Grecia. Aeropuerto cercano a zona turística.
El avión había aterrizado finalmente. Todos se esforzaban por dar la apariencia de calma, siendo que cada uno se encontraba tenso debido a la situación por venir. Saori se había mantenido callada, siempre mirando por la ventanilla, únicamente respondiendo con monosílabos; actitud extraña en ella. Algunos pensaron que se debía a los nervios, pero los más perceptivos sabían lo que rondaba por su mente: la muerte de gente inocente, muerte que ella no pudo frenar. Ni siquiera había logrado dormir correctamente, aspecto notorio por las profundas ojeras y piel ceniza. No le importaba, llegó a pensar que inclusive le ayudaría lucir así cuando se presentara ante Saga, después de todo la habían secuestrado. Estaba más preocupada por el hecho de escuchar los gritos desesperados de aquellos niños que no pudo salvar, porque eso eran, niños. Había tenido pesadillas y se sentía impotente. ¿Dónde estaba su divinidad ahora? Parecía ser una simple humana, y le preocupaba que esa debilidad ocasionara la muerte de alguien más. Sus amigos, su familia; eran ellos los que viajaban con ella. No quería pensar que estaban viajando a su muerte por su culpa. Se interrumpió en cuanto sintió el aterrizaje y esperó hasta que el avión paró por completo para hablar.
- Nos separaremos desde aquí – Saori miró a los demás –. Todos sabemos qué hacer. Sólo esperemos que nada salga mal – se giró para dirigirse al grupo que la acompañaría a ella –. Vámonos – comenzó a caminar para bajar del avión, seguida de los caballeros que serían su compañía, y antes de bajar regresó la mirada a los demás –. Por favor, tengan cuidado – bajó la mirada, y salió.
- Cuídenla – habló Seiya, dirigiéndose a los caballeros que seguían a Saori y aun no salían del avión.
- Lo haremos, Seiya. No se preocupen – respondió Shun, para después girarse y salir con los demás.
- Solo van cuatro caballeros con ella, ¿estará segura? – Jabu estaba cada vez más nervioso por la seguridad de Saori.
- Tres de ellos son de la orden dorada, además de que hay uno más a la espera de actuar, ella estará segura – respondió Shiryu, intentando calmar sus propias preocupaciones.
- Ahora tenemos que preocuparnos por completar nuestra misión – añadió Hyoga –, mientras más rápido encontremos aliados, mejor.
- ¿¡Pues qué estamos esperando!? – agregó Ichi.
- Habla el que apenas llegó a tiempo a este vuelo – dijo Nachi irónicamente –. Por poco y te quedas en Japón.
- ¡Me la he pasado en aviones y aeropuertos estos últimos días!, ¡ya necesito un poco de acción! – Ichi se defendió, estaba consciente de que había llegado tarde.
- En eso de la acción estoy de acuerdo – habló Geki, ansioso por encontrar con quien luchar.
- Recordemos las órdenes – interrumpió Seiya, mientras bajaba del avión y era seguido por los demás –. De preferencia no iniciar batallas, hay que pasar desapercibidos.
- Claro, lo dice el que menos autocontrol tiene – le respondió Ban, poniendo los ojos en blanco.
- Son órdenes de Athena – Seiya también tenía deseos de pelear, pero sabía que por esta vez debía seguir instrucciones –, y todos vamos a seguirlas. Ahora vámonos, es importante cumplir con nuestra parte.
Grecia. Rodorio, zona cercana al santuario.
No tardaron mucho en aproximarse al santuario, Aioria y Milo llevaban puestas sus armaduras mientras cargaban con las correspondientes a Aioros y Shun, puesto que ellos debían comportarse como rehenes y todos estaban de acuerdo en que sería el santo de sagitario quien atraería toda la atención, por lo que Saori simplemente debía mantener un bajo perfil sin encender su cosmos.
- Recuerden no hablar. – dijo Aioria – Seremos Milo y yo los que hablaremos. Solo espero que no tengamos problemas mayores cuando los demás identifiquen a Aioros – El aludido lo miró de medio lado, él también tenía esa preocupación.
