Y no, aún no he muerto.
Capítulo X
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La maldición del titán II:
Me perdono por no quererte.
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Los días eran más largos y laboriosos, Harry lo prefería así. Mantenía su mente ocupada lejos de todos los dramas familiares oculta su línea de sangre.
Había sido ingenuo, como un gato curioso. Descubrir los secretos de su familia sólo le ha provocado preguntas que carecen de respuestas. Nada de esa sensación de paz que creyó podría llegar a encontrar.
Solo podía pensar en las mismas cuestiones una y otra vez, Lily Evans lo había tenido mientras estaba casada con James Potter, y luego este último se había enterado del recién nacido hijo bastardo de su mujer, ¿O lo sabía él desde un principio?, ¿Adoptarlo no fue una decisión de último momento?
¿Había sido un acto de amor o uno de orgullo?, Lily no tendría muchos sitios a los cuales ir en una sociedad tan anticuada como el mundo mágico, sus amigos eran también los amigos de James, ¿Qué hubieran pensado de ella? ¿A dónde podría haber ido su madre si debía cargar con un bastardo recién nacido a cuestas?
¿Y dónde estaba su padre en todo eso? Probablemente ni se había enterado, y de hacerlo tal vez no le importó.
O puede que su ego está tan dañado que piensa que mi madre lo ha insultado al dejar que James me adoptara.
Ofuscado y molesto se obligó a regresar su atención a sus tareas. Debía dejar de pensar en tonterías, había demasiadas cosas por hacer ese día.
Harry se despidió de Quirón con un gesto amable antes de descender las escaleras de la Casa Grande con rapidez, el centauro jamás se había expresado en contra de que el mago sirviera como "jefe de cabaña" durante los veranos pero seguía siendo incómodo presentarse ante él, más aún cuando el Sr. D le observaba tan intensamente.
¿Era desaprobación lo que sentía en su mirada? Bueno, se dijo, no es como si le importara que pensara de él ese dios en particular.
Sacudió sus pantalones de suciedad inexistente para continuar con su trabajo del día, a la Once le tocaba hacer inventario del almacén y un doble turno en el campo de fresas esa semana. Lo que implicaba para Harry correr de un lado a otro acarreando a los semidioses adolescentes que se negaban a trabajar.
Casi podía ver cómo pasaría su fin de semana en aquel polvoriento almacén. Suspiro con resignación, tal vez después de la partida de Luke había consentido de más a los campistas de la Once.
—¿Estas bien, Harry?— La voz de Nico, fresca y jovial sin su anterior timidez le llama desde unos metros de distancia. Se ve agotado pero divertido cuando corre hacia él y sólo puede suponer que ha estado participando en los juegos de aquella mañana.
—Ey, Nico— le saluda revolviendo su cabello con afecto, el niño se queja pero no aparta su mano—. Estoy bien, solo algo cansado. ¿Qué has estado haciendo hoy?
El niño le mira aliviado sin dejar de analizarlo, intentando descubrir si había mentira en sus palabras.
—No has dormido bien estos días, tienes ojeras. Debes descansar—. Suena ligeramente a una reprimenda, pero su gesto se vuelve suave y alegre al narrarle los juegos que los sátiros han organizado.
Son juegos propios de campamento en los que los mayores suelen disfrutar observando más que de participar. Pero Nico suena encantado y feliz, habla de sus logros y victorias, el cómo había vencido a Will en carreras de relevo pero ambos habían ganado la carrera de tres piernas sin tropezar ni una vez.
Harry le deja parlotear, es agradable escuchar su voz mientras trabaja. Nico le sigue por todo el campamento mientras él da instrucciones a los semidioses a su cargo, el niño no es demandante de atención. Espera pacientemente cuando el mayor habla con alguien y sonríe con ligera timidez cuando este lo presenta a alguien más.
Es entonces cuando Harry descubre que le hubiera encantado ser un hermano mayor. Lo había pensado algunas veces con Will, pero jamás lo sintió tan fuerte, Will tenía a sus propios hermanos y los hijos de Hermes eran la mayor parte del tiempo bastante independientes, por lo que no era el mismo sentimiento.
