Capítulo 10

BPOV

"Paso por ti en media hora, quiero que me acompañes a comprar un regalo para Rosalie.

x, Edward."

Me levanto como un rayo de la cama, pensé que no lo vería durante el fin de semana por su viaje al sur del país por asuntos de su empresa. El tiempo pasa rápido, mes y medio desde que comenzamos a ser novios oficialmente; poco a poco hemos ido acercándonos, Edward comienza a mostrarse más abierto, aunque no es como que tenga total libertad de preguntar y tener la seguridad de que él responda, pero ha habido un avance; comienzo a sentirme esperanzada.

Tomo una falda con vuelo color azul marino, una blusa blanca de manga carta y unos botines. Me aseo lo más rápido que puedo, no me pongo nada de maquillaje, sólo un poco de brillo en los labios, dejo la cadena con el anillo de la abuela por fuera, colgando en medio de mis pechos. Estoy lista.

— ¡Bella! —escucho el grito de Alice desde abajo.

Pensé que todavía no regresaba a casa, ha pasado la noche en la de Jasper, cada vez es más frecuente, eso o el que Jazzie, como ella le llama, comparta con nosotros la cena. No puedo evitar sentir cierta envidia de que Alice pueda tener eso; evidentemente me alegro por mi amiga, ha pasado mucho tiempo sola, desde lo de Peter, pero tengo el anhelo de poder tener eso y con cierta persona.

Bajo las escaleras y veo a Edward sentado tan cómodo en nuestra pequeña sala, lleva unos jeans oscuros con un suéter gris claro y una chaqueta de piel, con unas botas estilo motociclista. Mierda, sí que es un hombre caliente. Increíblemente en nuestros casi dos meses de conocernos no hemos podido acostarnos y temo que pueda explotar por toda la tensión sexual que he ido acumulando.

—Ahí estás —me dice.

Recorre con su mirada el largo de mis piernas descubiertas, puedo sentir incluso como si fueran sus dedos cálidos recorriéndolas.

—Aunque me encanta cómo te ves en esa falda, no creo que sea el atuendo adecuado —me sonríe de lado—. Ven acá.

Me acero adonde está y saca detrás del sofá una bolsa. La deja sobre la mesita de centro y saca una prenda de piel; se pone de pie a mi lado y extiende la prenda, es una chaqueta larga de cuero con el cierre cruzado, es realmente hermosa. Me ayuda a ponérmela y cierra la cremallera hasta la altura de mis pechos. Se aparta y me lanza un vistazo, después vuelve a acercarse a mí para subir un poco más el cierre.

—Perfecta —murmura cerca de mis labios—. Anda, sube y cámbiate tu falda.

Su cercanía me ha dejado hipnotizada y hago lo que me pide sin más, me coloco unos leggins y un suéter rojo largo, me pongo los mismos botines y de nuevo me coloco por fuera el anillo.

—Listo —le digo al bajar.

Toma mi mano, pero me detengo por mis llaves y las meto en la bolsa de la chaqueta junto con mi teléfono celular. Edward me dice que no es necesario que lleve mi cartera.

Espero encontrar su carro estacionado frente al mío, pero no está, sólo se encuentra una motocicleta negra e imponente. Miro hacia tras y me sorprende no encontrar la camioneta negra, nuestra fiel acompañante.

—No hay camioneta —le digo.

—Pensé que merecían un descanso —me guiña un ojo.

Él realmente no sabe lo feliz que me ha hecho con ese detalle. Así que sin mesurar ni una pizca mi reacción me lanzo a él, envuelvo mis piernas en su cintura, siento como me sostiene mientras me toma del culo.

—Podemos hacer travesuras —susurro pegada a sus labios—. Podré secuestrarte, seducirte y abusar de ti.

—Oh ¿eso es lo que pretendías todo este tiempo? —mordisquea mi barbilla.

—Y tú que no cedías ni un poco —comienzo a besar su cuello para después subir hasta su mandíbula y seguir el recorrido hasta llegar a sus labios.

—Bella, si sigues de esa manera regresaremos a tu casa y te follaré.

