Disclaimer: Los personajes no son míos, pero la historia sí.

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-REVIEWS-

Delilah447: Hola corazón, no pidas perdón, es lógico hacerte todo este tipo de preguntas. Responderé a estás: ¿habrá flashbacks de Elsa dejando a Jack y su inicio con Hans? Claro que sí, lo único que lamento es que debes esperar por ellos. Gracias por comentar, espero leerte pronto. Harry.

Ravenna18: De nada cariño, gracias a ti por seguir apoyando esta historia. Nos leemos, Harry.

A Frozen Fan: ¿Es que existe siquiera un review tuyo que no sea perfecto? Me declaro fan no. 1 de tus reviews, no desesperes pequeña creatura sedienta de sangre y venganza, Hansy bebé tendrá lo que merece. Que no te quepa duda.

Qué bueno que las primeras interacciones Krelsa estén siendo bien aceptadas, como jamás eh escrito algo por el estilo no sé cómo proceder del todo. La arrastrada… digo, la plática entre Roy y Hans llegará, eso es un hecho.

Is Irina Westergaard a Helsa shipper?

Adelante, haz huso de Runny tanto como quieras.

Pues nada, que te aproveche esta actualización que sé que esperabas, nos seguimos leyendo ¿verdad? ¡¿verdad?!

Te mando un abrazo enorme, Harry.

OkaRuto19: Que bueno que te atreviste, todos los que me leen deberían hacerlo. Harry Jade no muerde. Muchas gracias, pequeña, espero leerte pronto. Un abrazo, Harry.

Guest 1: Todo el mundo quiere ver la sangre de Hans correr hahahha… yo también. Las cosas pasan a su debido tiempo, solo queda esperar… ojalá me tengas la suficiente paciencia. Un gusto leerte, Harry.

Ydna Westergard: El Krelsa está en curso, pero desde ya estoy planeando como Roy se enterará de todo. fue una agradable sorpresa leerte por aquí, te extrañé en los drabbles. Espero leerte pronto Oh Gran Precursora del Krelsa. Un abrazo, Harry.

Guest 2: No esperes más, aquí está la actualización. Gracias por comentar, Harry.


Hans.

Apartó los ojos de la blonda cuando la abuela de Anya habló.

—Que gusto me da conocerte, querida— la mujer se acercó a Elsa para apretarla en un abrazo corto—. Anya me ha contado mucho de ti.

Los ojos verdes de Hans volaron hasta la aludida, quien sonreía a la blonda con una calidez que dejó de existir cuando sus orbes se toparon con los suyos.

—El gusto es mío— respondió la blonda con una sonrisa tímida.

—Cuanto tiempo sin verte, Els— Lars le sonrió a la muchacha. La albina respondió a su saludo con un amistoso asentimiento de cabeza.

—¿Ya se conocían? —preguntó Yelena.

—Es la hermana de Roy, mi mejor amigo de Noruega— Hans se escuchó hablar, los ojos de todos se posaron sobre él—. Hola, Elsa.

Todos miraron en dirección de la aludida.

—Hola, Hans— respondió con una calma que el colorado estaba seguro, no sentía.

Se quedaron inmersos mirándose el uno al otro de forma inexpresiva.

—No sabía que te mudarías a Moscú— comentó casualmente.

—Tampoco es que te fuera a avisar— bromeó su hermano en tanto cogía a su abuela del brazo—, creo que estamos retrasando a las chicas aquí ¿qué dicen de irnos ya?

—Te esperamos a fuera— Yelena se dirigió a Honeymaren.

Las mujeres mayores se despidieron de Elsa y ésta no volvió a dirigirle otra mirada.

—Que linda es Elsa ¿no lo creen? —comentó Irina mientras esperaban a que los del servicio les trajeran la camioneta.

—Hans no la traga— rió Lars, el golpe que el bermejo le asestó en las costillas reemplazó a la risa por la tos.

—¡¿Por qué?! —su abuela se volvió hacia él.

—Nunca nos llevamos bien, es todo— trató de calmarla.

—No me lo explico, es encantadora— Irina negó con la cabeza—. Deberían considerar buscar a alguien como ella para el futuro.

—Por Dios, Babushka, apenas estoy en los veintidós— se escandalizó Lars—. Soy demasiado joven para pensar siquiera en el matrimonio, me da alergia.

—No seas exagerado— la mujer lo pellizcó—, hablaré con Runeard para ver si hay posibilidad que la cortejes, Lars.

Hans se giró de inmediato hacia su hermano.

—Ni se te ocurra.

