mueca al no tener una respuesta adecuada. Recordé lo que Grover había dicho, que las Furias en el autobús parecían estar buscando algo. "¿Donde está? ¿Donde está?" Es lo que ellas decían.

Quizás Grover sintió nuestras emociones, porque resopló en medio de sus sueños, murmuró algo sobre vegetales, y volteó su cabeza. Me tomé la molestia de reajustar su gorra de tal forma que cubriera sus cuernos que se habían descubierto por haberse movido.

- Percy, Dio, ustedes no pueden negociar con Hades por ningún motivo, ¿Lo entienden, no? - Nos dijo Annabeth con seriedad. - El es un mentiroso, no tiene piedad y es codicioso. No me importa si sus Benévolas no fueron tan agresivas esta vez ... -

- ¿Esta vez? - Repetí con cuidado, antes de mirarla con preocupación. - ¿Quieres decir que te has encontrado con ellas con anterioridad? -

Annabeth se quedó callada, ella deslizó su mano hasta su collar y nos lo mostró. Hizo hincapié en la primera cuenta, una perla vidriado con la imagen de un pino con un rayo encima, era un reconocimiento por concluir un verano en el campamento. Sentía tanta tristeza y dolor de la listilla mientras sostenía aquella cuenta, que casi me dieron ganas de abrazarla.

- Solo digamos que no le guardo ningún aprecio al señor de la muerte. No pueden dejarse llevar, no hagan ningún trato con Hades por Sally. - Nos advirtió ella en un tono solemne.

- ¿Que harías si fuera tu padre? - Le pregunto Percy a la defensiva.

- Eso es fácil. - Contesto Annabeth sin pensarlo mucho, como si fuese una pregunta simple de un examen. - Lo dejaría pudrirse. -

- ¿A qué viene eso? - Le pregunté a Annabeth. Ella se dignó a estremecerse cuando dirigí mi atención hacia ella. Por el rabillo del ojo, se reflejaba mi rostro en la ventana, mis ojos se volvieron peligrosas cruces doradas.

No le di importancia, ahora mismo me importaba mucho más la razón por que la niña frente a mi despreciaba tanto a su padre.

Los ojos grises de Annabeth se centraron en mi. Al principio lucían aprensivos, pero al instante su expresión se endureció a la misma que tenia en el bosque del campamento, en el momento que dirigió su espada el sabueso del infierno. No obstante, si no la hubiera visto asustada antes, no hubiera notado que aún había cautela en su mirada hacia mí.

- Mi padre me despreciaba desde que nací, Diomedes. - Dijo ella molesta, pero note tristeza y dolor detrás de esa máscara. - El nunca quiso tener hijos. Cuando me tuvo, le pidió a Atenea que me llevara de regreso al Olimpo porque el estaba demasiado ocupado con su trabajo. A ella no le gusto eso, así que le dijo que los héroes debían ser criados por sus padres mortales. -

Hice una mueca por lo que había dicho, creo que fue mi culpa por alterarme por lo que dijo Annabeth hace un momento. Las cosas referentes a los padres es un nervio sensible para mí, y creo no debí juzgarla sin conocer su historia. Pero aún así ...

- Pero, ¿Como ... ? - Dijo Percy interrumpiendo mis pensamientos. - Es decir, supongo que no naciste en un hospital. -

Esa es ... Muy buena pregunta a decir verdad.

- Apareció al frente de la puerta de mi padre, en una cuna dorada, cargada desde el Olimpo por Céfiro, el viento del oeste. Cualquiera recordaría el momento como un milagro, ¿No es así? Incluso para sacar fotos y todo eso. Pero en cambio, el siempre habló de mi llegada como si fuera la cosa más inconveniente que jamás le haya sucedido en su vida. Cuando yo tenía cinco el se casi y se olvidó completamente de Atenea. El obtuvo una vida mortal "normal", con una mujer mortal "normal" y tuvo dos niños mortales "normales" e hizo lo posible para pretender que yo no existía. -

Me quedé mirando por la ventana del tren por un momento, donde se veía las luces de una ciudad a punto de dormir. Quería hacer sentir mejor a Annabeth, pero no sabia como.

