Capítulo 10 No iré al cielo.

Tenía toda la información que necesitaba, había mandado todo a Demetri por correo, para mañana estaría en Los Ángeles… ya me quería ir de aquí. Pero lo que había descubierto era la punta del Everest, claro que eso se lo dejaría a otro detective, yo solo tenía interés en este caso por Edward. Y no quería permanecer más en Chicago, no me traía buenos recuerdos. En estos momentos estaba en una cafetería hablando con uno de los detectives de la ciudad, pasando el caso que había descubierto por ordenes de Demetri, pero eso él no lo sabía.

—¿Por qué me pasas este caso a mí? —me preguntó el muy idiota

—No lo quieres? puedo buscar a otro que lo quiera—Contesté indiferente, quería que lo tomara. De verdad me urgía salir de esta ciudad

—No se trata de eso… es que es un caso importante no entiendo ¿Por qué no lo quieres si tú lo descubriste? —estaba bastante curioso y yo muy ansiosa.

—No me gusta esta ciudad es por eso que te lo estoy dando, si lo tomo me tendría que quedar aquí por una temporada lo quieres o no? —ya me estaba enojando tanta pregunta

—Si quiero, pero… ¿A cambio de qué? —preguntó

—Solo quiero un favor, el día que lo necesite hacemos un trato—respondí de forma astuta

—Hecho— su rostro estaba feliz. Lo que él no sabía era que hizo el trato con el mismísimo diablo, un día me cobraría ese favor de eso estaba segura. El se fue con la información que hace unos minutos atrás pasé a sus manos, me había quedado bebiendo la taza de café, cuando miré hacia un lado y estaban los Cullen, menudo día el mío.

Me quedé sentada bebiendo lo que quedaba de mi café. Tenía que calmarme, Edward estaba con esa niña, estaba ardiendo en rabia por dentro, aun así agarré una galleta de la suerte y la partí para ver que decía el estúpido papel. Leí lo que decía.

"Si quieres resultados distintos no hagas siempre lo mismo"

Odiaba estas galletas nunca decían algo que entendiera o que significaran algo, pero ya mi taza de café había terminado, tenía que ir por Edward sentía su mirada a mi costado, imbécil, era más fácil que viniera a que yo fuera por él.

Caminé haciendo sonar mis zapatos de tacón… los odiaba, eran institucionales cuando andaba en misión tenía que usarlos para hacer negocios. La mirada de Edward era de completa lujuria, él tenía algo con el traje institucional ojalá un día me dejara esposarlo.

—Vamos —dije enojada, pasando por un lado de donde estaban los Cullen, no me importaba lo que ellos pensaran o dijeran de mí.

No me gustaba verlo con esa niña que se estaba tomando tantas libertades como para tocarlo, es que ella quería morir, porque si ese era el caso podía cumplir sus deseos de una manera lenta y dolorosa.

Cálmate por dios

Él estaba a mi lado ante la mirada furiosa de la chica esa, giramos nuestros cuerpos para irnos cuando ella hablo.

—Edward no te vayas con ella te va viol…— Intentó decir Renata furiosa

Antes de que terminara la palabra le di una cachetada con el dorso de mi mano, el golpe fue tan fuerte que cayo de su silla y de paso se rompió el labio.

—Eres tan sucia—grité furiosa, más que eso llena de ira. Todas las personas que estaban allí me miraban unos con asombro y otros como los Cullen sorprendidos.

Edward tomó mi mano y me sacó de ahí sin mirar a esa mujer que lloraba y gritaba su nombre, como si eso hiciera que Edward me dejara por ella, que estúpida mujer y más si había lanzado tales blasfemias sobre mí.

Llegamos al carro que había alquilado para mi istancia en esta mugrosa ciudad; me quería ir, solo me quedaba una cosa por hacer… que Edward se fuera conmigo, no lo iba a dejar aquí.

—Estas bien—pregunté a Edward

—Si. ¿Por qué iba a estar mal? —lo miré de reojo con el ceño fruncido—si lo dices por lo que sucedió con Renata, te puedo decir que me encantó que la pusieras en su lugar, ¿Dónde vamos? —me dijo indiferente cambiando de tema.

—¿Tienes ganas de tener sexo? — pregunté sin vergüenza, me moría (literal) de ganas de estar con él.

—¿donde? —su rostro estaba lleno de lujuria y con esas grandes manos comenzó a acariciarme las piernas.

No respondí su pregunta y conduje el carro al hotel donde me estaba quedando, no siempre resolvería las cosas con sexo, pero creo que ayudaba en algunas ocasiones como esta que estaba furiosa.

