All For You

Capítulo 23

"Detrás De Las Sonrisas"

"A veces aprendemos de una manera dura, que te golpea en lo más profundo"

(N/A, notas de la autora)

-dialogo-

"pensamientos"

"recuerdos (dialogo)"

Narración


Terry al igual que la mayoría que se había quedado hospedado en Lakewood había escuchado la voz suplicante de la rubia irrumpiendo el silencio y la tranquilidad de aquella propiedad, pidiendo una explicación al chico elegante con lágrimas en los ojos por haberle ocultado, algo, ¿pero que era?. Seria difícil saber ya que observo que la pecosa junto con la chica tímida habían entrado a una habitación, estaba a punto de ir hacia ella y averiguarlo, sin importarle lo sucedido el día anterior, le dolía verla así. Sin embargo antes de dar ese paso, vio como Albert, el chico elegante, el inventor, junto con la dama gruñona y un caballero se dirigían hacia esa habitación, cerrando la puerta tras de sí, encerrando las respuestas a sus dudas. Dejo que pasaran los minutos, pero no había señales de ellos, al pasar casi la hora, las mucamas silenciosamente entraron a dejarle el desayuno en su habitación. Al terminar, salió en busca de la persona que podría darle las respuestas.

Anthony había caminado todo el largo trayecto, llevando su bicicleta a un lado, dejaría que la rubia se tomara el tiempo necesario para que meditara todo lo que le había dicho, él intentaba hacer lo mismo, pero su mente lo torturaba una y otra vez al mostrarle el rostro de la joven cubierto de lágrimas, de aquellas lagrimas que esta vez no dejo que él las quitara, no podía, porque él mismo las había provocado. Se había detenido al salir de aquel bosque y llegar finalmente a la mansión cuando se topó de frente con el castaño, se miraron uno al otro, sin decir nada por varios segundos.

-Pareces como si el patético ahora fuera otro-menciono el actor con ironía, sin embargo el rubio se mantuvo serio, incluso avanzo justo a su lado con la intención de ignorarlo pero nuevamente la voz Terry se hizo presente-¿Qué pasa, ahora si te haces pasar por muerto que ni me escuchas?-el rubio se detuvo haciendo que girara hacia él.

-¿Qué quieres Grandchester?-cuestiono, pensando por un momento que el actor deseaba una revancha, sin embargo creía que no era lo suficientemente estúpido para retarlo nuevamente.

-Me hiciste venir de tan lejos, que al menos merezco escuchar, ¿Qué fue lo que te detuvo para que estuvieras con Candy?, ¿Por qué te hiciste pasar por muerto?-le parecía justo ya que el rubio sabia toda su historia, por lo menos saber si eso estaba relacionado con el llanto recién de la ojiverde.

Para el galeno parecía que hubo un ligero cambio de papeles, pero esta vez no habría retos, ni respuestas forzadas, le pareció razonable contarle aquella historia, incluso cuando llego a Nueva York y vio su rostro en ese día de invierno.


Meses antes…

El cielo nublado y los copos de nieve también se hacían presentes en América, recibiendo así al rubio que días antes no tenía planeado pisar aquel país que lo había visto nacer, siendo la gran dama, la estatua de la libertad quien le daba la bienvenida, por desgracia no podía quedarse una noche a descansar ya que lo solicitaban con urgencia en Chicago, pidió un coche para que del puerto lo llevara a la estación de trenes, y en una de las paradas, pudo ver el afiche de la obra que estaba por estrenarse por parte de la compañía Straford, Romeo y Julieta.

-"Eres un chico con suerte, muy pronto la estrecharas entre tus brazos y no la dejaras ir"-pensó mientras veía la imagen de Terry personificando al hijo de los Montesco de aquella tragedia escrita por Shakespeare.

Mientras que el tren que llevaba a una rubia de ojos verdes ilusionada hacia Nueva York, otro hacia su llegada a la estación, haciendo su arribo finalmente a Chicago. Fue bajando de los vagones de la clase media, negándose rotundamente viajar en una de clase alta, siendo recibido por Archie, George y algunos hombres que los ayudarían con el equipaje. Sin decir una palabra, el chico elegante lo abrazo siendo correspondido por el rubio. Archie sabia la importancia que tenía el que Anthony finalmente estuviera de regreso y que él hubiera aceptado.

-Te extrañe mucho, me alegro que estés aquí-el menor de los Cornwell ya se había despedido previamente de Candy, por lo cual su única prioridad era recibir a su primo.

-Yo también te extrañe, veremos si mi regreso ayuda en algo-menciono tratando de sonar optimista, sin embargo haría lo posible para que las cosas funcionara.

-Así será joven Anthony-comento George tratando de mostrarse sereno a pesar de que estaba emocionado de ver con sus propios ojos al joven que hace un par de años atrás seguía creyendo muerto.

-George, tanto tiempo, es agradable verte-menciono el joven, suponiendo además que a partir de ese momento contaría con él como su mano derecha mientras el verdadero líder regresara.

-Lo mismo digo y espero no incomodarlo, pero tenemos el tiempo contado-dijo al recibir la señal de que todo el equipaje del ojiazul ya había sido bajado y así poder ir a su siguiente destino.

Bajo los copos de nieve varios coches del consorcio Ardley recorrieron las calles de Chicago, haciendo que Anthony se quedara atrapado por el estilo tan diferente a lo que ya se había acostumbrado en Edimburgo. Finalmente se habían detenido frente a una tienda en donde su aparador tenía una variedad de trajes finos y elegantes.

-Haremos una parada aquí antes de ir al consorcio-argumento George mientras la puerta del coche se abría por el lado de donde estaba el rubio.

-De acuerdo, yo me encargare de que tus cosas lleguen con bien a la mansión-menciono Archie viendo a su primo ligeramente abrumado por la situación que estaba viviendo-Y no lo olvides, debemos detener a mi hermano-la expresión del rubio cambio a un preocupado, sin embargo asintió determinado a detenerlo. Bajo del automóvil junto con George y entraron al establecimiento, en donde el sastre en jefe lo llevo a un pequeño salón con varios espejos y maniquís para comenzar hacerle varias medidas.

-George, ¿Hace cuánto supiste que estaba vivo?, acaso, ¿lo supiste todo este tiempo?-comento el ojiazul con un ligero tono de reproche mientras que George le ponía enfrente de él varios sacos para ver cuál color y estilo le quedaría mejor para su presentación.

-En realidad lo supe hace un par de años, uno de los miembros más longevos del clan, me lo dijo en su lecho de muerte para pasarle el dato al Sr. William, pero cuando quise hacerlo, él se había ido de viaje y posteriormente había desparecido, por favor, mídete este-le respondió al mismo tiempo que le extendía un traje de tres piezas color marrón, una camisa blanca y una corbata color azul fuerte.

-¿Cómo fue que el tío abuelo desapareció de repente, no temen que le haya pasado algo, no sé, por su edad?-cuestiono de nuevo Anthony saliendo del probador portando aquel traje, mostrando finalmente al líder que las personas del consorcio Ardley ansiaban ver. George se acercó para acomodar el nudo de la corbata del joven. El rubio comenzó a verse en el espejo, desde su estancia en Escocia, usaba trajes modestos, pero el que portaba sin duda le hacía retroceder a su época de la infancia, no por el estilo ni el color, sino porque lo mostraba como el miembro de los Ardley que muchos creyeron muerto y que él también había dejado atrás. Sintiendo que esa parte de él, poco a poco estaba regresando.

-Esperemos que ese no sea el caso, además, como el actual Director Ejecutivo del consorcio Ardley, es tu derecho saber, que el Sr. William no es tan viejo como todos creen-el asombro del joven se reflejó también el espejo, no esperaba que una cosa así fuera parte del gran misterio que guardara los Ardley.

-¿Entonces, porque decir que es un anciano, porque tenía que ser yo quien lo sustituya si él tiene el suficiente tiempo para dirigir el consorcio?-pregunto ahora dirigiendo nuevamente su mirada hacia George.

-Porque cuando tu abuelo el Sr. William falleció, el siguiente en la línea era apenas un niño, su hijo, el hermano menor de la Sra. Rosemary-con aquello todo comenzaba a tener sentido para el rubio, la pregunta que alguna vez se hizo llegando a Escocia, y el porque era él la esperanza para los ancianos del clan Ardley.

-Mi mamá, su hermano, mi tío, ¿Mi tío William, es la cabeza del clan?-finalmente la identidad de la persona a quien le había pedido que adoptara a aquella bondadosa niña de ojos verdes, se había revelado.

-Así es, y como él no se ha casado, ni formado a una familia, tú eres el siguiente en la línea de sucesión-estaba claro, Candy al ser adoptada nunca podría, jamás sería aceptada, por él cual tuvieron que recurrir a él nuevamente. Pero tenía en claro que no lo haría por ellos, lo haría por sus primos, por ella y por Lakewood.

-¿Qué han sabido de él hasta ahora?-cuestiono incluso más preocupado, no podía culparlo de que quisiera vivir su vida aun siendo tan joven, además de que para su mamá, su hermano William fue muy amado e importante para ella.

-Prometo que te contare todos los detalles después de la reunión, pero ahora debemos irnos-menciono George interceptando al sastre antes de salir del lugar-Le encargo mucho que los trajes estén lo más pronto posible y de favor los mande a la mansión Ardley, uno de nuestros hombres le extenderá un cheque-fueron saliendo dejando a uno de los trabajadores que se encargaba de hacer los pagos mientras ellos podían continuar con su trayecto.


La sala de juntas del consorcio Ardley con su sede central en la ciudad de Chicago, estaba repleta de gente, entre socios, inversionistas, gente de la junta directiva, entre ellos los miembros más longevos del clan, con excepción de la actual matriarca, quien se mantenía al margen de las negociaciones y se encargaba únicamente de la parte social, de mantener la educación, las tradiciones y la reputación de la familia. Las puertas de aquella sala se abrieron dejando pasar primero al joven rubio, con mirada y rostro serio, con una postura recta y firme en su caminar, detrás de él, estaba George y un par de secretarios. Muchos se quedaron asombrados ante la aparición de aquel joven, sin creer que se tratara de aquel que habían creído muerto y que solo pocos sabían la verdad. Mantuvieron su vista hasta que Anthony llego finalmente a la cabecera de la mesa de reuniones, desabrochara el botón de su saco y tomara asiento en aquella silla que le pertenecía al Director Ejecutivo y que por el momento, tomaría posesión de ella.