—Para mí eso está bien.

—Lo estaría si no tuviéramos que ir a comprar el regalo de Rose.

Hago un puchero y me bajo de sus caderas.

—Supongo que entre más pronto hagamos esa diligencia más pronto podremos regresar a casa.

—o—

—o—

Ir en la moto detrás de Edward tiene sus ventajas, como por ejemplo, poder ir abrazada a él.

Edward detiene la moto fuera de la tienda justo al lado de una señal que indica ser lugar exclusivo para los clientes distinguidos de la tienda. Sólo ruedo los ojos porque Edward es el prototipo exacto de ese tipo de consumidores. Me ayuda a bajar y me quita el casco, acomoda mi cabello al mismo tiempo que envuelvo su cintura con mis brazos.

—Te ves realmente sexy con tu chaqueta, no puedo esperar por verte toda cubierta de cuero.

— ¿Un fetiche, señor Cullen?

—Tú eres mi fetiche, señorita Swan.

Abre el cierre de mi chaqueta, toma mi mano y tira de mí hacia la famosa tienda que tiene lugares exclusivos para los clientes distinguidos.

—Exactamente qué buscamos —le digo mientras caminamos por los pasillos aún tomados de la mano.

Hay vestidos hermosos, chaquetas, mascadas, joyería y otros accesorios.

—Te he traído aquí como primer opción, pero si no hay algo que te convenza podemos ir a otras tiendas.

—Bueno, realmente no conozco a tu hermana, me ha tocado verla cuando iba a la casa de tus padres, pero no he tenido oportunidad de conversar con ella.

—Bueno le gustan los deportes extremos, es una mujer que le gusta experimentar, extrovertida, algunos pueden calificarla como fría, sin embargo suele tener empatía con cualquier persona y es la única que soporta los chistes malos de Emmett —no es necesario que lo diga, pero se nota que se siente orgulloso de su hermana.

—Quizá un bonito sombrero o una chamarra de piel, ya que andamos en ello —le digo señalando nuestros atuendos.

—Vamos por ello entonces.

Me lleva por los pasillos, atravesando percheros, maniquíes y aparadores. En ningún momento suelta mi mano. Ir de compras con Edward Cullen ha entrado en mi top de cosas favoritas, aunque reconozco que últimamente varias cosas que lo involucran han entrado en mi lista.

—Creo que esa chaqueta le quedará fenomenal —le digo al ver la chaqueta que ha tomado del perchero. Es una prenda corta de color camel.

—Bueno, entonces ya está decidido, será esta chaqueta.

Toma mi mano y comenzamos a caminar hacia el área de cajas, Edward se inclina y besa mi mejilla mientras esperamos a que nos cobren, me rodea la cintura con su brazo, acaricia en círculos y aún con la chaqueta y suéter puedo sentir la electricidad en ese lugar.

— ¿Edward, cariño? —escucho una voz melodiosa detrás de nosotros.

Ambos nos giramos. Frente a nosotros se encuentra una mujer alta, de esbelta figura, cabello castaño claro y ojos verdes, más claros que los de Edward, incluso parecería el color del agua sucia. Su mirada es brillante, su rostro de rasgos finos llegan a ser incluso fríos, pero nada en su físico es lo que me llama la atención, oh no, es la manera en cómo lo mira y cómo su atención se ve centrada en su mano sobre mi cintura y por supuesto, la manera en qué le ha llamado.

—Tanya —los dedos de Edward de pronto se sienten tiesos en mi cintura.

—No esperaba encontrarte aquí y menos acompañado —lo último suena casi como un siseo—. Hace tanto de esos tiempos. No sabía que continuabas con esa vieja costumbre —me mira risueña.

Los dedos de Edward se ponen aún más tensos, se están clavando en mi cintura.

—Estamos muy callados el día de hoy —señala—. ¿Acaso no piensas presentarnos?

Miro la cara de Edward, duda por unas milésimas de segundo, lo sé por el leve movimiento en sus parpados que percibo.

