Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen.
SEGUNDO AÑO
.
.
.
JULIO
Ultimo día de clases, Arnold y tu juntos (como siempre debió ser, claro), las animosidades extintas, nuevas parejas formándose, las bien establecidas creciendo.
Fue un ciclo extraño, te dices mientras reflexionas sobre todo lo que sucedió.
Arnold sentado a tu lado en la mesa de descanso justo como lo viste al lado de Lila en agosto…y, a la vez, tan diferente. Su mirada dista muchísimo de aquella que le regalaba a la pelirroja. Esta mirada es cálida, llena de promesa, cristalina, rebosante de amor.
Recuerdas cuando soltó el primer "te amo"… fue tan inesperado. Hubieras pensado que el mejor momento para decir algo como eso era después del sexo pero no, jamás para alguien tan dulce como Arnold.
Lo dijo una tarde mientras el sol se ocultaba. Habían pasado por algunos lugares que solían visitar cuando eran niños. Envueltos en un burbuja de agradable simpatía por aquel par de niños tan llenos de confianza que te atreviste incluso a preguntar la razón por la cual había terminado contigo en la primaria. "No estaba preparado para tu intensidad" contestó sin reparos apretando tu mano entre la suya.
Caminaban por el muelle. "No entiendo" le respondiste con la esperanza de que esclareciera su enigmática respuesta. "Para ser sincero, Helga, no sabía cómo quererte. Siempre fuiste tan diferente del resto, no te entendía, eras un problema cuya solución no lograba encontrar. Lo intenté, en serio, pero no lo lograba. Todavía eras muy hosca conmigo. Eso me desanimaba porque a veces cuestionaba si en verdad sentías algo por mí. Siento haberte lastimado. Te prometo que esta vez es diferente, Helga, ahora te conozco y te comprendo lo suficiente. Ya te quería desde hace unos años, de hecho, no lo dije porque das algo de miedo". Una sonrisa en sus labios, tu ceño fruncido profundamente, quisiste soltar su mano pero la mantuvo cautiva, la levantó a su boca y besó tus nudillos haciéndote suspirar. ¿Te había domado?
Una mirada traviesa de su parte provocó un mohín de angustia en tu boca, sí que te había domado. Estabas perdida, lo habías pensado aquella noche en la azotea del Sunset Arms, lo reafirmabas allí en el muelle. "¡Carajo!" dijiste con buen tono de voz. La carcajada de Arnold te hizo enojar por unos segundos pero era imposible permanecer así. "Te amo" aseguró mientras se limpiaba los ojos humedecidos por la risa. No habías contestado, no al menos con palabras, lo abrazaste tan fuerte que estabas segura de haberlo dejado sin aire y el beso que le diste fue dulce y tierno como tus sentimientos por él.
El siguiente, augura ser un mejor año, tendrán la oportunidad de planear un futuro, juntos. Tal vez no asistan a la misma universidad, quizás la vida los lleve por diferentes caminos pero sus corazones se pertenecen, lo sabes, lo sientes. Los problemas que lleguen sabrán resolverlos.
Aprietas su mano por debajo de la mesa mientras le sonríes cálidamente.
No lo dices pero tu mirar índigo lo expresa, tanto como las esmeraldas frente a ti lo gritan.
.
.
.
FIN
.
.
.
Gracias por acompañarme en esta pequeña aventura, rosita y sin complicaciones.
