¡Estoy vivaaaaa!

Dejé esta historia medio de lado, sí, ¡pero no me culpen, fue por la maldita universidad!(?), nos bombardearon tanto con evaluaciones que tuve que dejar a medias la escritura de este capítulo ;n;

Pero en fin, oficialmente he entregado todo lo que debía entregar y mis clases ya han finalizado, por lo que ya podré ponerme un poco más al día con mis fanfics y eso incluye a esta historia en particular y a la nueva de la página "Al compás de la melodía" uwu


[ Don't dream, it's over ]

Capítulo 10

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Eran alrededor de las nueve y treinta de la tarde, y como era de esperarse, cada año desde que se especializó en lo que a medicina respectaba junto a su maestra, la Quinta Hokage, Sakura se hallaba ofreciendo su ayuda en el hospital, las heladas épocas estaban a la vuelta de la esquina y era normal que en dicho punto los centros médicos procediesen a la realización de actividades a favor de los habitantes de la aldea y niños en especial, es decir, vacunas, las cuales les eran de ayuda para no pasar un invierno tan nefastos en temas de salud, reduciendo así la posibilidad de atrapar algún virus.

Aquella labor podría escucharse como algo bastante sencillo, sin embargo, incluso la tarea más fácil podía adquirir su grado de dificultad cuando de los más pequeños se trataba y su miedo incontrolable a recibir un pinchazo en el brazo, la mayoría rompía en llanto en cuanto su turno se hacía próximo.

Pese a los inconvenientes que se presentaron en el camino, Haruno y el equipo médico finalizaron con éxito su trabajo, Sakura, por su parte, exhaló en un pesado suspiro mientras acomodaba un mechón de su cabello por detrás de su oreja, desviando sus verdes ojos hacia la ventana, percatándose de cómo el cielo yacía completamente cubierto por las nubes grisáceas.

Ahora sin ningún otro paciente al cual atender, Haruno procedió a guardar las herramientas utilizadas a lo largo del día en su respectivo maletín, manteniéndose en pie junto a la mesilla ubicada aun lado del asiento en que atendía a quienes venían a atenderse con ella.

De repente, la concentración de Sakura se vio interrumpida en el momento en que una de sus compañeras de trabajo, Rui Nishimura, se presentó ante ella.

–Ah, Rui, no me di cuenta de que venías. –Comentó Sakura con confianza, deteniendo el movimiento de sus manos.

–Lo siento, no quería interrumpirla mientras estaba ocupada, señorita Sakura.

Rui tenía ya unos cuantos meses trabajando en el hospital general de Konoha, por lo que apenas venía integrándose al equipo médico, no destacaba demasiado al ser nueva y su personalidad tímida no le ayudaba demasiado, dificultándole su relación con los demás médicos, es más, apenas había hecho algo de contacto visual con ella al momento de acercársele.

–Tranquila, no estás obstaculizando en nada, solo organizo algunas cosas. –Se explicó la kunoichi de rosado cabello, procediendo a esbozar una leve sonrisa, demostrando simpatía. –No tienes porqué dirigirte a mi de esa forma tan formal, relájate un poco.

Liberando una corta risita nerviosa, Rui contestó. –No puedo evitarlo, siento una gran admiración por usted, tanto de sus habilidades médicas como de combate, así que no puedo evitar hablarle de esta forma.

–Eh, estoy agradecida por que estés diciéndome este tipo de cosas, en serio. –Confesó Sakura, ligeramente avergonzada. –Por cierto, ¿hay algo de lo querías hablarme específicamente?

–¡Ah, es verdad!, lo había olvidado. –Exclamó la muchacha de largo cabello blanco, espabilando ante las palabras ofrecidas por Sakura. –Me pidieron que le dijera que alguien ha venido preguntando por usted antes, creo que le ha dejado algo en su oficina.

Haruno se quedó con las palabras atoradas en la garganta al segundo en que procesó tal comunicado, Rui no le había dado ningún nombre, pero de algún modo, el nombre de Naruto fue el primero que se le vino a la mente, aunque rápidamente consideró que pudiese estar cayendo en una equivocación ante tal apresurada conclusión.

–¿Ah sí?, gracias por informarme, iré luego de que termine de ordenar todo esto.

–Yo podría continuar en su lugar, quizás sea algo urgente.

Por su parte, Sakura dudaba de aceptar tal ofrecimiento. –¿Estás segura?, tener que dejarte hacer esto tu sola tan de repente...

–No se preocupe, no es ningún problema para mí hacerlo, estaré aquí para cuando regrese.

–Te lo agradezco, procuraré no tardar demasiado. –Concluyó Sakura, aceptando a fin de cuentas la propuesta de la muchacha de azules ojos, procediendo a darse la vuelta en dirección a su oficina.

