Capítulo 24: A tu lado.

Corría algo de viento, desde norte a sur, y la temperatura había descendido considerablemente a comparación de la tibia y agradable mañana con la que este sábado comenzó. De hecho, ahora el cielo estaba parcialmente cubierto de nubes grises, de esas que sospechas que en cualquier momento dejarán caer agua sobre la ciudad. Pero en esta región del país, estos meses eran bastante secos. Así que la idea de que la lluvia arruine este día era una lejana preocupación.

Se podía decir que este era un clima acorde con la celebración que se planeaba llevar a cabo en una hora más en las cercanías de este parque.

El festival de invierno atraía a mucha gente que buscaba un panorama interesante para divertirse un fin de semana. Familias completas, grupos de amigos, parejas de enamorados; el público era diverso y masivo.

Bajo un árbol solitario que lucía sus desnudas ramas, se distinguía la presencia de una joven que, algo nerviosa, aguardaba por la llegada de su amada amiga.

- Michiru sí que tiene talento para esto. – Comentó Makoto mientras se admiraba en el espejo de un compacto.

Fueron largas horas de mantenerse quieta, casi como un maniquí, pacientemente viendo cómo la otra joven hacía su trabajo con el maquillaje, peinetas y una alisadora. También recibió una cesión rápida de manicure. Sus uñas se veían maravillosas con este brillante esmalte rosado. ¡Y ni hablar de su peinado! Michiru se dio la laboriosa tarea de trenzar su cabello. Nunca su melena rebelde había estado tan contenida y prolija. El final de la trenza estaba adornado con un precioso broche de flores.

Finalmente, Makoto tuvo tiempo a solas para elegir el kimono que más le gustara de la colección de Michiru. No muchos le quedaron, ella ya se había anticipado a esto. La diferencia de tallas era significativa. Pero entre pocas opciones, la chica encontró uno que le encantó. Un bonito kimono de estampado floral con enredaderas que se extendían por toda la tela fue el elegido por Makoto para vestir este día.

Recibió varios consejos de Haruka, quien estuvo todo el rato divirtiéndola con sus ocurrencias. Algo que agradeció muchísimo, pues las horas pasaron volando, y Makoto ya estaba lista para su cita, una que con anticipación comenzó a planificar.

- Quiero que todo sea perfecto. – Era lo que más deseaba la joven. – Que este sea un día que las dos recordemos siempre.

Era inevitable no recordar en lo seria que se tornó la conversación con su amiga de un momento a otro. Recordar sus palabras le hizo poner los pies en la tierra y pensar con claridad.

- Sé que deseas que todo marche perfecto hoy con tu confesión, pero algunas veces las cosas no resultan como nosotros queremos. – Le dijo la rubia. – Puede que estés planificando cada detalle de forma meticulosa, pero algo puede salir diferente. Pero no por eso perderás la cordura y te frustrarás.

Llegar al extremo de obsesionarse por hacer cada detalle perfecto solo la terminaría enfermando a ella. Estaba bien desear hacer las cosas bien, y podía hacerlo, solo que no tenía que perder la cabeza en el intento.

- Aunque algo me dice que hoy te irá muy bien, Koto. -

Hoy quería hacer feliz a Ami, deseaba disfrutar junto a ella y ser sincera sobre lo que siente. Ese era todo el plan.

Absorta en sus pensamientos, Makoto pasó por alto el hecho de que un auto oscuro se estacionó frente a ella. No fue hasta que vio bajarse a una bella peliazul del lado del copiloto que reaccionó y se puso de pie.

- ¡Buenas tardes, Mako! – Saludó una sonriente Ami.

Y las expectativas de la castaña eran dos: Ser una humana funcional e ir a saludar a su amiga. Pero en la realidad, esto le estaba siendo muy complejo.

Contemplar lo preciosa que se veía su amiga en su kimono de tono azur, con ese exquisito estampado de oleaje marino con aves blancas que parecían querer volar fuera de la tela, le robó la cordura a Makoto.