- Si mencionas que son órdenes del patriarca llevarlo directamente con él, no debería haber complicaciones – añadió Milo –. Si nadie ha desobedecido a su excelencia todo este tiempo, no lo harán ahora.
- ¿Hay algún caballero que pudiera perder el control al ver a Aioros después de tantos años? – preguntó Saori.
- Lo hay – respondió inmediatamente el caballero de sagitario –. Y si decide pelear, dudo que cualquier petición del patriarca lo haga cambiar de opinión; así que ustedes tendrán que seguir con Athena – mencionó a los otros caballeros –. Probablemente no sea tan mala idea crear ese tipo de distracción.
- ¿Y si alguien más decide intervenir? No debes pelear con dos caballeros a la vez – Saori estaba alterándose por la sugerencia de quien fuera su maestro.
- En tal caso, señorita Athena, nadie más intervendrá – añadió Milo –. Ese es un aspecto que todos respetamos, ya sea por reglamento o por orgullo; las batallas siempre son uno contra uno.
- Según recuerdo, tú peleaste contra Aioria y Aioros – respondió ella.
- Aioros realmente no participó en esa batalla, solo fuimos Milo y yo – aclaró Aioria, con media sonrisa.
- Y te hubiera vencido – dijo Milo, sonriendo de igual manera.
- Me alegra que estén tan confiados, algo me dice que lo vamos a necesitar – Saori tenía un mal presentimiento. Miró a Shun preocupada, pero él le devolvió la mirada sonriéndole.
- Pues, más vale que estemos seguros, porque estamos entrando al santuario – Aioros reconoció el terreno que no había pisado en 13 años.
El terreno árido comenzó a hacerse familiar, así como las ruinas circundantes. Los tres santos dorados se pusieron alerta, no tardarían en encontrarse con alguno de los caballeros encargados de vigilar; por lo que en poco tiempo todo el santuario sabría de la llegada del prófugo sagitario. Esperaban con eso llamar la atención y ayudar a que los demás bronces se infiltraran sin mayores inconvenientes. Continuaban caminando, acercándose, cuando un cosmos los hizo tensarse.
- Vaya, vaya. Bienvenidos caballeros. ¿Nuevas presas? – exclamó el vigilante, observando a Shun y Saori, fijando su atención en esta última; algo le parecía familiar en ella –. Si ninguno piensa quedársela, ¿puedo tenerla yo cuando terminen? – añadió con una amplia sonrisa.
A ninguno le agradó el comentario, siendo el santo de sagitario quién actuó más rápido.
- Deberías reconsiderar tu lenguaje – Aioros habló. Estaba de pie, justo detrás del caballero de plata que había hecho el comentario, su mano estaba peligrosamente colocada de manera horizontal en la nuca del santo; un solo golpe sería suficiente para acabarlo. Después de todo, el fingir ser un rehén no le impedía poner en su lugar al insolente. Además, estaba seguro de que ni Milo ni Aioria harían esfuerzo en detenerlo, es más, lo ayudarían a no dejar rastro de la existencia de ese hombre –. Sin importar las circunstancias, puedo fácilmente eliminar a un caballero de plata.
Ptolemy de Sagitta se sorprendió ante la rapidez con la que Aioros se colocó detrás de él. Pudo reconocer que no podría moverse con la velocidad suficiente para evitar el golpe fatal. Miró hacia los caballeros de leo y escorpio, pero ninguno hizo señal alguna que indicara que fueran a intervenir.
- Tal vez deberías recordar que ese tipo de comportamiento no corresponde a un caballero al servicio de la diosa Athena – Milo comentó –. Él podrá ser un prisionero, pero nadie va a impedir que te ayude a recordar tu lugar.
- Es una lástima que no fueras lo suficientemente veloz para reconocerlo – Aioria agregó, logrando que el rostro del santo de sagitta mostrara duda.
- ¿Quién eres? – el santo de plata preguntó, ocultando su molestia por la nula intervención de los dorados; sin embargo, Aioros no respondió.
- Caballero de Sagitta. Son órdenes del patriarca llevarlos ante él, pero nadie se va a molestar en detener al santo de sagitario si decide acabar contigo – el tono de voz de Milo denotaba la amenaza.
