Declaración: Los personajes no me pertenecen, le pertenecen al maravilloso tío Rick… y la trama le pertenece a Quinn Loftis.

Capítulo 21: Jason XXI

"En mi corazón sé que no es real. Sé que ella está a salvo. Pero mi mente no le cree a mi corazón. Mi mente ve su cuerpo sin vida delante de mí y mi lobo se enfurece. Matar, mutilar y destruir, gruñe en mi cabeza. Siento mi humanidad escapando cuando veo cosas innombrables sucediéndole a mi compañera. Mi lobo solo cree lo que está delante de él, y las emociones del hombre lo están deteniendo de ser lo que necesita para mantenerla a salvo. No sé cuánto tiempo pueda soportarlo. No sé cuánto tiempo tengo hasta que el lobo se haga cargo de una vez".

-Jason.

Jason cierra sus ojos frente a la escena delante de él. Si tiene que mirar a otro hombre poner sus manos sobre ella, o escuchar sus gritos pidiendo su ayuda de nuevo, se va a volver loco. Ella le suplica que la salve. Pregunta por qué no les impide que la lastimen, por qué está dejando que la toquen.

Jason está de rodillas mientras mira su cara llena de lágrimas.

-No es real, nena-susurra a través de las lágrimas—. No es real.

-Jason, por favor, detente, por favor, no dejes que me toque otra vez.

Jason observa su lucha contra el agarre del hombre. Ella extiende su mano hacia él y Jason trata de agarrarla, pero todo es en vano,

El cierra sus ojos mientras ella empieza a gritar de nuevo. Los sonidos son lo suficientes para hacerle vomitar, e incluso los olores son reales. El precioso aroma de Piper, envuelto en miedo, ira, lujuria y dolor.

-¡AAARRRRGGGGGGG!

Grita al vacío, sus gritos apagando los de su compañera.

Luke sintió el mundo estrellarse sobre él mientras observaba a Thalia dar a luz a su bebé. La sangre estaba por todas partes y los ecos de los gritos de su compañera rebotaban en las paredes. Apenas el bebé nació, un búho enorme se abalanzó y agarró al bebé que gritaba en sus garras. El búho se perdió en la noche con un fuerte chillido. Luke se abalanzó sobre el animal, el llanto de su bebé, la pequeña niña de Thalia y suya, ensordecedor en la noche.

-¿Por qué no la salvaste, Lucas? -preguntó Thalia entre lágrimas y gemidos de dolor-. ¿Por qué no salvaste a nuestro bebé? Prometiste que la salvarías.

Luke cerró sus ojos y cuando se abrió, Thalia se sentaba frente a él, entera, y brillando por el embarazo. Quería disfrutar del breve momento de paz, pero no podía, sabiendo que solo estaba empezando de nuevo. Sus temores volverían a realizarse ante sus ojos. E iba a suceder una y otra y otra vez,

Thalia se subió en su regazo y fue tan real que podía sentir su aliento en el cuello. Su aroma envolviéndose alrededor de él, así que se aferró a ella.

-Shhhh, cariño-le susurro ella - Todo estará bien.

-No, no lo estará, Thalia. Nunca estará bien. -La voz de Luke temblaba por el dolor y sus hombros se estremece mientras sollozos sacudían su cuerpo.

Entonces Thalia fue arrancada de sus manos, su captor, una forma amorfa. Ella grito de dolor agarrando su abdomen hinchado.

Luke extendió su mano hacia ella, suplicándole a la forma que la dejara ir.

Sangre mano de entre sus piernas, salpicando el suelo y mezclándose con agua. Thalia cayó y todo sobre su costado. Él observó impotente cómo la forma se cernía sobre su compañera y empujaba sobre su estómago.

-¡LUKE!- grito Thalia- ¡Haz que se detenga, haz que se detenga! No dejes que se la lleven de mí, de nosotros.

