Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.


Por obligación, serán un dragón y una víbora

12. Segundo Año: Princesa verde

—Lo siento —murmuró la castaña de ojos verdes.

—Descuida, fue mi culpa —le tranquilizo su acompañante.

Después de que un alumno de quinto les ayudara, los dos jóvenes de segundo se quedaron nuevamente solos en aquel compartimiento apartado y silencioso.

—¿Seguro que no te duele? —insistió la niña, con esas esmeraldas llenas de culpa y preocupación.

—Estoy seguro —le confesó Osborne — Me he lastimado peor jugando Soccer.

—¿Soc-qué? —cuestionó la bruja.

—Em... un deporte para los niños Muggles —le intento explicar con su mejor sonrisa.

Los dos chicos ahora estaban frente a frente, para evitar más desgracias como la anterior. Astoria también le sonrió y bajó su vista apenada, por lo que no pudo evitar toparse con la sangre en la camisa naranja del chico. Aun no se habían puesto los uniformes de sus respectivas casas. Pero eso sería luego, aun tenían tiempo y la bella niña de 12 años, oficiales, tenía regalos que darle a su amigo antes de que llegaran a la escuela y le fuera imposible.

—Hablando de eso... —hizo una pausa para levantarse y tomar su bolso —¡Te tengo unos regalos! —declaró alegremente-

—¿Qué? Asty, no tenías porque... —dijo evidentemente sorprendido mientras la niña sacaba diferentes cajas de diferentes tamaños de ese pequeño bolso que traía consigo.

El resto del viaje la pasaron charlando de sus vacaciones. Aunque la evidente diferencia entre clases sociales, como Astoria que había ido a Francia e Iván solo había ido a pescar, no parecía abrumarlos. Era divertido, cada cual tenía su particular encanto.

—¡Golosinas! ¡Golosinas! —se escuchó la voz de la mujer que siempre llevaba ese carrito repleto de dulces — ¿Quieren alguna golosina? —preguntó la amable anciana a los dos chicos.

—No, gracias —respondió Osborne.

—Dos ranas de chocolate —le pidió Astoria, aunque en realidad no las quería para ella, si no para su hermana. Ahí tenía dos oportunidades de acercarse a ella, no es que después de su última charla siguiera pensando que su hermana la odiaba, pero considerando la "situación", necesitaba "casuales" formas de llegar a de buenas a primeras con ella y que esta le respondiera sin temor a que "La Realeza Slytherin" se la comiera viva. Quizás debería de comprar más... la Slytherin terminó comprando seis y metiéndolas en su bolso.

—Te saldrán caries si comes tantas —le aconsejo el castaño con una cara divertida.

—¡No son para mí! —se quejó entre risas y haciendo un tierno puchero de enfado.

—¡No, que va! —se burló sarcásticamente, pero con un tono tan cómico que realmente era imposible enojarse o tomarlo a mar.

Ambos rieron sonoramente y continuaron el viaje platicando de diferentes cosas.

O-O-O

El espectáculo de la siguiente mañana fue digno de homenajear. Al fin habían llegado las dos escuelas que participarían en el torneo de los tres magos. Durante el desayuno se presentaron. Astoria moría de envidia y admiración al ver la belleza que desbordaban las señoritas de Beauxbaton con sus trajes azules y esos movimientos delicados que robó suspiros de muchos de los chicos presentes. Mentalmente se maldecía y no pudo evitar sentirse mal al recordar que ella podría estar en ahí, en ese mismo instante, pero vestida de seda azul y revoloteando como una mariposa, en lugar de tener que usar su gris y lúgubre atuendo de colegiala y estar sentada en una mesa donde todos la querían matar.

—Que zorras se ven —escuchó el murmuro de Pansy.

—¡Pansy! —Tracey la reprendió.

—Solo digo la verdad —se defendió la pelinegra.

—A mí me parecen lindas —terció Daphne.

También pasaron los chicos búlgaros de Durmstrang. Y así anunciaron El Torneo de Los Tres Magos, sus características empezando por la gloria eterna y que solo participarían alumnos de 17 años en adelante. También presentaron a Moody como el nuevo profesor de Defensas Contra las Artes Oscuras.

O-O-O

—¿Cómo lo sabias? —preguntó Iván que caminaba aun lado de su amiga hacia la clase de Pociones con Snape. Su curiosidad iba acompañada de asombro, pues recordaba perfectamente cuando Astoria le había dicho en el vagón de tren, sobre la visita de otras escuelas, claro que él pensó que le estaban tomando el pelo.

—Porque estuve en Francia —respondió con obviedad, recibiendo una mirada inquisidora por parte del castaño — ¡Oh está bien! Porque me lo dijo una chica de Beauxbatons —confesó.

