Hola Hola

Es día de nuevo cap! yujuu

Por lo que vi les gusto el capitulo anterior, ya saben respondo comentarios abajo

Sin mas que decir nos vemos abajo

Disfruten el nuevo capítulo que esta que arde jejeje

Juvia agarró la copa que Gray le ofrecía y dio un largo sorbo de champán para mojarse la boca, seca de pronto. Luego, musitó:
—Las rosas son muy bonitas, de verdad, son… pero me temo que no has comprendido la razón por la que…
—Comprendo perfectamente —la interrumpió Gray quitándole las flores y desabrochándose la chaqueta—. Has hecho la elección más lógica —añadió dando un sorbo de champán, desanudándose la corbata y quitándosela para dejarla junto a la chaqueta—. Ya no hay sitio para ti en la vida de Lyon. Con un poco de suerte, no serías para él más que una tentación que no puede permitirse, y en el peor de los casos simplemente un problema, Sherria Blendy es la hija de su jefe. Y él está profundamente…
—No es a eso a lo que me refiero, Gray —intervino Juvia con voz trémula, a pesar de sus esfuerzos.
Una mano morena le quitó la copa de champán de las manos temblorosas para dejarla a un lado.
—No seas tan tímida, Juvia. No hará falta que hablemos de Lyon nunca más porque no pienso traerte a Court cuando él venga a visitar a Hiroshi.
Juvia sacó la punta de la lengua para humedecerse el labio inferior.
—Pero creo que has entendido mal… Cuando te llamé, no estaba…
—Hablas demasiado—contestó Gray con los ojos negros fijos sobre sus generosos labios. Juvia se quedó sin aliento, sintió un cosquilleo en los pechos, un inmenso calor entre las piernas. Con un solo movimiento, Gray la atrajo a sus brazos—Y ahora mismo no me apetece hablar…lo que quiero hacer es tumbarte sobre mi cama y hacerte el amor una y otra vez. Entonces, sabré que no hay vuelta atrás —recalcó con voz ronca.
La boca de Gray se inclinó sobre la de ella en un beso apasionado que la devoró casi por entero y la dejó temblando. Su lengua se deslizó profundamente entre los labios de ella en una imitación electrizante de la penetración que pensaba realizar. Juvia sintió su masculinidad excitada contra el vientre, se sintió llevada por la pasión. Estaba tan desesperada por dejarlo hacer exactamente lo que quería con su tembloroso y deseoso cuerpo que dejó escapar un gemido.
Gray gimió de pasión, en voz alta y sin vergüenza, y se inclinó para tomarla en brazos. Luego, empujó la puerta con los hombros para llevarla al dormitorio. Juvia veía estrellas y luces, estaba en el paraíso. Enredó los dedos en su cabello revuelto y acarició con la palma de la mano su mejilla. Después, presionó los labios contra la piel morena de su cuello por encima de la camisa e inhaló lentamente la suave fragancia que emanaba de él. Pero, finalmente, con un estremecimiento, se arrepintió y jadeó:
—¡Gray…suéltame… por favor! —Gray la dejó sobre la cama con dosel. Juvia se sentó y se retiró el pelo de la cara temblorosa—. Antes, por teléfono, me has mal interpretado…
Gray se quedó paralizado en el mismo instante en que se acercaba a ella. Frunció el ceño y escrutó su rostro.
—¿Como es posible que te haya malinterpretado? Algo privado y personal entre tú y yo… ¿qué otra cosa puede ser, sino esto?
—Ha sido culpa mía —contestó Juvia tragando—. ¿Cómo ibas a saber de qué se trata antes de que te lo diga?
—¿De qué diablos estás hablando?
—Te vas a enfadar mucho…
—Ya estoy enfadado —replicó Gray sin vacilar—. Primero sí, luego no…
—No se trata de sexo. se trata de algo mucho más importante…
—¡En este instante no hay nada más importante! —exclamó Gray lleno de frustración, con ojos negros brillantes y airados.
—Gray… ¡Demonios, no hay forma de terminar con esto! —confesó Juvia desesperada. obligándose a sí misma a mirarlo a la cara—. Kaito no es hijo de Lyon… es hijo tuyo.
El silencio se prolongó… se prolongó más allá de lo que Juvia esperaba. Ella respiró temblorosa. Gray estaba tan quieto, que ella prefirió no hablar. Y después sus rasgos se retorcieron en un gesto fiero de condena.
—¿Qué clase de broma pesada es esta?
Juvia vaciló. Sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.
