Notas de la autora: ¡Hola! Aquí les tengo otro capítulo de esta historia de príncipes engreídos y duquesas rebeldes. Jajajaja. Espero que les guste. Ya les digo, que no sé si podré publicar en quince días… ahora por navidad voy muy atareada en la empresa (y con el maldito COVID ya ni les cuento…) Pero intentaré publicar puntualmente y también estoy en MI FAN (no me manden carbón este año… soy una niña buena…) aunque se me está atravesando… jajajajaja. ¡Musas a mí, por favor! En fin, contesté muy tarde algunos de sus reviews (ayer, para ser exactos…) ¡pero los contesté! Disculpen el atraso, de verdad… ¡Y no las entretengo más! ¡A leer! ¡Arigatoooooooooooo mis amores!
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Capítulo undécimo
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Su corazón se aceleró sin su permiso en cuanto la divisó a lo lejos. Xiao Lang Reed Li llevaba tres semanas sin verla y, por alguna razón, la había añorado. Aunque ese sería un secreto que se llevaría consigo a la tumba. Sus ojos la escudriñaron con disimulo y no pudo evitar sonreír al ver la mueca que dibujaban sus labios. Era obvio que el corsé le molestaba. La temporada de verano había iniciado con cálidas temperaturas y los vestidos de las damas nobles seguían ostentando demasiadas capas. Aunque llevara los hombros al descubierto, podía adivinar el calor que sentía bajo esa coraza de tela a la que las mujeres tenían el valor de llamar "moda". Su prima era de las que apretaban los cordones hasta perder el aliento y Naoko tendía a dejarlo suelto para poder leer sin que el rostro se le pusiera de color azul. Pero estaba convencido de que Sakura Kinomoto no había llevado corsé antes de su llegada a palacio. Sus tres damas eran, sin lugar a duda, muy distintas.
Mei era una adicta de las compras. Adoraba perderse entre telas de seda, vestidos de encaje y perfumes dulzones. No eran pocas las ocasiones en que pedía que un equipo de modistas la asistiera en palacio. Y cuando eso ocurría, ya podía olvidarse de ella durante las siguientes doce horas. Luego venía el maquillaje y las joyas. Todo de primera calidad y en grandes cantidades. Si, el emperador debería mantener un presupuesto a parte solo para satisfacer sus gastos estéticos.
Naoko, en cambio, prefería dedicar sus horas de ocio a la lectura y a la música. Tocaba el violín y el harpa como toda una joven prodigio y asistía a conciertos con frecuencia. Y en cuanto a la lectura… se podría decir que su preciada amiga gustaba de leer novelas poco comunes para las damas. Era adicta a las historias paranormales y a la fantasía. Lo que era curioso, ya que no conocía a ninguna mujer más realista y práctica que su Koko. Siempre sabía diferenciar los sueños de la realidad y conocía perfectamente su lugar en el mundo. Una característica muy apreciada para la posición que ostentaría en el futuro.
Y por último estaba Sakura Kinomoto. Rebelde, soñadora y enérgica. Un alma de caballero que había nacido en el cuerpo equivocado. No era la primera vez que reflexionaba sobre ello. Sakura habría sido más feliz siendo un varón. Podría haber heredado el ducado, servir como caballero del imperio y despotricar en voz alta sin miedo a ser criticada por ello. No llevaría ese corsé que tanto odiaba ni luciría tacones que le hacían perder el equilibrio. Pero dios, con su particular sentido del humor, había elegido un camino distinto y la había dotado de la belleza de una ninfa de los bosques. Con un cuerpo de curvas generosas y los ojos más hermosos que él había visto. De haber sido una muchacha como Mei, sensual y femenina, Sakura hubiera sido la dama más solicitada de todo el reino. Pero en vez de dedicar sus horas al canto o a la danza, la señorita Kinomoto había decidido especializarse en otras áreas mucho más masculinas. Él conocía algunas de sus aficiones hasta la fecha, tales como la esgrima, la caza y la política. Pero sabía que Sakura era toda una caja de sorpresas. Sin duda descubriría muchas más excentricidades en su estadía en el ducado Kinomoto.
Dedicó un minuto a serenarse y contempló a su hermano sin ninguna discreción. Eriol había cabalgado a su lado todo el camino y había sido una buena compañía. Pero, a pesar de su carácter ameno y dicharachero, nunca había visto una sonrisa tan radiante en su rostro. Y le molestó sobremanera ser conocedor de la causa.
- Eriol, tu sonrisa es tan brillante que va a provocarme ceguera. ¿Tanto te alegra ver a la señorita Kinomoto?
- Oh, vamos… no seas cínico. Tu careto luce mucho peor que el mío.
- Bobadas…
- Pero ¿sabes? No voy a ser yo el que te mienta diciéndote que no la he añorado. – ambos se miraron con cautela, pero fue el moreno el primero en sonreír de nueva cuenta – Sabes lo mucho que odio estar bajo los muros de palacio. Me siento como un ave en su jaula de oro. Pero últimamente se hace más soportable. Puestos a cumplir condena, prefiero que sea al lado de una muchacha dulce y hermosa - Xiao Lang abrió los ojos, sorprendido por su arranque de sinceridad.
- Maldita sea, Eriol. A veces pienso que te has enamorado de mi esposa.
- "Futura" esposa. Y sí, un poco. ¿Qué hombre no se enamoraría de ella? – El segundo príncipe disfrutó con el ceño de sus cejas y pensó que era el momento adecuado para dejar de bromear, o rodarían cabezas. La suya, para ser exactos. – Vamos, hermano. No puedes celarla. Tú mismo dices que no sientes nada por esa "chiquilla"
- Y es cierto. Pero no por eso toleraré que la cortejes como si fuera una dama cualquiera. ¿Acaso quieres ponerla en una situación incómoda?
- Ah, claro. Me lo dices por su bien, no por el tuyo. ¿Sabes, Xiao? Para ser un hombre que se jacta de ser honesto, no eres muy coherente con la verdad de tus sentimientos.
- No sé de qué me estás hablando.
- Ya, claro. Otra mentira
Ambos se retaron con los ojos y el moreno decidió que era momento de dar espacio al gruñón de su hermano. Pincharle era su pasatiempo favorito, pero cómo todo lo bueno, era mejor hacerlo en pequeñas dosis. El caballo de Eriol aceleró el paso tras un par de golpes de sus talones y Xiao Lang le vio partir con una mueca de resignación. Su padre le llenaba la cabeza de intrigas, pero Eriol no se quedaba atrás. Eran un par de tipejos misteriosos que disfrutaban jugando a su costa en cuanto tenían ocasión. Por suerte, era bueno leyendo el corazón de las personas y podía enfrentarse a sus maquinaciones con dignidad, pero todo se volvía ligeramente confuso en cuanto Sakura Kinomoto formaba parte de la ecuación. No llegaba a calarla del todo y tampoco podía adivinar cuan profundos eran los sentimientos de Eriol por ella. Pero de algo sí estaba seguro, al menos, eran buenos amigos. Y eso ya era mucho más de lo que él compartía con la castaña.
Se reprendió a sí mismo por perderse tanto tiempo en pensamientos absurdos. Despejó su mente y miró el carruaje que les seguía. Meiling y Naoko iban dentro. Ambas estaban ocupadas preparando los pormenores de su segunda prueba, pero los siguientes cuatro días deberían dejar a un lado sus obligaciones para ser testigos de los esfuerzos de la señorita Kinomoto. Solo esperaba que la joven aprovechara la ocasión. Sería la única prueba en la que no tendría que lidiar con la emperatriz. No pudo evitar recordar el momento exacto en que Sakura supo el verdadero significado de la prueba.
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El príncipe heredero se mantenía a un lado, atento a las palabras de la reina Anna. Su padre se había ido al norte para solventar unos asuntos con un representante del país vecino y la emperatriz debía asumir su carga mientras estuviera ausente. Y si Ieran Li estaba acudiendo a las reuniones de estado, era obligación del príncipe heredero presidir los encuentros derivados de la competición.
Desvió su atención a las tres candidatas, siendo atraído inmediatamente por el sombrío rostro de su prima. Meiling había sido la más perjudicada en la primera prueba, a pesar de haber ganado en el recuento de votos. No sólo se trataba de la total anulación de sus puntos, sino que también había que añadir la humillación pública a la que había sido sometida cuando Hien Li decidió sacar a bailar a la señorita Kinomoto en vez de a ella. Y por si no fuera suficiente, al día siguiente Mei acudió a sus estancias en busca de una explicación. Pero lejos de quedar satisfecha, la discusión terminó en un mar de lágrimas y el sonido abrupto de su propia puerta. Pero… ¿Qué esperaba su prima de él? ¿Qué la beneficiara por encima de las demás candidatas a pesar de sus errores? No podía ser parcial. Él no. Además, no se trataba de una falta leve. Meiling había mentido en el presupuesto. El fraude se penalizaba duramente bajo las leyes del imperio y los miembros reales no estaban exentos. Y tampoco podía olvidar la frialdad con la que usó a un animal indefenso sólo por venganza y egoísmo.