Ambos pasan sus mañanas separados y por las tardes el descendiente de Hades le buscaría para acompañarlo en su rutina. Le ayudaría a acomodar papeles, a buscar a los escurridizos Stoll o simplemente a darle a la cabaña una limpieza rápida antes de la inspección.
Y hablarían, sobre la escuela del mayor y lo raro que se sentía el otro por no ir a una, de los monstruos que Harry había visto y de las aventuras que solían tener los semidioses desafortunados, las favoritas del niño eran las de Annabeth y Percy, historias que el mago repetía con fluidez después de haberlas escuchado de propia boca de los protagonistas.
Nico solía hablar más por las noches, especialmente en aquellas cuando compartían la misma vieja litera. Seguro de que nadie podría escucharle entre los ronquidos cansados de los demás, el niño dejaba salir aquello que más le preocupaba.
—No sé si quiero ver a Bianca pronto—. Le dice una vez en un murmullo avergonzado sin despegar la vista del techo de madera. Harry guarda silencio, ligeramente sorprendido de escuchar su voz después de creerlo dormido, pero le da un asentimiento de reconocimiento indicando que lo oye, es complicado distinguir cualquier cosa en la oscuridad—. ¿Es malo que no desee verla?...A veces creo que ella tampoco quiere verme.
Sabe incluso antes de tener que preguntar qué alguien debe de haberle dicho algo. El pensamiento es propio sin embargo, un sentimiento real. Pero la lógica detrás de dicho razonamiento tal vez había sido dada por alguien más, como una pequeña semilla de la verdad. Un comentario al azar dicho en un momento inapropiado.
Harry supone que ni los Stoll o Amelia serían tan insensibles para decir algo al respecto y Solace evitaba el nombre de la hermana del niño como si este pudiera hacer caer la furia de Zeus, por lo que tampoco era probable. ¿Entonces había sido un campista al azar? ¿Un simple comentario inapropiado que había desatado los sentimientos que el menor guardaba?
—No creo que sea malo. — contesta mirando también el techo, no está exactamente seguro de que decir. Hay pocas relaciones en su vida que él pudiera comparar a la que ambos descendientes de Hades habían tenido antes de ser separados. No, separados no era el término correcto. Habían tenido una buena relación antes de que la mayor abandonara a Nico. Suspiró con frustración, él no era exactamente la mejor persona para hablar sobre temas de abandono—. Bianca te ha lastimado, Nico, es normal que no desees verla aún.
Espero una respuesta negativa. La voz ferviente del niño negando la herida que su hermana le había causado. Pero nunca llegó. En su lugar Nico se aferró con más fuerza a la manta, pero no rechazó la herida, no intentó esconder el dolor punzante de su mirada que era notorio incluso con la escasa luz.
—Tal vez no tenía la intención de hacerlo—. Dijo en su lugar, su murmullo estrangulado parece una señal de llanto contenido pero la oscuridad es demasiado densa para confirmarlo. Harry no podía culparlo por tener ganas de llorar, cae en cuenta por primera vez que tal vez Nico no lo había hecho hasta ahora.
Había sido arrastrado lejos de todo cuando había conocido, su hermana había decidido dejarlo a los cuidados del campamento en un ambiente extraño lleno de desconocidos donde uno tenía que valerse completamente de sí mismo.
Seguramente sabe ahora que no saldrá de aquí en años, hasta que sea mayor, pensó con culpa.
Tal vez Nico estaba atravesando esa etapa en la vida de un semidios. Cuando todos descubren que su vida era un problema tras otro, era peor aún para los anuales como lo sería el niño. Para los que el campamento se transformaba en algo similar a un orfanato (y en muchos aspectos un reclusorio), sin padres o familia a la cual acudir. Y a menos que las Moiras les odiarán lo suficiente para darles una misión no saldrían de los límites del campamento hasta que fueran "adultos". Y sólo para descubrir que afuera no había un lugar seguro en el cual refugiarse.
