Boku no hero academia pertenece a Kōhei Horikoshi y yo escribo esto por simple pasatiempo. Nada más y nada menos.

Personajes: Izuku Midoriya/Katsuki Bakugo/Shouto Todoroki. OT3

Palabra: Futuro.


¿Y nosotros?

Por:

PukitChan

XXIV

Eternidad

Los medios solían decir que para los héroes, una muerte en servicio era una muerte honorable. Se les miraba con admiración porque habían cumplido hasta el final aquello que prometieron cuando eran tan solo adolescentes escogiendo su camino. Al final de cada año, se conmemoraba en una ceremonia oficial a todos los héroes profesionales que habían perdido la vida en servicio, mencionando sus hazañas y cómo serían recordados por ser los impulsores de la constante búsqueda de la paz.

«Es una muerte honorable», repetían año tras año, y cuando Izuku escuchaba aquel discurso perfectamente elaborado por la Comisión de Héroes, algo dentro de su estómago se revolvía y por unos segundos su respiración se paralizaba porque todo lo que podía pensar en ese momento era todas las ocasiones en las que Shouto, Kacchan y él estuvieron a instantes de la muerte.

«Un centímetro más y hubieras muerto; ese descuido le pudo haber costado la vida; si lo hubieran encontrado dos minutos tarde, no habríamos logrado salvarlo», eran las frases que resonaban en su mente y en ocasiones le causaban pesadillas que despertaban a Izuku a media noche, desesperado por asegurarse de que ellos continuaran respirando a su lado.

Izuku había comenzado el camino del heroísmo pensando en algo parecido. Sin embargo, con el pasar del tiempo, todo lo que había visto, conocido y experimentado, comenzó a pensar en todo lo que los héroes dejaban atrás por ello: madres, padres, parejas, hijos, amigos. Toda una vida llena de lazos y momentos importantes se reducían a un dígito en el Billboard, en lugar de recordar a aquellos a quienes habían salvado.

No, no se arrepentía de cada una de sus decisiones, pero después de tantos años, Izuku había comenzado a ver el heroísmo desde una perspectiva completamente diferente, porque no importaba cuán fuerte fuera o cuántos dones hubiera heredado: siempre habría alguien que no podría ser salvado y eso era algo que la Comisión sabía perfectamente, porque para mantener a los héroes, se necesitaría de un villano.

De un fallo en el sistema.

De un niño lastimado.

Había comenzado a detestar todas las ceremonias organizadas por la Comisión.

—No quiero morir.

La frase había brotado de sus labios como un suspiro entrecortado, pero aun así Shouto y Katsuki alcanzaron a escucharlo. Se detuvieron ante la puerta cerrada de su hogar y voltearon a ver a Izuku, que se había parado a mitad del pasillo para mirarlos. Su lenta recuperación y la terapia, tanto física como mental, había tomado más de medio año de su vida, pero una vez más estaba ahí, de pie frente a ellos, caminando por su propia cuenta.

—¡¿Ah?! —Fue la expresión que salió de Katsuki e hizo sonreír a Izuku, porque a pesar de cuán difíciles habían sido para los tres los últimos seis meses, Kacchan nunca había dejado de gruñir y de gritar, porque esa era su manera de comunicarse con el mundo.

—¿A qué te refieres, Izuku? —preguntó Shouto, ignorando el gruñido del otro y ladeando su rostro como si de esa manera pudiera entenderlo mejor.

Izuku los miró durante unos segundos en silencio, recordando todo lo que ellos habían sido para él durante su vida. Él era un chico de verano y quizá por eso el invierno podía resultarle tan nostálgico. El frío hacía que el dolor de sus brazos fuera más intenso, que sus cicatrices se sintieran más amplias y también lograba que sus deseos de ahogarse en las pieles de ellos fuera aún mayor.

Ochako le había dicho que él era ese tipo de héroe que daría su vida en servicio y durante mucho tiempo, tuvo razón. Izuku se rompería en mil pedazos a sí mismo si eso le garantizaba que sería capaz de salvar a alguien, pero meses atrás, cuando una persona herida había decidido secuestrarlo y dejarle una profunda cicatriz en su cuello, Izuku había entendido que no quería ser parte del discurso de fin de año de parte de la Comisión.

No quería dejarlos atrás.