Más de cerca, notó que Ami llevaba recogido parte de su flequillo con un elegante boche de perlas blancas. Una vez que la tuvo frente a frente, la castaña se dio cuenta de que la otra chica se había aplicado brillo labial.

- Te ves muy linda. – Comentó la peliazul, tratando de esconder el rubor que apareció en sus mejillas. – Tu kimono está precioso. –

Fue el turno de Makoto para ponerse roja. Luego de balbucear algunas cosas sin elocuencia, respiró hondo e intentó hablar nuevamente.

- Tú también te vez maravillosa hoy, Ami. – No supo cómo, pero al final pudo emitir una respuesta coherente.

Ambas chicas voltearon en dirección al auto al ver que una de las ventanas de deslizó hacia abajo. Para sorpresa de Makoto, quien acompañaba a Ami esa tarde no era su madre, sino Setsuna.

- Buenas tardes, Makoto. – Saludó la mujer.

- ¡Muy buenas tardes, enfermera Meio! –

- Tranquila, no estamos en la preparatoria, no es necesario que me trates con tanta formalidad. – La podía llamar por su nombre si así deseaba. – Estaré aquí por ustedes a las nueve en punto. -

- Muchas gracias por todo, Setsuna. – La peliazul se acercó hasta la ventanilla del carro para despedirse de la mujer.

- No hay problema alguno. – La morena encendió nuevamente el motor, preparándose para partir. – Espero que se diviertan mucho y disfruten el festival. – Entonces, Setsuna lanzó una última mirada a Makoto, quien se había mantenido en segundo plano con su silencio. Fueron segundos tensos de mutua contemplación hasta que la mujer habló. – La cuidas, ¿sí? –

La seguridad con la que la joven asintió le brindó tranquilidad y confianza a Setsuna.

- ¡Nos vemos después! – Las chicas hacían señas mientras veían el auto alejarse por la autopista.

Una vez solas, Makoto volteó a ver a su amiga y le sonrió.

- ¿Está todo bien con tu mamá? – Preguntó.

La peliazul asintió, sonriendo de igual manera que la castaña.

- Sí, claro, todo está muy bien con ella. – Encontraba lindo que Makoto se preocupara de su madre. – Solo que hoy le tocó cumplir su turno de tarde, así que no pudo venir a dejarme ella. Pero como acabas de ver, Setsuna se ofreció a hacerlo. –

Así que ese era el caso. ¡Qué afortunada era Ami de contar con alguien como Setsuna!

La peliazul aclaró su garganta, ganándose la atención de su amiga.

- Mako, gracias por venir hoy. – Dijo ella en un suave y tímido tono. – Realmente me hace muy feliz tu compañía. –

La castaña sintió su corazón dar un fuerte salto en su pecho.

- No, gracias a ti por invitarme. – Makoto rascó su nuca, apenada. – También me hace inmensamente feliz estar contigo. –

Lo siguiente que hizo la castaña fue hacerse con una de las manos de la otra chica.

- ¿Entonces? ¿Lista para una tarde de diversión? – Preguntó Makoto, sus ojos destellando con pura emoción.

Ami asintió, risueña.

- Más que lista. – Y fue ella quien avanzó primero, llevando con ella a su amiga, marchando en dirección a la entrada del festival.

Para las dos fue como reencontrarse con memorias de infancia que creían habían perdido u olvidado para siempre. Este lugar, los puestos y negocios, la alegría colectiva y el ambiente festivo; evocaban en ellas los más agridulces recuerdos de esas lejanas salidas familiares que cuando pequeñas solían disfrutar junto a sus seres queridos.

Makoto y Ami caminaban entre la multitud, charlando, sin un destino claro aún.

- ¿Serán diez años desde la última vez que visité un festival? – Ami no recordaba con exactitud cuándo o cuál fue el último festival al que asistió. Era raro, pues ella era muy buena recordando fechas. – Quizás menos, no estoy del todo segura. –

- ¿Diez años? – Makoto sacó mentalmente la cuenta. - ¡Eso quiere decir que tenías seis años la última vez que asististe a un festival! –

Ami solo atinó a asentir.

