Amenaza Temprana


Los mensajes no dejaban de llegar, uno tras otro. Había pasado un día, tan sólo un día desde que su padre había salido.

Los mensajes no dejaban de entrar, había mencionado que necesitaba ir a Weis para arreglar un asunto con el duque y la corte de la Ciudad Libre. Pero no esperaba ese nivel de tareas, se acumulaban una detrás de la otra.

Era su primer día como rey en funciones y tenía más de doce mensajes.

La mayoría de guarniciones próximas a la frontera con otros reinos, y todos con algo en común. Eran por actividad sospechosa.

"Escuadra de Exploración N12.

Sur del de Carta, ríos fronterizos.

Hace poco un grupo de nuestros hombres tuvo contacto con gente de la Inquisición, llevaban prisioneros, ladrones y asesinos. Nos contactamos con nuestros hermanos en el oeste, cerca del ducado de Weis. Evitaron la captura de uno de sus objetivos, era un espía del Trébol.

Llegó a pie desde el reino Butterfly, no tenía ninguna información ni cumplía una misión en particular, pero nos dijeron que sus compañeros eran cazados al igual que él. No tienen conocimiento del estado o el paradero de los demás.

Seguiremos en contacto.

Atte: Capitán Gin Madrid. Líder de la 12va Escuadra de Exploración"

Otras eran del frente norte, ya sean de los regimientos completos como los de apoyo.

"Compañía de Dragones, 1er Regimiento del ejército de Carta.

Al este del reino SpyderBit, al sur de Puerta de Hierro.

Luego de una larga semana conseguimos de hacer contacto directo con un explorador del 3ro, al igual que nosotros no han encontrado resistencia en el camino a la fortaleza del rey.

Ellos ya están en el lugar y se preparan para recibir a los demás, asta ahora no han contestado sus mensajes y prevén una posible represalia ante su llegada, ahora expuestos a campo abierto.

Nos aseguraremos de apoyar a nuestros camaradas en lo que llegan los demás, esperemos sea pronto.

Atte: Gral. Chris Vinland."

Y fue este último grupo el que más lo preocupo...

"2do regimiento de la compañía de Dragones, ejército de Carta.

Oeste del reino SpyderBit.

Estamos a un día de Puerta de Hierro, no encontramos resistencia en nuestro viaje más que obstáculos imprevistos.

Ya escribí a cerca de los refugiados y bandidos desertores de las fuerzas enemigas, pero lo que mis exploradores encontraron este día esta completamente fuera de mis conocimientos.

Dejando a un lado las casas y granjas quemadas, ríos fueron contaminados por una extraña toxina la cual ha dejado un rastro de criaturas muertas.

Junto a este mensaje le llegará una muestra obtenida.

No encontramos enemigos pero si una vista fuera de lo normal, los animales mostraban una descomposición acelerada y no creo sea más que para desalentar.

Tomamos un desvío para evitar que mis muchachos lo vieran, incluso les pedí a mis exploradores que no hablarán del tema con nadie más fuera de nosotros.

Tengo razones para creer que tienen planes para esto, lo que sea es extremadamente letal y puede usarse en nuestra contra.

Le pido envié apoyo en los caminos ya controlados para mantenerlos asegurados, y proviciones para sostener nuestras fuerzas durante y después del asedio, para así durante la ocupación iniciar una investigación de este asunto.

Consulte a un especialista en venenos, esta seguro que no es sintético. Pero tampoco reconoce su procedencia o alguna mención de la misma.

Tal vez sea un delirio, pero uno de los míos dice que puede ser de origen místico.

Pronto nos uniremos a nuestros compañeros en el Este.

Estaré al tanto de su respuesta.

Atte: General Exil. Comandante del 2do de Dragones."

El primer día y ya tenía una reunión de emergencia programada para el día después, todos tenían que estar presentes.

