Esa noche no pude dormir. No era de extrañar en vista de lo que había sucedido en la calle con Ichigo. Imbécil arrogante. Creerse que podía simplemente anunciar que yo era suya y esperar que cayera en sus brazos. Puede que fantaseara con él pero eso no significaba que me gustara. Era frío, brusco, y grosero. Me aplastaría en cinco minutos si fuera tan tonta como para salir con él.
Y en cuanto a toda esa cosa del Soulfinder, bueno, eso era simplemente extraño.
¿Y qué diablos era un Savant?
Me levanté de la cama y me puse una bata, demasiado inquieta como para estar recostada en la cama dándole vueltas en mi cabeza a la conversación una y otra vez. Había tanto que no comprendía pero tenía miedo de pedir una explicación. Esa cosa de la premonición había sido lisa y llanamente, espeluznante, había conseguido que casi le creyera. Pero no quería cambiar mi vida sólo porque un chico soñó algo que tal vez podría llegar a sucederme. ¿Y qué después? ¿Podría decirme que tengo que vestir sólo en naranja o arriesgarme a ser arrollada por un autobús? ¿Iría al colegio vestida como una mandarina sólo que él lo dice? No, era sólo una estrategia para conseguir que hiciera lo que él quería.
¿Que era qué?
Sentí una punzada en la nuca. Tenía la creciente certeza de que no estaba sola. Nerviosa, me trasladé a la ventana y aparté con cautela la cortina, con la música al estilo de la de Psicosis sonando en mi cabeza.
-¡Cielos!- con el corazón en la boca, me encontré de frente a Ichigo. Literalmente tuve que morderme la lengua para evitar gritar. Se había trepado al manzano y estaba sentado fuera de mi habitación, colgado de la rama. Abrí de la ventana de un golpe.
-¿Qué estás haciendo allí?- susurré molesta- Bájate, desaparece.
-Invítame a pasar- Se hizo palanca a lo largo de la rama.
-Detente ¡bájate!- entrando en pánico, me pregunté si no debería llamar a Joushiro.
-No, no llames a tu papá. Necesito hablar contigo.
Lo eché agitando las manos.
-¡Vete! No te quiero aquí.
-Lo sé- Desistió de la idea de forzar su entrada a mi habitación- Rukia, ¿por qué no sabes que eres una savant?
Contemplé cerrar la ventana a esta bizarra escena de Romeo y Julieta.
-No puedo responder a eso cuando no comprendo la pregunta.
-Me escuchaste hablarte, en tu cabeza. No seguiste simplemente mi sugerencia, oíste las palabras.
-Yo….yo…
Tú me respondiste.
Me le quedé mirando fijo. Lo estaba haciendo otra vez ¿cómo era que se llamaba, telepatía? No, no, yo estaba proyectando, esto no estaba sucediendo.
-Todos los savants pueden hacerlo.
-No estoy escuchando nada. No entiendo de qué me estás hablando.
-Me doy cuenta de eso y tengo que saber por qué.
Confundida, la única estrategia que se me ocurrió fue la negación. Tenía que conseguir sacarlo del manzano.
-Estoy segura de que eso es muy fascinante pero es tarde y quiero dormir. Así que….em….buenas noches, Ichigo. Hablamos de esto en algún otro momento.
Tipo nunca.
-¿Ni siquiera me darás una audiencia?- Se cruzó de brazos.
-¿Por qué debería?
-Porque soy tu soulfinder.
-Para con eso. No te comprendo. No eres nada para mí. Eres grosero, frío, ni siquiera te gusto y has aprovechado cada oportunidad para criticarme.
Se metió las manos en los bolsillos.
-¿De modo que eso es lo que piensas de mí?
Asentí.
-Tal vez esto es, no lo sé, tu último plan para humillarme de alguna manera, fingiendo que me deseas.
-¿De verdad que no te gusto, eh?- me dio una risa vacía- Genial, mi soulfinder no me entiende en lo más mínimo.
Me crucé de brazos para esconder el hecho de que estaba temblando.
-¿Qué hay para entender? Los imbéciles son bastante fáciles de leer.
Frustrado ante mis reiterados rechazos, hizo un amague hacia mí.
Di un paso atrás.
-Sal de mi árbol- Mi dedo estaba tembloroso mientras apuntaba hacia la puerta.
