Capítulo 11: ¿Celos?:

-En resumen, entonces un grupo de personas ha intentado poner una bomba en una cárcel para continuar con la labor de Kira, pero han fracasado y ahora están detenidos en comisaría, ¿verdad? – resumió Near.

-Así es – explicó L – Aizawa se dirige en estos momentos para allá con el objetivo de obtener más información de los detenidos.

-Perfecto – contestó el del pelo blanco – Yo también avisaré a mis agentes ahora mismo. Les pediré que se pongan a investigar cuanto antes.

-De acuerdo – asintió el moreno.

Near se dio la vuelta y salió de la sala, bajo la atenta mirada de Yuko, la cual soltó un suspiro tras irse el muchacho.

L entonces la miró con curiosidad mientras sujetaba una galleta con los dientes, ya que las manos las tenía ocupadas en su teclado. Sabía que su hermana estaba bastante afectada por esa tontería del amor y que tenía pensado declararse a Near aquel día, así que el chico supuso que la actitud de ella tendría algo que ver con aquello.

-¿Qué te pasa? ¿Le has dicho eso al final? Antes parecías muy contenta cuando te llamé por teléfono – observó L y Yuko se puso roja.

-Sí. Me… me ha contestado que tendremos una cita – le respondió ella en voz muy baja, a pesar de que allí no quedaba nadie más aparte de ellos dos – Estoy muy feliz, pero muy nerviosa también… – admitió.

El moreno entrecerró los ojos. Ella era la única persona que le quedaba en el mundo a la que podía abrirle su corazón sin que se burlara de él, o le acusara de ser un tipo raro. Aunque a veces discutían, como todos los hermanos del mundo, se comprendían bastante bien. Y dejar que otro se acercara tanto a Yuko y tal vez la alejara de él o la hiriera… definitivamente le fastidiaba.

-Yuko – la llamó entonces con seriedad.

-¿Qué pasa?

-Si te hace llorar, te juro que no tendré piedad con él – contestó L partiendo una galleta en dos y ella le sonrió.

-Lo sé – le contestó la chica – Sé que podré contar contigo pase lo que pase. Y por eso te prometo que tú también podrás contar siempre conmigo, ¿vale?

-Vale – asintió él un poco más aliviado por la última afirmación de ella, y justo después se abrazó las piernas, escondió su cara entre sus rodillas y suspiró – Es extraño… Siempre me siento orgulloso cada vez que me doy cuenta de que has crecido, pero esta vez estoy triste y también un poco enfadado porque no me gusta la idea de que te vayas así tan fácil con otro, aunque se trate de Near – reconoció.

-Hermano… – murmuró Yuko acariciándole el pelo con cariño – Te he prometido que no voy a alejarme de ti, así que no estés celoso, ¿vale? – añadió y entonces él levantó su cabeza de golpe.

-¿Ce… celoso yo? – preguntó L abriendo los ojos aún más de lo normal.

-No, el que está celoso es el ordenador – contestó la morena rodando los ojos.

"¿Cómo es tan torpe para algunas cosas?" pensó la chica.

Esa molesta sensación que Yuko acababa de identificar como celos… L llevaba teniéndola varios días, y no solo con su hermanita. Se dio cuenta de que había sentido lo mismo cuando Matsuda había tratado de acercarse a Misa, por ejemplo.

"Entonces, ¿esto son celos? Pero… ¿eso no está relacionado con el amor?" se preguntó. "Es decir, Yuko es amor fraternal, pero… ¿qué hay de Misa? ¡No, no, no, no! ¡Ti… tiene que haber otra explicación!" cortó él mismo sus pensamientos rápidamente.

-Bu… bueno, tú y yo llevamos juntos toda la vida… – dijo L entonces, tratando de sonar tranquilo – Siempre he sido yo quien ha estado pendiente de ti. ¡Me preocupa que Near o cualquier otro no te cuide bien!

-Tendré cuidado – le prometió Yuko con una sonrisa.

Observó con curiosidad a su hermano. Se había dado cuenta de sobra de que su reacción ante la palabra "celoso" había sido un tanto exagerada por su parte.

"¿Quizás se haya dado cuenta de algo?" pensó la chica con interés, y entonces se fijó en las pantallas de vigilancia.

-¡Anda! Misa acaba de salir de su habitación – comentó sorprendida y el chico volvió a ponerse nervioso.