La voz de la reina se alzó por encima de la mesa y aprovechó la ocasión para centrarse en la causante de todos los males de su prima. Sakura Kinomoto. Esa mañana vestía un corsé floreado que acentuaba generosamente sus atributos. Por ese motivo, no paraba quieta ni un instante y desviaba constantemente la vista a su atuendo para comprobar que todo seguía en su sitio. La situación le resultó tan cómica, que no pudo reprimir una leve carcajada. Intentó disimularlo fingiendo un bostezo, pero no funcionó. Naoko clavó sus ojos en él y se sintió descubierto. Aún así, guardó la compostura y le dedicó una sonrisa cariñosa a su mejor amiga. Hacía tiempo que quería sentarse a solas con ella y conversar. Desde que se había convertido en una dama consorte, apenas sí tenían tiempo para dedicar a su amistad. Y la echaba mucho de menos.
Fue en ese instante, cuando Sakura dio un brinco sobre sí misma y miró a la reina Anna como si de repente tuviera tres cabezas. Sus ojos se abrieron como platos y una gran sonrisa le iluminó el rostro. Xiao Lang la miró, satisfecho con su reacción. Sabía que ella se mostraría más ansiosa que las demás en cuanto comprendiera el significado de la segunda prueba.
- ¿Debemos organizar la estancia de su majestad en nuestro propio hogar? ¿Volveremos a casa? – Tanta fue su emoción, que ni siquiera pudo aguantarse. Los ojos azules de la reina la miraron con una ceja alzada.
- Así es, señorita Kinomoto. Pero por favor, no me interrumpa. Si tiene dudas, las resolveremos al final.
- Oh, yo… lo siento mucho. - Las mejillas de la castaña se ruborizaron, pero no pudo dejar de sonreír.
- Esta prueba, al igual que todas las demás, se ha pensado meticulosamente. Como sabrán, uno de los muchos deberes de una emperatriz consiste en organizar y supervisar las estancias en palacio de los invitados del emperador. Pueden tratarse de familiares o amigos de la corona, pero también de distinguidos dignatarios extranjeros o príncipes y reyes de otras tierras. Es una gran responsabilidad que caerá sobre sus hombros cuando hereden el cargo que les asignen. Y para tener éxito en tan importante tarea, deberán informarse con todo lujo de detalles y conocer a la perfección la naturaleza de sus invitados. Su cultura, dieta y costumbres. También sus aficiones y rarezas. Cualquier error, por nimio que sea, puede causar una discusión que luego derive en una incómoda situación política.
Xiao Lang observó a la reina. No iba errada, pero tampoco estaba siendo muy justa. Si un enviado imperial viajaba con la intención de causar un conflicto, usaría cualquier excusa para crear una situación tensa y culparles de cualquier desaire. Era responsabilidad del emperador lidiar con los invitados y no podía culpar a la emperatriz por no haber adivinado qué desayuno prefería tomar el susodicho esa mañana. Pero decidió no interrumpir y seguir pendiente del transcurso de la reunión.
- Ahora que ese punto ha quedado claro, quiero que apliquen dicha lógica a la prueba. Su hogar será su palacio y sus invitados aquellos a los que deberán complacer. Tendrán cuatro inquilinos, pero sólo dos evaluarán sus esfuerzos; su majestad, el príncipe heredero y mi hijo, el segundo príncipe. Las dos candidatas restantes también asistirán y deberán quedar complacidas, pero por razones obvias, no las puntuarán de ningún modo. Así que usen sabiamente su tiempo y dediquen sus esfuerzos en busca del mayor beneficio.
La reina Anna hizo una pequeña pausa para contemplar sus reacciones y les dejó algo de tiempo por si tenían dudas o precisaban más detalles de lo que ya había explicado. Al ver que las tres muchachas permanecían calladas, se aventuró a seguir con su explicación.
- Ahora el calendario. Serán evaluadas por turnos. La primera candidata será evaluada en tres semanas, por lo que deberá partir mañana mismo a su hogar e iniciar todos los preparativos. Las demás se quedarán en palacio, pero podrán empezar a cavilar sobre los detalles de la prueba y empezar a preparar todo aquello que se pueda solventar a distancia. Luego partirán con el primer príncipe y mi hijo. Mientras dure su estancia, no podrán dedicar ni un solo minuto en su propia prueba. La estancia será de cuatro noches y tres días. Cuando termine, la segunda candidata partirá a su hogar y los demás volverán a palacio. La segunda candidata recibirá a sus invitados dos semanas más tarde y la tercera cerrará la prueba la séptima semana, contando desde el día de hoy.
- Disculpe, reina Anna. ¿Pero eso no da ventaja a la última candidata? Dispondrá de mucho más tiempo y podrá analizar los errores cometidos por las demás candidatas y corregirlos – la mujer observó a la princesa Li con una ceja alzada. Luego soltó un suspiro y dejó caer su espalda en el respaldo de la silla.
- Eso es correcto, princesa Li. Por eso usted será la última. Le daremos esa muestra de cortesía, ya que su puntuación en la prueba anterior fue anulada. Y la señorita Yanaguisawa será la primera, por ir en cabeza.
Sakura arrugó los ojos ante semejante injusticia. La princesa hacia trampa y la recompensaban con más tiempo y la ventaja de conocer el resultado de las demás candidatas. Pero no iba a ser ella la que se quejara. Ya había asumido que nadie sería imparcial en esa estúpida competición. De hecho, haría algo que seguramente iría en su contra. Pero, sin duda, valía la pena correr el riesgo.
- Disculpe la interrupción - los ojos azules de la dama la miraron fríamente y Sakura tragó grueso.
- Si va a mostrar su indignación, señorita Kinomoto, le pido que se lo guarde para sí misma. Lo ha decidido la mismísima emperatriz y no iré en contra de sus deseos. Le aconsejo que sea lista y haga lo mismo – Sakura notó la mirada de advertencia del príncipe heredero sobre ella, pero le ignoró.
- No es eso, su majestad. En realidad… si a la señorita Yanaguisawa no le importa, me gustaría ser la primera en realizar la prueba. - Todos la miraron, asombrados.
- ¿Quiere partir con desventaja voluntariamente? – fue Xiao Lang el que habló entonces, así que le miró de reojo y asintió en silencio.
- Verá, su majestad. En tres semanas serán las festividades de una de nuestras villas más pobladas. Siempre hemos participado activamente en las diferentes actividades y también se hace una exhibición militar para animar a los jóvenes a reclutarse. – el príncipe heredero rodeó la mesa y tomó asiento a su lado, dejando al resto de las damas algo desubicadas.
- Ahora que lo menciona, creo que el duque Kinomoto envió una notificación anunciando las fechas y pidiendo autorización para la exhibición.
- Es muy probable que así sea, su majestad. Mi padre se toma muy en serio la exhibición de nuestros caballeros. Dan prestigio a nuestra casa y ennoblecen al imperio. He asistido todos los años desde que tengo memoria y… me gustaría estar presente también esta vez. Además, creo que sería de su agrado. Podría disfrutar de la hospitalidad de nuestras tierras y de su gente. Por lo que sé, nunca ha visitado esa parte del ducado de mi familia, ni las villas de las que somos arrendadores – Sakura se atrevió a levantar la vista lo justo para ver su reacción.
- Su información es correcta. Siempre que he acudido a sus tierras, el duque me ha recibido en sus propiedades fronterizas. Quedan más cerca de los campamentos militares y agilizan el trabajo – Sakura lo sabía. Era el modo que tenía Fujitaka de mantenerla oculta de la familia real. Ahora le causaba cierta gracia contemplar la ironía que se escondía tras ese gesto y el resultado de su destino. El príncipe le dedicó una sonrisa suave y miró a la que era su mejor amiga - ¿Qué opina, señorita Yanaguisawa? ¿Le parece bien ceder su puesto y ser evaluada en segundo lugar? – Sakura no se había olvidado de la muchacha. Obviamente, cederle su lugar la afectaba directamente. La miró de reojo, analizando su rostro sereno. Pero la joven ni siquiera arrugó las cejas.
- No me importa complacer a la señorita Kinomoto en esto, su majestad. Pero supongo que la decisión deberá ser aprobada por la emperatriz. No puedo aceptar sin conocer su opinión sobre el tema.
Sakura sintió una puñalada en el pecho. Desde que el emperador bailó con ella en la gala de clausura, Naoko Yanaguisawa se había mostrado menos amigable. Pero no esperaba semejante reacción. Y por cómo se frunció el ceño del príncipe heredero, él tampoco lo había previsto. Sin duda, ambos estaban perdiendo facultades. Eso, o no eran tan buenos estrategas como se creían.
