La historia que dejamos pasar


Capítulo 23

Acostada en el sofá de la sala de los Irie, Kotoko supo que se había acostumbrado demasiado a su trabajo, porque el aburrimiento era enorme. En especial si no tenía permitido hacer otra actividad más que ver la televisión o usar el teléfono, como le había dicho Noriko-san cuando quiso ayudarla con los quehaceres de ese día.

Lo peor de todo era que esta le confesó buscar entre sus cosas y darle sus notas a su padre, para que no las estudiara.

Había olvidado que la mamá Irie era capaz de todo con tal de conseguir su cometido.

Resoplando, pulsó el botón para leer otro resumen de película y decidir si quería verla. Tenía que entretenerse con la televisión porque en el móvil había descubierto que las actualizaciones de las redes sociales eran pocas, pues sus conocidos estaban ocupados… lo habitual a hora temprana.

Oyó la perilla de la puerta y miró hacia ella, sonriendo a Noriko-san, que se había asomado para checarla, como toda la mañana.

—¿Necesitas algo, Kotoko-chan?

Negó. —Gracias, oba-sama, estoy bien.

—Quedo atenta —replicó Noriko-san antes de desaparecer.

Haciendo un chasquido, Kotoko retornó la vista a la pantalla.

Momentos más tarde, sin estar convencida con el catálogo sugerido, aunque era el perfil de Yuuki, se puso en pie para buscar en el mueble donde guardaban los discos de Blu-ray. Leyó los títulos hasta que dio con uno que la hizo aplaudir de emoción; no debía dudar de los gustos del menor de los Irie.

Contenta, preparó el aparato y se sentó a disfrutar por millonésima vez a Chihiro y su odisea para regresar a su mundo. Nunca se cansaría de ella; hasta podía repetir algunos de los diálogos como una niña pequeña.

Olvidaba los kanji, pero aquello no.

En el momento en que Chihiro descubría a sus padres convertidos en cerdos, escuchó la puerta y saltó al oír su nombre de parte de sus amigas. Rápido detuvo la reproducción y se paró a saludarlas con un abrazo, que ambas no hicieron demasiado vehemente.

—Estoy tan feliz de verte despierta. Dormías las dos veces que acudí al hospital —dijo Satomi, que le había comentado lo mismo por chat.

—Sí. Yo no pude ir ayer, Miki-kun casi termina en la cárcel por un pleito con un ex compañero de la secundaria. Es un niño.

Satomi y ella jadearon.

—No le den mucha importancia, esta aventura le durará un par de meses de buen comportamiento —manifestó Jinko con una sonrisa pretenciosa. —Estamos aquí por Kotoko.

La puerta se abrió a sus espaldas y apareció Noriko-san con una bandeja de té y galletas. Al notar que eran solo tres tazas, Kotoko se extrañó.

—¿No va a acompañarnos?

—Oh, no, Kotoko-chan, aprovecharé para comprar en el supermercado ahora que tendrás compañía.

—De acuerdo.

—Saben que están en su casa, niñas.

—¡Gracias! —exclamaron las tres y la mayor partió.

Se acomodaron en la mesa y Satomi se encargó de repartir la bebida.

—Ah, genial película —comentó Jinko observando la televisión. —Estás pasándola bien.

—Ahora. Pero volveré a estar aburrida al terminar —se quejó cerrando los ojos tratando de mostrar cara de sufrimiento.

—¿Intercambiamos lugares? —preguntó Jinko.

Satomi rió.

—¿Quién habría adivinado que amarías tanto trabajar, Kotoko?

—Es cierto, Satomi. Kotoko siempre ha sido comprometida y obstinada, pero esperaba los días libres.

—¡Oba-sama no me deja hacer nada! Ni puedo ir a la tienda de revistas para comprar manga.

—Solo serán unos días —le consoló Satomi con voz suave y un abrazo de hombros, igual a como lo haría una madre.