—¿Quien? Y ¿Como te lo dijo? —insistió en saber.

—Pues cuando estuve Francia... ella, Fleur Delacour —susurro mientras veía como un grupo de bellas alumnas de Beauxbaton se acercaban sonrientes con sus lindos trajes azules.

—¡Bonjour, chers! —saludó la susodicha a la pequeña Slytherin.

—Bonjour, Fleur —Astoria contesto sonriendo de lado y sintiendo como Iván la halaba de su túnica para que siguieran caminando, ya iban tarde y empezar el año con un castigo de Snape no era nada conveniente.

— ¿Dónde te metiste aquella noche? —pregunto sin poder apartar el acento francés.

—Problemas... lo siento mucho —se disculpó, sonriendo de medio lado, aun sintiendo los jalones de Iván.

—No te preocupes, chers... Anda ve que llegaras tarde —la bella rubia, que siguió caminando con su grupo de amigas.

O-O-O

—¿No podían esperar, aunque sea un día, para empezar a llegar tarde? ¿Señor Osborne? ¿Señorita Greegrass? —la voz del profesor Snape era calmada, pausada e irónica como siempre y como siempre los castigaría, no debían de ser genios para saber eso — 5 puntos menos a cada uno y quiero... —volteó a verlos — Cuatro pergaminos tamaño duende, llenos con todos los ingredientes para antídotos de envenenamiento de la A a la P, para este viernes.

—¡Pero Profeso! ¡Son más de 500! —rezongó la niña que aun llevaba los mechones platinados.

—5 puntos menos Slytherin —respondió.

—Pero profesor... —quiso intervenir Osborne.

—5 puntos menos Gryffindor —aparentemente algo tenía de muy mal humor al profesor de pociones que se la estaba agarrando contra los dos alumnos de segundo año que solo habían llegado... 20 minutos tarde.

—Sí, profesor —contestaron aun unisonó. Sería mejor no decir más o solo terminarían empeorando las cosas.

—Y háganos a todos el favor de sentarse separados. Profesen su amor fuera de mi salón de clases —sentenció con burla e ironía, haciendo sonrojar a los dos niños que tal cual se los pidió el profesor se sentaron lejos y se mantuvieron callados durante el resto de la hora.

Hicieron un par de pociones, tomaron notas y apenas se acabó la clase se fueron a la biblioteca para sacar el libro de antídotos. Por suerte tenían una hora libre, por desgracia la tenían ocupada gracias a su "querido" profesor.

—No lo puedo creer —se quejó el joven que caminaba junto a Astoria.

—Me odia, te odia, nos odia... —declaró con voz dramática.

—Qué forma tan profunda de explicarlo —se burló sin muchas ganas.

—No dudes que un día nos terminará echando...

—No eches porras —la interrumpió, porque, de hecho, el joven de ojos avellana, no dudaba que en cualquier momento el profesor Snape los terminaría echando de la clase o echando del colegio y es que el hombre parecía enfurecerse con tan solo verlos.

Pasaron el resto del día y la semana metidos en la biblioteca. Apenas y salían a sus clases para luego regresar a seguir con el trabajo de Snape. Cada cierto tiempo uno salía al baño o por algo de comida, mientras el otro seguía trabajando. Fue divertido comprobar como hacían muy buen equipo y como no se aburrían, aunque fueran los únicos dos que se encontraran en el lugar. Y es que, aunque la biblioteca era normalmente poco concurrida, con la visita de las otras escuelas, aparentemente todos tenían algo que hacer, los que no andaban tras las lindas chicas francesas, andaban tras los fuertes chicos búlgaros.

—Creo que ya terminé —musitó Astoria dejando caer su cabeza contra la mesa.

—¿Bromeas? A mí me falta toda la P —se quejó Iván, mientras comía unas donas de chocolate.

—Toma, cópialo —dijo sin muchas ganas la Slytherin que moría del cansancio.

—No gracias, luego nos castigara peor... —se recordó a si mismo antes de caer en la tentación — ¿Por qué no mejor vas a dormir? Ya es tarde, yo solo estaré un poco más... antes de que algún profesor o lo que sea venga a echarme —sonrió de medio lado.

—En otras palabras —habló la castaña que giro la cabeza para mirarlo, pero sin levantarala de la mesa, por lo que los mechones platinados le cubrieron el rostro y ella resoplo — Te quedaras hasta que termines, aunque eso implique que cuando te vean fuera de la cama a estas horas, nos volverán a castigar y pasaremos otra semana escribiendo pergaminos de la O a la Z —se burló.

—¡Oh! Que bueno que me dices, empezaré de una vez con O, cuando termine con la P —se rió fuerte, pues finalmente estaban solos.