Esos pensamientos debían ser aún peores si tu única familia te había dejado solo en medio de todo ese lío. Harry no podía juzgar a Bianca, pero una parte de él empezaba a creer que los hermanos tenían que haber permanecido juntos un poco más.
—Rara vez tenemos intención de lastimar a los que amamos. Eso no quita que lo hagamos, si ella te ha lastimado tal vez es mejor que no la veas por el momento, eso dará tiempo a que acomodes tu cabeza— aconsejo con cuidado.
—Amo a mi hermana.
Soltó el menor con la prisa arrolladora de la culpa y la verdad empujando con fuerza en su voz.
—Lo se — asegura él, por qué es algo innegable—. Ella es tu hermana, claro que la amas. Pero la familia puede lastimarnos Nico, a veces tenemos que dejar sanar nuestras heridas antes de volver a verlos —su joven primo permaneció en silencio, así que continuo con seguridad—. Ella también te ama.
La respuesta esta vez fue inmediata, carente de palabras en un inicio. Las sombras se agitaron salvajes y ansiosas respondiendo a los sentimientos de su amo.
—Pero ella no quiere verme ahora.
Su voz era quebradiza, la voz de un niño que anhela el afecto de la familia que le ha dejado. No lo pregunta ni lo duda, lo afirma. Y lo hace con el doloroso conocimiento que trae el amor.
Harry no intenta negarlo, ¿Podría hacerlo? Los motivos de Bianca podrían ser válidos en casi cualquier otro lugar, ella misma era apenas una niña que se había visto obligada a proteger (y tal vez criar) a su hermano. Ella había escapado del destino que la ataba y asfixiaba pero ¿Saber eso aliviará las penas del niño que había dejado atrás? Seguramente no, Nico era un niño ingenuo pero inteligente. Él debía saberlo ya.
¿Existía acaso un peor dolor que ser dejado atrás por los que amas al ser considerado una carga?
Harry no tiene modo de saberlo, pero imaginaba que pocas cosas podrían dejar una herida igual de profunda. Era a su manera un luto, su relación jamás volverá a ser igual, pensó, no importa lo mucho que se amen. Algo ese día se rompió.
—Extraño a mi hermana— dijo el niño entre sollozos quedos—, pero no quiera verla...Soy feliz aquí, creo que lo estoy consiguiendo… Si la veo ahora yo… — lo murmura apenado y cohibido, con la vergüenza de quien cuenta un culposo secreto.
Estaba logrando componer su vida al fin tras escapar del Casino Lotus, ser rescatado por los semidioses y posteriormente verse solo por primera vez en su vida en medio del campamento. Era normal querer aferrarse a aquella sensación de seguridad, ver a su hermana seguramente no sería de ayuda ahora.
—Está bien— asegura Harry atreviéndose a peinar sus cabellos y acomodar la manta sobre el menor otra vez—. Algún día querrás ver a tu hermana de nuevo, algún día ella querrá visitarte. Ambos serán felices a su modo, no debes sentirte mal por eso.
Nico no vuelve a hablar más, demasiado afligido y sentimental, toma su mano un momento entre las suyas en un pequeño apretón a modo de agradecimiento antes de voltearse y hacerse un ovillo en el extremo contrario. Al final su respiración pausada le indica que a caído dormido.
Es entonces cuando él tiene ese triste y horrible pensamiento.
¿Era Bianca consciente que ahora en su eterna juventud vería a su hermano morir?
Limpio el sudor de su rostro de forma descuidada con el dorso de su mano, el campo de entrenamiento estaba mucho más atestado de lo normal, repleto de nuevos y entusiastas campistas. Su asignación del día era ser instructor de defensa básica, había creído que sería un modo divertido de pasar la tarde con Will, Nico y Amelia pero al llegar entendió que no podría prestarles la atención necesaria debido a la cantidad de niños que le esperaban.
