FICTOBER 2020

Estos últimos tres capítulos me han encantado por la mención de Mar'i. Hoy la frase me inspiró a hacer este pequeño escrito exponiendo uno de aquellos cuentos que usan los padres para asustar a los niños, ¿a quién no le dijeron eso de niños para que se durmieran temprano? Aunque he de admitir que eso no funciona, asusta más a los niños y menos se van a dormir xD. Espero lo disfruten, saludos.

Disclaimer: Teen Titans no me pertenece, sólo creo historias con sus personajes sin ningún fin lucrativo.


12- El monstruo bajo la cama

—¡Qué descanses, hija! —se despidió el hombre mientras le besaba la frente a su pequeña de cuatro años. La arropó con su manta lila de unicornios, le dio una última sonrisa y se dispuso a salir del cuarto.

—¡Papá, no apagues la luz! —pidió la niña asustada mirándolo desde la cama.

—Mar'i, ya habíamos hablado de esto. Debes acostumbrarte a dormir con la luz apagada —dijo él regresando hacia ella, sentándose en la orilla del colchón. Ya iban varios días en los que su hija quería dormir con el foco encendido, y cuando él preguntaba la razón ella sólo bajaba la cabeza y se quedaba callada. Dick no entendía cómo había surgido ese temor puesto que antes no había tenido problemas con dormir a oscuras. Observó la carita triste de su niña por lo que volvió a preguntar como en noches anteriores: —¿Qué sucede, princesa?

La pequeña Mar'i agachó de nuevo la mirada mientras que su boquita hacia un puchero como si estuviera a punto de llorar. A Dick se le partió el corazón mirarla así, era su niña y no soportaba verla tan asustada. Tomó su carita entre sus manos y la levantó un poco para ver esos grandes ojos verdes idénticos a los de su madre; desgraciadamente éstos estaban a punto de soltar un montón de lágrimas. —Sabes que puedes contarme lo que sea. Mamá y yo te protegeremos.

La niña de cabellera negra asintió después de pensárselo un poco. —Tengo miedo de que el monstruo bajo la cama salga si no hay luz que lo asuste —comentó ella angustiada.

—¡Oh, linda! —comentó Dick algo aliviado—. No hay ningún monstruo debajo de tu cama. Estás muy segura en este lugar, además sabes que tanto tu mami como yo estamos pendientes de ti. ¿Quién te metió esa idea?

—Es que los niños me dijeron que debajo de la cama viven monstruos y que la forma de ahuyentarlos era dejando las luces encendidas, papá. ¡Ellos dijeron que un niño las había apagado y uno de los monstruos se lo comió! —mencionó la tierna niña sollozando y abrazando a su padre.

—¡No te preocupes, pequeña! ¡Es una mentira, no hay monstruos debajo de tu cama! —dijo él consolándola, un poco molesto de que aquellos niños de la guardería le dijeran eso. —¡Además tú eres muy fuerte, incluso aunque existiera un monstruo estoy seguro de que lo derrotarías! ¡Eres la niña más valiente que he conocido! —dijo Richard estrechándola más fuerte.

—¿Eso crees, papi? —preguntó curiosa la nena separándose un poco de él.

—¡Por supuesto!

—¿Ocurre algo, chicos? —interrumpió Kory desde la puerta, acababa de salir de la ducha y al pasar por el cuarto de su hija no pudo evitar escuchar los sollozos de ésta. Vio las lágrimas de su niña y rápidamente se acercó a ella preocupada: —¿Mar'i, linda, por qué estás llorando?

—¡No te asustes, mami! ¡Ya estoy bien! —dijo saltando a los brazos de su madre. Kory le devolvió el abrazo cargándola, dándole pequeñas palmaditas en la espalda y buscando una respuesta en la mirada de su esposo.

—No te preocupes. Ella estaba asustada porque sus compañeros de la guardería le contaron sobre un monstruo que se esconde debajo de su cama. Pero ya está bien, ¿verdad, Mar'i? —preguntó el pelinegro levantándose del colchón para abrazar a sus dos amores.

—¡Sí, mami! ¡Papi dijo que yo era muy fuerte y que podría ganarle a los monstruos! —dijo entre risitas mientras separaba su otro brazo para abrazar también a su padre por el cuello.

—¡Me alegra escuchar eso, linda! ¡Además nosotros siempre te estaremos cuidando! —Kory le dio un beso en la mejilla—. Ahora es hora de dormir, Mar'i. Mañana te llevaremos a comprar un helado por ser tan valiente, ¿te gustaría?

—¡Sí! —exclamó la niña con un grito de felicidad.

Ambos padres la recostaron en la cama y volvieron a arroparla con sus sábanas moradas. Se quedaron un rato sentados en la orilla de la cama esperando a que su princesa se quedara dormida y cuando por fin cayó en los brazos de Morfeo se acercaron a darle un beso de buenas noches. En silencio salieron de su cuarto apagando las luces y cerrando la puerta, se miraron entre sí sonriendo y tomándose de las manos continuaron el camino hasta su habitación.