Ptolemy cambió su expresión a una preocupada, pues a pesar de no reconocer a Aioros desde un inicio, conocía perfectamente su fama dentro del santuario; y aunque estaba consciente de que era un traidor, también reconocía que era un santo dorado. Muy a su pesar, aun sin su armadura, él podría vencerlo; pensamiento que lo hizo tensar la mandíbula.
- Así que el traidor regresa. ¿No le molesta eso caballero de Leo? – añadió, haciendo alarde de valentía a pesar de tener al caballero de sagitario aun apuntando a su cuello.
- Soy yo quien lo encontró para llevarlo ante el patriarca. Ahora deja de molestar, no es algo en lo que debas entrometerte – Aioria no se alteró, sabía que intentarían molestarlo con el hecho de que fuera su hermano, pero dado que nunca se había llevado bien con alguien que no fuera Marín; siempre estaba a la defensiva y era su costumbre responder de esa manera.
Aioros tocó levemente la nuca del santo de plata, y sin dañarlo se movió hasta regresar al lado de Saori. De nuevo, su velocidad fue imperceptible.
- Así que realmente eres leal al santuario, que sorpresa – respondió el santo de Sagitta, controlando su voz; pues el leve contacto de la mano de Aioros lo había hecho sudar.
- Siempre lo he sido – Aioria habló con voz media, no le importaba la opinión de Ptolemy.
- Deja de estorbar y dedícate a hacer tu trabajo – Milo habló, dando a entender que cualquier interacción con ellos se había terminado.
Ptolemy se movió de su lugar después de hacer una mueca de disgusto, por lo que lo más seguro era que hubiera corrido a avisar a Shaina sobre los recién llegados, creando una buena distracción para dar tiempo a los caballeros de bronce.
Pocos minutos pasaron para que la comitiva se encontrara frente a la primera casa, Aries. Ellos sabían que no había guardián ahí, pero entrar significaba que no había marcha atrás. Saori sabía que sus acompañantes la protegerían a toda costa, pero no podía evitar estar asustada, tanto por ellos como por ella. Podían perder mucho si algo salía mal.
- ¿Seguros? – fue lo único que Saori pudo decir.
- Completamente – Aioros respondió, enfocando su mirada en ella.
Los demás caballeros la miraron y asintieron sin decir palabra, por lo que el grupo se internó en el primer templo.
Aries no presentó ningún contratiempo al encontrarse vació, sin embargo, esperaban que su historia fuera suficiente para que el siguiente guardián los dejara pasar. La casa de Tauro era amplia y fría, y tal como lo esperaban, Aldebarán se encontraba justo en el medio, sin dejar paso libre hacia la salida.
- Caballero de Tauro – habló Aioria. Aldebarán jamás fue agresivo con él, al contrario de los gestos de desagrado que solía dirigir a Milo cuando hablaba de manera altanera, por lo que la mejor opción para lograr pasar era el de Leo –. Llevamos a tres prisioneros por órdenes del patriarca, solicitamos tu permiso para pasar.
- No se me avisó que estaba en una misión, caballero de Leo; al contrario de escorpio, aunque se suponía que Milo traería solo a una persona con él, no a tres – Aldebarán miró al grupo poniendo especial atención en las tres personas desconocidas para él. Fijó su vista en Aioros, le parecía haberlo visto antes, además de que era bastante parecido a Aioria.
- Tuve que traer a uno más, no se le despegaba a ella – dijo Milo, fingiendo indiferencia mientras señalaba con la cabeza a la figura de Saori –. El patriarca me informó solo a mí que el santo de Leo se encontraba fuera, no era seguro cuando regresaría o si sería posible que completara su misión. Supongo que consideró que, siendo una misión diferente, no era necesario informar a todos. No tenemos por qué cuestionar a su excelencia.
- Nadie lo cuestiona, Milo – Aldebarán no estaba seguro, pero sabía que había varias decisiones que el patriarca no informaba, hasta que estas se completaban. Siendo honesto, no veía el por qué dudar de ellos, incluido el de Leo; hermano de un traidor o no, Aioria siempre se mostró leal al santuario en lo que a él respectaba –. ¿Tú te responsabilizas por el otro, Aioria? – Aldebarán había notado que el de escorpio hablaba únicamente de los dos jóvenes, pero no habían dicho nada del que le parecía más sospechoso. ¿Acaso sería el traidor? De ahí vendría el parecido con Aioria.
