Planeé que esto tuviera 10 capítulos y aparentemente serán más, jajaja. ¡Espero que no más de 12!

RECUERDEN QUE ESTE ES EL CAPÍTULO 9. Hasta yo me confundo.

Capítulo 9. La promesa

Honestamente, Kujo Jotaro no sabía cómo Kakyoin Noriaki lo había convencido de levantarse temprano un día viernes para saltarse la escuela, preparar un bolso, mentirle descaradamente a sus respectivos padres diciéndoles que irían de excursión escolar y tomar el primer tren a Morioh para conocer al hijo ilegítimo de su abuelo.

-Que vendría a ser tu tío-le dijo Kakyoin por enésima vez mientras miraba por la ventana el hermoso paisaje del sur de Japón.

-Te prometo que si vuelves a mencionar una vez más que ese crío es mi tío, te golpearé con Star Platinum aunque estés en silla de ruedas- le respondió Jotaro.

-¿Y qué vas a hacer? ¿Romperme las piernas? ¡Ay, por favor!- se burló Kakyoin y volvió a mirar el libro que estaba leyendo.

Jotaro emitió un gruñido y se quitó la gorra para acomodar su cabello hacia atrás. Su amigo tenía la nariz hundida en el libro y el mechón ondulado descansaba sobre un borde.

-Oi, Kakyoin.

-¿Mmm?

-Explícame una cosa. ¿Por qué les contaste lo de jiji y el mocoso a Avdol y Polnareff?

-¿Cómo no iba a hacerlo? Son mis amigos- respondió Kakyoin detrás del libro.

-También los míos, pero esto es personal- gruñó Jotaro-. El mocoso no tiene nada que ver contigo, no tenías por qué ventilar la vida privada de mi familia.

Kakyoin cerró el libro con firmeza y lo dejó en su regazo. Lucía muy serio. Por un momento su expresión le recordó a aquella que puso cuando decidió acompañarlos a Egipto.

-Tienes razón, Jotaro. Lo siento, no debí. Si te soy sincero, la verdad es que… estaba muy enojado y no pensé con claridad.

-¿Enojado? ¿Tú? ¿Por qué? Ni siquiera yo estoy enojado-

-Claro- dijo Kakyoin, sonriendo levemente-. ¿Vas a decirme que no te afectó ver a tu mamá tan molesta? ¿O que tus abuelos escondieran todo el asunto?

Jotaro se puso la gorra, se cruzó de brazos y escondió la vista bajo la sombra de la visera.

-Joestar-san es como un mentor para mí-continuó diciendo su amigo-. Compartimos casi cincuenta días de un viaje muy peligroso. Tú y él siempre se preocuparon por todos nosotros. Honestamente, estoy enojado porque sigo siendo joven y me cuesta aceptar que las personas no son perfectas.

-Nadie lo es. Ni siquiera tú.

-Excuse moi?-replicó Kakyoin, haciéndose el ofendido-. Las únicas veces que hice estupideces fue cuando Dio controlaba mis acciones y cuando Yellow Temperace se hizo pasar por mí.

-Lo de la cereza sigue siendo desagradable- musitó Jotaro, reprimiendo un escalofrío-. Y no seas absurdo, sigues siendo tan idiota como cualquier otro adolescente.

-Mi punto es… me enojé porque creí que Joestar-san sería un hombre más íntegro. Supongo que mi excusa es…

-No uses la del lisiado de nuevo-lo frenó Jotaro.

-No iba a hacerlo-dijo Kakyoin, sonriendo-. Pero en fin, también me enojé por Zeppeli-san. Lo respeto mucho, es decir, de no ser por él, estaría muerto o en peor estado que ahora. Es un gran hombre y un gran sanador. No puedo entender como Joestar-san pudo engañarlo así.

Se quedó callado y con los puños apretados en el regazo. Jotaro iba a responderle que él también se había molestado porque quería mucho a su abuelo Caesar, cuando el muchacho exclamó con furia:

-¡Es que no entiendo cómo no te es suficiente estar casado con dos personas a la vez! ¿Es en serio?

-¿Kakyoin?

-¡Y con una mujer japonesa!

-Kakyoin.

-Lo cual no tiene nada de malo, pero tú me dijiste que Joestar-san siempre despreció a tu padre por ser japonés, Jotaro. ¡Cómo puede ser tan caradura!

-¡Kakyoin!-tronó Jotaro.

