Caminando entre memorias
La noche parecía más fría de lo normal, el viento soplaba con tanta fuerza que lograba desgarrar las ramas de los viejos árboles del santuario. Fei se sentía completamente aturdida mientras una fuerte corriente invisible parecía arrastrarla poco a poco. No podía comprender la razón por la cual se encontraba en aquel lugar que había abandonado tiempo atrás. Las brutales ráfagas eran tan intensas que incluso la nieve se hizo presente. Con las pocas fuerzas que su cuerpo poseía, avanzó en dirección al viejo árbol que tantas noches la vio llorar, reír y confesar sus más grandes miedos.
Era casi imposible enfocar la vista en esa terrible tormenta y cuando logró hacerlo, se encontró con una visión casi espectral. Dos ojos rojos y destellantes la veían fijamente: era Magnus. La nieve a su alrededor estaba teñida del inconfundible color de la sangre, mientras él mostraba una siniestra sonrisa. A pesar de tener la apariencia de su viejo amigo, ese ser frente a ella no lucía humano. Su belleza era irreal, su semblante era intranquilizador y su mirada a la vez que parecía llena de odio, también parecía vacía.
-¿Qué has hecho?-Preguntó a ella, alzando la voz tanto como podía en ese instante.
El pálido rostro de Magnus volvió a su ya muy común semblante serio. -¿Vas a huir de mí otra vez?-Cuestionó
Fei sintió una punzada en el corazón cuando escuchó esas palabras y pudo ver como el brillo de aquellos ojos carmesí se extinguía. -No estaba huyendo de ti... simplemente deseaba protegerlos a todos y te herí en el camino.-Pronunció ella, intentando acercarse.
-No te culparé si huyes nuevamente.-Magnus estiró su mano y la tormenta se detuvo de manera abrupta. Invitó a Fei a acercarse a él y ella accedió.
El silencio se instaló entre ambos mientras se observaban fijamente el uno al otro. Fue ella quien decidió romper el hielo y confesar de una vez por todas lo que estaba sintiendo desde hacía tiempo atrás.
-Te extrañé cada día que estuve lejos.-
Él esbozó una leve y triste sonrisa. -¿En verdad extrañaste a alguien como yo?-Preguntó, intrigado por lo que acababa de escuchar. Ella simplemente asintió.
-Tuve muchas oportunidades para verte y conversar, pero fui demasiado cobarde y egoísta como para hacerlo. No tienes idea de lo mucho que me arrepiento ahora... han sido días amargos. Nunca pude encontrar a nadie que me confortara tanto como tú.-Admitió Fei.
Magnus dejó escapar un pesado suspiro. -Uno no extraña a alguien solamente porque lo consuele. Tú no eres de las personas que extraña a cualquiera a menos que...-Las palabras murieron en su boca.
-A menos que sienta algo por ese alguien... es justo lo que me sucede contigo.-Dijo ella, completando la frase.
La mirada del ahora caballero dorado volvió a encenderse cual fuego ardiente y destructivo. -¡SOY UN MONSTRUO!-Gritó a todo pulmón, provocando que la tormenta iniciara nuevamente y ahora con mayor intensidad. -¿A caso no lo ves?-
-¡YO TAMBIÉN LO SOY!-Respondió ella, tomando el rostro de él entre sus manos.
Se acercó peligrosamente y pudo sentir como sus respiraciones chocaban y se mezclaban en medio de aquel clima adverso. Él colocó su mano sobre los ojos de Fei mientras sus labios se encontraban por fin. Mientras esto sucedía, ella sentía como aquel toque fatal hacía arder su cuerpo, como una llama que la consumía desde adentro. Se separó rápidamente al sentir lágrimas descendiendo por sus mejillas. Intentó limpiarlas y al ver sus manos, pudo ver que se trataba de sangre. Su vista se tornó borrosa, pero alcanzó a ver la malévola sonrisa de aquel ser que casi la mata.
Su respiración se dificultaba cada vez más, hasta que todo se tornó completamente negro como la noche más oscura. Fue entonces cuando logró despertar de aquel sueño. No había ido a ningún lado, todavía seguía en el mismo lugar que hacía 3 años se había convertido en su hogar. Pudo ver cómo las vendas que cubrían su brazo izquierdo estaban manchadas de sangre y esa maldición que se empeñaba en mantener oculta parecía estarse expandiendo.
-Sé que puedes escucharme ¡Oh gran dios del caos y la destrucción!-Comenzó a decir ella mientras cambiaba sus vendajes. Al decir eso, escuchó una estruendosa carcajada.