-Shh, mi amor, por favor, todo va a estar bien. –Luke se arrastró sobre su estómago hacia ella, su cuerpo cubierto de su sangre. Sus manos se deslizaron en la sustancia pegajosa a medida que se acercaba a ella. Acarició su cara con sus manos y trató de limpiar la sangre que puso en su piel pálida.

-Duele-susurró ella.

-Lo sé. Lo sé, nena. Lo siento mucho. -Luke se inclinó y besó sus labios suavemente. La atrajo hacia él y vio impotente como se retorcía de dolor y, finalmente, daba a luz a su niña. Acostó a Thalia de vuelta y alcanzó a la inmóvil forma pequeña.

Luke miró el hermoso rostro de su bebé y lloró ante la falta de vida. No había llanto, ni respiración, ni movimiento. Nada.

-Déjame verla-susurro Thalia débilmente mientras alcanzaba a la niña.

Poseidón se extendió hacia Sally, pero ella se apartó de su alcance.

-¿Cómo pudiste permitir que esto suceda, Vasile? –le preguntó entre lágrimas- ¿Cómo no pudiste proteger a los tuyos?

Vasile cerró sus ojos, buscando la verdad en su mente, recordando a su compañera diciéndole que esto no era real. Necesitaba su fuerza, especialmente ahora mientras se paraba frente a una versión de su compañera que lo miraba con tanta decepción que incluso como un Alfa se sentía pequeño. Sally era su corazón. Todo lo bueno en su vida venia de ella, y la idea de decepcionarla, de no ser lo que necesitaba, lo paralizó. La había decepcionado. Había dejado que su hijo sea tomado, junto con su manada y el Alfa de otra. No había luchado lo suficientemente fuerte, o hecho todo lo que debía.

-¿Cómo puedes estar delante de tu manada como Alfa?- escupió Sally.

-Mina. -Los hombros de Poseidón se desplomaron, derrotados-. Lo siento, Mina. Te falle. Se arrodilló ante ella y esperó por las palabras que siempre había temido, palabras que sabía destruyen su mundo.

-No puedo amar a un hombre que no puede cuidar de los suyos, Poseidón.

Esta versión de Sally lo miró con tal hostilidad que lo enfermó.

El lobo de Poseidón aulló y arañó en sus entrañas, tratando de liberarse. Se negaba a perder a su compañera. Nada, cielo, infierno, o cualquier otra cosa, la aleja de él, ni siquiera su elección.

-¡Tú eres mía!-gruñó. Por supuesto, esta Sally no respondió. Ella no era real

De repente, se había ido y su Sally se paraba delante de él.

-Poseidón...- Su voz fue vacilante y perdida.

Poseidón se tambaleó hacia ella mientras se levantaba. La tomó en sus brazos y la abrazó, inhalando su aroma.

-Me dejaste. ¿Por qué me dejaste?

-Shh, Mina-la tranquilizó Poseidón.- Estoy aquí, no me fui. Estoy aquí.

Sally se vino abajo en sus brazos, la humedad de sus lágrimas causando que su camisa se adhiera a su piel. Le suplica para que volviera a ella, para que trajera a Percy con él y nunca la dejara de nuevo.

Poseidón, Alfa de los Lobos Grises Rumanos, suplicó el perdón de su compañera, perdón que él sabía que no vendría de esta Sally. Por cada lágrima de ella, él lloró más. Por cada sollozo roto que ella emitía su corazón se rasgó en dos. Todo en él sabía que esta no era realmente su pareja, pero todo le decía que lo era. Tenía que luchar contra ello. No podía ceder ante el lobo, no podía ceder ante la horrible posibilidad de que él y los suyos estarían condenados a sufrir sus temores por la eternidad.

Tenía que recordar a su compañera, su verdadera compañera, y saber que ella estaba esperándolo, estaba esperando que volviera un hombre completo, no un lobo roto.

Will, Grover, Charles y Drake también estaban pasando a través de sus propios infiernos personales en el Limbo, cada hombre sufriendo una y otra vez sus más profundos y más oscuros temores. Y mientras soportaban lo que sentían que era la soledad, mal saben ellos que no estaban más que a unos centímetros uno del otro.