-Qué raro – respondió el moreno – Tal vez vaya a la cocina o a algún almacén porque se le haya olvidado algo para su cita…

"¡Lo de Misa sigue sin tener explicación!" se dijo L. "¡Ya sé! ¿Quizás no quiero que nadie la moleste porque soy yo quien gestiona su rehabilitación mental? ¡Sí, eso parece algo más lógico!" pensó con cierto alivio.

Los dos hermanos siguieron a Misa a través de las cámaras, pero para sorpresa de ambos parecía dirigirse a donde ellos estaban.

-Pues… yo diría que viene aquí – comentó entonces Yuko pensando que la situación cada vez era más interesante – En fin, creo que será mejor que me ponga a trabajar – añadió dándose la vuelta para dirigirse a la puerta que conducía a su sala de trabajo, ya que quería dejar a esos dos a solas – Por cierto, hermano – lo llamó entonces girándose para mirarlo.

-Dime.

-Deberías estar contento. Creo que Misa se preocupa de verdad por ti a su manera – contestó la chica misteriosamente mientras salía de la sala.

L se quedó mirando en aquella dirección sorprendido. Nunca le había importado a nadie, quitando a su familia y a algunas personas del orfanato, así que no, no iba a hacerse ilusiones para después llevarse una decepción. Esa chica seguramente querría alguna tontería como volver a pedirle un violinista, o que le proporcionara un unicornio multicolor o cualquier otra cursilada para su cena…

OoOoO

"¿Habré hecho mal escapándome de la cita?" se preguntó Misa con preocupación.

Para la rubia, Light siempre era lo primero. Aquel muchacho apareció en su vida un año después del asesinato de sus padres. En aquellos momentos ella sentía que estaba perdida, sin saber muy bien qué rumbo darle a su vida, y luchar por tener un príncipe azul que la amara al menos le había dado algo de sentido a su miserable existencia.

Pero… esa época ya había quedado atrás, y esa era la primera vez desde que perdió a Light que volvía a encontrar algo de sentido a su vida. Tal vez podía serle de ayuda a L, es más, quizás incluso podría salvar alguna vida. No estaba simplemente ocupando espacio en el universo.

Misa llegó hasta la puerta de la sala de mandos y trató de imaginarse la cara que pondría L cuando la viera entrar allí, sobre todo después de la discusión que habían tenido. ¿Sorprendido? ¿Enfadado? ¿Alegre? No sabía muy bien cómo reaccionaría el detective…

Tomó aire, pulsó el botón para que la puerta se abriera y después entró allí un poco avergonzada.

-Esto… ¿Buenas noches? – dijo Misa en un tono de voz que más bien parecía una pregunta.

L se giró. Su mirada, combinada con el brillo de las pantallas y la oscuridad del resto de la habitación, era bastante intimidante.

-Buenas noches – respondió el chico de mala gana – ¿Qué necesitas ahora?

-No necesito nada… – empezó a negar Misa.

-Pues no me molestes. Estoy trabajando – la cortó el moreno girándose de nuevo hacia su ordenador.

La chica sintió un nudo en la garganta. Quería ayudar, quería sentirse útil. L no podía ignorarla en ese momento, así que se acercó hasta él y se le puso justo delante, tapándole la pantalla de su ordenador.

-¡Oye! Te he dicho que… – empezó a decir L cuando Misa lo cortó de una bofetada.

-¡Detective estúpido! – le gritó poniendo una mano en cada hombro del chico y mirándolo intensamente – ¿No has sido tú el que me ha pedido ayuda?

L le devolvió la mirada sorprendido. No recordaba haberla visto tan enfadada nunca… Parecía que hablaba muy en serio.

-¡He dejado a medias mi cena con Light solo por venir a ayudarte! – continuó chillando ella – ¡Deberías estar un poco agradecido al menos!

Misa lo soltó y fue a sentarse en otra silla giratoria justo al lado. El moreno se llevó una mano a su mejilla adolorida. Cuando la gente trataba de herirle de manera física o verbal, normalmente era sin motivos, pero sintió que esa vez sí que se merecía la bofetada. Parecía que se había equivocado y que la chica no estaba ahí por alguna tontería, sino porque quería ayudar de verdad.

-Así que ya me estás dando ese discurso para que lo revise – siguió diciendo la rubia mirando hacia otro sitio mientras le tendía una mano a L para que él le entregara algún documento.

El chico siguió mirándola impresionado, pero al momento le dio la risa.

-¿Qué… qué es tan gracioso? – preguntó Misa un poco alterada – ¡No te rías de mí!

-Es que después de cómo te has enfadado, jamás me hubiera imaginado que volverías tan pronto queriendo ayudar – respondió L.