-Buenos días a todos, soy Anthony Brower, y como Director Ejecutivo pido que demos comienzo a la reunión-sin titubear había dejado a varios satisfechos por su presentación y esa admiración permaneció durante y al final de aquella junta.

Al salir de la junta, él y George llegaron a la oficina que ocuparía mientras el verdadero dueño regresara. Nuevamente retomaron el tema de su tío, un joven que nunca estaba en un lugar fijo, había estado de trotamundos en un intento por conocer el mundo antes de que lo enjaularan a un estilo de vida que tenía predestinado al llegar a este mundo. El amado hermano de Rosemary, quien siempre lo había alentado a explorar el mundo y la vida, el amor que ambos compartían por la naturaleza. El ocultarle que él estaba vivo en un intento por regresarlo a la realidad a su verdadera vida como líder del clan líder y que aun así decidió seguir su propio rumbo, viajando a Londres como cuidador en un zoológico hasta que se había ido a África y a partir de allí, George había perdido contacto con el joven. La tía abuela había caído enferma ante tal noticia, la guerra, la inestabilidad y la posible recesión económica, hacía que el consorcio Ardley pidiera a gritos a su líder, por lo cual, pidieron y suplicaron su regreso.

Su primera noche en Chicago había hecho su llegada, por lo cual finalmente se dirigió a la mansión Ardley, sin embargo, antes de ingresar, llevando un cálido y largo abrigo encima de su traje, quiso explorar los alrededores a pesar de que seguía nevando, también parte de su infancia estaba en ese lugar, sobre todo la casa del árbol que se encontraba en medio de un claro, cuando estaba a punto de ir hacia allá, vio como una cuerda hecha por sabanas caía enfrente de él, fijo su vista hacia arriba, buscando el origen de aquella maniobra, abriendo sus ojos desmesuradamente teniendo cuidado que la nieve no cayera en sus ojos, descubriendo que era desde la ventana de la habitación que siempre le había pertenecido a Stear, él siempre que se escaba lo hacía por la enredadera, pero al ser Stear menos atrevido, le pareció mas practica aquella cuerda improvisada. La tomo y la jalo para asegurarse de que estuviera bien sujetada, a lo cual se arriesgó a subir por ella, ya estando arriba finalmente, entro sigilosamente por la ventana mientras que Stear se mantenía de espaldas acomodando su bufanda y su gorra, tomo un par de maletas, pero una vez que volteo sintió que su alma había escapado, dejándolo por un momento sin voz, sus manos dejaron caer sus maletas y sus piernas se debilitaron haciendo que cayera sentado en el piso.

-¿Piensas irte de viaje, así, sin avisarle a nadie?-cuestiono el rubio mientras se sacudía la poca nieve que se había acumulado en su abrigo y en su cabello. Mientras que Stear se arrastraba de espaldas aun sin creer lo que sus ojos veían, era su primo, Anthony, pero más alto, casi de su estatura, con las facciones más maduras y una voz más grave.

-¡Archie!-grito el nombre de su hermano, para poder comprobar que no era una alucinación ante la ansiedad que sentía su corazón por irse a la guerra y que estaría más cerca de la muerte y reunirse finalmente con su primo.

-¿Qué sucede?-cuestiono el chico elegante al acudir apresuradamente al cuarto de su hermano mayor, encontrándolo en el piso y al rubio estático aun junto a la ventana-Anthony, llegaste-aquella reacción por parte de Archie dejo perplejo al inventor, siguiendo con la mirada a su hermano quien se acercaba a su primo y este aún no se desvanecía.

-Archie, ¿Qué pasa, que significa esto?-se levantó aun temeroso pero poco a poco una esperanza y una felicidad emergía en él, al ver, que realmente Anthony estaba allí. Su hermano tuvo que explicarle todo, desde la cacería de zorros, la estancia de Anthony en Escocia con su padre, su constante comunicación con él por medio de las cartas y la razón de su regreso-Archie, ¡Lo supiste todo este tiempo!, ¡¿Por qué no me dijiste nada, a mí y a Candy?!-le reclamo furioso, dispuesto a tomarlo fuertemente de las solapas hasta que contestaran aquellas preguntas, que viera el dolor causado por su silencio. Sin embargo, como cuando eran niños, Anthony se interpuso, pidiéndole con su mirada que se detuviera.

-Todo fue por protegerla-dijo finalmente el rubio no obstante el mayor de los Cornwell seguía devastado, porque seguía sin comprender a lo que se refería-Archie, por favor, déjame hablar a solas con Stear-el chico elegante se retiró de la habitación, Stear merecía un momento a solas con Anthony-La tía abuela amenazó con alejarlos de Candy si tu sabias la verdad y si Candy llegaba a saberlo, le revocarían su adopción, con la posibilidad de regresarla con los Legan-el joven inventor se negó en creer hasta donde serían capaz, pero comprendía el silencio de su hermano-Entiende, no fue nuestra intención sacarte de esto-

-No, no puede ser que los Ardley sean capaz de eso-dijo mientras se sentaba en uno de sus sillones-No puedo estar más que decepcionado de los Ardley y también decepcionado de ti, ¿Por qué permitiste que te hicieran eso?, tu siempre has sido aguerrido, siempre luchabas por lo que creías correcto-el rubio tuvo que mencionarle las circunstancias por la cual todo aquello también fue en parte su decisión.

-Espero que algún día me perdones, también a Archie, ambos te queremos y eres importante para nosotros-menciono el rubio teniendo la esperanza de que su primo los perdonara.

-Lo están-respondió Stear logrando fundirse en un abrazo con el rubio, encerrando lo mucho que lo había extraño, y el inventor la dicha por saber que él estaba con vida-Aunque en realidad, estoy más feliz de saber que estas de regreso-argumento mientras se soltaban y compartían una sonrisa, pero la de Anthony lentamente se fue desvaneciendo al recordar como había encontrado a Stear.

-Ya tenías planeado huir, ¿verdad?-pregunto haciendo que el inventor se mostrar serio y con una mirada determinada.

-Es algo que ya tenía decidido, no puedo permitir que la guerra llegue hasta América-dijo una vez más ese discurso que ya tenía aprendido y que tanto su hermano y amigos sabían.

-Eso no lo sabes, es posible que eso no pase, ¿lo sabes?-respondió el rubio sin poder aceptar ese sentido patriótico de su primo.

-¿Y si eso pasa?, ¿Y si pude haber hecho algo?, no puedo quedarme aquí inventado tonterías sin preocuparme de nada-dijo mientras se levantaba de su lugar, manteniéndose firme con su decisión.

-Eres Stear, el chico que odia la violencia, es imposible que soportes una guerra-menciono Anthony levantándose también, acercándose a su primo, mirándolo de frente para que se enfrentara con la verdad.

-No puedo cambiar al mundo si me quedo aquí-estaba consciente del tipo de persona que era, pero no por ello se detendría, todo con tal de proteger a las personas que quería.

-¡Tampoco lo harás si mueres!-lo tomo de los hombros para que reaccionara, que entendiera el gran peligro al que se exponía-Solo piénsalo por un momento, esta decisión que estas tomando, no solo te involucra a ti, sino también a mí, a Archie, a Patty-aquel nombre hizo que el inventor respingara, recordando las suplicas de la joven para que él no se fuera-Si, Archie me dijo que ella era una persona muy especial para ti, también lo están todas las personas que te queremos, que te amamos, ¿sabes del dolor que nos causarías con tu partida, si algo llegara a pasarte?, solo piénsalo, por favor, hasta que todo este asunto del tío abuelo se resuelva-lo miro suplicante, esperando que algo de lo que dijo hubiera hecho mella en él.

-Está bien-respondió Stear sin evitar recordar aquel día, el supuesto funeral de la persona que ahora le estaba rogando que se quedara.

-¡Prométemelo!-Anthony quería asegurarse de ello, ya con el hecho de que Candy no estuviera allí, que muy probablemente no regresara, dejar que su primo fuera a la guerra después de su reencuentro, haría su estancia en Chicago insoportable.

-Te lo prometo-con ello ambos se volvieron abrazar, sintiendo que ambos recuperaban algo sumamente valioso, un hermano.

Anthony dejo a su primo descansar y él se dirigió al cuarto que siempre ocupaba cuando era niño, sin embargo la decoración había cambiado completamente, una cama más grande, los muebles más sobrios, con colores monocromáticos, mientras que en un rincón habían puesto sus maletas, aunque todo parecía ya estar acomodado, ocupando un lugar en la habitación, todo esto gracias a la intervención de Archie. No obstante, entre las viejas pertenencias de esa habitación, había un viejo álbum, el cual agarro del librero, se sentó en uno de los sillones y comenzó a hojearlo, viendo algunas fotos de su madre, con aquella sonrisa que siempre recordaba en su corazón, vio varias fotos hasta vio uno donde ella salía con un niño parecido a él, estando seguro que no era el mismo porque nunca en su vida había llevado el pelo tan largo como lo ha tenido siempre, mirando otra foto en donde de nuevo aparecían los tres juntos, su madre sentada en medio, él en su regazo con su traje de marinero, y aquel joven con su kilt escoces.

-El príncipe de la colina-dijo finalmente confirmando la identidad de la persona que había prendado por primera vez a la pecosa. Dejo el álbum sobre el sillón, mientras él se recostaba en su cama, cansado por el viaje, por las emociones recientes, demasiado exhausto e incapaz de reunirse ese día con la tía abuela-Debo encontrar a mi tío-estaba determinado a ayudar a George con la búsqueda, no solo porque deseaba regresar a Escocia y prepararse para irse a Suiza, sino porque también quería encontrar la única conexión que tenía con su madre en esa familia. Siguió viendo el techo sin evitar recordar el rostro de cierta joven-Seguramente aun estas en camino a verlo en Nueva York, debes estar feliz-sonrió deseándole una vez más que ella finalmente fuera feliz.

