Capítulo 24
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Observaba desde el mirador la ciudad, brillante por los arbotantes y los autos y las luces en los edificios y las tiendas.
El viento soplaba con un poco de fuerza y el ligero sobretodo que había arrojado en su bolso no era suficiente para protegerla de aquellas noches que comenzaban a ser frías; recogió su flequillo y cruzó los brazos sobre su pecho, guardando calor unos momentos y luego volvió a su auto, donde permaneció sentada, mirando lo poco que podía observar de la ciudad desde ahí, dejando que las lágrimas escurrieran por sus mejillas irritadas.
Eternidades después, en las que el sonido de los árboles fue su único acompañamiento, unos golpes al vidrio de la ventana la obligaron a salir de su ensimismamiento y miró hacia la fuente del sonido, encontrándose con el gesto inconforme de Chouji.
Un sonido general resonó ahí dentro cuando los seguros botaron.
—Te he estado llamando todo el día, desde ayer —renegó Chouji, sentándose en el asiento del copiloto. —Yo no te hice nada, Ino, ¿no puedes ser un poco más considerada?
El viento frío entró en esos cortos segundos que Chouji tardó en cerrar la portezuela y sus lágrimas cayeron, como perlas de cristal desde sus pestañas. Mantuvo la mirada clavada al frente y asintió una sola vez, sin encontrar su voz.
—… lo siento —murmuró, sorbiendo por la nariz —… no tengo móvil en estos momentos.
Chouji detuvo el sermón que le tenía preparado y se inclinó un poco, las pupilas húmedas y relucientes de Ino se movieron, atraídas por sus propios movimientos, pero volvieron pronto al frente. El perfil vacío de Ino le revolvió el estómago, que de por sí ya le dolía, luego de llevarse todo lo que encontrara a la boca por culpa de sus ansiedades.
—¿Por qué no tienes teléfono? —murmuró, tanteando.
Separó los labios, pero solo un suspiro cansado salió de ellos. Se llevó una mano al rostro, cubriendo uno de sus ojos, y recargó la cabeza en el respaldo. Su único ojo visible seguía obstinado en observar el arbusto que alumbraba uno de los arbotantes más cercanos.
—¿Lo perdiste?
Ino tardó unos segundos en negar.
—¿Estás bien?
Sus ojos se desviaron hacia las manos que no soltaban el volante, aferrándose con fuerzas lánguidas a la parte más baja… el anillo de compromiso que Ino adoraba portar estaba ausente.
—Sasuke y yo terminamos —apresuró, ocultando sus manos al notar la insistente mirada de Chouji —… él me regaló el móvil, así que…
Asintió, consciente del peso que se iba posando, lentamente e imperceptible al principio, sobre sus hombros.
—¿Por lo de Karin?
Dejó caer la mano y no pudo evitar que una risa desganada escapara de sus labios, a pesar de las lágrimas que se amontonaban en sus ojos para salir; aquel extraño espasmo preocupó a Chouji, pero conforme los segundos pasaban la aparente hilaridad de todo aquello dejó ver el dolor que se escondía y las risas terminaron en sollozos. La frente de la muchacha descansó sobre el volante, mientras sus hombros se convulsionaban.
Posó, dubitativo, una mano sobre la espalda de la muchacha, esperando poder reconfortarla con ello.
—Quizá esto no sea lo que quieres escuchar Ino… pero creo que fue lo mejor que pudiste hacer… no podías ser feliz sabiendo que Sasuke te engañaba, aunque te esforzaras por aparentarlo.
—… él terminó conmigo, Chouji.
Algo frío le bajo por la espalda al ver que Ino se reincorporaba lentamente, hasta quedar recargada en el asiento de nuevo, los ojos verdes le miraban fijamente, llenos de lágrimas… por lo demás vacíos.
—El domingo intenté terminar con él. Sakura me dijo —sus ojos aprovecharon aquella pausa y se desviaron hacia a alguna parte en medio de ellos. —… no podía seguir con él, aunque no estaba segura, ¿sabes? Y si lo que Naruto decía era verdad no quería seguir… pero no encontré el valor a tiempo y no sé cómo, pero se enteró… no sé a dónde fue…
Se cubrió el rostro, sintiendo las lágrimas escurrir por sus mejillas.