- Comprendo su inquietud, pero no será necesario molestar a mi madre por algo como esto. Yo soy el responsable de mediar en estas situaciones cuando la emperatriz no está. Así que se lo preguntaré de nuevo. ¿Está conforme o prefiere seguir con el orden que se dictaminó en primer lugar?
- Su majestad, yo creo que… - Meiling fue a interrumpir, pero la mirada de fuego del príncipe heredero la detuvo. Naoko pareció dudar por unos instantes, pero luego sonrío. Había hecho sus cálculos mentales y elegido la mejor estrategia a seguir.
- No habrá ningún inconveniente, su majestad. Le conozco y sé que goza asistiendo a las exhibiciones militares. No seré yo quien le prive de semejante acontecimiento, aunque beneficie a la señorita Kinomoto en el proceso. Además, sé que lo tendrá en cuenta a la hora de puntuarme, usted siempre ha sido un hombre justo.
- Ya veo. Sí, seré justo. Pero no olvide que a cambio tendrá más tiempo para organizar su prueba. No es un mal trato para ninguna de las dos.
- En efecto, su majestad. Y le prometo que lo aprovecharé sabiamente.
- No me cabe duda. Bien, en ese caso… yo autorizaré el canje. Señorita Kinomoto, partirá mañana a su hogar y podrá empezar con los preparativos. A cambio de mi generosidad, le pido que deje a Troné conmigo. Le prometo que no volverá a ser objeto de abuso – al terminar esas palabras, Mei apretó los puños bajo la falda de su vestido. No podía mostrarse indignada frente a sus rivales. Sakura, en cambio, le miró con desafío. Xiao Lang sabía que se estaba arriesgando al extorsionarla de ese modo, pero no podía dejar pasar esa oportunidad. - ¿Y bien?
- ¿Se hará cargo personalmente de él?
- Se lo prometo – Esos ojos verdes se clavaron tanto en él, que se sintió intimidado. Finalmente, la muchacha suspiró y asintió con un golpe de cabeza.
- Confiaré en usted. – Mei no pudo evitar soltar un bufido molesto, pero Xiao Lang la ignoró. – Y…
- ¿Sí, señorita Kinomoto?
- Se lo agradezco, alteza. El festival es muy importante para mí – Xiao Lang no pudo evitar sonreír al ver el brillo de felicidad que empezaba a nacer en sus ojos. Ojalá fuera tan fácil complacerla siempre… Se dio cuenta de que todas las damas presentes le miraban, y tosió con fastidio. Últimamente se desconcentraba con facilidad.
- Bien. Recibirán el resto de los detalles de la prueba por escrito. Pueden retirarse. Tengo asuntos importantes que atender y ustedes una prueba que organizar. Señorita Kinomoto, la veo en tres semanas. Que tenga un buen viaje.
Xiao Lang Li vio como las tres jóvenes se alzaban, se inclinaban en una reverencia y luego salían en silencio. Pero la reina Ana se quedó sentada en su mesa y le miró con ojos astutos. Los mismos ojos que Eriol había heredado.
- Si tiene algo que decir, sólo hágalo. – la segunda esposa de su padre se levantó entonces y caminó hasta estar a su lado. No era su madre, pero aún así la respetaba.
- La emperatriz no estará conforme.
- ¿Le preocupa que la culpe a usted? – la reina negó con la cabeza.
- Me preocupa que nadie sea imparcial en esta prueba, sólo eso.
- ¿Cree que he beneficiado con el cambio a la señorita Kinomoto? – Su cabeza se volvió a mover, pero esta vez, fue para asentir. – No estoy favoreciendo a la señorita Kinomoto. Sólo he creído que sería agradable disfrutar de las festividades de sus tierras. Son pocas las veces en las que puedo relajarme.
- Si usted lo dice… pero su actitud… no, disculpe. No es apropiado que yo me entrometa – la reina se giró para retirarse, pero la mano de Xiao Lang la paró en su sitio.
- Por favor, su opinión me interesa. Si cree que hago algo incorrecto, dígamelo. – Anna Reed Li le miró con aire maternal y asintió de nuevo.
- Creo que la señorita Kinomoto ha llamado su atención. Lo entiendo. Es joven, divertida y hermosa. Pero considero que no será una buena influencia para usted.
- ¿Disculpe?
- No sabe cual es su lugar. Es engreída, rebelde y poco sensata. Le mira como si fuera su igual y no le respeta.
- Será mi esposa, así que le permito cierto grado de confianza. Juega con desventaja, a fin de cuentas, Mei es mi prima y Naoko mi mejor amiga. Debe sentirse como una completa extraña…
- Sí, eso lo comprendo. Pero la señorita Kinomoto ve el mundo pensando en cómo debería ser y se olvida de cómo es actualmente. Puede que sea a causa de su juventud, pero ningún emperador idealista ha durado mucho en el trono. Los sueños e ideologías radicales son un buen motivo de debate en las fiestas, pero poco realistas en esta sociedad egoísta que se niega a ceder su poder al pueblo. Mujeres que heredan ducados, cazan bestias y se forman para la batalla… el mundo no está preparado para ello.
- Opino lo mismo que usted, reina Ana. Pero se equivoca si cree que su carácter puede afectar en mis decisiones. ¿O me cree tan voluble como para dejar a un lado todo aquello en lo que he creído siempre sólo por una joven hermosa?
- Sólo sé, que está demostrando más interés en esta competición del que se espera de usted. Y si lo hiciera a favor de la señorita Yanaguisawa, sería comprensible. Pero…
- Ya veo… Pero debo decir, que todo este discurso me ha cogido desprevenido saliendo de sus labios. Lo esperaba de mi madre, pero creí que la señorita Kinomoto era de su agrado.
- Oh, no me mal entienda. Es una joven muy inteligente y dulce. La he observado y sé que goza de muchas virtudes. Aunque el canto no sea una de ellas… - solté una carcajada, dándome cuenta de mi error demasiado tarde. Pero es que no pude contenerme. Mei también lo había mencionado. ¿En verdad esa joven alocada cantaría tan mal? La reina soltó un suspiro. – En realidad, sólo estoy sorprendida. Comprendo la fascinación que siente mi hijo por ella. En lo que se refiere a ideologías, son tal para cual. Pero creí… que usted no apreciaría esas características en una dama.
- No la conozco lo suficiente para juzgarla. Aun. Y si me permite el atrevimiento, reina Ana, creo que usted tampoco. ¿Por qué no le damos el beneficio de la duda y esperamos a ver cómo evolucionan las pruebas? Quizá, la señorita Kinomoto nos sorprenda a ambos.
- Sorpresas… de eso tendremos seguro… - el príncipe abrió los ojos ante el comentario, pero decidió no prolongar más la situación.
- Veamos como se desenvuelve jugando en casa. No debemos olvidar que es la elegida del emperador. Y mi padre no es un hombre que se equivoque a menudo.
- Supongo… que eso es cierto… - Xiao Lang posó su mano en el hombro de la mujer y le dedicó una sonrisa amable.
- Agradezco mucho su sinceridad. Sé que sólo se preocupa por mí y quiero que sepa, que la he escuchado.
- Gracias, su majestad.
- En tres semanas veremos sí la señorita Kinomoto ha aprendido o no de sus errores…
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Y las tres semanas habían pasado entre reuniones, entrenamientos y papeleo. Era su rutina habitual, y aunque tediosa, nunca le había parecido aburrida. Hasta la fecha. La espera fue eterna y las noches no le ayudaban a conciliar el sueño. Tenía constantes jaquecas y la mente perdida en ciertos ojos jade. Puede que la reina Ana tuviera cierta razón al pensar que la muchacha era de su agrado, a nivel físico al menos. Pero era muy precipitado afirmar que podía desarrollar sentimientos románticos. ¿Verdad? Se despreció a sí mismo por la debilidad de sus pensamientos, pero no podía negarse que la rebelde señorita Kinomoto lo tenía disperso.
Miró de nuevo a la que sería una de sus esposas la próxima primavera. Sakura estaba frente a la entrada, rodeada por su familia y amigos. Habían dispuesto todo un batallón de sirvientes formando un ancho pasillo que les conducía hasta sus señores. Una formalidad que, gracias a los cielos, la señorita Kinomoto no había olvidado.
Los cascos de su caballo se pararon frente a la familia Kinomoto y todos hicieron una reverencia pronunciada. Eriol había llegado antes, pero se había apartado lo justo para que le atendieran en el orden en que le correspondía. Aunque Xiao Lang se dio cuenta de que Sakura le había sonreído y saludado con la mano en secreto. Eso le puso de mal humor. Por lo que descendió del caballo con el ceño fruncido. El duque Kinomoto salió en su búsqueda, con esa cálida sonrisa que tanto le caracterizaba.