—Pues claro que no, es cuatro años más joven y es la hermana de Roy; me gustan mis hermosos dientes donde están— miró a su abuela—. Hay códigos entre nosotros los hombres y yo los respeto, así como nos enseñaste.

Irina rodó los ojos.

—Solo respetas cuando te conviene, Lars— se volvió hacia Hans—. Tú estás más próximo a su edad y sin duda serían bonita pareja, lástima que te gusten las niñas lloronas y con falta de atención.

Lars hizo una mueca burlona y Hans no pudo decir más porque el encargado del valet parking apareció con la camioneta.


Elsa.

Cerró la puerta de su habitación y se tiró a la cama, volvió a levantarse solo para tomar sus cremas del tocador y darse un masaje en los pies, ver sus pequeños dedos rojos la llenaba de satisfacción. Amaba bailar.

Todo iba perfecto hasta el momento, se sintió ridícula por pensar que podría seguir eternamente sin verle el pelo, debió saber que las posibilidades de topárselo crecían con el tiempo y con el hecho de que, precisamente, la abuela de los Westergaard era la mayor benefactora del teatro.

Pero el muy hijo de perra escogió esa noche para ponérsele en frente.

Se soltó el pie al notar que las manos le temblaban.

¿Cómo se había atrevido a dirigirle la palabra?, Elsa se dijo que lo hizo porque era consiente que le respondería por obligación.

"Te odio tanto, Hans Westergaard" se sintió sofocada ante la fuerza de aquel pensamiento. Un toque en la puerta la distrajo, Runeard entró segundos después.

—Hola, cariño.

—Abuelo— saludó y dejó las cremas en su lugar.

—Lamento no haber llegado, los asuntos de la oficina son demasiados y…

—Da igual, mis padres tampoco asistían a los recitales cuando vivía con ellos— la blonda le restó importancia.

—Para eso estaban tus novios ¿no? —trató de bromear.

Elsa se abstuvo de rodar los ojos, detestaba que la gente intentara entablar conversación cuando era evidente que la otra persona no lo deseaba.

—Sí, claro.

—Irina llamó para decirme que estuviste fenomenal— comentó con orgullo—, dijo que las fotografías estarían en la página oficial de la academia y…

—Y se lo diré a mis padres para que puedan repostearlas— cortó.

—Exacto… escucha— Elsa bufó por lo bajo, tarde o temprano su abuelo iría al punto que consideraba verdaderamente importante de la conversación—, ya es tiempo que empieces a codearte con la gente importante y casualmente habrá una fiesta el próximo domingo...

—Tengo cosas que hacer, no creo que me quede tiempo para eso— se encogió de hombros—, además estoy agotada y quiero descansar.

—En esta vida hay tiempo para todo, ya descansaremos cuando muramos.

Elsa se limitó a elevar las cejas con indiferencia.

—Además— añadió—, Alistair estará ahí.

—¿Eso qué?

—Pues que parece que le caes muy bien y… no sé, quizá puedan…

—El tipo tiene como treinta y cinco, bastante mayor para mi ¿no lo crees?

—¿Qué son unos cuantos años? —Elsa dejó salir una risita irónica.

—No creo que Roy y papá piensen lo mismo— replicó.

—Dime una sola cosa que a tu padre y a tu hermano les haga gracia.

—Que quieras vender a su hija y hermana no creo.

Runeard bufó.

—Eres igual de exagerada que tu abuela.

—¿Hablas de tu ex esposa muerta? —Runeard parpadeó ante su tono—. Mira abuelo, voy a decírtelo una sola vez y espero que escuches con atención: vine a estudiar y a prepararme para ser una buena empresaria, bailo ballet porque tengo la oportunidad de convertirme en prima ballerina y dejo que me des trabajo extra porque me apetece.

—¿De qué va esto?

—Va de que no voy a permitir que me arrojes a los brazos de un tipo porque no eres lo suficientemente capaz de cerrar un trato con él, no soy un objeto—declaró—. Si llego a acercarme a Alistair será porque me apetece hacerlo, así que deja de insistir o si no…

—Si no qué— retó su abuelo, enviándole aquella mirada orgullosa que todos los Solberg poseían.

—Si no voy a decirle a mi padre y a Roland que me obligas a metérmele por los ojos a hombres mayores que yo.

Runeard la miró con perplejidad.

—Eso no es verdad.

—¿A quién crees que le van a creer cuando me vean llorar?

—Para con tus disparates de niña mimada; te lo advierto, Elsa…

—La que te lo advierte soy yo— lo apuntó con el dedo de forma acusadora—. Si sigues insistiendo no voy a parar hasta que me vaya a otro departamento y mi padre y mi hermano te desprecien.

