Capítulo Trece
Shikamaru calentó la comida que su madre había dejado preparada, en silencio. No le cerraba la actitud de su progenitora y el viaje a último momento. No quería creer que su sospecha fuera cierta. Tenía la corazonada de que Ino estaba detrás de todo, pero, ¿cómo preparó el plan tan de prisa? ¿Su madre había estado de acuerdo? Sí se sintió incómodo al estar junto a su madre y Temari, pero admitía que le hubiese gustado que ellas se conocieran tarde o temprano, no quería asumir el por qué, pero, lo presentía.
Sin mencionar que él, cuidando de la kunoichi, no sabría cómo hacer un buen trabajo sin incomodar a la chica. Pero ya estaba hecho el plan y ambos quedaron solos en su casa, ya después iba a tener unas palabras con su amiga y su madre.
- ¿Cómo te sientes? – preguntó Shikamaru a una pensativa Temari, sobresaltándola.
- Oh… bien, no me duele nada. Me gustaría ayudarte, pero no me animo a ponerme de pie aún, lo siento.
- No, el efecto del tratamiento tardará un rato en pasar. Asique no debes pararte. Además, eres mi invitada, no te pediría ayuda de todos modos. – el hombre volteó a verla levantando la comisura izquierda de sus labios, en una pequeña sonrisa aseguradora. Temari se sonrojó y asintió agradecida.
Shikamaru llevó la comida a la mesa y se sentó en silencio observando a la joven que miraba hacia abajo esquivando su mirada. Estaba ansiosa y él le pareció tierna.
- Debes tener hambre. Come tranquila. – Temari asintió y se sirvió en su plato.
- Gracias… Buen provecho. – la rubia comenzó a comer tímidamente, pero al probar la comida tan sabrosa, se dio cuenta que estaba famélica y apuró la degustación. – Está delicioso, tu madre cocina muy bien.
La sonrisa sincera de Temari, le calentó el pecho. Disfrutaba la comida con ojos brillantes y su semblante se había relajado, ya no estaba nerviosa. Shikamaru se sorprendió al darse cuenta de que no había probado bocado aún por estar observándola. Comenzó a comer y en verdad la comida de su madre sabía muy bien. Su padre le había dicho que cuando iba en misiones lo que siempre extrañaba más que nada, era la comida de su esposa. Sonrió con nostalgia.
- Me alegra que te guste... Sabes, esperaba que mi madre estuviera en casa, te sentirías más cómoda con ella aquí. – dijo Shikamaru en tono bajo, parecía avergonzado.
- No me siento incómoda, confío en ti, nos conocemos hace mucho tiempo, es sólo que me siento un poco avergonzada… por lo que me dijiste la última vez que nos vimos. – se sinceró la rubia. Su rostro ruborizado. Se arrepintió de sus palabras apenas salieron de su boca. Shikamaru se removió en el asiento sorprendido. Sabía bien a qué se refería, él también se sentía cohibido debido a lo mismo. – Perdón, quizás lo olvidaste y yo sola me estoy haciendo ideas… no debería haber dicho na…
- Temari. Sí sé de qué hablas y yo también me he sentido avergonzado por eso al verte. No sabía cómo sacar el tema a colisión. – dijo Shikamaru nervioso, rascándose el cabello de la nuca. - Fui sincero esa vez, y no he cambiado de opinión. – Temari lo miró con los ojos brillantes, expectantes a sus palabras, a su reacción. – Me… gustas.
- Shikamaru… - la joven emocionada, no sabía qué responder, pero por dentro sentía tanta alegría que se sintió un poco mareada.
- Ya somos mayores y no puedo mentirme más. Me importas mucho… Eres la única mujer que me interesa. – aventuró el pelinegro. Sus ojos ansiosos miraron los de la rubia y sintió valentía. – Nunca me interesó el matrimonio, ni las relaciones románticas, pero si es contigo, estoy dispuesto a darle a todo una oportunidad… Si tu así lo deseas también.