—Me siento como Yuki-chan.

—Ya, mi niña.

Las tres se rieron a carcajadas.

—Entonces, ¿cómo te sientes? —Satomi tomó la palabra recuperando la compostura primero.

—Bien. Solo tengo un par de moretones que están desapareciendo y este pequeño corte —se señaló el cuello con un dedo—. Ni siquiera golpeé mi cabeza para hacer todo este revuelo. —Suspiró. —Puedo cuidarme en casa sin supervisión, únicamente debo descansar. Me pasé horas durmiendo del cansancio, no porque mi cerebro tuviera algo.

—Hablando de eso… ¿cómo te sientes estando aquí? Con la celebración de Yuuki-kun nos comentaste que él también habita esta casa.

—No lo sé. Es… un poco abrumador. Así como creí que nunca volvería a visitar este lugar, pensé que tampoco dormiría en él… y ya he hecho ambas cosas. Pienso en el pasado, los días que tuve aquí, cómo terminó… lo que perdí.

Rompió la galleta sobre el platito haciéndola polvo.

—Yo… ¿saben por qué no dormí? Irie-kun y yo hablamos… fue una confusión, oí a medias y saqué conclusiones que no eran. Sí… —se le hizo un nudo en la garganta—… sí me quería. No iba a casarse para… cumplir su palabra. Todo este tiempo, pensé que no llegó a quererme… aunque sea un poco. Yo también lastimé su corazón… pude haberme casado con él y… ser feliz juntos —expresó con la voz entrecortada, sin llorar.

Satomi le dio un apretón en los hombros.

—Tal vez no me quería lo suficiente para buscarme, ni para que yo creyera en su amor, pero… —se abstrajo unos instantes con la mirada puesta en los restos de la galleta, pensando en la relación romántica que también necesitó de un impulso para destruirse. No era la única responsable en su rompimiento, porque él se quedó de brazos cruzados, mas hizo falta su iniciativa. Pudo esperar a verlo en el altar y no precipitarse a donde estaba; olvidó la paciencia que tuvo para ser correspondida—. Es increíble lo que puede hacer una decisión rápida, ¿no? —agregó al final.

—Kotoko, lo siento. Sé lo mucho que te habría hecho feliz convertirte en su esposa.

—Incluso si él no te merecía —añadió Jinko colocando una galleta de chocolate sobre los restos de la que era sabor mantequilla.

—Estaré bien. Lamento mi parte en frustrar mi vida romántica, pero no me arrepiento de lo que conseguí con eso. Algunas cosas no pueden ser.

Mordió la galleta de chocolate, bañada con pizcas de su hermana de mantequilla.

—Así que… sacando conclusiones. ¿Es más "amable" contigo? Lo que él entienda por esa palabra —se aventuró Jinko, arrugando la nariz.

—Parece que sí. De hecho, desde mi accidente se ha portado excelente, preocupado por mi bienestar. Creo que finalmente hay un punto sano para todos, como el hijo y la hija de dos mejores amigos.

Más que con la celebración de Yuuki.

—Eso explica que estuviese en tu habitación del hospital y su humor.

—Kotoko… ¿y si él te sigue queriendo? —Satomi sugirió vacilante.

—Lo habría dicho, sabe que estoy soltera. —Lo había pensado una noche y concluyó eso.

—Si él te pidiera estar juntos, ¿lo aceptarías? —preguntó Jinko, que era más directa.

Al rechazar lo observado por Satomi, no contempló eso.

Unas mariposas en su estómago la estremecieron a la posibilidad de que la amara… pero estas detuvieron sus alas cuando recordó el sufrimiento que tuvo en el pasado.

—Lo aceptaría solo si me demuestra que en verdad me quiere y que no busca cambiar a quien soy ahora, una Kotoko que no depende de él. Aprendí a vivir sin Irie-kun y puedo seguir haciéndolo si él desea a una persona que no va a regresar —afirmó sin dudarlo.