-Quiero hacer algo útil, ¿pasa algo? – le preguntó ella desviando la mirada.

-No, al contrario – negó el chico – Si vienes a ayudar, eres bienvenida.

L entonces recogió unos papeles de la mesa y después se levantó de su asiento para entregárselos a la chica.

-Mira, aquí tengo escrito un boceto del que será mi discurso – explicó él – Léelo con tranquilidad las veces que haga falta e intenta imaginarte las reacciones de los seguidores de Kira, ¿bien?

-Sí – asintió obedientemente – Y si encuentro algo que no me guste, te lo digo, ¿verdad?

-Exacto.

-Pues cuenta con ello – respondió ella con una sonrisa y ambos se pusieron manos a la obra con sus respectivas tareas.

OoOoO

Aizawa pasó dentro de la comisaría y se dirigió a la recepción, donde presentó sus credenciales.

-¡Ah! ¡Por supuesto, señor Aizawa! – exclamó el chico que había detrás del mostrador – Pase por aquí, por favor. Le están esperando arriba.

-Muchas gracias.

Aquel muchacho terminó de darle la ubicación a la que tenía que dirigirse y entonces el hombre subió en el ascensor y después avanzó por un largo pasillo, hasta llegar a una de las salas de detención.

-Buenas noches – saludó Aizawa a los agentes que había allí reunidos.

-Buenas noches – le contestaron.

En la sala contigua detrás de un cristal estaban todos los detenidos, aunque estos últimos no podían ver a los policías, ya que desde su lado el cristal parecía un espejo que les devolvía su propio reflejo.

Aizawa los observó. Los detenidos eran ocho personas en total, todos ellos aún llevaban puestas sus máscaras.

-Hemos podido atrapar a todos esos, pero creemos que han escapado unos cuantos – le explicó entonces a Aizawa uno de los agentes.

-Habrá que estar atentos por si ocurre otro ataque.

-Sí, eso me temo. Aunque hayan preferido quedarse así con la cara tapada, ya los hemos identificado uno a uno y hemos tomado sus huellas dactilares – siguió explicándole el agente.

-¿Han confesado algo? – preguntó Aizawa.

-Poca cosa… Parece ser que entre ellos no se conocían de nada…

-¿Y entonces cómo han organizado esto?

-Por lo visto han quedado a través de una página de internet – le explicó – El que parece el cabecilla trabaja en una fábrica de fuegos artificiales, y ha sido quien ha proporcionado los explosivos al resto del grupo.

-¿Quién es ese cabecilla del que hablas? – preguntó Aizawa con curiosidad.

-Ese, el de la camiseta roja – contestó señalándoselo con un dedo.

-¿Podría interrogarlo?

-Por supuesto – dijo el agente acercándose a un micrófono y pulsando un botoncito que había justo al lado – A ver, el de la camiseta roja – empezó a decir y el aludido se señaló con un dedo – Sí, tú. Pasa a la sala de interrogatorios de nuevo.

Aizawa entonces salió de allí y se dirigió también a aquella sala de interrogatorios, donde ya lo estaba esperando el chico de la camiseta roja junto con otro policía que lo vigilaba.

En el centro de la sala había una mesa cuadrada con una silla a cada lado. Aizawa se sentó en una de ellas y el sospechoso en la otra.

-Así que, ¿haciendo la tarea de Kira? – preguntó el agente – Me gustaría saber todos los detalles de lo que ha pasado esta noche.

El chico agachó la cabeza por respuesta. Aizawa entonces lo alumbró con un foco directamente a los ojos y el otro se tapó molesto.

-No tengo ninguna prisa, así que puedo pasarme aquí toda la noche si es necesario, ¿me has entendido? – preguntó el policía con seriedad – Además, este no es el peor método que puedo usar – añadió mientras se ponía unos guantes de látex y le señalaba de un cabeceo una estantería llena de botes con extraños líquidos.

El hombre esperó un par de minutos, pero al ver la poca colaboración del otro chico finalmente se levantó y fue a por uno de aquellos botes.

-Ya se lo he explicado a otro tío antes – murmuró el chico de mala gana entonces – Si Kira no hace su trabajo, vamos a hacerlo nosotros.

-¿Eres tú el jefe de la operación? – le preguntó Aizawa.

-No.

-¿Y quién es entonces?

-¡Yo qué sé! – gritó el chico.

-¡Alguien te habrá dado órdenes, ¿no?! – exclamó Aizawa empezando a perder la paciencia.