-Debo admitir que tu actuación fue convincente. "¡Yo también soy un monstruo!" Pobre criatura ignorante que no sabe de lo que habla.-Pronunció Apofis, burlándose de la pesadilla que la pobre humana había tenido.
Ella también se echó a reír, pero su risa estaba llena de dolor y de ironía. -Ya casi llega el día en el que te apoderarás de mí por completo y harás pedazos todo lo que conozco y amo ¿no es así?-Preguntó ella.
La oscura entidad volvió a burlarse y luego dijo: -No te creas tan importante, tu pequeño cuerpo mortal no resistirá todo mi poder. Ya tengo en la mira a un portador más eficiente y duradero. Ese caballero dorado parece perfecto para esa labor.-
-Sobre mi cadáver.-Espetó ella.
-Justo así será.-Sentenció la criatura antes de volver a su letargo habitual.
Sería un día largo seguramente y su estado de ánimo no era el más adecuado. Cerró la cortina de la habitación y se escabulló entre sus sábanas nuevamente, dispuesta a permanecer encerrada hasta que el sol saliera nuevamente. Justo cuando se había acomodado de una manera que le hiciera disminuir su dolor, unos pasos y el posterior sonido de alguien llamando a su puerta la interrumpieron. Se obligó a sí misma a permanecer en la misma posición, intentando ignorar la situación, pero la insistencia de esa persona estaba colmando su paciencia.
Se puso de pie rápidamente, abrió la puerta y se tragó las maldiciones que estaba a punto de soltar al ver que se trataba de Diana. Simplemente se limitó a decir: -¿Qué te trae por aquí?-
-¡Sal con nosotros! Yixing nos mostrará una pequeña ciudad de los alrededores y quiere que nos acompañes.-Dijo Diana.
Fei entrecerró los ojos completamente intrigada. -¿Por qué no vino él mismo a preguntarme?-
Diana sonrió con seguridad y respondió: -Verás, creo que tiene un poco de miedo de que estés enojada por el problema en el que los ha metido con el santuario.-
-Es un estúpido. ¿Si voy dejará de pensar esa tontería?-Interrogó ella.
Diana asintió solamente para ver como Fei le cerraba la puerta en la cara. Al parecer su idea no había funcionado, se mantuvo de pie en el mismo lugar mientras intentaba formular un nuevo plan. Sin embargo, justo cuando estaba considerando otras opciones, Fei abrió la puerta.
-¡Oh vaya!-Fue todo lo que la saintia de bronce pudo decir al verla.
Fei había sufrido bastante al tener que cortar su larga cabellera cuando partió en busca de su padre. Lo mantuvo a la altura de la barbilla durante su estancia en el santuario, pero eso cambió al volver al templo escondido en el bosque. Ahora, su cabello era tan largo que llegaba casi a sus caderas, pero era un detalle que no todos notaban debido a la manera en la que siempre lo mantenía atado. Cambió sus ropas de entrenamiento por una camiseta de manga larga y unos shorts que dejaban ver sus piernas. Incluso había aplicado un pequeño toque de delineador para realzar sus ojos.
Ambas chicas avanzaron para encontrarse, Fei se sentía bastante tranquila hasta que pudo ver a Yixing en compañía de Magnus. Al parecer, él también iba a acompañarlos en su pequeña travesía. Verse directamente les resultaba muy incómodo, especialmente por la conversación que tuvieron la noche anterior y la pesadilla de ella no hizo más que aumentar la incomodidad.
La ciudad parecía demasiado impresionante para Diana y para Yixing. Se adentraban en ella y avanzaban sin preocuparse por el hecho de que sus compañeros no les seguían el paso a la misma velocidad y con el mismo entusiasmo. El plan era dejarlos atrás, y estaba funcionando a la perfección.
Por fin había sucedido, le habían perdido la pista a quienes los arrastraron hasta la ciudad. Fei sonrió y luego se cubrió el rostro con las manos para disimular su molestia. Cayó en una trampa demasiado sencilla. Volvió la mirada hacia Magnus y pudo ver que su rostro reflejaba una gran confusión. Al notar eso, ella extendió su mano, ofreciéndola para que él pudiera tomarla. Con algo de duda y de inseguridad debido a los malos términos en los que habían quedado anteriormente, acercó su mano con el temor de que se tratara de una broma, pero no lo fue.
Ella comenzó a guiar la marcha entre la multitud y él simplemente se dedicó a seguirla. Se mezclaron perfectamente entre las personas en busca de un lugar idóneo para poder charlar. Después de unos cuantos minutos, llegaron a un bello mirador que consistía en una plataforma completamente cristalina que permitía observar el enorme abismo sobre el cual se encontraba erigida. Unas hermosas montañas que parecían irreales adornaban el paisaje que pocas personas contemplaban debido a su ajetreada vida en la ciudad. Fue por eso que Fei eligió ese lugar para conversar, amaba esa vista y la sensación de estar al borde del precipicio.