El muchacho calló y enrojeció violentamente, con una expresión de desconcierto tan cómica que Jotaro tuvo que hacer un esfuerzo considerable en no reírse en su cara.

-No sabía que esto de la infidelidad te afectara tanto, yare yare.

-No es la infidelidad, es la deslealtad-recalcó Kakyoin, jugando con el mechón de su cabello-. Tampoco yo sabía que me afectara tanto. Pero conversé harto con tu abuelo en el hospital y bueno, le tengo cariño.

-Mi abuelo es así-dijo Jotaro, hostilmente, sintiendo una leve pizca de ¿celos?, qué absurdo. Sin embargo, no pudo evitar preguntarle-. ¿Sobre qué hablaban tanto?

-Sobre Hierophant Green; estaba muy interesado en cómo fui creciendo con un stand-dijo Kakyoin. Mientras recogía el libro que había caído al suelo, dijo en tono pensativo, como si acabara de unir ideas-. Jotaro... creo que es posible que ese niño también tenga un stand. Y que Zeppeli-san lo esté ayudando a controlarlo.

Jotaro gruñó por respuesta, pero también lo sospechaba. Cuando le habían preguntado a Joseph la noche anterior por qué su abuelo Caesar estaba en Morioh, había respondido con un simple: "para mantener bajo supervisión al niño, ya que a mí no me dejan verlo". ¿Supervisión? Jotaro recordó a su madre usando a Cranberries contra su abuelo. Sí, era perfectamente posible que el tal Josuke Higashikata también tuviera un stand. ¿Por qué el viejo no les había contado eso?

-Si lo piensas, tiene sentido que tu abuelo me haya hecho todas esas preguntas-dijo Kakyoin, hojeando el libro-. Es bastante extraño crecer con un poder que nadie a tu alrededor puede ver ni comprender.

-Seguramente no quiere que eso le pase al mocoso- murmuró Jotaro, pensativo-. ¿Qué estás leyendo?-preguntó, para cambiar bruscamente el tema.

-Agatha Cristie-respondió su amigo-. ¿Has pensando que vas a regalarle a tu tío por su cumpleaños?

Jotaro le lanzó una mirada asesina y volvió a mirar por la ventana, dando por finalizada la conversación. Kakyoin reprimió una risita y se sumergió en su lectura, pero luego de media hora ya estaba durmiendo sobre su hombro. Maldito Kakyoin. No perdía la oportunidad de estar molestándolo con todo ese asunto del crío, como si fuera muy divertido tener un tío de seis años.

Kakyoin se acomodó en su hombro y murmuró algo en sueños. Jotaro sabía que no podía enojarse realmente con él. Miró la silla de ruedas que estaba plegada en un rincón del vagón y luego miró la pelirroja cabellera que descansaba sobre él. No, no podía enojarse con ese idiota, después de todo, las lesiones en su cuerpo eran el resultado de haberlo acompañado a ese insano viaje a Egipto. Y estaba perfectamente consciente que Kakyoin usaba eso como defensa para molestarlo. Como si necesitara cargar con más sentimientos de culpa, maldito imbécil.

El vaivén del tren también lo estaba relajando, pero no quería quedarse dormido. Le quitó el libro del regazo a su amigo y se dispuso a leer lo que quedara del trayecto. Se sorprendió al notar que era una historia sobre un crimen en un tren y, para su sorpresa, se quedó absorto leyéndola.

Despertó unas horas después con la frente apoyada en el vidrio de la ventana y con un Kakyoin casi roncando durmiendo en sus piernas. Por el altoparlante una voz femenina anunció:

-Próxima parada, Morioh. Por favor lleve todas sus pertenencias.

-Oi, Kakyoin-dijo Jotaro, moviendo suavemente la pierna para despertar al bello durmiente-. ¡Kakyoin! Deja de babearme la pierna y despierta, que vamos a llegar.

Kakyoin emitió un quejido, se desperezó y se sentó bostezando.

-Qué gruñón, no estaba babeando-murmuró tocándose la comisura de la boca-. ¿Por qué tienes una mancha roja en la frente?

Jotaro se frotó la marca del vidrio velozmente y la ocultó acomodándose la gorra, mientras su amigo soltaba una risita. Después de salir de la estación y recorrer gran parte de la ciudad, el taxi los dejó afuera de una casa estilo oocidental que tenía un cuidado antejardín de girasole.s

-Se nota que oji-san vive aquí-murmuró Jotaro con los bolsos al hombro y empujando la silla de Kakyoin por el inclinado sendero de gravilla hacia la puerta.