- Mi mamá se casó con un tipo en verdad horrible. - Le dijo Percy de repente, de seguro para hacerla sentir mejor. - Grover dijo que lo hizo para protegerme, para esconderme en la esencia de una familia humana. Quizás eso es lo que tu padre estaba ideando. -

Annabeth siguió jugando con su collar. Estaba apretando el anillo de oro que colgaba del conjunto de cuentas. Se me ocurrió que el anillo quizás sería de su padre, por lo mucho que parecía apreciarlo. Me llegué a preguntar por qué lo usaba si lo odiaba tanto.

A menos que ...

- Yo no le importo. - Nos dijo ella en un tono solemne. - Su esposa, es decir mi madrastra, me trababa como a un monstruo. No me dejaba jugar con sus hijos, mis hermanos. Mi padre estaba de su lado. Cuando algo peligroso pasaba, cosas de monstruos como bien saben, los dos me miraban con resentimiento, como diciéndome con la mirada; "¿Como te atreves a poner a nuestra familia en riesgo?". Finalmente logré entenderlo. Yo no era querida en esa casa. Por lo tanto me escapé. -

- ¿Cuantos años tenías? - Le pregunté suavemente.

- La misma edad de cuando empecé el campamento. Siete. -

- Pero ... - Comenzó a decir Percy. - No pudiste haber recorrido todo el camino al campamento Mestizo tu sola. -

- No, sola no. Atenea me cuidaba, me ayudaba guiándome por el mejor curso de acción. Hice un par de amigos inesperados que se hicieron cargo de mi por durante un tiempo. -

Percy parecía querer preguntar qué sucedió luego y debo de admitir que yo también, pero Annabeth parecía perdida en sus tristes recuerdos del pasado. Así que escuché el sonido de los ronquidos de Grover mirando por las ventanas del tren mientras los oscuros campos de Ohio pasaban.

Hacia el final de nuestro segundo día en el tren, el 13 de junio, ocho días antes del solsticio de verano, pasamos a través de las colinas doradas y sobre el río Mississippi en San Luis. Annabeth estiró el cuello para ver el Gateway Arch, que para mi lucía como una gran asa de bolsa de compras pegada a la ciudad.

- Quiero hacer eso. - Susurró Annabeth con un aire soñador.

- ¿Que cosa? - Le pregunto Aquaboy confundido.

- Construir algo como eso. ¿Han visto el Partenón alguna vez, chicos? -

- Solo en fotos. -

- Igual por aquí. - Murmuré por lo bajo.

- Algún día, voy a verlo en persona. Voy a construir el monumento a los dioses más grande que el mundo haya visto. Algo que va a durar mil años. -

Me reí levemente, no de burla pero me resultaba un poco divertido su sueño, pero no es algo para denigrar. No sé por qué pero lo encontré gracioso. La imagen de Annabeth sentada tranquila todo el día mientras dibujaba planos y demás sonaba extrañamente acorde con ella.

- ¿Arquitecta? - Pregunto Percy con curiosidad.

Las mejillas de Annabeth se sonrojaron. - Si, una arquitecta. Atenea espera que sus hijos creen cosas, no solo las destruyan, como cierto dios de los terremotos que podría mencionar. -

Observé el agua marrón que se agitaba por debajo del Mississippi con una mueca por lo que dijo.

- Lo siento. - Annabeth dijo casi al instante, dándose cuenta de su error si su expresión avergonzada me decía algo. - Eso fue muy cruel de mi parte. -

- ¿Pueden trabajar juntos un poco? - Les supliqué a ambos ya cansado de sus peleas. - Será difícil que un monstruo nos mate, si ustedes se matan entre ustedes primero.

- ¿Atenea y Poseidón nunca han cooperado? - Pregunto Percy con exasperación. Annabeth tuvo que pensar un poco sobre el tema.

- Supongo ... Que el carruaje. - Dijo ella finalmente en un tono pensativo, como si no estuviera completamente segura, pero algo es algo. - Mi madre lo inventó, pero Poseidón creó los caballos de las crestas de las olas. Así que tuvieron que trabajar juntos para completarlo. -

- Entonces, ¿Nosotros podemos cooperar también, verdad? -

Entramos en la ciudad. Annabeth miraba como el Arco desaparecía
detrás de un edificio.