Para mi sorpresa, él no se negó, sólo estudió mi rostro, luego asintió.
-Está bien. Pero esto no ha terminado, Rukia. Tenemos que hablar.
-Vete.
-Me estoy yendo- Con eso, se dejó caer al suelo y desapareció en la noche.
Con un sollozo de alivio, cerré de un golpe la ventana y colapsé en la cama. Tirando la manta a mi alrededor, me acurruqué, preguntándome exactamente qué es lo que estaba sucediendo aquí.
Y que iba a hacer yo al respecto.
Esa noche el sueño regresó nuevamente, pero esta vez con mayor detalle. Recordé el hambre, apenas había tenido algo para comer durante días, a excepción de patatas fritas y chocolate. Me dejaban sintiéndome enferma. Mis rodillas estaban sucias y mi cabello enmarañado del lado en que prefería dormir a la noche. Mi boca se sentía dolorida, mis labios hinchados donde había un corte en el interior. Sentada sobre la hierba, me sentí vacía de todo excepto del miedo, un revoltijo en mi estómago con la sensación de pánico que sólo podía conquistar concentrándome en las margaritas. Ellas eran tan blancas, aún en la oscuridad destellaban contra el césped, con los pétalos plegados. Abracé mis rodillas, plegándome a mí misma como si fuera una de ellas.
No me gustaba el olor de aquí, a perros, al humo de los gases de escape de los coches, a basura. Y a una fogata. Odiaba el fuego. El rugir zumbante de la autopista; el tráfico sonaba furioso y apresurado, sin tiempo para una niña perdida.
Esperé.
Entonces el sueño cambió. Esta vez no fue la señora con la pañoleta en la cabeza quien se me acercó, fue Ichigo. Se paró frente a mí y me extendió su mano.
-Eres mía- dijo- He venido a reclamarte.
Me desperté, con el corazón galopando, al tiempo que el amanecer asomaba tras las montañas.
Los días siguientes en la escuela fueron una lenta tortura. A comparación de las primeras semanas en las que casi nunca lo veía, ahora me cruzaba con Ichigo en todo momento. Podía sentir su inquietante mirada mientras caminaba a través del comedor o pasaba por el pasillo. Le rogué a Miyako por aventones a casa e incluso caía en lo de la srta Shiba cuando regresaba para no estar sola en casa. Ichigo me estaba haciendo prisionera. Una cosa era anhelar fervientemente al Hombre-Lobo a la distancia, y otra muy diferente encontrarlo acorralándote a ti.
Era sábado en la mañana y hubo temprano, un suave llamado a la puerta. Juoshiro y Retsu todavía estaban en la cama, así que fui a abrir, tazón de té en mano, esperando que fuera alguna entrega del estudio.
Era Ichigo, sosteniendo un enorme ramo de flores. Me los aventó antes de que pudiera cerrarle la puerta.
-Empecemos de nuevo- Extendió su mano- Hola, soy Ichigo Kurosaki. ¿Y tú eres?
Me aferré a las flores, eran de mis colores favoritos, púrpura y azul.
-Vamos, esta es la parte sencilla. 'Soy Rukia Ukitake y vengo de Inglaterra'.
Se puso en un acento tan ridículo que sentí parte de mi reticencia desdoblarse bajo el impulso de reírme.
-Yo no hablo así.
-Claro que lo haces. Adelante.
-Hola, soy Rukia Ukitake. Soy de Richmond, Inglaterra.
-Ahora tú dices, 'Guau, qué bellas flores. ¿Qué tal si pasa para una confortable tasa de té?
Ese acento tenía que irse. Eché un vistazo por sobre mi hombro, preguntándome si Joushiro o Retsu bajarían.
-Ellos están durmiendo- Ichigo señaló hacia la casa- ¿Qué dices?
-Bueno, son flores encantadoras- Tal vez sí necesitáramos hablar. Aquí era mejor que en la escuela. Me salí del paso- ¿Café?
No parecía del tipo de PG Tips
-Si tú insistes- Sonrió, algo nervioso para lo que suele ser, y entró.
-Vamos a la cocina- Me ocupé encendiendo la hornalla y buscando un jarrón para las flores- ¿Por qué estás aquí?