Temari se estremeció, su cuerpo entero temblaba de los nervios, podía sentir como sus piernas iban despertando poco a poco. Deseaba responderle, pero las palabras no se unían coherentemente en su cabeza. Su rostro se había congelado en una expresión de asombro y estupor. Sus ojos abiertos de par en par y sus labios temblaban mientras los retenía entre sus dientes. Shikamaru suspiró ruidosamente.
- Lo siento, no debí decir todo eso. Pareces asustada y tu silencio es un poco intimidante. – dijo el joven decepcionado. La había abrumado.
- No, Shikamaru yo…yo.. - Temari respiró profundo y sacudió su cabeza intentando aclarar sus pensamientos. El hombre la miraba impaciente, golpeando nervioso un dedo sobre la mesa. – A mí también me gustas… mucho. – soltó la joven en un suspiro y se cubrió el rostro con las manos.
Shikamaru sonrió grandemente, sin pronunciar una palabra, se levantó de su asiento y alargó su mano. Sin titubear, rozó las manos de la rubia con la suya y suavemente las bajó de su rostro. Temari lo miró tímidamente, apenada y al joven se le aceleró el corazón.
- Tienes una expresión muy divertida justo ahora. – Shikamaru rió al verla sonrojarse aún más. – Pero me gusta, no te la había visto antes.
- Shikamaru… estoy muy apenada. No te burles. – volvió a cubrirse el rostro con las manos.
- Nunca me hubiese imaginado que fueras tan vergonzosa. – bajó nuevamente las manos del rostro de la joven, pero esta vez no se las soltó. Acercó su rostro al de Temari que se sorprendió sin poder alejarse. – No te ocultes. Quisiera conocer estas nuevas expresiones tuyas.
- ¿Estás seguro Shikamaru? Yo no quiero ilusionarme contigo y que luego tú decidas que ya no te intereso, o que te parezca un fastidio o que te aburras... – Temari sintió como otros sentimientos se apoderaban de ella, dejando atrás su vergüenza. La inseguridad y el miedo a demostrar su afecto en vano. Ella no quería enamorarse más de él si sus sentimientos no eran reales.
El pelinegro acercó su rostro a centímetros del de la chica. Temari tragó saliva nerviosa. Shikamaru miró sus labios, sus pulsaciones aceleradas, lo aturdían. Presionó sus labios sobre los de ella con suavidad. Un roce corto pero electrificante. Shikamaru deseaba seguir besándola, pero se apartó luego de unos segundos. No quería apresurar las cosas, ni incomodarla, además cayó en la realidad de que de por sí con ella en su casa, no iba a poder dormir. Era inapropiado seguir besándola, sabiendo a qué derivan los besos y esa clase de intimidad. Era muy pronto para eso.
Abrió sus ojos, sus mejillas ardían, y su corazón desbocado en su pecho, había tornado su respiración agitada. Se preguntaba si le había molestado a la rubia que la besara sin pedir consentimiento previamente.
Temari abrió sus ojos unos segundos después que él y lo descubrió mirándola con expectativa y nerviosismo. El joven estaba listo para un golpe, o lo que fuera que ella quisiera reclamarle o decirle. En cambio ella rió.
- Pareces asustado.
- Ss- sí… lo que hice fue impulsivo. ¿No te molestó?
- No, fue una buena respuesta a mis dudas. Gracias. – dijo Temari con una sonrisa dulce, que disipó el nerviosismo del pelinegro.
- ¿Podríamos considerar esta ocasión como nuestra primera cita? Tenía planeado invitarte a un restaurante, pero como te lastimaste… - el joven se sentó en su asiento más relajado.
- Creo que sí. Disfruté de la comida mucho… y aclaraste mis dudas. Eso me hizo feliz. – confesó la chica sonrojada. Aun se avergonzaba, pero se sentía más liviana y segura de sus sentimientos y principalmente de los de él.
- Me alegro. La próxima vez que nos veamos, deberíamos tener una cita apropiada, en un lugar más… ¿elegante?
- Sería agradable, aunque el lugar es lo de menos. Realmente disfruto de tu compañía. Me haces reír y pensar, y creo que trabajamos bien juntos. ¿No? – Temari se sentía con confianza suficiente como para ser sincera con él. Después de todo, el Nara, le acababa de pedir otra cita y la había besado.