—Jajaja, eres un tonto Iván —le reprendió la serpiente de Salazar. Y es que, en esos momentos bajo la tenue luz, los ojos de Astoria resplandecían como esmeraldas entre esos mechones plata, Osborne podía jurar que estaba siendo hipnotizado, se quedó viéndola fijamente — ¡Hey! Reacciona —le gritó tronándole los dedos enfrente — ¿Estas bien, Ivi? —pregunto usando el sobrenombre que había escogido para molestarlo, ya que la niña aun no pensaba en ninguno cariñoso, pero si tenía algunos para molestar.

—¡Tory! ¡No me digas Ivi! —refunfuño, ganándose la risa de su compañera.

Los dos siguieron ahí, Astoria que había terminado primero, le ayudo a Ivan a terminar el trabajo, pues al día siguiente a primera hora, tenían que ponerlo en el escritorio del profesor Snape. La noche se fue rápidamente y regresaron a sus dormitorios prácticamente en la madrugada, se toparon con profesores, claro que sí, pero cuando les explicaron por qué andaban fuera de la cama a esas horas y les mostraron los cuatro pergaminos tamaño duende, en lugar de reprimendas se ganaron compasión y es que solo Severus podía estar tan loco como para dejar tanto trabajo en tan poco tiempo.

O-O-O

—Interesante —habló el profesor de cabello largo y negro que miraba a sus dos alumnos de segundo año — Claro está que yo no les pedí una lista de antídotos con sus ingredientes, les pedí los ingredientes para hacer los antídotos.

—¿Y cuál es la diferencia? —se quejo Astoria visiblemente molesta.

—Acusame es el primer antídoto de la enciclopedia —comentó el profesor leyendo el pergamino — Aquí debería estar escrito Aayudo que es la primera planta volcánica en listada en la enciclopedia que se usa como ingrediente principal en los antídotos.

—¿Y cómo íbamos a saber? —volvió a gritar la ojiverde, al menos ya le estaba demostrando a su líder de casa que no era solo una niñita romántica que le gustaba gastar bromas junto a un Gryffindor, claro que el mal carácter no era una cualidad que le agradara al profesor.

—30 puntos menos a cada uno y quiero los pergaminos correctos en mi escritorio el lunes —sentenció.

Aquello era insólito, aparentemente se la pasaría todo el santo año encerrada en la biblioteca junto a Iván, haciendo trabajos del amargado Snape. Apenas y había podido... ¡No! No había podido hacer nada, apenas y dormía en su casa y el resto del tiempo estaba en la biblioteca, comía en la biblioteca, se dormía literalmente en la biblioteca y vivía en la biblioteca. Lo único productivo de todo aquello era que no se había topado con dos desagradables serpientes.

—No puedo creer que me pase esto. Adiós a mis sueños de pasar tiempo con las chicas de Beauxbaton.

—Y ¿cómo para que querías pasar tiempo con ellas? —preguntó extrañado su acompañante.

—Porque... ¿Son agradables? —su rostro reflejaba obviedad y burla, realmente esa no era la respuesta, pero quería molestar un poco al león dorado.

—¡Ja! ¡Me ofendes! —contestó en falso tono fingido de sentirse mal — ¿Insinúas que mi compañía no es agradable?

—Jajaja, claro que no, tonto —se burló y rompió a reír al ver las muecas del castaño.

—Lo sabía, aunque tonto tampoco soy —comenzó a reír con ella.

Los dos iban tan risueños en sus tontas bromas que como siempre no repararon en el desastre que iban a causar, cuando el líder de Slytherin y el Príncipe de Slytherin iban pasando por ahí cargando un pesado baúl. El rubio refunfuñaba por tener que ayudar a su profesor, pero es que si no lo hacía no iba a pasar la maldita asignatura, no es que fuera malo en pociones, claro que no, solo resultaba que se quedaba dormido en la clase, porque toda la noche la pasaba a escondidas con Pansy.

—¡Cuidado! —gritó Malfoy, pero demasiado tarde, los dos chicos que reían habían chocado con las dos serpientes, lo que provocó que tiraran el baúl que dentro traía pociones, lo que a su vez provocó una explosión.

—¡100 puntos menos, par de tórtolos! —gritó furioso Snape.

—¡Genial! —se quejó la Greengrass al escuchar eso.

—¿Estás ciega o qué, pulga? —le ofendió Draco, pero fue ignorado por la chica.

Los dos jóvenes salieron corriendo de ahí, era mejor decir "Ahí corrió, que allí murió". Dejaron de correr cuando llegaron al pasillo central del ala oeste, donde estaban los Ravenclaws.

—Al menos nos quitan puntos por igual —se consoló el león de Gryffindor.

—Claro, gran consuelo. ¿Entonces debo preocuparme cuando me quiten más puntos a mí que a ti? —respondió burlonamente.

