Futuro
Hipólita, Sirius y Sev habían llegado a la linde del Bosque.
-Vamos a hacer aquí nuestros halcones, Prince, para que Sirius los vea volar antes de meternos en el Bosque – dijo la chica.
-Vale. Yo ya no sé cuál es mi recuerdo más feliz – dijo Sev.
-Yo tampoco. Probamos los de ayer, a ver si nos salen.
-Probemos.
Probaron, incorpóreos.
-Probamos los de esta mañana cuando nos hemos despertado – dijo la chica.
-Vale, cuando te has despertado tú.
Probaron, incorpóreos.
-Probamos los picos que nos hemos dado.
Probaron cada pico, incorpóreos.
-Jo, Prince… no acertamos, ¿eh?
-Ya, y estamos perdiendo mucho tiempo.
-Ya sé, cuando nos escapamos de Filch.
Probaron, incorpóreos.
-¡Vaya montón de incorpóreos tenéis! – dijo Sirius, admirado.
-Pues de ayer perdimos la cuenta – dijo Sev - Somos muy felices juntos.
-Jo… Prince… los halcones… - dijo Hipólita.
-Creo que ya sé. Cuando nos dormimos.
-Claro… cuando oía tu corazón.
Probaron, los halcones emergieron.
-Bien…
Los dejaron volar unos minutos. Sirius se mantuvo en silencio para no distraerlos. Por fin Sev dijo, apremiante:
-Venga, Hipólita, que hay que ponerse al trabajo, ya pasan de las cinco y media.
-Vale, vale, Prince, no es para ponerse así, ¿eh? – dijo ella - Te enfadas por nada.
Enfilaron el camino.
-Vaya pasada como vuelan – dijo Sirius – Como vosotros en escoba.
-¿Los viste luchar ayer también? – le preguntó Hipólita.
-Desde luego.
-Como cuando luchamos nosotros – dijo Sev - Hacen lo que hacemos nosotros.
-Prince ya ha tenido cinco Patronus gemelos distintos que hacían cosas, porque ha querido de verdad a cinco chicas distintas – dijo Hipólita, por completo despreocupada.
"Qué bien, no le importa en absoluto."
-Vaya… - respondió Sirius, interesado.
-Y también hacen cosas aunque los conjure solo.
-Sí, eso ya lo sabía, ya me enseñó el halcón y se ha corrido la voz de su examen práctico de Defensa.
-Pues, ¿sabes algo más? El mío tampoco se esfuma cuando lo hago sola.
-¿Qué dices? – asombrado.
-Lo que oyes, Sirius – le dijo Sev – Hazlo sola, Hipólita.
Hipólita lo conjuró sin dejar de caminar. El halcón emergió y voló adelante y atrás por el camino.
-Wooow…
Cuando Hipólita dejó de evocar, todavía se mantuvo un rato más. Sirius habló:
-Sois tal para cual. Sev, quédate con ella y déjame a mí todas las demás.
Rieron. "Ya ha superado lo de Lily, estupendo. Yo no."
-Y no tengas dudas en hacer cualquier cosa que te pida en cuanto a ti también te apetezca – continuó Sirius - Julieta tenía trece años.
-¿Quién era Julieta? – preguntó Sev.
-La tragedia de Shakespeare, Romeo y Julieta.
-No sé quién es Shakespeare.
-No te la cuento, no te va a sentar bien. Te recordaría a tu historia con Lily.
-En otro momento.
-Eso.
Habían llegado al punto del camino donde debían desviarse.
-Sirius, ve el último y fíjate bien para saber volver solo.
-Sev, ya deberías imaginar que conozco el Bosque a la perfección.
-Cierto, siempre lo olvido.
-¿Tú también vienes mucho al Bosque, Sirius? – le preguntó Hipólita.
-No mucho, una vez al mes, pero lo recorro arriba y abajo muchas veces – respondió Sirius.
-¿Y eso? – interesada.
-Soy animago, pequeña.
"Wow… se lo ha contado antes de que aprenda a ocluir."
-¿Qué dices? – muy asombrada - ¿Eso no está prohibido?
-Sí, lo está antes de ser mayor de edad.
-Vaya… eres una pasada, Sirius – muy admirada - ¿Y cómo aprendiste?
-Solo, leyendo muchos libros.
-Wow… debes ser un as en Transformaciones.
-Ya te digo que lo soy.
-Buah… la asignatura más difícil. Transfórmate, anda.