-¿Acaso no es obvio? Metí la pata. Quiero decir que lo siento.
Le metí el aditivo para plantas al agua.
-Éstas son un buen comienzo- En realidad, era la primera vez que alguien me regalaba flores. Me sentía menos nerviosa durante el día, sabiendo que mis padres estaban justo arriba. Podía hacerle frente a esta conversación si es que él sentía la necesidad de disculparse. Miyako probablemente pensaría que es digno de su propio espacio de noticias si supiera que el gran Ichigo Kurosaki se había rebajado para humillarse frente a una chica.
Ichigo hacía malabares con la cafetera.
-¿Cómo funciona esta cosa?
Se la quité y le mostré cuánto café ponerle.
-¿No estás muy a gusto en una cocina?
-Familia de muchachos- dijo como si eso lo explicara. -Tenemos una cafetera, hace un magnífico café de filtro.
-Y ella se llama tu mamá.
Se echó a reír.
-Ni soñando. Ella se echa de manos y pies en nuestra casa.
Bien, podía hacer esto. Estábamos teniendo una conversación normal acerca de cosas normales.
Tomó su taza y se sentó sobre la barra del desayuno.
-Así que dime algo sobre ti. Yo toco guitarra y la batería. ¿Qué me dices de ti?
-Piano, saxo, y guitarra.
-¿Ves?, podemos hablar sin que yo te asuste.
-Seeh- Me arriesgué a mirarlo; me estaba mirando como un oso agazapado sobre un pozo en el hielo, listo para cazar un salmón- ¿Te…te gusta todo tipo de música, o sólo jazz?
-De todo, pero me gusta la libertad de improvisar- Palmeó el lugar de junto a él en la banqueta. Me senté, manteniendo un espacio entre nosotros- Me gusta liberarme de lo que tiene que ser. Para mí es algo así como una caída libre con las notas como paracaídas.
-A mí también me gusta eso.
-Es la música de los músicos. No es tan sencillo como algunos creen pero realmente retribuye cuando le tomas la mano- Me dio una mirada, pidiéndome que entendiera que había otro significado subyacente a sus simples palabras- Quiero decir, tienes que estar verdaderamente confiado como para lanzarte a un solo sin ningún tipo de preparación y no hacer el ridículo. Todos pueden cometer errores cuando apresuran algo, se adentran muy pronto.
-Supongo.
-Realmente no lo sabías.
Oh Dios, iba a plantear otra vez esas cosas de los Savants.
Negó con la cabeza.
-Y no tienes ni la más pálida idea de por qué te advertí aquel día. Piensas que he estado tratando de asustarte.
-¿No lo estabas haciendo? Con todo eso del cuchillo y la sangre.
-No tenía esa intención- Pasó su pulgar por sobre mis nudillos, aferrados contra la mesa entre ambos- Es curioso estar sentado contigo. Recibo tanto de ti, como si estuvieras transmitiendo en todas las frecuencias.
Fruncí el ceño.
-¿Qué significa eso?
Estiró sus largas piernas, chocando gentilmente con las mías.
-Es difícil de explicar. Lamento haber sido grosero contigo.
-¿Grosero? Pensé que tenías alguna extraña reacción alérgica a las chicas inglesas de tamaño económico.
Me echó un vistazo.
-¿Es eso lo que eres?
-Em..sí.- Me quedé mirando mis pies- Aún a la espera de ese crecimiento repentino que Retsu me ha venido prometiendo desde que tenía catorce.
-Tu estatura es perfecta. Vengo de una familia de gigantescas sequoias; un bonsai es un cambio agradable.
¡Bonsai! Si lo conociera mejor le hubiera pegado en las costillas por eso. Demasiado tímida, lo dejé pasar.
-¿Así que no vas a explicarme cuál ha sido el problema conmigo?
-Hoy no. Ya lo eché a perder una vez; no voy a arriesgarme a arruinarlo una segunda vez por apresurarme. Esto es demasiado importante- Tomó mi mano y se pegó así mismo de lado- Ahí, me lo merecía.
-Estás loco.
-Sip, ese soy yo- Pero aún así no explicó cómo supo que yo había querido hacer eso.
Ichigo soltó mi mano.
-Bien, ya me voy. No quiero presionar mi suerte. Fue un placer conocerte, Rukia. Hasta pronto.