Al día siguiente había bajado a desayunar para después dirigirse al consorcio, haciendo que lo inevitable sucediera, encontrarse finalmente con la tía abuela, quien ya se encontraba en la cabecera de la mesa. En un inicio Elroy estaba tentada a levantarse de su lugar y correr para abrazar a su sobrino, sin embargo al ver sus ojos, había una frialdad y un vacío que se contrastaba con la sonrisa cordial que le dirigió. Los hermanos Cornwell sintieron aquella tensión e incomodidad al ver que su tía abuela hacia el intento de hacer un comentario agradable al rubio, sin embargo este simplemente se dedicó a ingerir silenciosamente sus alimentos.

-Si me disculpan…-mencionaba el rubio mientras se levantaba de su lugar.

-Anthony-los tres jóvenes miraron a tía Elroy quien había interrumpido la frase del ojiazul-¿Podrías otorgarme unos minutos a solas?-cuestiono ligeramente nerviosa, ansiando que su sobrino accediera.

-De acuerdo, la esperare en el estudio-el joven sin esperar otra palabra de su tía, se retiró. Minutos después, él estaba junto a la ventana viendo el exterior de la mansión, no despego su mirada incluso cuando escucho la puerta abrirse mientras la dama que lo había cuidado en su infancia finalmente había llegado.

-Me alegra mucho verte Anthony, no te imaginas cuanto-comenzó a decir, sin embargo el rubio aún no se dignaba a mirarla-Espero que algún día entiendas que todo lo hice por tu bienestar y que si te herí, espero algún día me perdones-con aquello espero una respuesta diferente de Anthony, no obstante el seguía mirando a través de la ventana, costumbre que había adoptado al vivir en Escocia, como si con ello dejara ir sus preocupaciones, sus tristezas, frustraciones y tristezas.

-¿Recuerda las condiciones que pedí para poder regresar?-cuestiono, viendo en el reflejo del cristal como su tía abuela sentía.

-Sí, solo te quedarías hasta que el tío abuelo William regrese o la situación del consorcio se estabilice, podrás intercalar tu profesión junto con el manejo de las empresas, que se mantenga a discreción tu regreso para que Candice no se dé cuenta de tu presencia y mantener a la familia Legan alejada de ti, Anthony, ¿pero porque…?-no comprendía aquella última petición, cuando quiso cuestionar la razón, finalmente el rubio volteo a verla, con esa mirada fría que le atravesaba y le oprimía el corazón.

-También quiero tener un lugar propio, buscare uno y me mudare-aquella noticia sin duda la había tomado de sorpresa, causándole un nudo en la garganta.

-Pero, esta, es tu casa, tu hogar-ella tenía planeado, que al tener finalmente a su sobrino cerca, podría ganarse su afecto nuevamente.

-Dejo de ser mi hogar hace mucho tiempo-no deseaba mencionar aquel día, su supuesto funeral, pero ambos compartían aquel pensamiento, sin embargo lo que Anthony no estaba dispuesto a compartir, era el techo con ella. Fue acortando la distancia con ella, pero no con la intención de acercarse a ella, si no de salir de la habitación, pero al abrir la puerta, se detuvo-Y también, hace mucho tiempo que la perdone, sin embargo, no podré olvidar lo que me hizo-dijo antes de hacer que el estruendoso sonido de la puerta hiciera eco, dejando que una lagrima descendiera por el rostro de la estricta Elroy Ardley.


Pasando las dos de la tarde, en la recepción del Hospital Santa Juana, un par de enfermeras no esperaban ver llegar a un joven sumamente apuesto, cabellera rubia, ojos azules como un hermoso cielo despejado, un caminar firme y elegante, portando una traje a la medida color gris oxford, camisa blanca y corbata color vino, sin embargo se quedaron sin aliento cuando aquel joven mostro una deslumbrante sonrisa al llegar con ellas.

-Buenas tardes-saludo sin prestarle atención que ambas enfermeras se habían quedado boquiabiertas-¿Serian tan amables de indicarme donde queda la oficina del Director del hospital?-ambas reaccionaron, sin embargo una de ellas fue más rápida al salir del módulo de información, dejando atrás a su compañera con un mohín de disgusto.

-Yo con gusto lo llevo-dijo con un leve sonrojo indicándole que la siguiera.

-Muchas gracias-agradeció, no sin antes dirigirse a la otra enfermera que de inmediato cambio de expresión-Espero que pase un excelente día-dijo con una sonrisa, que logro derretir a la joven, dejándola atrapada en medio de un suspiro.

-¿De casualidad viene a consulta?-cuestiono la enfermera en un intento de tener un tema de conversación y esperando fervientemente que él no tuviera una enfermedad.

-¿Acaso me veo enfermo, cansado?-pregunto genuinamente sorprendido, esperando no verse cansado por los últimos sucesos.

-¡Para nada, se ve usted muy bien!-de inmediato se puso más roja, deseando que la tierra la tragara, pero al escuchar la carcajada del joven rubio, sintió que aquella vergüenza había valido la pena, ya que pudo escuchar tan celestial sonido.

-Te lo agradezco mucho, en realidad vengo para poder trabajar aquí-comento sin darse cuenta en el efecto que causaba al cruzar los pasillos y ser observado por las jóvenes enfermeras.

-¿Lo dice en serio?-cuestiono mientras se detenía y lo miraba de frente con una mirada llena de ilusión.

-Sí, eso espero-respondió, él sabía que aquel hospital era donde Candy trabajaba, pero ante su ida a Nueva York, era lo más cercano que podía estar de ella mientras atendía a los pacientes.

-Esta es su oficina, le deseo mucha suerte Dr…-dijo deteniéndose al no saber cómo se llamaba aquella hermosa visión.

-Anthony Brower y muchas gracias-dijo antes de tocar la puerta y escuchar el "pase" desde adentro para poder entrar.

La enfermera no evito gritar internamente, deseaba que aquel apuesto Doctor entrara a trabajar al hospital, sin duda sería un oasis ante la situación que vivían a causa de la guerra. Minutos después dentro de la oficina del Dr. Leonard, el experimentado medico leía todas las cartas de recomendación que el joven traía, entre ellas de médicos reconocidos que fueron maestros en la Universidad de Edimburgo, incluyendo la del Dr. Klaise quien había sido su mentor para poder ingresar, todos hablaban maravillas del joven, siendo un prodigio, tanto así que había sido aceptado al programa de elite establecido en el Hospital Universitario de Zurich, y al que debía ingresar próximamente.

-Pareces un joven muy capaz, pero al parecer estarás medio día y solo por algunos meses-dijo finalmente el Dr. Leonard no muy convencido de contratar a aquel joven.

-Sí, desafortunadamente por cuestiones familiares, solo podre estar aquí algunas horas, pero le puedo asegurar que daré el mejor de los empeños, mi mayor deseo es ayudar a las personas y que puedan estar al lado de sus seres queridos, sanos-la forma en que se expresaba, la pasión que había en sus palabras, el potencial que estaba dispuesto a aportar, era sin duda, un riesgo dejarlo ir.

-De acuerdo, ¿Cuándo puedes empezar?-argumento el Dr. Leonard siendo arrollado por la vehemencia del rubio por su profesión.

-Ahora mismo-respondió entusiasmado el joven.

En menos de una hora Anthony había comenzado a portar su bata blanca y atender a sus primeros pacientes en el Hospital Santa Juana y fue en menos de un día para que todas la enfermeras corrieran la voz del nuevo Doctor, de lo apuesto, atento y encantador que era, habiéndose ganado el sobrenombre del "Ángel del Hospital". Cuando salió de su turno pidió que no pasaran por él, por lo cual decidió recorrer los alrededores del hospital y buscar aquel lugar, su propio espacio, sus primos lo comprendieron al no querer compartir el techo con la tía abuela y le aseguraron no sentirse ofendidos por ello, al contrario, lo apoyaban completamente. Camino por varios minutos hasta que encontró una enorme casa de dos pisos, pero había un par de ventanas cerradas con un anuncio de "se renta", se preguntaba si se trataba de una casa de huéspedes. Al acercarse se encontró con el dueño de este, interesado en ver el lugar, al entrar se dio cuenta que era pequeño, modesto, pero muy acogedor y agradable para tener su propio espacio, además de quedaba cerca del hospital y así disfrutar del recorrido. Ambos aceptaron el trato, solo necesitaría limpiarlo y en un par de días se realizaría la mudanza, antes de dirigirse a firmar el contrato, le comento que había otras personas viviendo en la casa, esperando que no se molestara por ello, a lo cual Anthony se negó, esperaba llevarse bien con ellos.

-Sí, vive una joven enfermera, muy alegre y una amigo suyo, si gusta puedo presentárselo-decía mientras pasaban enfrente de la puerta en donde vivían ambos huéspedes.

-No, mejor que sea cuando sea la mudanza-el ojiazul no deseaba importunarlos y más cuando oficialmente no eran vecinos, aún.

El joven estaba alegre de poder continuar con su profesión y de haber conseguido un lugar para él, alejarlo por algún momento de ser un Ardley y solo ser Anthony Brower. Todo parecía encaminarse para que él se convirtiera en un excelente médico y algún día dejar atrás toda su vida que había tenido en América y establecerse quizá en Suiza o si lo decidiera, regresar a Escocia, sin embargo, nuevamente el destino le tenía algo preparado y por el cual, él no estaba listo. Al día siguiente finalmente fue presentado ante Annie y Patty, la primera estaba asombrada y confundida al verlo, ya que sabía lo que representaba esa persona para su amiga, al escuchar la explicación junto con Patty de que Archie sabía todo desde un inicio, miles de ideas se formaron en su cabeza, entre ellas, el que Archie todo este tiempo siguiera teniendo sentimientos por la rubia, como lo había descubierto aquella vez en el Colegio San Pablo mientras ella sostenía un regalo de cumpleaños especialmente hecho a mano para el menor de los Cornwell. Pasaron al comedor para desayunar creándose nuevamente esa tensión, aunque Patty hacia lo posible por intercambiar algunas palabras con Stear, quien no se atrevía a comentarle su intento de huida.

-Entonces Anthony, ¿piensas entrar a la Universidad al igual que Stear y Archie?-comento la joven de lentes esperando que su querido inventor no retomara aquella idea de irse a la guerra.