-No, Sirius, aquí no, en el claro, protegidos, no vaya a pillarte Hagrid, debe habernos visto entrar y se chivaría al viejo con total seguridad – dijo Sev.
-Claro, claro…
-Buaaah… ¿os dais cuenta? – dijo Hipólita – Somos una pasada los tres, cada uno a nuestra manera. Ahora sí que quiero formar un comando de ésos, Prince, pero sólo con vosotros dos. Porque tú no vas a poder participar en batallas, Sirius tampoco quiere y yo estaré ocupada con el Quidditch. Haremos un comando de tres, mi número de la suerte, iremos por los Mortífagos a sus casas.
-Eso mismo he pensado yo hace un rato, Hipólita. Aunque espero que cuando seas mayor de edad ya queden muy pocos – dijo Sev.
-Y los pocos que queden nos los merendaremos los tres. Lo que te dije, en cuanto pueda luchar, la guerra terminará en semanas.
-Desde luego.
-Entonces, ¿ya me dejas apuntarme a la mancuerna, Sev? – le preguntó Sirius.
-Por supuesto – muy satisfecho - Incluso ya tengo nombre para nuestro comando, a ver si os gusta. El Trío de Plata, el color Sly.
-Buaaah… qué bueno – dijo Hipólita.
-Estupendo – dijo Sirius, muy satisfecho.
-Ahora también es tu número de la suerte, Sirius – le dijo la chica.
-Vaya que sí.
-Vamos a ser inseparables – dijo Sev – Ya veréis.
-¿Nos haremos animagos también, Prince, para andar por el Bosque como Sirius? – le preguntó Hipólita.
-Si quieres, claro que sí, cariño.
-¿Y en qué animal nos transformamos?
-Es más fácil en el animal de nuestros Patronus.
-Wow… en halcones, para poder volar de verdad, sin escoba. Quiero, quiero.
-Lo haremos, pero tú tendrás que esperar a los diecisiete.
-Esperaré, Prince, voy a estar muy ocupada. Después del Mundial. ¿Vendréis a verme jugar al Mundial?
-Claro que iremos – dijo Sirius – Invitaré a Prince.
-Buah, Sirius… es que vaya chollo contigo. Entre los tres lo tenemos todo, ¿os dais cuenta?
-Ya te digo, cariño – dijo Sev – Somos el equipo perfecto.
-Ahora estaría dispuesta a morir también por ti, Sirius.
-Y yo por vosotros, bonita, pero no debemos hacerlo ninguno de los tres, para no hacer sufrir a los demás – dijo Sirius - Y además, dejaríamos de ser tres, los que quedaran no tendrían tanta suerte.
-Cierto. ¿Cuál era tu número de la suerte antes que el tres, Sirius?
-No lo sé, nunca lo había pensado.
-¿No? Si es muy fácil. ¿Cuándo es tu cumpleaños?
-El tres de noviembre.
-¡Pues ahí lo tienes! – muy emocionada - ¡El tres! ¡Y el once, Prince, otro impar! Ya tenemos todos los impares. El uno por tu mes de nacimiento, Prince, el tres por el mío y por el día de Sirius, el cinco por todo lo que me has dicho esta mañana, el siete también, el nueve por tu día y el once por el mes de Sirius.
Sev rio.
-Cierto.
-Voy a contárselo a Sirius todo con detalle, ¿vale? Hasta el veintisiete, para que se entere.
"Buf…" Rio de nuevo.
-Cuéntale, anda.
Hipólita lo hizo, cuando llegaron al claro todavía no había terminado. Sev, mientras tanto, protegió el claro y desprotegió el pensadero.
-Venga, Sirius, transfórmate, pero rapidito, ¿eh? Que tenemos mucho trabajo – dijo Sev.
-Allá voy – dijo Sirius - No os asustéis.
-Yo ya he visto tu Patronus y ya sabes que Hipólita no se asusta de nada.
-Allá voy entonces.
Sirius se transformó en el enorme perro.
-¡Buaaah! ¡Qué pasada! – exclamó Hipólita, entusiasmada - ¡Es genial!
-¡Ya te digo que lo es! – dijo Sev.
-Gracias, chicos – escucharon en sus mentes.
-¡Buaaah! - exclamó Sev, muy asombrado - Puedes comunicarte con nosotros…
-Desde luego. No pierdo mi humanidad.
-¡Qué pasada! ¿Y puedes ladrar? – le preguntó Hipólita.