Un Grover devastado vio como la compañera que apenas había encontrado le daba la espalda.

Will estaba de pie delante de una Crina enfurecida, encogiéndose mientras ella le decía exactamente lo que pensaba de estar emparejada con un Fae.

Charles sollozaba mientras Desdémona cortaba el corazón que aún latía del pecho de su compañera. Sus gritos perforaron su corazón

Drake miró hacia la oscuridad, una oscuridad tan sombría y solitaria que los brazos de la muerte lo llamaban cariñosamente

Así una y otra vez tuvieron que soportar. Se enfurecieron, aullaron, lloraron y suplicaron ante cosas que no eran verdad. Sus lobos estaban enfurecidos dentro de ellos, buscando una manera de salir del hombre, pero ellos resistian.

Mona abrió sus ojos después de estar buscando en el Limbo en su mente.

El Rey de los duendes la había contactado cuando capturó a los machos y ella había estado casi tan emocionada como un niño en la mañana de Navidad.

Quería ver al gran Poseidón romperse, al poderoso Luke lloriqueando como un idiota, y se quedó satisfecha mientras los observaba. No podía ver lo que estaban viendo, esa era su realidad, pero podía ver sus reacciones a ello.

-Música para mis oídos-dijo a la casa vacía en la que se estaba quedando mientras esperaba a Damansen para que cumpliera con su parte del trato. Lobos lamentándose como cachorros apenas destetados. Debería grabarlos en una cinta de video y enviarlos a sus compañeras como regalo. Será el regalo que sigo dando.

Mona comenzó a pasear mientras pensaba en lo que estaba por venir.

Ella estaba por reunirse con Damansen en cuestión de horas, y él abriría el Velo al inframundo. Con la horda de demonios bajo su mando, sería capaz de borrar de la faz de la tierra a los lobos. Toman a las dos sanadoras, y con su sangre sería más poderosa que cualquier otro ser, incluso las Fae.

Mirando el reloj, notó que todavía faltan varias horas hasta su encuentro.

Por mucho que detestaba descansar, decidió que iba a necesitar la energía para acabar con los lobos. Se quitó los zapatos y se acostó en el sofá de flores, y lo encontró sorprendentemente cómodo.

-¿Quién dice que no hay descanso para los malvados?

Sonrió para sus adentros mientras se dejaba llevar.

Atenea yacía de espaldas en un sofá de una de las muchas salas de estar de la enorme mansión. Damansen se había ido todo el día y hasta altas horas de la noche.

Sabía que lo había enfurecido con su acusación, pero él no lo había negado, por lo que se imaginó que parte de su ira estaba probablemente dirigida a sí mismo.

Se quedó mirando el techo, su mente tratando de llegar a un acuerdo con lo que sentía su corazón.

-Está bien -le dijo a la habitación vacía admitiré. Tengo sentimientos por un hechicero. Ya, lo dije. -Puso los ojos en blanco ante sí misma mientras pensaba en lo tonto que debía de verse acostada sobre su espalda, hablando a la habitación vacía sobre sus sentimientos por un hechicero. Un condenado hechicero.

-Se te olvidó mencionar la parte de Rey.

Atenea saltó ante el sonido de la voz de Damansen, lo que la hizo rodar fuera del sofá, para nada como una dama, y terminar despatarrada en el suelo. Lo fulminó con la mirada mientras él se cernía sobre ella

Damansen se acercó y le extendió su mano. Renuentemente ella colocó la suya sobre ésta y él la levantó del suelo, directamente contra su cuerpo. Ella dejó escapar un jadeo de asombro, pero no tuvo mucho tiempo para más que eso antes que sus labios estuvieran contra los de ella. Atenea envolvió sus brazos alrededor de su cuello y lo acercó. Ella separó sus labios ante su insistencia y él lamió su lengua, haciéndola gemir apasionadamente.