Las palabras del segundo comandante lo habían dejado en blanco, no había nada de esto dentro de las medidas preparadas, fuera de todo protocolo la magia era sinónimo de crisis si estaba en manos enemigas y si cabía la posibilidad de que así fuera no podía tomarlo a la ligera.

Ahora más que nunca tenía un deber y no solo con la ciudad, sino con la misión. Y la misión era, no dejar que nada los perjudicara a futuro.

Si se trata de soportar huracanes, su padre era de piedra. Él no sabía si soportaría hasta su regreso.

Pero ahora no tenía voz ni voto sobre su papel a cumplir. No tenía de otra más que resistir.

En la ciudad libre, el primer día de su arribo.

Llegando en una carroza escoltada por una docena de Halcones, "el rey usurpador" o el verdadero rey, se había atrasado para la reunión que el mismo había organizado.

El ducado de Weis había proveído a la Ciudad Libre seguridad y educación, con la promesa de que está mantuviera su tradición de no tener una monarquía dominante.

Llevaba cientos de años así, y él sería el primer rey en ingresar a ella.

Lo detuvieron en la puerta para confirmar su identidad y avisar de su llegada, el duque saldría a la puerta a recibirlo, pero a partir de ahí solo dos de sus hombres podría acompañarlos.

"Es un placer tenerlo con nosotros, señor Shastakan."

- El placer es mío al ver a un nuevo amigo, el reino de Carta los saluda.

El Duque lo invitó a entrar, sus dominios estaban protegidos. Kilómetros y kilómetros a la redonda, su mansión estaba en un punto medio, sus tierras rodeaban y protegían el exterior de la Ciudad Libre, por lo que para ingresar a ella tenía que ser a través de él o por vía marítima.

Tenía un número limitado de tropas y muchas de ellas estaban compuestas por milicias bien entrenadas, pero lo que más resaltaba era su guardia ceremonial.

Los caballeros de Weis.

Y eran ellos lo que lo obligó a moverse, o al menos uno de ellos.

"Nos enteramos de lo sucedido en la campaña del templo, pese a los resultados aún estamos consternados por los hechos. No creímos que seríamos blanco de un intento de manipulación, menos de otro reino que también parecía buscar un mejor camino."

- Entiendo lo que sienten. Muchos buenos hombres pagaron por ello, pero muchos de los culpables fueron capturados. Espero seamos capaces de evitar escenarios similares a futuro.

El duque negó con su cabeza, entraron al salón, habían tres asientos en él.

"Asta que la ambición de cierta reina termine, me temo que no habrá descanso."

Otra puerta frente a la suya se abrió, entró un hombre con vestido con prendas formales.

"Soy Jaqués, emisario de la ciudad libre. Viene a responder por el consejo."

Los tres tomaron asiento y se dispusieron a empezar con su reunión.

- Vine a honrar nuestro nuevo pacto y a hablar sobre nuestro futuro, en ello también quisiera agregar un tema delicado que tengo en mi desde que llegué.

El emisario aceptó y le permitió empezar.

- Estoy al tanto del puerto abierto de la Ciudad Libre y los ingresos que genera, actualmente hay un centenar de puertos pequeños funcionando por pobladores costeros y me tomé la libertad de apoyar sus proyectos. Pero también...me preocupan.

Ambos, el Duque y el emisario escuchaban atentos a lo que creyeron serían sus propuestas para integrarse al mundo al otro lado del océano que sus fundadores habían descubierto siglos atrás.

Pero no era del todo acertado.

- He sido testigo de lo que el poder le hace a los hombres, tanto en lo social como científico. De lo que aquello de lo que no sabemos nada puede hacernos cuando nos mantenemos ignorantes al probar y seguir sin medirlo o pensar en las consecuencias. Siempre nos mantenemos escépticos ante los resultados de nuestros descubrimientos y no los soltamos cuando creemos en ellos...

Hizo una pausa antes de continuar, tenía que humedecer su garganta con algo de agua. Era su primera vez en una posición vulnerable, era desagradable.