—Tanya, ella es Bella. Bella, Tanya es una vieja conocida —voltea a verme, me estremezco porque en su mirada no reconozco ninguna emoción con la que suele observarme aunque presiento que se trata más por la mujer delante de nosotros.

—Mucho gusto, Tanya —extiendo mi brazo para saludarla. Mi instinto me dice que debo de hacer que las cosas sean fáciles para Edward y actuar como si no percibiera que él lo está haciendo de una manera extraña.

—El gusto es mío, Bella —ella estrecha mi mano.

Hay un cambio repentino en ella, de pronto ni Edward ni mi persona parecen interesarle, ni siquiera el hecho de que sigo rodeada por su brazo. Toda la atención de Tanya se colocado en un solo objeto: el anillo que cuelga entre mis pechos. Está centrada en él, lo observa con particular interés; siento un repentino impulso de guardar y proteger el anillo de la abuela.

—Adelante, por favor —escuchamos a la cajera llamarnos.

—Si nos disculpas, Tanya.

Edward me gira y entrega el regalo que hemos elegido para Rosalie, se mueve estratégicamente, de tal manera que quedo fuera del campo de visión de Tanya. Edward entrega su tarjeta de crédito, firma el baucher mientras yo tomo la bolsa. Se gira conmigo a su lado, pero me cubre parcialmente.

—Adiós, Tanya.

—Gusto en conocerte, Bella —se asoma a través de la figura de mi protector.

—Vámonos —me susurra Edward.

Edward sigue rodeándome con su brazo, me empuja fuera de la tienda.

— ¿Dentro de mis límites está permitido el preguntar quién es ella?

Me detiene tomándome del brazo y me pega a su pecho. Su respiración es rápida, está frustrado. Veo una lucha por encontrar las palabras exactas, pero al final se rinde. Me dirige a donde está la moto, me monta en ella y me coloca el casco. No dice ni una sola palabra, pero la manera en cómo se mueve lo dice todo: está molesto.

— ¿Estás molesto porque he conocido a esa chica? —le pregunto de manera clara.

—No se trata de eso, Bella —gruñe.

—Ok —es todo lo que digo porque es obvio que no se encuentra de humor para hablar de ello.

Pienso que está por subir, pero toma mi casco y se deshace de él, toma mi cara entre sus manos y me besa. El beso me transmite su angustia y desesperación, sé que quiere hacer a un lado la barrera que marca la distancia entre nosotros, pero no puede hacerlo. No tardo en responder a su beso, quiero hacerle ver que lo comprendo, que puedo esperar a que esté listo para deshacerse de aquel obstáculo y que sea lo que sea su secreto podré con ello, porque sé que podré. Por él.

—Lo siento —susurra todavía con sus labios pegados a los míos.

—Está bien —coloco mis manos en sus mejillas y acaricio sus pómulos—. Eres realmente guapo.

Él me sonríe y besa mi frente.

—Tú eres preciosa y condenadamente sexy —jala las solapas de mi chaqueta y me besa de manera profunda.

Toma el cierre de mi chaqueta y lo cierra.

—Ocultemos tu anillo, al parecer puede despertar la codicia de las personas —comenta.

— ¿También lo notaste? Fue realmente extraña la manera en cómo de repente toda su atención pasó a mi anillo.

Edward se pone pensativo.

—Sí, fue extraño, pero andando, Emmett nos estará esperando.

Continuamos nuestro camino y al final, cuando llegamos a la que supongo es la casa de Emmett, llego a la conclusión que los viajes en motocicleta con Edward son de mis actividades favoritas.

Nos encontramos frente a una casa amplia de dos pisos, la fachada es tipo victoriana y una gran reja la rodea. Hemos dejado la moto en un costado del estacionamiento donde se encuentra un par de Jeep negros y un Mercedes gris.

—Esta es la casa de Emmett —me señala Edward—. Rosalie suele dormir a veces aquí —gruñe como un hermano celoso.

— ¡Bella! —escucho desde la puerta.

— ¿Tú qué haces aquí? —le pregunto a Alice que se acerca adonde estamos.