Una música alegre salía por las ventanas. Jotaro dejó a su amigo junto a los escalones del pórtico y tocó el timbre con decisión. Unos segundo después, su todavía rubio abuelo abrió la puerta de golpe con una sonrisa, que se borró enseguida al ver a su nieto parado ahí.

Bambino! ¡Kakyoin-kun!-gritó su abuelo alarmado-. ¿Qué-qué hacen aquí? ¿Cómo supieron…?

-¿Que no es obvio? Vinimos al cumpleaños del nuevo JoJo, Zeppeli-san-dijo Kakyoin, saludando con la mano.

-¿Eh… scusa?

-Sabemos del mocoso ilegítimo de jiji-dijo Jotaro-. ¿Higashikata Josuke?

-¿Qué? ¿Cómo...?

-Dejaste un mensaje en la contestadora ayer para jiji, pero lo escuchó mamá.

Su abuelo palideció notoriamente, pero no dijo nada. Agachó la mirada y con un gesto, los invitó a pasar. Los jóvenes se aseguraron que nadie estuviese mirando y Kakyoin entró a la casa usando a Hierophant Green, seguido de Jotaro que llevaba la silla.

-¿Vas a celebrar el cumpleaños del mocoso aquí?-preguntó Jotaro mirando la mesa y gran parte del sofá cubiertos de bolsas con artículos de cumpleaños y dulces.

-No, en su casa que está acá cerca -respondió Caesar, apartando las bolsas para permitirles que se sentaran-. ¿Quieren algo de beber?

-Encantado-dijo Kakyoin, acomodándose en el sofá y curioseando en las bolsas mientras Caesar se retiraba-. Tortugas, le gustan las tortugas, JoJo.

-¿Y qué me importa a mí eso?

Kakyoin iba a responder cuando Caesar apareció de nuevo con dos botellas de refresco, que les dio a cada uno. Hubo un momento de incómodo silencio entre abuelo y nieto, hasta que Caesar lo rompió, preguntando amablemente:

-¿Cómo te has sentido, Kakyoin-kun? No puedo creer que ya no estés en ese condenado hospital lleno de máquinas y tubos.

-Gracias a usted, mucho mejor, Zeppeli-san-respondió el muchacho, mirando de reojo a Jotaro, que parecía particularmente enojado-. Aún no tengo movilidad en las piernas, pero uso a Hierophant para trasladarme cuando estoy solo. El resto del tiempo ando en la silla.

-Quisiera haber hecho más por ti, bambino. Davvero-dijo el hombre con un suspiro. Miró a su nieto con recelo-. En fin, ¿cómo llegaron aquí? ¿Cómo está Holy con la información?

-Bueno, después de escuchar tu mensaje, llamó al tío Smokey a Estados Unidos-dijo Jotaro, paseándose por la habitación-. Se enteró de todo. Casi mata a jiji con su stand.

-¡Esa es mi Holy! Eh, quiero decir... ¿Joseph está bien?

-"Bien" es un término relativo, Zeppeli-san-dijo Kakyoin-. Pero sí, físicamente está bien. No corre peligro. No que sepamos, al menos. Hasta ayer estaba bien. El stand de Holy-san tiene un ataque llamado Zombie, es fenomenal, ya lo verá.

Ante el desconcierto de su abuelo, Jotaro le contó con detalles lo que había ocurrido, desde el mensaje de Caesar hasta la conversación que habían tenido en el tren con Kakyoin. Después de escuchar todo, su abuelo se sentó frente a Kakyoin, con una expresión de cansancio y orgullo paternal.

-¿Así que Holy puede controlar perfectamente su stand, eh? Mia figlia è una donna molto forte, siempre lo dije.

-Solo reprimía su instinto de lucha-dijo Jotaro, recordando la conversación que había tenido la noche anterior con su madre sobre lo ocurrido en Nápoles. Habían concluido que era esa la razón por la cual ella no había podido manejar a Cranberries la primera vez -. Tengo entendido que el mocoso también tiene un stand, ¿no? ¿De qué clase es?