"A donde quiere llegar con esto?"

- La pólvora, los cañones, los barcos... empezaron siendo pescadores y mercantes, ahora tienen a la nueva generación de marineros guerreros. Tuvieron la idea de entrenar a un ejército para pelear en el agua, y no solo un grupo de balsas para llevarlos de un lado a otro. Eso fue osado en verdad. ¿Como los llamaban?"

Pregunto con admiración ante la revolucionaría idea de la Guardia de la Ciudad Libre y los caballeros de Weis.

El emisario retomó la palabra.

"Patrullas Marítimas. Pero no son soldados, son parte de la Guardia y una contramedida contra los piratas."

- Y eso me preocupa. Porque llamaron la atención de alguien al otro lado de las montañas, y no vio su nueva creación de la misma forma.

Ambos hombres se miraron por un instante.

"No referirá a una ponzoñosa...verdad?"

Shastakan asintió y se encorvó en su asiento, ellos igual.

- Una araña ambiciosa está construyendo una nueva clase de barco, los primeros estarán listos en un par de meses.

Sacó del bolsillo de sus ropas un sobre con el sello roto, un sello de un instrumento ya apenas visible.

- Es su proyecto, le dicen, "La Marina de Guerra."

Entregó el mensaje, las palabras de una amiga, cuya amistad llegó a ser del nivel de una familia difícilmente construida.

- Esto es de lo que uno debe cuidarse. La ingeniería y la ciencia son conocimientos muy valiosos, pero también son un símbolo de poder. El siempre ha buscado más...y ahora lo tiene.

Entre las notas que apuntaban a un arrecife nuboso y peligroso tanto en el día como en la noche en los mapas conocidos, las coordenadas lo señalaban como el principal escondite. Les decía los horarios en los que votes partían con madera y hierro, casi vasiando los almacenes en sus tierras.

Incluso cuantas personas habían abandonado esas tierras para no volver...y cuantos cuerpos se encontraban con cierta frecuencia atraídos por la corriente del agua.

Era una tarea monstruosa, y eran humanos quienes la realizaban.

- El no está solo en esto.

Dejaron las notas, eran muchas. Pero un nombre resaltaba entre los mencionados, "asociados al proyecto" y principales beneficiados.

- Usted tenía razón. "Asta que la ambición de cierta reina no termine, no tendremos descanso", y no lo tengo desde hace tiempo.

En carta había un grupo de centinelas por torres, cada punto tenía al menos cinco personas. Uno en la torre y dos a cada lado para patrullar las almenas en la noche, en el día descansaban y se turnaban para la vigilancia.

Veían a las águilas entrar y salir con sus jinetes cumpliendo su rol, ellos además de ser una nueva y poderosa fuerza en las filas del ejército se ocupaban de conectar sus ciudades y reinos vecinos. Eran lo más eficaz en cuanto a los mensajes se trataban, incluso intimidaban menos a los receptores que los dragones.

Asustaba ver llegar una criatura tan feroz sobrevolando una ciudad solo por entregar una carta, en ese aspecto las águilas eran una bendición.

Pero les preocupaba ver tantas desde que su rey partió.

Ahora la principal ciudad del reino de Carta estaba en manos del príncipe, no era el más experimentado en el combate o en las relaciones exteriores, pero era el que más se empeñaba por sobresalir en la materia de gobernar.

Ya había sido visto por las calles dentro y fuera de la ciudad, su gente confiaba en él. Pero no más que en su padre.

Si bien el rey era alguien de temer, no era menos justo, sabio y benévolo a la hora de gobernar. El príncipe aún tenía mucho que aprender pero no iba a quedarse atrás, el tiempo corría apresuradamente y el no se detenía por nada.

Los centinelas comían en su descanso con una espléndida vista desde lo alto.

Una ciudad blanca y azul, casas con varios pisos de piedra techadas con mármol por toda la ciudad, caminos de roca que conectaban todo en su interior y llegaban asta fuera donde los pueblos llegaban a extenderse.