—¡Ja! En todo caso me quitaran más a mí.

O-O-O

Después de irse a bañar a sus respectivas casas y cambiarse, se fueron a la biblioteca como habían quedado anteriormente. Claro que Osborne llegó primero, pues la serpiente tubo ciertos contratiempos con las culebras que estaban en la sala común de su casa.

—¿Sabes que por tu culpa, Mi Draco se tubo que quedar a ayudar al profesor Snape? —escupió la auto nombra princesa de Slyhterin.

—No fue mi culpa —contestó secamente y caminando más a prisa para salir del lugar.

—Eres una maldita pulga... ¡Ridisema! —la pelinegra le lanzó un hechizo a sus espaldas.

—¡Pansy! —gritó la rubia Greengrass — No maldigas a mi hermana.

—Tranquila Daphne —hablo su hermana, volteándose a encarar a su atacante — Al parecer ni un buen hechizo sabes hacer ¿Verdad? —se burló la más joven, viendo que no tenía nada diferente, extraño o lastimado en su ser.

—Claro que sí, pulga. Pero eres muy tonta para darte cuenta —le contestó con una amplia sonrisa.

La pequeña callo y se volvió a examinar de pies a cabeza y entonces notó lo único diferente que tenía ahora.

—¿Eso es todo Pansy? —se burló — Me hiciste un favor, ya no me gustaban esos mechones plateados.

—Claro, lo que tu digas —contestó con confianza y superioridad, pero Astoria se marchó antes de que pudiera decir algo más.

O-O-O

—¿Por qué tardaste tanto? —pregunto Iván que ya tenía unas golosinas y los libros en la mesa.

—Las culebras de mi casa —argumento con desinterés, sentándose a un lado del muchacho.

—¿Qué le paso a tu cabello? —enarcó las cejas, esperando una respuesta de la ahora castaña completa.

—Me lanzaron un hechizo para quitarme el look —se burló recordando lo patético que le había parecido el hechizo de Pansy.

—Jajaja, creo que no soy muy creativas —le siguió la burla y entre bromas y risas comenzaron por segunda vez el trabajo de Snape. Si bien dicho trabajo no les daría una calificación más alta, al menos evitaría que los corrieran de la clase de pociones.

La noche volvió a caer lentamente mientras ellos seguían allí. Astoría había ido por dos tasas de chocolate caliente y pan de flor de sangriente al gran comedor, mientras Iván buscaba la definición de una tal planta llamada Branquialgas, que aparecía como ingrediente de antídotos.

—¿Ya lo encontraste? —preguntó la castaña dejando la comida en la mesa.

—Nada, en ocasiones pienso que lo hacen así a propósito ¿Por qué demonios el índice no trae la definición? —se quejó Osborne tomado su chocolate.

—Mira tonto —le contestó rodando los ojos — ¡Aquí esta! —el Gryffindor enarco las cejas y se acercó, tal cual lo había dicho la definición estaba en el índice, solo que no lo habían notado, pues al parecer el libro de Iván le faltaba justamente esa hoja de la explicación — Sirve vitalmente para respirar bajo el agua y empleada en antídotos puede ser útil para revivir a un ahogado, si este lleva muerto menos de 4 horas —leyó con sus esmeraldas.

—Suena escalofriante —dijo mientras observaba el libro por sobre el hombro de la niña.

—Lo es, vamos a... —una nueva y más evidente oportunidad se presentó. La chica volteó sutilmente y se topó frente a frente con el león que sonrió y solo se empino para acortar la distancia y besarle. Fue un beso tierno, dulce y sin nada de malicia. Astoria dejo caer el libro y se giró sin romper el inocente contacto. Apenas un sutil roce con los labios que termino en un cálido y acogedor abrazo.

—¿Quieres ser mi novia? —soltó de golpe Osborne.

—¿No debería esperar dos años para proponer eso? —se burló con una risa nerviosa y las mejillas rojas.

—Lo siento, mi princesa… —se disculpó y la volvió a abrazar —esperaré.

—Bobo —se bufó aun nerviosa.

—Astoria... —le llamó.

—¿Qué? —se alejó para mirarlo.

—¿Desde cuándo tu cabello brilla?

—¿Ah?

—Tu cabello brilla como si fuera… em... ¿Esmeralda?

La susodicha solo parpadeó, ingenua de lo que le estaban hablando. Pensó por unos segundos que a lo mejor se debía a la luz de las lámparas de la biblioteca, pero... tomó uno de sus mechones y lo pudo ver, su cabello resplandecía como si fuera fosforescente...

—¡Maldita! ¡Me la volvió a hacer! —gritó a todo pulmón, mientras salía corriendo, dejando a un confundido Osborne ahí solo.