-A decir verdad, yo ya estudie una carrera, medicina-respondió amablemente ya que la joven le parecía dulce y muy agradable, esperaba que su primo se diera cuenta de ello y se quedara a su lado.

-¿Y piensas ejercer a pesar de que estarás a cargo del consorcio?-esta vez fue Annie quien pregunto en un intento de despejar su pesimismo.

-Sí, de hecho el día de ayer comencé a trabajar, estaré haciendo mis residencias en el Hospital Santa Juana-el lugar se llenó de silencio, todos sabían que ese era el lugar en donde Candy trabajaba. Patty estaba a punto de atreverse a lanzar otra pregunta con respecto a la rubia, sin embargo, la ama de llaves se hizo presente mencionando primero aquel nombre que no se habían atrevido a pronunciar y en qué condiciones había llegado a la estación de trenes de Chicago.

Anthony sin pensarlo dos veces, se levantó de su lugar y siendo seguido por sus primos se dirigieron rápidamente a la estación de trenes.

-"¿Qué fue lo que sucedió?, ¿no se supone que en estos momentos debería estar con él?, ¿Por qué?"-pensaba Anthony sin comprender que pudo haber cambiado, que era lo que había fallado en el plan.

Al llegar se dirigieron a la sala de enfermería y allí estaba, inconsciente, pálida y sin embargo sintió que no existía nada más en el mundo, se fue acercando dándose cuenta lo mucho que había cambiado y que a pesar de que estaba convaleciente y frágil, seguía viéndose tan hermosa. Comenzó a revisarla detectando su fiebre alta y posible deshidratación.

-Vendrá con nosotros, yo soy médico-dijo e inmediato cargo a la joven en sus brazos, sintiendo que su corazón se aceleraba, sintiendo esa emoción que únicamente ella le otorgaba al estar a su lado, una calidez que llenaba poco a poco su alma.

Era una sensación que no podía mantenerlo quieto, incluso cuando estaban en el auto, mientras intentaba quitarle el exceso de sudor de su frente con su pañuelo, sin embargo la angustia embargo a su corazón al ver que derramaba un par de lágrimas. Finalmente al llegar a la mansión, pidió que le cambiaran de ropa y así poder continuar con su tratamiento. Cuando finalmente le pusieron una de sus pijamas que llevaba en su equipaje, dejaron que se quedara a solas con ella, tomando su temperatura, viendo que estaba alta, pero no de gravedad, continuo limpiando el exceso de sudor de su rostro, sin poder evitar quedarse embelesado por su rostro, sus pestañas, su nariz respingada y sus pecas.

-"Te has convertido en una hermosa dama, como alguna vez imagine"-un deseo por ver sus hermosos ojos había brotado en él, sin embargo había visto que varias lagrimas hacían su aparición, se sentó a la orilla de la cama con la intención de secarlas.

-Terry, no te vayas-se detuvo al escuchar que comenzaba a delirar, sin embargo el llanto comenzaba a aumentar-No quiero, no quiero estar sin ti Terry-aquello comenzaba a oprimirle el pecho, verla que llamaba a alguien más y además ver que estaba sufriendo, no podía soportarlo.

-No llores-finalmente se había atrevido a secar sus lágrimas, aunque una de las suyas había aparecido.

-¿Quién eres?-pregunto ella aun estando atrapada en medio de aquel delirio.

-Luchare con todas mis fuerzas para que vuelvas a sonreír-acaricio suavemente sus mejillas, sin embargo ella seguía sollozando.

-Pero, ¿Cómo?-respondió, como si lo que hubiera dicho fuera algo absurdo.

-Estaré a tu lado siempre, hasta que seas completamente feliz, lo prometo-lentamente se acercó a su rostro para depositar un suave y cálido beso en su frente para poder sellar su pacto.

Cuando alejo su rostro del de ella, vio como ella lentamente abría sus ojos y hacia un esfuerzo por reconocer donde estaba y con quien. Nada ni nadie lo había preparado para ese encuentro, sin embargo se mantuvo allí, esperando que ella finalmente despertaba, viendo finalmente su mirada de asombro.

-No puede ser-murmuro mientras intentaba enderezarse, sin embargo él la detuvo gentilmente al saber que aún no recuperaba todas sus fuerzas.

-No te levantes, soy médico-fue lo primero que se le ocurrió decir siendo presa del nerviosismo al verse reflejado en los ojos de la pecosa -Sé que estas confundida, te encontramos desmayada en la estación de trenes, de no haber llegado a tiempo pudiste haber contraído una neumonía-siguió hablando en términos en los cuales se sentía en confianza, sin embargo ella seguía mirándolo mientras las lágrimas nuevamente se hacían presentes en compañía de una sonrisa, estuvo a punto de perderse en su mirada, hasta que ella se incorporó sin importarle su advertencia-¡Anthony!-escuchar su nombre nuevamente y sentir sus brazos alrededor de él, hizo que los pedazos de su corazón roto se volvieran juntar, sin embargo sabía que una vez que ella lo soltara otra vez quedarían esparcidos. Y así fue, poco a poco como ella lo iba soltando, al ver su rostro se preguntó si sería capaz de negarle que la seguía amando, la respuesta había llegado al mismo tiempo que su deseo por volver a estrecharla entre sus brazos y no dejarla ir, nunca, sin embargo, ella ya tenía a alguien más, por lo cual no le haría las cosas más difíciles y el tomaría la vía mas fácil.

-Disculpa, ¿Acaso?, ¿Nos conocemos?-dijo sin imaginar en las consecuencias que lo llevarían por haber dicho esas palabras.

Sintió ese enorme vacío cuando ella lo fue soltando, pero comenzó a alarmarse cuando ella tomo su cabeza con ambas manos, sin decir otra palabra, temblando, deseaba tocarla, decirle que todo estaría bien, sin embargo cuando sonó la puerta cerro su mano antes de poder tener contacto con ella. Dio la orden de que pasaran, viendo como tanto sus primos y sus acompañantes se acercaron con la rubia, alegrándose de verla finalmente despierta.

-¿Cómo sigue?-pregunto Stear junto con su hermano mientras que el rubio se levantaba de la cama y se acercaba a ellos para dejar que las señoritas se reunieran con su amiga.

-Mejor, se pudo evitar una neumonía, sin embargo aún tiene un poco de fiebre y debe mantener reposo-no paso más de un segundo cuando la tía abuela hizo su aparición en la habitación dirigiendo una mirada hostil hacia la rubia, como si temiera que su presencia causara nuevos estragos en su sobrino.

-Yo…debo irme-vio como Candy se retiraba la cobijas, de inmediato el galeno reacciono para evitar que ella saliera de la cama.

-¿A dónde crees que vas?-cuestiono mientras se acercaba a ella, deteniéndola y tocando su frente corroborando su diagnóstico -La fiebre no se ha bajado, será mejor que te quedes en la mansión por lo menos esta noche-dijo no solo como una recomendación, sino porque no deseaba perderla de vista, aprovechar cualquier pretexto para poder verse en sus ojos, aunque fuera por muy poco tiempo.

-¡No puedo permitir eso, ella...!-ante el exclamo de su tía abuela, dirigió su mirada hacia ella, pero esta vez no solamente era frialdad, sino también era severa y agresiva, logrando que ella no terminara de decir algo que posiblemente deshiciera aquella mentira que recién había creado.

-Stear, Archie, tía, necesito hablar con ustedes, vayamos al estudio-fue solicitando a pesar de que sus primos no comprendían su petición, mientras que su tía abuela no se retiró no sin antes, dirigirle una última mirada de desprecio a Candy- Descansa, yo después vendré para ver cómo estas-le sonrió en un intento de mantenerla tranquila y que ignorara el desplante de su tía. Se dirigió al estudio, encontrándose tanto con sus primos y su tía ya reunidos allí- Debería ser más amable con mis invitados tía abuela-comenzó a decir duramente a pesar de que evitaba mirarla.

-Sabes muy bien que esa niña ha traído desgracias a esta familia, no puedo permitir que este cerca de ti, ahora que estas de regreso-menciono finalmente la dama aquello que había callado minutos antes en la habitación donde se encontraba la joven enfermera.

-¡Tía, no diga eso!-fue Archie quien levantó la voz a pesar de que su hermano mayor hacia lo posible por calmarlo-Es absurdo que siga pensando eso-al chico elegante le parecía ridícula la lógica de su tía.

-Y yo no puedo permitir que le haga daño, eso también estará incluido entre mis condiciones-dijo firmemente el rubio con aquella miraba que lograba herir los sentimientos de su estricta tía Elroy-Eso y una promesa-tanto su tía como sus primos estuvieron atentos a lo que estaba a punto de decir-Acabo de decirle a Candy, que no la recuerdo-los hermanos Cornwell pensaron en un momento que no habían escuchado bien-Por eso, prométanme que no le dirán la verdad, ¿para usted eso está bien, no tía abuela?, es como si yo ya no tuviera un vínculo con ella, así podrá dejarla de una vez tranquila-vio que su tía a pesar de que no estaba feliz, no parecía tener alguna palabra de reproche.

-Cumpliré con tus condiciones, es una promesa-dijo sin poder soportar un segundo más aquel ambiente hostil por parte de su sobrino, quería recuperarlo, pero ese sin duda, no era el mejor de los momentos. Ella se retiró del estudio.

-¡Anthony!, ¿Pero, por qué?-Archie nuevamente se atrevió a levantar la voz ante la absurda petición de su primo.

-¿Es en serio, le dijiste a Candy que no la recuerdas?-cuestiono Stear siendo más mesurado que su hermano menor.

-Saben que no estaba planeado que yo me encontrara con ella, además, ella tiene a Terry, ¿Cómo creen que se sienta si se da cuenta que mis sentimientos por ella no han cambiado?, no puedo hacer que ella se sienta culpable por ser feliz, prometimos desde un principio protegerla, ¿lo recuerdan?-sus primos se mantuvieron callados por varios segundos, comprendieron que a pesar de que la rubia había regresado, cuando las probabilidades eran que iniciara una nueva vida al lado del actor, aún mantenía una relación con él-Es mejor que ella crea que no la recuerdo y que no hay sentimientos de por medio-la aparición de Anthony, junto con sus sentimientos hacia ella, sin duda Candy antepondría la felicidad de alguien más antes que la suya.