- Yo pienso lo mismo. Te considero una gran compañera y kunoichi. Y ya que estamos siendo sinceros… me pareces hermosa. – Shikamaru se llevó una mano a la nuca, su habitual tic nervioso.
- Gr- gracias y … tú no estás nada mal a pesar de qué sé que eres un bebé llorón. – Temari rió para ocultar su rostro ruborizado por el cumplido de Shikamaru.
- Nunca dejarás de llamarme así ¿verdad? – la rubia asintió con sus labios presionados, tratando de contener la risa. Shikamaru rió también. La mueca de la joven era divertida, y le agradaba aun más estar en compañía de ella, ahora que sus sentimientos estaban sobre la mesa y no había tensión oculta entre ellos.
Shikamaru luego de ordenar la mesa, la invitó a jugar a shogi. Temari aceptó de buena gana, aunque sabía que perdería cada partida. Pero verlo al Nara en su elemento, usando su intelecto en su juego favorito y en su casa, fue una experiencia innovadora y muy agradable. Disimuló su felicidad, actuando decepcionada y sarcástica cuando perdía, pero el pelinegro sabía que se estaba divirtiendo.
Las piernas de la rubia regresaron a su normalidad luego y Shikamaru la acompañó al cuarto de su madre para que descansara allí, ya que no había tenido tiempo de preparar el cuarto de huéspedes y convenientemente el de su madre quedaba más cerca del suyo.
- Muchas gracias por todo. Mañana tenemos un largo día de reuniones y planeaciones y luego volveré a mi casa.
- ¿No podrías quedarte unos días más? No me parece bien que esfuerces tu pie tan pronto. – Temari le sonrió.
- Agradezco tu preocupación, pero estaré bien. Me siento como nueva, en verdad. – la rubia se animó y le tocó el brazo de forma aseguradora. Shikamaru tensó sus músculos nervioso.
- Está bien. Te dejo descansar entonces. Y… sé que mañana no podremos estar a solas como hoy, por lo que quiero que sepas que mis sentimientos por ti, son serios. – el pelinegro acercándose a ella, le dijo esas palabras mirándola a los ojos, sin una pizca de duda en su semblante. Temari se sonrojó y sintió como su estómago daba un vuelco.
La rubia llevó sus manos al rostro del joven y lo besó con fuerza. Shikamaru respondió inmediatamente, rodeándole la cintura y abriendo su boca para proceder a intensificar el beso. La mujer inexperta siguió sus movimientos, juntando sus labios y masajeando los de él. Sus respiraciones se volvieron aceleradas y entrecortadas, eran conscientes de todo sobre el otro, y de nada sobre sus alrededores. Shikamaru la empujó contra la puerta del cuarto y presionó su cuerpo contra el de ella. Sus lenguas se tocaron sin querer, y la sensación fue abrumadora y nueva para ambos. Siguieron besándose, probándose con sus lenguas, investigando las texturas y los interiores de sus labios y bocas hasta que se quedaron sin aliento y la excitación de Shikamaru se tornó dolorosa. Se separaron agitados.
- Buenas noches. – dijo Temari y entró rápidamente tambaleándose a la habitación.
Shikamaru se quedó congelado un momento, observando la puerta donde segundos antes había estado besando a la rubia de sus sueños. Ese beso había sido increíble. Nunca había experimentado nada parecido. Ahora comprendía a sus amigos y lo que le había dicho su padre, tenía mucho sentido. Estar con la mujer que quieres te abre la puerta a miles de nuevas sensaciones.
Se fue a su cuarto algo mareado y con mucho calor. Tenia una dolorosa erección y su cabeza no dejaba de procesar y recapitular todo lo acontecido en el día. Lo único de lo que estaba seguro es de que deseaba hacer eso de nuevo y más cosas con Temari. Pensar en ella hacía que su corazón latiera rápido y sentía la necesidad de verla. Definitivamente, sus sentimientos por ella eran serios y fuertes, eso era innegable.
La iba a extrañar cuando regresara, pero aun quedaba el día siguiente para pasarlo junto a ella.