Por primera vez, Elsa vió a su abuelo quedarse sin palabras.

—No te atreverías.

—¿Eso crees?, a mí me parece que no quieres averiguarlo.

Se sumieron en un silencio que duró minutos hasta que Runeard asintió, se dirigió a la puerta y, cuando estaba por salir, se detuvo.

—¿Elsa? —la rubia lo miró—, Alistair cumplirá treinta años el próximo domingo. Es su fiesta.

Sin decir más, cerró la puerta.


Hans.

Rodó los ojos al ver la cama hecha un desastre, se quitó los zapatos y se lanzó sobre ella. Un quejido se escuchó bajo los edredones.

—Ya era hora que despertaras, estúpida.

—Quítate de encima, perra— masculló Anya, Hans solo se levantó para abrir las cortinas bruscamente y después quitarle los edredones de encima. La colorada soltó una maldición en francés cuando la luz le dió de lleno en la cara.

—Eres una holgazana, ¿lo sabes?

—Y tú eres la mejor descripción de la palabra idiota— replicó Anya, se estiró y finalmente salió de la cama para dirigirse al baño. Hans no tardó en seguirla—, voy a orinar, enfermo.

—Pues muévete, tú y yo tenemos un asunto pendiente.

Anya le mostró el dedo medio y le cerró la puerta en la cara. Esperó hasta que escuchó que tiraba de la cadena antes de aporrear la puerta.

—Carajo, Hans— soltó la pelirroja en tanto le abría y después se alejó de él para cepillarse los dientes.

—¿Desde cuándo está esa mocosa aquí? —no tenía paciencia para andarse con rodeos.

—No sé de qué mocosa estás hablando— cerró el grifo y salió del baño.

—Claro que sabes.

—Nop, de verdad que no.

—Hablo de la buena para nada de Elsa, inepta.

Anya lo encaró.

—No le digas así.

—¿Desde cuándo defiendes a la gente que no conoces?

—Desde siempre, se le dice ser buena persona. Ya sé que no sabes nada sobre eso.

El pelirrojo la pellizcó.

—Estoy esperando que me respondas, Anastasia.

—Me dijo que llegó en el verano, Dimitri y yo la conocimos el primer día de clases en la Estatal.

—Así que Ivanov también sabía que esa mosca muerta estaba aquí y ninguno dijo nada.

—Ella nos contó que no se toleran, no entiendo por qué te molesta tanto— se cruzó de brazos.

Hans ya había pensado en una respuesta por si su mejor amiga decía algo como eso.

—Porque así habría tenido oportunidad de retorcerle la vida con antelación— respondió rápidamente.

—Con esto me confirmas que juzgas mal a la gente— la pelirroja rodó los ojos—, Elsa es increíble.

—Claro, solo si piensas que ser increíble es sinónimo de mocosa mimada con aires de grandeza.

—Acabas de describirte perfectamente.

El colorado volvió a pellizcarla.

—Se supone que eres mi mejor amiga, Anya, los mejores amigos no se ocultan cosas— declaró.

—No seas hipócrita— la pelirroja rodó los ojos—, eres el menos indicado para hablarme de confianza y amistad.

—¡¿Disculpa?! —exclamó, ofendido.

—Ay por favor, no finjas que no sabes de lo que hablo.

—Pues no, tonta.

—Literalmente soy un maldito libro abierto contigo, sabes todo sobre mí— explicó con hastío—. Eres el único además de mi familia que sabe la verdadera razón por la que me fui a París, fuiste al único al que te conté que tuve la regla antes de lo que se considera normal porque confiaba en ti— le dió un manotazo—. ¡Dejé que me vieras llorar y sabes que detesto lloriquear delante de los demás!

—Tú también me has visto llorar— replicó en tanto un nudo se le formaba en el estómago. Ella estaba en lo cierto.

—Tenías ocho años, Hans.

—Igual cuenta ¿no? —la sonrisa que dejó salir no fue correspondida.

—Claro que no— se apartó de él—. Creí que hablaríamos diario cuando te fuiste a Oslo y yo a París, pero no fue así; acordamos hacer FaceTime un día a la semana, pero tampoco sucedió— aspiró con fuerza— porque usaste nuestros días de hablar para ir a embriagarte con Roland Solberg y esa manada de gorilas que se convirtieron en tus amigos.