-Entiendo, prometo que no le diré nada-Stear comprendió los sentimientos tanto de Candy como los de Anthony, a pesar de que le desagradaba que alguno de los dos sufriera.

-Yo igual, pero aun así, no puedo estar del todo de acuerdo-menciono Archie alterado dejando la habitación mientras azotaba la puerta tras de sí, sin embargo, segundos después fue seguido por su hermano dejando al rubio solo en el estudio.

-Sí, es lo mejor-se dijo a sí mismo en medio de un suspiro mientras se acercaba al gran ventanal mirando el exterior, aunque por un momento, de su bolsillo, había sacado aquella moneda que siempre llevaba consigo desde su regreso.


Cuando quiso volver a la habitación donde se encontraba Candy, ella ya se había ido, no evito preocuparse por su estado, pero afortunadamente le informaron que ella había regresado a su casa junto con las dos señoritas que la acompañaban. Durante la tarde en hospital no pudo evitar que sus pensamientos rodaran hacia la ojiverde, deseando realmente que se haya recuperado, aunque una angustia persistía al recordar la manera en que ella llamaba a Terry, con una profunda tristeza, sin embargo él mismo lo justifico por el hecho de que no pudo quedarse al lado del actor, no obstante la incógnita del porque no se había quedado en Nueva York lo asaltaba en cada momento. Incluso pensó que se estaba desconcentrado lo suficiente como para ser llamado por el Dr. Leonard antes de acabar su turno, sin embargo fue para indicarle que en dos días se tenía programada un cirugía y asistiría al Dr. Shield, además de ofrecerle que alguna de las enfermeras los asistiera mientras realizaba sus residencias, en un principio pensaba en negarse, sin embargo si quería ayudar a más personas, era una excelente propuesta, por lo cual acepto con agrado, a la espera de que le asignaran a una compañera.

Al día siguiente le notificaron que su nuevo apartamento estaba listo, por lo cual le solicito a uno de sus asistentes que se encargara de la mudanza, a partir de ese día, dejaría la mansión Ardley. Por la tarde en el Hospital, después de salir de la sala de médicos listo para su jornada, una de las enfermeras le indico que el Dr. Leonard lo solicitaba en su oficina. Anthony se dirigió a la oficina de Director, indicándole que finalmente le había encontrado una compañera, su sorpresa fue mayor al ser aquella rubia de ojos verdes que no podía apartar de sus pensamientos aquella enfermera que estaría acompañándolo, sonrió gentilmente, aunque su corazón se estaba acelerando y sus pulmones repentinamente comenzaban a fallarle. No podía creer que aquella fantasía que tuvo tiempo atrás, la cual pensó que nunca se realizaría, estaría realmente sucediendo. Estaba enormemente emocionado que incluso se atrevió tomarla de la mano, sacarla de la oficina del Dr. Leonard, llevarla a un consultorio y jugarle una pequeña broma, a pesar de lo que sabía, no podía evitar comportarse de esa manera, ella era capaz de que se descontrolara de esa forma. Estaba mucho más entusiasmado al atender a sus pacientes que cualquier otro día desde que había comenzado a ejercer, tanto que así que la tarde había pasado demasiado rápido y finalmente dejarla ir a descansar, sin embargo, en la salida vio cómo se iba retirando mientras mencionaba el nombre de su prima en voz alta y no pudo evitar acercarse de nuevo a ella para poder hablar un poco más, sintió nerviosismo cuando le ofreció acompañarla, aquello le parecía inofensivo.

El destino nuevamente hizo de las suyas al descubrir que vivirían en el mismo lugar, era ella quien vivía con su amigo como le había mencionado el Sr. Thomas días antes. Lo invito a conocerlo siendo preso de la curiosidad aunque anteriormente Archie le había advertido acerca del amigo de la rubia. Pero su sorpresa fue mayor, al ver frente a él a alguien tan parecido a su madre, pero con ojos azules como los suyos, vio como caía arrodillado en el piso debido al dolor de cabeza y posteriormente chocar la mirada con él, como si hubiera descubierto algo sumamente importante y valioso, pero ninguno dijo nada frente a Candy y en silencio acordaron seguir de esa manera hasta el anochecer. Anthony sabía que en cualquier momento alguien tocaría a su puerta, sabía que ambos estaban ansiosos de respuestas, y así fue, cuando lo dejo entrar a su apartamento fue complicado que su visitante comenzara hablar, mientras sus recuerdos llegaban precipitadamente y al mismo tiempo trataba de asimilarlos.

-Anthony-fue lo primero que se le ocurrió decir.

-Tío William-respondió él con una sonrisa, y sin decir más Albert lo abrazo, correspondiendo su abrazo. El uno al otro, era lo único que les quedaba de Rosemary Ardley.

-No lo puedo creer, era cierto lo que dijo Candy, estas vivo-dijo al soltarlo y mirarlo de pies a cabeza, asombrado por ver al caballero en el que se había convertido-Mírate, tu madre estaría muy feliz y muy orgullosa-

-Gracias, tío…-

-Solo dime Albert, es raro que me digas tío cuando no estoy tan viejo y somos hasta de la misma estatura-ambos rieron ante la comparación y por aquel maravilloso reencuentro.

-De acuerdo, por favor toma asiento, prepare algo de té-indico el joven preparándose para la charla que tendrían ambos rubios-George me dijo que te habías ido a África y después de allí, ya no supieron nada, ¿Qué fue lo que paso?-menciono después de haber servido el té en ambas tazas.

-Estaba por regresar, pase por Italia, iba en un tren cuando este fue atacado, después de eso llegue a Chicago, porque al parecer era lo único que podía decir, América, Chicago, pero al despertar, no recordaba nada-recordó al ser Poupe quien lo había salvado al saltar del tren y evitar un daño aún más grave-Por eso no podía comunicarme con George, porque ni si quiera sabía quién era-el galeno entendió la razón que lo había llevado estar a cargo de las empresas, pero al tener a su tío enfrente, sabía que no sería por mucho tiempo.

-¿Apenas lo supiste cuando me viste?-cuestiono al entender que haya sido algo tan reciente y nadie de los Ardley, excepto él, lo supiera.

-Sí, volver a verte, vivo, simplemente quede asombrado-ambos compartieron nuevamente una sonrisa- Fue Candy la única que supo quién era y me estuvo cuidando todo este tiempo, ¿Quién lo diría?, mi propia hija adoptiva-agrego, haciendo que la sonrisa del galeno se suavizara aún más.

-No esperaba encontrarte aquí, viviendo con Candy-dijo mientras volvía a llenar ambas tazas siendo seguido por la mirada analítica de su tío.

-Es un alivio que no estés celoso-dijo divertido logrando que su sobrino lo mirara sobresaltado, distrayéndolo, haciendo que el té se desbordara en una de las tazas-Candy es muy distraída, pero por desgracia yo no-advirtió dejando sin escapatoria al rubio que parecía haber sido descubierto en la escena del crimen.

-No, yo…-sin embargo, el más joven quería hacer el intento de salvarse, aunque los ojos de Albert le indicaban que ya era demasiado tarde.

-Vi como la mirabas, recuerdo cuando Vincent miraba así a mi hermana y viceversa, eso fue lo que vi hace unas horas, podrás mentir al decir que no la recuerdas, pero no podrás engañar a tu corazón y tus ojos, son las ventanas en donde se refleja todo lo que estas callando, ¿Por qué?-pregunto al saber que era algo que desanimaba bastante a la pecosa.

-Yo, en realidad, no esperaba verla, pensé que ella se quedaría en Nueva York con…-

-Ellos terminaron-lo interrumpió haciendo que el rubio se quedara perplejo, inmovilizado y sin palabras-Me lo dijo cuando llego, ellos ya no están juntos-Albert continuo, sin embargo su sobrino parpadeaba intentando asimilar lo que acababa de escuchar y fue como termino recordando como la había encontrado en la estación de trenes y ella deliraba con tristeza el nombre de aquel actor.

-Pero no fue porque ella quisiera-dijo finalmente Anthony en medio de susurro comprendiendo el dolor que ahora estaba sintiendo la pecosa al ser separada de su ser amado-Aun así, no puedo decirle la verdad, no puedo interponerme y causarle más angustias de las que ya tiene-fue elevando su voz, determinado en continuar con la farsa.

-¿Temes que ella se preocupe por tus sentimientos antes de ver por los suyos?-cuestiono a pesar de que ya sabía la respuesta y no podía estar desacuerdo con ello-¿Pero no han sufrido los dos ya bastante?-cuestiono siendo Albert quien recordaba aquel día que consoló a Candy por la supuesta muerte de su sobrino.

-Lo sé y por eso hare lo posible para que ella vuelva a ser feliz, voy a descubrir porque ellos se separaron-ya lo había decidido, se aseguraría de cumplir esa promesa antes de poder partir.

-Anthony, ¿Acaso…?-pregunto temiendo que rumbo estaba llevando aquella decisión.

-Hagamos un trato, yo no le diré a Candy ni a nadie a mas, a excepción de George tu identidad y tú no le dirás a Candy todo lo que acabas de escuchar, además-comenzó a negociar el joven dejando que se presentara un intervalo de silencio- Cuando yo me vaya quiero que Lakewood pase a manos de Candy-Albert estaba asombrado por la petición, aquella propiedad que debía pertenecerle al galeno y que seguramente seguía a su nombre bajo las ordenes de la tía Elroy. Sabiendo que su tío era vulnerable con la información referente a su identidad, no le dejaba otra alternativa que aceptar-Trato hecho-sellaron el pacto con un apretón de manos, sin imaginar que Albert trataría de planear algo diferente por su cuenta y entorpecer su plan principal, hacer que Candy regrese al lado de Terry.

Minutos después de que se retirara su tío, Anthony se dirigió finalmente a su habitación, revisando los libros que estaban sobre su escritorio, tomando el que estaba leyendo actualmente. El Conde de Montecristo, lo hojeo hasta que finalmente encontró aquella foto. La tomo entre sus dedos y se fue recostando sobre su cama sin despegar su vista de ella, pensando que únicamente la vería vestida de enfermera en esa fotografía, sin imaginar que tendría la dicha de verla de frente, siendo aquel recuerdo el culpable de hacerlo dormir con una sonrisa en sus labios.


