Nos cedamus amori

(El día del torneo)

Finalmente, la fecha del torneo para los reyes ocultos había llegado, casi toda Roma estaba concentrada dentro y fuera del Coliseo Romano, las trampas de Palpatine estaban listas, pero de igual manera, lo estaban las de Marina y el resto de sus compañeros. Padmé, también estaba más tranquila sabiendo que los tigres no estarían tan salvajes como para distraerlos y que murieran en el esfuerzo. Ahora, sólo la voluntad de los dioses sería lo que permitiría la salvación o destrucción de los tres reyes y mientras la vida seguía allá fuera, el plan de Marina estaba dando inicio.

- Los soldados falsos están listos en la entrada – habló Pietro, mientras se terminar de colocar sus protecciones en los hombros – la carreta que llevará a los "cuerpos" está siendo arreglada mientras hablamos, en cuanto termine el torneo, vendrán a recoger los cuerpos de los caídos y los llevarán a la entrada para llevarlos a la carreta y tomarán el camino real para no causar tantas sospechas, ya que una de las fosas comunes se encuentra por esa dirección; pero tomarán de inmediato el atajo que los llevará al campamento con los germanos – cada palabra era dicha en voz baja, había soldados leales a la corona y no querían ser descubiertos por ser descuidados.

- Muy bien – dijo Caspio, quien afilaba su espada, lo que les proporcionaba ruido que no dejaría escuchar a los romanos - ¿las dagas están listas? – preguntó cuando vio a dos de los guardias distraídos.

- Cada una está guardada en esta bolsa – contestó Marina, sacando una bolsa de tela que escondía las seis dagas especiales – hay que recordar que no se pueden usar hasta que estemos de frente al Emperador, esperando a la sentencia final, si su dedo está para arriba pues nos ahorraremos el tener que usarlas, pero de no ser así tenemos que ponerlas en su espalda para que no pueda ver la aguja, aunque está muy lejos como para verla.

- Totalmente de acuerdo – concordó Caspio y Pietro sólo asintió con la cabeza – la carne se nos será entregada ya en la entrada y nos la amarrarán en nuestro costado y será interesante el ver de dónde saldrán los leones o tigres o lo que sea que tenga planeado, Palpatine – dijo acomodando su escudo y su lanza, sus hachas están en su espalda; digamos que en Cartagena, son muy dados al uso de las hachas y no es muy común en el mundo esa técnica.

- Era necesario no tener esa información – dijo Pietro, quien estaba amarrándose sus zapatos y poniéndose su casco – de ser así, sería demasiado sospechoso para todo el mundo, si estuviéramos esperando en el lugar preciso de donde saldrían los tigres – comentó tomando sus espadas, redes, lanza y escudo para la acción – y hablando de información – se dirigió a Marina, con cuidado, sabiendo que aún podían observarlos y escucharlos - ¿ya lograste hablar con tu amigo de Nápoles? – le preguntó cuando ya se dirigían a la puerta.

- No, aún no – le contestó Marina, mientras se dirigían al portículo que los llevaría a la plaza del Coliseo Romano, uno de los lugares más salvajes y peligrosos del mundo antiguo – pero con ayuda de nuestros compatriotas que están aquí con los gladiadores, ellos se encargarán de traerlo a ver nuestra presentación y de esa forma, nos verá – dijo segura, los tres parecían guerreros pertenecientes a la guardia de los dioses del Olimpo en Grecia o en el caso de Marina, a las amazonas griegas.

- ¿Y cómo sabrás que él podrá identificarte durante la lucha? – le preguntó Caspio justo antes de que pudieran salir al campo.

- Porque yo lo entrené antes de que se fuera a Persia – fue lo único que dijo, porque justo en ese momento se escucharon los gritos y aplausos del público del coliseo, Palpatine, se encontraba en su palco real, junto con su hijo, Padmé y el resto de la comitiva real del Emperador y algunos de los sirvientes y guardias, incluyendo a Satine, Vizla, Obi-Wan y Anakin. Mientras que, del otro lado, en las rejas donde estaban el resto de los gladiadores que fueron invitados a observar el torneo, se encontraba un hombre que usaba una máscara del lado derecho destrozado porque no sólo fue humillado, engañado y azotado por el Emperador del mundo, sino porque lo separaron de su amada esposa, Christine y no sabía a dónde la pudieron haber llevado, pero estaba decidido a luchar contra todo y todos, con tal de recuperar a su esposa. El hombre que los había entregado pagaría con su vida si era necesario, pero por ahora, se encontraba por debajo de las multitudes que formaban parte de la presentación del torneo, aunque no sabía de qué se trataba y se le hacía muy extraño, ya que no sabía porqué lo había traído, si apenas lo habían incorporado a las líneas de la ludus imperial.