—… ay, Chouji… lo arruiné… ¡soy una idiota, una completa idiota! Está tan enojado… y no he podido decirle a Shikamaru-
—¿¡Sabe que lo engañaste con Shikamaru!? —interrumpió, alarmado.
Los ojos verdes salieron entonces de su escondite y lo miraron, Ino se encogió de hombros y los sollozos le impidieron hablar unos momentos.
—… no lo sé… ¡no lo sé! Sospecha de él… no sé cómo lo supo… Intenté distraerlo, pero no funcionó… y no quiso escucharme, intenté explicarle… lo intenté, en verdad lo intenté, pero no quiso escucharme… lo arruiné… lo arruiné…
Las manos volvieron a cubrir los ojos y los sollozos a escucharse.
—Y sabes cómo es él —continuó diciendo, limpiándose el rostro con sus mangas —, cuando está enojado no entiende razones… lo hice prometer que no golpearía a Shikamaru, pero no lo sé… no sé si puedo confiar en él…
—¿Por qué te prometería eso? —murmuró, confundido.
Ino apretó un puño y lo acercó a sus labios, apretándolos. Miró a Chouji unos momentos y luego desvió la mirada, su cuerpo se convulsionó unos momentos al no saber si quería reírse o vomitar del asco que todo eso le causaba.
—… porque él me engañó con Karin.
—¡¿Si se acostaba con Karin?!
—Solo fue una vez… solo una vez —repitió.
—¿¡Cuándo!?
Se encogió de hombros y miró en todas las direcciones que le fue posible. —A principios de año… algo así… ¡Ah! ¡Esto me da tanto asco!
Ino golpeó su frente un par de veces antes de volver a llorar, escondiendo el rostro en sus manos.
Chouji se desplomó en el asiento, de pronto se sentía débil y enfermo y no sabía a qué atribuirlo. No podía decir que su vida estuviese llena de frustraciones, pero en esos momentos las cosas estaban ligeramente desesperantes, jamás creyó que se arrepentiría de inaugurar su restaurante ese año, pero tampoco había previsto que las cosas se fueran al traste entre Shikamaru e Ino.
—¿Por qué, Chouji? ¡¿Por qué?! ¡Yo podría perdonarle una vez!
Tembló ante aquella reveladora desgracia. —Las actitudes que tenía lo hacían parecer culpable, Ino…
Las manos de la muchacha bajaron rápidamente, descansando sobre sus muslos, y el rostro brillante y húmedo enfrentó la viste que había al otro lado del parabrisas.
—… mis estúpidas inseguridades —gruñó. —Sakura me lo repetía, una y otra y otra vez y… ¡Ah! ¡Soy una idiota!
Respiró profundo, conteniendo el aliento, pero el llanto la obligó a escupir el aire de manera descontrolada.
—¿Por qué con ella? ¿Por qué?
Las manos volvían a ocultar el rostro y esta vez Chouji no se contuvo, a pesar de las incomodidades que había ahí dentro, abrazó a Ino con fuerza. Sintiéndola descargarse. La escuchó maldecir a Karin un par de veces, pero el coraje no tardó en empezar a recaer en ella misma. La estrechó suavemente, sin dejar de peinarle el cabello, aunque su propio corazón se desgarraba ante el estado de su mejor amiga no podía dejar de recriminarse el que no compartiera más de su dolor.
Ino se aferraba a lo que quedaba de sí misma… a pesar de lo mucho que él se había esforzado por impedir que terminara en ese estado.
—Tú nunca supiste ni sospechaste nada… por favor… —rogó, alejándose de él.
La miró, confundido, y carraspeó, sin saber cómo formular su pregunta para evitar malos entendidos —¿Por eso me citaste?
—Si Sasuke se entera que tu sabías y jamás le dijiste…
—No tengo ninguna responsabilidad por mantener su honor —murmuró, malhumorado.
—¡Lo conoces, Chouji! ¡Y está furioso! No sabe que se trata de Shikamaru y no quiero que lo confirme, ¿entiendes? ¡Nunca!