-Sí, pero no lo conozco en persona ni sé quién es. Solo he hablado con él o ella en una página de internet. Este usuario propuso el plan y pronto organizamos el ataque entre todos – contestó el otro – Puede que la persona que buscáis sea una de las que está en la otra sala. O puede que se haya escapado. Incluso a lo mejor ni siquiera ha venido a esta operación. Vete a saber.

-¿Habrá más operaciones como esta? – siguió preguntando Aizawa.

-Por supuesto – asintió sonriendo con malicia – A no ser que Kira vuelva.

-¡Estáis enfermos! – gritó dando un golpe en la mesa – ¿No os dais cuenta de que con vuestras acciones solo conseguís complicar aún más las cosas? ¡Eso por no hablar de que os estáis jodiendo la vida! ¡Lo que tenéis que hacer es ser ciudadanos honrados y dar ejemplo, maldita sea!

-¡Qué más dará eso! ¡Hace tiempo que yo ya no creo en nada! – explicó el joven desafiándolo con la mirada.

-¡Qué excusa más estúpida! – exclamó Aizawa levantándose de su silla – Ya he tenido suficiente. Puedes llevártelo con los otros detenidos – le dijo al otro policía que había allí en la sala, el cual esperaba apoyado en una pared.

OoOoO

La chica llegó jadeando a su casa. Tras cerrar la puerta echó un vistazo por la mirilla, y vio que por suerte nadie la había seguido. Caminó de puntillas por el pasillo, sin encender las luces para no despertar a sus padres.

-¡Sakura! ¿Eres tú? – la sorprendió entonces la voz de su madre.

-Sí, mamá – contestó ella.

-¿Qué tal tu cena de San Valentín? – le preguntó la mujer con mucho interés.

-Bueno… Un poco aburrida, la verdad – improvisó la chica – Esperaba que hubiera sido un poco más interesante.

-¿Qué? Entonces, ¿no vas a seguir con ese chico? – preguntó la madre visiblemente decepcionada.

-Me lo pensaré – contestó Sakura misteriosamente.

La chica pasó al baño para quitarse las lentillas y después se lavó la cara con agua fría. Llevaba varios días hablándole a su familia de un chico inventado que había conocido en la universidad y con el que supuestamente había quedado.

Pero todo eso era una farsa. Había tenido que mentir a su familia para poder salir hasta tarde y no levantar sospechas, porque si se enteraban de lo que tenía entre manos, definitivamente no se pondrían nada contentos. Pero tenía que hacer todo aquello solo por una cuestión de principios, aunque fuera peligroso.

Sakura se puso sus gafas de pasta roja, las cuales usaba bastante más a menudo que las lentillas, ya que le resultaban mucho más cómodas. La chica pasó a su habitación y se dejó caer sobre la cama con bastante cansancio. Sin embargo, cuando dejó de escuchar ruido en la casa, abrió su portátil y se metió a aquella página web sobre Kira en la que llevaba varios días entrando.

Leyó todos los mensajes nuevos que habían sido publicados durante aquella noche. La gente en aquel sitio parecía desesperada, ya que su "salvador" hacía días que ya no daba señales de vida, y todos ellos parecían víctimas perfectas para ser manipuladas con cualquier pequeño discursito…

OoOoO

L miró hacia su lado. Misa se había pasado un buen rato leyendo una y otra vez el discurso de arriba abajo, pero en ese momento estaba dando cabezadas. Al principio apenas balanceaba un poquitín la cabeza hacia delante, pero cada vez se iba quedando más cerca de darse un cabezazo contra la mesa.

El chico se dio impulso e hizo rodar su silla hasta la de ella.

-Oye, ¡ten cuidado! – le advirtió L mientras sujetaba a la chica para que no se golpeara.

-¡¿Eh?! – exclamó asustada, espabilándose de golpe por el susto – Ah, eres tú, Ryuzaki.

-Oye, ¿por qué no te vas a tu habitación a dormir ya? – sugirió él – Hace rato que no puedes ni con tu alma…

-¿Qué hora es? – preguntó frotándose los ojos.

-Las tres de la mañana – contestó el chico.

-¿Qué? ¡Es muy tarde! – se sorprendió ella – Menos mal que mañana no tengo que ir a trabajar…

Lo observó. Él no parecía tener nada de sueño.

-¿Cuántos cafés te has tomado? – le preguntó Misa al verlo con energía de sobra para aguantar un buen rato más.

-He perdido la cuenta – respondió L encogiéndose de hombros.