- Supongo. - Respondió la listilla a la final.

Nos metimos en la estación del centro de Amtrak. El intercomunicador nos dijo que tendríamos una parada temporal de tres horas antes de partir hacia Denver.

Grover se estiró. Antes de que estuviera completamente despierto, y dijo: - ¿Comida?

Hice todo lo posible para no reírme.

- Vamos, chico cabra. - Dijo Annabeth. - Es hora del turismo. -

- ¿Turismo? - Pregunto aún aletargado por su siesta.

- El Gateway Arch. - Dijo ella con obviedad. - Esta podría ser mi única oportunidad de subir a la cima. ¿Vienen o qué? -

Nosotros tres intercambiamos miradas. Yo quería decir que no, pero me imagine que Annabeth iría sola de todos modos, no haríamos bien dejándola sola. Tenia un mal presentimiento sobre eso, y usualmente mis malos presentimientos son acertados.

Odio que eso pase.

Grover se encogió de hombros. - Mientras haya un restaurante sin monstruos cuenta conmigo. -

El Arco estaba como a un kilómetro y medio de la estación del tren. A final del día las colas para entrar no eran tan largas. Hicimos nuestro camino hacia el museo subterráneo, mirando vagones cubiertos y otras baratijas del siglo XVIII. No era tan interesante para mi, pero Annabeth seguía contándonos hechos interesantes acerca de cómo fue construido el arco, se le veía muy feliz. Además, Grover nos pasaba a Percy y a mi gominolas, así que no fue tan aburrido.

Sin embargo, seguía mirando alrededor a mis alrededores, a las otras personas en la fila. - ¿Hueles algo? - Le susurré a Grover con precaución.

Él sacó su nariz de las bolsa de gominolas lo suficiente para oler los alrededores.

- Ugh, subterráneo. - Respondió el con disgusto. - El aire bajo tierra siempre huele a monstruos. Probablemente no signifique nada. -

Probablemente no signifique nada. Pero para mí algo se sentía mal. Tenía la sensación de que no deberíamos estar aquí.

- Chicos. - Dijo Percy de repente. - ¿Conocen los símbolos de poder de los dioses? -

Annabeth estaba en el medio de una lectura sobre el equipo de construcción usado para construir el Arco aunque se le dificultaba por su dislexia, pero levantó la mirada hacia nosotros. - ¿Si? -

- Bueno, Hades ... - Empezó a decir Aquaboy, antes de que Grover se aclarará la garganta interrumpiendolo.

- Estamos en un lugar público ... ¿Quizás quieres decir nuestros amigo de abajo? - Dijo G-Man para disimular entre la multitud.

- Satán. - Dije sonriendo, pero recibí miradas en blanco.

- Um, correcto. - Dijo Percy no muy convencido pero me siguió el juego. - Satán, ¿No tiene un sombrero como el de Annabeth? -

- Te refieres al Yelmo de la Oscuridad. - Dijo Annabeth corrigiendolo. - Si, ese es su símbolo de poder. Lo vi junto a su asiento durante la reunión del consejo en el solsticio de invierno. -

- ¿El estaba ahí? - Le pregunté curioso.

Ella asintió. - Es el único momento en que se le permite visitar el Olimpo, el día más oscuro del año. Pero su yelmo es mucho más poderoso que mi sombrero de invisibilidad, si lo que oído es verdad ... -

- Le permite convertirse en oscuridad. - Proveyó Grover. - Puede fundirse con las sombras y/o atravesar las paredes. No puede ser tocado, o visto, u oído. Y puede irradiar un miedo tan intenso que puede volverte loco o detener tu corazón. ¿Por qué crees que todas la criaturas racionales le temen a la oscuridad? -

- Pero entonces ... ¿Como sabemos que él no está aquí ahora? ¿Vigilandonos? - Pregunto Percy. Tanto Grover como Annabeth intercambiaron miradas.

- No lo sabemos. - Respondió Grover.

- Gracias, eso me hace sentir mucho mejor. - Dijo Aquaboy con sarcasmo.