A partir de ahí a unos kilómetros se extendían casas de madera y ladrillos, con animales y huertos pequeños.

Cada tanto entre los niños y adultos se aparecía uno que otro monstruo, ellos vestían igual e incluso llegaban a compartir el pan. Pero nunca una de sus familias se atrevió a instalarse en el interior.

Aún tenían frescos recuerdos de su último hogar, donde los colores blancos, amarillos y rosa del gran palacio se ensombrecieron. Los refugiados estaban agradecidos pero aún temerosos en su nueva residencia.

Tal vez era mejor así, muchos en el interior aún estaban reacios de aceptar tan fácilmente a un pueblo con tan larga historia de razones para odiar a los humanos. Pero lo que más los unía era el miedo.

Fuera de esas tierras había miedo para ambos, pero dentro también.

Había una iglesia cerca del castillo, el príncipe estaba saliendo de ella acompañado de dos caballeros, uno era su escolta.

La compañía de los halcones.

El otro no tenía una armadura visible, traía encima una túnica gris que cubría su cuerpo, con una insignia detrás en su espalda. Era un unicornio negro.

Un templario de la iglesia y un opositor a la Inquisición.

Si bien los religiosos se sentían a salvo con un templario en la iglesia, su refugio más preciado, también era un recordatorio. De que no eran bienvenidos en ningún otro lugar como en este.

La Inquisición se había asegurado de ello.

- Me aseguraré de hacerle saber en caso de enterarme. Pero si nuestros contra partes están involucrados en algo más allá de la iglesia, me temo que difícilmente podré ser de utilidad.

"Solo mantengase alerta de ser necesario. Me ocuparé de ver por su gente, siempre serán bienvenidos."

- Y le estarán eternamente agradecidos por eso, Príncipe.

En joven gobernante se despidió del templario y se marchó con su escolta, caminaron por las transitadas calles asta llegar a las escaleras de su castillo. Lo saludaban, los guardias abanderados golpeaban las suelas de sus botas contra el suelo haciendo notar su presencia y los vasallos abrían las puertas para él.

Aún le parecía exagerado.

Pronto eso desapareció de su cabeza cuando una sombra se extendió por el agradable ambiente de esas calles, cuando los transeúntes detuvieron su andar, cuando los guardias se movieron al mirar a su dirección, aún sostenían las banderas pero no con la misma firmeza.

Cuando estaban más que listos para soltarlas y tomar sus espadas, a penas tuvieran la oportunidad.

Pero no miraban al príncipe.

Al igual que este miraban detrás de él.

A una silueta que avanzaba a pasos lentos, pero firmes y decididos en su dirección.

La capa negra lo cubría de manera tal que no podían ver con quién trataban, pero por su altura estaba claro que no era humano. La piel de su mentón era de un tono rojo, era de complexión fuerte, sus manos lo delataba, y el filo de la pesada hacha sobresaliente de la tela delataba sus intenciones.

El escolta del príncipe, caminó dos pasos frente a este cubriendo a su protegido con su cuerpo.

- Señor, con autoridad de la Guardia Real le pido se descubra el rostro y se identifique.

Al no obtener respuesta miro a sus compañeros en los escalones, dos asintieron y dejaron las banderas en el suelo antes de acercarse.

Los tres caminaron a él repitiendo la orden, cuando levanto la cabeza pudieron ver sus ojos verdes brillantes...

Y una sed de sangre inusual.

Todos estuvieron consientes de eso cuando lo vieron partir a la mitad un guardia, todos corrieron a enfrentarlo. El príncipe estaba en peligro.

No era una simple visita, y menos una reunión diplomática o casual. Era una advertencia.

Shastakan sabía que no podría hacer esto solo, y menos cuando su mayor rival no dudaría en enseñar sus dientes al primer movimiento de su parte por intervenir.

No tenía nada.