—Jasper me ha invitado, al principio no estaba tan segura de venir, pero Jazzie me ha dicho que vendrías. Debes conocer a Rosalie, ella es realmente increíble, pero qué digo tú ya la conoces.

—Hola, Alice —le saluda Edward.

—Hey, Edward, tardaron demasiado ¿qué andaban haciendo? —le apunta con su pequeño y delgado dedo.

—Nada que unos oídos inocentes como los tuyos no deban escuchar —le respondo.

Edward toma mi mano mientras que en la otra lleva la bolsa con el regalo de su hermana. Me siento un poco nerviosa, él no me lo ha dicho, pero sé que tanto Emmett como Jasper son sus amigos más cercanos y por ende importantes para él, pero de eso a presentarme a alguien de su familia como su pareja es un gran paso dentro de la confianza que me da. Me adentro en la casa y lo primero que me reciben son un par de brazos musculosos que me levantan del suelo.

—Creí que no se atrevería a traerte —me dice Emmett—. Me alegra que estés aquí. Ven, quiero que mi nena conozca a la chica de Edward.

—Ella ya la conoce, Emmett —Edward pone los ojos en blanco.

—Sí, sí, como sea.

Me jala con él, lo que provoca que me suelte de la mano de Edward. Atravesamos el salón y la cocina para llegar al patio trasero, de un buen tamaño, donde se encuentran ya varias personas, de entre ellas sólo reconozco a Jasper y a otro chico que recuerdo haber visto en la empresa. Hay una chica rubia, bastante alta y de buen cuerpo, sus ojos azules destellan, sonríe hacia nosotros. Es Rosalie. Se acerca y envuelve entre sus brazos a Edward como si llevara tiempo sin verlo y sospecho que desde la fiesta de su padre no lo ve. Eso me entristece de alguna manera.

—Emmett me dijo que traerías compañía y no le creí —se gira hacia mí después de soltarlo—. Hola, Bella. Me alegra conocerte más allá que la organizadora de eventos de la familia. Bienvenida a la fiesta. Debes de ser realmente especial para que Edward te traiga a una reunión.

Me siento incómoda, pero no de una mala manera, así que el rubor aparece en mi rostro.

—Luces tan sexy con tu sonrojo —me dice Edward cerca de mi oído y se aparta como si nada—. Toma, Rosalie. Bella y yo te hemos comprado esto.

Pasamos acompañados de Emmett quien nos presenta al resto de las personas que se encuentran reunidas, todos son amables. Me alegra ver esta faceta de Edward mucho más relajado, disfrutando del día, bromeando con sus amigos. Rosalie resulta realmente agradable, veo de manera clara por qué es la pareja ideal y perfecta para el enorme Emmett. Ella es alegre, amable, pero tiene los pantalones bien puestos, no teme poner en su lugar a un mastodonte como él y mucho menos a cualquiera de los chicos.

—Aprenderán —nos guiña un ojo a mí y a Alice—. Les enseñaré a mantener a estos niños en su lugar, necesito un poco de ayuda —dirige su mirada hacia donde se encuentran todos los hombres, quienes se encuentran terminando de preparar la carne asada—. Aunque me ha tocado el más difícil de todos —señala con la cerveza que lleva en la mano el lugar donde se encuentra Emmett.

Emmett se encuentra jugando con unas pinzas para la carne como si fueran tenazas, molesta a todos con ellas, es tal cual ver a un niño pequeño. Rosalie suelta un bufido y va hacia donde está el resto.

—Me cae bien —dice Alice.

—Sí, es agradable. ¿Por qué no me dijiste que vendrías?

—No lo sabía, fue cosa de último minuto que Jasper me sugirió venir. No estaba convencida hasta que me dijo que tú también venías.

Pocos segundos una mano aparece sobre mi hombro con una cerveza en la mano. La tomo y aprovecho para jalar su mano y acercarlo a mí y besar su mejilla.

—¿Te la estás pasando bien? —me pregunta.

Veo que realmente se siente preocupado de que no esté disfrutando el momento.