-También, y aullar, y todo lo que hacen los perros.
-Pues hazlo todo.
Canuto lo hizo, les dio un concierto de sonidos perrunos.
-¡Qué pasada! ¿Puedo acariciarte? – le preguntó Hipólita.
-Claro que sí.
Acariciaron el pelaje de Sirius.
-Eres muy áspero – le dijo Hipólita.
-Rascadme detrás de las orejas, es lo que más nos gusta a los perros - lo hicieron - Qué gustito. Nunca me lo habían hecho.
-Entonces te lo haremos siempre que quieras, Sirius. Qué pena que aquí no podamos verte correr.
-Mañana de noche, Hipólita – dijo Sev - Haremos una pequeña fiesta en la Sala de Menesteres con todos los oclumantes y nos escaparemos los tres un rato.
-Genial.
-Vamos a ponernos al trabajo, anda. Sirius, vuelve a ser tú, por favor.
Sirius volvió a transformarse en persona.
-Qué raro lo de la ropa, aparece y desaparece – dijo Hipólita.
-Pues sí, así es lo de ser animago – dijo Sirius.
-Hemos visto desnudo a Sirius, le hemos visto sus cosas de perro.
Se carcajearon.
-Venga, a la faena – dijo Sev - Sentaos en el suelo, formemos un círculo de tres - fue por el pensadero y lo colocó en el suelo entre los tres.
-Prince, sólo una cosa más antes de empezar – dijo Hipólita.
-¿Qué, cariño?
-Dame un piquito.
-Claro que sí.
Se lo dieron.
-¿Qué hora es?
-Me pregunta la hora cada vez que nos damos un pico. Las cinco y cincuenta y uno.
-¡Buaaah! Justo seis horas después que el último.
-Pues sí. Casualidad.
-Suerte, suerte.
-Nada de suerte, queda hora y media para ir a cenar.
-Vale, vale, Prince. Vamos al trabajo.
Les explicó lo esencial, como había hecho con todos a quienes había enseñado Oclumancia, e Hipólita extrajo de su mente sus secretos para él, lo que le llevó muy poco tiempo. "Apenas tiene secretos para mí, sólo las cosas que debió pensar anoche, estupendo." Le pidió que intentara ocluir todo lo que creyera peligroso que Lestrange leyera en ella. "Así de paso también la pongo a prueba sobre si tiene buen criterio acerca de qué debe ocluir."
-Creo que lo tengo, Prince.
La leyó a fondo, todos sus pensamientos, le llevó más de una hora. Se enteró de todo lo que la chica recordaba sobre su propia vida excepto de lo que había ocluido, no encontró nada que la comprometiera ante la pécora. Durante todo ese tiempo los tres se mantuvieron en silencio y sólo se movían para beber. Cuando acabó le dijo:
-Cien por cien al primer intento, Hipólita, eres extraordinaria. Ya eres oclumante.
-¡Bien! ¡Te lo dije! - exclamó ella - ¡Que iba a aprender hoy mismo!
-De cualquier modo, los días que quedan hasta que acabe el curso voy a seguir leyéndote, para asegurarme de que sigues haciéndolo bien.
-Claro, claro, Prince.
-Ocluye también eso que has extraído para que yo no me entere, y que Sirius es animago y ya está, pero ya no necesitaremos el pensadero, podremos hacerlo en cualquier parte.
-Genial.
-Venga, recupera tus pensamientos y nos da tiempo a volver con Sirius.
-¡Estupendo!
Hipólita recogió hábil y rápidamente los pensamientos que había extraído, Prince protegió el pensadero y salieron del claro, pero no hacia el camino, sino cortando a través del Bosque hacia el prado frente al castillo.
-Hay que ir rapiditos, que a Sirius ha de darle tiempo a pasar por casa.
-Vale, vale, entonces dale más rápido – dijo Hipólita - ¿Pero podemos charlar mientras tanto?
-Si no tropiezas, sí.
-Ya sabes que puedo caminar perfectamente por el Bosque sin tropezar, Prince.
-Cierto, lo sé.
-A esa fiesta de mañana, ¿también va a venir Lily?
-Sí, Hipólita.
-Pues ya no sé si me apetece tanto ir.
-A mí tampoco me apetece mucho verla – dijo Sev.
-Ni a mí – dijo Sirius - Y voy a tener que verla a todas horas. Pero yo lo tengo merecido, supongo que a ella tampoco le apetecía verme nunca cuando acosábamos a Prince, Hipólita.