—Pregúntale a Lyon, si no me crees —aconsejó—. Antes de marcharme, le dije a Lyon que estaba esperando un hijo tuyo. Estoy segura de que eso lo admitirá, aunque no quiera contarte toda la verdad.
—¡Esto es indignante…! —gritó Gray incrédulo—. Lyon me dijo que…
Pero el temperamento de Juvia estalló en ese instante sin que pudiera controlarlo, sin previo aviso:
—¡No me importa lo que te dijo Lyon! Yo no tengo por qué inventar excusas o explicar el estúpido comportamiento y las crueles mentiras de tu primo sobre mí, yo no tengo nada que ver con eso…
—Estás mintiendo… tienes que estar mintiendo… —respondió Gray tremendamente pálido.
—¿Y por qué iba yo a mentir? —lo interrumpió Juvia elevando la voz—. ¿Solo por qué no te gusta lo que estás oyendo? Bueno, a mí me da igual. Adelante, Gray, sigue pensando que estoy mintiendo y no hagas caso de nada de esta conversación…
—¡Cállate! —soltó Gray. Juvia parpadeó atónita—. ¿Por qué me gritas como una histérica? ¿Crees que alguien puede tragarse esa historia así, sin más, de repente? Me acosté contigo hace dos años y medio, has tenido tiempo de sobra para decirme que estabas embarazada.
—No quise hacerlo.
—¿Y qué sentido tiene eso? —preguntó Gray incrédulo—. ¿Quieres prestar un poco más de atención a lo que tú misma estás diciendo?
Juvia bajó la cabeza. Se sentía intensamente mortificada.
—Siento mucho que sea tuyo, lo siento de verdad, pero es algo que no puedo cambiar, Gray —musitó en una especie de ruego, con voz trémula—. ¿Qué ves cuando miras a Kaito? tiene los ojos castaños, el cabello negro, la piel aceitunada…
—Dijiste que lo había heredado de tu madre.
—Mentí. Mi madre era tan peli azul como yo —musitó Juvia
—Saliste con Lyon y con sus sospechosos amigos durante semanas, y la mitad del tiempo él estaba demasiado borracho como para darse cuenta siquiera de lo que estabas haciendo —señaló Gray—. ¿Crees que soy tan estúpido como para dejarme impresionar por unos ojos marrones y un cabello castaño? ¡Quién sabe con cuánta gente te acostaste!
—Creo que ya has dicho suficiente —contestó Juvia sintiendo que se le encogía el estómago y saliendo de la cama con los miembros adormecidos—. No tengo por qué aguantar que nadie me trate así.
Gray la agarro del antebrazo al pasar por su lado.
—No voy a disculparme por decir en voz alta lo que pensaría cualquier hombre.
Juvia estaba temblando como una hoja, pero sus ojos, llenos de lágrimas, brillaban llenos de censura.
—Tú fuiste el primer hombre con el que me acosté… ¿en qué te basas para suponer que me convertí en una zorra a las pocas semanas? —preguntó Juvia observando cómo le latía una vena en la sien— Kaito nació ocho meses y tres semanas después de ese fin de semana. Tengo un certificado de nacimiento que lo demuestra. No podría ser hijo de nadie más.
—Pero, si pusimos medios para protegernos…
—¿Cómo lo sabes? —musitó Juvia tensa, reacia a confesarse, pero desafiándolo, sin embargo.
Gray se quedó mirándola con los ojos entornados.
—Dijiste que estabas tomando la píldora anticonceptiva. ¿Quieres decir que fallo?
—No… —contestó Juvia respirando hondo, tras una pausa.
—Entonces, ¿qué quieres decir?
—Nunca tomé la píldora —confesó Juvia temblorosa, y decidida a contarle toda la verdad—. En eso también mentí
—¿Que mentiste…? —repitió Gray dejando caer la mano de su brazo, confuso. Juvia apartó el rostro de él. Estaba colorada de la vergüenza, se sentía culpable, el corazón le latía a toda prisa. Por fin asintió— ¿Por qué?
—Quería quedarme embarazada —confesó Juvia.
—¿Querías quedarte embarazada? —repitió Gray con incredulidad y se alejó de ella a toda prisa, como una pantera a la que su jaula le quedara pequeña, para volver de inmediato a su lado—. ¿Lo confiesas abiertamente ante mí?
—Ahora ya no tiene mucho sentido mentir, así que ya puedes odiarme.
Pero Gray ni siquiera la miraba. De pronto, comenzó a jurar en griego. Antes de que Juvia pudiera detenerlo, Gray salió a grandes zancadas de la habitación, cruzó el salón y abrió la puerta que daba a la Long Gallery con tal brusquedad que esta retumbo y fue a golpear la pared.
—¡Gray! —gritó Juvia persiguiéndolo… ¿A dónde vas?
—¿A dónde crees tú? —preguntó Gray violentamente—, A matar a Lyon… ¡Voy a golpearlo contra la pared más próxima! ¡Por mentir!
