Por alguna razón sus pies no se movían, su cabeza daba vueltas y toda su anatomía pesaba más que el plomo.

—¡Protego! —el gritó se escuchó tan lejano que no merecía darle importancia, pero, por alguna razón, conocía esa voz.

Raro, ¿no?

Rareza... Lo que ahora gobernaba su vida.

Negó suavemente con la cabeza y miró al frente, logrando ver cómo una figura varonil se posaba frente a él con varita en mano. Conocía a esa persona, pero... ¿dónde?

—Vamos, esmeralda, no es hora de dormir —susurró el hombre apresurado, desviando cada hechizo enviado a su persona.

Esmeralda...

Parpadeó, se estaba dirigiendo a él, era su esmeralda. Lo sabía, lo sentía.

—Anda, arriba —la voz en su cabeza dio un pequeño clic en su cerebro. Negando bruscamente y parándose de su lugar con agilidad.

—¿Cómo pudiste entrar? —cuestionó parándose a su lado con la varita lista para atacar.

—Nadie daña a lo que me perteneces —siseó en respuesta.

Harry sonrió ante eso. Analizó la situación y notó una mancha café al lado de su tío.

—¿Remus?

—Hola, cachorro —saludó el nombrado con alegría.

—¿Les parece si nos damos el reencuentro deseado después de esto? —cuestionó Sirius frunciendo el ceño— Me gustaría seguir vivo por más tiempo, ¿están de acuerdo?

El castaño puso los ojos en blanco y volvió a la pose de combate, poco después sintió que la batalla apenas iba iniciando. Tenía que admitir que Grindelwald era alguien poderosamente admirable, ¿quién diría que fuera posible lanzar tres hechizos al mismo tiempo?

Se encogió de hombros mentalmente, lo imposible parecía posible en esos momentos.

Esquivó dos hechizos que fueron dirigidos a él, pero el tercero si llegó a su presa. Sirius salió volando después de chocar con el hechizo, cayendo -vaya el destino- arriba del cuerpo de James Potter, el cual nadie se había dignado en mover de lugar.

Remus estrechó los ojos y gruñó ante eso, al ambiente era tenso e indescriptible, algunos hechizos chocaban contra las casa a su alrededor, otros simplemente se perdían en el cielo. Las personas que antes habían estado ahí se habían ido por órdenes de Severus a otro lado, Harry suponía que fuera del bosque.

El bosque, otro de los problemas. El humo tapaba con sutileza el aire, siendo más fuerte con cada minuto que pasaba.

Dejando de pensar en eso, lanzó el primer hechizo que se le apareció en la mente, desesperándose cada segundo más. Grindelwald no parecía cansado a comparación de ellos, y vaya que debía tener el doble de edad que todos juntos.

Apretó lo dientes molesto, moviéndose con toda la rapidez que su cuerpo le permitía para esquivar cada uno de los hechizos que le eran dirigidos, los cuales eran más que los mandados hacia Tom o Remus, no que le molestase, pero sí era frustrante.

Se agachó al notar como una luz roja se acercaba a él, lamentablemente no notó el segundo hechizo, el cual impactó directamente a su dedo, justo en el anillo que le había regalado su pareja.

El grito de dolor interrumpió toda acción. Harry miró a su lado y abrió los ojos.

—¿Tom? —susurró mirando a su pareja, para luego hacerlo con su dedo. El anillo estaba agrietado— ¿Cariño? —murmuró acercándose a él, antes de que un hechizo interrumpiera su acción.

—Sigo aquí, Black —escupió el nombre con asco—. Es de mala educación ignorar a las personas.

Harry gruñó ante eso.

—Remus, ayuda a Tom.

—Harry...

—Ahora —gruñó, dejando en claro la orden lanzada.

El castaño cargó con magia al vampiro y se fue hacia un lugar seguro. El menor miró fijamente a su rival, tratando de ignorar el fuerte dolor que sentía en su pecho, ¿ése era el verdadero lazo que tenían las parejas destinadas? Gruñó poniéndose en modo de lucha. Dañó a su vampiro, a su Tom.

—¿Qué pasa, querido perrito?—preguntó con burla su antiguo líder— ¿Quieres a tu amo?