—Por supuesto que sí. Todos son bastante agradables, Rosalie es increíble —respondo mientras me hace levantarme para que él pueda sentarse y yo me coloque sobre su regazo—. ¿Crees que ella le diga a tus padres sobre nosotros?

—No, ella no habla de mí con mis padres al menos que lo joda todo —dice, pero me parece escuchar que al final de la oración murmura un "como siempre"— ¿Eso te preocupa? —besa mi sien y yo me pego a su cuerpo.

—Ustedes se quejan de Jazzie y de mí y son mucho peor —volteamos a ver a Alice que tiene una cara de fastidio en su rostro y después se levanta.

La vemos marcharse hacia donde están los demás y nosotros disfrutamos de ese pequeño momento a solas o casi a solas.

NPOV

No podía ser cierto, ella no podía creer lo que había visto. Edward Cullen acompañado por una mujer yendo de compras no era lo que realmente le sorprendía. Lo había visto en otras ocasiones, no es que se dijera que fuera un mujeriego que cada semana lleva una mujer diferente a su lecho, pero ella misma había sido una de ellas. Sabe lo que se siente el tenerlo en la cama. Él era un hombre apasionado, salvaje, dominado por la lujuria; con base en sus recuerdos difícilmente encontraría alguien que si quiera se le acercara, pero después del acostón se comportaba frío, distante, respetuoso siempre, pero se encargaba de marcar muy bien el fin de aquella relación esporádica, de dejar en claro que todo se había tratado de un simple desahogo primitivo. Sin embargo, con esa chica, se veía diferente, protector, dulce, cómplice, sin dejar a un lado la pasión. Siente envidia en este momento, ella sabe leer muy bien a las personas y no creía equivocarse al pensar que su antiguo amante estaba enamorado de aquella chica de cabello oscuros.

Tanya sacude su cabeza al recordar lo que en ese momento le había llevado a su antigua habitación en la casa de sus padres. Al final hubo algo que atrajo su atención en esa chica, casi lo había pasado desapercibido, casi, pero ella había crecido viendo ese anillo en el dedo de su madre. Creía que esa parte de su niñez había quedado por completo en el pasado.

Toma la caja de madera debajo de su cama, dentro se encuentra la caja de terciopelo negro que busca y ahí está, el anillo negro, con una perla en el centro. ¿Acaso eso significaba que la chica que acompañaba a Edward…? No podía ser, hasta donde sabía su madre había sido la última.

— ¿Hija? —se gira hacia la puerta y ve a su padre. Eleazar Denali— Bree me ha dicho que te vio llegar.

—Sólo vine por unas cosas —le responde mientras se levanta para acercarse a saludarlo. Le da un beso en la mejilla—. Bajaré en unos minutos para que cenemos.

—De acuerdo, le diré a Bree que coloque un plato más.

Espera a que su padre baje, no quiere recordarle a su madre, le ha costado salir adelante después de ello, así que toma el anillo nuevamente entre sus dedos, lo observa de cerca. Está cien por ciento segura que se trata del mismo que colgaba del cuello de la chica, la pregunta era si ella sabía lo que significada realmente aquella joya.

Las cosas se ponen cada vez más interesantes y los secretos poco a poco irán saliendo a la luz ¿Cómo creen que Tanya pinte en la historia? ¿Será que les ponga las cosas difíciles a Bella y Edward? Les advierto para que vayan preparándose, el siguiente capítulo no será muy bonito. Espero acabarlo pronto, ya tengo un avance, pero debo empezar a escribir el capítulo de No ha terminado u.u

INFINITAS GRACIAS POR DEJARME SUS COMENTARIOS: Elizabeth Marie Cullen, rjnavajas, piligm, tulgarita, Fallen Dark Angel 07, Smedina, Licet Salvatore, Pameva, Car Cullen Stewart Pattinson, saraipineda44, cavendano 13, Lizdayana y miop.

Espero les haya gustado. Denme un poco de amor o sus jitomatazos por hacerlas esperar xD, pero no olviden dejarme sus comentarios.

¡Nos leemos!

Dai.