—¡Gray, no!
Gray se sacudió la manga para librarse de Juvia, que se había agarrado a ella, y caminó hacia el vestíbulo con zancadas decididas.
—¡No me importa lo que le hicieras tú…! ¡Ni siquiera me importa que hayas tratado de hacer pasar a mi hijo por hijo suyo para conseguir atraparlo! —exclamó en un tono de voz cada vez más alto para detenerse en seco y mirarla de frente—. Nada de eso importa ya, pero no hay excusa para sus mentiras cuando la vida de mi hijo estaba en peligro… Te dejó abandonar esta casa sola, sin un penique, sabiendo que… ¡ese egoísta, ese desgraciado sabía que llevabas a mi hijo en tu vientre, y no solo no me lo dijo, sino que hizo todo lo posible para asegurarse de que no tuviera motivos para seguirte!
—Gray… yo no traté de hacer pasar a Kaito por hijo de Lyon cuando me quedé embarazada —protestó Juvia—. Aunque hubiera querido, era imposible, porque Lyon y yo jamás…
—¡Si no hubieras estado con dos hombres de esta familia, nada de esto habría ocurrido! —la condenó Gray despectivo—. ¡Jugaste con los dos, nos enfrentaste al uno contra el otro, y mira el resultado!
—¡Eso no es justo! —gimió Juvia—. Yo jamás me acosté con Lyon.
—Yo te diré qué es lo que no es justo —respondió Gray haciendo caso omiso, aparentemente, de sus protestas—. Lo que no es justo es lo que le has hecho a mi hijo… él es la víctima inocente
Juvia se quedó completamente pálida. Gray continuo su camino, pero ella dejó de perseguirlo. Ya no tenía tantas ganas de salvar a Lyon de una muerte segura. Jamás había jugado con los dos hombres, no los había enfrentado. Aquella acusación no era justa. Había estado demasiado enamorada, demasiado atormentada por la idea de perder a Gray y, después, por estar embarazada, como para darse cuenta de que Lyon abrigaba algo más que sentimientos de amistad por ella.
De pronto, oyó un grito y un gemido amortiguado corrió a las escaleras. Bajó la mitad de la distancia y se quedó helada al ver el espectáculo. Abajo, en el Gran Hall, Lyon salía inocentemente de desayunar para batirse después en franca retirada. Gray caminaba a zancadas hacia él.
—¿Es que tengo que perseguirte para poder pelearme contigo? —preguntó Gray a voz en grito.
—Así que Juvia te lo ha dicho por fin… ¿Qué te pasa?, te hice un favor contándote esa historia. ¡Y si la hubieras dejado en paz, ella jamás habría vuelto a asomarse por aquí! —Gray pegó a Lyon con tal violencia, que Juvia solo vio un rápido movimiento, y después a Lyon, tratando de ponerse en pie. Pálida y temblorosa, Juvia se aferró a la barandilla — ¿Por qué me echas la culpa a mí cuando por fin conoces las consecuencias de tu error? —añadió Lyon resentido.
Gray comenzó a soltar improperios en griego, y justo entonces una puerta se abrió en la parte de atrás del vestíbulo. Era Kaito, que corrió contento y excitado a lanzarse a las piernas de Gray. Lyon aprovechó para salir por la puerta principal diciendo:
—Me voy a recoger a Sherria al aeropuerto… utilizaremos el apartamento de la ciudad durante una noche o dos…
Gray no dijo nada. Ni siquiera miró en dirección a su primo. Miraba a Kaito fijamente. Inconsciente de lo que ocurría, el niño continuaba tirando a Gray de la ropa, alargando los brazos y pidiendo que lo tomaran en brazos.
—¡Llévame Gray… llévame!
Los ojos de Juvia se llenaron de lágrimas. Trató de calmarse. Cuando volvió a mirar, Gray estaba agachado al nivel de Kaito, diciéndole algo. Podía notar la tensión en sus hombros, pero no veía su rostro. Ella bajó las escaleras y Gray tomó al niño en brazos.
Gray acunó al niño sin dejar de mirarlo, mostrando sin vergüenza sus sentimientos, más intensos que nunca. Sus ojos brillaban como no lo habían hecho jamás. Juvia sintió un nudo en el estómago. Entonces, él la vio y se puso rígido, la miró con tal expresión de enfado y de reproche que sintió que los músculos se le agarrotaban.
—Lo siento… —se disculpó ella, sobrecogida por la culpa.
—Tus disculpas jamás serán suficientes —juró Gray curvando los labios.
Juvia no trató de seguirlo cuando lo vio llevarse a Kaito por las escaleras. Sabía que no podía hacer nada con Gray de tan mal humor. Y además tenía derecho a estar a solas con Kaito.
