Un poco tarde, pero espero que les guste. Cualquier error es mío.

Capítulo 9

Cuando llegó a sus aposentos, el corazón de Emma latía salvajemente. Se sentía como si hubiera corrida algunas millas y las manos le temblaban. Decir que estaba excitada era quedarse corto, pues el aroma de la omega que tuvo en su regazo retorciéndose tan deliciosamente aún permanecía presente en toda su piel. Realmente quería evitar caer de nuevo, pero su no tan pequeño amigo le estaba reprochando el que no haya hecho nada, su dureza podría competir y ganar contra un escudo forjado con los más poderosos y resistentes materiales. No entendía qué estaba ocurriendo, sólo sabía que nunca antes había estado tan adolorida como ahora. Peor aún, las palabras de Red resonaban en su mente, la famosa profecía que la había envuelto desde que se descubrió qué era realmente, no paraba de repetirse una y otra vez en su mente atormentada por la lujuria. Trató de calmar sus pensamientos, pero el "y si…" no paraba de reproducirse a cada momento en su cerebro. Podía ser cierto lo que Red sospechaba, y francamente era muy difícil buscarle otra respuesta, estaba en grandes problemas. Jamás olvidaría la cara de aquella vieja sabia de su reino, mirándola en silencio sepulcral, tanto silencio que podía jurar que lo escuchaba resonar en sus oídos; la voz suave, dulce y aún así tan madura y…antigua que tenía aquella mujer la hacía tener sueños, o pesadillas, en ciertas ocasiones. La parte que ciertamente se atribuía a como se sentía ahora, una línea que en su momento no entendió, pero que ahora se había vuelto tan obvia que se volvía ridículo, la línea que mencionaba cómo conocería el amor. "No lo sabrás, pero tu hogar lo sabrá". Ahora entendía, el hogar era su cuerpo, era el "hogar" de su alma, aquella que se uniría a la de su omega. Pero el universo debía estar jodiendo con ella, porque no le pueden designar una omega cualquiera. No. Debía ser la jodida prometida de su jodido mejor amigo. Realmente empezaba a odiar a quien sea que jugara de esa forma retorcida con su vida.

Se tiró sobre la cama y cerró los ojos tratando de relajarse, pero cada que sus párpados se cerraban, veía claramente la hermosa cara de la dulce omega que la traía loca de atar. Su traicionera mente, que no le daba ni un momento de respiro, le recordó lo que había ocurrido hace poco en uno de los pasillos del castillo. La suave y delicada piel que en su momento estuvo bajo las yemas de sus afortunados dedos. Oh, cómo deseaba ser ella sus dedos y poder posarse sobre las caderas de la hermosa morena mientas la aprisionaba contra el colchón, o el suelo, o la pared. Realmente no le importaba donde, sólo sabía que anhelaba más que nada adorar a aquella diosa, una diosa pecaminosa; y según el destino, SU diosa pecaminosa.

El alfa dentro de ella se retorcía de la ira al pensar en que los labios de aquel que era su mejor amigo, tocaron los labios de la que sería su futuro. Pensar en que si no hacía algo ahora, serían las manos de Phillip quien traería placer a su dulce niña. Pensar en que sería su amigo quien marcaría y reclamaría como su omega a la mujer por la que estaba enloqueciendo demasiado rápido. Pensar en que los pequeños que la morena tuviera, no serían suyos sino de su amigo. Oh hombre, eso la hizo gruñir en voz alta. Ella estaba cambiando, lo sabía, podía sentir su visión volverse roja, su abdomen apretarse y endurecerse más de lo normal, sentía a sus brazos arder por el poder que tenía y quería liberarse, pero que estaba atascado hasta que encontrara a su alma gemela.

Oh, pero qué irónico es el universo, estaba segura de que había encontrado a su compañera de vida pero como aún no lo había reconocido en voz alta ni había marcado el territorio frente a los demás alfas, su cuerpo dolía de necesidad. Ya no era sólo la lujuria que la recorría, la ira y el dolor de pensar en su niña con otro estaba provocando su transformación. Tenía miedo, nunca antes había llegado tan lejos, lo máximo era el cambio en sus ojos y el ardor en sus brazos, pero podía sentir la ebullición de su magia y poder bajo la capa de piel de su cuerpo. Pero no estaba preparada, su cuerpo no lo soportaría, nadie lo sabía más que ella y la anciana sabia, pero si deja que el poder salga a la superficie, ella moriría. Necesitaba la conexión con su otra mitad para que pueda vivir. No entendía lo que había hecho su dulce niña para manejar la magia, pero sospechaba que tenía que ver con que ella la aprendió. Además, la profecía era para ella, sobre ella recaería todo el precio del poder de ambas. Supuso que al no haber conexión alguna, la magia de la morena no la afectaba. Pero de su parte, no podía convocar a la magia que sabía residía en ella por temor a una combustión espontánea.