—¡Ésa es la actitud! —celebró Jinko con un aplauso.

Sonrió.

La Kotoko que quería ser su complemento y que lo seguía sin cuestionarse, ya no existía. Es más, uno de los muchos vídeos que estuvieron con ella en sus momentos bajos le había enseñado que no creyera en ser la media naranja de nadie y así sería. Así mismo, esa fruta era muy ácida, ella era más como una cereza, roja, pequeña y dulce la mayor parte del tiempo.

—No estará de más que lo amenazáramos si ocurre. Para asegurarnos que lo entiende —aseveró Satomi con actitud taimada.

Jinko rió entre dientes.

—Chicas, ¡las quiero!

{…}

La conversación con Noriko-san se interrumpió por una melodía que Kotoko reconoció.

—Ese es tuyo, Kotoko-chan. Revísalo y yo recogeré la mesa, hace mucho que terminó nuestro almuerzo.

Asintió en agradecimiento y se levantó para coger su móvil del estante pegado a la pared. Mirando la pantalla lanzó un gritito al hallarse con una videollamada de Moto-chan.

Aceptó con premura y rió al ver las caras de ella, Marina, Tomoko y Keita apretujadas entre sí.

—¡Hola, Kotoko! —saludaron a coro.

—¡Hola! —exclamó ella contenta de verles. De reojo, vio a Noriko-san mirarla desde la cocina y sonreír.

La imagen se movió y solo Moto-chan permaneció a la vista.

—Cuatro días sin ti se sienten apagados —comentó la pelinegra tocándose la frente mientras negaba. —No tienes ni un año en el hospital y tu poder es asombroso. ¿Cómo lo haces?

—Nosotros también te extrañamos, Kotoko —dijo Marina desde alguna parte y al segundo fue enfocada por Moto-chan. Notó que estaban en la sala de descanso.

—Les extraño, ya quiero regresar —manifestó con añoranza.

—Las recomendaciones de Nakano-sensei son por tu bien y el de los demás —habló Keita y Moto-chan lo puso en la pantalla.

—No seas tan serio, Keita —replicó Marina y Kotoko alcanzó a ver que le dedicaba una mirada de inquina.

—Sin embargo, serás muy bienvenida cuando regreses y me alegrará que vuelvas a hacer lo que te gusta —continuó Keita mostrando su sonrisa amable.

—Sí, te recibiremos con los brazos abiertos el día que te reincorpores. Es un placer trabajar contigo, Kotoko. —La voz dulce de Tomoko hizo saltar su corazón.

¿Qué había hecho para encontrarse personas tan buenas en su trabajo?

—Y lo dice aunque esté feliz de tomar las cirugías en las que asistirías —informó Moto-chan con gracia, volviendo a aparecer en el rectángulo de la pantalla.

Rieron en unísono.

A continuación, Moto-chan le preguntó sobre su estado actual y le platicó de varios temas, hasta llegar a hablarle de que había más rumores entre Irie-kun y ella, así como el interés que Miura-san había adquirido por Nishigaki, a quien había hecho sonrojar de nuevo en público, situación que daba a entender que su relación (Kotoko) con él era historia, o que él no era de fiar porque estaba haciendo de las suyas en su ausencia.

No lo externó en voz alta, pero con lo escuchado, Kotoko sospechó que ya armaban otra relación romántica de ella. Si bien con el protagonista de esta los sentimientos de su parte eran reales.

Ella haría lo mismo en su lugar, en la ficción era popular y genial un romance surgido con el héroe, quien de pronto mostraba una mejor faceta suya.

—Puede ser algo bueno que no estés entre el ciclón —opinó Marina, acomodándose a un lado de Moto-chan.

—Es cierto, se avivarán las aguas cuando vuelvas, pero el mayor furor habrá pasado… creo.

Rió.