—Anya…

—Que estúpida fui cuando volví a Moscú y dejé pasar todo un año pensando que me buscarías, pero ni siquiera sabías que estaba aquí. Tuve que acercarme yo a ti en esa fiesta, tuve que preguntarte por Honeymaren porque no parecías dispuesto a decir nada. Tengo que obligarte a que me cuentes tus cosas y aun así parece que sigues ocultándome mucho más.

Hans sintió a su corazón contraérsele en el pecho cuando miró a Anya tratando de no llorar.

—Sabía que ibas a molestarte conmigo al descubrir que tu archienemiga estaba aquí y no te lo dije, pero tal parece que tú puedes tener secretos para mí y yo no para ti— sorbió por la nariz—. ¿Sabes qué, Hans? quiero un mejor amigo, uno de verdad, no una perra que pretende serlo.

Sin decir otra palabra, Anya le abrió la puerta de la habitación.

—Ya vete, quiero aprovechar mi sábado yendo al TIMELESS; así que tengo que vestirme y hacer tarea con mi novio. Él no me oculta nada.

El bermejo quiso rebatir aquello, pero le quedaba claro que Anya suponía la vida entera para Dimitri. Hans se aproximó a ella.

—Llévate tus malditos zapatos, no quiero que vayas por ahí diciendo que te los quité para dárselos a Dimitri— espetó en tanto le ofrecía el par de calzado. Hans tomó los zapatos. Anastasia no lo dejó decir nada y lo sacó de la habitación a empujones.


Elsa.

Pulsó la tecla «enviar» y apagó la computadora, tomó su bata con la intención de dirigirse al baño para tomar una ducha cuando su teléfono sonó con una notificación.

"[Anya Romanova]: TIMELESS esta noche ¿nos acompañas?"

Sonrió al leer el snap. Si bien se sentía un poco cansada después del show de la noche anterior, no deseaba quedarse en el loft con su abuelo. Además, si era sincera consigo misma, esperaba ansiosamente que Alistair Krei estuviera ahí.

Ese hombre le resultaba realmente… interesante.

"[Elsa]: ¿A qué hora?"

La pelirroja respondió al instante.

"[Anya Romanova]: Sabía que algún día dirías que sí. Nos vemos ahí a las ocho".

La blonda miró la hora: seis con treinta. Apenas tendría tiempo, pero no se arrepintió de usar su sábado para ponerse al corriente con todos sus pendientes.

No tardó mucho duchándose y a penas salió del cuarto de baño corrió hasta su closet, para buscar que ponerse. Anya probablemente haría gala de su sangre soviética yendo embutida en un vestido nada apto para el frío que ya hacía y Elsa no quiso quedarse atrás. Después de todo, a ella siempre le había agradado el clima helado.

Cuando estuvo frente al espejo, se sintió satisfecha ante el maquillaje ligero y el vestido plateado que le hacía juego, eligió unos tacones en color negro lo suficientemente altos para considerarse elegantes; levantó su cabello rubio en un moño y rizó los mechones sueltos para enmarcar sus rasgos perfilados.

Guardó su teléfono y sus tarjetas en una cartera, y tomó un su abrigo antes de salir de la habitación. Avisó escuetamente a Runeard de su salida en tanto se dirigía a la puerta, el chófer ya la esperaba.

Dió instrucciones al hombre para que la recogiera cuando ella le avisara antes de bajar del coche, no tardó en encontrar a Anya y a Dimitri. Tal como lo previó, la pelirroja lucía despampanante.

—Mira nada más, eres toda una zorra— Romanova le sonrió cuando llegó hasta ellos—. Apuesto cinco mil rublos a que esta noche consigues a alguien.

—No tengo tiempo para hombres— replicó la pelirroja en tanto entraban al club después que el guardia los dejara pasar—, no sirven más que para darme dolores de cabeza.

"Sobre todo Hans". Entonces recordó al pelirrojo y que Anya era, precisamente, intima amiga suya. "Ya aparecerá" pensó con resignación; no pudo evitar sentirse estúpida por olvidar aquello, ella solita se había metido a la boca del lobo.

"A la boca del oso, Elsa; esto es Rusia. Recuérdalo".

—Eso dolió, Solberg— Dimitri se fingió ofendido.

El club tenía techos altos y una segunda planta, el piso de mármol hacía del repiqueteo de los zapatos un sonido agradable. La barra era bastante amplia y desde su posición, Elsa pudo notar el sin fin de bebidas que servían; varias mesas y sofás estaban distribuidos por todo el lugar, dejando espacio suficiente para la pista de baile. Hizo una nota mental para recordarse halagar el gusto en decoración de Krei.