No confiaba en este comportamiento de chico malo reformado, pero Ichigo claramente no iba a dejar pasar esto. El lunes al finalizar la escuela, me estaba esperando junto al auto de Miyako.
-Hola Miyako, ¿cómo te va?
Miyako se le quedó mirando fijamente, luego me miró, con una ceja levantada.
-Bien, Ichigo. ¿Y vos?
-Genial. Rukia, ¿estás lista para ir a casa?- dijo sosteniendo un casco de motocicleta.
-Miyako me dará un aventón.
-Estoy seguro que a ella no le importará si yo lo hago. Quiero asegurarme de que Rukia llegue a casa, ¿está bien, Miyako?
Miyako lucía como si sí le importara, nada menos que porque no confiaba en Ichigo más de lo que yo lo hacía.
-Yo dije que llevaría a Rukia.
Extendió el casco de motocicleta hacia mí.
-¿Por favor?
Ichigo Kurosaki diciendo 'por favor'. Se estaban formando estalactitas en el infierno. Y me estaba ofreciendo cumplir una de mis fantasías privadas: el dejar la escuela montada en la parte trasera de una moto espectacular. Sabía que era una especia de cliché, pero esto era alucinante.
-¿Rukia?- preguntó Miyako, ahora algo preocupada.
Supongo que semejante humildad debería ser fomentada.
-Está bien. Gracias, Miyako. Iré con Ichigo.
Tomé el casco.
-Si estás segura- Echó sus mechones para atrás, un gesto que sabía quería decir que estaba incómoda.
No realmente.
-Te veo mañana.
-Seeh- Su última mirada no me dejó ninguna duda de que iba a tener un interrogatorio acerca de lo que sucediera luego de que se fuera. Ichigo me llevó hacia su moto. Estábamos atrayendo unas cuantas miradas atónitas de los estudiantes que estaban dando vueltas por allí.
-Nunca antes he montado una de éstas- admití mientras me subía detrás de él.
-El secreto está en sujetarse fuerte.
No pude ver su rostro, pero hubiera jurado que estaba sonriendo. Me deslicé hacia delante en enlacé mis brazos alrededor de su cintura, mis piernas rozando su cadera. Saliendo del estacionamiento, viró con la moto colina arriba. Mientras aceleraba, estreché mi sujeción. Sentí la breve caricia de su mano sobre la mía, un toque tranquilizador.
-¿Vas bien allí atrás?
-Bien.
-¿Quieres ir un poco más lejos? Puedo llevarte hacia las montañas. Aún restan cerca de treinta minutos de luz.
-Tal vez un poquito.
Pasó más allá de la vuelta hacia mi casa y subió por la carretera. Se convirtió en un zigzag. Había poco más allá de este punto, sólo unas pocas cabañas de caza y un par de chalets aislados. Se detuvo en un promontorio con una vista del valle. El sol se estaba poniendo por delante de nosotros, bañando todo de un tinte dorado que daba la ilusión de calor a pesar del frío.
Estacionando la motocicleta, me ayudó a bajar y me dejó admirar la vista del lugar por unos minutos. La helada de la noche anterior aún persistente en los parches de sombra, las hojas bordeadas de blanco, crujientes bajo los pies. Podía ver a millas – las montañas a las cuales había ignorado todo el día empujándose nuevamente hacia mis pensamientos concientes, recordándome de mi insignificancia en comparación a ellas.
-Y, Rukia, ¿cómo estuvo tu día?
Una pregunta tan común por parte de Ichigo fue una sorpresa: el Hombre-Lobo ¿convirtiéndose en un cachorrito-lleva-pantuflas? No lo creo. Era algo difícil confiar en él cuando estaba actuando tan normal.
-Bien. Compuse un poco a la hora del almuerzo.
-Te vi en el piano.
-¿No entraste?
Se rió y levantó sus manos en rendición.
-Estoy siendo cuidadoso. Muy, muy cuidadoso contigo. Eres una chica temible.
-¿Yo?
-Piénsalo. Me destripaste en el estacionamiento frente a mis amigos, atajaste mi mejor patada de penal, y me lanzaste fuera de tu manzano. Sí, eres aterradora.
Sonreí.
-Me gusta como suena eso.
Súper Rukia.