A penas la puerta se cerró nos perdimos en la pasión, no solo fue la cama, también fue en la pared, el suelo, y el baño, toda la habitación tenía nuestros fluidos corporales. Estábamos desnudos en la cama, no había energía para vestirnos ni hacer nada que no sea mirar el techo, porque hasta cerrar los ojos me dolía. Él me abrazaba y acariciaba el vientre haciendo círculos.

—Creo que nos excedimos un poco esta vez—dije cansada

—Pienso igual pero no me arrepiento de nada —él estaba feliz, me encantaba cuando él sonreía se iluminaba todo a su alrededor.

—¿Puedes ir al frigorífico por agua, por favor? estoy sedienta—no tenía ganas de ir me sentía muy cansada.

Se levantó desnudo el muy sinvergüenza, no se cubrió su trasero firme y duro que se contraía sus músculos al caminar, quería pasar mi lengua por esas nalgas. Me pasó la botella, pero yo tenia ganas de otra cosa en estos momentos, bebí del agua que me trajo Edward ya la había abierto para mí, necesitaba algo helado para calmar mis ansias.

—como sigas así no saldremos de esta habitación —habló lanzándose sobre mí. Nos besamos por un buen rato, él era así de apasionado y eso me enloquecía.

—Eres tan seductor, ¿tienes todo listo en tu casa? —Pregunté cambiando de tema

—Si. Está todo listo —dijo acariciándome las mejillas con el dorso de su mano y yo me recosté en la mano que tenía sobre mi mejilla

—Quédate conmigo y nos vamos juntos mañana — lo invité, la verdad es que no quería que se fuera, él me miró y asintió. Sacó su celular y avisó a su casa que no llegaría esta noche y que se iría conmigo, aproveché de llamar al servicio a la habitación para que nos trajeran comida.

—si vamos a seguir con todo esto, necesitamos energía, nos traerán comida. —sin tapujos dije, él se acercó a mí, me abrazó por la cintura y me dio un beso en la frente y con eso se dio media vuelta y entró en la ducha.

Ya estábamos en Los Ángeles. hoy me iba a vivir con Edward, era extraño la verdad no sabía cómo íbamos a convivir; no tenía experiencias en vivir con otras personas, mucho tiempo sola. Traje mis cosas y las acomodamos en una habitación, para ello tendríamos habitaciones separadas, pero dormiríamos juntos me imagino que todas las parejas hacían eso.

Miré su departamento a pesar de que lo conocía de memoria teníamos trabajo que hacer, las cámaras tenían que desaparecer si iba a vivir aquí.

—Edward ¿Dónde están las cámaras? —pregunté haciéndome la inocente

—Por todo el lugar—respondió molesto y a la vez nervioso, yo sabia que estaba así porque se pasaba las manos varias veces por el cabello, sinónimo de que esta nervioso.

Comencé a buscar aunque sabía donde estaban, pero se suponía que no, había dado con una, comencé a sacarla; en total había veinte cámaras, menos mal el departamento no era tan grande.

—¿Qué haces? —me preguntó curioso

—Saco las cámaras, no voy a vivir en un lugar intervenido, así es que coloca de tu parte y ayuda.

Lleno de entusiasmo comenzamos a retirar las cámaras, puso música para aligerar el ambiente ya teníamos quince, nos faltaban las que estaban en el cuarto, estaba segura que él no sabía de eso ni la que estaba en el baño, pueden pensar que soy una pervertida, pero la gran mayoría de los suicidios ocurren en los baños.

—¿Dónde vas? —estaba confundido

—A tu cuarto—respondí con frialdad

—¿piensas que también hay en mi cuarto? —estaba enojado

—¿Por qué no? —dije indiferente, tenía que sacar mis dones como actriz.

A pasos agigantados fue a su cuarto podía ver su furia, si algún día descubría la verdad esperaba estar muy lejos de él no es que me diera miedo, pero no podría soportar esa mirada hacia a mi una vez más.

Las del baño las retiraría cuando no estuviera en la casa, si se colocaba así por las de su habitación, no me quería imaginar como sería si se enteraba que había violado su intimidad de esa manera.

Después de todo ese trabajo estaba agotada, así que me lancé a su cama no quería nada más, pero mi estomago rugió en desaprobación, no habíamos comido y mi cuerpo no estaba conforme con esas elecciones.

—Creo que tenemos que llamar por comida—miré a Edward con un puchero (yo estoy haciendo un puchero? desde cuanto me estoy volviendo cursi)

—espérame aquí cocinaré algo—desapareció de mi vista

No estaba en el cuarto, revise mi celular ya no estaban las cámaras no lo podía ver cocinar, ¿qué estaba mal conmigo? ya estaba viviendo con él debía dejar eso. Pero era tan difícil, años haciéndolo que no podía ser tan fácil. Revisé la única red social que tenía a mi nombre, era Twitter muchas noticias nada importantes, había logrado conseguir que la imagen de Tyler desapareciera de los medios de comunicación.