—Oye Kotoko… —Moto-chan se mordió el labio. —¿Crees que podrías ir al dormitorio de Irie-sensei?

—¿Eh? —pestañeó sorprendida por la petición.

—¡Sí! —exclamó Marina. —Estupenda idea. Por favor.

—Es una oportunidad única para ver el espacio personal de Irie-sensei.

—Kotoko-chan, muéstraselos. —Noriko-san apareció a su lado y saludó a las chicas. —Verán cosas que yo… Bueno, no es nada. Onii-chan no se enterará. Y si lo hace no va a enfadarse… aunque no tiene nada de especial, solo hay libros, su cama y un escritorio. Naoki es muy soso. Podría tener modelos tridimensionales del cuerpo humano o algo interesante.

—Oba-sama, creo que Irie-kun no necesitaría nada de eso, tiene memoria fotográfica.

—¿Qué! —Las voces de Keita y Tomoko se mezclaron a las de Moto-chan y Marina.

—Con razón es tan listo. ¡Kotoko! ¿Por qué no me lo dijiste? Su presidenta de club de fans debe tener esa información.

Noriko-san soltó una risa jocosa. —Hay muchas cosas que Kotoko-chan sabe de él.

—¡Oba-sama! ¡Ya habían dejado de insistirme!

—Vamos, vamos, tienes el permiso de mamá. Yo tengo las riendas de la casa.

—Anda, Kotoko —dijo Moto-chan.

—Eh, creo que… no podría meterme en su privacidad.

Ya no era la de antaño.

Escuchó el suspiro de las otras.

—Moto-chan, tomaré el número que Kotoko tiene registrado y te mandaré unas fotos del dormitorio. ¡Es muy emocionante colaborar con un club de fans!

—¡OBA-SAMA! ¡La amamos!

Kotoko se dijo que prácticamente enviaría fotos de un cuarto de su casa, por lo que no era su asunto exponer su punto de vista. Y tampoco era como si Irie-kun tuviera algo fuera de lo normal, seguro que su dormitorio no había cambiado en años, con la única excepción de sacar la cama de Yuuki de ahí.

—¡Me hacen sonrojar! ¡Estoy emocionada! Tenía años sin una inspiración así, ¡el juramento a Yuuki-kun me está matando! Haré unas fotografías profesionales. Debo revisar mi difusor para hacer tomas perfectas.

Noriko-san salió de la habitación animada.

—Guau. ¿Irie-sensei es su hijo? —cuestionó Keita.

Rió, sabiendo a qué se refería.

—Bueno, Kotoko, aún no hemos almorzado y no queda mucho tiempo. Tendremos que dejarte, nos encantó verte, ya verás que el tiempo pasará pronto. Sigue descansando.

—¡Nos vemos! —se despidieron a coro sus amigos y Moto-chan colgó tras lanzar un beso.

Kotoko sonrió e iba a bloquear la pantalla cuando sonó un pitido y un mensaje apareció en medio de ella, de Moto-chan.

"Al regresar hablaremos de cómo te fue con Irie-san."

Tenía que habérselo esperado.

{…}

El ruido de la secadora se apagó, pero la sensación del aire caliente permaneció unos momentos más detrás del cuello de Kotoko.

—Me encanta poder hacer esto de nuevo —declaró animada Noriko-san mientras comenzaba a peinar su cabellera amorosamente. —¿Lo recuerdas, Kotoko-chan?

—Sí —susurró cerrando los ojos. Cuando llegó a esa casa por primera vez fue una de las sensaciones más hermosas que sintió, porque era una caricia que rebosaba afecto y que no podía ser comparada con las ocasiones en que alguna compañera hacía de estilista, o ni de las mismas peluqueras a las que iba.

Así también, esa práctica le recordaba un fantasma nebuloso de su infancia, con las manos de su madre haciendo lo mismo. Era como si hiciera un lazo con sus primeros años, nada claros para ella.