- Así es – respondió el de Leo.
- Esta bien. Pasen, caballeros - dijo finalmente el de tauro, sin moverse de su posición, aunque no despegaba la vista de Aioros.
- Muévanse – Milo habló a sus prisioneros, actuando como él normalmente lo haría.
- Con tu permiso – Aioria se dirigió a Aldebarán antes de pasar a su lado.
Pronto salieron del templo. Desde un inicio, tanto Milo como Aioria, consideraron que Aldebarán no les prohibiría el paso, pero no estaban enterados de que Saga avisó a todos de la misión de Milo, pero nada sobre Aioria; así que el de tauro no sería el único en tener sospechas.
- ¿Tendremos problemas en las siguientes casas? – Shun habló en voz baja.
- Probablemente tengamos que contar la historia varias veces. – respondió Aioria – Ahora, tenemos que avanzar. La siguiente es la casa de géminis, y ha estado vacía desde que Saga se nombró patriarca.
Una vez que el grupo llegó al templo de géminis, notaron que estaba efectivamente vacío; sin embargo, había algo sospechoso en el lugar, como un remanente de cosmos. Tenían la sensación de ser observados, pero no lograban distinguir la presencia de alguien.
- Hay algo extraño en este lugar – dijo Saori.
- Esto no es común – añadió Milo –. No había sentido esto en todas las veces que he pasado por aquí.
- Lo mismo digo – apoyó Aioria.
- Siendo que Saga está en la cámara del patriarca, no debería estar ocupando su casa – habló Aioros –. Pero es probable que estuviera aquí hace poco. Ese cosmos, es una energía que me parece conocida.
- ¿Saga tiene forma de saber que estamos cruzando este templo? – Shun los acompañaba, mirando atentamente a su alrededor.
- No debería, pero no podemos descartar nada – respondió Milo.
Siguieron avanzando, aumentando la velocidad. La sensación experimentada era desagradable y todos querían estar fuera lo más pronto posible. Nadie logró distinguir la armadura dorada completamente de pie, mirándolos desde las sombras, emitiendo la extraña energía que los hizo desear salir pronto de ahí.
Grecia. Rodorio, zona cercana al santuario.
Los caballeros de bronce estaban cada vez más cerca del santuario. Tenían planeado encontrar a Marín como primer paso, y ante cualquier interrogante, eran simples caballeros que acababan de ganar su armadura y venían a ponerse a disposición de las órdenes del patriarca.
Una vez en las afueras del santuario, todos se detuvieron, tenían que dividirse si no querían llamar demasiado la atención.
- Esta bien, yo iré a buscar a Marín y los alcanzaremos en un punto medio – habló Seiya.
- No necesitas buscarme, aquí estoy – La voz femenina se escuchó detrás de una columna, tras la cual Marín salió –. Y se tardaron más de lo que pensaba.
- Marín, pero, ¿cómo es que supiste? – Seiya estaba sorprendido, al igual que los demás. Ninguno se había percatado de algún cosmos cercano, mucho menos detrás de la columna a unos cuantos metros de ellos.
- Me avisaron que vendrían y me informaron de toda la situación referente a Athena – respondió ella –. Me temo que no tendremos muchos aliados, lo mejor será tratar de llegar hasta la cámara del patriarca.
- ¿Quién te informó de todo? – Seiya continuaba sorprendido.
- ¿A qué se refiere con que no tendremos aliados? – añadió Shiryu.
- No podemos ir a las 12 casas por ahora, Athena está cruzándolas en este momento, podríamos arruinar todo – dijo Hyoga.
- Una cuestión a la vez, caballeros – Marín suspiró –. El santo de aries envió a su alumno a avisarme. No tendremos aliados dado que todos están bajo las órdenes del patriarca y están firmemente convencidos que Athena ha estado aquí todo este tiempo, así que pensarán que la verdadera es una farsa y tratarán de matarnos. Por último, hay otras formas de llegar hasta el patriarca, aunque no son fáciles y llamaremos la atención si vamos todos. Algunos deberán quedarse, a menos que realmente deseen enfrentarse a los santos dorados.