Los tres habían sido comprensivos al respecto y Amelia había prometido hacer de instructora personal para el par mientras los arrastraba hacia uno de los campos más pequeños. Harry podía verlos desde su posición, Solace practicaba su puntería a unos cuantos metros de distancia de los otros dos, sus flechas ahora daban en su mayoría en la diana aunque aún alejadas del blanco. Seguía siendo una gran mejoría a sus años anteriores cuando había logrado darle a todo menos al blanco.
¿Tal vez Apolo al fin había decidido bendecir a su hijo?
Amelia y Nico estaban a una distancia segura practicando con espadas de madera, cuando su amiga le vio le saludo con la mano antes de hacer un gesto brusco hacia los chicos a su alrededor reprendiéndolo por distraerse. Los propios alumnos de Harry seguían trabajando en su postura, Nico había dominado ya ese aspecto en alguna de sus lecciones previas. Era pequeño pero aprendía rápido, Harry sonrió divertido ante las risas de los niños, estaban en buenas manos con la hija de Ares. Motivado se giró hacia sus pequeños pupilos dispuesto a continuar el trabajo, cada día parecía tener más alumnos.
Connor le mira con aprensión desde su posición en la esquina de la cabaña y Harry sabe que están pensando en lo mismo.
¿Cómo carajos han terminado así?
Los sacos de dormir están esparcidos por el piso de forma desordenada, y el suelo de madera se aferra a sus pies de forma pegajosa y desagradable. Las piezas de lego a las cuales Connor ha maldecido hasta el cansancio después de haberlas pisado aún permanecen regadas por toda la habitación.
Ambos saben que ese es el menor de sus problemas actualmente. Cuando Travis abre la puerta Harry se apresuró a preguntar:
—¿Y? ¿Qué te han dicho?
El hijo de su patrón niega con un gesto cansado, barriendo con su pie bloques de plástico de forma descuidada.
—Nada hasta la próxima semana.
El pensamiento tarda en asentarse un poco en sus cabezas.
—¿La próxima semana?— Exclama al final aturdido y molesto— ¿Con qué se supone que visitamos a estos niños? ¡Por Hades! ¡Llevan con las mismas ropas tres días!
Travis no se ve más contento que él con la situación. Sus gestos son cansados y furiosos.
—La próxima semana hay una entrega de un gran pedido de fresas— Explica de mala gana—. Quirón ha dicho que tras el pago el Sr. D mandará a los sátiros a surtir el almacén con todo lo necesario y un poco más.
—¿Qué rayos somos? — murmura Connor sin intentar ocultar sus emociones, sin cubrir la impotencia —¡¿Un jodido orfanato?! ¡Nuestros padres son dioses por amor al Olimpo!
—Baja la voz — le reprende Harry levemente sin culparlo por el arrebato. La Once tenía suficiente con la mala reputación que Luke les había dejado.
Los niños no habían parado de llegar. Al inicio del verano habían recibido con felicidad a las nuevas caras de la cabaña Once, casi todos rondando los doce años. El campamento estaba acostumbrado a recibir una cierta cantidad de campistas al año, y aunque algunos recursos como la comida y el agua jamás escaseaban, otros más como la ropa, y artículos de higiene sí.
Tardaron en notarlo, los sátiros llegaban con más frecuencia desde hacía unas semanas, trayendo consigo a más semidioses. Un par de decenas más de lo habitual, para mediados del verano aún seguían llegando. Nadie tenía idea de que estaba ocurriendo y Quirón parecía cada vez más ocupado en calmar la ira del Sr. D.
Los recién llegados tenían algo en particular, eran los semidioses más pequeños que Harry había visto jamás — con excepción de Jesper—. Casi todos menores de doce y apenas rebasando los ocho.
Como solía ocurrir la Once se había llevado a la gran mayoría de los niños recién llegados. No debería de ser un problema de no ser por qué no había recursos para sustentarlos.
—Hey— La voz de Amelia los saludo desde la puerta con una mochila colgada a su hombro— He preguntado entre mis hermanos y otras cabañas, he conseguido algo de ropa y otras cosas.
El contenido de su mochila revela varias prendas de ropa, toallas y algunos pares de zapatos.