No podía decir que su padre le ayudó en eso, pues ni siquiera recordaba alguna ocasión en que él la peinara, y, a juzgar por las fotos donde aparecía siempre con cabello precariamente arreglado, quizá no lo hizo.

Para hacerle justicia, él no dejaba crecer su pelo más que un par de centímetros, cuando su corte estático que no necesitaba de peine, comenzaba a requerirlo.

—Tu cabello crece muy rápido, en octubre apenas rozaba tus hombros y ahora cubre varios centímetros de tu espalda. Ay, la juventud.

Kotoko soltó una risita.

—Y ya que estamos en la juventud, Kotoko-chan. Dime, ¿eres novia de ese guapo doctor de lentes?

¿Por qué todos se empeñaban en eso?

—¿Nishigaki-sensei? No, él está enamorado de una mujer y me pide consejos de detalles que puede tener con ella. Todos han creído que estamos juntos, pero no es así.

—Oh.

—De hecho, este mes quería saber si era buena idea invitarla a ver las flores de cerezo y cuándo era el mejor momento.

—Qué romántico es ese doctor.

—Sí. Eh… ¿y usted por qué ha pensado que es mi novio? ¿Quién le comentó del rumor?

—En el hospital pareció muy interesado en ti. Me preguntó si podría hacerte una visita y como no estaba segura si te caía bien, le pedí su número. A menos que no quieras verlo.

Abrió los ojos y se giró en el suelo para mirar de frente a Noriko-san, sentada en el sillón.

—Eh, no, no, es mi amigo. Y es su casa, oba-sama, puede aceptar a quien quiera. Aunque ya me estoy imponiendo mucho.

—Para nada. Estoy sumamente contenta de tenerte aquí y siempre tengo los brazos abiertos para tus amigos, sabes que te considero una hija más.

Se abrazaron. Estando en ello, la puerta de la sala se abrió e Irie-kun apareció detrás de ella.

—Onii-chan —saludó Noriko-san conforme se separaban. —¿Se te ofrece algo? Oh, es la hora de las noticias, entra. Ya acabamos con la secadora de pelo.

Irie-kun permaneció callado e ingresó a la habitación, acercándose al sofá frente al televisor. Cogió el control remoto y encendió el aparato antes de sentarse.

Kotoko decidió moverse al mueble, pero al querer pararse sintió un calambre en las piernas que la hizo gemir y tambalearse. Ambos la cogieron de cada brazo para que no cayera de bruces.

—Gracias —musitó riéndose con nerviosismo.

Apoyó su palma derecha en el brazo del sillón para levantarse y Noriko-san la liberó. Sin embargo, Irie-kun mantuvo su mano sujetada, auxiliándola hasta que estuvo recta.

Le asintió agradecida, no confiando en que su voz saliera con normalidad.

Tomando lugar en el mismo sofá que él, quien no se alejó para mantener distancia entre ambos, trató de no mostrar que ahora sentía cosquilleos en su mano izquierda.

Podía jurar que él le frotó el dorso con su pulgar.

Cariñosamente.


NA: ¡Hola!

Si solo Naoki hubiese escuchado las conversaciones privadas en este capítulo, se ahorraría mucho ja,ja.

En el próximo, él disfrutará al máximo de tener a Kotoko en su casa. Ya lo verán el martes.

Besos, Karo.


Randa1: Ja,ja,ja, ahora no me puedo quitar esa música de tiburón de mi cabeza. No te la puedes quitar porque se adapta bien a él, un predador acechando a una persona ni enterada.

Sakura Anheli: Sí, ahora Naoki es quien se juega en su relación con ella, para tener algo bueno. Solo falta que no meta la pata muy grave, pero ya lo conocemos ja,ja,ja. Me agrada que esta sea una de las historias que más te gusta, una futura que planeo va con este estilo, ojalá y la llegues a leer :), aquí disfrutamos de la madurez de Kotoko, que hace mucha falta.