—Se calmará… antes o después —contentó Hiroshi detrás de ella, sobresaltándola—. Yo que tú lo evitaría mientras tanto —Juvia se volvió. El abuelo de Gray caminaba ya hacia el salón—. Aquí hace frío. Cierra la puerta cuando entres.
Tras una pausa, Juvia reconoció en aquellas palabras una invitación y lo siguió.
—¿Cómo sabías que…?
—Lo sospechaba mucho antes de que llegaras —confirmó el anciano—, Pero lo supe con toda certeza en cuanto lo vi.
—Pero si le dijiste a Lyon que… ¡aquí mismo, anoche, le dijiste que yo era la madre de su hijo!
Hiroshi se sentó lentamente en su sillón.
—Se merecía el susto. Actuó muy mal contándole esas mentiras a Gray —explicó posando unos divertidos ojos azules sobre el rostro atónito de Juvia—. Y si no le hubieras contado tú la verdad a Gray, habría acabado por contársela yo. Ahora es como un oso enfadado, y todo por tu culpa. Deberías haber imaginado lo que suponía para él tener un hijo.
—¡Pues no hace tanto tú mismo deseabas que me deshiciera de él! —replicó Juvia.
—Sí, es cierto —contestó Hiroshi serio—. No quería que lo tuvieras porque estaba convencido de que era de Lyon. Lyon jamás podría igualar a Gray y lo último que necesitaba era una esposa que solo estaba con él porque no podía conseguir a su primo.
—¡Pero si yo jamás miré a Lyon más que como a un amigo! —contestó Juvia poniéndose toda colorada.
—Bueno, en aquella época yo no tenía ni la más remota idea de que Gray y tú habíais estado juntos en el Folly, sin hacer nada bueno —admitió Hiroshi con un reproche directo—. Llevabas semanas con Lyon y, naturalmente, supuse que él era el responsable de tu estado. Ni siquiera hablé de ello con él.
Juvia cambió el peso de su cuerpo de una pierna a la otra. Estaba inquieta, molesta ante los francos reproches de Hiroshi. Seguramente, en algún momento hablaría de los robos. En aquel entonces, su convicción de que era una ladrona había influido en su actitud, Hiroshi continuó:
—Entonces, Gray dejó escapar un comentario. Dijo que Lyon se jactaba de haberte dado dinero para abortar. Pero eso no tenía sentido. Lyon estaba chiflado por ti, hubiera debido desear casarse contigo. Y la explicación más lógica era que tu bebé no era hijo suyo, y él lo sabía… no me hizo falta ir muy lejos para ver que Gray no se comportaba como un mero observador que no tuviera ningún interés.
—¿Y cómo se comportaba entonces? —se apresuró a preguntar Juvia.
Hiroshi la miró con ojos de experto.
—Sigues siendo la admiradora más devota de Gray, ¿verdad? —inquirió divertido—. Diré una cosa en tu favor, Juvia: no eres frívola ni inconstante. Demuestras tener energía y eres insistente y yo admiro mucho eso en una mujer.
La puerta del salón se abrió y Kiyoshi Loxar entró con el periódico del día. Hiroshi le dirigió una inesperada y calurosa sonrisa.
—¡Kiyoshi, viejo amigo… eso de soltar a Kaito justo a tiempo ha sido un toque maestro!
—Gracias, señor.
Juvia asimiló aquel intercambio de comentarios con perplejidad. La aparición de su hijo en el vestíbulo no había sido, según parecía, pura casualidad.
—Relajó el ambiente, desde luego —continuó Hiroshi en tono de aprobación.
—Bastante, señor… y supongo que después de pasar cierto tiempo en compañía de la joven americana, el señor Lyon encontrará fácil fingir que nada ha ocurrido.
—¿Crees que volverá para Navidad? —preguntó Hiroshi.
—Por supuesto, señor. Yo no me preocuparía por eso—aseguró el padre de Juvia con una sonrisa cínica, recogiendo una manta para echársela a Hiroshi por las piernas casi con ternura.
—Me gustaría poder estar orgulloso de ese chico —Comentó el anciano con pesar—. Gray es más recto que una vara, con él no hay peligro… De dos, uno; no debería quejarme, ¿no crees?
Juvia, mareada y atontada, perfectamente consciente de que ya nadie reparaba en su presencia, se marchó. Sin embargo, sabía que jamás olvidaría aquella imagen de Hiroshi con su padre: el diálogo de dos amigos que se conocían de toda la vida. Por primen vez, había comprendido que la distancia formal que mantenían en público no era una muestra real de sus verdaderas relaciones, y que, tras la lealtad de su padre, se escondía un afecto verdadero.