- Esto se volverá interesante – escuchó a una voz a su derecha, quien resultó ser una jovencita de al menos 16 años de edad cosa que, aumentó más su odio hacia el Imperio, el traer a jovencitas y jóvenes a pelear en un infierno como lo es el Coliseo y el Anfiteatro Romano.

- ¿Jovencita? – le habló el hombre enmascarado y la joven volteó a verlo algo extrañado – Disculpa la molestia, pero ¿qué es lo que es interesante según tú? De lo que yo sé es que, sólo habrá una masacre sangrienta y aquí….pareciera que se tratara de una fiesta o algo así – dijo ofendido de que incluso los gladiadores se trataran así – lo entendería de la gente allá arriba, pero no entiendo la emoción – cuando dijo eso, fue que se abrieron las puertas donde salieron Marina, Caspio y Pietro, aunque él no podía identificarlos por la distancia.

- Oh, bueno, no es que nos guste pelear aquí a ninguno de nosotros – le contestó la joven gladiatrix – de hecho nunca se nos ofrece ver las peleas, pero en esta ocasión, no seremos quienes peleemos dentro del Coliseo, ¿señor….? – le preguntó ya que no se había presentado.

- Erik, Erik de Galia – le dio su mano para presentarse – pero no entiendo, si ninguno de los gladiadores va a luchar, ¿quién está en este momento preparándose para pelear contra gladiadores de Normandía? – le preguntó señalando a Caspio y a los demás.

- Oh, ellos son los consejeros de Sicilia, Cartagena y Nápoles – al nombrar a Nápoles a Erik se le vino a la mente todos sus recuerdos de cuando estuvo en Nápoles con Marina, la reina más joven y valiente que haya conocido, también de cómo fue la primera persona que le mostró amistad y respeto por ser quién es y que le demostró que no debía tenerle miedo de mostrar su cara con o sin su máscara – pero muchos de nosotros creemos que sólo es una trampa de Palpatine.

- ¿Una trampa? ¿De qué hablas? – le preguntó confundido viéndola con atención y la chica se le acercó para que los guardias no la escucharan.

- Digamos que Palpatine, quiere comprobar si ellos en verdad son sólo consejeros o si se está enfrentando a los reyes de cada nación – al decir eso, a Erik se le abrieron los ojos y sintió nervios de sólo pensar en fuera en verdad Marina, no sólo porque no quería que muriera en el torneo, sino porque a lo mejor sería la esperanza que estaba esperando para encontrar a su esposa y cuando inició el torneo, se concentró en los movimientos de cada uno, hasta que reconoció en la chica varios movimientos y estrategias de peleas que la misma Marina le enseñó y fue en eso que, cayó en la cuenta de que en verdad, Marina estaba luchando no sólo por su vida, sino por liberar a su gente como se lo había dicho cuando la conoció – oh, qué pasó con mis modales, me llamo Ahsoka Tano, soy de Mauretania, si te preguntas porqué el segundo nombre, eso es porque nuestro dueño Vizla – le señaló quién era su nuevo dueño en el palco real – se encarga de ponernos apodos que nos hagan sentir mal para que quitarnos lo poco de humanidad que tenemos y recordarnos que somos su propiedad – eso lo hizo bufar y resentir al entrenador del Imperio – pero siento que a muchos les han quedado bien sus apodos – la pelea seguía en su máximo rigor y Marina y los otros dos, estaban sudando por el Sol, pero no era nada comparado con su entrenamiento al que ya estaban acostumbrados, sobre todo en las montañas y en el bosque por Germania con los soldados de los hermanos rebeldes. Hasta que entraron los tigres del suelo, sorprendiéndolos por unos momentos, los guerreros que luchaban contra ellos eran muy bravos y les daban buena pelea.

- Ahora llegó la diversión – habló Pietro, al momento de que los tigres intentaban rasguñarlo, pero él los evitó con rapidez y destreza, además de que usó su escudo para bloquear la estocada de hacha de sus dos contrincantes – por lo menos, Palpatine está tranquilo y no ha sospechado nada, dijo mientras daba de estocadas a su contrincante izquierdo.