Sonrió. ¿No había adivinado mis pensamientos, no?
-Pero lo que más me asusta es que hay tanto que remontar en nuestra relación y tú ni siquiera lo sabes.
Solté un suspiro.
-Está bien, Ichigo, intenta y explícamelo de nuevo. Esta vez escucharé.
Asintió.
-¿Supongo que no sabes nada acerca de los Savants?
-Sé más acerca de fútbol.
Se rió de eso.
-Entonces sólo te daré un poco de información ahora, simplemente para comenzar. Sentémonos aquí por un momento- Me impulsó para que pudiera posarme sobre un tronco caído, poniendo mis ojos a nivel con los suyos mientras se apoyaba contra el tronco. Era lo más cercano que habíamos estado el uno del otro desde lo de la balsa y estaba repentinamente muy conciente de sus ojos moviéndose por sobre mis facciones. Casi se sentía como si fueran sus dedos, y no su mirada, los que estaban acariciando mi piel- ¿Segura de que quieres oírlo? Porque si te lo cuento, tendré que pedirte que lo mantengas en secreto por el bienestar del resto de mi familia.
-¿A quién se lo diría?- Soné extrañamente falta de aliento.
-No lo sé. Tal vez al National Enquirer. A Oprah. Al Comité del Congreso- Su expresión era irónica.
-Eh, no, no y definitivamente nop- me reía, mientras los descartaba con los dedos.
-Entonces, está bien- Sonrió y corrió un mechón de pelo de mi cara. Había una inquietante intensidad en él, como si se estuviera conteniendo a raya, temeroso de soltar las riendas. Un poco nerviosa, busqué a tientas por una de mis habituales técnicas de distracción, intentando reproducir este encuentro como uno de mis cómics imaginarios, pero me encontré con que no podía. Él me hacía quedarme justo en el aquí y ahora, completamente en foco. Los colores – su pelo, sus ojos, su ropa - no eran impetuosos, sino sutiles, brillantes, de múltiples tonalidades. Como si la alta definición se hubiera encendido en mi cabeza.
-Savants: yo soy uno. Toda mi familia lo es, pero tengo una dosis más alta por ser el séptimo hijo. Mi mamá es la séptima hija también.
-¿Y eso lo hace peor?
Podía contar cada una de las pestañas que enmarcaban sus espectaculares ojos.
-Sí, existe un efecto multiplicador. Los Savants presentan estos dones, es como tener un cambio extra en el auto, nos hace ir un poco más rápido y más lejos que la gente normal.
-Correcto. Está bien.
Hizo suaves círculos con su mano sobre mi rodilla, calmándome.
-Significa que podemos hablar telepáticamente entre nosotros. Con las personas que no tienen el gen de los Savant, ellos pueden sentir una idea, un impulso, no escuchan la voz. Eso pensé que sucedería cuando te hablé en el campo de juego.
Estaba bastante sorprendido cuando me entendiste; pasmado, de hecho.
-¿Porque..?
-Porque eso significa que eres telépata también. Y cuando un Soulfinder le habla telepáticamente a su compañero, es como si todas las luces de un edificio se encendieran. Tú me encendiste como Las Vegas.
-Ya veo- No quería creer en nada de esto pero recordé escuchar su voz diciéndome que flotara cuando me había caído de la balsa. Pero tenía que ser una coincidencia, no permitiría que fuera nada más.
Él apoyó su cabeza contra la mía. Hice un sutil movimiento de retroceso pero él pasó sus dedos alrededor de mi nuca, manteniéndome gentilmente contra él.
-No, no lo haces. Todavía no. Hay más.
El calor de su mano se filtró para relajar los tensos músculos de mi cuello.
-Pensé que podría haberlo.
-¿Cuando es tu cumpleaños?
¿Qué posible relevancia tendría eso?
-Em…el primero de Marzo. ¿Por qué?
Negó con la cabeza.
-Eso no está bien.
-Es el día de mi adopción.
-Ah, ya veo. Es por eso- Deslizó Sus dedos suavemente por la curva de mis hombros y luego dejó caer su mano para cubrir las mías que las tenía estrechadas sobre mi regazo. Nos quedamos así en silencio por un rato. Sentí una sombra, una presencia en mi cabeza.
-Si, ese soy yo- dijo- Sólo estoy verificando.