—Vamos a sentarnos— Anya apresó su muñeca delicadamente y la arrastró hasta un reservado—, siempre nos sentamos aquí cuando venimos.

Elsa asintió, segundos después un joven bien vestido se acercó a ellos para preguntar que gustarían tomar. Anya ordenó un par de botellas─ escandalosamente costosas─ y el tipo desapareció con una sonrisa en el rostro.

—Para que es el dinero de la familia sino para satisfacer los gustos frívolos de los hijos a los que apenas prestan atención— dijo como respuesta a la pregunta no formula de la ceja arqueada de Elsa—. Marko sabe que dejamos buenas propinas.

Marko volvió poco después con el pedido y se marchó tan pronto llegó. Dimitri destapó la botella con manos expertas y sirvió los tragos como quien lo ha hecho toda la vida.

La blonda estaba asimilando el ardor del licor en su estómago cuando Marko se acercó a ellos nuevamente, Dimitri lo miró de forma interrogante e intercambió unas cuantas palabras en ruso que, con el ruido de la música resonando por todo el lugar, Elsa no pudo escuchar.

Dimitri parpadeó y sonrió de lado, asintió y solo entonces Marko la miró.

—El señor Krei pide amablemente le conceda su compañía— comunicó en un inglés torpe. Elsa parpadeó, sorprendida.

—Ella habla ruso, idiota— masculló Anya burlonamente, Marko relajó el gesto.

—¿Dónde está? —preguntó, como única respuesta, el mesero miró en dirección del ventanal ubicado en la segunda planta cuya vista daba perfectamente donde estaban sentados.

Elsa levantó la mirada lentamente, sus orbes de zafiro chocaron con los de Alistair, quien la observaba tras el ventanal con una copa en la mano y una sonrisa apenas distinguible por las luces de colores del club. La blonda miró al par de pelirrojos.

—No seas grosera y ve— Anastasia le propinó un pequeño empujón—, es un buen tipo.

—Eso es verdad, sus empresas tienen contrato con las de mi familia y aunque es un poco orgulloso, también es agradable— Dimitri asintió, después tomó a su novia de la mano—. Vamos a bailar.

Elsa se puso de pie agraciadamente y permitió que Marko la guiara hasta la oficina de Alistair, usó el camino para componer una mascara de agradable seriedad y de un momento a otro se encontró frente a una pesada puerta; el hombre que la custodiaba, cuyo porte era escalofriantemente parecido a la de los gánsteres rusos de las películas, la abrió tan pronto llegó.

Alistair le sonrió una vez entró.

—No podía creer que estabas aquí ni siquiera cuando te vi yo mismo— se acercó a ella y le estrechó la mano—. Que gusto que vinieras.

—Es un lugar encantador, tienes muy buen gusto— halagó en tanto se dejaba guiar hasta el sofá junto al ventanal—. No hace mucho que llegué.

—Eso me dijeron— comentó, no se unió a ella de inmediato; desvió su camino hacia el minibar y tardó varios segundos en escoger una botella de vino. Le ofreció una copa—. Me siento un poco engañado.

—Me pregunto por qué.

—Aquella vez en mi oficina me rechazaste una copa, dijiste que no bebías y esta noche descubro con tristeza que no le haces ni un solo gesto aun buen trago de ron— Elsa no se sorprendió que él la hubiera visto—. No puedes decirme que no dos veces, además— añadió—, este vino es exquisito.

—Estoy segura que puedo decir que no las veces que se me apetezca— replicó la albina, arqueado una ceja.

Por un segundo se permitió pensar que su tono fue lo suficientemente grosero para ofender a Alistair, pero con una sorpresa disimulada descubrió al rubio ensanchando una sonrisa.

—Tienes razón, te ofrezco una disculpa si estoy siendo atrevido.

Fue el turno de Elsa para sonreír.


Hans.

Se dejó guiar por Honeymaren en tanto sus orbes esmeraldas volaban por los rostros de las personas en busca de su mejor amiga, la encontró en la pista acompañada de Dimitri.

—Veo que alguien más los acompaña— comentó Ryder, Hans miró un tercer vaso vacío, el colorado se dijo que no tenía tiempo para adivinar quien era esa tercera persona.

—Es raro que no nos dijeran que vendrían— Honeymaren frunció el ceño—, ¿a ti no te dijeron nada, mi vida?

—No.

—Mejor hay que sentarnos en otra mesa— Ryder abrió camino al otro extremo del bar, la castaña estaba sentándose cuando Hans vislumbró a Anya alejarse de Dimitri y vió una oportunidad.