Damansen levantó a Atenea entre sus brazos, sin romper el beso, y la sentó en su regazo mientras se sentaba en el sofá. Levantó una mano, recogiendo su cabello y lo utilizó como un ancla para guiar su cabeza mientras la besaba.

Atenea estaba empezando a sentirse marcada y se echó hacia atrás para tomar algunas respiraciones profundas. Cerró sus ojos y apoyó su frente contra la suya.

-Eres... el... enemigo- Jadeó mientras hablaba.

Damansen soltó su cabello y deslizó su mano suavemente a lo largo de ella

-Shh, pequeña. No, no tú enemigo, nunca tú enemigo- El beso su frente tiernamente y espero a que ella abriera sus ojos y lo mirara.

Cuando finalmente lo hizo, él vio el miedo y la confusión en ellos.

-No voy a lastimarte, Atenea -dijo con firmeza.

-¿Qué pasa con el resto del mundo?-le preguntó ella.

Damansen dejó escapar un profundo suspiro. Comenzó a girar su rostro del suyo, pero Atenea no iba a aceptarlo. Colocó sus dos manos a ambos lados de su cara y le sostuvo su mirada.

-Damansen, eres un buen hombre. Puedo sentirlo. Por alguna razón piensas que la única manera de ayudar a tu gente es ayudando a Mona. Te estoy diciendo ahora mismo que el mal nunca gana.

Damansen extendió su mano y acarició su mejilla tiernamente.

-He estado vivo lo suficiente para saber el flujo y reflujo de las cosas, Atenea. La desesperación cambia lo que una vez hubieran sido decisiones fáciles. Las circunstancias cambian.

Atenea no apartó su mirada.

-Te traicionará.

-Pero tú no -susurró en voz baja.

Ella agarró su mano y besó el centro de su palma.

-No entiendo lo que hay entre nosotros, Damansen. Estoy atraída hacia ti. Siento algo por ti y no quiero verte sufrir.

Damansen pensó, meditabundo. Primero que nada, no quería perder a Atenea.

En los dos días que la había conocido, ella había robado su frio y oscuro corazón Si le pidiera que caminara a través del fuego desnudo como Dios lo trajo al mundo, lo habría hecho con una sonrisa. No, él no quería perderla. Eso significaba que tenía que manejar las cosas con Mona. Iba a tener que andar con cuidado para derrotar a la bruja en su propio juego.

-¿Qué quieres de mí, pequeña?-le preguntó.

-No la ayudes. Lo que sea que esté planeando, es para su propio beneficio.

Tengo el presentimiento de que tiene algo que ver con los lobos, y si es así, entonces tiene algo que ver con Annie.

-¿Esta manada tiene una sanadora? -preguntó Damansen cuidadosamente, sabiendo que la respuesta de Atenea inclinaría la balanza.

-Piper- dijo Atenea-La mejor amiga de Annabeth es una sanadora gitana

Damanses cerró los ojos y gruñó. Mona quería esa manada destruida para poder tener a la sanadora. Sabía de su importancia para las brujas. Tal vez no le había dicho su propósito, pero Damansen era viejo y su memoria larga. Si la hija de Atenea estaba en la manada que Mona quería destruir, entonces tendría que mover montañas para asegurarse de que eso no pasara.

-Dime algo, Damansen. -Atenea pasó sus dedos suavemente sobre los labios de Damansen-Muéstrame lo que valgo para ti.

-La sangre de una sanadora gitana es muy poderosa-comenzó con voz cansada - Son puras, puras de corazón y mente, y hay poder en esa pureza, poder que una bruja nunca podría poseer porque las brujas no tienen pureza. Mona quiere la sangre de la sanadora. Quiere destruir la manada y llevarse a la sanadora.

Atenea saltó de su regazo y él la dejó, sabiendo que necesitaba sacarlo de su pecho.

-¿Ibas a ayudar con esto? -Sus ojos se ensancharon.

-Le hice creer que abriría el Velo al inframundo. Nunca tuve la intención de ayudar a destruir algo.