A la mañana siguiente en el consorcio había recibido aquella misma información por parte de su primo, pidiéndole que cambiara de opinión y le dijera finalmente la verdad a la pecosa, sin embargo, aún seguía sin creer que aquella relación terminara, cuando el mismo Archie le había dicho que estaban bien, por lo cual se mantuvo firme con su decisión a pesar del desacuerdo que tuvo con su primo. Después de aquella reunión saco una vez más el objeto que tenía su bolsillo, esa moneda dorada, símbolo y recuerdo de aquel día tan maravilloso que había pasado con la ojiverde, pensaba en ella y sabía que así seria siempre, pero por ahora, en esos días, su propio corazón, egoísta y exigente, disfrutaría de los días en lo que estuviera a su lado, aunque fuera una simple sombra.

Horas después cuando estaba en el hospital recorrió los pasillos mientras se acomodaba su bata recién puesta, hasta que pudo reconocer una voz que lograba vibrar su corazón, al acercarse a los dormitorios de los niños se encontró con la puerta entreabierta y no pudo evitar quedarse prendado en la manera en que la rubia contaba la historia de La Sirenita, aquella joven que se había enamorado de un príncipe, pero al no reconocerla se casa con otra doncella. Sin embargo al ver a dos enfermeras pasar rápidamente cerca de él en dirección a los cuneros, sintió que algo grave había pasado y decidió seguirlas.

Te siento ahora

Yo siempre

Minutos después de haber estabilizado la respiración del bebé se dio cuenta que tanto un médico como Candy se encontraban afuera esperándolo, a lo cual les dio algunas instrucciones a las enfermeras para mantener al bebé estable y que acudieran a él si surgía una emergencia, ellas le agradecieron su amabilidad. Salió mientras se abrochaba su camisa y poder encontrase con ellos.

En la cirugía estaba un poco inquieto al no tener mucha experiencia, sin embargo el Dr. Shield fue una excelente guía, mientras que admiraba lo profesional que era Candy al obedecer sus instrucciones y ser bastante proactiva. Un sentimiento de orgullo acaparaba su corazón.

Te he dibujado

En mi corazón vacío

Siempre estarás tú

Al finalizar le había sugerido que fueran a cenar, la espero algunos minutos hasta que finalmente la vio salir, de nuevo, ese sentimiento, ese calor que sentía hasta el alma verla. Cuando cenaban y se ponían al corriente, tocar por un momento el tema de Terry, fue difícil fingir que no estaba molesto, pensando que tipo de idiota seria ese sujeto como para dejarla ir, pero al mencionar lo orgullosa y feliz que se sentía de verlo, siendo un médico, su respiración fallo por un momento, pero al reponerse le había propuesto que fueran amigos, como si fuera un nuevo inicio para ellos.

Incluso en mis días temblorosos

Vienes a mí como la primavera

El tiempo pasó hasta que su amistad fue puesta a prueba. Cuando finalmente la orillo a que le dijera la verdad, lo que había pasado con Terry, sin duda, su corazón se oprimió al escuchar su llanto, la estrechaba entre sus brazos esperando darle un mínimo de consuelo, sabía que lo único útil que podía hacer, era ver la manera de que ellos dos estuvieran juntos de nuevo, no se habían separado porque se habían dejado de querer, lo habían hecho por una mala jugada del destino, y él sabía perfectamente ser víctima de eso. Haría lo que fuera, lo que sea para que ella volviera a ser feliz, simplemente no podía quedarse de brazos cruzados, aunque el precio fuera dejar que su amada estuviera con alguien más.

Siempre estás conmigo

Para que pueda respirar

Quédate a mi lado

En cada momento

Su madre le había enseñado a quitar las malas hierbas de los rosedales, y para él, eso era algo similar a lo que hacía cuando decidió alejar a Elisa de sus vidas, el hecho de que Candy sufriera por Terry ya era demasiado. No importaba si lo juzgaban de imprudente, caprichoso e impulsivo. Él estaría dispuesto a cuidar su rosa si con ello debía usar su poder como líder de los Ardley. Mientras él estuviera presente no permitiría que nadie la lastimara.

Ahora no puedo recordar los días

Sin tu amor

Enciéndeme como la luna en tu corazón

Cuando todavía este aquí

Días después, en el jardín lateral del Hospital, una de las enfermeras le había confesado sus sentimientos, se sentía sorprendido y alagado, sin embargo, como lo había dicho anteriormente su tío, él era incapaz de engañar a su propio corazón por lo cual tuvo que rechazarla.

-¿Acaso tiene a alguien más?-cuestiono ella sin poder aun asimilar el rechazo, ya que había sido animada a hacerlo por ser una hermosa chica.

-Si, en realidad hay alguien más-respondió con una leve sonrisa logrando que la enfermera se retirara del lugar a pesar de que estaba a punto de romper en llanto.

-"Ella siempre estará en mi corazón"-pensó mientras se retiraba del lugar para poder encontrarse con la dueña de sus pensamientos.

Aunque sus primos hicieron el intento de darle una señal para decirle que Candy aun lo apreciaba, tuvo que seguir fingiendo ya que al saber cómo la pecosa y el actor habían terminado no podía dejar de lado esa fachada, a pesar de que era difícil no verla y quedarse atrapado al ver su sonrisa.

Cuando te miro a los ojos

Trato de transmitirte mis sentimientos

La verdad estaba a punto de ser revelada cuando Neal había engañado a Candy para que se encontrara con él fingiendo que era Terry. La angustia y la rabia que sintió por haber jugado con los sentimientos de ella para atentar con su integridad e incluso con su vida, por eso no dudo en ningún instante para expulsar definitivamente a los Legan de Chicago. Su estabilidad emocional estuvo a prueba nuevamente al encontrarse cara a cara con Terry Grandchester, a pesar de que él se había dado cuenta como miraba a Candy a través de aquella ventana de la oficina del Dr. Leonard.

Incluso en mis días temblorosos

Vienes a mí como la primavera

No podía dejar de sentir esa dicha cuando la tenía entre sus brazos, cuando estuvieron enfrente de Neal y cuando jugó con ella antes de enseñarle la invitación de La Gala. Buscándola con la mirada por todo el Hospital cuando Mary Jane decidió asistirlo. Quedándose sin aliento al verla salir de su habitación, lo hermosa que se veía, sintiéndose afortunado de llevarla a la gala.

-"Después de todo, ¿Qué de malo tenia pasar el tiempo que me quedaba a su lado?"-pensó mientras miraba lo asombrada que estaba al ver la orquesta tocando una hermosa sinfonía.

Trataba de no perderla de vista cuando estaba hablando con los empresarios que le había presentado el Dr. Leonard en la casa del alcalde. Hasta que después de despedirse de Mary Jane vio que salía al lado de Patty tambaleándose.

Siempre estás conmigo

Para que pueda respirar

Quédate a mi lado

En cada momento

Preocupado, pudo alcanzarlas en el lobby, tomando entre sus brazos a la joven para llevarla al automóvil, pidiéndole al chofer que manejara con cuidado para evitar despertar a la joven bruscamente. Hasta que ella fue abriendo sus ojos diciendo cosas que él no lograba entender en un inicio, pensando que quizá lo estaba confundiendo con Terry. Sin embargo sintió que su corazón no podía más cuando ella fue acortando la distancia hasta que finalmente sintió la suavidad de sus labios. Los deseos de su corazón fueron más fuertes que él, haciendo que la tomara entre sus brazos y correspondiendo aquel beso delicadamente, tan lento y calmado para tener el suficiente tiempo para demostrar lo que su corazón llevaba guardando todos esos años en que la extraño terriblemente y que tal vez nunca más volvería a tener aquella preciosa oportunidad. Era su primer beso y era con la mujer que amaba, no podía pedir más en la vida.

Ahora no puedo recordar los días

Sin tu amor

Enciéndeme como la luna en tu corazón

Cuando todavía este aquí

Al día siguiente tuvo que volver a la realidad al darse cuenta que ella no recordaba nada y solo él tendría que guardar aquel recuerdo en lo más profundo de su corazón. Y con ello sus días en Chicago estaban por terminar al ser enviado a Lakewood bajo las órdenes de su tío, siendo el rostro de Candy y la esperanza de volverse a ver pronto, su despedida.

-"Pronto se volverán a encontrar"-pensó una vez estando adentro del automóvil mientras arrancaba para llevarlo a la mansión de las rosas.

Ahora no puedo recordar los días

Sin tu amor

Enciéndeme como la luna en tu corazón

Cuando todavía este aquí

Después de su inesperado encuentro con Tom en el cementerio, sentados junto a su supuesta tumba, hablaron hasta que las estrellas cubrieron el cielo, el tiempo había sido breve para saber la vida del otro, por lo cual Tom lo invito a comer al día siguiente al rancho Stevens, en donde el dueño se alegró y se asombró del regreso del amigo de su hijo, quien siempre procuraba llevarle flores y dejarle una rosa a su madre. Anthony por su lado les hablo de la mentira en la que todos estaban envueltos, su partida a Escocia, viviendo con su padre y sus días en la facultad, logrando que el padre de Tom se horrorizara por un momento al escuchar algo relacionado con hospitales, pero también recordó la reprimenda que recibió de la joven rubia que en ese entonces estudiaba enfermería.

-La última vez que hable mal de los médicos Candy se enfadó conmigo, pero no la culpo, fue con justa razón, gracias a eso aun puedo estar al lado de Tom-el joven invitado no evito sonreír al escuchar eso, pero también supuso que fue por defender el área en la que laboraban y no por él, ya que en ese entonces ella no sabía que seguía con vida-Ahora que recuerdo, tú siempre estabas al lado de Candy cuando fue adoptada por los Ardley, recuerdo ese día que los encontré en el pueblo y les compre el ternero, ¿quieres verlo?, creció bastante-la expresión del rubio cambio reflejando melancolía mientras intentaba aun así sostener una sonrisa amable para el Sr. Stevens.