- Solía venir con mi papá y mamá, pero luego de su separación, estos eventos dejaron de llamar mi atención. –

Makoto la entendía perfectamente. Le ocurrió algo similar cuando ella perdió a sus padres. Pero al crecer y conocer a Haruka, ella encontró a su compañera perfecta de salidas. Luego llegó Michiru. Y pese a que algunas veces sintió que era un estorbo en aquellas salidas, sus amigas siempre hicieron de todo para hacerle entender que ella no sobraba en la ecuación, sino que era una parte fundamental de este pequeño grupo.

- ¡Ya se! – Exclamó de pronto Makoto, deteniéndose en plena marcha y ganándose una mirada curiosa por parte de Ami. - ¡Entonces, como este es tu primer festival en años, visitaremos cada uno de los puestos, negocios y juegos! –

- ¿Cada uno? – Ami sonaba incrédula.

- ¡Por supuesto! – Makoto sonaba más que convencida de que podían lograr aquello. Y su seguridad, como siempre, se la contagiaba con facilidad a Ami. – Al final, luego de haber visitado todo, subiremos ese monte de allá y veremos los fuegos artificiales desde lo más alto. –

La peliazul giró y buscó dicho monte, una elevación en el terreno de importante altura y que se destacaba al final del semicírculo que formaba este festival. En la cima podías distinguir tenues luces, antorchas quizás, que seguramente habían encendido en el templo que se encuentra allí arriba.

- ¿Allá, en lo alto? – Ami apuntó a la cima del monte.

- Juntas, en lo más alto. – Le aseguró Makoto.

Volvieron a tomarse de la mano. Esta vez ya tenían una idea sobre qué deseaban hacer, así que mientras andaban, fueron creando un recorrido básico que les permitiría conocer cada rincón de este festival con el tiempo que tenían disponible.

Lo primero que visitaron fueron los puestos de artesanía. Ese rincón mágico y atemporal de un festival que se rehúsa a desaparecer, donde los maestros mantienen vivas las tradiciones de una nación que por centurias ha creado juguetes sencillos, en su mayoría en base a madera, que hasta hoy en día encanta a aquellos que saben apreciar el esfuerzo y dedicación de un artesano.

- ¡Yo tuve una de estas muñecas cuando era pequeña! – Makoto apuntó a una pequeña colección de coloridas figuras de madera. – Estas están lindísimas. –

- Un trabajo precioso. – Coincidía Ami.

En el mismo puesto podías adquirir otras ingeniosas creaciones, como rompecabezas de madera o unos tamborcillos de dos caras llamados Den-den daiko, populares entre los niños. También había un juguete de diseño sencillo, pero que permitía varias opciones de juego, pues constaba de varias piezas de madera unidas por cintas de colores.

- Si no me equivoco, este es un Taketonbo, ¿verdad? – Ami tenía un juguete pequeño entre sus manos.

Era como la hélice de un helicóptero, pero en miniatura. Además, las palas y el eje del juguete eran de madera. Sin embargo, era sumamente liviano.

- ¿Esto puede volar? – Preguntó Makoto al dueño del puesto.

- Claro que pueden. – Respondió él.

El anciano se levantó de su asiento y tomó entre sus palmas un Taketonbo. Hizo girar el eje con un simple movimiento de ambas manos, impulsándolo, logrando que el juguete alcanzara una considerable altura. Este fue seguido por una atenta Makoto, quien aguardó y atrapó el juguete con sumo cuidado.

- ¡Increíble! – La castaña había quedado encantada con la simpleza del Taketonbo. – Me llevo dos. –

Al rato, tanto Makoto como Ami jugaban y competían viendo quién podía hacer que su Taketonbo llegara más alto.

Luego continuaron con los puestos de juegos y atracciones. Estos eran los más visitados por las familias, pues los niños eran fácilmente atraídos por la música, luces coloridas y los premios que aguardaban por ser ganados.

Desde disparar a objetos con corchos, pasando por el Katanuki, una actividad que requiere paciencia y destreza, pues básicamente se trata de quitar el delicado contorno a una figura utilizando un palillo de dientes; hasta los múltiples juegos que envuelven agua y pescar algo de ella.