- Bueno, seria tántrico pensar que Satán está viéndonos justo ahora. - Comente encogimiendo de hombros, aunque esa sensación de que debemos irnos aún estaba presente. - En cualquier caso, ¿Aún quedan gominolas azules? -

Casi me habían dominado los nervios cuando vi el pequeño ascensor por el que íbamos a subir a la cima del Arco, y supe que estábamos en problemas. Odio los espacios confinados. Me vuelven loco y peor aún si están oscuros, afortunadamente no era así, sin embargo aún me ponía nervioso. Mi piel se puso de gallina y mis ojos ardieron, no eran signos buenos. Si tengo aliados en el Olimpo, por favor que no pase nada, ¡Yo les doy ofrendas a todos!

Nos metimos con esta señora gorda y su perro, un chihuahua con un collar de imitación de diamantes. Me supuse que el perro era un chihuahua lazarillo. Porque ninguno de los guardias dijo nada. Empezamos a subir, dentro del Arco. No había estado en muchos ascensores en mi vida, y mucho menos en uno que fuera en línea curva, y a mi estómago no le fascinó para nada la experiencia.

- ¿Y sus padres? - Nos preguntó de repente la señora gorda.

Ella tenía los ojos pequeños, negros y brillantes, dientes manchados de café; un sombrero de mezclilla, y un vestido de tela vaquera que sobresalía mucho, ella lucía como un zepelín vaquero.

- Se quedaron abajo. - Le dijo Annabeth. - Le tienen miedo a las alturas. -

- Oh, pobre de ellos. -

El chihuahua gruñó. La mujer dijo: - Hey, hey, Sonny. Compórtate. - El perro tenía ojos brillantes como su dueña, inteligentes y viciosos. Por alguna razón no me gustaba para nada.

- ¿Sonny? ¿Así se llama? - Pregunte alzando una ceja, el chihuahua me gruñó. Al parecer no le agradaba, afortunadamente el sentimiento era mutuo.

- No. - Me respondió la señora con una sonrisa, como si eso aclarara todo. Y hasta ahí llego nuestra conversación, que agradable señora.

Por favor que se note el sarcasmo.

En la cima del arco, la plataforma de observación me recordó a una lata de refresco. Las filas de pequeñas ventanas daban vista a la ciudad en un lado y al río en el otro. La vista estaba genial debo de admitir, pero si hay algo que me guste menos que un espacio confinado, es un espacio confinado de seiscientos pies en el aire. Estaba listo para irme bastante de inmediato en cualquier momento. Annabeth siguió hablando sobre los soportes estructurales, y de cómo ella habría hecho las ventanas más grandes, y diseñado una vista a través del piso. Traté de no estremecerme al imaginarme eso último

La hija de Atenea probablemente podría haberse quedado allí arriba por horas y horas, pero por suerte para mí el guardia del centro turístico anunció que la plataforma de observación se cerraría en unos minutos. Con nerviosismo guié a los chicos hacia la salida, llevándolos de nuevo dentro de aquella máquina infernal o tambien conocida como ascensor para poder irnos de una buena vez de aquí, y estaba a punto de meterme cuando me di cuenta que ya había muchos turistas adentro, por lo tanto no había espacio para mi.

- Será en el próximo viaje, joven. - Dijo el guardia a cargo. Creo que me puse más nervioso por la idea de quedarme aquí solo.

- Saldremos. - Dijo Annabeth apresuradamente al notar que me puse más pálido de lo normal. - Esperaremos contigo. -

Pero eso iba a causar muchísimos problemas a todo el mundo y tomaría más tiempo, así que dije; - N-No, está b-bien. Los veré a-abajo. - Aunque trate de sonar tranquilo, termine tartamudeando un poco.

Percy, Grover y Annabeth lucían nerviosos, especialmente Aquaboy. Pero justo cuando la puerta del ascensor empezó a cerrarse, mi hermano en todo excepto de sangre se empujó a sí mismo fuera del ascensor. Me quedé tan sorprendido por su acción que a penas me di cuenta que el elevador desapareció de mi vista.

Suspiré antes mirando esos ojos verde mar. - A ti gusta causar problemas, es un hecho. -

Percy resopló en respuesta. - De nada por acompañarte. -

No dije nada, peor note que al igual que yo estaba nervioso y tenia incluso más ganas que yo de salir de aquí, pero decidió acompañarme en mi miseria. No podría pedir mejor foca como hermano.