Ya había perdido el andar de ahí para allá con Elsa por sus estupideces, no dejaría que pasara lo mismo con Anastasia. Ella fue su primera amiga, la conocía desde el preescolar y era la única mujer─ además de su Babushka─ que lo aceptaba tal y como era.

—Ya vengo, voy a hablar con Anya— susurró en el oído de su novia.

—¿Está todo bien entre ustedes? ¿se pelearon? —preguntó la castaña—. Te lo advierto, Hans, más te vale que te arregles con ella porque yo no voy a dejar de ser su amiga si te retira la palabra.

El bermejo se contuvo para no gritarle que ya no se metiera en sus cosas, solo se limitó a apretar los puños y alejarse en busca de su mejor amiga. Ignoró las miradas que le dirigieron un par de jóvenes cuando lo vieron entrar al baño de mujeres.

—Enfermo.

—Asqueroso.

La risa de Anya resonó en un cubículo.

—Me pregunto a quién vamos a linchar ahora— estaba diciendo la pelirroja en tanto salía del cubículo, la sonrisa se le borró de la cara de golpe al verlo—. No sé por qué me sorprende.

—Quiero hablar contigo— la muchacha lo miró, después desvió los ojos hacia la puerta. Hans no dudó en ponerse frente a ella para taparle el paso por si intentaba irse—. No dijiste nada sobre venir esta noche.

Anya rodó los ojos y se acercó al grifo para lavarse las manos.

—Mi Babushka es la única persona a la que le doy explicaciones— replicó, cerró el grifo y sacó un tubo de gloss de su cartera—, este es el baño de chicas por si no lo notaste. Ya sé que eres un depravado, pero no quiero que nos veten de aquí por tu culpa...

—Corta esta mierda, quiero que hablemos porque hace un rato no me dejaste decir nada.

—Yo ya te dije lo que pienso, tú y yo no tenemos más asuntos pendientes— se miró en el espejo en tanto se retocaba el lápiz labial con desinterés—. Piensa en eso, solo no quieras arreglar tu mierda cuando a los demás deje de interesarnos.

—Anastasia— la cobriza ignoró su llamado, guardó el tubo de gloss en la cartera y se dispuso a salir, pero se topó de frente con el pecho Hans—. Nikoláyevna*

—Quítate de en medio Alexandrovich* —el cobrizo la rodeó en un abrazo aplastante.

—Suéltame, asqueroso— la bermeja se revolvió entre sus brazos—. Tus manipulaciones te van a servir muy poco esta vez, así que ya déjame…

—Es Elsa— soltó y Anya se calló de golpe—. Elsa es mi gran secreto.

La muchacha se detuvo abruptamente.

—¿Cómo dices?

—Fue con Elsa con quien engañé a mi novia cuando vivía en Noruega y también a Honeymaren aquella vez de la boda.

Los ojos de Anastasia parecían a punto de salirse de las cuencas cuando la soltó.

—¿Qué? —consiguió decir.

—Un tipo de Drammen estaba de visita en Oslo e invitó a mi grupo de amigos a una fiesta, Elsa también asistió porque su prima la arrastró hasta allá— relató—. Ella acababa de mandar al demonio al cabrón que era su novio en aquella época y yo estaba enojado con GoGo…

Sonrió un poco al acordarse de la chica asiática.

—¿Tu primera novia de verdad? —Hans asintió.

—La cosa fue que nos pusimos hasta arriba de todo el licor que había ahí— siguió—; si nosotros estábamos muy borrachos, el hermano de Elsa…

—Roy.

—… estaba ciego de alcohol, ni siquiera recuerdo cómo me fui con ella, pero cuando despertamos en ese cuarto de hotel a las afueras de Oslo ya había pasado todo— frunció el ceño, detestaba acordarse que aquella noche fue todo menos nítida—. De un momento a otro la sacaba de su casa en la madrugada para ir por ahí o ella me llamaba para colarse en la mía.

—¿Y que es lo que hacían?

—Pues rezar y platicar ten por seguro que no— chasqueó la lengua con ironía.

—Fue una pregunta estúpida, ya me di cuenta— el colorado prefirió no decir nada—. ¿Roland ya lo sabe?

Hans dejó salir una risa cansada.

—Dime si alguna vez te di la impresión de tener tendencias suicidas— Anya arqueó una ceja y él resopló—. Por supuesto que no, soy hombre muerto si Roy se llega enterar que toqué a su hermanita de todas las maneras que te puedas imaginar.

—No necesito ese tipo de información— la pelirroja dejó salir una mueca de asco—, quizá deberías decírselo a Roland. Es tu mejor amigo ¿qué no prefieren los hombres que sus amigos salgan con sus hermanas?