- Podemos enfrentarnos a cualquier adversario – dijo Jabu –. Pero concuerdo con que recorrer las 12 casas en este momento podría ser contraproducente. Creo que es mejor ir por la otra ruta.
- Son demasiados – aclaró Marín.
- Puede que sea buena idea llamar la atención de algunos platas y bronces por aquí – dijo Geki.
- Es mejor pasar desapercibidos. Si hacemos un escándalo, puede que no solo nos enfrentemos a caballeros de plata y bronce; algunos dorados pueden ser enviados. Sería demasiado para nosotros – Marín se dio cuenta que había sido buena idea que Mū la previniera, el grupo frente a ella tenía a muchos imprudentes, su exdiscípulo incluido.
- ¿Sería más fácil para algunos de nosotros moverse por una ruta diferente hasta el patriarca si unos creamos una distracción mientras otros intentan recorrer las 12 casas para mantener a los dorados ocupados? – habló Nachi, logrando que todos voltearan a verlo.
- Habría menos guardias y caballeros, sí – respondió Marín -. ¿Qué clase de distracción tenías en mente?
- Podríamos hacer un gran escándalo en un lugar lejano, atraer a cuantos podamos, para que así pasen desapercibidos. Aunque algunos tendrían que enfrentarse a los santos dorados para distraerlos – dijo Nachi.
- ¿Y qué pasará cuando los encuentren creando el escándalo? Si van a atraer a tantos caballeros como puedan, serán demasiados para combatir; sin mencionar que enfrentarse a un santo dorado no es fácil, podrían morir – recalcó Marín.
- Podemos combatirlos, o al menos, darles el tiempo que necesiten para ayudar a Athena – agregó Ichi.
- Ban, Ichi y yo podemos encargarnos de la distracción – añadió Geki –. Pelear contra bronces o platas no será nada – los dos caballeros mencionados asintieron ante la sugerencia.
- En ese caso, yo recorreré las 12 casas. – mencionó Hyoga – Debo ver a mi maestro, el caballero de acuario. Tal vez pueda razonar con él y demostrarle la verdad.
- No podrás pasar solo, iré contigo – Jabu se colocó al lado de Hyoga.
- Me uno a ustedes – dijo Nachi.
- Si así lo quieren – Marín habló –. Seiya, tú y el caballero dragón irán conmigo – ambos la miraron y dieron un asentimiento de cabeza. Ella dirigió su atención hacia los responsables de crear la próxima distracción – Esperaremos a que ustedes llamen la atención de la mayoría para poder movernos – después habló al grupo que enfrentaría a los dorados –. Ustedes también deben esperar para dirigirse a los templos. Las casas donde tendrán que enfrentarse son tauro, cáncer, virgo, capricornio, acuario y piscis; las demás están vacías o sus guardianes son aliados.
- Es momento de que llamemos la atención – Ichi habló. Los demás sonrieron y dieron un asentimiento.
- Esas ruinas a lo lejos parecen importantes – dijo Ban.
- Estoy de acuerdo. Sería una lástima que alguien las hiciera polvo – Geki sonreía mientras hablaba.
- Creo que encontramos una distracción – mencionó Ichi, dirigiéndose de inmediato hacia las ruinas señaladas. Geki y Ban se movieron al mismo tiempo.
Grecia. Santuario. Casa de cáncer.
El grupo estaba en la entrada del cuarto templo. Tanto Saori como Shun se encontraban nerviosos, esa casa emitía una energía diferente a las tres anteriores, y no era una energía agradable. Los dorados estaban ansiosos, especialmente Aioria; conocía muy bien a Máscara de muerte, y sospechaba que no les sería tan sencillo cruzar.
- No ganamos nada estando aquí parados – Milo habló –. Tenemos que avanzar.