Le sonreí de medio lado. - Muchas gracias, Aquaboy. -

- ¡No me llames así! -

Ignoré lo que dije y me fije que ahora los únicos que quedaban en la plataforma de observación éramos yo, Percy, un niño pequeño con sus padres, un guardia, y la señora gorda con su chihuahua. Le sonreí incómodo a la señora gorda. Su lengua bífida oscilaba entre sus dientes.

...

... Espera un segundo, algo anda mal ...

¿Esa es una lengua bífida?

Antes de que pudiera cuestionarle a Percy si había visto lo mismo que yo, el chihuahua de la señora saltó y empezó a ladrarme.

- Ahora no, Sonny. Ahora no. - Le dijo la señora a su mascota. - ¿Parece que este es un buen momento? Tenemos a todas estas buenas personas aquí reunidas. -

- ¡Un perrito! - Escuche al niño pequeño decir. - ¡Mira, un perrito! - Sus padres lo apartaron de nosotros.

Él chihuahua me mostró sus dientes, la espuma empezó a gotear de su hocico negro.

- Bueno, hijo. - La señora gorda suspiró. - Si tu insistes tanto. -

Sentí un tirón de la boca de mi estómago, mis ojos se enfocaron.

- Umm, ¿Acaba de llamar hijo al chihuahua? - Preguntó Percy con cautela.

- Ay, querido, es una Quimera. - Le corrigió la señora gorda. - No un es chihuahua. Pero no te preocupes, es fácil equivocarse. -

Ella enrolló sus mangas de mezclilla, revelando que la piel de sus brazos era escamosa y verde. Cuando sonrió, vi que sus dientes eran colmillos. Las pupilas de sus ojos eran rendijas, como las de los reptiles.

El chihuahua ladró más fuerte, y con cada ladrido, crecía más y más. Primero al tamaño de un doberman, luego al de un león. El ladrido se convirtió en un rugido.

El niño pequeño gritó. Sus padres tiraron de él hacia la salida, directos hacia donde el guardia turístico estaba parado, quien se quedó allí, paralizado, mirando boquiabierto al monstruo.

Quimera era tan alto que su espalda peluda tocaba el techo. Tenía la cabeza de un león con una melena cubierta de sangre seca, el cuerpo y las patas de una cabra gigante, y la cola de una serpiente, de tres metros de largo sobresaliendo mucho detrás de su dueño tras de él. El collar de perro aún colgaba de su cuello, y por el tamaño de la placa ahora era fácil de leer lo que decía;

"Quimera: tiene rabia, aliento de fuego, es venenoso. Si lo encuentran, por favor, llamen al Tártaro Extensión 954."

Me di cuenta que ni siquiera había sacado mi lanza, y Percy tampoco había sacado su espada. Mis manos estaban entumecidas. Estaba a tres metros de las fauces sedientas de sangre de semidiós de la Quimera, y sabía que tan pronto me moviera, la bestia arremetería contra mi en un santiamén.

La señora serpiente emitió un ruido silbante de su boca que debió haber sido una risa. - Siéntense honrados, Percy Jackson y Diomedes Wilson. El señor Zeus rara vez me permite probar a un héroe con uno de mi progenie. ¡Porque yo soy la madre de los monstruos, la terrible Equidna! -

Me la quedé mirando por un segundo, por un momento el miedo y el nerviosismo desaparecieron. Solo pude articular; - ¿No es eso una especie de oso hormiguero? -

Ella gritó furiosa en respuesta, su cara de reptil se volvió marrón y verde de la rabia. - ¡Odio cuando la gente dice eso! ¡Odio Australia! Llamar a ese animal ridículo después de mí. ¡Por eso, Diomedes Wilson, mi hijo los destruirá a ustedes! -

Quimera se precipitó, sus dientes de león rechinaron. Senti como un relámpago recorrer mi cuerpo, y todo empezó a moverse más despacio. Por un segundo la Quimera vaciló en su ataque, tiempo suficiente para sacar mis anillos y evocar a Diathikes. Me las arreglé para saltar a un lado para esquivar su ataque, y ataque pero solo logré rozar su piel dejándole un minúsculo rasguño.