- Buenas tardes, su majestad, futuro sol del imperio. Es un gran honor recibir a su alteza en nuestra humilde casa – Xiao Lang miró a su alrededor y sonrió de lado.
- Yo no describiría esta villa como "humilde", duque. Es realmente asombrosa.
- Le agradezco el cumplido, alteza. Pero por favor, no se quede ahí. Sakura, cariño. Ven a recibir a tu prometido y guíalo hasta sus aposentos para que se acomode y pueda darse un buen baño. Nosotros nos ocuparemos del resto de tus invitados. – los pasos suaves de la dama resonaron sobre la graba y sintió que sus manos sudaban bajo los guantes de montura. Sólo habían sido tres semanas, pero la veía muy distinta. El color de sus ojos era más intenso y parecía satisfecha y feliz.
- Buenas tardes, su majestad. ¿Ha tenido un viaje agradable?
- Hubiera sido mejor sin la molesta compañía de cierto segundo príncipe – Sakura levantó una ceja curiosa que le hizo sonreír. Maldita sea, sólo llevaba ahí un minuto y su humor ya había mejorado notablemente – El aire de su tierra le sienta bien, señorita Kinomoto.
- Es bueno estar en casa, majestad.
- Ya veo. Espero que con el tiempo sienta lo mismo dentro de los muros de palacio – vio como la joven desviaba los ojos y se sintió idiota por sacar un tema tan conflictivo nada más llegar.
- Debe estar cansado por el viaje. Por favor, sígame. Le guiaré hasta sus aposentos.
- Oh, sí. Gracias
Inclinó ligeramente su cabeza para despedirse de los Kinomoto y se fijó en la ausencia de cierto moreno de ojos castaños. Touya debía estar en la frontera, cumpliendo con su deber de caballero. Era todo un alivio. Aunque imaginaba que estaría de vuelta en algún momento para ayudar en la exhibición militar que Sakura había mencionado. Justo en ese instante, se oyó un grito agudo por parte de Naoko y Xiao Lang se colocó en posición de defensa. Dos soldados imperiales corrieron a escoltarle y toda la casa se puso en tensión.
- ¡Por todos los dioses! ¿Qué es eso?
Un animal de pelaje dorado y de al menos dos metros de largo salió de entre los muros de la residencia y corrió a toda velocidad en su dirección. Su instinto fue proteger a la joven que lo acompañaba, pero esta no se lo permitió. En vez de eso, saltó a la carrera saliendo de la protección de sus escoltas.
- ¡Sakura, vuelve aquí! – el nombre de pila de su futura consorte le salió por instinto y todos se quedaron atónitos por ello. ¡Un jodido león corría en su dirección! ¿Por qué todos lo miraban a él como si su presencia fuera lo más extraño?
- No, por favor. Guarden sus armas. Es Kero. Sólo es Kero.
El felino llegó a toda prisa al lado de la muchacha y saltó de puro jubilo a sus brazos. Sakura cayó al suelo, entre risas y lametazos. Los guardias de su majestad bajaron las armas, pero no se arriesgaron a enfundarlas. Fujitaka Kinomoto se acercó con paso lento hasta ellos y se disculpó con una sonrisa.
- Lo lamento, su majestad. Keroberos tiende a escaparse. Intentamos contenerle, pero Sakura se niega a tenerlo encerrado en una jaula.
- Es… ¿una mascota?
- Un fiel guardián, más bien. Un dientes de sable de los bosques de Lua.
- ¿No estaban extintos?
- Casi… Sakura lo encontró tras los muros. Estaba famélico bajo el cadáver de su madre y lo adoptó. El animal celó de ella durante meses. La arañaba y mordía sin cesar, pero mi hija no desistió. Lo alimentó y lo cuidó ella misma hasta que Kero aceptó que fuera su maestra. Han sido uña y carne desde entonces. Nada malo puede pasarle a mi hija si esa bestia anda cerca.
- Impresionante…
- Sí, y muy admirable. No hay ningún registro en los libros de nadie que lograra domar a un dientes de sable. Sólo mi Sakura. Todo es producto de su testarudez, aunque eso ya lo habrá notado usted – Xiao Lang asintió sin mediar palabra – Kero ha estado muy triste sin Sakura estos días y ahora que ha vuelto la sigue a todas partes. Lamento el inconveniente.
- No, yo… está bien. - Xiao Lang vio como Mei y Naoko se habían abrazado mutuamente a lo lejos, víctimas de la impresión y el miedo. - Pero no puedo decir lo mismo de mis damas. Parecen al borde del desmayo. Estoy convencido de que lo han adiestrado bien, pero un animal salvaje siempre es peligroso. Mucho más con extraños en su propio hogar. – Fujitaka miró a las muchachas y rodó los ojos.
- Ya, bueno. Intentaré convencer a mi hija para que lo mantenga encerrado durante el día.
- Será lo mejor. Por lo que sé, los felinos son animales territoriales, si cree que somos intrusos puede atacarnos.
Sakura se levantó al fin, aún abrazada al enorme animal. El felino no dejaba de mordisquear cariñosamente su vestido intentando tirar de ella. La escena le resultó familiar. Cierto elefantito de casi una tonelada tendía a hacer lo mismo con su trompa. ¿Qué otro animal salvaje tendría escondido esa mujer? ¿Un halcón? Sakura caminó en su dirección con Kero colocado celosamente a su lado. Xiao Lang la miró con detenimiento, pero evitó el contacto visual con la bestia. Por alguna razón, los gatos le odiaban, no quería tentar a la suerte con uno que medía dos metros.
- Vaya, señorita Kinomoto. Luce usted como todo un golfillo – la muchacha contempló su vestido, que antes había sido de un claro color azul y soltó una risa suave.
- Lo lamento, su majestad. No acostumbro a llevar este tipo de ropa en casa. No se adapta a mi vida en el ducado.
- Ya lo he notado. – Xiao Lang hizo el intento de acercarse a ella, pero Kero la rodeó, soltando un estruendoso gruñido. Los soldados volvieron a proteger a su príncipe con sus espadas. – Oh, vale, vale. Todos tranquilos. No me atacará. ¿Verdad, señorita Kinomoto?
- Yo… supongo que no. - El príncipe alzó una ceja divertida y una gota bajó por su frente.
- ¿Supone?
- Verá, su majestad. Kero es un animal celoso. No tolera que nadie que no conoce se acerque a mí.
- Razón de más para mantenerlo encerrado – los ojos dorados del animal le fulminaron y un bufido molesto salió de su garganta. Ese bicho parecía comprenderle.
- ¿Encerrarlo? Oh, no, por favor, su majestad. Kero no ha estado encerrado nunca. Se pondría nervioso y lo pasaría muy mal.
- Sakura, cariño. El príncipe tiene razón. Con invitados en casa es peligroso mantenerlo libre.
- ¡Pero, papá! – Fujitaka negó con la cabeza y Xiao Lang pudo ver como Sakura se mordía el interior de su mejilla con impotencia. En verdad quería complacerla, más estando en su propia casa. ¡Pero era un dientes de sable! Un mordisco de esa "mascota" y estaban muertos.
- Sakura, no te preocupes. Llamaré a Yue. Él lo llevará a los establos y acondicionará un cuarto cerrado para él. Lo llenaremos de comida y paja. Por la noche podrás soltarlo para que corra.
- Se pondrá nervioso… y yo no tendré tiempo para ir a visitarle y…
- Mi flor, basta. Por lo que más quieras. Yue cuidará de él. Sabes que, después de ti, es el único que lo pone en vereda. – Sakura se agachó a la altura del animal y lo abrazó con cariño. Keroveros le devolvió el gesto, restregándose contra su mejilla.
- Ya has oído Kero, ve a buscar a Yue. Él cuidará de ti unos días. ¿Vale? – un aullido parecido a un lamento brotó de su grotesca garganta y Sakura le acarició el mentón. – Oh, vamos precioso, te llevaré unos dulces luego y te dejaré dormir conmigo. ¿Qué me dices?
Cómo si el animal la hubiera comprendido, le dio un lametazo en la mejilla y se fue caminando en dirección a los establos. Pero iba mirando de reojo al príncipe heredero, como si quisiera avisarle de que seguía pendiente de él.
- Hermosa bestia… Tiene usted debilidad por los animales exóticos…
- No es una bestia, su majestad. – Sakura miró a su padre con desafío y cruzó sus brazos - Luego ordenaré que lo dejen en mis aposentos. Allí se sentirá más seguro por las noches y puedo cerrar la puerta con llave. ¿Le parece correcto, padre? – el duque puso los ojos en blanco, pero le sonrío.
- Está bien hija, así será.
- Bien. Sigamos, su majestad – la voz jubilosa de la muchacha se había apagado y sintió que habían dado un enorme paso atrás.