Los demás simplemente asintieron, sabían que debían entrar, aunque no lo desearan. El grupo comenzó a adentrarse, siendo recibidos por un olor putrefacto. La visión en las paredes era espeluznante. Saori estaba horrorizada por los cientos de rostros humanos adornando las paredes. Ella sabía que no eran máscaras. ¿No se suponía que el santo dorado de cáncer era también un caballero a su servicio?, ¿cómo se le había permitido asesinar a tanta gente? ¡Había rostros de niños! Shun también se encontraba estupefacto ante lo que veía. Aioros estaba decepcionado y molesto, lo que veía no correspondía a lo que un caballero dorado debía ser. Para él no había honor en matar a alguien, mucho menos en exhibirlo de esa manera. Aioria y Milo odiaban esa casa, pero ya conocían a Máscara de muerte. No estaban de acuerdo con su comportamiento, pero habían procurado evitarlo, siendo Milo quien tenía más éxito en eso; puesto que el santo de cáncer había tratado siempre de demostrar que Aioria no era lo suficientemente fuerte para estar en la orden dorada. El grupo se encontraba a mitad del templo, cuando una voz los detuvo.
- Miren quién está pasando por mis dominios – Máscara de muerte habló desde la oscuridad –. No pensarán pasar sin solicitar mi permiso, ¿o sí, Aioria?
- Tenemos órdenes de llevar a estos prisioneros ante su excelencia – respondió el santo de leo –. No deseamos hacerlo esperar – Aioria se negaba a pedir permiso, pero sabía que era una de las reglas; así que trató de salirse por la tangente al no realizar la petición de manera directa.
- Claro, no deberían hacer esperar al patriarca – el santo de cáncer habló con una voz sarcástica – sin embargo, me alegra informarte que su excelencia me ha dado una nueva orden.
Tanto Milo como Aioria se sorprendieron ante el comentario, pero no lo demostraron. Al parecer habían tenido razón en pensar que no sería fácil pasar por esa casa.
- ¿A qué te refieres? – Milo preguntó.
- El patriarca me ha indicado que el caballero de leo no puede pasar más allá de su propio templo, por lo que, dado que llevan tres prisioneros; yo continuaré en su lugar para evitar que lleves toda la carga, escorpio.
- Soy yo quien debe llevarle a Aioros – Aioria comenzó a levantar la voz, ¿por qué el patriarca le había prohibido continuar? –. Quiero probarle mi lealtad al santuario entregando al traidor.
- Podrás hablar con el patriarca cuando él te llame. Por ahora, avanzarás hasta tu templo y yo continuaré por ti – Máscara de muerte no podía ocultar su alegría ante la frustración de Aioria -. ¿Acaso vas a desobedecer las órdenes?
- No pienso quedarme atrás mientras tú entregas a mi prisionero – Aioria comenzaba a ponerse en guardia, para sorpresa del grupo; sin embargo, ninguno que no fuera Milo podía emitir palabra o su mentira quedaría al descubierto.
- En ese caso, no pienso dejarte llegar a tu templo, Aioria – Máscara de muerte salió a la luz, mostrando una amplia sonrisa –. Honestamente esperaba que te negaras. Vas a hacerme las cosas más fáciles.
- Milo – Aioria llamó la atención de su compañero –, por lo visto voy a tardarme un poco, tendrás que continuar sin mí. No tardaré en alcanzarte.
- Dudo que logres ponerte de pie después de pelear conmigo – añadió el de cáncer.
El de escorpio miró a Aioria y a Máscara de muerte, los ojos de ambos estaban perdidos en la batalla próxima. Sin el de leo, solo quedarían tres caballeros para proteger a Saori; pero obedecer la orden dada por Saga obligaría a Máscara de muerte a acompañarlos, y eso era más peligroso. Tendría que avanzar sin Aioria.
- Continuaremos en ese caso – Milo esperaba que Máscara de muerte diera una negativa, pero solo le dirigió una mirada, después posó su vista en Saori y volvió a concentrarse en Aioria. Eso no indicaba nada bueno. Sospechaba que pronto él mismo tendría que enfrentarse a alguien para poder pasar, y el otro fiel al patriarca era Afrodita. Si él se quedaba atrás, solo Aioros y Shun podrían proteger a Athena. No eran buenas probabilidades.