Su abuelo abrió la boca para hablar cuando sonó el timbre y esta vez se levantó como un resorte para abrir la puerta. Bajo el brazo de su abuelo, Jotaro pudo ver a un niño de ojos claros y cabello negro y desordenado que estaba en el umbral con un pájaro en las manos y que hablaba velozmente sin apenas tomar aire:

-Shiza, ¡mira! Lo encontré en mi patio recién, el gato del vecino casi lo mata, le arreglé la pata pero ahora no se quiere ir y no me deja en paz y mamá dijo que no se puede quedar en mi habitación porque ya hizo caca en mi almohada y… ¿quiénes son ellos, Shiza?

-¿Shiza?-repitió Jotaro.

-¿Ese es tu tío? Suena adorable-le dijo Kakyoin.

-Cállate.

-Pasa, Josuke-dijo Caesar, apartándose.

El niño entró, mientras el dueño de casa cerraba la puerta tras él. El pájaro piaba alegremente entre sus manos sucias y entonces, sólo entonces, Jotaro notó que el niño tenía el cabello sujeto por una cinta con patrones de triángulos. Sintió una especie de rabia y celos en su interior, porque sabía de dónde venía esa cinta: solo había una persona en la familia que adoraba ese patrón. De hecho le había regalado sus cinturones.

-Hola-saludó Josuke, mirando a Jotaro hacia arriba-. Wow, eres muy alto. Me gustan tus cinturones. Se parecen a mi cinta. ¿Te los dio Shiza también?

Jotaro tuvo deseos de arrojar lejos a ese crío de una patada, pero se contuvo.

-Josuke-kun, él es Kujo Jotaro, mi nieto-dijo su abuelo, tomándolo de los hombros-.Y él es Kakyoin Noriaki, su amigo.

-Hola, Josuke-saludó Kakyoin amablemente-. Puedes llamarme Noriaki.

El chico inclinó su cabeza levemente hacia Kakyoin y luego hacia Jotaro.

-¡Tienes un nieto japonés, Shiza!

-Mitad japonés-gruñó Jotaro, apoyándose en la pared con actitud amenazante.

-¿Te acuerdas que te conté que tengo una hija? Bueno, ella se enamoró y se casó aquí en Japón. Ella es la madre de Jotaro- explicó Caesar-. Buenos, chicos... él es Higashikata Josuke.

Jotaro estaba seguro que ese crío llevaba su sangre. Hasta el momento albergaba la mínima esperanza de que todo eso no fuera más que un mal entendido, pero ahora, viendo al niño frente él, supo que era un Joestar. Tenía los mismos ojos del imbécil de su abuelo y esa misma sonrisa fanfarrona. Además, tenía que admitir que hasta se parecía a sí mismo cuando tenía su edad. Era casi como conocer a su antiguo yo. Era una sensación muy extraña, sintió un súbito mareo y se sentó junto a Kakyoin, quien no despegaba la vista del niño.

-¡Es como un mini JoJo!-le susurró, lo que provocó que Jotaro le tirara el aro de la oreja- ¡Ouch!

-¡Shiza, debo volver!-dijo de pronto Josuke, mirando a Caesar-. Yo en realidad venía a pedirte si Zep-Zep puede quedarse aquí.

-¿Eh… quién?-´preguntó Caesar

Zeppeli, mi pájaro!-dijo Josuke con impaciencia, mostrando al ave en sus manos-. O Zep-zep para los amigos-añadió, pasándole al animal rápidamente y diciéndole a los jóvenes-. ¡Quedan invitados a mi cumpleaños, Jotaro-san, Noriaki-san! Mañana en mi casa, Shiza sabe dónde es. ¡Adiós!

Salió corriendo dejando a Caesar con un pequeño pájaro en la mano y a unos muy aturdidos Jotaro y Kakyoin. Este, al cabo de unos segundos, comenzó a reírse a carcajadas. Luego lo acompañó Caesar, pero sus carcajadas no contagiaron a Jotaro. Se puso de pie y tomó el bolso.

-¿A dónde vas, bambino?-preguntó su abuelo, aún riendo.

-A buscar un hotel en esta ciudad de porquería-respondió Jotaro-. Cuando encuentre uno, te vengo a buscar, Kak.

-Pero… si quieren pasar la noche, pueden quedarse aquí, tengo cuartos de sobra.

-No-gruñó Jotaro.

-Oh, vamos, bambino- dijo su abuelo-. ¿Estás enojado porque me confabulé con tu abuelo para no decirles lo de Josuke? ¡Supongo que te habrá explicado que se los íbamos a decir más adelante!