-¿Cómo se supone que te crea? ¿Cómo se supone que confié en ti? -le pregunto, incrédula

-Tienes que tomar una decisión. -Sostuvo su mano hacia ella, esperando ver si la tomaba - Toma una decisión para ver lo que hay entre nosotros. De cualquier modo, no voy a dejar que ningún daño le ocurra a tu hija o a sus amigos.

Atenea miró a sus ojos y luego a su mano. Pareció tomar una decisión. Y cuando ella puso su pequeña mano en la de Damansen, dejó que la jalara de nuevo a su regazo. La empujó contra sus brazos y la besó gentilmente, luego sonrió ante la mirada aturdida en sus ojos.

-Borra esa sonrisa de suficiencia de tu cara, Rey Hechicero- gruño juguetonamente.

-Mis disculpas. No me di cuenta que mis besos fueran tan potentes.

Atenea bufó.

-Tal vez en realidad son aburridos y me dan sueño.

Damansen agarró su barbilla firmemente y con gentileza, y la sostuvo mientras la besaba de nuevo. Cuando termino, se alejó y vio la pasión danzando en sus ojos Grises.

- Definitivamente no son aburridos -murmuró él.

Ella sonrió y mordió los labios de Damansen con afecto.

Decidiendo que no podía posponerlo más tiempo, dejó salir una profunda respiración.

-Voy a encontrarme con Mona mañana.-Atenea se sentó derecha y esperó a que continuara- Tengo que mantenerla pensando que voy a ayudarla, pero voy a pensar en una manera de detenerla.

-¿Cómo? -preguntó Atenea entusiasmada, obviamente gustándole su plan.

-Soy el único ser que sabe cómo abrir el Velo al inframundo.

-¿Por qué solo tú?-interrumpió Atenea.

-¿Puedes imaginar el peligro de tener a un montón de seres sobrenaturales paseándose con ese conocimiento?

Atenea asintió.

-Veo como eso sería peligroso, pero, ¿cómo terminaste siendo el único con esa responsabilidad?

-Siempre ha sido la carga del Rey Hechicero mantener el secreto del inframundo. El Rey que estuvo antes que yo lo tuvo, cuando murió yo lo herede.

-Entonces, ¿es una de esas cosas de "así es como tiene que ser"? preguntó Atenea.

-Supongo que se podría decir eso. Mi raza es profundamente mágica y bastante antigua. Pero, como mencioné, las Fae han dejado este reino y, como resultado, nuestra magia está desvaneciéndose.

-Espera, ¿qué? įLas hadas se han ido? -preguntó Atenea, confundida.

Aparentemente no había estado escuchado. No sabía nada sobre Fae excepto que existían, pero encontraba interesante y un poco desconcertante que hayan decidido dejar este reino.

-Después de la Gran Purga, las Fae se perdieron de vista. Se quedaron en su lado del Velo, y ya que no ha habido sanadoras, no se han molestado mucho en venir a visitar. Ellos son el epitome de la magia y ya que se han retirado, la magia también lo ha hecho.

-Entonces, ¿eres más débil debido a eso?

-Si -repitió. Damansen vio la preocupación en su rostro y añadió rápidamente- pero sigo siendo muy, muy poderoso.

Atenea sonrió.

-Buena salida.

Damansen le sonrió en respuesta.

-Me gustas -le dijo.

Atenea soltó una risotada.

-Es bueno saberlo. Tú también me gustas,

En un instante, el rostro de Damansen se tornó serio de nuevo, el momento romántico había pasado.

-Mona no sabe lo que se necesita para abrir el Velo. Si puedo convencerla de que hay algo que necesito para abrirlo, algo que no tengo ahora mismo...

Atenea hizo un movimiento de "ah" con su boca.

-Puedes conseguir más tiempo terminó su pensamiento.

-Exactamente.

-Bien, entonces, qué es eso que vas necesitar -Hizo unas pequeñas comillas al decir la palabra "necesitar".