—Seguramente les quedan grandes en tamaño— les avisa con ligera culpa— pero quienes tenían prendas pequeñas las han dejado a sus nuevos hermanitos.
—Gracias— Le dice Harry.
—No se desanimen demasiado, en una semana todo se acomodará, ¿Cuántos niños tienen ahora?
La hija de Ares sabe que ha tocado un tema delicado cuando por respuesta solo recibe un cansado suspiro grupal.
—Tenemos a los siete que llegaron a inicios del verano— Dice Travis sin dejar de mordisquear sus uñas.
—Y los trece que han llegado estas semanas.
Amelia les dirige una mirada comprensiva. Consciente de las dificultades que se vivían en su propia cabaña con tan sólo tres niños recién llegados.
—Vean el lado bueno— Les dice al final y ante la mirada interrogante les sonríe cómplice— La Once tiene casi los mismos integrantes que antes.
Ese pensamiento breve ilumina la cara de los hijos y el lancero de Hermes.
La risa de Nico era fresca e infantil mientras Will intentaba darle a la la diana de juguete con los dardos. Amelia admitía que el niño de Apolo había mejorado mucho en puntería, pero al parecer dicha habilidad solo aplicaba al arco.
El atardecer cae sobre ellos con suavidad cuando ambos la ven y corren hacia ella a trompicones. Esos niños suelen buscarlos a Harry y a ella más que sus propios hermanos.
—¡Amelia! — le llama Will con el rostro sonrojado por la carrera— ¿Has visto a Harry?
—¡Prometió enseñarnos a jugar dardos! —acusa Nico con diversión— ¡Nos ha dejado plantados!
Sonrió afectuosamente a los niños considerando donde se había metido el mago. Era su día libre, así que si no estaba durmiendo como aseguraban los niños le quedaba una posibilidad aún más interesante.
—Se donde está, — les dice— ¡Pero olviden los dardos! Hay que ir por algunas cosas y luego iremos con Harry ¡Será divertido!
Los niños la siguen sin rechistar como borreguitos obedientes todo el camino hasta la cabaña nueve de donde toma prestados varios pares de tijeras y un gran cubo de basura. Pese a la clara confusión ambos la siguen intrigados y divertidos.
Harry los ve llegar desde unos metros a la distancia, metido hasta la cadera en el mar. El sol se está ocultando ya y casi nadie más disfrutaría de nadar a esas horas.
—¡Harry! — le llama Nico—¿Qué estás haciendo? ¡Te olvidaste de nosotros!
El mago se sonrojó avergonzado. Pero no tiene oportunidad de disculparse cuando los niños notan lo que está haciendo. Es difícil verlo ahora que ha anochecido, pero las siluetas de los peces se mueven alrededor del semidiós en ondas danzantes y luminosas ahí donde la luz rebota sobre sus escamas.
Hay una navaja en su mano derecha y una bolsa plástica sujeta de una cuerda a su cintura. Los niños ven fascinados como retira con cuidado las redes y plástico de los animales que se han visto enredados en ellos.
—No reconozco a casi ninguno de estos peces, nunca los había visto en la playa— dice Will cuando él y Nico se han atrevido a sumergir los pies en el agua.
—Creo que muchos de ellos son nocturnos— contestó con simpleza el mayor.
A decir verdad Harry tampoco sabía de la mayoría de ellos, había terminado haciendo eso la primera vez por casualidad. Un paseo nocturno en el que había visto un trozo de red varado en la playa y dentro de él varios peces atrapados. Había tenido que correr de regreso por algo con que cortar la red para poder liberarlos.
Ahora de vez en cuando paseaba por la playa para ver si encontraba algún animal marino que necesitara algo de ayuda. Sabía que Percy solía hacer cosas como esas seguido, los animales corrían a la orilla en busca de ayuda al sentirlo en el mar. Harry no tenía la misma suerte, algunas veces atraía la atención de algún banco de peces o algunas tortugas curiosas. Pero en general quienes se veían más interesados en su presencia eran las criaturas nocturnas, Harry no sabría decir si eran algún tipo de criaturas mágicas o mitológicas o si sólo eran criaturas demasiado raras para parecer comunes.