Bueeeno que les parecio, ah?

Al final Juvia por fin dijo la verdad pero la reacción de Gray...valgame Dios, aunque no podemos decir que no fue una reacción racional, siento que cualquiera hubiese reaccionado asi..Lyon se gano lo que se merecía aunque un poquito altanera su reacción después del puño, no creen?

Muchas muchas gracias por las lecturas, los comentarios, los follows y los favoritos.

Gracias a Lymar Vastia, amo que comentes me haces mis días jajaja, estoy deacuerdo, el mismo Gray dijo que no era de esos y mirenlo ahora con rosas y champaña, aunque la noche no creo que le haya salido como la esperaba jejeje, espero te haya gustado el cap

Gracias también a Blue-Azul-Acero por tu comentario, oye lo ame, representaste exactamente lo que yo pensé en la primeras veces que lo lei, pero tengo que decirte que después de tantas veces de leerlo, y un poco de experiencia personal, debo decir que entiendo a Juvia, es decir, lo ama, y lastimosamente en el corazón uno no manda, pero tiene igual sus sentimientos encontrados, además a la pobre Gray le quito todo el esfuerzo y lo que había conseguido sola en los primeros capítulos, y lo que dijo Jenny en el primer capítulo es verdad, no es fácil que la gente contrate una niñera/empleada que tenga un niño encima sin papá que responda por él.

Sin más que decir espero les haya gustado el capítulo de hoy, nos vemos la próxima!

Los Ama

Ami-chan