-Usualmente en cualquier pequeño hechizo hay un sacrificio. Hay uno en el caso de abrir el Velo, se requiere sangre, mi sangre. Pero, repito, ella no lo sabe.

Damansen estuvo callado por un momento muy largo y Atenea inclinó la cabeza de Damansen para que la mirara.

-¿Qué es? -preguntó ella.

-Simplemente pensé en algo que podría servir a nuestro favor o en nuestra contra.

-¿Si? -Las cejas de Atenea se alzaron

-La magia es meticulosa, Atenea. Vive y respira por si sola. Nosotros, mi gente, las Fae, los lobos y así sucesivamente, somos simplemente los que la tenemos. No somos dueños de ella y no siempre la controlamos.

-¿Qué estás tratando de decir, Damansen?

-Conozco la magia que se requiere para abrir el Velo; conozco el sacrificio. Pero eso era antes de ti.

-¿Qué tengo que ver con eso?

-Me has cambiado, y no es algo pequeño. Soy bastante viejo, pequeña: antiguo. Y cambiar algo de mi a este punto... no sé cómo ese cambio afectará lo que la magia requiere de mi-explicó Damansen.

-Entonces, ¿me estás diciendo que no sabes lo que se necesita para abrir el Velo?

Los labios de Damansen se tensaron.

-No todavía.

-Así que no tendrás que convencer a Mona, o mentir en absoluto. Puedes decirle sinceramente que no sabes lo que va a necesitar,

Damansen asintió estando de acuerdo.

-Eso debería darnos algo de tiempo. Pero ahora que me he dado cuenta que no sé lo que implicará el sacrificio, necesito descubrirlo. No quiero ninguna sorpresa.

-¿Cuándo te encuentras con ella?-preguntó Atenea mientras se levantaba de su regazo. La soltó de mala gana y la observó estirar sus brazos sobre su cabeza, extendiendo su espalda.

Damansen miró por la ventana y observó el relámpago en el cielo nocturno.

-En unas horas.

Atenea agarró su mano y lo tiró fuera del sillón. Él se puso de pie y la miró con curiosidad.

-Bien, entonces tenemos unas cuantas horas para descansar.- Comenzó a tirarlo en dirección a las escaleras.

-¿Te vas a acostar conmigo?-le preguntó con cautela

Atenea ahoga una carcajada.

-Lo haces sonar tan bíblico. Vamos a dormir en la misma cama. Estoy cansada, pero me gustaría escuchar más sobre ti y tu gente, así que voy a dejarte hablar conmigo hasta que me duerma-le informó con una sonrisa.

-¿Vas a "dejarme"?

Damansen rió mientras la dejaba llevarlo por las escaleras y el pasillo.

Atenea se quitó sus zapatos de una patada y subió a la cama. Trató de mantener su respiración bajo control mientras el largo cuerpo de Damansen de recostaba a su lado. Había pasado tanto tiempo desde que había estado en la cama con un hombre, para dormir o para otra cosa.

-¿Estás bien, Atenea?- preguntó Damansen mientras rodaba sobre su lado. Se apoyó en un codo y la miró.

-Mmm hmm -murmuró nerviosamente,

-Atenea. -Damansen se deslizó más cerca y envolvió un largo brazo alrededor de la cintura de ella, tirándola a su lado.

-Es sólo que ha pasado mucho tiempo desde que un hombre me sostuvo en sus brazos- susurro en la oscura habitación.

-No soy un hombre- le dijo, y ella sintió el susurro de sus labios contra su cuello, él se inclinó y la acarició.

-Sabes a lo que me refiero.

-Si te hace sentir mejor, nunca me he acostado con una mujer en mis brazos.

Atenea miró sobre su hombro para verlo, sus ojos estaban abiertos por la sorpresa.

-¿Nunca?

-No. He estado esperando a mi compañera.

-Pero seguramente haz estado con una mujer. -Las palabras de Atenea salieron a trompicones.

Damansen rió.

-Si, aunque realmente no es una conversación que quisiera tener mientras te tengo en mis brazos.