-¿Es que nunca descansas? – preguntó sintiendo una enorme pereza. Ella no podría pasarse varias noches seguidas sin dormir, ni aunque le pagaran una gran suma de dinero por ello.

-Pues claro que descanso de vez en cuando – respondió él – Soy humano, ¿sabes?

-No sé yo… – murmuró la chica divertida – Quizás deberías preguntarles a tus padres si un platillo volante te dejó un buen día en su puerta.

El chico guardó silencio al oír aquella inocente mención a sus padres. Misa había metido la pata con su broma y no lo sabía. Aunque… ella no tenía culpa, al fin y al cabo, no conocía absolutamente nada sobre su vida personal.

De todas formas, L decidió darle un pequeño capirotazo en la frente como castigo.

-¡Ay! – protestó Misa llevándose ambas manos a donde le había dado.

-Eso te pasa por graciosilla. Además, tú antes me diste una bofetada – se defendió él.

-¿Todavía te estás acordando de eso? Eres un rencoroso – le acusó.

-Tú todavía recuerdas cuando "invadía" tus citas con Light – contraatacó haciendo las comillas con los dedos – Y de eso hace bastante más tiempo.

Misa infló los mofletes y se cruzó de brazos. Su mente estaba bastante cansada y no se le ocurría nada ingenioso para contestarle en ese momento.

-Está bien. Te dejo ganar este asalto – dijo y a continuación se le abrió la boca con un bostezo – Pero… no te acostumbres, ¿vale?

-¿Qué dices? Ya estoy acostumbrado a ganarte – se burló L.

-¡Idiota! – exclamó ella cruzándose de brazos enfurruñada y vio cómo el chico ponía una expresión de estarse divirtiendo con su reacción – Ryuzaki, ¡eres un tonto! ¡Deja de reírte de mí!

-Vale, vale – contestó él volviendo a centrar su vista en la pantalla de su ordenador.

Misa se consideraba una gran actriz, capaz de decir palabras amables y de sonreírle a cualquiera, por muy mal que le cayese. Aunque ese chico de pelo negro desordenado… no sabía cómo se las apañaba, pero casi siempre le hacía de perder la compostura y de comportarse de una manera mucho más infantil de la que ella quería mostrar en público. En otras palabras, la hacía salirse de su propio guion…

"¿Qué truco usará conmigo?" se preguntó Misa mientras se le cerraban los ojos por el sueño.

De repente, L notó algo en su hombro. El chico se giró y vio que ella acababa de quedarse dormida apoyando la cabeza en su hombro.

-Oye, no soy una almohada… – se quejó, aunque no esperaba respuesta.

El detective pensó que sería una molestia trabajar toda la noche con esa carga en el hombro y, además, ella seguramente acabaría con dolor de cuello. Echó un vistazo hacia atrás y decidió cargarla en brazos con cuidado hasta uno de los sofás que había en aquella habitación.

La observó de cerca mientras la arropaba con una manta que había por allí. Tenía una expresión de serenidad en aquel momento, y le pareció bastante hermosa. En realidad, desde que supo de su existencia siempre se lo había parecido, L no podía negar eso.

Entonces, el chico presionó suavemente la nariz de Misa y observó cómo ponía una expresión de molestia y se movía un poco sin despertarse. El moreno volvió a repetir la operación un par de veces más con el mismo resultado y sonrió tontamente con aquel juego. Era muy, muy divertido molestarla.

"¿Será verdad que ella se preocupa por mí a su manera?" se recordó lo que Yuko le había dicho, mientras se dirigía hacia su silla para seguir trabajando.

Por algún motivo, el mundo no le pareció un lugar tan cruel a L en aquellos momentos…


¡Hola! ¿Qué tal va todo? Espero que bien.

Nota 1: A mí siempre me ha llamado la atención que Misa es super amable con todos, excepto con L, ¡siempre está picada con él! A veces parecen de verdad dos personajes de comedia romántica, así que por eso he decidido seguir esa línea.

Nota 2: Para los que hayan leído Strenght, ¿os acordáis de Sakura? Sí, sí, es la misma que ya salió en la versión antigua. He decidido que esta vez aparezca antes y desarrollar con más tranquilidad su historia, porque la otra vez salía solo en los capítulos finales y creo que el personaje podría haber tenido un mejor desarrollo, igual que le pasaba a Yuko. Y ya que te curras un personaje pues quieres que se luzca un poco al menos =P

Así que, ¿con qué intenciones vendrá Sakura esta vez?