Llegaban a él con sus largos tentáculos atorados en plástico y sus puntiagudos dientes sangrantes con trozos de lata enterrados en sus encías, sus oscuras pieles tenían brillo propio, una especie de luz fluorescente que hacía brillar las oscuras aguas del mar y llamaba la atención de peces desprevenidos.
Había llegado a la conclusión que esas criaturas nacidas de las sombras se sentían cómodas con él, y aunque eran más orgullosas que el resto al final terminaban por aceptar su ayuda.
Amelia y Will se sentaron en la arena a mojar sus pies mientras cortaban en trozos pequeños el plástico y la basura que Harry les pasaba. Era un modo de estar seguros de que ningún animal volvería a quedar atorado ahí si por algún motivo los desechos no terminaban en el lugar correcto.
Nico en cambio se había animado a acercarse a Harry, aunque no había llegado tan profundo como el mago parecía mucho más confiado ahora que la última vez que habían ido a la playa. Curiosos los animales lo rodearon a prudente distancia antes de decidir que no era una amenaza.
—Son muy bonitos— Murmuró el niño— Probablemente no se verían tan bonitos de día, pero ahora que ha oscurecido son preciosos.
Harry sonríe en acuerdo, muchos de esos animales no podrían ser llamados bellos a la luz del sol, no con sus pieles viscosas, sus largos colmillos y tentáculos numerosos, no con esos ojos perdidos que parecían no ver nada y verlo todo a la vez. Pero eran hermosos a su manera, de apariencia más fuerte que el resto, más afines también.
—Han nacido de la noche, pertenecen a ella — dice Harry al final. No podrían competir con las criaturas del día, y las del día no pueden competir con ellos. Ambos son únicos a su manera.
Will les llama desde la orilla avisando que la cena se servirá pronto, así que de mala gana Nico hace una vaga despedida con la mano a los extraños animales que le observan desde la distancia.
—Tienes buena mano con los peces— le dice al mayor mientras este le pasa una toalla.
—Esos difícilmente pueden ser llamados peces.
Nico se ríe de su expresión antes de jalarlo a la cabaña por ropa seca. Ambos niños admitiendo que la tarde había sido más emocionante que los dardos.
Quirón cumplió su palabra.
Una semana más tarde el almacén había sido abastecido de ropa, mantas y todo lo que fuera necesario para darle una estadía digna a los recién llegados. Los sátiros descargan las cajas del camión con aspecto apurado. Es así como Harry encuentra a Hend, su guardián siempre está apurado. Sabe que el sátiro es un guardián excelente, por eso se confiaba en él para ir a buscar en otros países los resultados de los amoríos que los dioses pudieran tener en el extranjero, como lo es el propio Harry.
Pese a sentir pena por el sátiro le hace prometer que hablaran pronto, necesitan saber qué está pasando.
Hend tiene tiempo para ellos en la tarde, cuando toca la puerta de la cabaña con aspecto cansado y ojeroso. Dentro están Amelia y Harry.
No hay muchas ceremonias en su pequeña reunión.
— ¿Qué está pasando, Hend? — le pregunta Harry— Todo se ha puesto de cabeza en un par de semanas.
—Chicos… — Hend suena afligido—. No se si debería…
Ambos semidioses habían llegado a una misma conclusión desde hacía un par de días, el Señor D estaba claramente disgustado por algo, los sátiros no habían parado de traer semidioses hasta que el dios había enfurecido dándoles un ultimátum y Quirón parecía hacer de preocupado mediador entre ambas partes.
Algo grave estaba pasando. Y los sátiros lo sabían.
—Hablamos de nuestros hermanos, Hend— le dice Amelia— Solo queremos saber qué está pasando.
El sátiro los mira con ojos suplicantes y Harry comprende que lo que sea que esté ocurriendo es demasiado difícil de guardar para él, una carga pesada. Al final el mayor suspira mientras se acerca a ellos, asegurándose que nadie pueda escucharlos.
—Lo notamos a inicios del verano— susurra con frustración—...¿Saben que son los registros de seguimiento?