Las chicas se pasearon por cada unos de ellos, se divirtieron muchísimo. ¡Ami incluso logró capturar un pez en su primer intento en un Kingyo sukui! Pez que luego devolvió, pues no tenía la intención de llevárselo.

Lo mejor quedó para el final: Los puestos de comida.

En los festivales, lo primordial es poder caminar de un lado a otro con lo que hayas decidido comprar, así que la mayoría de la comida viene en porciones y formatos que facilitan esta necesidad de la gente.

Abundan las brochetas, tanto de carne o pollo, salchichas, pescado; o hasta de frutas, estas últimas usualmente bañadas en dulces jarabes o chocolate. También puedes hallar brochetas asadas de diversos vegetales. ¡Hasta brochetas de calamar puedes encontrar!

Otras opciones dulces pueden ser las manzanas acarameladas, los helados de hielo picado, algodón de azúcar o el tradicional dulce con forma de pez Taiyaki.

En fin, las opciones para comer eran demasiadas, las chicas tuvieron un tiempo difícil tratando de escoger algo para servirse. Pero al final, cada una eligió lo que quería y comenzaron una marcha tranquila mientras comían.

- La salsa de este pollo asado es de otro mundo. – Makoto degustó el último bocado que le quedaba en el vaso y suspiró con gusto. – Bastante inteligente y cómodo poner los trozos de pollo en un vaso. –

Ami, por otro lado, había terminado de comer su porción de Okonomiyaki hace poco y ahora se estaba aplicando nuevamente brillo labial, algo que los ojos de Makoto no pudieron pasar por alto.

Puede que se haya quedado observando los labios de Ami por más tiempo del necesario, algo que la otra joven notó y que provocó que se pusiera roja.

- ¿Tengo algo en el rostro? – Preguntó apenada.

La castaña apartó de inmediato la vista.

- No, estás bien. ¡Muy bien! – Bellísima realmente. – Creo que iré a tirar esto a la basura. – La joven apuntó al vaso que sostenía y asintió. - ¡Sí, eso haré! –

Makoto dio vueltas en círculos hasta que visualizó un basurero. Tuvo que cruzar al otro lado, evitando a las personas, hasta llegar frente a él. Una vez allí, volteó y observó disimuladamente a Ami.

- Entonces, ¿ahora qué? – Se preguntó la castaña. - ¿Se lo digo ahora? ¿Espero para después?

La joven volvió la vista al basurero y lanzó el vaso dentro.

- Se comunica a los asistentes que el espectáculo pirotécnico dará comienzo en aproximadamente media hora. – Se escuchó el aviso a través de los parlantes que había repartidos estratégicamente a lo largo de los puestos comerciales del festival. – Esperamos que disfruten mucho de nuestro espectáculo.

Makoto sonrió luego de oír aquel mensaje.

- ¡Finalmente va a comenzar! – Pensó, sintiéndose instantáneamente alegre y ansiosa. Era una reacción normal, estuvo esperando este momento toda la jornada.

La joven giró en busca de su amiga, pero se topó de frente con un verdadero mar de personas movilizándose a gran velocidad en dirección norte, hacia el monte. La gente obviamente deseaba apreciar los tan anticipados fuegos artificiales desde el punto más alto del festival.

Lamentablemente, y a causa de esta masa andante, Makoto perdió de vista a Ami.

- ¡No puede ser! – Moviéndose de derecha a izquierda, dando saltos, estirando tanto como podía su cuello, Makoto trató de ver dónde había quedado la otra chica. Tenía la esperanza de que ella haya podido de alguna forma apartarse del camino de esta multitud y estuviera a salvo. - ¿Dónde está? No la veo por ningún lado. –

Esto estaba muy mal.

Sabía que era una locura meterse entre la gente a buscar, pero Makoto actualmente no tenía más ideas. Estaba lentamente desesperándose. Lo que más deseaba era hallar a la peliazul y olvidar este terrible momento. Pero los segundos pasaban, se transformaban en minutos, y la angustia de no saber nada de su amiga la superaba.