-Creo que será otro día papá, Anthony tiene cosas que hacer en la mansión Ardley-Tom había notado la expresión de su amigo entendiendo que aquellos recuerdos que aunque eran hermosos también fueron los que causaron que su destino hubiera cambiado.

-Oh claro, me dio gusto volver a verte Anthony, vuelve cuando quieras, siempre tendrás las puertas abiertas-sin notar que había incomodado a su invitado no cuestiono el cambio de actitud de su hijo.

-Se lo agradezco Señor, espero que algún día vengan a comer a mi casa, para mi será un honor-el ojiazul agradeció sinceramente la hospitalidad esperando algún día corresponderles de la misma manera.

-Acompañare a Anthony de regreso-más que un gesto amable, ansiaba saber que más ocultaba su amigo.

-No era necesario que me acompañaras-dijo casi a medio camino mientras cabalgaba moderadamente en su caballo-¿Acaso temes que me vuelva a caer?-bromeo pero aquello a Tom no le causo gracia.

-No imagine que volverías a montar uno-respondió mientras mantenía un ritmo tranquilo y a la misma altura para hablar cómodamente.

-Tampoco imaginaste que estaría vivo-contesto intentando aligerar el ambiente, pero había un tema que aun rondaba en los pensamientos de Tom.

-¿Por qué cuando mi padre hablo de Candy pusiste esa expresión?, parecías triste- trataba encajar todas piezas, él ya le había dicho que se había reencontrado con Candy, que habían trabajado juntos hasta que el tío abuelo había decidido enviarlo a Lakewood, pero también lo último que recordaba de Candy es que estaba en una relación seria-¿Acaso es porque ella esta con alguien más?-cuestiono a pesar de que se arriesgaba a profundizar la herida del rubio, quien se detuvo un momento.

-Creo que es un poco más complicado, ¿Qué te parece si mañana me acompañas en mis clases de manejo?, ¿sabías que en Escocia el volante esta por el lado del pasajero?-cuestiono en un sínico intento de evadir el tema.

-Anthony, ¿Qué ocultas?-se detuvo aunque estaba a unos pasos más delante de él.

-Si no vas mañana, puedes ir otro día-se fue acercando para acortar la distancia con Tom- Al medio día, estaré en la entrada de la mansión-seguía evadiendo el tema logrando que su amigo se preocupara aunque la intriga también lo había enganchado.

-Anthony…-

-¡Arre!-antes de que Tom siguiera objetando, Anthony le ordeno a su caballo que comenzara andar velozmente dejando al hijo del Sr Stevens con la palabra en la boca, viendo el polvo que había dejado atrás, mientras que el rubio se sentía libre al cabalgar a pesar desde que en un inicio su padre estaba en contra de que volviera subir a un caballo en su vida, pero el insistió, porque quería superar ese capítulo en su vida, porque la equitación era parte de ella y disfrutaba hacerlo además de la alegría que le daba a su corazón cruzar el viento, sentirlo en su cara, en su cabello, prometió que sería más prudente, más alerta, todo con tal de poder disfrutar aquellos paseos. Porque era de los que creía que un rayo no puede caer dos veces en el mismo lugar.

Sin dejar pasar un día más, Tom había ido al día siguiente a la mansión de los Ardley esa en la que una vez no le fue permitido entrar a reclamar por su leche que había sido derramada en un accidente y que en ese día muy amablemente lo escoltaron hacia donde estaba el joven rubio quien estaba por subir al vehículo y sonrió al ver a su amigo. Los dos ya estaban listos para dar marcha, sin embargo el castaño no estaba dispuesto a dejar aquel tema por más tiempo.

-¿Acaso me dirás que pasa contigo y Candy?-cuestiono, pero Anthony en vez de responder se aseguró de que los espejos estuvieran bien acomodados, ubicar los pedales y la caja de velocidades, ahora tendría que usar la derecha para hacer los cambios.

-Sujétate fuerte-le indico al prender el motor y un instante antes de pisar el pedal del acelerador.

-¡Más despacio!-exclamo Tom al ver que manejaba con gran velocidad y giraba el volante de un lado a otro esquivando cada objeto que él le indicaba.

-Supe de su relación antes de venir-confesó el rubio sin bajar de velocidad y recorriendo un camino más despejado haciendo que Tom lo mirara algunas veces esperando que nada más estuviera en medio del camino-Por eso le dije que no la recordaba-los ojos de Tom se abrieron desmesuradamente al no creer lo que acaba de escuchar.

-¿Qué hiciste, que?-pero antes de tener una respuesta delante de ellos pasaba un rebaño cruzando el camino-¡Detente!-el rubio piso el freno justo antes y sin irrumpir el paso de los animales-¿Acaso estás loco?-

-Creo que ya sé cómo manejar esto-argumento comprendiendo finalmente cómo manejar las velocidades e intentarlo nuevamente de una manera más prudente.

-No me refiero a eso, bueno si, pero me refiero a Candy, ¿Por qué hiciste eso?-casi todo el rebaño ya estaba por terminar de pasar cuando Anthony nuevamente encendió el motor.

-Porque fue una salida fácil-arranco nuevamente con más calma y manejando como lo hacía normalmente en Escocia-Tom, yo no tenía planeado regresar, tampoco tenía planeado volver a verla y más si ella estaba con alguien más-el castaño no evito recordar al escuchar de los labios de Candy lo mucho que quería a la persona con la que estaba-¿Qué te parece si te invito a ti y a tu padre a la celebración que se hará en la mansión por el regreso de mi tío?-cuestiono nuevamente en su intento de cambiar el tema.

-Todavía la quieres, lo siento-las palabras de Tom hicieron que la sonrisa del rubio se desvaneciera, no podía engañarlo y más cuando tiempo atrás estuvo a su lado, desesperado por comunicarse con ella y le enseño como usar una paloma mensajera-¿Algún día se lo dirás?-cuestiono habiendo llegado nuevamente a la mansión sin ningún otro percance.

-Después de la celebración seguramente me vaya de nuevo y ellos estarán juntos, ¿Qué necesidad habrá que le diga la verdad?-aquellas palabras en vez de ser dirigidas hacia Tom parecían ser un mantra que se repetía cada día.

-¿Ahora resulta que eres un hombre de los que huye?, ¡Como has cambiado!-salió molesto del vehículo sin poder creer lo que acaba de escuchar.

-Piensa lo que quieras-replico el rubio al salir de auto y ver como Tom comenzaba irse del lugar-Pero no dejare que mis sentimientos interfieran en la felicidad de Candy-su amigo se detuvo a lo cual el rubio prosiguió con su justificación-No me importa si me comporto como un cobarde, ¿Cómo crees que se sentiría ella al saber que está lastimando a alguien?- había tocado un tema muy importante y por el cual aún mantenía su mentira.

-Nunca se lo perdonaría-susurro Tom al comprender que Candy era demasiado bondadosa como para permitir que alguien sufriera, incluso anteponiendo su felicidad-¿Pero si ella siente lo mismo que sientes tu por ella?-aquella pregunta tan repetitiva logro la misma reacción del rubio, una sonrisa contrariada.

-Sería un sueño, solo eso-su corazón saltaba cuando esa idea se presentaba, pero su razón era quien lo detenía de esa fantasía-Además, yo no regrese para exigirle que me quiera, por mucho que duela, sería aún más cobarde pedirle que me ame-

-Tengo que verlo con mis propios ojos-no podía dejar de lado lo mucho que había sufrido Candy, era difícil no verla sonreír y cuando Anthony supuestamente había muerto, ella no paraba de llorar, no podía comprender que los sentimientos de Candy no resurgieran ante el regreso del rubio-Vendremos al banquete y tú te encargaras de justificar porque nos conocemos-fue lo último que dijo antes de encaminarse al rancho Stevens, dejando a Anthony con el mismo sentimiento cada vez que tenía que justificar sus acciones hacía con Candy.

Frustración.

Ahora, en la actualidad…

La frustración había sido remplazada por arrepentimiento y culpa.

-¿Eso es todo?-pregunto finalmente el actor sentado bajo la sombra de un árbol, mientras que el rubio se encontraba en aquel mismo árbol pero dándole la espalda y evitando verse las caras.

-Es toda la historia-respondió el rubio ante la pregunta incrédula del intérprete de Romeo.

-No, no lo es-negó velozmente Terry mientras se levantaba de su lugar, logrando llamar la atención del galeno.

-Es todo, no hay más que decir-elevo su voz dejando en claro que había contado lo más importante de su historia y la respuesta a su pregunta principal.

-Tú no, pero ella sí, solo mencionaste tu parte y puedo decir lo equivocado que has estado todo este tiempo-dijo en medio de una risa sardónica al no poder creer lo que él mismo estaba diciendo y lo que estaba a punto de confesar-Ese día debiste quedarte para presenciar la tremenda bofetada que me dio-menciono mientras se sobaba la mejilla al recordar la dura mano de la pecosa pensando lo cerca que estuvo de dislocarle la quijada.

-¿De que estas hablando?-cuestiono Anthony sin comprender porque aquella anécdota venía a colación, pensando que estaba fuera de contexto.

-En Escocia, aquel beso, me quedo claro que ella no quería que fuera el primero-dijo melancólico, recordando el rostro llena de furia de la pecosa como respuesta a aquel beso, porque a pesar de que la había obligado a superar la muerte de Anthony, sabía que nunca lograría sacarlo de su corazón, eso lo había enfurecido y por eso el había respondido también con una bofetada.

-¿Cómo dices?-sobresaltado, el rubio se levantó de su lugar hasta quedar frente a frente con Terry, esperando que aquello que acababa de decir fuera verdad.

-Debo de aceptarlo, ustedes dos son tal para cual, primero piensan en la felicidad de los demás, antes que en la suya-el actor recordó el sacrificio que había hecho Candy con tal de que él se quedara con Susana y lo parecido que era Anthony al hacer lo posible para que él volviera al lado de la pecosa-Y también acepte que mis días en el colegio quedaron atrás-dijo más para sí mismo mientras sonreía a pesar de la tristeza que se reflejaba en sus ojos-Par de torpes-dejo que una carcajada saliera de sus labios aunque sentía que sus ojos comenzaban a humedecerse, sin embargo, ya estaba claro lo que quería hacer.