Terminé junto a la familia y el guardia turístico, que estaban todos gritando ahora, estaban tratando de abrir las puertas de emergencia. No podía permitir que los lastimaran por nuestra culpa por daño colateral, ellos no tenían nada que ver con esto.

Afortunadamente no estaba solo aquí.

- ¡Hey, chihuahua! - Escuche el grito de Percy al otro lado de la plataforma, con su espada en mano.

Quimera se dio la vuelta más rápido de lo que yo pensé posible y arremetió contra Percy.

Antes de poder seguirlo para apoyar a Aquaboy, tuve que esquivar una garra perteneciente a la gorda serpiente Equidna.

- Oh, no. Tu no vas a ninguna parte, niño de casa. - Dijo Equidna sonriendo con malicia. - ¡Mira al engendro del mar ser asesinado por mi hijo! -

- ¡Percy! - Grité y de reojo vi con horror como una columna de fuego salía despedida de la boca de la Quimera directamente hacia el.

Pero gracias a los dioses (no literalmente), logró saltar a un lado evitando así ser rostizado vivo. Las alfombras ardieron en llamas; el calor era tan intenso, que casi podía sentirlo hasta aquí.

- ¡Cuando mi hijo termine con el, vendrá a por ti! - Exclamo la gorda serpiente.

- ¡Cállate de una vez! - Grite ya furioso, ver a Percy en peligro me había molestado.

Saque el látigo de Alecto y con el golpeé en la cara a Equidna, la gorda gritó de dolor cuando el látigo de fuego quemó su ya horrenda piel. Corrí hacia Percy en ayuda.

- ¡Morirás, hijo de la hoguera! ¡Morirás! - Escuche a Equidna gritar. - ¡Tu muerte está profetizada! -

Ignoré lo que dijo, ahora importaba reunirme con Aquaboy. Cerca del susodicho había un agujero irregular a un lado del Arco, con metal fundido echando humo por los bordes.

- Esto es fantástico. - Pensé imaginando como reaccionaría Annabeth al ver esto. - Acabamos de arruinar un monumento nacional. -

Vi como Percy tenia a Anaklusmos en sus manos, con la hoja de bronce celestial brillando atacó el cuello de la Quimera quien arremetió contra él.

Eso fue un grave error. La hoja impacto contra el collar de perro sin causar daño alguno, y lo hizo perder el equilibrio por la inercia del golpe. Percy se defendió contra las peligrosas fauces de la Quimera, pero intercedi en el ataque. Utilice el látigo de la furia para cerrarle el hocico, el monstruo empezó a gemir y sacudirse por el fuego que emitía el látigo de Alecto.

Parecía un buen plan, hasta que me di cuenta que la fuerza de la Quimera era superior a la mía. Me jalo y jugo conmigo como si fuese una pelota de ping pong y me hizo chocar contra Percy. A penas vi como su espada caía de sus manos hacia el río Mississippi.

Intente ponerme firme y tratar de retomar el control hasta que la cola de cabeza de serpiente me atacara. Se enrolló alrededor de mi tobillo y enterró sus colmillos en mi carne. Sentí como si una barra de hierro al rojo vivo estuviese siendo metida dentro de mi pierna a la fuerza. Solté el látigo debido al dolor, y cuando me percaté mi lanza se había ido, había vuelto a su forma de anillo.

- ¡Dio! - Escuche el grito de pánico de Percy detrás mía.

Me las arreglé para levantarme de nuevo, pero supe que estábamos perdidos. No podía invocar mi lanza y mucho menos a las nudilleras, además con el veneno mortal recorriendo mi cuerpo sería imposible luchar. Percy estaba desarmado, recordé que su espada regresaba a su bolsillo pero al parecer no volvía aún por lo frenético que Aquaboy buscaba en su bolsillo. Además, no sabía si el podía usar mis armas. Yo era el único que no resultó brutalmente quemado por estos anillos según las palabras de Beckendorf y Hope.

Retrocedí hacia el hoyo de la pared donde estaba Percy cerca sin muchas opciones. La Quimera avanzó, gruñendo, se había liberado del látigo de que le quité a Alecto y ahora exhalaba humo de su boca.