Al final, decidió lanzarse entre la multitud. Anduvo contra la corriente por largo rato, recibiendo uno que otro empujón accidental, ganándose más de una mirada extrañada.

Buscó, observó, miró a cada persona que pasaba por su lado; pero Ami nunca apareció.

En ningún momento llegó a imaginar, ni en el peor escenario posible, que terminaría perdiendo a su amiga. Que todo acabaría repentinamente tan mal.

- Debe existir otra forma. - Las ideas iban y venían a gran velocidad en su mente, pero se entremezclaban con los supuestos que se iban generando allí mismo. Supuestos sobre qué le había ocurrido a Ami, cómo estaba ahora, qué error había cometido ella. En su cabeza todo era un caos. – Piensa en algo… -

Teléfono. Llamada. Comunicación.

Makoto buscó su teléfono y marcó el número de la peliazul. Nadie contestó. Repitió la acción cinco veces, la última vez Ami le respondió, pero fue imposible comunicarse con ella. El ruido ambiente no le permitía hablar, mucho menos escuchar.

- ¡Maldición! – Nada le estaba dando resultado. - ¡La tengo que encontrar de alguna forma! –

La castaña continuó buscando sin descanso. El tiempo pasaba, y Makoto perdía su paciencia, pues sin querer la gente la empujó lejos del lugar donde había visto por última vez a Ami. Sin percatarse, fue arrastrada hasta los pies del monte, allí donde comenzaba una escalinata de piedra que te llevaba hasta lo más alto.

- No lo puedo creer. – Deprimida, tomó asiento en una roca que se hallaba junto al camino. Se encorvó, posando su cabeza cabizbaja en ambas manos. – Perdí a Ami. –

¿Así es como terminaría todo? Ella le había prometido una noche inolvidable a Ami. Se suponía que verían juntas los fuegos artificiales. Que subirían estas mismas escalinatas y llegarían hasta el antiguo templo que hay en la punta, pues ese era el mejor lugar para observar el espectáculo.

- ¡El monte! – Exclamó en voz alta de pronto. De un salto se levantó de la roca en la que estaba sentada. - ¡Le dije que veríamos los fuegos artificiales aquí! –

Si ella fue arrastrada por la multitud hasta acá, puede que lo mismo haya ocurrido con Ami. Y quizás su amiga subió las escalinatas, llegó hasta el templo y ahora está a salvo aguardando por ella.

Pero esto era solo una suposición. Nada le aseguraba que Ami, por esas casualidades del destino, recordó el acuerdo entre ambas e hizo todo lo anterior. Además, si es que su amiga se llegó a poner nerviosa o se desesperó, así como ella; quizás olvidó el hecho de que verían los fuegos artificiales en el templo del monte.

- ¿Qué debo hacer? – Este era un verdadero dilema.

Su sentido común le decía que fuera por ayuda, quizás algún organizador del evento o un policía, mas una fuerte corazonada le impedía apartar la vista de las escalinatas.

Makoto no pudo ignorar este presentimiento. Algo le decía que Ami estaba allí arriba, a salvo, esperando por ella.

Se movió de prisa, saltando escalinatas mientras ascendía, evitando chocar con las personas que, a diferencia de su imprudente actuar, subían tranquilamente por este camino empinado. Makoto agradecía en estos momentos tener un buen físico. Una carrera como esta, cuesta arriba, dejaría a cualquiera sin aliento.

- Y aunque estuviera cansada, no pararía. – Pensó la joven. – No hasta dar con Ami.

Cada paso ansioso la acercaba más y más a la entrada al templo. Podía divisar con claridad las lámparas colgantes iluminando un pórtico de madera. Oía a las personas, aguardando expectantes por el espectáculo pirotécnico. Olía el aroma a incienso que colgaba en el aire. Seguramente lo estaban quemando en el templo.

Unos cuantos escalones más, Makoto redoblaba esfuerzos, todo por alcanzar la cima.