—Tranquila… yo no voy a decir una palabra —aseguró.
Ino apretó el gesto y asintió. Chouji la abrazó de nuevo y la escuchó descargar sus preocupaciones por él y Shikamaru y Sakura, se sorprendió ante aquel último testigo pero decidió no comentar al respecto y dejarla desahogarse. Luego de unos minutos de balbuceos y repeticiones, Ino pareció recobrar la compostura y se soltó del abrazo, limpiando su rostro con sus manos y evitándole la mirada a toda costa.
—Shikamaru fue a la casa, antes de que todo pasara… ¿has hablado con él? ¿Sabes cómo está? ¿Está bien? No puedo hablar con él, no puedo darle la cara, no sé cómo… y Sasuke prometió que no haría nada pero…
Las palabras salían aceleradas de los labios de la muchacha y en momentos tartamudeaba, no le permitían formular las preguntas que brotaban en su mente. Asintió y la tomó por los hombros, frotándoselos, para tranquilizarla.
—No he tenido oportunidad de ir a su casa —murmuró, sin encontrar una mentira que sirviera para tranquilizar la situación en esos momentos.
—¿Sabes si está bien?
Una sonrisa se extendió por sus labios y asintió una sola vez. Escuchó a Ino agradecer a los dioses antes de echarse a llorar de nuevo.
Asintió, frotándole el hombro. —… no te preocupes.
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Sakura cabeceaba, a pesar de haber podido dormir un par de horas durante la tarde y haberse embutido una dosis de cafeína que no la dañara demasiado. Dejó caer un cubo de azúcar dentro de la taza de café y exhaló, recargándose en el respaldo, con sus pies empujaba la silla giratoria de un lado a otro, y sus ojos se clavaron fijos en el reloj de la sala de doctores, el cual se había quedado estancado en las tres de la tarde.
El sonido de la vibración de su móvil sobre la mesa la alertó y bastó un vistazo a la pantalla para que se levantara de la silla y saliera, con la taza de café en la mano.
Cruzó el hospital en silencio, sin toparse con demasiadas enfermeras en el pasillo, y recibió el aire fresco del exterior en el rostro con algo de alivio, a pesar de que adentro el clima no era desagradable. Sonrió al rubio que la esperaba en una de las bancas, afuera de la entrada a emergencias y se sentó a lado de él, sin más ceremonia que un movimiento de la cabeza con el que contestó al saludo del muchacho.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Naruto, una vez Sakura se encontró sentada.
Su corazón se había llenado de plomo al no poder defender las acciones de ninguno de sus amigos. Observó el cansancio que Sakura había acumulado por no dormir y que en esos momentos se empeñaba en mantener alejado, consumiendo café. La llamada de la tarde le había servido más a él, pues había podido deshacer algunos de los nudos, pero Sakura se había encontrado en el peor predicamento de su vida, obligada a mantener ciertas reservas gracias al silencio de Ino y su propia complicidad.
La ansiedad de que Sasuke supiera que ella había sabido aquel secreto desde hacía tiempo y habérselo guardado tan bien estaba derrumbándola.
—¿Sakura-chan?
Fingió un bostezo, evadiendo el contacto visual. —Tenemos que hablar con Sasuke… ver qué nos dice y ver si tiene sentido o va de acuerdo con lo que ya sabemos…
Se encogió de hombros, bebiéndose el café de un sorbo. Eso se sentía como aquellos años en los que creían haber perdido a Sasuke, con la única diferencia de que ahora no estarían Juugo, Suigetsu y Karin para entrometerse y ayudarlo a huir de ellos… o la comitiva de Kimimaro para ahuyentarlos.
—¿Has hablado con Ino? ¿Te ha dicho algo?
Se estiró y lo miró, con un solo ojo, su gesto contorsionado por la flojera que tenía; soltó sus brazos y negó un par de veces.
—… y no creo que deba saber lo que pasó hoy o que Sasuke está en el hospital —agregó.