La señora serpiente, Equidna, se rio a carcajadas. No pude evitar pensar lo horrenda que era ahora con esa quemadura en la cara. - Ya no hacen los héroes como antes, ¿No es así, hijo? -

El monstruo rugió en confirmación. No parecía tener prisas en acabar con nosotros ahora que ya estábamos vencidos y bajo su merced.

Miré al guardia turiy y a la familia. El pequeño niño estaba escondiéndose detrás de las piernas de su padre. Tenía que proteger a estas personas inocentes. No podía simplemente ... Morir así y ya.

Traté de pensar, pero todo mi cuerpo estaba en llamas. Mi cabeza se sentía mareada. No tenía armas, estaba enfrentándome a un enorme monstruo con aliento de fuego y a su madre horrenda.

Y estaba asustado.

Vi a Percy retroceder hacia el agujero al no haber más salidas. Por instinto lo seguí, al borde del hoyo, lejos muy lejos por debajo el río brillaba.

Por un momento se me ocurrió una descabellada idea. ¿Si morimos, se irán los monstruos?

Okay, no quería que Percy muriera, de hecho sí el sobrevive y yo muero, estaría bien con el resultado. De esa manera dejarán tranquilos a los humanos comunes y corrientes.

- Si eres hijo de Poseidón. - Siseó Equidna. - No le temerías al agua. Salta, Percy Jackson. Muéstrame que el agua no te hace daño. Salta y recupera tu espada. Pruébame tu linaje. -

- Sí, claro. - Pense con ironía. Percy debía de estar bastante loco para saltar desde aquí hasta el agua a una muerte segura. Un poco hipócrita de mi parte, ya que desea morir antes de que Percy y a los demás les pasara algo.

Aunque bueno, me estoy muriendo envenenado aquí mismo ahora que lo recuerdo.

La boca de Quimera brillaba de color incandescente, enviando calor una ola de calor hacia nosotros. Se estaba preparando para escupir otra columna de fuego.

- No tienes fe. - Le reto Equidna a Aquaboy. - No confías en los dioses. No puedo culparte, pequeño cobarde. Mejor que mueras ahora. Los dioses son desleales. El veneno ya debe estar en el corazón de tu hermano. -

Ella tenía razón: íbamos a morir. Podía sentir mi respiración disminuyendo. Nadie podía salvarnos ahora, ni siquiera los dioses. Cruce miradas con Percy, y pude ver que tenia algo planeado. Me tomó por un brazo y se lo paso por encima del hombro, mientras su otra mano me sujetaba por el costado. Me ayudó a retroceder aún más hacia el hoyo, ambos miramos hacia el agua.

El pensaba saltar al agua. El es el hijo de Poseidón, el lo reclamó ante todos nosotros. El holograma del tridente en la cabeza de Aquaboy aún estaba presente en mis recuerdos. El estaba seguro de que su padre lo salvaría ... ¿Pero yo me salvaría también?

No obstante, este no era el mar. Este era el Mississippi, en pleno centro de los Estados Unidos de América. No había ningún dios del mar aquí.

- Confía. - Fue como una brisa, pero escuché esa palabra ser susurrada en mi oído.

Por un momento mi respiración se detuvo, quizás era por el veneno. Pero ante mi se presentó la imagen fantasmal de un bosque nevado, pero en lo único que yo me centré fue en la cálida sonrisa de un hombre tan similar a mi.

Cabello castaño despeinado y ojos azules con cruces negras. Parecía usar una corona de plata alrededor de su cabeza.

- Solo confía. -

- ¡Mueran, desgraciados! - Dijo Equidna con tono áspero, aquella imagen se esfumó como el humo ante mis ojos. Y entonces, Quimera envió una columna de fuego hacia nosotros.

- Padre, ayúdanos ... - Escuche a Percy rogar.

- ... Mamá, por favor ... - Supliqué, jamás le había pedido nada a ella. Pero por esta vez, puse mi vida en sus manos.

Hestia ... Madre, por favor, ayúdanos.

Nos giramos y saltamos por el agujero. Con fuego siguiéndonos, el veneno corriendo por mis venas, y nosotros cayendo al vacío.

Postdata: - ¡Odio este plan, Percy! -

...

Espero que les haya gustado.

Próxima actualización: ¡Sorpresa~!

Hasta la próxima.