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Xiao Lang Reed Li se entretuvo observando el hermoso interior de la gran mansión. Una gran escalera de piedra gris se alzaba en el centro y dividía el espacio por la mitad. Empezó a subir los escalones mientras sus dedos jugueteaban con la madera pulida de la barandilla. Levantó los ojos al techo y se impresionó por el blanco puro de la moldura, que hacía contraste con las enormes paredes de piedra. Caminaron por un largo pasadizo del tercer piso y dedicó su tiempo a contar las puertas que iban dejando atrás. La luz de los ventanales caía sobre los cuadros y bañaba de fuego el suelo tapizado. Obviamente, la villa no era tan extensa y lujosa como su palacio, pero sí era la propiedad ducal más grande que había visto hasta la fecha.
Finalmente llegaron a un gran salón. Era común en las casas nobles tener unas cuantas salas de exposición, dónde los invitados podían ver las riquezas de la familia mientras paseaban por el lugar. En palacio, se exhibían obras de arte, jarrones de porcelana y las antiguas joyas de la corona. Pero los Kinomoto habían decidido que era más adecuado lucir sus trofeos de caza y equitación. Sakura aminoró el paso en cuanto notó su interés y le dejó contemplar la estancia a sus anchas. El príncipe se dedicó a observar los animales que había disecados y que se erguían por toda la sala con un porte noble. La mayoría eran aves de presa, jabalíes o pequeños roedores. Pero se paró en seco al ver frente a él una mandíbula casi tan grande como su propia cabeza. Un lobo huargo de pelo gris le gruñía mientras le observaba con sus ojos inyectados en sangre. Dio un paso atrás, por la sorpresa. Jamás había visto un canino de semejantes dimensiones.
- Por todos los dioses… ¿Este es el lobo al que se refería el emperador?
- Sí, su majestad.
- Yo… creí que su padre lo tenía expuesto en una de sus propiedades de la frontera.
- Decidió traerlo hace poco. Al parecer, asustaba a los criados – los dedos del muchacho acariciaron el lomo casi con fascinación y se agachó a la altura de sus ojos. Obviamente, eran de cristal, pero parecían estar advirtiéndole de un peligro inminente.
- Es impresionante… una bestia así te arranca la cabeza de un solo mordisco. ¿De verdad lo cazó usted sola?
- Sí, lo hice - la muchacha arrugó el ceño y siguió su camino sin añadir más información. Pero Xiao Lang decidió que no iba a ceder ante semejante actitud.
- Sabe que soy el responsable de puntuarla en esta prueba ¿verdad?
- Lo sé - Sakura ni siquiera intentó esconder la molestia en su voz.
- Pues le recomiendo que se esfuerce más y modere su tono
Notó el fuego en los ojos de la muchacha, pero no aceptó su provocación. Era obvio que la joven tenía ánimos de discutir. ¿Sería un rasgo de su corta edad como había mencionado la reina Anna? A fin de cuentas, era a penas una adolescente. Una muy astuta, pero una niña al fin y al cabo. Xiao Lang puso los ojos en blanco y se sentó en un taburete de terciopelo verde que había cerca.
- Muy bien, señorita Sakura. Creí que habíamos superado ya esta actitud infantil, pero en vistas de que no es así, esta vez seré benigno y cederé a su juego por puro aburrimiento. Así que dígame, ¿Qué le molesta ahora a la gran dama? - Sakura se irguió sobre sí misma ante el sarcasmo de su voz y le dedicó un semblante airado. Xiao Lang esperaba que se pusiera a gritar en cualquier momento, pero en vez de eso, se cruzó de brazos y le habló con voz firme y pausada.
- ¿Por qué le ha dicho a mi padre que debíamos encerrar a Kero? No es un animal violento. Sólo me protege. – Xiao Lang observó el rostro de la joven. Sus mejillas lucían acaloradas y dibujaban hermosas pecas en su nariz. Era hermosa, incluso con la ropa hecha girones y el semblante molesto.
- ¿Me lo pregunta por qué en verdad no sabe mis motivos o sólo quiere que le conteste por el mero placer de discutir conmigo? – Sakura no recusó, así que se limitó a suspirar de puro agotamiento y le dio sus razones con voz monótona – Obviamente, opino que es un animal peligroso. Y aunque soy consciente de que lo ha educado con esmero, no puede asegurar que no atacará si se siente amenazado. Somos extraños en su casa, si su "mascota" cree que suponemos un riesgo para usted o su familia puede…
- No es mi mascota, es mi guardián. Y no atacará a nadie.
El príncipe levantó una ceja incrédula y Sakura tragó grueso. Le había vuelto a interrumpir, a pesar de conocer la posición en la que se encontraba y lo importante que era ganar puntos si no quería ser una estúpida concubina el resto de su vida. Agachó la cabeza y se mordió el labio, cómo siempre hacía cuando se veía obligada a tragarse su orgullo.
- Yo, disculpe, pero opino que Kero no es capaz de atacar de gravedad a nadie sin ningún motivo.
- Oh, eso me consuela. Si muerde a uno de sus invitados, al menos no será "de gravedad". Puede que solo le arranque un dedo.
- Sabe que no quería decir…
- Me está dando la razón, señorita Kinomoto.
Sakura levantó el mentón, presa de la indignación. Odiaba que la interrumpieran y él cogía ventaja de su título para hacerlo. Xiao Lang se levantó entonces, caminó con lentitud y se paró con su imponente figura justo frente a ella. Le sacaba más de una cabeza y le gustó sentir el temblor en el cuerpo de la muchacha. ¿Era miedo lo que veía en esas pupilas o la impotencia del que se sabe perdedor de antemano?
- No se haga la tonta conmigo. Sabe perfectamente que, si alguien sale herido, tendré que penalizarla. Y la emperatriz enloquecerá. No voy a correr ese riesgo y si fuera inteligente, usted tampoco lo haría – Claro que lo sabía, pero Kero odiaba estar encerrado. La habían obligado a separarse de él ¿Y ahora debía tenerlo encarcelado en su propia casa? ¿Cuántas injusticias más tendría que soportar por la estúpida decisión del maldito emperador?
- Yo… - los dedos del príncipe se posaron en sus labios y quiso mordérselos. ¿Por qué hacía eso siempre?
- Basta, por favor. Una vez más, se deja llevar por sus sentimientos y pierde el control, señorita Kinomoto.
- Eso no es cierto.
- ¿A no? No me tome por un necio. Perdió los papeles frente a más de doscientos invitados por un elefante asustado y ahora se ofende por tener que mantener encerrado a un maldito dientes de sable. Tiene debilidad por sus exóticas mascotas, señorita Kinomoto. La comprendo, no me malinterprete. Es obvio que las humaniza y no la culpo por ello. Pero no deje que nadie más que yo se dé cuenta. O lo usarán de nuevo en su contra. ¿Quiere que usen a Kero para dañarla? – la castaña dejó caer sus brazos a los lados y le miró con una expresión difícil de descifrar. Pero parecía sentirse vencida.
- Así que me dirá que ha tomado la decisión de encerrar a Kero sólo por mí. Para protegerme.
Xiao Lang notó como la muchacha empezaba a sentirse avergonzada por su berrinche. Incluso para alguien tan orgulloso como ella, era evidente que había cometido un error. Pero no pensaba admitirlo. Así que contó hasta diez en busca de una paciencia que no tenía y pensó en una forma de aligerar la tensión. Era obvio que en la futura relación que se verían obligados a mantener, él debería ser el que cediera más a menudo. Normalmente eso le molestaría, pero por alguna razón en este caso le parecía divertido. Estaba acostumbrado a que todos bailaran a su son, era agradable tener alguien con quien discutir absurdeces de vez en cuando. ¿Tenía acaso un lado masoquista que desconocía? Era hermano de Eriol, a fin de cuentas. Y todo lo malo se pega. O eso había oído de Takashi. Se acercó aún más a ella y le regaló una sonrisa traviesa.
- En realidad, no lo hago por usted. Lo hago por mí. He visto como me miraba esa bestia. No quiero tener que dormir con un ojo abierto. Ya sufro de insomnio por mí mismo. No necesito que su mascota me persiga también en mis sueños
Sakura soltó una sonrisa suave y la tensión se relajó al instante. Era asombroso cómo ese maldito príncipe lograba manipularla. Pero no iba a preocuparse por ello ahora. Sabía que, en parte (y solo en parte) ese hombre odioso tenía razón. No podía perder la cabeza cada vez que algo no salía como ella había planeado. Así que, imitó su gesto confiado y levantó la vista para mirarle directamente a los ojos. A pesar del tono de la conversación, su mirada no denotaba enfado alguno. Es más… ¿Desde cuándo la miraba con aprecio?
- Así que no duerme bien…
- Normalmente no.
- ¿Pesadillas?