Harry ha escuchado de ello vagamente y Amelia no parece estar mejor que él, hace un gesto en negativa y el otro se apresura a responder ansioso.
—Casi todos nosotros tenemos sectores asignados, vigilamos y buscamos semidioses ahí— explica con voz baja sin mirarlos a la cara—. Así que tenemos ubicados a muchos de ustedes desde mucho antes que lleguen al campamento, nuestros protegidos nunca notan que les vamos a ver de vez en cuando. Por eso se llaman seguimientos.
Harry no comprende la causa de la vergüenza de Hend al decir eso, Amelia por el contrario es mucho más veloz.
—¿Muchos? ¿Seguimientos? — Hend se encoge ligeramente con la voz de la muchacha— ¿Saben de la mayoría de nosotros antes? ¿Qué tan antes?
—De dos terceras partes de ustedes tal vez…Nosotros, nosotros no podemos intervenir aunque queramos, Amelia— explica con suavidad— debemos esperar a que cumplan la edad adecuada para venir aquí.
—¿Tu lo sabes? — le pregunta con voz venosa— ¿Has visto los moretones en la piel de tus protegidos y te has dicho a ti mismo que falta menos?
La reacción de Hend es como si le hubieran golpeado, mira a Amelia herido y culpable, pero sin negar las palabras de la semidiosa.
Harry decide intervenir antes de que ocurra algo más grave.
—Esto no es culpa de Hend o de los sátiros Amelia—le dice intentando calmarla— No pueden desobedecer a los dioses igual que nosotros.
La hija de la guerra parece aceptar ese hecho a regañadientes. Pide una escueta disculpa al sátiro que el otro acepta con rapidez.
Hend continua:
— Antes que comenzara el verano varios de mis compañeros volvieron con las noticias de que no habían podido localizar a sus protegidos— frotó sus manos con frustración—. Parecía algo aislado, Harry.
—¿No lo era? — pregunta con voz queda, ver a Hend tan angustiado le hace sentir mal.
El mayor mueve la cabeza con fuerza en negativa.
—No, no lo era— contestó adquiriendo una seriedad rara vez vista en él, la misma con la que le había advertido el destino que le esperaba sino partía con él a América la primera vez—, todos empezaron a llegar con noticias similares.
Amelia y él intercambiaron una mirada preocupada.
—Sus familias mortales siguen donde siempre.
Ese dato disparó una alarma en la mente de Harry.
—¿Así que han buscado a los niños perdidos y los han traído aquí?— Amelia pregunta con cautela y esperanza.
Hend en cambio parece derrumbarse en su lugar encogiéndose aún más sobre su asiento en la cama.
—No sabemos dónde están esos niños.
Siente el peso de la información clavarse en su pecho como una filosa espada. Escucha el jadeo agobiado de su amiga y se obliga a seguir prestando atención.
En su cabeza el pensamiento ansioso repitiendose una y otra vez.
¿Dónde están?¿Dónde están?¿Dónde están?¿Dónde están?¿Dónde están?
Bendito Hermes, que ningún monstruo los haya devorado.
—¡Ay, Harry! — se lamenta Hend— Son tantos ¡Y no tenemos idea de dónde están! No sabemos qué les ha ocurrido…—su voz se quiebra—...¡Y cada día desaparecía otro! Sabíamos que iba contra nuestras órdenes pero no podíamos soportar seguir viéndolo…
Harry comprende entonces la razón de que el campamento esté tan revolucionado y el director tan furioso.
—Están trayendo a sus protegidos antes de que desaparezcan— dice al fin— los están ocultando aquí de lo que sea que se los esté llevando.
—¡El Señor D está tan furioso!— masculla— ¡Nos ha dicho que paremos! ¿Pero cómo podríamos?— de su boca sale un sonido de llanto similar a las cabras—...¿Cómo cuando no sabemos siquiera si están…?
No sabemos si los niños desaparecidos están vivos. La cruda verdad de ese hecho le supo amarga en la boca.