Comencé a hablar con Thomas por WhatsApp, cada día que pasaba él estaba más ansioso por verme, así es que lo puse en la cámara del celular para que pudiéramos hablar de esa manera. Su hermoso rostro que me hacia recodar a su padre me hizo estar de mal humor, pero lo oculté, por el bien de Thomas.

—Estas contento Thomas? —dije con una sonrisa

—Te extraño tanto, quiero estar contigo, ven a buscarme—me dijo con lágrimas y miré que tenía sus ojitos rojitos de tanto que había llorado

—Termina el año en Forks y luego te vienes conmigo ¿hagamos ese trato?—propuse, la verdad es que yo también lo echaba mucho de menos y me hacía mucha falta

—De verdad me quieres contigo? —se veía ilusionado

—Siempre te he querido conmigo Thomas—hablé con sinceridad

—Bien, prometo terminar la escuela este año y el próximo me voy a Los Ángeles—Veía su emoción

—Si, entonces tenemos un trato—afirmé

Ya era hora que me hiciera cargo de mi hijo, mi padre no iba estar contento con esto, pero no era decisión mía después de todo era lo quería Thomas.

—Mañana hablamos Tommy—dije

—Hasta mañana Bella —me mando un beso

La llamada fue cortada, segundos después apareció Edward con la comida, nos sentamos en el piso de su habitación, el puso carne a mi plato, el sabía que me gustaba mucho, comíamos en silencio, pero algo me decía que quería hablar.

—¿Qué tipo de relación tienes con Thomas? —había expectación

Escuchó mi conversación, por lo tanto sabe que vendrá a vivir conmigo en un futuro, no tenía sentido seguir mintiendo deje los cubiertos a un lado, me limpie la boca.

—Thomas no es mi hermano, es mi hijo—suspire admitirlo era difícil

—Cómo... qué? no te entiendo—tartamudeaba y su rostro estaba sombrío

—Era muy joven y mi padre se quiso hacer cargo de él para que pudiera seguir estudiando. Yo estuve de acuerdo, además no quería en ese momento al bebé—me sentía culpable

—El padre del niño ¿Dónde está? —Preguntó mirandome directamente a los ojos

—Qué se yo, era extranjero, me imagino que se fue y no me interesa menos se aprovechó de mi al menos eso pienso.

—Abuso de ti—no preguntó afirmó, estaba furioso

—No sé... no me acuerdo, ese día salimos con unas amigas a celebrar no me acuerdo que, pero era algo importante, nos emborrachamos y lo último que recuerdo es despertar en la cama de Alex—conté todo—si se aprovechó de mi o me violó, solo lo sabe él. Nunca más volví a verlo.

El estado de la habitación había cambiado, Edward entro al baño a descargar su ira. Nunca debí haber contado eso, pero éramos pareja ahora debía haber aunque sea un mínimo de confianza. Me levanté de la cama, el estaba sangrando ¿que había hecho?.

—¿Qué te hiciste? —grité furiosa

Lo empujé al inodoro y cayo sentado.

—Quédate aquí no te mueves—Ordené

Corrí a mi cuarto a buscar mi botiquín donde tenía mis insumos médicos, menos mal estaba siempre preparada. Me devolví al cuarto para lavar su herida y ver donde estaba lastimado es por eso de las cámaras en el baño.

Limpié toda la sangre, eran heridas superficiales a la más grande aplique desinfectante y puse una tirita para controlar la hemorragia.

—Tomate esto para que no te duela—dije sin emoción alguna

Sali de su cuarto estaba demasiado enojada, para siquiera dormir con él. Me acosté en mi habitación previamente había puesto seguro.

Nuestra convivencia no iba a resultar, no llevamos un día y ya estábamos en habitaciones separadas. Puse la alarma, mañana tenía que levantarme temprano.

Al día siguiente me levanté a la hora que acostumbraba a las siete menos cuarto. Edward aun tenía que estar durmiendo, tome desayuno sin siquiera despedirme de él y me fui al trabajo.

El día en el trabajo había sido cansador y estuve de muy mal humor todo el día, a la hora del almuerzo me llego un ramo de flores eran de Edward y él estaba detrás de las flores.

—Hola, me perdonas? —dijo sonriendo

Yo me pregunto... ¿cuantas veces en la vida tendré que perdonarlo, será que en una vida pasada fuimos enemigos y ahora se las esta cobrando?.