Xiao Lang recordó entonces uno de los sueños perturbadores que le despertaron dos noches atrás y sintió sus mejillas arder. No podía confesarle que era su imagen la que aparecía noche tras noche y le sacaba de la cama en busca de un vaso de agua bien fría. Se apartó como si ella de repente quemara y tosió con incomodidad mientras se repetía en su cabeza que sólo era una niña.
- Arderé en el mismo infierno por mis pensamientos indecorosos…
- ¿Disculpe? Ha hablado tan bajito que no le he…
- ¡¿No me llevaba a mis aposentos?!
- Oh, sí… Yo… lo siento, no quería ser entrometida.
- No importa. Pero será mejor que continuemos – la castaña parpadeó un par de veces, asombrada por su reacción, pero asintió. El resto del trayecto lo hicieron en silencio.
Xiao Lang comprobó que la decoración de toda la propiedad era extraordinaria, aunque muy etérea. Los Kinomoto eran una familia poderosa, pero no hacían ostentación de ello. Algo que quedaba latente en cada detalle de esa casa. Lo cierto es que le recordaba a una cabaña de caza. Paredes de piedra y yeso. Suelos revestidos de madera y grandes alfombras de color verde olivo. El mobiliario era de nogal macizo y de los techos colgaban grandes candelabros de hierro forjado. También se dio cuenta de la perfecta iluminación natural. Todos los pasadizos contaban con grandes ventanales y tragaluces de un cristal tan limpio como el agua. Miró con fascinación una bóveda en el techo por la que se podía ver un despejado cielo azul. La castaña le miró de reojo y suavizó su carácter, intentando subsanar su desliz anterior.
- ¿Le gusta la bóveda?
- Es impresionante.
- De noche, se pueden admirar las estrellas. Cuando era niña, me tumbaba aquí, en el suelo y me quedaba horas mirándolas. Mi abuela me contaba historias de los dioses antiguos mientras buscábamos sus figuras en las constelaciones.
- Me parece una forma hermosa de conciliar el sueño.
- Eso es porqué no conoce las historias que me narraba… jamás se las contaré a mis hijos…
- "Nuestros" hijos. Seguro que serán hermosos, alocados y enérgicos, como su madre.
El príncipe le sonrío de lado y la castaña se sonrojó. Podía lidiar con su altanería, pero cuando Xiao Lang Reed Li bajaba la guardia y se comportaba cómo un humano normal, la dejaba desubicada. Sobre todo, cuando sacaba esa vena posesiva. Aunque odiaba que diera por supuesto que su destino ya estaba gravado en piedra. ¿No tenía ninguna opción? ¿En verdad se convertiría en una de sus esposas y se vería obligada a tener principitos con él? Intentó no pensar más en ello y se paró frente a la última puerta. Era de madera oscura, con un picaporte en forma de lobo. Lo cierto es que desentonaba bastante con la decoración del resto de la mansión.
- Llegamos, su majestad. Las estancias de invitados del ala sur. Es el cuarto más alejado, pero tiene las mejores vistas y verá que lo hemos acondicionado especialmente para usted.
La hija de Fujitaka Kinomoto abrió la puerta y se adentró con confianza. La luz exterior le cegó por un momento, pero pronto empezó a acostumbrarse a ella. Ignoró la gran sala y fue caminando hasta los amplios ventanales. El sol estaba bajando y en una hora se escondería tras las montañas, vistiéndose de un hermoso color naranja. Era su momento favorito del día.
- Tenía usted razón, las vistas te dejan si aliento. – Sakura se colocó a su lado y sonrió al infinito. – Jamás había visto tanto verdor…
- Son las montañas de Atíope, la diosa de la guerra y el honor. Pero por aquí las llaman la cuna de dios. El sol se esconde cada atardecer y la luz dibuja un manto cálido y dorado digno del descanso de los dioses. Hay muchas historias sangrientas sobre ellas. Pero es una vista espectacular.
- Sin duda debe ser mágico. Le confieso que siempre que puedo, admiro el atardecer. Aunque acostumbro a hacerlo entre papeleo…
- Hoy podrá contemplarlo a placer, se lo garantizo.
Sakura abrió el ventanal y le indicó que saliera con ella al amplio balcón. La estancia hacia esquina y dejaba ver los bastos terrenos de la propiedad. Hermosos jardines llenos de rosas blancas. Geranios rojos como la sangre y caléndulas amarillas como el sol. También había muchas fuentes y bancos de piedra. Así como estatuas con forma de animales y criaturas del bosque. Pudo ver a varios jardineros recogiendo las herramientas que habían usado durante el día. Al parecer, la jornada de trabajo llegaba ya a su fin. Xiao Lang respiró el ambiente y cerró los ojos, dejándose llevar por la paz de la naturaleza.
- Este lugar es idílico. Desde aquí puedo oler el bosque y el aroma del agua que fluye en los ríos.
- ¿De verdad? A mí me llega el hedor de los establos en cuanto sopla el viento desde el sudoeste – El príncipe se tapó la boca con su mano, pero aun así Sakura pudo oír su carcajada alegre. ¿No estaba muy relajado ese hombre desde su discusión?
- Aún con ese inconveniente, no comprendo por qué la gente teme vivir cerca de los muros de Lua. El verde, la paz que se respira… no me hubiera importado crecer entre tanta naturaleza.
- Los bosques de Lua no son populares, majestad. Muchas cosas malas pasan en la noche para aquellos que ignoran los peligros.
- Que misteriosa se ha vuelto usted… - Xiao Lang contempló el basto muro de piedra que se veía a la distancia. Lindaba con la enorme propiedad de los Kinomoto y parecía que oscurecía el ambiente a su alrededor. Era como si la noche hubiera caído antes entre los árboles de los hijos de la luna. - Sí, he oído historias de fantasmas, lobos y brujas. Cuentos para mantener alejados a los críos.
- ¿Cuentos? ¿Eso se dice en la capital?
- Ya sabe. Mitos y leyendas.
- Si usted lo dice… – Sakura se dio la vuelta y entró sin pedir permiso. El príncipe la siguió sigilosamente y esta vez sí dedico un segundo a contemplar la estancia.
- Se han esmerado en complacerme, eso no se lo pongo en duda. – Sus dedos acariciaron las sabanas de seda, gozando del frescor de la tela – Verde
- Su color favorito. ¿No es así?
- Gracias por recordarlo. Aunque prefiero los tonos más oscuros.
- El verde manzana es más adecuado para calmar el alma e inducir al sueño. Mi abuela opinaba que la correcta ambientación de una sala es determinante para la tarea que se debe desarrollar en ella. Todo tiene su equilibrio y su forma de ser. Era una mujer muy espiritual ¿Sabe? Podía leer tu alma. Era imposible mentirle a Nana…
- ¿En serio? No creo que un color pueda hacer mucho en ese sentido… – Sakura se acercó hasta él y levanto sus manos, pidiendo permiso con los ojos.
- ¿Puede darme su mano, majestad? – Xiao Lang la miró, perplejo, pero asintió. Sakura las tomó con suavidad y tiró de los guantes, dejando las manos del príncipe desnudas. Las miró con paciencia y acarició la palma de una de ellas con la yema del dedo índice. Una corriente eléctrica le bajó por la espalda al sentir la tibieza del contacto.
- Eh… ¿Va a leerme la mano? No sabía que entre sus dones estuviera incluida la adivinación – Sakura sonrío con dulzura, pero siguió callada. - ¿Me espera una muerte atroz?
- El humor y el sarcasmo no le sacaran siempre de situaciones incomodas. Por favor, permanezca callado, relaje el pulso de su corazón y respire con normalidad. Sólo se trata de un pequeño experimento.
No se había dado cuenta de que su pulso estuviera acelerado ni tampoco de su respiración irregular. Pero ahora que la joven lo había mencionado, aún le resultaba más duro intentar relajarse. Miró el cabello de la muchacha. Habían dejado el ventanal abierto, y la brisa de la tarde mecía su melena con suavidad. Poco a poco dejó que su mente se centrara en el olor a flores que desprendía el cuarto y destensó sus músculos cansados.
- Mejor… Ahora diré palabras al azar, usted sólo escuche. No hable. Sólo piense en el significado de mis palabras a medida que las pronuncie.
- Esto es algo…
- Confíe en mí. ¿No dijo que quería saber más cosas de mí? Pues este es un pequeño truco que me enseñó mi abuela. Era una mujer vital, sabia y dulce. – el príncipe heredero la miró con una ceja alzada, pero se dejó llevar. A fin de cuentas, no tenía ninguna tarea. Sólo evaluar a la muchacha que ahora mismo le tenía embobado. ¿Cuántas caras y facetas tenía esa niña?
- Esta bien. Me dejaré llevar.
- Adivino que es algo que no hace muy a menudo… – sus ojos se encontraron y el corazón de ambos se aceleró. Sakura fue la primera en desviar la vista y se centró de nuevo en su tarea. – Bien… empecemos.