Negué con la cabeza.
-No, me estoy imaginando esto.
Dio un largo y sufrido suspiro.
-Sólo estoy comprobando mis datos. No puedo cometer un error en algo como un Soulfinder- Se apartó, la sensación de que él estaba conmigo en retroceso, dejándome sola- Ahora lo comprendo. ¿Vienes de un lugar oscuro, no es cierto?
¿Qué podría decir a eso?
-¿No sabes quiénes son tus padres biológicos?
-No- Mis nervios regresaron, enrollándose horriblemente en mis entrañas como un enjambre de gusanos en una manzana podrida. Él estaba averiguando demasiado. Dejar que la gente se acercara lastimaba, esto tenía que parar.
-De modo que nunca supiste que tenías un don.
-Bueno, eso es porque no lo tengo. Soy común y corriente. Sin ningún cambio extra aquí- Di unos golpecitos a mi cabeza.
-No que hayas descubierto. Pero están allí. Verás, Rukia, cuando un Savant nace, su contraparte, sea chica o chico, también arriba al mismo momento en alguna parte del planeta. Puede ser en la casa de al lado, o tal vez a miles de kilómetros de distancia- Entrelazó sus dedos con los míos-Tú tienes la mitad de nuestros dones, yo la otra. Juntos hacemos un entero. Juntos somos mucho más poderosos.
Hice rodar mis ojos.
-Suena tierno, como un lindo cuento de hadas, pero no puede ser verdad.
-Nada tierno. Piénsalo: las probabilidades de encontrar a tu otra mitad son diminutas. La mayoría de nosotros está condenado a saber que hay algo mejor allí afuera pero que no podemos descubrirlo. Mis padres fueron dos de los afortunados; ellos se tienen el uno al otro gracias a un sabio de la gente de mi papá con el don para rastrear. Ninguno de mis hermanos ha localizado aún a su compañera y cada uno lucha con ello. Es matador saber que las cosas podrían ser mucho más. Por eso es que me apresuré. Era como un hombre hambriento frente a un banquete.
-¿Y si nunca encuentran a su Soulfinder?
-Puede seguir de muchas maneras; desesperación, ira, o aceptación. Se pone peor conforme pasa el tiempo. No había comenzado a preocuparme aún. Soy increíblemente afortunado de escapar a toda esa angustia.
Me rehusé a creer en esta historia que estaba tejiendo y tomé refugio en la impertinencia.
-Parece sencillo para mí. ¿No podrían abrir un servicio de formación de parejas para Savants en Facebook o algo así? Problema resuelto.
Sonrió con ironía.
-Como si no hubiéramos pensado en eso. Pero no se trata exactamente de tu fecha de cumpleaños, sino de cuándo fuiste concebida, eso da una gran variabilidad de nueve meses. Piensa en cuántas personas en el mundo nacieron en o cerca del día de tu cumpleaños. Luego incorpora el factor de bebés prematuros, y de aquellos pasados de su fecha. Estarías rastreando a través de miles. Los Savants son raros, sólo hay uno cada diez mil o algo así. Y no todo Savant vive en un país como el nuestro con computadoras en casa. O siquiera hablan el mismo idioma.
-Seeh, me doy cuenta de eso- Más o menos, si fuera a comprar toda esto, cosa que no hacía.
Acunó mi barbilla suavemente en su palma.
-Pero contra todas las probabilidades, te descubrí. En un campo de fútbol, de todos los lugares posibles. Rukia Ukitake de Richmond, Inglaterra.
Esto era tan extraño.
-¿Qué significa todo esto?
-Significa que esto es todo para nosotros. De por vida.
-¿Estás jodiendo?
Negó con la cabeza.
-Pero sólo estaré aquí por, algo así como un año.
-¿Sólo un año?
-Ese es el plan.
-¿Y qué harán entonces? ¿Regresar a Inglaterra?
Me encogí de hombros, asumiendo una calma que no sentía.
-No lo sé. Depende de Retsu y Joushiro. Va a ser difícil porque habré hecho un año aquí y los cursos son completamente distintos allá en el Reino Unido. No quiero empezar todo de nuevo.
-Entonces encontraremos alguna manera para que te quedes. O te seguiré hasta Inglaterra.