—¿Por qué no? Ella tiene la culpa…
—No lo sé, Naruto… no lo sé —su mirada se clavó en sus pies. —Shikamaru hizo mal, Ino hizo mal, Sasuke hizo mal… Karin también hizo mal… ¡todos hicieron algo mal!
—Karin solo se acostó con Sasuke una vez —defendió Naruto, con un gesto de puchero.
—Y Sasuke solo se acostó con ella una vez —defendió a su vez.
—Pero Karin no corrió a golpear a Ino…
—Karin no tiene derecho a golpear a Ino —murmuró, recargando la mejilla en su mano. —Ino y Sasuke han estado saliendo desde hace años.
—¿Y por eso Sasuke si tiene derecho a golpear a Shikamaru? —reclamó, enderezándose, pero su rostro cambió luego de unos momentos y volvió a encovarse.
—Pues no, pero… ¿qué harías tu si Kiba y Hinata-?
—¡Ah! —interrumpió. —¡¿Cómo te atreves?! ¡Hinata jamás haría algo así!
—¡Shhh! —pidió, mirando alrededor, estaba desierto. —Pero suponiendo que pasara —insistió, juntando las cejas.
—Hmm… ¡No pongas esas imágenes en mi cabeza!
—¿Ves?
—Sí… supongo que estaba en todo su derecho.
Naruto renegó unos momentos y se sacudió los cabellos desesperado. Sakura lo miró entonces, con una pequeña sonrisa en sus labios, y le palmeó el hombro, dejando caer su mano pesadamente sobre su regazo luego de unos momentos.
—¿Cómo viste a Shikamaru? Dejando de lado los golpes y eso…
—Pues… no habló mucho y dice que no encuentra su móvil, se sintió como antes…
—Está cayendo en esas actitudes otra vez…
Asintió. —… y dudo que vaya dejar a Chouji entrar esta vez.
—¿Tan mal está?
—No estuviste ahí ayer, Sakura-chan…
—No es tan rencoroso, ya se le pasará —murmuró.
Naruto miró a Sakura por el rabillo del ojo, pero optó por el silencio.
—¿Cuándo podremos hablar con Sasuke?
—Pues… si todo sale bien, quizá pasado mañana, aunque me parece muy pronto.
—Sí, Sasuke es un debilucho.
Le dio un empujón con el codo, pero más allá de ello no hubo más reclamos. Volvió a fingir un bostezo y miró su reloj de puso, aquella noche no era tan atareada como otras, pero no podía perder demasiado tiempo ahí afuera. Miró al lado contrario de Naruto.
—… ¿crees que vaya a perdonarlos?
Los ojos azules miraron de inmediato a la muchacha, encontrándose con la coleta que utilizaba cuando estaba en el hospital y no con el rostro. Imaginando que quizá se encontrara preocupada por Ino, dudó en contestar.
—No lo sé… quizá a Shikamaru.
—¿Por qué a él sí y a Ino no? —juntó las cejas y lo miró, sorprendida.
Se encogió de hombros. —Ino se comprometió con él… Shikamaru nunca ha sido su amigo, no le debe lealtad, ni nada de eso.
Gruñó, frotándose el rostro. —Hm… quizá tengas razón…
El silencio volvió a rodearlos y se ignoraron, meditando lo que acababan de hablar. Sakura empezó a mordisquearse una uña y miró a Naruto de reojo, tenía el semblante serio y preocupado; desvió la mirada hacia la entrada a emergencias y torció los labios.
—¿Si tu hubieras sabido lo de Ino y Shikamaru le habrías dicho a Sasuke?
—Supongo… o bueno, no lo sé, depende…
Se giró para mirarlo, había esperado un rotundo sí. —¿De qué?
—De la situación… supongo…
Cuando los ojos azules se encontraron con ella una sonrisa avergonzada adornó los labios. Lo vio frotarse la nuca y desviar la mirada, sin dejar de sonreír.
—Yo jamás le haría algo así a Hinata… y no lo entiendo, pero muchas veces las personas cometen errores… si hubiera sabido qué estaba pasando, los hubiera detenido… y no hubiera dicho nada…
—¿Por qué?
Naruto agachó la mirada entonces, perdiendo la sonrisa con la que había intentado excusar aquella actitud tan laxa.