-¿Cuándo alguno de ustedes muriera y viniera el crío a reclamar la herencia? ¿Ahí nos iban a decir?-exclamó Jotaro-. Y te equivocas, no estoy enojado, oji-san. Estoy decepcionado. Creí que eras una persona intachable.

Y sin decir nada más, salió de la casa dando un portazo.

oOo

Pese a que era temporada de turistas, esa mañana la playa grande de Morioh estaba casi vacía. Jotaro estaba sentado en unas altas rocas que marcaban el inicio de un escarpado acantilado y unas construcciones que algún día serían unas casas. El océano se veía brillante y calmo y pronto su mirada se perdió en el horizonte.

Era plenamente consciente de que se estaba comportando como un crío, pero no podía evitarlo. Además estaba demasiado enojado como para enfrentar sus sentimientos y calmarse. Con un suspiro, se quitó la gorra y se pasó las manos por el cabello. De pronto se sintió agotado, sí… quizás era porque no había descansado adecuadamente después de Egipto. Buscó en sus bolsillos sus cigarrillos y cuando abrió la caja notó que le quedaba solo uno. Resignado, lo encendió rápidamente. Se quedó mirando cómo las volutas de humo se fundían con la brisa marina mientras recordaba aquella tarde en la escuela, hacía unos ochos años atrás.

Alguno de sus compañeros de cursos superiores venían hostigándolo desde hace meses por su apariencia de hafu. Sus genes mitad japoneses, un cuarto británicos y un cuarto italianos lo hacían sobresalir dentro de la uniformidad de su escuela. Lo molestaban por ser alto, por tener una familia extraña, por tener un padre ausente y estrafalario, por tener una madre gaijin, por llevar almuerzos extraños, en fin, por ser diferente. Al principio había ignorado el constante acoso y no le había contado a nadie, pero esa tarde la pandilla de imbéciles lo habían acorralado cerca del gimnasio. Eran unos cinco. Se defendió como pudo con el entrenamiento que había recibido de sus abuelos después de lo de Nápoles, pero también quedó bastante maltrecho; era un niño después de todo.

Había llegado a casa caminando, cojeando y evitando las miradas de los curiosos. No había querido ir a la enfermería para no dar explicaciones y tampoco había querido toparse con sus compañeros de clase. Usando la puerta lateral de su casa, había entrado sigilosamente al cuarto de sus padres y había hurtado el maquillaje de Holy. Estaba concentrado cubriendo sus moretones y heridas, cuando sintió una mano que lo agarraba del hombro. Gritó del susto: había olvidado que sus abuelos estaban de visita. Se volteó para encontrarse con los ojos verdes de Caesar Zeppeli.

-JoJo bambino, ¿qué te pasó?

Jotaro no lloró, no se quejó. Simplemente se quedó ahí parado, con la mirada fija en el suelo. Su abuelo lo había cargado en la espalda, se había deslizado como un ninja hacia el baño más alejado de la casa y le había limpiado y curado las heridas con hamon. Le había prometido que no le diría ni a su madre ni a nadie a cambio de que le contara todo lo que había ocurrido. Y Jotaro obedeció. Después de escuchar a su nieto, Caesar le había dicho solemnemente:

-Hagamos una promesa tú y yo. De hoy en adelante, no importa lo que pase, lo que hagas o donde estés, Kujo Jotaro;. si te descubro escondiéndome algo, tendrás que contarme toda la verdad, va bene?

-Va bene.

-Me tienes que dar tu palabra, bambino.

-¿Tú también lo harás?- le había preguntado Jotaro-. Si descubro algún día que me mientes, ¿me dirás la verdad?

-Siempre, JoJo. Pase lo que pase. Palabra de Caesar Anthonio Zeppeli-dijo su abuelo, tendiendo su mano.

-Palabra de Kujo Jotaro-había dicho él, estrechando esa mano.

El Jotaro de dieciocho años apagó la colilla del cigarrillo en la roca y la guardó en la caja. ¿Por esa tontería estaba molesto? Hasta el momento, ambos habían cumplido el trato, ¿por qué de pronto estaba tan sentimental?

De pronto sintió una presencia detrás de él. Por instinto, Star Platinum se manifestó y atrapó en el aire un objeto que venía a toda velocidad hacia su nuca. Intrigado, Jotaro notó que era una caja de cigarrillos. De no haberlo frenado le habría golpeado la cabeza.