—Te invito almorzar Bella—me dijo y luego me dio su sonrisa coqueta

No tenía más opción. Tomé mi chaqueta y caminamos juntos donde sea que el quisiera llevarme, acepté ir en su auto ya que el mío estaba perfectamente bien cuidado.

Llegamos a un restaurante de comida coreana bastante interesante, la mesa se lleno de alimentos y los quería probar todos. Últimamente tenía demasiado apetito no entendía por qué.

—¿dime que te molestó anoche? —preguntó Edward

—Que te lastimes a ti mismo, no puedo verte herido— Escupí

—No lo volveré hacer lo prometo, pero vuelve a mi cama, no puedo dormir sin ti—me dijo desesperado

—Está bien, ahora come que se va enfriar—ordené

—Si doña mandona—dijo divertido

La comida fue en silencio, a veces Edward me colocaba comida en mi plato otras yo, conocía perfectamente bien sus gustos, el también los mios, mi secreto amor por el picante por eso me había traído a este lugar donde abundaba, todo tenía picante me quedarían los labios rojos.

—¿A qué hora llegaras a casa? —preguntó Edward curioso

—Espero que a las siete, después del servicio medico tengo que ir justo ahora. —dije no muy segura

Nos despedimos con un beso y cada uno se fue a su respectivo trabajo, yo tenía unos cuerpos putrefactos con los cuales jugar, hoy tocaba autopsia lo mejor de la vida.

Estuve bastante tiempo en eso hasta que por fin pude terminar, hice el informe la pobre mi asistente estaba de todos colores no aguantaría mucho en este lugar.

Cada cual tomo su rumbo, todo era normal, pero tenía un mal presentimiento de esos que sabes que algo va a pasar, de la nada apareció un auto negro delante mío, toqué la bocina y bajé la velocidad e intente adelantar, pero no pude, luego me di cuenta que había otro auto de similares características detrás. Marque a Jacob por la aplicación de mi vehículo.

—Jacob, me están acorralando creo que son diez, manda unidades—dije rápido

—¿Dónde estás? —se escuchaba nervioso

—En la intersección cinco, creo que me llevan a la avenida Kennet es lo más espaciosa para pelear, tengo que cortar—corté la llamada y me concentré

Comprobé mis armas y estaban bien; saqué la que tenia en la guantera y la puse cerca mío para cuando tuviera que salir del vehículo, si marcaban una rayita a mi precioso Camaro estarían todos muertos. ¿Por que no vine en la camioneta? en estos momentos podría pasar por arriba de ese vehículo.

Tal como lo había predicho estábamos en la avenida Kennet, esta situación no me gustaba para nada. Los hombres comenzaron a salir de sus autos, puse seguro al vehículo, podía dar pelea, pero necesitaba enfocarme bien, cuando estuvo bastante cerca disparé justo en su cabeza. Y comenzó la lluvia de balas, me pasé para la parte de atrás del vehículo para poder bloquear las balas que iban en mi dirección.

Estaba segura que estaba herida, pero muy consciente escuchaba la ayuda, pero las balas no se detenían lo único que podía hacer era evitar que llegaran al coche, había cuatro cuerpos en el suelo aun me faltaban demasiados. Salir del carro era un suicidio, pero quedarse adentro igual lo era, ¿Qué debía hacer?

Ya no tenía municiones solo tenía que esperar el final, estaba tan perdida, que la imagen de Edward aparecía en mi mente, no debí haber dormido sola anoche. Estaba quedando inconsciente cuando unos brazos me levantaron. Edward me tenía en su regazo, estaba a mi lado y se veía la desesperación en sus ojos no me gustaba verlo así, si pudiera borrar todo tipo de dolor lo haría sin dudar.

—Te amo mucho—se lo dije sin dejar de mirarlo

—Yo también te amo no puedes dejarme—me decía llorando—no te despidas la ambulancia está por llegar.

Yo solo escuchaba el sonido de la ciudad, estar en sus brazos me nublaba todo, no me di cuenta en que momento me alejaron del calor de Edward, para estar en una camilla de una ambulancia, el rostro de Edward estaba en mi a pesar de todo yo tenía que ser fuerte y seguir para él. No me permitía quedar completamente inconsciente.

—Edward—lo llamé medio moribunda

—Estoy aquí a tu lado siempre—me lo decía triste

—Si me voy Edward, tienes que ser feliz, no te rompas, se fuerte—dije suavemente mirando sus ojos de bosque

—No, tu no me puedes dejar nunca. Eres mía nisiquera le perteneces a dios, solo te puedes ir cuando yo diga y eso es en una eternidad. —dijo el desesperado

—De acuerdo en una eternidad. Edward, no iré al cielo, el infierno es mi lugar, si existe—dije con mi último aliento.

Continuara…..