- Si con tranquilo te refieres a su cara de frustración, de que no le hemos dado nada, con nuestros movimientos, en eso estoy de acuerdo – le contestó Caspio, derrotando finalmente a uno de sus adversarios. La ovación de la gente era estruendosa, los romanos estaban locos por ver sangre y aunque a los tres no les gustaba dar un espectáculo, debían adaptarse a las circunstancias – creo que es tiempo de darles una sorpresa a nuestros espectadores – les guiñó el ojo y los otros dos sonrieron. Marina, tomó la red de Pietro y se la lanzó al contrincante más fuerte que tenía y Pietro, lo jaló hacia el otro suyo dejándolos inconscientes en el acto, creando fascinación entre los espectadores, ahora sólo debían enfrentarse a los tigres al guerrero sobrante de cada uno. Palpatine, seguía esperando el momento en que alguno les mostrara algo y el movimiento abrupto que tanto Marina y Pietro, maniobraron, le eran suficientes como para probarle que eran algo más especiales que unos simples consejeros. Al ver que Pietro estaba sacando parte de la carne que compraron Susanna decidió llamarle la atención a Palpatine para que no viera el movimiento discreto que hizo hacia el tigre, segundos después, continuó atacando a su contrincante, mientras los tigres se daban su festín al recibir más carne de lo que ya les habían dado hace unas horas.

- Muy bien, llegó la hora señores, es tiempo del acto final – les dijo Marina y con eso, los tres se movieron como bólidos en contra de un huracán que venía a atacarlos, sus golpes, estocadas y lanzamientos no eran tan sofisticados, pero servían para distraer a sus adversarios, mientras estos intentaban descifrar qué era lo que hacían y en menos de diez minutos, ya tenían acorralados y de espaldas a sus contrincantes, ya que debían "matarlos" enfrente de toda Roma, pero los tres estaban preparados, con los tigres alimentados y satisfechos; no tenían nada que les impidiera continuar con su misión – ¿qué está esperando? – dijo frustrada. La gente señalaba con sus puños libertad o muerte, pero sólo el Emperador podía dejarlos hacer la última acción. Palpatine, los volteó a ver con atención, a pesar de todo, habían dado una excelente presentación, pero no daba indicios de que fueran más fuertes y astutos que su imperio y él, por lo que, decidió darles la última prueba de lealtad hacia su persona y les indicó la señal de muerte y aunque, los tres ya sabían que eso sucedería, aún tenían la ligera esperanza de que pudieran evitar hacer eso – Bueno, aquí vamos – dijo entre los gritos de la gente y los tres utilizaron las puntas donde saldría el tranquilizante, haciendo que los tres adversarios parecieran muertos ante la multitud y más importante, Palpatine. El escuchar los gritos entre los romanos, no les hacía efecto, sobre todo, porque sabían que los sujetos no estaban muertos, pero de haber sido el caso, no era una situación por la cual estar orgullosos.

- Ciudadanos de Roma – habló Palpatine, poniéndose de pie, provocando nervios en los reyes y reina, porque no sabían qué significaría esta llamada de atención – acabamos de ver una presentación espectacular, jamás había visto a tres consejeros embestir sus armas con tal precisión y agilidad en mi vida – la respiración de Caspio era agitada, pero por la distancia no se podía distinguir muy bien – y tengo el gusto de admitir que será un orgullo para el Imperio, tener a aliados tan fuertes como los son Nápoles, Cartagena y Sicilia, si nuestros soldados entrenan a este grado de perfección, nos volveremos invencibles y no habrá ningún país o territorio que se nos oponga – el pueblo gritó de emoción, mientras que a Pietro, Caspio y Marina, se les hacía un hueco en el corazón de tan sólo pensar en las palabras de Palpatine y que debían tener todo bajo discreción, si es que querían lograr salir de ahí con vida y con la libertad de su gente – fue una pelea bastante conmovedora, pero no es lo que tenía esperado – dijo en voz baja el emperador a su hijo.

- ¿De qué hablas, padre? – le preguntó Paolo, al ver cómo los consejeros entraban de nuevo a la zona de gladiadores y los guardias recogían los cadáveres – Jamás había visto movimientos y estocadas tan capaces en mi vida, incluso tú lo dijiste hace unos momentos – le decía en voz baja, sin saber que Dominico los seguía escuchando con cuidado, mientras vigilaba que la gente se empezaba a ir del Coliseo.