Sólo un pedazo de papel arrugado que pactaba una frágil tregua, con alguien a quien no le interesaba compartir el continente con aquel a quien consideraba su mayor amenaza.

El sobre fue acomodado en la mesa de centro. No tenían nada para decir ante el repentino intercambio de información, al menos de uno de ellos.

"Como sabemos que es real?"

Intuyo, el Duque respiro profundamente y aceptó las sospechas del emisario como una posibilidad. Era demasiado para ser verdad.

- Si quieren creer que es una invención mía para imponer mi autoridad ante el gobernador de Eukar, están en su derecho. Pero ellos tienen una larga historia con su ciudad que me respalda.

Afirmó con total seguridad pero cuidadoso de sus palabras.

- Sin mencionar que yo sería el más afectado de este escenario.

Se levantó y bebió un segundo vaso de agua de un solo trago. Caminó asta el enorme mapa del muro, detallaba la ciudad, el puerto con el inmenso océano, los dominios de su protector en tierra y las tres fronteras.

Una en el sur con nobles afiliados a los Butterfly marcada por los ríos, otra a un lado con el reino de Carta y la última en el norte de la ciudad, este resaltaba por montañas casi intransitables llenas de riscos.

Eran el estado de Eukar, alguna vez un reino de verdad, ahora una nación sin monarquía oficial por tradición. Pero con un gobernador que no dudó a la hora de imponerse como un señor de sus propias tierras.

Apoderándose a través de las armas y el dinero de Eukar, y estableciendo un reino que jamás sería reconocido.

No mientras que su ciudad hermana, la que alguna vez fue su principal símbolo de fuerza, estuviera fuera de su alcance.

- Si el Gobernador termina de construir su armada, una vez hunda sus barcos invadirá la ciudad por mar. Y el Ducado de Weis habrá perdido su ventaja en tierra.

Dijo señalando y golpeando el mapa mostrando su punto.

- La reina Butterfly negaran toda relación con esto, pero sus nobles en el sur fácilmente pueden entrar a la batalla sin perjudicarla. Entonces tendrá dos frentes abiertos. Primero el puerto. Después la ciudad. Después sus tierras, su casa...

"Como puede decir eso cuando no tiene más que ganar en esto!"

Explotó el mandatario.

Había escuchado demasiado, tenían historia con Eukar pero era impensable un escenario de este tipo. No después de tanto sacrificio.

"No tiene idea de cuánto se a perdido? Cuanto sacrificó nuestra gente para llegar donde está?"

Hablo el Duque. Tenía rato callado pero como anfitrión era su deber hacerse escuchar.

"Eukar sangró con nosotros. Puede que la historia no sea la misma pero sigue siendo parte nuestra, y es un tema complicado de llevar. Por favor, no perdamos la brújula ahora que estamos juntos."

El salón estaba en calma, pero la reunión tenía que seguir. Tenía que ser escuchado, tenía que hacer que entendieran y lo ayudaran pero...no era fácil para él.

Regresaron a sus asientos mientras pensaba, cuando se había sentido así de acorralado. Sólo por pedir algo de ayuda ahora que la necesitaba.

- Recuerdo que mi madre me contó una historia.

Empezó. No era parte del plan, pero estaba desarmado. Ya no tenía nada más.

- Sobre una princesa que gobernó el mar, un príncipe que gobernó la tierra y un caballero que derrotó a la oscuridad misma.

- "Esas tres personas tan diferentes y comunes que se convirtieron en un cuento recordado por las personas más humildes, pero cuya historia real fue ocultada por los gobernantes de Mewni, pero no por su historia, sino por su final.

Resulta, que el príncipe fue traicionado por sus hombres y asesinado por su mejor amigo. Que la princesa podía ver el futuro y lo usó para hacer realidad su ambición. Y que el caballero... Destruyó a ambos y se dejó seducir por el poder de la oscuridad."

- Es lo curioso de la historia en sí. Aveces es difícil entender cuando se tuerce a gusto de aquellos que la vivieron, todo para resaltar ante aquellos que ignoran su existencia y verdad.