-¿Qué mierda?-preguntó, volteándose.

-Ese lenguaje, bambino-le dijo la voz alegre de su abuelo a su espalda.

-¿Qué haces aquí? No tengo ganas de hablar contigo-replicó Jotaro sin mirarlo.

-Pero yo contigo sí y, ya sabes, se supone que soy el adulto maduro y responsable en esta relación-dijo Caesar, sentándose a su lado.

-¿Cómo me encontraste?

-Jotaro, por favor. Soy tu abuelo. Me ofende esa pregunta.

Jotaro reprimió una sonrisa. Estúpido viejo.

-No vengo a que hables conmigo, pero sí me gustaría que me escucharas. ¿Puedes soportar a este viejo unos minutos? Después te dejaré en paz.

Jotaro se encogió de hombros, tratando de parecer indiferente, pero la verdad es que estaba casi contento que ese ridículo anciano estuviese ahí. Sí, definitivamente estaba muy sentimental.

-Quiero pedirte disculpas, Jotaro. Apenas te fuiste entendí por qué estabas tan enojado. Nos habíamos prometido decirnos siempre la verdad, ¿no es así?

-È vero.

-Pues, lo siento, bambino. Aunque, en mi defensa, debo decir que no rompí ninguna promesa. No fuiste tú quién descubrió la verdad, sino tu mamá- ante el silencio de su nieto, siguió hablando-. Además yo dejé el infame mensaje, así que casi prácticamente me saboteé a mi mismo. Honestamente, lo hice a propósito.

-¿Qué?

-Estaba harto de estar ocultándoles todo esto a ustedes- dijo su abuelo-. Envié ese mensaje porque intenté comunicarme con tu abuelo y no pude y después pensé que era la oportunidad perfecta para revelarles todo. Sabía que tú o Holy serían lo bastante astutos para descifrarlo- rió alegremente-. Ay, Joseph debe querer matarme porque no seguí su infalible plan, pero ya me las arreglaré con él. Siempre lo hago.

-Por algo llevan tanto tiempo juntos-comentó Jotaro, abriendo la caja de cigarrillos-. ¿Quieres uno, oji-san?

-Al menos todavía me llamas oji-san y no jiji- comentó Caesar, tomando un cigarrillo-. No debería fomentar tus vicios, pero bueno, es una ocasión especial.

-De todas maneras debo dejar de fumar tanto o Kakyoin no me dejará en paz. Probablemente él me mate antes que el tabaco.

-Tienes el mismo mal hábito que tu abuelo y tu bisabuela. Nos viste fumar siempre, así que no te culpes tanto, pero sí baja la dosis. A diferencia de mí y de Lisa Lisa, no tienes ningún entrenamiento en hamon y no puedes mantenerte joven por siempre.

Fumaron en silencio unos minutos, mirando el mar. El joven tenía muchas preguntas, pero no quería sonar como un niño celoso, así que no dijo nada más en un buen rato. Quería saber por qué su abuelo estaba tan inmerso en la vida de un niño que apenas conocía, por qué estaba tan pendiente de él en lugar de estar enojado con su otro abuelo, por qué..

-JoJo, puedo percibir que tu mente está demasiado turbulenta hoy. Si fuera tu otro abuelo, podría adivinar lo que vas a decirme a continuación, pero lamentablemente no tengo ese don. Sea lo que sea, puedes preguntar. Te diré la verdad, lo prometo.

-¿No más engaños ni omisiones?

-No.

-Ok. Quiero saber exactamente por qué decidiste seguirle la corriente a jiji, lo de ocultarnos la verdad y todo lo demás. Digo, eres el esposo engañado aquí.

-El esposo engañado- suspiró su abuelo, con la vista pegada en el océano-. La verdad es que uno toma decisiones difíciles por su familia o por las personas que uno ama, Jotaro. Yo amo a esta familia, amo a tu abuelo y también amo a ese condenado niño que engendró. Debe ser mi crianza italiana, pero quisiera que, en algún momento, nos lleváramos todos bien y pudiéramos compartir fiestas y comidas. Ocultarles temporalmente la existencia de Josuke a ustedes iba en pro de esa meta, pero te juro que íbamos a decirles a todos. Eventualmente.