- Sí, pero yo esperaba algo colosal que nos diera alguna señal de que ellos pudieran ser los reyes que he estado persiguiendo, desde hace años – dijo decepcionado, tantas ganas a tenido por atraparlos y hacerlos firmar el tratado que ahora sus consejeros están armando con él.

- ¿Padre y por qué no usas a la hermana del tal rey de Sicilia y así lo motivas a venir más rápido? – le aconsejó Paolo, pero eso le ganó una cara fruncida de su padre - ¿Qué? Creo que sería tiempo de que nos deshiciéramos de la princesa perdida ¿no crees? – Dominico, estuvo atento a todo lo que decían, para poder advertir al rey y a su hermana, no podía permitir que intentaran atacar a la joven princesa.

- No seas, tarado, Paolo – le reprimió Palpatine, si hago eso, no sólo pondré en contra a Sicilia para siempre, sino que perderemos la oportunidad de aliarnos con los consejeros y tendremos a medio imperio en nuestra contra, ya que todo el mundo sabe de nuestra futura alianza con los tres países y si hacemos algo que enfurezca a los reyes será nuestro fin – eso le dio una gran idea a Dominico, por lo cual decidió esperar a que estuviera solo con Shmi para conversarlo con los reyes. Mientras que debajo de todos los asientos, Erik, había descubierto claramente a su antigua amiga y sabía que, había logrado cumplir con su palabra, así como se lo había prometido hace varios años y estaría dispuesto a ayudarla de la misma manera que lo había hecho cuando se conocieron.

(De regreso en el armamento)

- Debo decir, que fue una de mis mejores peleas – confesó Caspio, mientras se acomodaba en la habitación privada donde estaban sus armaduras y armas – estaba tan nervioso en el momento que estuvimos enfrente de todos que, jamás pensé que lo lograríamos – dijo riendo.

- No, bueno, si tú estabas nervioso, Caspio, ten por seguro que yo estaba sudando en el momento en que abrieron las puertas – le aseguró sonriendo Marina, mientras Pietro sólo asentía aliviado de saber que finalmente todo estaba en marcha y que el martirio de posar para Palpatine y el resto de Roma, había finalizado. Por lo pronto, los "cadáveres" estaban siendo traslados al campamento de los germanos y esperaban que los dioses los bendijeran para que nos los atraparan en el traslado.

- Admito que…. – habló una nueva voz, la cual estaba justo en la puerta de la habitación, haciendo sonreír a Marina, la cual reconocería esa voz en cualquier lugar y momento de su vida – fue un acto muy impresionante el que hicieron los tres, pero creo que podrían haberlo hecho mejor que esto – dijo de brazos cruzados, mientras Pietro y Caspio, lo veían consternados y confundidos.

- Pero de ser así, mi estimado caballero, el Emperador habría notado algo extraño en nuestro papel y sería considerado como sospechoso y no queríamos eso – le dijo irónica, pero con una sonrisa que delataba su posición – pero ya que usted sabe tanto de estrategias de pelea ¿qué es lo que hubiera cambiado usted en nuestra "maravillosa" presentación de hoy? – la actuación de ambos era tan fascinante que incluso Pietro y Caspio, no sabían si intervenir ya que se estaba volviendo un ambiente muy tenso o al menos, eso creían.

- Bueno, ya que lo menciona señorita….tal vez haya uno o dos detalles que deban corregir en sus patrones – se puso derecho al ver la posición segura y algo confiada de su rival actual – que no son muy claros – en cuanto dijo eso, se dio una larga pausa que dejó incómodos a los otros dos espectadores, pero dos segundos después Marina y Erik, ya no pudieron aguantar la risa y comenzaron a reírse a carcajadas – no….no…puedo creer que se lo creyeran – dijo entre risas Erik, el cual lloraba después de tantos años de no hacerlo y Pietro, se quedó anonadado de haber caído ante su pequeña actuación, mientras Caspio, giraba sus ojos después de entender el porqué de todo este espectáculo.