-Claro.
-Vamos a ser más de quince personas, cariño – dijo Sev - No vas a tener que hablar con ella si no quieres. Estás con la familia, conmigo y con Sirius y ya está, vas a pasarlo muy bien.
-Claro, bonita, nosotros tampoco vamos a hablar con ella, ya nos hemos compinchado – dijo Sirius.
-Vale, entonces si es así sí que voy – dijo Hipólita.
-Además, el sitio al que vamos a ir te va a encantar, tanto la casa donde vamos a cenar como el lugar al que vamos a ir después, y vamos a volver de noche, al aire libre, veremos las estrellas – dijo Sev - ¿Sabes que a Sirius le encanta la Astronomía, como a nosotros y a Valerie?
-¿En serio, Sirius? – asombrada e ilusionada.
-Por supuesto, ¿qué pensabas? – dijo Sirius - Tengo nombre de estrella, no lo olvides.
-Cierto, cierto, y también tu hermano y la guarra de tu prima.
Rieron. "Es fantástica, ya sabe de qué va Bellatrix, seguro que también ha oído algo."
-Y mi padre tiene nombre de constelación, Orión. Y otra prima que tengo, hermana de Bellatrix, que ésa sí que es buena, traidora a la sangre, casada con un hijo de muggles, tiene nombre de galaxia, Andrómeda.
-Vaya…
-Si no hubiera elegido el EXTASIS de Defensa, habría hecho el de Astronomía, pero me pedían Adivinación y Aritmancia y no las tenía.
-Lo que me pasa a mí. Yo voy a hacer los dos, mañana tengo entrevista con Slughorn para que me dejen matricularme el próximo año. Prince va a enseñarme la Aritmancia de tercer año este verano.
-Estupendo. Yo haré la carrera muggle después de la guerra.
-¡Yo también! – exclamó Sev.
-Ya lo sabía, Sev. Con Valerie, ¿no?
-Sí.
-Me lo contó Lily.
-Vaya…
-Pues yo también quiero hacerla – dijo Hipólita - ¿Podré siendo jugadora de Quidditch?
-Si te organizas sí, cariño – le dijo Sev - A la universidad muggle no hay que asistir obligatoriamente. Pienso que podrás compaginar los entrenamientos con los estudios. Eres buscadora, no necesitas al resto del equipo para entrenar todo el tiempo.
-Claro.
-Y por el dinero tampoco os preocupéis – dijo Sirius - Si Hipólita juega a Quidditch y gana mucho dinero haremos presupuesto entre los dos. Iremos todos a Cambridge.
-Wow… estupendo – dijo Sev - Haremos presupuesto entre los tres, yo tengo un medio de vida fuera de lo común. ¿Te fijaste en la diadema que llevaba ayer Hipólita, Sirius?
-Desde luego. ¿De dónde la sacasteis? ¿Alguna reliquia familiar? Parecía una joya auténtica.
-Era una joya auténtica, pero nada de reliquia familiar. La convoqué yo.
-¿Qué estás diciendo? – muy asombrado.
-Plata y esmeraldas. Soy capaz de convocar metales, piedras y minerales preciosos.
-Pero eso es imposible, inaudito. Yo sé mucho de Transformaciones y nunca lo leí.
-Sólo yo soy capaz de hacerlo, porque mi alma ha pasado por el crisol del alquimista sin quemarse.
-Vaya… Lo que siempre te digo, eres increíble, Sev.
-Así que no dilapides tu fortuna conmigo, a la larga seré más rico que tú, ya es bastante que vas a financiar la Cátedra. Podría hacerlo yo mismo, no te hice desistir porque sé que también es importante para ti.
-Entonces no necesitas trabajar, Sev. ¿Por qué quieres entonces estudiar dos EXTASIS, investigar en San Mungo, ser profesor y todas esas cosas?
-Muy fácil, por lo mismo que tú quieres ser guerrero sin tener necesidad de ello. Porque tengo objetivos en la vida aparte de simplemente vivir. Si no fuera así, quizá perdería esa capacidad y me quedaría también sin ese medio de vida, me habría quemado en el crisol.
-Claro…
-No estoy entendiendo nada. ¿Qué es crisol? ¿Qué es alquimista? ¿Qué es dilapidar? – preguntó Hipólita.
Se carcajearon.
-Cariño, te lo explico con más tiempo esta noche, ¿vale?