—Sí, lo quiero—siseó Harry en forma de reto—... y el dolor que él siente, lo sentirás tú al doble.

—¡Crucio!

El hechizo impactó en su pierna derecha, haciendo que callera ruidosamente al suelo, oyendo de fondo las desagradables y toscas carcajadas que lanzaba Grindelwald. Miró al frente apretando su quijada, y ahí fue cuando le vio.

Sonrió para sus adentros y se levantó lo más firme posible, mirando con compasión al antiguo Señor Oscuro.

—Me das lástima—dijo con firmeza, haciendo a un lado el dolor que le causaba el hechizo, al final, cualquier dolor, por más fuerte que sea, empieza a perder su efecto después de un tiempo—, pero a la vez te entiendo.

Grindelwald frunció el ceño molesto, quitando reiniciando el hechizo, que ahora dio en pleno pecho del menor.

—Entiendo porqué eres tan cruel, despiadado—susurró antes de doblarse tratando de contener el dolor—; cualquiera lo sería si perdiera a su pareja destinada.

—¿Tú qué has de saber?—preguntó acercándose a él. Harry se maldijo mentalmente al hacerlo cambiar de posición—, tú...

—Sé lo suficiente—cortó sin bajar la mirada—. Siento el dolor de Tom en este momento, ¿qué se sentirá que tu pareja no exista?—cuestionó al aire— Tal vez por eso eres tan insensible...

—Maldito...

—¡Expelliarmus!—gritó desarmando al intento de licántropo y levantándose con maestría. Gellert lo miró sorprendido— Oh, vamos, ¿en serio estás sorprendido?—preguntó mientras llamaba a la varita de su contrincante a su mano— Tú me viste crecer, tú fuiste mi principal fuente de conocimiento.

—Te conozco tan bien que...

—Me conocías—interrumpió nuevamente mientras movía su mano. Un crujido salió de la pierna izquierda del anciano—. Cambié, como todos cuando conocemos a nuestra pareja.

Grindelwald gruñó segundos antes de sonreír y mirar a su antiguo alumno.

—¡Avada Kedav...!

Un golpe se oyó detrás de él. Harry cerró los ojos soltando un pequeño "auch".

—Esto es por mi familia—otro golpe dio en la cabeza del mayor, quien seguramente ya estaba inconsciente—. Esto por mi esposo—la sartén volvió a golpear el mismo punto que lo había hecho con anterioridad—. Esto por mi hijo—Harry nunca creyó poderle tener tanto miedo a Lily Potter—. Esto por la manada.

—Mamá, creo que ya...

—Esto por mi casa.

—Má', lo vas a...

—Esto porque se me da la gana.

—Espera...

—Éste otro porque quiero.

Harry soltó una carcajada al ver a su madre arriba de quien, anteriormente, había respetado, golpeándole sin control alguno con su más preciado sartén. Lily miró a su hijo antes de dar otro golpe -el menor juraría que fue el más fuerte- y soltó su mortal arma antes de caminar hacia el ojiverde con los brazos abiertos.

—Mi bebé... —el nombrado -aunque no tan bebé- corrió hacia los brazos de su madre y se refugió en ellos— ¿Te hizo daño?, ¿estás bien?, ¿quieres que le dé otro golpe?, ¿quieres un vaso con leche?, ¿no...?

Harry rió por lo bajo antes de abrazar con más fuerza a su madre, quien simplemente sonrió y le devolvió el abrazo.

—¿Qué haremos con el cuerpo?—cuestionó la pelirroja acariciando el cabello de su cachorro con cariño.

—Creo que será mejor llevarlo con la manada, estoy seguro que querrán darle más sartanazos ellos mismos.

La mujer asintió conforme antes de conjurar su sartén y darle otro golpe en la cabeza.

—¡Mamá!

—¡Sólo es para estar más seguros!—reprochó la nombrada levitando el cuerpo detrás de ella—, ¿y tu chico?

—¡Tom!—gritó Harry empezando a correr hacia donde se había ido Remus momentos antes.

—¿Y qué haré yo con dos cuerpos?—cuestionó mirando a su esposo y luego al anciano.