-Espera, ¿A dónde vas?-pregunto el rubio, quien aún trataba de asimilar lo que Terry acababa de decirle y ver como se retiraba con dirección a la mansión.

-Voy a devolverte el gesto-respondió en voz alta sin mirar hacia atrás y levantando su mano en forma de despedida, dejando atrás al ojiazul confundido, con demasiadas cosas en que pensar, sobre todo agregando una culpa más en su corazón.


Candy finalmente había salido del estudio sin dejar que alguien más la siguiera, necesitaba estar sola, siendo únicamente acompañada por todo aquello que había descubierto recientemente. Cada paso que la llevaba a la habitación la hacía recordar cada detalle, cada anécdota, cada justificación, cada excusa que dieron los que estaban presentes en el estudio, a excepción de Annie, quien fue la única que al igual que ella estaba sorprendida. Al llegar a su habitación se sentó sobre su cama, aquella que ya había compartido con el joven que seguía rodando sus pensamientos, logrando que sus recuerdos que tuvo con él en su regreso comenzaran a invadirla.

-"¿Te molesta si te acompaño?"-

-"¿Por qué no vamos a cenar?"-

-"¿Tú confiarías en mí?"-

-"¿Te parece si a la salida me acompañas a una pastelería que está cerca?"-

-"¿Te gustaría ir?"-

-"¿Quieres que te muestre algo?"-

-"¿Aun quieres dar ese paseo?"-

-"¿Qué te parece si el siguiente fin de semana nos tomamos un día para hacer un picnic cerca del lago?"-

-"¿Candy?, ¿Candy eres tú?"-

-"¿Qué te parece si improvisamos?"-

Apretaba sus sabanas mientras recordaba aquellas preguntas, dándose cuenta todo el amor que Anthony escondía en ellas. Las lágrimas nuevamente se hicieron presentes, aun le dolía que le hayan mentido, pero le dolía aún más el sufrimiento y todo lo que tuvo que pasar Anthony para que estuviera de nuevo presente en su vida y aunque no lo hizo intencionalmente ella también era culpable por el dolor que le había causado todo este tiempo que estuvieron lejos y aun así él fue capaz de siempre mostrarle una sonrisa a pesar de que estaba haciendo lo posible por hacerla feliz.

-¿No crees que ha pasado demasiado tiempo para que sigan así?-aquella voz hizo que la rubia respingara, haciendo que buscara el dueño de esa voz dentro de su habitación. Hasta que lo vio, en su ventana saliendo entre las cortinas que se mecían levemente en el viento.

-Terry…-lo nombro en medio de un susurro mientras él se acercaba para quedar frente a ella. Tomo sus manos y la levanto de la cama.

Tienes que ir rápido a la cama

Para poder verte

Aunque sea en sueños

Para sentirme aliviada

-No puedo reprochar la existencia de Anthony, porque de no haber sido por él, en un inicio no te hubiera conocido-comenzó a decir haciendo que ambos se transportaran a ese recuerdo en donde se conocieron, en aquel barco que los llevaba a Londres y en donde ella lo confundió con el rubio, haciendo que cruzaran algunas palabras-Aunque también siempre estaba molesto por la manera en que lo nombrabas, hasta me parecía injusto que yo compitiera con un muerto, ¡Por Dios, que absurdo!-dejo que una risa escapara, logrando que la rubia sonriera un poco-Yo tenía la ventaja de estar vivo y aun así, por mucho que lo intente, sé que nunca pude sacarlo de tu corazón-lo acepto finalmente frente a ella, siempre tuvo ese temor, pero nunca se atrevía a decirlo en voz alta.

-Yo lo…-

-No Candy, no te estoy pidiendo disculpas, lo único que te pediré es que me cumplas aquella promesa que te pedí en Nueva York-el negó moviendo también su cabeza para después ver fijamente a la rubia.

El cuarto se llena de miedos

Cúbreme como una manta

Nunca me puedo dormir

-"Candy, ¿Vas a ser feliz, verdad?, tienes que prometérmelo Candy, prométemelo"-

-Tú más que nadie sabe dónde está tu corazón, por favor, no, te exijo que no dejes que nada ni nadie se interponga-le pidió para que no cometiera el error que los llevo a su propia separación-"En parte también es mi culpa"-pensó una vez más por no haberla retenido en el Hospital, dándose cuenta que ahora, era demasiado tarde. La fue soltando lentamente para después ver que ella se dirigía a la puerta para salir de ella, no sin antes mirar hacia atrás y dedicarle una hermosa sonrisa llena de agradecimiento.

-Terry, tú también, se feliz-a diferencia de aquella vez las lágrimas de Candy no eran de tristeza. Él también salió de la habitación para ver como ella bajaba las escaleras, pero esta vez no estaba huyendo, ahora tenía un lugar que ella deseaba ir con todas sus fuerzas.

Cada vez que cierro mis ojos

Aún más

Cada vez que cierro mis ojos

Se agudiza

Las noches llenas de ti

Vienen a mi habitación sin falta

Anthony había llegado al jardín de rosas, meditando todo lo que recién había escuchado, la razón por la cual él había decidido alejarse fue un completo malentendido y a pesar de que tanto el actor y la pecosa si tuvieron una relación, Candy le había dejado en claro que nunca lo había olvidado. Se sentía terrible por haberle causado un daño tan grande al ser un cobarde y no haber enfrentado la verdad desde un principio. Sin embargo su corazón ya no estaba dispuesto a estar sin ella, lucharía esta vez si fuera necesario, enmendaría cada error con tal de obtener su perdón. Ningún otro plan importaba si Candy no estaba en ellos.

Aunque tu alma se haya ido

Tu corazón no me dejó

Finges ser malo

Pero eres más débil que yo

Respóndeme con una señal

¿Aún estás vagando?

Parecer lejano

Pero estás muy cerca

Se detuvo al ver que a unos metros frente a él se encontraba ella. Candy se detuvo finalmente al encontrarlo con la respiración agitada. Se miraron uno al otro, sintieron que había pasado mucho tiempo desde la última vez que se vieron, demasiadas emociones brotando en ambos junto con el fuerte sonido de sus corazón retumbando. Anthony abrió sus labios con la intención de romper el silencio a pesar de que no sabía exactamente que palabras usar y aun así tenia deseos de decir tantas cosas.

-Anthony, quiero que me escuches atentamente hasta el final-pero fue Candy quien acabo con aquel silencio-Lo entiendo, entiendo por lo que sentiste, porque fue lo mismo que sentí este tiempo al pensar que tú estabas enamorado de alguien más, no podía mostrarte mis sentimientos tan fácilmente-dijo al declarar que ella también se dejó envolver por un malentendido aunque este no tenía un fundamento.

Cada vez que cierro mis ojos

Aún más

Cada vez que cierro mis ojos

Se agudiza

Las noches llenas de ti

Vienen a mi habitación sin falta

-El perderte me hizo pensar que fue un castigo por mi codicia de quererte siempre a mi lado-fue inevitable recordar de nuevo la manera en que gritaba su nombre al verlo inconsciente sobre el pasto- Cada año en el que las flores se deshojan mi único consuelo era verte en mis sueños, a pesar de que no hubo un momento en el que no quisiera entregar la mitad de mi vida con tal de tenerte de nuevo en ella-las lágrimas cada vez se hacían más abundantes al igual que el dolor que aumentaba por el nudo en su garganta-Cuando regresaste, todos los días, cada mañana cuando despertaba temía descubrir que todo había sido producto de un sueño-dejo escapar un sollozo mientras que su cuerpo comenzaba a temblar-Pensaba en ti en mis momentos difíciles-recordó el consuelo que encontraba cada vez que evocaba su imagen-Pero ahora no quiero tenerte solo en mis momentos difíciles, también quiero que estés en mis momentos felices-con ambas manos cubrió su rostro al dejar que el llanto finalmente la venciera.

¿Cuánto más doloroso?

¿Qué tan difícil es?

¿Cuánto más?

¿Debemos llorar más?

¿Cuánto tiempo más?

¿Cuánto tiempo más tenemos que esperar?

Te entrego mi corazón

-Me dolió que me ocultaras la verdad, pero aun así, solo hay una verdad en la que estoy completamente aferrada y es que no quiero perderte-mostro de nuevo su rostro dejando en claro sus sentimientos. Anthony como respuesta se acercó a ella con paso firme, decidido, la tomo entre sus brazos y se apodero de sus labios.

Cada vez que cierro mis ojos

Te encuentro

Cada vez que cierro mis ojos

Se profundiza

Fue un beso en donde finalmente reconocían sus sentimientos que habían guardado todos esos años. Ella respondió con el mismo ímpetu mientras lo estrechaba entre sus brazos, en su deseo de no dejarlo ir nunca más y que él nunca la dejara ir. Un beso tan anhelado desde tiempo atrás, haciendo que ambos no quisieran terminarlo, era muy poco para todo lo que querían demostrar.

Las noches llenas de ti

Vienen a mi habitación sin falta

Mientras que en el interior de la mansión, a través de una ventana, el actor era quien ahora se convertía en espectador. Sonrió con tristeza al tener que resignarse y despedirse definitivamente de la pecosa.

Se hace más profundo.

Sin embargo en su corazón había paz al saber que había hecho lo correcto. Ver feliz a Candy era su gran recompensa.

CONTINUARA…


¡Hola!

¡Sorpresa!

¡Feliz cumpleaños Anthony!

Espero que les haya gustado esta sorpresa y en la manera en que se desarrollo el capitulo. Anthony te amamos eso es seguro y se demostró en este capitulo. ¿Qué les pareció?, ¿Si valió la penas las lagrimas que derrame al escribirlo?. Fue curioso que me pidieran que quitara a Terry de en medio, cuando en realidad lo iba utilizar para esto. Me pareció un gesto muy bonito. Es rebelde pero el muchacho ha madurado.

Agradezco infinitamente sus comentarios, así que la mejor manera de agradecer todo ese cariño a la historia y al protagonista es este capitulo. Y como ven, estamos cerca del final, espérenlo con muchas ansias.

Songifcs:

Still - Sondia

Aurora - Yangpa

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Cuídense mucho y hasta la próxima.

#Quedateencasa

Besitos.