—Solo porque sé que te vas a enojar conmigo no me río de ti— torció los labios en una sonrisa burlona—, tienes un hermano mayor, deberías saber que estás muy lejos de la realidad, a ver— Anya le prestó atención—, cuando llegué a Noruega e hice amigos, algunos ya se conocían de años y naturalmente establecieron reglas para no tener problemas entre ellas— sonrió un poco al recordar sus años en la preparatoria—; créeme cuando te digo que esas reglas ayudaban bastante, solo hubieron tres problemas en todos esos años.

—Deja de irte por las ramas y dime cuales eran esas reglas retrogradas que tenían entre ustedes.

—La primera consistía, obviamente, en la lealtad; la segunda: si alguien de nuestro grupo terminaba con su novia, la tía estaba cancelada para el resto y la tercera: teníamos estrictamente prohibido fijarnos en las hermanas o primas de un miembro del grupo.

—¿Qué si las rompían?

—Se castigaba con un puñetazo de cada uno y obviamente el exilio.

—Machos tenían que ser— Anya rodó los ojos—, ¿cuáles fueron esos tres problemas?

—El primero fue mi primo Eugene, el imbécil pensó que se iba a librar porque estaba en la gracia de Roland; obviamente no fue así y pagó por fijarse en la loca de su novia.

—¿Qué más le daba a Roland que Eugene anduviera tras de esa chica?

—Pues que en quién se fijó ese hippie fue precisamente en la prima de Roy—Anya elevó las cejas—, el segundo fue Elsa.

La pelirroja prestó atención.

—¿Te acuerdas de Jack Frost?

—¿Qué con ese payaso? ...no me digas qué él y Elsa…

—Sí, el hijo de perra era muy amigo de Roland─ no tanto como yo, claro está─ logró que Elsa lo quisiera sin que nadie lo notara y pensó que Roy le iba a reír la gracia.

—¿Lo golpearon?

Hans sonrió, una sensación de satisfacción lo inundó al acordarse del puñetazo que asestó cuando fue su turno. Si bien en ese momento no tenía nada con la blonda, la tirria que le tenía a ese cabrón por ser el único─ además de Roy, obviamente─ en contar con la buena voluntad de la rubia.

—Es tan blanco que pasaron semanas para que los golpes se le borraran del todo. Y el ultimo fue mi prima Ariel.

—¿Por qué…?

—Eso es lo de menos, el punto aquí es que quiero que mi mejor amiga me perdone otra idiotez— trató de abrazarla otra vez, pero la cobriza retrocedió.

—¿Alguien mas sabe lo que me acabas de contar?

—Lo de las reglas y los problemas lo saben todas mis amistades de Noruega…

—Hablo de Elsa.

—Eugene, mi ex novia, una chica que se llama Merida, el mejor amigo de Elsa y su ex se enteraron por accidente.

—Con lo discretos que son me asombra que Roland aun no lo sepa.

—No te estés burlando, es la verdad— resopló—. Eres la primera a la que se lo cuento porque de verdad quiero hacerlo— se sumieron en un silencio tranquilo hasta que Anastasia se acercó a él y le rodeó la cintura con los brazos—. Lo siento mucho, Anya.

—Disculpas aceptadas, pero debes entender que no solo puedes recibir. Hay que dar también.

Volvieron afuera, Hans arrastró a Anya hacia la mesa que eligieron cuando llegaron.

—¿Por qué se tardaron tanto? —preguntó Honeymaren—, ¿ya arreglaron todo?

—¿No te enseñó tu Babushka que es de muy mal gusto inmiscuirte en los asuntos de los demás? —replicó la pelirroja.

—Dimitri te estaba buscando.

Miraron en dirección de la mesa de Anastasia, Dimitri paseaba la mirada por todo el lugar.

—Anda, vamos ya— Romanova tiró de la mano de Hans.

—Creí que nos sentaríamos aquí— Honeymaren se puso de pie con indecisión.

—Hans ha vuelto a mi gracia, además parecen unos pringados sentados aquí.

Se movieron entre el gentío apartando tipos a empujones hasta que llegaron a la mesa. Dimitri resopló al verlos.

—Te eh buscado por todas partes— reprochó.

—Pues no en todas, te faltó el baño de tías— Honeymaren y Dimitri miraron a Hans de inmediato—. Es como mi hermana, no sean sucios.

—Déjense de estupideces, vamos a beber.

—¿Dónde está Ryder? —preguntó Dimitri.