Milo comenzó a caminar, indicando a los demás del grupo que se movieran. Saori dio una última mirada a Aioria. El de leo le sonrió confiado y volvió a concentrarse en su oponente. Ella no tuvo otra opción que moverse, esperando que Aioria no saliera herido en esa batalla. Abandonaron el cuarto templo. La casa de leo no tendría guardián, pero la verdadera preocupación de Milo era el templo siguiente. Shaka de virgo no sería fácil de engañar.
Santuario. Ruinas.
El polvo seguía sin disiparse, pero el estruendo de la caída de uno de los templos debía ser suficiente para atraer a varios de los santos que se encontraban en guardia en ese momento.
- ¿No te parece que exageraste? – Ichi comentó, observando como el anterior templo había sido reducido a escombros.
- Querían distracción, ¿no? – Geki respondió, manteniendo sus manos cruzadas en el pecho, orgulloso de los resultados.
- Distracción no significa reducir a polvo el patrimonio nacional de Grecia – añadió Ban –. Cuando Saori se entere de esto, me voy a encargar de decirle que fue obra tuya.
- ¿Piensan dejarme solo contra ella? – Geki exclamó, ocultando que sentía un ligero temor por eso. Saori podía ser muy difícil cuando se enojaba, y si a eso le añadía que era una diosa, peor.
- Yo apoyo a Ban. No quiero los regaños de Saori – comentó Ichi.
- Par de cobardes – el santo de osa mayor habló indignado.
La pequeña discusión se detuvo en cuanto los tres santos percibieron que varios guardias se dirigían a donde estaban, incluidos varios cosmos que sin duda pertenecían a los caballeros vigilantes.
- Recuerden lo que nos pidió Saori, la menor cantidad de bajas posible – Ban habló en voz alta.
- Con los guardias no habrá problema, pero con otros santos me imagino que el único posible resultado será que mueran ellos o nosotros. No sé ustedes, pero no pienso morir todavía – respondió Geki.
- En eso definitivamente estoy de acuerdo contigo – Ichi mencionó mientras se ponía en guardia.
Los vigilantes que no tenían entrenamiento como caballeros llegaron primero, puesto que eran quienes estaban más dispersos para vigilancia del santuario, pero no representaron ningún reto para los tres bronces; sin embargo, en cuanto pensaban que las cosas estaban resultando demasiado fáciles, un ataque diferente fue enviado hacia ellos. Lo único que pudieron percibir fue una fuerte corriente de viento levantándolos del suelo, pues pronto estaban atrapados girando en espiral por los aires, llenándose de heridas antes de caer con fuerza.
- ¿Qué fue eso? – Ban dijo con dificultad, intentando levantarse del suelo. Sus compañeros también estaban esforzándose por incorporarse.
- ¿Haciendo mal uso de las armaduras? – dijo una voz suave, escuchándose a pocos metros de donde los bronces trataban de levantarse – Extraño que caballeros de bronce estén atacando territorio del santuario, y, por lo que veo, ninguno de ustedes pertenece a Grecia, no merecen esas armaduras, traidores.
Los tres caballeros lograron quedar sobre una rodilla y alzar la vista hacía el extraño que había hablado. La figura de largo cabello dorado y rasgos femeninos se acercaba a ellos con una sonrisa triunfante.
- ¿Quién eres? – Geki preguntó, poniéndose de pie.
- Soy yo quién debería hacerte esa pregunta – respondió el caballero, la capa que portaba ondeaba mientras acortaba la distancia -, pero creo que merecen saber el nombre de quién acabará con ustedes y regresará esas armaduras a donde pertenecen. Soy Misty, caballero de lagarto.
- Ni creas que te permitiremos tomar nuestras armaduras – Ichi habló, incorporándose al igual que Geki.
- En realidad no estaba pidiendo tu permiso – Misty respondió -, y, de hecho, no me interesa saber sus nombres. Lo que sí me interesa es saber cómo entraron al santuario y cuál es su razón para atacar. Necesitaré la información para justificar los tres cadáveres que presentaré ante el Patriarca.
- No te va a ser tan fácil acabar con nosotros – dijo Ban.