Fue al baño, y se lavó la cara con agua fría tratando de recuperar el aliento, pues el dolor que había sentido por pocos segundos había sido insoportable. Tenía que hablar con Phillip. Su casi transformación lo confirmaba. Regina era su omega.

*****S&Q*****

La tarde había pasado, pronto sería hora de la cena y Regina no tenía ganas de ir al comedor. Su madre había enloquecido y prefería evitar el contacto con su prometido. Hace un rato había ido a sus aposentos a hablar con ella, pero logró salvarse de conversar al decir que no se sentía muy bien y que intentaría dormir y descansar un poco. Con lo caballero que era, no insitió y le deseó que se recupere.

Otra a la que no quería enfrentar era al príncipe Emma, pues luego de lo que su madre loca insinuó, no se atrevía ni a mirarla. Peor aún, sabiendo y reconociendo que lo que antes había sentido en la rubia era una erección y ella se había excitado, le inquietaba por completo estar cerca de ella.

Trató de cerrar los ojos y dormir de verdad, cuando su amiga Aurora entra a decirle que es hora de vestirse para la cena.

-No entiendo porqué debo vestirme de otra forma. Así estoy cómoda- dijo la morena con un tono quejumbroso escondiendo su cabeza bajo la almohada.

-Gina…sabes que son órdenes de tu madre. No te metas en problemas por gusto. Además, la reina dijo que tenía algo que hablar y necesitaba que estés presentable.

Ante eso, Regina se sentó en la cama con una cara de puro horror ante lo que podría ser el tema de conversación de su madre.

-Oh no- exclamó Regina. -Aurora, ayúdame. Mi madre enloqueció y está desvariando. Esto puede causar mucho daño.

-Gina, de qué diablos estás hablando?-le preguntó Aurora confundida.

-Mi madre cree que no debo casarme con el príncipe Phillip porque según ella soy la omega de Emma por una profecía que ni siquiera conozco.

-Gina…qué? Espera, acaso tu madre hablará de eso en la cena? En un lugar en el que estamos en completa desventaja si el príncipe decide romper alianzas y declarar la guerra allí mismo? Acaso enloqueció la reina?-dijo Aurora rápidamente alzando el tono de voz ligeramente y volviéndolo más agudo.

-Aún crees que mi reacción fue exagerada?-dijo la princesa rodando los ojos. -Con suerte y será otra cosa, mi madre no se arriesgaría de esa forma.- O eso espero, pensó con temor la princesa.

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Cuando Emma llegó al comedor ya todos estaban allí esperándola antes de comenzar a comer. Se sentó disculpándose por la demora y saludó a los presentes. Algo que envidiaba de los campesinos era que cuando se sentaban a comer, reían y charlaban y no se dejaban llevar por ninguna clase. Ciertamente hubo conversaciones en la mesa en esta ocasión, pero nadie se desviaba del estándar.

La cena estuvo tranquila con ligeras conversaciones, sin embargo, tanto Regina como Emma se mantenían en completo silencio y apenas levantaban la mirada de sus respectivos platos. Cuando ya no pudo soportar más la tensión que tenían, Emma estaba a punto de levantarse y disculparse con todos cuando la reina Cora habló.

-Príncipe Emma, veo que ya ha terminado. Me gustaría hablar con usted un momento si Su Alteza me lo permite.-dijo la mujer mayor viendo fijamente a la rubia.

Regina, a pocos asientos de su madre, levantó la vista asustada. Al parecer su madre no hablaría con Phillip, sino con Emma. No podíá decidirse cuál era peor.

-Por supuesto Su Majestad, está lista para acompañarme?

-Sí. Príncipe Phillip -dijo volteando su mirada al mencionado- Me podría facilitar su despacho? El asunto que debo tratar es importante y de cierta privacidad.

El adjudicado se quedó sorprendido y curioso ante el tema que podrían tratar. Que él supiera, no había ningún acuerdo entre el Reino Blanco y el Reino Oscuro, aunque ciertamente no le sorprendería que la reina Cora quisiera presentarle una propuesta a su amiga.

-Por supuesto que sí Cora. Lance, por favor, acompáñalas y luego vuelve aquí.- le dijo a uno de los caballeros de su confianza que cenaban con él.

-Como ordene Su Alteza. Majestad, Alteza, acompáñenme.- dijo el caballero abriendo el camino.

Emma siguió al caballero al lugar que ya conocía, pero como era una charla con la reina invitada, se aceptaba la formalidad. La rubia tenía curiosidad por lo que pueda llegar a querer hablar la reina, pero supuso que sería alguna propuesta de alianza.

Poco sabía ella que esa reunión cambiaría su vida para siempre

Sé que estuvo un poco corto, pero prometí actualizar con un poco más de frecuencia, y bueno, Salió esto. Espero que lo hayan disfrutado y recuerden comentar, amo sus comentarios. Si quieren darme ideas, estoy abierta a escuchar sugerencias, al final, esta historia es para ustedes y por ustedes. Los quiero mucho y cuídense, nos leemos pronto