-¿Lo harías?- Estaba híper consciente de que sus dedos se habían entrelazado una vez más con los míos. Nunca había imaginado lo que sería sólo estar de la mano con un chico. Era lindo pero con algo de miedo al mismo tiempo.
-Con un demonio, sí. Esto es serio- Apretó mis dedos, consiguiendo un mejor agarre- Para que ella no corra por la colina.
-Qué quieres decir.
Levantó una de mis manos y la metió en el bolsillo de su chaqueta. Mantuvo sus dedos entrelazados con los míos mientras se inclinaba a mi lado, mirando hacia el mismo punto.
-Pensé que podrías estar algo desconfiada de mí al principio, hasta que lograras acostumbrarte a mí. Al bueno de mí, no al imbécil de mí.
-¿Desconfiada?
-¿Hombre-Lobo, recuerdas? Me catalogaste para el lado oscuro; lo vi en tus pensamientos.
¿Él sabía acerca de lo del Hombre-Lobo? Mátenme ahora, ¿por qué no?
-De ninguna manera, es adorable.
Solté un gemido ahogado por la humillación.
Se rió entre dientes. Estaba disfrutando de mi vergüenza, rata.
-Sé que puedo ser algo difícil para hablar en ocasiones, como cuando nos conocimos en Pueblo Fantasma. Estoy pasando por…- sacudió su cabeza- es duro, de momento. Y a veces, simplemente me veo, abrumado. Demasiado peso sobre mí.
Bien, no me estaba creyendo esta cosa del Soulfinder, pero no podía ignorar el hecho de que él tenía la extraña habilidad de arrancar pensamientos de mi cabeza.
-¿No estás inventado esto? Haces algo, ¿verdad? estaba pensando en la manera en que él siempre parecía saber lo que estaba por decir antes de que lo dijera.
-Hago muchas cosas- El sol se deslizó tras el horizonte, la luz color miel desvaneciéndose en un dorado- Me gustaría hacer algunas cosas contigo Rukia, si es que quieres. Estuve mal en apurarme a reclamarte como mi Soulfinder, necesitas llegar al mismo lugar conmigo. Después de todo, tenemos el resto de nuestras vidas para hacer esto bien.
Tragué saliva. Miyako me había advertido acerca de esto. ¿Qué podría ser más atractivo que un chico diciéndote algo así como que estabas hecha a su medida? Eso era lo que siempre hacían los chicos malos para atraer a las pobres debiluchas en los cuentos, ¿no? Pero en este instante no podía pensar en eso, en todo en lo que podía pensar era en Ichigo, parado allí luciendo tan…bueno…esperanzado.
-¿Qué clase de cosas?
Él gentilmente deslizó su mano libre por mi brazo, entrelazando dedos del otro lado.
-Ir por un paseo.
Sonreí tímidamente.
-Acabamos de hacer eso.
-Entonces ya tildamos la primera opción. La siguiente podría ser ir al cine en Aspen, o arriesgarnos a una cena en Wrickenridge y tener a todos mirándonos toda la noche.
-La película suena bien.
-¿Conmigo?
Miré al piso.
-Puede que me arriesgue. Una vez. Pero todavía no me caes del todo bien.
-Comprendido- Asintió de manera solemne pero sus ojos estaban sonriendo.
-Y esta cosa del Soulfinder: no la creo. No deja espacio para la elección, como si fuera alguna clase de matrimonio cósmicamente acordado.
Hizo una mueca.
-Entonces, por el momento dejaremos eso de lado. De a un paso. ¿Saldrías conmigo?
¿Que debería decir? Me gustaba este Ichigo, el que me trajo flores y pateaba penales sencillos para evitar que la novata sea humillada, pero no me había olvidado del furioso, peligroso Hombre-Lobo.
-Está bien, te daré una oportunidad.
Alzó mis dedos hacia su boca, les dio un pequeño pellizco juguetón, luego soltó.
-Entonces es una cita.
SOLO QUIERO DECIR QUE, A PARTIR DE AHORA SUBIRE DE A DOS CAPITULOS. CREO QUE PODRE HACERLO MAS SEGUIRO. ESPERO QUE LA HISTORIA ESTE SIENDO DE SU AGRADO, AUN NO VAMOS NI POR LA MITAD. GRACIAS POR LEER!