Quería proteger a todos y poder quedarse junto a Kacchan y Shouto. Por eso, aquella fatídica noche había arrancado de su cuello la misma cadena que ahora también traía puesta y que era su recordatorio constante de la promesa que les había hecho: vivir. Tenía que vivir.

«Creo que es hermoso, Izuku», le había dicho Ochako cuando lo escuchó hablar, jugando con su cabello mientras se sonrojaba por la intimidad de su conversación. «Entre nosotros, como heroínas y héroes, prometerle a las personas que queremos el no irnos antes que ellos es… un gran tesoro».

—¿Izuku?

Tocó su cuello. La cicatriz que estaba ahí, recordándole lo cerca que había estado de morir, se sentía irregular en su piel. Sin embargo, sobreponiéndose a ella, estaba la cadena vieja y las partes de los trajes de Katsuki y Shouto.

Podía hacerlo.

Podía quitarles ese peso.

—Kacchan, Shouto —pronunció con una hermosa sonrisa en su rostro sin dejar de verlos—. No moriré. No antes que ustedes.

Por un momento, las expresiones de ambos pasaron de la sorpresa, la duda hasta la comprensión. Luego, una sonrisa se posó en sus labios. La de Kacchan, una mueca de lado y desafiante, como todo en él. La de Shouto, pequeña y que siempre lo hacía lucir increíble.

Cuando ellos estiraron su mano hacia Izuku, recuerdos de su adolescencia volvieron hasta él, cuando bajo los cerezos, él les pidió el segundo botón de sus uniformes, que se habían transformado en aquello ahora pendía de su cuello, muy cerca de su corazón. En aquel entonces, Izuku había intentado escapar y Kacchan y Shouto lo sujetaron, pidiéndole sin palabras que no se adelantara; que no se fuera sin ellos.

Ahora estaban estirando sus manos hacia él e Izuku sólo tenía que tomarlas, porque les había prometido que no se iría, no antes que ellos. Y ellos, sin duda alguna, no tenían planeado adelantarse tampoco. No antes que él.

—Los quiero —dijo cuando sus manos sujetaron las otras con cuidado. Ellos se merecían toda la amabilidad y el amor que Izuku tenía para dar—. ¿Podemos quedarnos en la cama hasta mañana? Quiero estar con ustedes en nuestro día libre.

Shouto fue quien abrió la puerta y Kacchan el que lo jaló al interior.

Se amaban. Y por eso, sin importar cuán dolorosas fueran las circunstancias, siempre podrían continuar.

[¿Y nosotros?

Diciembre, 2020.

Completo]


Autora al habla:

Tenía debajo de mi cama una caja de zapatos llena de valentía uwu.

¡Hola a todas! ¿Cómo están? Espero que bien. Debo confesar que este capítulo ya tenía un par de días listo, pero no me animaba a publicarlo. ¿Por qué? Sencillamente porque no podía creer que hubiéramos llegado aquí, hasta el final. Tal vez no lo parezca, pero antes (en otro fandom, en algún lugar lejano~) tenía un ritmo de producción de fic que era casi ofensiva. Pasaron muchas cosas y llegó un punto en el que retomar la escritura fue tan difícil que sentía que no podía más. ¡PERO LO LOGRÉ! Estoy aquí. Y sé que no quieren leer mis cursiladas de autora, pero quiero que sepan que les estoy muy agradecida. A todas, a las personas que se tomaron la molestia de dejarme unas palabras preciosas de ánimo, de apoyo. A todos los favoritos, los votos y las lecturas silenciosas. Son las más increíbles y estarán en mi corazoncito toda la vida por ello.

Gracias enormes a Nea Poulan y a Hitzuji, porque la tabla que usé para hacer esta pequeña historia nació de ellas. Les debo mucho por el empujón para todo esto.

En fin. ¡Espero que hayan disfrutado de esta lectura hasta al final! Empezamos con un Billborard y terminamos nombrándolo. Espero que puedan también acompañarme en los proyectos que siguen, si nos hayamos por estos lares.

¡ESPEREMOS UN MEJOR AÑO 2021! QUE SEA LO MEJOR PARA USTEDES.

Muchas, muchas gracias por todo. Sepan que no miento cuando digo que cuando ponga "Completo" estaré llorando. Os quiero mucho, mucho.

Cuídense, no olviden su cubrebocas y tomar awa. Hasta entonces, les mando un abrazote,

La escritora perdida, PukitChan