—… porque Sasuke ya ha sufrido bastante —murmuró. —Si pudiera evitarle una pena lo haría.
Asintió. Hasta ese momento sus propias justificaciones tenían respaldo, pero ni así podía mitigar la culpa que le estaba carcomiendo el estómago y provocándole los peores dolores… aunque también podía culpar a las cantidades industriales de café que había bebido.
—¿Y qué te hubiera hecho hablar?
—… que no se detuvieran… o que se hubiese tratado de un capricho… o algo por el estilo… ¿por qué?
Inspiró y negó, encogiéndose de hombros. —Curiosidad.
Naruto asintió y observó su teléfono, distrayéndose unos momentos al contestar un mensaje. Sakura aprovechó aquella distracción y se levantó, sacudiendo sus pantalones y deshaciéndose, innecesariamente, de las arrugas que se habían formado mientras hablaban.
—Sakura-chan.
—¿Hm?
—¿Tú serías capaz de mentirle?
Su mano se detuvo antes de palmear su pantalón una última vez y lo miró, alarmada. —¿Qué? ¿De qué hablas?
—… de lo que hizo Ino —murmuró, temiendo caer en el lado oscuro de Sakura al enfrentar los errores de su mejor amiga. —Tú sabes… si fueras novia de Sasuke, ¿lo engañarías con alguien más?
Separó los labios, aliviada, y miró al frente, sin poder mantenerle la mirada. El corazón le latía desbocado en el pecho y podía sentir esas palpitaciones en sus sienes; sonrió, nerviosa y bajó la mirada.
—… hmm… estamos hablando de la misma situación, ¿con los berrinches de Ino por sus sospechas y todo?
Naruto lo pensó unos momentos y terminó asintiendo. Sakura lo imitó, pensativa.
—… bueno, si hablas de la situación exacta, necesitaría encontrarte irresistible y eso nunca va a pasar.
Soltó una carcajada, pero fingió llorar luego de unos momentos. —Que cruel eres, Sakura-chan… —pero se contentó pronto y canturreó —Hinata dice que soy muy guapo.
—Hinata necesita lentes.
—¡Cállate!
Se cubrió los labios, ocultando la gracia que aún le provocaba y negó una sola vez, templando su semblante, hasta dejarlo completamente serio.
—Solo soy su amiga y lo único que quiero es que sea feliz… si estuviera enamorada de él solo viviría para verlo sonreír, nunca haría algo que pudiera lastimarlo —murmuró, luego de unos momentos, contemplando la calle.
Los ojos se le llenaron de lágrimas al comprender lo que había dicho y se arrepintió de haber abierto la boca.
—Pero bueno… yo no soy Ino —excusó, esperando remediar así el haber dejado tan mal parada a su mejor amiga, pero era imposible.
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Se miró al espejo y apretó un poco el rostro al sentir que su ceja y su pómulo aún dolían demasiado cuando presionaba y el aspecto de los moretones no había mejorado en esa semana. Exhaló y, caminando pesadamente de vuelta a la cama, aplicó la compresa fría, rogando porque aquellas manchas de sangre bajo la piel desaparecieran pronto y así evitar recurrir a su pésima aplicación de maquillaje para no dar una mala impresión en las reuniones de trabajo.
No había recibido a nadie desde que Naruto saliera del apartamento el lunes y luego de que Chouji intentara entrar, usando su duplicado, había mandado cambiar el mecanismo de la puerta y ya había hablado con el casero para asegurarle que se encontraba bien y que ignorara cualquier pedido por ir a abrir aquella puerta.
No quería ver a nadie.
Se acostó con cuidado en la cama, cubriéndose hasta el cuello con una cobija. El dolor abdominal no era insoportable, pero si incómodo; presionó la compresa fría contra el lado lastimado de su rostro y cerró los ojos, deseando quedarse dormido pronto y así no darle más vueltas al asunto de Karin.
Se sentía un completo hipócrita al no poder rechazar la idea de que Karin y Sasuke hubiesen estado juntos en algún momento y sabía que no tenía cara para renegar, y no necesariamente porque Karin se lo hubiera gritado, fuerte y claro, aquella tarde del domingo. Resopló y se acomodó mejor en la cama, cuidando de no lastimarse el abdomen y así evitar apretar el rostro y sentir dolor en la cara.