Atenea sonrió.

-Estoy de acuerdo. -Dejó salir un respiro- Ahora cuéntame de tu gente. Mantén mi mente lejos de la preocupación por mi hija y de ti ayudando a esa estúpida bruja a llevar nuestro mundo al infierno en una canasta.

Damansen sonrió por su elección de palabras y procedió a hacer lo que le pidió. Sólo había llegado a sus años de adolescencia antes de que Atenea estuviera respiración lenta y profundamente, con sus ojos cerrados, y una expresión calmada en su cara. Se había quedado dormida.

Mona se paró tiesa, mirando al alto y estoico Rey hechicero. Estaba tratando de estar calmada, pero saber que su plan estaba siendo atrasado una vez más, no le estaba sentando nada bien.

-Así que, ¿me estás diciendo que no sabes exactamente que vamos a necesitar hacer para abrir el Velo?- dijo entre dientes.

Los ojos de Damansen se estrecharon.

-No voy a dar marcha atrás con mi parte del trato. Desdémona. Sabes cómo funciona la magia. Siempre hay un precio. Sabia el precio antes de tener una compañera, ahora Atenea es mi compañera. Esto cambia todo.

-Ah, ¿tu compañera? Qué lindo. Me aseguraré de conseguirte un apropiado regalo de boda, tal vez una alfombra de lobo para tu sala.

Damansen ignoró el comentario.

-Si quieres esto, tendrás que confiar en mi-le dijo a ella firmemente.

Mona soltó una carcajada

-Gran Rey, deberías saber mejor que nadie que no se puede confiar en nadie en este mundo. Incluso tu preciosa Atenea tiene secretos. Pero ya que eres mi única opción, supongo que no tengo otra elección. Sin embargo, escucha esto...

El cuarto se puso frio.

-Si no mantienes tu palabra, la mataré. Le quitaré las tripas como a un pescado justo frente a ti.

Damansen soltó un rugido y una espada apareció en su mano. Estuvo frente a ella en un instante, la espada posicionada en su garganta

-Escúchame a mí, bruja. Amenaza a la mujer que amo de nuevo y te trazos y los mandaré de regalo a los lobos. Se alimentarán de tu carne y bailarán en victoria por tu caída. Nunca vuelvas a amenazar lo que es mío.

Mona empujó la espada con su dedo, cortándolo mientras lo hacía. La espada pareció absorber su sangre, luego comenzó a brillar. Miró la espada con horror.

Damansen sonrió malvadamente.

-La espada te ha marcado ahora, bruja. No hay lugar en este reino o en cualquier otro donde puedas esconderte. Recuerda eso.- Bajó la espada- Te veré en unos días. No sería sabio saber cómo abrir el Velo, pero no cómo cerrarlo, no sea que salgan más demonios de los que puedas manejar

Con un gran malestar, Mona observó al Rey Hechicero cerrar la puerta detrás de él.

Había estado demasiado confiada y eso le había costado caro. Había derramado sangre por otro. No sólo otro, sino uno de gran poder. Necesitaba observar al Rey de cerca, necesitaba pensar en un hechizo especial para Atenea, uno que lo mantuviera en línea cuando llegara el momento. No había mentido cuando le había dicho que no confiaba en nadie, Mona había aprendido muchas veces que sólo había un ser en el mundo en el que podía confiar: ella misma.

En cuanto a lo otro, todo estaba yendo espléndidamente. Tal vez no tan rápido como le hubiera gustado, pero Roma no se construyó en un día, ¿verdad?

Las sanadoras ya no tenían la protección de sus machos, a pesar de que seguían con las hadas, e iban de camino al Velo para cruzarlo y llegar al reino de las Fae.

No estaba preocupada porque lograran cruzar, tenía una sorpresa para ellas.

Mona sonrió para sí misma. Si, todo iba de acuerdo al plan, y pronto, muy pronto, sería la más poderosa de los seres sobrenaturales. Ninguno se pondría en su contra y todo caería.