-Supondré que tú no tienes nada que ver con esto.-Mencionó ella.
-Fue idea de Yixing.-Respondió Magnus de manera directa.
El viento hacía ondear su larga cabellera, detalle que el santo dorado no pudo dejar de admirar. En su mente, intentaba imaginar lo difícil que debió ser para ella ocultar su identidad como mujer. Su belleza y porte eran dignos de alguien de la realeza definitivamente. A pesar de su muy agraciada apariencia física, no fue eso lo que logró cautivarlo.
-¿Por qué no me dijiste que Yue era hija nuestra? ¿Por qué tuviste que mentirme de esa manera tan cruel?-Comenzó a cuestionar él.
Song Jingfei desvió su mirada del paisaje y la posó sobre su interlocutor. -No puede existir nada entre nosotros dos, un destino funesto nos espera si nos relacionamos de esa manera.-Respondió.
-No respondiste a mi pregunta.-Dijo él, su voz parecía romperse lentamente.
-Quería protegerte.-Se limitó a decir la ex guerrera del ejército de Athena.
Magnus siempre había sido alguien demasiado introvertido y con dificultad para expresar lo que sentía. El hecho de no poder hablar durante casi toda su vida no era el problema, sentía que algo lo ataba y le impedía exteriorizar todo lo que llevaba dentro. Sin embargo, desde esa trágica noche en la que perdió un brazo y su mundo dejó de ser como lo conocía, experimentó una tormenta interna que le daba la fuerza necesaria para gritar por fin todo lo que estaba guardando.
-¿Puedes proteger a alguien mientras lo lastimas? ¿A caso crees que no tengo sentimientos? ¿Tienes idea de lo mucho que sufrí con tu ausencia?-Lanzó esas preguntas una tras otra, mientras se acercaba lo suficiente para confrontar a la causante de su dolor. -Fuiste la primera persona... la primera persona con la que sentí la necesidad de tener una voz. Me volvía loco intentando gritarte lo que sentía... mis manos, mi pluma y mi libreta no eran suficientes. Tú me hacías querer más y cuando partiste... lo único que deseaba era desaparecer, que ningún sonido escapara de mi boca nuevamente porque tú no estarías para escucharlo.-Reconoció él, dejando que algunas lágrimas escaparan de sus ojos.
Fei acarició el rostro de Magnus y limpió los rastros de su llanto con sumo cuidado. Sentía sus manos temblar al entrar en contacto con él nuevamente. Lo veía a los ojos y lo único que podía ver era tristeza y desesperación por ser aceptado.
-Soy un monstruo, es por eso que me lastimas y me quieres lejos. ¿No es así?-Reclamó él.
Era lo que temía escuchar, pero no era esa la razón por la cual ella se había alejado. -¿Y qué si lo fueras? Aún así yo intentaría protegerte y estaría dispuesta a dar mi vida por ti.-Manifestó ella.
Él decidió que había esperado suficiente, colocó una de sus manos sobre el rostro de Fei, mientras la otra rodeaba su cintura. Se inclinó hacia ella y sus labios se rozaron suavemente. Esperó durante unos segundos que le parecieron eternos, esperó una señal que le indicaría si tenía el permiso para proseguir o debía alejarse. Al principio, la joven guerrera se mostró perpleja y sin saber cómo reaccionar. Sin embargo, la maraña de sentimientos que acarreaba consigo pareció desenredarse en ese preciso instante, provocando que cerrara sus ojos y abriera lentamente los labios para corresponder al contacto.
Pudo sentir el calor de la sangre agolpándose en sus mejillas, mientras ambos se abrazaban desesperadamente al cuerpo del otro, como si fueran a perderse para siempre si se soltaban. No fue hasta que el aire comenzaba a faltar en sus pulmones que lograron interrumpir el tan preciado momento que estaban compartiendo.
Cuando por fin se separaron, Fei parecía lista para por fin hablar de lo que sentía, pero ese momento tendría que posponerse para una siguiente ocasión. Xiaojun había logrado alcanzarlos, había visto toda la escena y no estaba interesado en conversar al respecto. Lucía demasiado preocupado y ansioso.
-¡Tienen que volver ahora! ¡Nos atacan!-Exclamó.
Sin importarle revelar su identidad, Xiaojun elevó su cosmos y lo utilizó para transportarlos al lugar rápidamente. Al parecer, el momento de enfrentarse al ejército de Ares había llegado más rápido de lo que habían previsto anteriormente.