- Jajajaja – Marina, se mantenía riendo sin parar, pero no con la intención de burlarse de sus compañeros de armas – lo siento, pero hace años que no me reía de esa manera, nadie en mi corte o en mis tropas es lo suficientemente irónico o terco como para ponerse conmigo frente a frente y bromear de esta manera, sólo Erik y ustedes lo han logrado – dijo cuando ya había logrado calmarse un poco más, pero resurgiendo un poco con la sensación de reír a veces – caballeros, les presentó a mi uno de mis más fieles compañeros que haya conocido en mi vida, Erik de Galia, les advierto de una vez, él no usa máscara porque sí, su cara tiene una deformidad profunda que lo ha obligado a llevar puesta esa máscara de cerámica, pero quiero advertirles que no voy a aceptar de ninguna manera que se burlen o lo tachen como un monstruo como muchas personas lo han criticado en su vida – les amenazó con seriedad, haciendo que sus dos colegas retrocedieran un poco y sintiendo su espada en su garganta a través de sus palabras – me costó meses y años hacer que él se aceptará tal cual es y no voy a permitir que nadie le haga sentir menos de lo que es, ¿quedó claro? – para este momento, Marina, ya tenía a ambos reyes acorralados en la pared y con una mirada de miedo hacia su aliada.

- Yo estoy bien con eso – dijo Caspio nervioso, tragando saliva, no queriendo enfurecer de nuevo a Marina.

- Estoy de acuerdo con él – acordó Pietro de la misma manera, sintiendo que veía luces blancas en sus ojos, pero sabía que Marina lo hacía para evitar problemas con ella y mantener un respeto mutuo entre todos.

- Bien, ya que todos estamos de acuerdo, Erik, te presentó al rey Pietro de Sicilia y al rey Caspio de Cartagena, mis colegas con los que planeamos destruir al imperio para siempre – le explicó a Erik, quien estaba sorprendido de que su antigua amiga se haya conseguido a aliados tan fuertes como los son Cartagena y Sicilia, sobre todo, por la forma en que se han mantenido ocultos durante años.

- Un placer, altezas – saludó Erik con una ligera reverencia, todo aquél que estuviera en contra de Palpatine y tuviera la fuerza para seguir a la reina napolitana, era merecedor del respeto del galo – me hubiera gustado haberlos conocido en otras circunstancias, pero me alegra que Marina haya encontrado fortaleza y apoyo en ustedes, para terminar con la tiranía de Palpatine y de su hijo…..pero ahora, quisiera saber la razón por la cual ustedes me han llamado hasta aquí, sin ningún problema con los guardias – dijo de brazos cruzados, haciendo que Marina levantara las cejas presumiendo a su mejor amigo.

- No se te escapa nada, ¿verdad viejo amigo? – le comentó sonriendo, a lo que Erik levantó los hombros como si no le afectara nada – Pues como bien dijiste, necesitamos de tu ayuda para continuar con nuestro plan – le fue explicando en voz baja, aunque tenía a guardias que estaban leales a Pietro y que les avisarían de cualquier eventualidad.

- Digamos que hemos descubierto muchos secretos dentro de estas paredes tan grandes, Erik – habló Pietro sentado, para hacerle entender que los tres hacen equipo para formular planes y que no omiten a nadie – y uno de ellos, es que Paolo, el príncipe, tiene una relación con otro hombre aquí en palacio – al decir eso, los tres intentaron no sentir náuseas por el recuerdo – no es que estemos en contra de ese tipo de relaciones, pero ver a nuestro enemigo besarse y/o entrar en pasión con otro hombre, no es algo que sea digno de recordar – Erik, hizo gesto de desagrado e intentó no imaginar la escena en su mente.

- En eso concuerdo con usted, majestad – concordó mientras se sentaba en otra de las bancas.

- Erik, quisiera que nos llamaras también por nuestros nombres, eres amigo de Marina y todo aquél que sea su amigo, también podremos considerarlos como nuestros amigos y aliados – comentó Caspio sintiendo que el hombre se merecía ese derecho, no sólo por ser amigo de su más grande aliada, sino porque puede notar que es un hombre con determinación y valor y que haría lo que fuera para defender a sus seres queridos.

- Está bien, Caspio – dijo sin dudar – pero ¿qué es lo que quieren que haga?

- Erik, desde que nos conocemos, me habías enseñado varios trucos de magia para engañar a las personas y que vean lo que tú quieres que vean – le dijo seria, mientras Erik, comenzaba a considerar lo que le estaba pidiendo – el asunto es que, Paolo, está sospechando de su esposa la princesa Padmé de Britania, la cual sí tiene un romance fuera del matrimonio, pero muy buenas razones….Paolo, es un salvaje y le reprime por no tener un hijo, además Lucinda, la hermana de Pietro, la cual la obligan a ser una esclava de la princesa, para obligar a Pietro a firmar el tratado para unir a sus tierras, ella nos dijo que una noche él abusó de ella estando ebrio y la lastimó terriblemente y el problema es que si Paolo, descubre su relación, ella morirá y él también – intentó resumirle la historia pero Erik, todavía no entendía el porqué su insistencia de querer ayudar a una de las personas que el mundo odia.