Ambos escuchaban con atención, conocían esa historia.

"El Unicornio Negro."

Era la historia de su pueblo, y la razón de la separación de Eukar.

- Si la ciudad libre cae, no sólo no tendremos salida al mar y mi reino aislado. Nos quedaremos sin nuestros únicos aliados verdaderos y seríamos rodeados, mi reino quemado, mi gente asesinada, las familias de monstruos exterminadas, y la mía... destruida... de nuevo.

Apretó los puños tratando de contener el frío cosquilleo en su espalda.

- Mi familia es parte de esa historia, y me avergüenza ser parte de ella. Cuando vi que no era tan diferente al hombre que nos arruinó... sentí...

Miro al frente por un instante, ellos aún estaban con él.

- Cuando vi como eran marginados, entendí que yo fui uno de ellos, y me avergoncé. Traté de redimirlo.

Se levantó de su lugar y camino a un lado de la mesa.

Vio a sus escoltas a un lado, los halcones estaban en la puerta. Sin pensarlo más de lo necesario entendió que había sido honesto desde el principio, pero la honestidad de sus palabras chocaban con su aura dominante y la máscara que había aprendido a llevar desde niño.

Un príncipe capaz de cualquier cosa, tan justo como benévolo, tan temible como dominante.

Alguien que no podía mostrar compasión sin parecer débil.

Ahora se arrodillaba en el suelo.

- No vine con malas intenciones, no me deben nada, y no quiero que más gente muera. Pero no puedo hacer esto solo. Mis fuerzas perecen en el norte, mi pueblo peligra aquí en el sur, y no tengo a nadie a quien recurrir.

Se inclinó ante ellos totalmente expuesto.

- Por favor, les pido mi más sentida disculpa por cualquier ofensa y con total desesperación les pido su ayuda.

Las escaleras del palacio de Carta estaban manchadas con la sangre de buenas personas.

Guerreros que habían entrenado y probado su valía en el calor de la batalla en múltiples ocasiones, siendo merecedores del puesto más prestigioso en su reino. Eran los protectores del rey y la última línea de defensa que estos tenían.

El último cuerpo caía como un muñeco de trapo, veinte Guardias Reales habían caído en su intento por detener al intruso. Ninguno sabria como, pero un desconocido enemigo se había infiltrado en su reino repartiendo la muerte a varios en la elite guerrera.

Uno de ellos no se rendía.

Se levantó como pudo, la sangre le tapaba la vista, con la poca visión que tenía lo vio caminar donde el príncipe.

Su escolta estaba herido, se apartó de él y desenfundó su espada.

No era rival para un monstruo como ese, su escolta lo sabía, había pasado la mitad de su vida como comandante de este especial grupo como para no ver que estaban acabados.

Se levantó a lado de su protegido, una decena de sus hermanos llegaron por la entrada y sobre las estatuas con ballestas pesadas, frente a ellos el asesino, frente a este su objetivo.

El caballero saco fuerzas de donde ya no tenía y corrió detrás de la criatura, era más alto que el y más fuerte, pero detuvo por la cintura y lo levantó del suelo.

Unos tiradores dispararon al cuerpo para disminuir su resistencia y ambos cayeron por las escaleras, a los pies de ésta, se adelanto y salto sobre él golpeándolo con sus puños. Este lo tomo por el cuello y empezó a estrangularlo, el caballero saco un cuchillo de su cintura y lo encajó en su clavícula.

La bestia rugió ante la primera herida seria en el día y lo soltó.

El guardia cayó sobre su espalda, lo vio extraer la hoja de su carne, lo levantó por su cabeza con furia en su mirada y en lo clavo en su garganta con tal fuerza que lo sintió crujir.

Otro proyectil entró por su ojo derecho.

El príncipe recargaba el arma recién obtenida mientras él agonizaba, recuperó su hacha del suelo y cargó hacia él.