En cuanto se vio frente a la dichosa habitación, aguardó unos segundos ante la puerta con la idea de que quizás alguien estaría esperándola adentro, sin embargo, al abrirla no encontró a nadie allí, se vio completamente sola y con sus verdes ojos sobre el escritorio que yacía perfectamente acomodado frente al amplio ventanal del cuarto, mueble en cuyo centro residía algo que claramente no pertenecía.
Con aquel ramo de flores en la mira, Haruno se aproximó hacia él y con una ceja levantada, demostrando confusión, lo tomó entre sus manos y se dio el momento de observarlo unos segundos en los que se percató de una tarjeta escondida entre dichas rosas, al retirarla y leerla la joven kunoichi pudo confirmar que su fugaz conclusión con respecto al remitente de tal presente resultó ser acertada.

La tarjeta no transmitía un mensaje muy elaborado, al contrario, era bastante preciso, en ella yacía escrita la frase "estaré esperándote en la plaza del centro a las siete dentro de tres días, si vas o no, no es necesario que me avises", acompañada del nombre de Naruto escrito al final.

Hacia cinco días que no había cruzado palabra con Uzumaki y no porque estuviese haciéndolo de forma intencional, sino por trabajo y para ser sincera... ya no estaba molesta con él, sí, se sintió completamente humillada, pero no por ello mandaría su relación por el retrete, desde el principio fue consciente de lo torpe que Naruto podía ser para ciertas cosas y mantuvo eso claro al momento en que aceptó salir con él, pero ahora el problema era que su orgullo era mucho más fuerte que ella.

Su orgullo y terquedad eran características suyas que jugaban en su contra, aunque intentase mantenerlas bajo control simplemente escapaban de sus manos, debía ser racional, Naruto no lo había hecho a propósito y aunque no le dio la mejor justificación de todas, si se enfurruñaba por ese tipo de cosas no llegarían a ninguna parte, por lo que echándole una última mirada al ramo entre sus manos permitió que su dulce aroma fluyera a través de su nariz y tras retornar la tarjeta a su sitio soltó dicho obsequio sobre su escritorio para volver junto a la chica que se le acercó con anterioridad.

–Lo lamento, tardé más de la cuenta y has tenido que hacer todo tu sola, Rui. –Para cuando regresó, la muchacha ya estaba reuniendo los maletines que ahora yacían perfectamente cerrados.

–No fue molestia, sin importar el tamaño de la tarea... se siente bien poder ser de ayuda. –Contestó Rui, enseñándole a Sakura una pequeña sonrisa mientras jugueteaba con un mechón de su cabello, nerviosa.

–No digas eso, deberías tener un poco más de confianza en tus propias habilidades. –Le aconsejó Haruno, revolviéndole el cabello durante unos instantes con una de sus manos. –No estoy mintiendo cuando digo que estás hecha para este trabajo.

–Hehe, es un honor oír esas palabras venir de usted, me siento halagada. Le prometo que continuaré esforzándome en mi trabajo.

–Ya podrás cumplir con esa promesa a partir de mañana, ya se está haciendo tarde, ve a casa. –Comentó mientras una corta risita salía de sus labios.

Aceptando las palabras de la rosada kunoichi, Rui se despidió y desapareció de su lado luego de darle una ligera reverencia.

Cada vez que entablaba conversación con la joven Nishimura era inevitable para Sakura ponerse de buen humor, en todo momento Rui dejó en evidencia el amor que tiene por su trabajo, era bastante perseverante y dedicada, y realmente se sentía halagada por el respeto que la joven le tenía, quien no dudó en hacérselo saber cuando se vieron por primera vez, Rui ya tenía alrededor de seis meses trabajando ahí y aquel brillo en sus ojos cada vez que se daba la interacción entre ambas continuaba sin desaparecer. Por su parte, no era molestia recibir tal admiración, pero debía reconocer que aún era una sensación extraña, ya que en el pasado jamás se le pasó por la cabeza que alguien pudiese llegar a respetarla de la forma en que Rui y varios habitantes del mundo ninja lo hacían, era agradable ver cómo las habilidades en las que tanto puso empeño durante sus años de genin eran apreciadas.

Luego de tomar todas sus cosas y con el reloj a pocos minutos de marcar las diez, Haruno regresó a su departamento evidentemente exhausta luego de tal jornada laboral que tendía a extenderse durante aquellas épocas de vacunas. Una vez que cerró la puerta tras de sí, dejó el ramo que recibió antes sobre la mesa de centro y se echó a lo largo del sofá mirando hacia el techo, procediendo a leer nuevamente la tarjeta.

–¿No podías acaso esperar un poco más a que llegara? –Preguntó en voz alta para sí misma, si Naruto hubiera optado por quedarse en su oficina en lugar de esfumarse probablemente ya no estaría teniendo esta lucha interna consigo misma que llevó a cabo los últimos días.

No tenía mucho de qué pensar al respecto, si ya no estaba molesta con el rubio no había nada que la detuviese de aceptar su invitación, es decir, le daría la oportunidad de enmendar su error y dejaría a un lado su maldito orgullo.