- Va… vale.
- Fuego, viento, aire, tierra. Agua, bosque, lluvia. Blanco, azul, cielo y hierva. Rosado, cerúleo, verde y turquesa. Amarillo, sol, luz y niebla. Nieve, frío, sueño y roca. Rojo, sangre, negro y tormenta.
La voz de la castaña sonó suave y tranquila. Dejó pausas ligeras entre cada palabra y fue palpando las manos del príncipe mientras sus dedos se calentaban. Xiao Lang no pudo evitar sentir un agradable cosquilleo con el contacto ¿Por qué su mano ardía de ese modo? Sakura desprendía un calor asfixiante. No es que le molestara, pero jamás había notado su piel tan cálida. Era como si la muchacha estuviera transfiriéndole su propia energía.
- Curioso… - su mano le soltó y dejó una sensación extraña de abandono. Xiao Lang tragó grueso mientras frotaba sus dedos con los ojos entrecerrados.
- ¿Qué le resulta curioso?
- Le he hecho una lectura por asociación. Es un método que usaban los antiguos brujos de los clanes de Lua para conocer el alma de las personas. Claro que añadían hierbas y juegos de sombras para causar mayor impacto.
- No sabía que me había comprometido con una aprendiz de bruja – el príncipe intentó bromear de nuevo, pero la muchacha no le siguió el juego – Oh, vamos. ¿Acaso tengo un alma oscura?
- No, no. Claro que no. Es solo que ha reaccionado de un modo casi exacto al mío. Tenemos muchas palabras en común… Así que supongo que tenía razón al decir que nuestras almas se parecían.
- ¿Reaccionar? ¿Cómo he reaccionado?
- Son movimientos muy sutiles, reacciones del cuerpo ante los pensamientos que evocan. Su cuerpo se tensa o se destensa en función de la afinidad que siente con lo que digo. Usted ha reaccionado positivamente al fuego, al viento, al sol y la hierba. También siente atracción por la palabra roca y sus colores identificativos son el verde y el turquesa.
- Eso no parece tan malo…
- No lo es. Denotan fortaleza, firmeza y pureza. Aunque la roca indica testarudez.
- No es una novedad para ninguno de los dos. Ya le dije que soy obstinado.
- Pero la última palabra… es distinta. Yo no reaccioné con ella cuando mi abuela me lo hizo a mis catorce años.
- ¿Tormenta?
- Sí, su mano se ha sacudido cuando la he mencionado. Cómo si su alma se identificara con esa palabra más que con otra cualquiera. Cómo si algo le tuviera perturbado – Sakura contempló como los ojos del joven se abrían, pero pronto una carcajada brotó de los labios del príncipe heredero.
- No me diga que lo siguiente será sacar las cartas… siento mucho decepcionarla, pero no creo en estas cosas.
- Ya… el mundo ha dejado de creer en la magia, supongo - Sakura apartó las manos y se alejó mientras reflexionaba – Pero apuesto a que el aroma del té negro le relaja. Se adormece con el calor del fuego y se calma con el sonido del viento meciendo la hierba. Por eso ama el verde, le apacigua. Odia el frío y la nieve y no le gusta mojarse bajo la lluvia.
- Estoy convencido de que todo el mundo odia mojarse bajo la lluvia y se adormece al lado de un buen fuego.
- Eriol adora pasear bajo la lluvia y se calma al pisar la nieve recién caída – Xiao Lang sintió una molestia en la boca de su estómago.
- ¿Hizo esto con mi hermano?
- Sí. Es totalmente opuesto a usted. ¿Sabe? Prefiere el frío, el agua y la lluvia. Su color es el cerúleo y reaccionó con fuerza a la niebla. Es un alma misteriosa y algo oscura… pero a la vez compasiva. Una mezcla curiosa… mi abuela se lo hubiera pasado en grande psicoanalizándolo – Xiao Lang se dejó caer en la cama y la miró de reojo, mientras seguía estrujándose las manos intentando comprender por qué seguía sintiendo calor en ellas.
- Habla mucho de su abuela desde que he llegado… pero no la había mencionado antes.
- Es cierto. Es que hay tanto de ella en esta casa… Lamento si le he abrumado con tanto parloteo.
- No lo lamente. Me gusta que hable de su pasado y quiero conocer sus facetas. Incluso aquellas que no comparto.
- Pues ahora ya sabe que soy una bruja – la muchacha le dedicó una sonrisa, le guiñó un ojo y se alejó por el cuarto contiguo dejándole con la boca abierta. ¡Esa niña era tan extraña! Entendía la fascinación de Eriol por ella.
Xiao Lang intentó dejar a un lado las sensaciones de los últimos minutos y se levantó para pasear con lentitud mientras observaba sus aposentos. El suelo estaba tapizado de un hermoso color crema. Sería placentero descalzarse y dejar que sus pies caminaran desnudos por el estampado de hojas. Miró a su derecha, dónde un par de sillones revestidos de piel blanca y remaches negros le dieron la bienvenida. Habían dispuesto cojines bordados muy mullidos, perfectos para una espalda cansada. Tomó uno entre sus dedos y se lo llevó a la nariz. Olía a primavera. Seguramente debido a la gran cantidad de flores que habían repartido por toda la habitación.
Buscó con los ojos la cama en la que anteriormente se había sentado. Era gigantesca. Casi tan grande como la que tenía en sus estancias de palacio. El dosel era blanco como el vestido de una novia y las sabanas relucían de un bello verde manzana. Habían dejado un par de mantas a los pies de la cama y varios cojines de plumas. Se acercó hasta una de las mesitas de noche y acarició las flores. Jamás había visto una flor como esa. Tomó el tallo de una de ellas con cuidado y la hizo girar entre sus dedos. Era redonda como una naranja y se componía de decenas de pétalos diminutos. El resultado era esponjoso y suave.
- Se llaman hortensias – Xiao Lang saltó sobre sí mismo. No la había oído llegar. - ¿Le he asustado?
- Para nada. – el príncipe heredero dejó la flor de nuevo en el jarrón y suspiro. Debía bajar de las nubes o tendría serios problemas con esa muchacha astuta - Son hermosas.
- Y muy delicadas. No toleran mucho el sol y necesitan mucha agua. Pero son un regalo para la vista. ¿No cree? Las rosadas son mis preferidas.
- ¿En serio? No la creía muy aficionada a ese color.
- Como usted ha dicho antes, no me conoce mucho, su majestad.
- Eso ha quedado bastante claro – de nuevo se miraron en silencio creando un aura incómoda.
- ¿Quiere que le enseñe el salón contiguo o desea asearse primero?
- Me daré un baño antes, si no es molestia. El camino a caballo ha sido largo. Me temo que ya huelo como Yang.
- ¿Es el nombre de su caballo?
- Así es.
- Es bonito…
- ¿Le gustan los caballos o monta un león alado? – la muchacha le miró con una ceja alzada, pero sonrío.
- Adoro los caballos. Mi familia también se dedica a la crianza y adestramiento de los caballos del ejército.
- Oh, cierto. Lo había olvidado por un momento - Xiao Lang le sonrió y notó como sus mejillas se sonrojaban tras el gesto. Eso le alegró el día. Al menos ya no le era indiferente a la muchacha. Además, lucía más hermosa así (si eso era posible)
- Oh, le indico dónde está el baño.
Sakura lo acompañó hasta una puerta de madera rosada y la abrió con suavidad. El aroma de los bosques inundó sus fosas nasales y la visión de todo un cuarto de piedra le dejó con la boca abierta. No había ventanas, pero miles de velas habían sido encendidas y su luz jugueteaba en los espejos. Una gran bañera de piedra gris lucía en el centro. La habían llenado de agua caliente hasta el borde y estaba cubierta de espuma.
- ¿Esencia de eucalipto y pino?
- Así es, su majestad. Tiene buen olfato – Xiao Lang se arrodilló al lado de la bañera y acarició la espuma con sus dedos. Olía a bosque.
- Normalmente cuando viajo me llenan la bañera de pétalos de rosas y esencias de flores silvestres.
- No creo que eso se adecue a usted. – esos ojos de fuego se fruncieron mientras la escudriñaban – He… he pedido que el agua esté muy caliente y que dejaran varias toallas a su alcance. Le traerán una copa de vino tinto en un rato, así que relájese y disfrute antes de la cena. En un segundo le envío su ayuda de cámara. Mientras dure su estancia, tendrá a un sirviente en la puerta por si necesita algo. Pero no se preocupe, ya he dado orden de que prefiere alistarse sólo. No le molestaran a menos que usted se lo pida - Sakura hizo una reverencia e iba a marcharse cuando la voz del futuro emperador la llamó. - ¿Puedo ayudarle en algo más, su majestad?
