LA AUDIENCIA
Ante la llamada de Runeard, Viktor impaciente, atiende el llamado, llegando al lugar solicitado por su hermano de armas.
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Cuando llega, lo ve muy metido en sus asuntos.
Runeard está escribiendo, mandando y recibiendo cartas – Soy Runeard Arendelle, amigo, confía en mi– escribe.
– Runeard T. Arendelle. T de "total" confianza... estupendo, sí. ¡Te quiero, amigo!– finaliza el mensaje, enrollándolo y colocándolo a un costado de su escritorio.
– Bien, dentro de poco lo envió– dice suspirando.
Viktor, ya había llegado, por lo que solo le pregunto, una vez que tomo asiento – ¿Qué pasa?–.
Respondió de forma vaga – Nada–.
– No, eso me suena a algo. Un simple nada, no justifica los medios– comenta mientras lo mira fijamente, el trigueño.
Al sentirse mirado por el trigueño, abre la boca para decirle – Vik. Mírame, no fue nada–.
Algo molesto, lo cuestiona – Bien, si no fue nada, entonces... ¿Qué es lo que pasa?– añade, mientras sube sus piernas a la mesa – Deberás, si no me dices, me vas a dar las gracias, cuando te tenga que lastimar–.
Tragando saliva, le informa, Runeard a Viktor, algo que los unirá como hermanos – He encontrado una única manera de algo ambicioso; sabes, somos dos tipos, teníamos un hogar roto, con poca educación, sin nadie que nos ayude... y algunos más ricos que una futura reina– añade Runeard, mientras se acerca y le coloca su mano izquierda en el hombro derecho a Viktor – Es el sueño de cualquier príncipe. Un buen trato tendría Helenita–.
Viktor confundido cree que se refiere a un juego de niños, por lo que responde con – Ya no somos unos niños–.
Exclama Runeard a la respuesta del trigueño – ¡Claro, somos jóvenes de corazón!– se sienta en el escritorio y le dice su plan – Escucha, he encontrado a un pez gordo de verdad... Nos haremos ricos sin hacer nada–.
Ante la información que da, el pelirrojo, Viktor sisea – Espero que no se trate de paquetes de mierda–.
Desconfiado el trigueño, Runeard, termina animándolo – No tocaremos nada de eso, amigo. ¡Vamos, que soy tu hermano! Confía en mi...–.
Ante eso, Viktor se levanta y camina junto a Runeard a la salida de la cabaña.
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A las afueras del recinto, Viktor, le pregunta, quién es el contacto – ¿Y bien, quién es ese amigo tan importante, Runeard?–.
El mencionado responde algo halagado, mientras sube a su equino – Se llama Kenji Hamada. Nos va a llamar en un momento o posiblemente en otro, así que mejor vayamos hasta la oficina de correos– ante esto último, Viktor, trepa a su equino y se dirige en compañía de Runeard a la oficina de correos del pueblo.
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Saliendo de la oficina de correos, lleva un mensaje del contacto, Runeard.
– ¿Así que la mercancía está escondida en los paneles laterales de una diligencia?– pregunta Viktor, una vez que el, ya habría leído el mensaje.
Contesta su compinche, mientras se guarda la nota – Ajá... Si... ningún problema–.
Ante lo último, nuevamente deben movilizarse.
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El mensaje no solo habla de la mercancía, sino de una entrega especial que hay que hacer para Kenji Hamada.
– Está bien. Vamos a recoger el caballo de Hamada– declara Viktor, mientras está cabalgando junto a Runeard.
El trigueño observa a Runeard y este último comenta algo desafinado – ¿Ya está? ¿No hay porquería? Vaya que tipo más importante–.
– Amigo, tranquilo. Contigo no hay quien pueda– dice Viktor al verlo caminar delante de el, negando un poco.
Los dos hombres cabalgan por varios minutos.
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Una vez que llegan a su destino, un establo; deben comenzar a robar un caballo purasangre, el cual yace en su caballeriza, listo para que sea sacado y llevado a su nuevo amo.
Mientras tratan de sacar al animal, este se resiste y no quiere salir de su caballeriza, por lo cual, sus rechinidos lo delatan ante sus dueños.
Llegan unos tres hombres de armas de gran poder a amenazar y liquidar, de ser necesario, a Viktor y a Runeard, este último exclama – Joder, mierda. Esto tiene que ser una broma...–.
Uno de los hombres que les apunta con un arma, grita con amenaza – ¡Qué nadie se mueva!–.
– ¡Vamos!– exclama otro hombre.
– ¡Las manos donde pueda verlas!– ordena el dueño, al instante sueltan las cuerdas del caballo, Vik y Runeard.
Con ambas manos arriba, se excusa Runeard – ¡Oh, vamos!–.
– ¡He dicho que no se mueva ni un puta mosca!– grita uno de los hombres armados, hasta que sin darse cuenta, Runeard acciona una palanca que libera de las caballerizas a todos los caballos, provocando una estampida que acaba con la vida de los hombres armados.
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– ¡Típico! ¡Van a pensar que hemos sido nosotros!– comenta Runeard después de que dejaron escapar a los caballos y una vez que se acercaron con el equino que se necesita, a los hombres que murieron en la estampida.
– ¡Estamos apañados!– exclama, Runeard con sarcasmo.
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A las afueras del establo, Runeard dirige al caballo – Vamos. Saquemos al animal de aquí–.
Confundido el pelirrojo, mientras camina parejo con el trigueño, se pregunta – No lo culpó, pero ¿Cómo es que vamos a ser "ricos" robando un puto caballo?– entonces vocifera lo que piensa y lo añade – Lo tengo todo controlado–.
Viktor inspecciona la alforja de la silla del caballo y informa – Hay porquería escondida en la alforja– responde Runeard alarmado, pero al instante suavizando su semblante – Tu tranquilo. No te quieras comer todo–.
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Mientras, cabalgan el mismo caballo, en el afán de entregárselo al contacto, Runeard se queja estando detrás de Viktor – Cabalgas malísimo, Vik... Pero, creo que ahora, será mejor que yo tomé el control– ante eso lo toma de la cabeza y la ropa al trigueño y lo tira al suelo.
Una vez estando en el suelo, lo cuestiona – ¡Eh! Pero ¿qué haces?–.
– Hamada no te conoce... No confiaría en ti– informa Runeard tomando las cuerdas del caballo y marchándose – Nos vemos luego–.
Viktor al ver lo que hizo y al ver como se aleja con el equino, lo maldice – ¡Runeard! ¡Pedazo de cabrón!–.
No quedándole otra, regresa a casa, algo molesto.
Su largo regreso es casi indeterminado y cuando llega justo a tiempo a su casa, procede a revisar la correspondencia.
Ahí encuentra un mensaje que envío, Runeard, el cual informa de la siguiente manera, Runeard: "He dejado el caballo, Vik. Nos vemos en casa de Hamada...".
Ante el informe, se alza en hombros, el trigueño y entra a la casa a descansar.
Terminando así este capítulo.
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Notas del autor:
Hola de nuevo, este capítulo lo publicó cuanto antes aquí.
Tengo mucho material que compartir, pero parte de ese material es secreto.