- Dudo que unos simples caballeros de bronce puedan hacer algo contra un caballero de plata – dijo Misty, sonriendo con suficiencia -, y voy a probarlo en este momento, ¡Fuerzas demoniacas!
El santo de lagarto levantó su brazo y con solo un ligero movimiento creó un remolino que volvió a elevar a los tres bronces, aumentando las heridas con la presión del ataque. Los caballeros volvieron a aterrizar con fuerza y con huesos fracturados.
- Es momento de que hablen, ¿por qué atacan el santuario de la diosa Athena? – Misty preguntó.
- Nosotros servimos a la diosa Athena – Ban respondió desde el suelo, pues le era difícil levantarse debido al dolor en sus brazos, ambos estaban fracturados.
- Es ella quién nos ha encomendado venir aquí – Geki habló con dificultad, estaba seguro de que tenía varias costillas rotas.
- Athena nos ha dado una misión, y tú no vas a impedir que la cumplamos – Ichi añadió, levantándose y colocando su peso en una sola pierna, la otra tenía múltiples fracturas.
- Mentiras – dijo Misty sin desvanecer su sonrisa -. La diosa Athena se encuentra en el santuario y no ha dado ninguna orden similar. El patriarca nos hubiera informado de ser así, ¿de verdad esperaban que creyera que Athena les encomendó destruir parte del santuario?
- Son las órdenes de la diosa, y ni tú ni nadie debería cuestionarlas – Ban respondió.
- Su historia no es siquiera creíble. No puedo perdonar que difamen de esa manera el nombre de la diosa y destruyan parte de su santuario, no hay nada lógico… - Misty se interrumpió y borró su sonrisa, entendiendo aquello que los bronces no habían querido decir -, a menos, que está sea sólo una distracción.
Los rostros de los tres caballeros expresaron la sorpresa en cuanto Misty descubrió su propósito.
- Dudo que ustedes sean los únicos aquí, y aunque lograron distraer a la mayoría de los guardias, los caballeros de plata no somos fáciles de vencer – dijo el santo de lagarto -. Acabaré rápidamente con ustedes, tengo que avisar a la caballero de Ofiuco sobre la intromisión.
- Como dije – Ban habló -, tenemos órdenes de la diosa.
- Y vamos a cumplir con nuestra misión – añadió Ichi.
- Tú no vas a detenernos – dijo Geki.
Los tres bronces se colocaron en posición de batalla, dispuestos a pelear y evitar que Misty diera aviso sobre su presencia.
- Eso, está por verse – dijo el santo de lagarto, levantando su brazo para repetir su ataque contra los tres santos.
Espero que este capítulo sea de su agrado, pero me costó mucho trabajo escribirlo. Me disculpo por no responder reviews.
Si lo que te interesa es únicamente la historia, no necesitas leer lo que escribiré a continuación, pero quería explicar el porqué de mi ausencia tanto tiempo. Mi cónyuge falleció, y, como podrás entender, no tenía deseos de escribir nada. Honestamente, consideré abandonar la historia por completo. Sin embargo, estos meses tan difíciles los he pasado leyendo novelas y las historias de fanfiction, intentando distraerme y sobrevivir día con día, olvidando un poco la realidad de quien ya no está conmigo; y de pronto pensé que tal vez alguien más está pasando por lo mismo que yo, utilizando estas pequeñas historias para olvidar su realidad, aunque sea un momento antes de tener que enfrentarla. Si alguien más lee mi historia con ese propósito, no puedo dejarla inconclusa; sé lo que se siente necesitar una última tabla de salvación, así que, podré tardarme en actualizar, pero pienso continuar hasta terminarla. Es posible que, si necesitas este pequeño pedazo de distracción, también me ayudes a mí a obtener un propósito para seguir escribiendo, para seguir adelante de alguna manera, porque cada vez me es más difícil encontrar algo por lo que valga la pena seguir. Trataré de hacer la narración lo más entretenida posible, y espero que siga siendo de tu agrado. Finalmente, también espero que esto sirva para ayudarte a enfrentar tu propia realidad, tal como espero que pueda ayudarme a enfrentar la mía.