- Dile a Eriol, que para la próxima prefiero menos espuma – Sakura se sonrojó de la cabeza a los pies al ser descubierta. – No di mi autorización para que fuera ayudada esta vez por mi hermano, señorita Sakura…
- Yo… lo lamento alteza. Eriol sólo me dio algunos consejos, no fue deliberado – Sakura escuchó la risa del joven príncipe y se atrevió a mirarle a los ojos.
- Xiao Lang, ya se lo dije. Puede llamarme por mi nombre cuando estemos a solas.
- Gra… gracias por el gesto de confianza. Cuando termine, le enseñaré la propiedad.
- No será necesario. Si me lo permite, me gustaría investigar por mi cuenta, considérelo un capricho mío. ¿Tengo su permiso?
- Es el príncipe heredero, no necesita el permiso de nadie – el príncipe rodó los ojos y la dejó marchar mientras admiraba el lugar. A pesar del calor, habían encendido la chimenea del cuarto de baño y crepitaba con calidez. Todo estaba a su gusto. Demasiado.
- Creo que mi estancia aquí será de lo más agradable…
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Se sentía tremendamente relajado mientras descendía la escalera principal. Sakura le había dado acceso total a la casa y se concedió el gusto de pasear e investigar antes de la cena. Odiaba ser guiado a todas horas mientras sus guardias lo escoltaban a menos de tres metros. Así que era todo un lujo prescindir de sus caballeros por unos días. La mansión Kinomoto era en sí misma una fortificación militar. Sus muros estaban vigilados por el ejército fronterizo y contaba con un general y al menos veinte caballeros imperiales en la casa. Cuatro de ellos, de alto rango. Por lo que dio órdenes a sus escoltas de permanecer alejados.
Paseó por los largos pasadizos, hallando la biblioteca, un salón de té para las damas y muchas habitaciones de cortesía para soldados y aprendices. Le sorprendió gratamente ver tantos cuartos con camas sencillas y armarios individuales. La mansión Kinomoto no parecía recibir muchas visitas de la nobleza, pero sin duda debía ser un lugar con mucho movimiento militar. Eso sólo recalcaba el hecho de que la infancia de Sakura se alejaba mucho de lo que era habitual.
Encontró una puerta que daba acceso al exterior. Pero no halló los jardines que se veían en su balcón privado, sino un amplio terreno de arena y tierra, seguido de una gran explanada de césped recién cortado. A lo lejos podía divisar algunos caballos corriendo en un campo cercado y muchos mozos de cuadra. Una melena plateada le llamó la atención entre tanto tipo de tez morena. Era Yue Tsukishiro.
- ¿Se ha perdido, alteza? – Xiao Lang se giró entonces y apenas contuvo su sorpresa.
- Yukito Tsukishiro.
- Veo que me recuerda, su majestad.
- Sí… no es alguien fácil de olvidar. Mucho menos en la situación actual.
- ¿Situación actual?
- Sí. Ahora que estoy prometido con la hermana de su mejor amigo – esos ojos castaños le miraron de un modo extraño, pero prefirió no darle ningún significado oculto - ¿Es habitual su presencia en esta casa, señor Yukishiro?
- Es muy frecuente, sí. – el hombre de melena gris se agachó para coger una piedra entre sus dedos y se incorporó con una sonrisa, mientras jugaba con ella y la tiraba una vez tras otra en el aire. – Mi hermano y yo hemos crecido entre estas paredes. El duque Kinomoto nos ha cuidado y tratado como si fuéramos también sus hijos.
- Es muy cortés por su parte. Entonces, ¿debo considerarle también mi cuñado?
- Para nada. Ya no queda esperanza alguna de unir mi apellido a esta casa.
- ¿Disculpe? – la campana que anunciaba la hora de la cena resonó por doquier y ambos miraron como se encendían las antorchas de los muros de piedra. La noche estaba cayendo. Yukito lanzó a lo lejos el pedrusco con el que jugaba y le dedicó una falsa sonrisa de cortesía que le molestó sobre manera.
- Será mejor que vayamos a cenar. Touya y yo estamos famélicos. Hemos llegado hace sólo unos minutos de la frontera.
- Ya veo. Le sigo, sir Tsukishiro. Dado su historial, será mi mejor guía en esta casa.
- Como guste, su majestad.
Ambos se encaminaron en silencio hasta la casa, pero por alguna razón, Xiao Lang no podía apartar los ojos de su espalda. Yukito era un joven alto y esbelto. Poca cosa, comparado con el fornido Touya Kinomoto. Pero desprendía un aire confiable que atraía a todo el mundo. Incluso a él mismo. Lo había tratado en más de una ocasión y siempre pensó que era un hombre muy loable. ¿Por qué ahora le causaba tanto desagrado?
- ¿Con qué palabras reaccionó usted? – el peli gris se giró para contemplarle y disfrutó con su cara de asombro. - ¿Quizá con el cielo? ¿Con el agua?
- ¿Disculpe?
- Ese juego de adivinación que Sakura aprendió de su abuela. ¿No se lo ha hecho también a usted? Creí que la conocía bien… - Xiao Lang se adelantó un poco, disfrutando del sonido de su propia voz. Pero no tuvo el efecto que había deseado.
- Entiendo… en realidad, no. Sakura nunca ha usado esa técnica conmigo.
- ¿A no? Qué curioso…
- No era necesario.
- ¿Por qué opina eso? – Yukito sonrío ampliamente, dejándole confuso.
- Sakura no necesita ningún truco para leer en mí. Hace tiempo que le di las llaves de mi alma. Pocas personas me conocen tanto como ella. – el príncipe cerró los puños y le miró con el ceño fruncido. ¡Maldito bastardo de lengua larga! - Pero supongo que su majestad es alguien con una personalidad cerrada. Además, dudo que alguien con su "educación" crea en estas "pantomimas" tan típicas de campesinos ignorantes. ¿Verdad? Adivinación, maldiciones y seres de otro mundo. No encajan con su mente científica.
- ¿Acaso usted sí cree? – el mayor de los Tsukishiro se encogió de hombros y le dedicó una sonrisa falsamente amable.
- Me he criado aquí. No se puede ignorar el misticismo de estas tierras cuando lo respiras a todas horas – Xiao Lang no supo que responder a esa afirmación tan absurda – Pero no perdamos el tiempo hablando de mí. Sakura aguarda por nosotros. ¿Entramos?
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Continuará…
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Notas de la loca que tienen por autora: Cómo siempre, me ha salido más largo de lo que esperaba. Antes de editarlo (cómo unas cien veces) tenía sólo 9.500 palabras… pero ya ven… se me va la pinza. Jajajaja. Lo cierto es que mi marido (que al fin se ha decidido a leer algo escrito por mí sin dormir-se) me ha comentado que no soy muy detallista con las descripciones de los lugares y doy muchas cosas por supuestas. Así que me he esmerado en detallar la villa de los Kinomoto, jajajaja. En fin, les dejo un adelanto del siguiente (aunque también puede recibir modificaciones) Les mando un besos y nos leemos pronto. Cómo siempre, les estoy super agradecida por los reviews. Gracias, de verdad.
"
- Mi hermana sabe adaptarse a cualquier situación, su majestad. Ese no es el problema.
- Por favor, sir Kinomoto. Deléiteme con su sabiduría. ¿Cuál es el problema entonces?
- ¿Por qué actúan cómo si yo no estuviera presente? – Sakura miró a su hermano con una ceja alzada. Y cómo todos esperaban, él la ignoró.
- El problema que tiene usted con mi hermana, es que ella ha decidido no adaptarse.
- Touya…
- Mi hermana no ha sido educada para lucirse como un jarrón en subasta ni para doblegarse ante ningún hombre. Si usted cree que con una institutriz y algunos consejitos va a someterla a su gusto…
- ¡Basta hermano, por favor! ¡No soy un caballo al que hay que domar! – Eriol soltó una risa divertida y se añadió a la calurosa conversación.
- Por todos los cielos, esta cena es la mejor del año. Y sólo acabamos de llegar. Muero por asistir a la cena del tercer día – Xiao Lang le miró con una ceja alzada y fue el turno de la voz de la sensatez.
- ¿No creen que las verduras de este año son muy ricas en color y textura? Sin duda las lluvias han sido generosas y abundantes esta primavera.
Tomoyo Daidouji. La prima. Hija de un conde y relacionada por parte de madre con la familia Kinomoto. Una joven que sí había recibido la educación apropiada y con todos los adjetivos y atributos asociados a una dama de la nobleza. Otra fiel seguidora de Sakura Kinomoto, pero con más cabeza que el bruto de su hermano. No perdía la compostura fácilmente y siempre buscaba una solución pacífica porqué creía que era el mejor modo de ayudar a su prima. Y en opinión de Xiao Lang Reed Li, era la persona más sensata de la mesa. "