- Yo solo quería que esto fuera especial para las dos. – Pensar que ahora todo podía terminar en un gran desastre. – Le quería decir todo lo que siento por ella… -

- ¡Makoto! –

La castaña levantó la vista. No supo cuándo o cómo, pero había llegado al templo y ahora estaba en medio de una explanada rodeada de árboles. Una gran cantidad de gente se encontraba posada en este lugar. Lo mejor de todo es que allí, a unos pasos de ella, estaba Ami.

- ¡Estás sana y salva! – Makoto corrió a abrazar a la otra chica y se sintió tan aliviada cuando rodeó a la peliazul entre sus brazos. Al final su corazonada había sido certera. Pudo dar con Ami, la encontró finalmente. No podía contener las lágrimas de la emoción. – Pensé que no te encontraría… -

- Pero aquí estoy. – Ami le secó con sus pulgares aquellas lágrimas. – Estoy bien, no me pasó nada. Estamos nuevamente juntas. –

Makoto no pudo aguantarse la emoción y terminó elevando a Ami del suelo, dando vueltas con ella mientras sollozaba y reía sin control. Su amiga se le unió, pronto fueron ambas jóvenes las que reían, dichosas de estar juntas otra vez.

Cuando Makoto dejó de dar vueltas a Ami y la dejó en el suelo, el cielo repentinamente se pintó de colores brillantes frente a ellas. El espectáculo pirotécnico había comenzado. Al elevar sus miradas, se dan cuenta de que tienen la fortuna de estar en primera fila para apreciar el despliegue de los fuegos artificiales. Los sonidos de asombro no demoran es escucharse, también uno que otro grito de algún niño sumamente emocionado.

Esto era lo que todo el mundo estuvo esperando, incluida Ami. Pero por alguna razón, sus ojos decidieron desviarse en una dirección diferente; se apartaron del cielo y se posaron detenidamente sobre Makoto.

Advirtió cómo unos cuantos mechones rebeldes trataban de escaparse de la tranza que colgaba sobre uno de sus hombros. Notó que respiraba por la boca, pues seguramente estuvo corriendo de un lado a otro buscándola. Admiró sus ojos, cuyos iris se asemejaban en esos momentos a un arcoíris, debido a que reflejaban los colores de los fuegos artificiales. Se movían inquietos, siguiendo y disfrutando el espectáculo.

O que simplemente se veía preciosa. Que se había enamorado perdidamente de esta chica y que sentía su corazón oprimirse, desbordado de emociones tan nuevas, pero agradables.

Con timidez, Ami acercó su mano y sostuvo la de Makoto. Sintió a la otra chica tensarse cuando, con cierto temor, apoyó su cabeza sobre uno de los hombros de la castaña. La peliazul sonrió cuando la sintió relajarse. Después su corazón se detuvo por un instante, pues sintió una cabeza descansar sobre la de ella, así como unos dedos que se entrelazaron a los suyos con delicadeza.

- Makoto… - Habló Ami pasados unos segundos. Estaba disfrutando mucho esta cercanía. – Nunca más volvamos a separarnos. –

Makoto giró e inclinó su rostro, entregándole un beso a Ami justo en medio de su frente.

- No te preocupes, Ami. – Sentía que sus mejillas ardían. – Prometo que nunca más nos vamos a volver a separar. – Hablaba en serio. – Mi mayor sueño es poder estar siempre a tu lado. –

Sus palabras iban cargadas con sentimientos y deseos que esperaba Ami pudiera comprender.

Escuchó la suave risa de la peliazul y aguantó el aliento.

- Qué curioso. - La pausa se sintió eterna. – Compartimos el mismo sueño. –

Makoto volvió a respirar, y esta vez, se sintió más viva que nunca.


Pasé de estar un mes completo dibujando cosas cursis a escribir cosas cursis. Un gran cambio.

PD: Si esta es la tercera vez que ven esto, lo lamento. Hay una especie de agujero negro que hace desaparecer el capítulo cada vez que lo subo. Ojalá no vuelva a ocurrir.

Muchas gracias por sus preciosos reviews y por leer. ¡Suerte!