-Vale, Prince. Pero algo sí que quiero decir. Que aunque seáis ricos cualquiera de los dos, yo entiendo perfectamente a Prince. Yo tampoco querría que otra persona me arreglara la vida, ni una forma tan fácil como manera de ganármela. Hay que trabajar para vivir y ganarse uno mismo lo que necesita, eso me dicen siempre mis padres. Mi madre, por una parte, se arrepiente de no haber estudiado más, porque se casó y se quedó embarazada de mí nada más salir del colegio. Por otra parte no se arrepiente, porque si yo no hubiera nacido en ese momento, no sería yo, sería otra persona, yo nunca habría existido.
-Claro.
-Por eso me ha convencido de dedicarme al Quidditch, porque me ganaré muy bien la vida, podré pagar esa carrera muggle, ayudar a mis padres y ahorrar para cuando sea más mayor y me retire, porque yo no quiero tener hijos. Quiero ser siempre independiente.
-¿Y si Prince quiere tenerlos, Hipólita? – le preguntó Sirius.
-Que los tenga con otra chica.
-¿Y si no quiere de verdad a ninguna otra chica?
-Que los tenga aunque no la quiera de verdad.
-Yo nunca haría eso, cariño – dijo Sev - Nunca tendría un hijo con una chica a la que no quisiera de verdad.
-Entonces si me quieres sólo a mí vas a quedarte sin hijos.
-Pues me quedaré sin hijos, no me importa. Te tendré a ti.
-Vaya tela, Hipólita… - dijo Sirius - ¿Te das cuenta a lo que Prince sería capaz de renunciar por ti?
-Claro que me doy cuenta. Porque para mis padres yo soy lo más importante, ya me lo ha dicho esta mañana.
-Tómate tiempo y calma para pensar eso de tener hijos. Yo tampoco lo tengo claro, hasta hace poco pensaba que nunca los tendría, pero si Prince quiere, no le hagas renunciar a ello desde tan temprano, hay muchas mujeres que tienen hijos y siguen siendo independientes. Ni siquiera le has preguntado lo que quiere él.
-Cierto, cierto. ¿Tú qué quieres Prince? ¿A ti te gustaría tener hijos?
-Sí que me gustaría, cariño – le respondió Sev.
-Vale, entonces lo pensaré.
-Pero una vez hayas hecho todas las cosas importantes que quieras hacer en la vida. Estudiar esa carrera muggle, afianzar tu carrera en el Quidditch, porque cuando estés embarazada de muchos meses no podrás volar, y todas esas cosas. Pero que sepas que la decisión definitiva es tuya. Serás tú quien tendrá el bebé, no yo, a mí no me costará ningún esfuerzo. Después sí, si estás muy ocupada con tu carrera yo me haré cargo de todo o tendremos ayuda para criarlo, seguirás siendo independiente, por eso no te preocupes.
-Claro… Yo pensaba así porque veo que mi madre no lo es por haberme tenido a mí tan temprano. Pero si es así igual sí que quiero.
-Claro, Hipólita. Tener un hijo y quererlo y criarlo bien es de las cosas más bonitas de la vida – le dijo Sirius.
-Lo que siempre dice mi padre. Plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo.
-Y Prince sería muy buen padre. Con dieciséis años te está haciendo de padre a ti.
-Vaya que sí. Hace todas las cosas que me hacía mi padre de pequeña. Darme de comer, subirme en hombros y dormir conmigo.
-Eso no es lo más importante, lo importante es cómo está cuidando de ti, de tu futuro, tu salud y tu vida. Lo está poniendo por delante de todo lo demás.
-Desde luego. Y ahora que hablas del futuro, algo más que quería decir sobre lo que estabais hablando. Prince no va a ser sólo profesor de Duelo, Sirius. ¿No recuerdas que ayer dije que va a ser Jefe de Sly con sólo veintiún años?
-Claro que lo recuerdo, y ya lo sospechaba, porque Slughorn va a jubilarse.
"Sin mencionar que Lily lo sustituirá, qué delicado es."
-¿Tú cómo te enteraste, Hipólita? – le preguntó Sev.
-Se lo pregunté a Deborah.
-Lo sabía, me la jugaste pero bien. Pues voy a contaros algo más. Si soy Jefe de Casa desde tan joven y hago migas con cierta mujer libre, que me admira mucho… ¿Con quién, Hipólita?
-Con Minerva.
-Eso. ¿Qué seré cuando ella muera?
Habían llegado a la linde del Bosque.
-¡Director de Hogwarts!