Magnus fijó su mirada en Fei y le dijo: -Tendrás que usar tu armadura para luchar.-
Ella sabía muy bien que no podía hacer eso, sería su condena si lo intentaba. Los taonia parecían mantener la situación bajo control y justo como Xiaojun había mencionado antes, estaba ayudando desde la sombras para evitar ser descubierto. Por su parte, Diana y Yixing vestían sus respectivos ropajes para posteriormente unirse a Fei y a Magnus en su lucha.
-¿Qué es lo que buscan?-Preguntó Diana.
-Quieren las armas de Libra, estaremos perdidos si logran encontrarlas.-Explicó Yixing.
La batalla parecía bastante reñida, pues los altos taonia se encargaban de custodiar la armadura de Libra para evitar que esta fuera extraída del sitio en el que se ubicaba. Fei pensó que podría valerse solamente de su habilidad física como en los viejos tiempos, pero su pensamiento cambió totalmente al sentir una presencia conocida acercarse. Un pequeño grupo de guerreros de Ares se dispersó y mostró al arma secreta que habían traído consigo para garantizar su triunfo en la batalla: era Astra, la antigua portadora de la armadura de la serpiente, guerrera que había sido exiliada al tratar de asesinar a alguien de la realeza e intentar apoderarse de Apofis.
Ahora lucía diferente, su larga cabellera negra ya no estaba y en su lugar, aterradoras serpientes adornaban su cabeza. La mitad inferior de su cuerpo ahora era la de aquel reptil. Portaba un cetro brillante y con su mirada ambarina lograba petrificar a algunos soldados mientras que hacía que otros se atacaran a sí mismos. Había sido cruelmente transformada en una gorgona. Intuyendo que Astra se acercaría a los guerreros más fuertes con intención de hacerlos luchar contra sus compañeros, Magnus elevó un muro de hielo para darles algo de tiempo para poder plantear una estrategia.
-Xiaojun, Fei y los caballeros de Athena tienen que alejarse en este instante. Entren al templo y protejan la armadura.-Pidió Yixing.
Las palabras del pobre taonia fueron ignoradas, ellos querían luchar al frente y estaban dispuestos a pagar las consecuencias. Era difícil mantener el control sobre el ejército de Ares, especialmente porque ahora no podían acercarse lo suficiente para atacarlos. Los ataques a distancia parecían ser la mejor opción y fue por ello que se centraron en proteger a Magnus para que pudiera retrasar a los soldados mientras ellos buscaban la manera de sacar a Astra de combate.
A pesar de sus intentos y de la estrategia que habían trazado, la gorgona parecía anticipar sus movimientos y los contrarrestaba efectivamente. Diana, Xiaojun y Yixing se habían separado, dejando solamente a Fei al lado de Magnus. Astra sabía que debía destruirlo a él específicamente, se convirtió en uno de sus objetivos en ese instante.
Zhang, hermano adoptivo de Fei y Yixing se dio cuenta rápidamente de que la mujer serpiente había desviado su atención hacia el caballero dorado y justo cuando ella se acercaba a él, el joven guerrero se interpuso en su camino. Fue golpeado brutalmente por Astra y cuando intentaba ponerse de pie, la hipnótica mirada de la mujer logró apoderarse de su mente.
Parecía que él no había sufrido ningún efecto adverso, pues simplemente se limitó a volver al templo a custodiar la armadura. Grande fue la sorpresa de todos al ver como Zhang salía con la balanza dorada entre sus manos y caminaba en dirección a la gorgona. Sus compañeros intentaban detenerlo, y fue así como Astra logró desviar la atención de ellos para poder controlar a Magnus.
Pero ella no contaba con que una vieja conocida se cruzaría en su camino para impedir que cumpliera con su cometido.
-Veo que ahora ya te muestras como lo que eres realmente. Eso me enorgullece.-Dijo Astra.
De alguna manera, Fei sintió que había algo genuino y honesto tras esas palabras. Era como si el alma de Astra siguiera allí dentro, pero había sido tan corrompida que le era imposible salir a flote. No pudo evitar imaginarse a sí misma en la misma situación, siendo controlada por Ares o por el ser que aguardaba en su interior por el momento adecuado para salir y despedazar al mundo si le agradaba la idea.
-Anda niña, dime tu nombre. Quiero saber el nombre de al menos una de las personas que mataré el día de hoy.-Pidió la gorgona.
Ella tomó aire y dio un decidido paso al frente. -Mi nombre es Song Jingfei y no moriré hoy.-Pronunció.
Astra soltó una risa burlona. -¿Es una profecía, una promesa o un deseo?-Preguntó.
-Eres buena leyendo a la gente, tú sabrás la respuesta correcta a tu propia pregunta.-Respondió Fei.