—… que problemático —gruñó.
El indiscutible sonido de unos nudillos golpear la puerta le llegó lejano a los oídos. Miró la pared, sin intenciones de atender la puerta.
Las insistencias se mantuvieron durante el tiempo suficiente para intrigarlo y que la intriga lo motivara a salir de la cama. Sosteniendo la bolsa de gel frío contra su rostro, caminó, sin hacer ruido ni encender las luces, y al asomarse por la mirilla le sorprendió encontrarse con el rostro de Karin ligeramente deformado por la curva del cristal. Vio la mano acercarse a la puerta y escuchó los golpes, que le retumbaron en la cabeza con fuerza.
Se quedó de pie ante la puerta, escuchando a Karin llamar una y otra vez, de manera que no molestara al resto de sus vecinos, y aparentemente sin intenciones de irse. Miró la pared oscura frente a él, sintiendo el frío que se colaba por debajo de la puerta y el que aferraba su rostro hinchado… y el de esa furia que no le permitía abrir la puerta.
Karin golpeó la puerta por última vez y dejó caer la mano.
—Quería pedirte perdón…
Sus ojos cayeron, sin llegar al suelo y apretó los labios.
—Es mi culpa que estés así, me enojé y abrí demasiado la boca… y tampoco entendí algunas cosas —pronunció, esperando que se escuchara con claridad al otro lado —… no vengo a reclamarte, ni pienso hacerlo… sobre Ino y eso. Quiero creer lo que dijiste en Osaka y voy a creerlo… Aunque eso no significa que vaya a dejar que me maltrates pero… Solo quiero hablar contigo. Necesitamos hablar, Shikamaru.
Nada le garantizaba que Shikamaru se encontrara al otro lado de la puerta o en el apartamento, a pesar de haber visto el auto aparcado en el lugar designado, el muchacho podría encontrarse pasando aquella semana de convalecencia en casa de alguien más. Apretó los puños ante la fugaz idea de que Ino se encontrara atendiéndole las heridas y levantó la mano de nuevo, dispuesta a golpear con más fuerza, pero se detuvo y se contentó con patear el suelo.
—Estuve pensando… en lo que me preguntaste el lunes. Creo que recuerdo… por si aún quieres saber, no tengo la fecha exacta, pero creo que recuerdo.
Sacó de su bolso un delineador y anotó en una servilleta su número de teléfono, con la esperanza de Shikamaru no se lo supiera de memoria y le llamara cuando tuviera un nuevo teléfono. Dobló la servilleta y, con dificultades, la pasó por debajo de la puerta. Al erguirse miró fijamente el número sobre la puerta.
—Espero estés ahí, no quiero saber que hablé sola —una lánguida risa escapó de sus labios y empujó los lentes por su rostro. —Solo quiero hablar contigo y saber si estás bien, no tienes que perdonarme o tenerme de nuevo en tu vida si no quieres… pero al menos escúchame.
Se asomó por la mirilla, pero la oscuridad seguía siendo lo único que había al otro lado. Exhaló y se alejó de la puerta un par de pasos, luego le dio la espalda y caminó a la acerca. Miró el cielo en silencio, observando las estrellas que se asomaban entre las pocas nubes que cruzaban en esos momentos, haciendo un ligero contraste de claridad en aquella vasta oscuridad salpicada de brillos.
—Solo escúchame…
Cuando Karin abandonó la acera, Shikamaru abrió la puerta para poder tomar el papel que había deslizado debajo. Observó en silencio el número de teléfono y luego observó el exterior; la había escuchado, pero no sabía si tenía el valor para enfrentar una vuelta del karma ahora que se había pasado la adrenalina de la pelea.
Aprovechó aquel momento al aire libre y sacó los cigarrillos de su bolsillo, llevándose uno a los labios y encendiéndolo.
Observó la coloración blanca del humo perderse en la noche, la servilleta bien apretada en su puño.
Miércoles, 03 de febrero de 2021