Jotaro sintió otra punzada de celos al escuchar que "amaba" a ese crío, pero además le dio vergüenza que su abuelo hablara tan abiertamente de sus sentimientos. Siempre había sido así: era un cursi romántico sin remedio.

-Yo también… quiero a esta familia, pero no por eso pensaría en participar de un engaño tan grande. De jiji no me sorprende la infidelidad, pero ¿luego mentir?

-Lo sé, bambino. Lo entenderás cuando formes tu familia y te toque tomar las decisiones. Mientras eso no pase, veo bien difícil que nos entiendas a tu abuelo y a mí.

-¿Cómo perdonas algo así, oji-san? Ustedes tres llevan toda una vida juntos, ¿cómo lo haces?

-Bueno, Josuke tiene harto que ver. Ya te dije que adoro a ese engendro. Además, él no tiene la culpa de que tu abuelo sea un puto, caro-dijo su abuelo simplemente.

Ah, el crío. Josuke Higashikata.

-Estás poniendo la misma cara rara que ponías cuando te obligaba a comer zucchine de pequeño. ¿Qué ocurre?

-¿Es por eso que le regalaste esa cinta?

-¿Qué cinta?

-¡La que lleva en el pelo ese mocoso!-exclamó Jotaro y se arrepintió de inmediato de su arrebato. Sintió las mejillas ardiendo y se reprendió mentalmente por ser tan inmaduro-. Es decir, lo que quiero saber es... ¿cómo te encariñas con alguien a quien apenas conoces?

Los ojos verdes de su abuelo brillaron comprensivamente.

-Oh, Jotaro, ¿estás celoso?

-¡NO!-tronó el joven-. ¡Es que no puedo entender cómo un simple crío mágicamente hace que se te pase la rabia y todo contra la traición de tu pareja! ¡Es el hijo ilegítimo de tu esposo!, ¿no te parece algo...?

La palabra "anormal" murió en sus labios al sentir el brazo de Caesar Zeppeli rodeando sus hombros y atrayéndolo hacia sí. El gesto lo sorprendió, hacía mucho tiempo que nadie hacía algo así. Se sintió extrañamente pequeño y contenido, lo cual era raro considerando su 1.95 de altura.

-Jotaro, lo de Josuke pasó casi de la misma manera de la que me encariñé de ti apenas te conocí. Joseph, Suzie y yo estábamos muy enojados con Holy cuando decidió casarse con tu padre y vivir lejos de nosotros. Tenías meses cuando finalmente te conocimos y creo que desde que te vimos nos robaste el corazón o algo así. Nació un sentimiento realmente maravilloso en nosotros y te amamos. Aunque seas un adolescente insufrible, frío y cortante, te amamos y nos preocupamos por ti. Sinceramente no tiene mucha lógica quererte porque eres bastante antipático, pero lo hacemos. Y aunque yo me haya encariñado con Josuke, a ti te quiero de mucho antes y nadie te reemplazará, bambino.

El nudo confuso que sentía entre rabia y celos cedió un poco y tuvo el impulso de salir corriendo y de abrazar a su abuelo al mismo tiempo. Sentía los ojos ardiendo y una sensación cálida en el pecho, así que optó por lo segundo.

-Josuke es solo un niño. Trata de conocerlo mejor y lo entenderás, ya verás. Es un niño… peculiar.

-Va bene.

Se quedaron en esa postura unos minutos más y luego Jotaro lo soltó. Se pusieron de pie y caminaron entre las rocas, de vuelta a la playa, esquivando charcos.

-¿Dónde dejaste tu bolso? Puedo ir a buscarlo e ir a dejarlo a la casa-preguntó su abuelo a su espalda cuando llegaron a la orilla del mar.

-Yo lo hago.

-Es que Kakyoin-kun me dijo que quizá podrías querer ir de compras con él.

-¿Por qué demonios querría ir de compras en esta ciudad?

-Porque tu tío está de cumpleaños…¡ARGGG, JOTARO!

Jotaro Kujo había empujado a su abuelo al mar.

oOo

Expresiones en francés e italiano:
Excuse- moi?: ¿Disculpa?
Bambino:niño
Scusa?: ¿Disculpa?
Davvero: En serio, de verdad
Mia figlia è una donna molto forte: mi hija es una mujer muy fuerte
Va bene: Está bien
È vero: Es verdad
Zucchine: calabacín. En Chile los conocemos como zapallo italiano.