- Ok, pero hay algo que no entiendo – dijo escéptico - ¿por qué les interesa tanto ayudar a la princesa y a este sujeto que seguramente es alguien que no le importa? – preguntó tratando de entender.

- La situación es que la princesa ama a este gladiador – la explicación de Pietro, le llegó de golpe a Erik y le llamó la atención – y viceversa, la cuestión es que él es la persona que nuestros dioses nos mostraron que iba a ser quien lidere al resto de los esclavos a ponerse en contra del Emperador y nos ayudará a vencer a los soldados para escapar….él no lo sabe, pero Lucinda dijo que Padmé, está planeando mandarlo lejos y si lo hace, será difícil poder convencerlos y liderarlos para escapar del fuego que se hará – mientras Pietro, le iba aclarando su situación y la razón por la que no pueden retroceder y que necesitan su ayuda.

- Luego te doy más detalles de la situación, pero la razón por la que requerimos de tu ayuda es porque queremos hacerle creer a Palpatine y a Paolo, que Padmé fue secuestrada por germanos y ponerla y a tu esposa a salvo – lo último que dijo Marina, sacudió a Erik, como nunca y empezaba a sudar de saber qué es lo que había sucedido con Christine.

- ¿Christine? ¿Saben dónde está mi esposa? – preguntó nervioso.

- Sí, ella está en el mismo lugar que Lucinda, trabajando como esclava de Padmé, ahora antes de que me hagas una rabieta Erik, debes saber, que la princesa jamás le ha hecho daño a sus esclavas y sus heridas de látigo su prueba de ello – cuando Erik, le levantó una ceja ella decidió explicar más – digamos que Palpatine, es muy celoso de sus cosas y cuando Padmé, decidió dejar en libertad hace años a una importante cantidad de esclavas que él y su hijo le regalaron, lo tomó como ofensa y la golpeó y la amenazó a ella y sus esclavas con matarlas si decidía liberarlas de esa manera otra vez – terminó con tono serio, para darse a entender que la princesa de Roma, no era malvada y Erik, se quedó con los ojos abiertos y decidió que no debía pensar mal de ella – por esa razón, entre otras muchas, tomé la decisión de llamarte y pedirte que nos ayudes, no sabemos como cuánto más tiempo, logremos mantener esta farsa, hasta que los dioses nos den la señal de que podamos atacar, pero si algo sale mal, Erik, tú eres de las pocas personas que conozco que pueden engañar de forma drástica a las personas con su magia y de esa manera, no sólo nos ayudarías a nosotros, sino que, tendrías la oportunidad de recuperar a tu amada esposa y combatir contra aquéllos que te reprimieron de tu libertad – terminó con una pausa tensa, la cual serviría para que el joven galo, pudiera analizar sus opciones.

- Entonces Erik – comenzó de nuevo Caspio - ¿qué dices?

- El imperio y sus leyes, han sido una de las causas por las cuales he estado escondido en las sombras durante años y justo cuando finalmente logré encontrar mi felicidad, el Emperador y el exprometido de Christine, llegan a arrebatármelo todo – dijo con enojo – he estado esperando meses para poder ver un rayo de esperanza en el cual se me otorgara la oportunidad de recuperar a mi esposa, no voy a desperdiciar ni un solo minuto más, ahora que ustedes me la están dando…..sólo quiero pedirles un favor – dijo observando a Marina.

- Tú dime, ¿qué es lo que quieres a cambio? – Marina, sabía que Erik, no era de esas personas que pedían favores, por lo que, debía ser serio.

- Raulo de Jerusalén, es el hombre con el que Christine estaba comprometido antes de casarnos, él es un hombre ambicioso y nada sutil – tomó aire antes de continuar, tratando de calmar su ira – él me acusó de ser un monstruo y de ocasionar muertes a gente inocente – sus puños se cerraban con fuerza y Marina y Caspio, empezaban a comprender cuál era su petición – si ustedes llegaran a verlo, aquí o en cualquier otro lugar, quiero pedirles que lo acusen de los siguientes delitos que les voy a hablar, esos delitos fueron aquéllos en los que él me incriminó y logró convencer a Palpatine de ser un monstruo deforme y que le hagan justicia a Christine por todo el daño que le hizo sufrir mientras estuvo comprometida.

- Tenlo por hecho – contestó firme Pietro, sellando su trato.