—Bailando y buscando a quien llevarse a la cama esta noche— Honeymaren se encogió de hombros en tanto se hacía un lugar junto a Anya. Hans pareció acordarse de otro asunto al ver el vaso que pertenecía al desconocido.

—¿Con quién vinieron?

Dimitri miró a Anya, quien se encogió de hombros. Hans la imitó y le quitó el vaso con ron a su amiga, se dijo que ya se enteraría conforme pasara la noche.

Paseó la mirada por el lugar para ver si reconocía a alguien, se llevó el vaso a los labios y casi se ahogó con el licor cuando sus orbes esmeraldas chocaron con el ventanal frente a la mesa. Elsa estaba de pie muy cerca de Alistair Krei y no parecía del todo aburrida.

La garganta le ardió y estaba seguro que no solo era por el ron.


Elsa.

—¿Sabe tu abuelo que has venido? —se volvió hacia Alistair.

—Lo saben, sí— asintió—. Aunque eso no significa que le haya pedido permiso.

—Mira, Elsa; eres una joven muy inteligente y sí, también eres muy guapa; pero si estás aquí porque Runeard te lo pidió, puedes ir diciéndole que mi respuesta sigue siendo no.

Aquello le resultó de lo mas gracioso que no pudo evitar reírse, Krei arqueó una ceja.

—¿Qué es tan divertido?

—Eso, tú mismo dijiste que soy muy inteligente, ya sabía yo que mi abuelo se tenía algo entre manos y no me sorprende que no titubeara en usarme— explicó—. Y yo sé que te queda claro que, si eh subido aquí es porque quise, me ofendería mucho si pensaras que soy una interesada.

Alistair se lo pensó un momento.

—Nadie que se apellide Solberg podría ser interesado… ambicioso sí, pero interesado jamás— concluyó por fin—. Perdona.

Elsa negó con la cabeza.

—Algo me dice que tú y yo nos vamos a entender muy bien.

—Yo digo que puede ser el inicio de una amistad duradera— replicó, fue el turno de Krei para negar con la cabeza.

Se sumieron en un silencio agradable que Alistair rompió en tanto se acercaba a ella. Elsa le sostuvo la mirada.

—¿Cuándo vas a aceptarme un trago? —preguntó en un murmullo.

—Cuando tenga sed— replicó ladinamente y el rubio dejó salir una carcajada corta que le erizó la piel.

Elsa entonces se rió también.

—Señor Krei— ambos blondos miraron a Judy. Elsa se preguntó desde cuando estaba la mujer ahí.

Definitivamente, ese hombre lograba distraerla más de lo que pensó.

"Y de lo que está permitido" se dijo, sintiéndose contrariada por la interrupción.

—¿Qué pasa? —preguntó Krei, sin despegar los ojos de Elsa.

—Tiene una reunión de ultimo minuto— contestó la rusa pelinegra—, se trata del inversor mexicano.

Alistair asintió.

—Dame un minuto— Judy asintió, miró a Elsa y la blonda le regaló una sonrisa pequeña que fue correspondida—. Me temo que no podré seguir acompañándote esta noche, es una pena.

—Lo es— aceptó.

Alistair la miró a los ojos, pero siguió sin ceder.

—Permiso— tomó una de sus manos y le plantó un delicado beso en el dorso—, ojalá puedas seguir viniendo.

—No necesito venir a este bar para que nos veamos— disfrutó ver los orbes del hombre abrirse ligeramente.

—Tienes razón. Ahora sí, debo irme— soltó su mano con delicadeza y cogió su abrigo, estaba saliendo cuando se volvió hacia ella—. Quédate cuanto quieras y bebe lo que desees, la casa invita.

—No hace falta, gracias.

Alistair volvió a carcajearse y finalmente se fue. Se permitió sonreír como boba una vez estuvo fuera de la mira del ruso, giró para seguir admirando a la gente bailar por el ventanal y entonces la sonrisa se le borró de golpe.

Hans le regresaba la mirada desde la mesa de Anya y lucía todo menos contento.


ACLARACIONES:

Nikoláyevna: Es el segundo nombre de Anastasia, no lo inventé, es el verdadero

Alexandrovich: es el segundo nombre de Hans o el patronímico, recordemos que así es en Rusia .


No saben lo bien que se siente estar de vuelta, gracias por seguir apoyándome en esta travesía. Ojalá que el capítulo de hoy no los decepcione. Los leo.

PS: Mañana actualizaré los drabbles y los long-shots. Espero puedan darse una vuelta por allá.

Los quiero.


Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok.

Harry.