Una oleada de agujas perforaron su cuerpo desde el pecho a las piernas, cayó durante su marcha pero se levantó nuevamente y continuó. El príncipe tiro la ballesta y volvió a tomar la espada.

Se hizo a un lado ante el primer golpe que llegó a romper los escalones, tomo la empuñadura con ambas mano atravesó su cuello, la retiro al prevenir el segundo ataque y dio un salto atrás ante el mismo. El tercero casi acertaba, incluso vio chispas salir de su acero al chocar. Callo de espaldas y evadió otro intento, salto hacia delante, a un lado de su asesino.

Dio un corte improvisado en su costado bajo su brazo, giró su espada en un intento por cortar su cabeza. Pero el arma se detuvo a la mitad del corte.

Ahora estaba atascada en su cuello. El monstruo sostuvo el mango de su arma, al ver que estaba rota tomó el hacha desde la punta detrás de la hoja.

Todos quedaron con el corazón en la garganta, el príncipe levantó la ballesta que había desechado para protegerse. Esta fue destrozada y el príncipe apartado de un solo golpe, voló por los aires derramando su sangre en la calle.

Tenía una cortada en su brazo.

Una segunda oleada de flechas lo golpeó por la espalda en un intento por retenerlo. Otro grupo de guardias llegaron con unas cadenas, les entregaron un extremo los tiradores en las estatuas, destinada a los proyectiles de acero que estos tenían.

El comandante corrió a donde su señor, al pasar junto al monstruo ondeó su espada mientras cortaba con un grito, este se sostuvo con sus brazos sin poder regresar el favor, aún tenía el hierro del chico detrás de su cabeza y ahora otra herida a la mitad del cuerpo.

Lo vieron llegar al joven, apenas estaba consiente.

Las cadenas se dispararon, un arpón atravesó su hombro y el otro su muslo izquierdo, empezaron a rodearlo y a preparar los demás, tiraban de las cadenas desde dos direcciones intentando mantenerlo un mismo lugar.

"Esta sangrando mucho. No durará."

El príncipe se apoyo en su guardián para levantarse, vio las heridas sangrantes. Tenía demasiadas, pero era ridículo.

"Ya debería estar muerto." dijo para si mismo.

Tal vez no lo habían notado pero su proyectil no sólo le había quitado un ojo, podía ver parte de la punta salir por el otro lado. Lo habían atravesado, más de una vez.

Los arpones seguían llegando, uno tras otro con tres hombres por cadena lo dejaron inmóvil.

No permitiría alargar las cosas, llamo uno de ellos a terminar el trabajo, sin nada por que discutir se apresuraron a cumplir su tarea. Retiro la espada con algo de esfuerzo, y con un corte precisó su cabeza y las cadenas cayeron. El suelo apedreado se ensucio con su sangre oscura.

Nadie dijo nada después de eso. Miraban a su alrededor, entre ellos, a sus muertos...

Esto no era para nada nuevo pero tampoco era el escenario más alentador, donde habían sido más que humillados y sólo por uno. Un desconocido sin nombre del que no sabían nada.

Una criatura rara había matado a una considerable cantidad de caballeros antes de caer muerto, y su cabeza decapitada dejó de mover su boca segundos después de ser cortada.

Vieron al ruiseñor llegar, consternado por lo que tenía frente a él.

"Que está pasando?"

.


Usar los borradores que recupere hicieron esto más lento, pero creo que salió bien, ahora depende de quien lo lea.

Lo que más retrasa la publicación es la corrección, mi auto corrector está funcionando mal y pronto voy a arreglar los demás capítulos. Si ven alguna falla, no duden en decirme.

Lo mismo con mi otra historia, puede que sea más rápida ya que es nueva y las ideas son frescas, pero el problema es el mismo. Carezco de tiempo y dejo pasar cosas importantes en cada párrafo.

Lo último y menos importante, puede que publique algo random para matar el tiempo en lo que actualizo ambas historias.