—¿Por qué se molestaría el Sr. D? ¿No es trabajo de ustedes cuidarnos?
Hend niega.
—No así, el campamento tiene reglas. Hay cierto número de campistas que tenemos prohibido superar —Hend parece pensarlo mucho antes de admitir:—Zeus piensa que muchos semidioses reunidos en un sitio tan pequeño solo causan problemas, se revelarán.
La indignación que le corre por las venas solo es silenciada por la muda verdad. La Once era una prueba de las palabras de Zeus.
—¿Pero qué hay del resto de los dioses? —pregunta Amelia incrédula—¡Estamos hablando de la protección de sus hijos! ¡Son niños!
Harry estuvo de acuerdo, por pésimos padres que fueran al menos por simple orgullo debían de hacer algo.
¿No serían capaces de dejar morir a sus hijos así, verdad?
— Eso nos ha dicho Quirón—murmuró abatido el mayor— El Sr. D intentara pedir permiso al concejo en la próxima junta...Pero eso no ha ido bien. Menos con todo lo que ocurre últimamente.
El hilo de pensamiento de los dioses era fácil de seguir, las noticias que llegaban a ellos debían hacerlos creer una sola cosa: los semidioses se estaban volviendo problemáticos, así que si algo externo se libraba del problema por ellos no podría resultarles mejor.
Hend les cuenta entonces como no ha podido encontrar a casi ninguno de sus protegidos de once años. Lo horrible que sintió cuando comprobó por sí mismo que las palabras de sus compañeros eran reales. Lo furioso que había estado cuando notó el poco interés en las desapariciones que tenían muchas de las familias mortales.
—¿Quién querría hacerle algo a nuestros niños?— pregunta Amelia decaída—¿Los monstruos no…¿Ellos no…? ¿Verdad?
Hend se apresuró a consolarla sujetando su hombro.
—Nuestro olfato no detectó ninguna actividad anormal de monstruos… pero…
—¿Pero?
— No han sido solo los niños— suelta con cansancio.
—¿A qué te refieres? — pregunta Harry contrariado.
—Cuando empecé a notar las desapariciones en mi zona decidí ir a preguntar a algunos de los semidioses mayores a los que luego doy una vuelta por si tenían información. No encontré a la mayoría de ellos tampoco.
Hay silencio tras su declaración, la última pieza de un rompecabezas que no sabía que estaba armando. Maldición, pensó, así que eso es lo que los asustó tanto. La desaparición de los niños debía ser suficiente para alterar a los sátiros pero no para arriesgarse a la ira del Sr. D, pero al descubrir la ausencia de los mayores todo había cambiado.
¿Qué podrían hacer los niños contra lo que sea que se había llevado a semidioses adultos y entrenados?
Hay algo más preocupante en el fondo, Harry se esfuerza por darle forma a un pensamiento que no termina de llegar.
Así que toma de la mano de sus amigos. De su guardián y la hija de la guerra, sostiene sus manos con fuerza y sólo puede rezar.
Bendito Hermes, pidió con fervor, eres el dios de los viajeros, así que a donde sea que esos niños vayan vela por ellos, por favor.
Es un típico día soleado de verano, sentados en el césped la brisa golpea sus mejillas refrescando su piel. Han decidido tener una prudente distancia de los juegos con pelota de esa tarde, así que en medio de su pequeña y descuidada manta de picnic descansan algunas botellas de agua y bocadillos.
Puede ver a Nico hablando animadamente con el hermano de Paulette, los niños de Deméter y los recién llegados de la Once con quien hace equipo aquel día. Will quien ha jugado los mismos juegos desde que puede recordar ha preferido quedarse con ellos en la comodidad de la sombra.
Harry admite que ha sido una verdadera proeza por parte del hijo de Apolo conseguir que el descendiente de Hades quisiera jugar con los demás niños. Nico no era realmente un niño asocial, solo le era difícil hacer amigos, la llegada de los nuevos a la cabaña había sido útil para que se volviera una persona más amigable.
Hasta Will parece pensar que le sienta bien tener más amigos. Piensa Harry cuando el hijo de Apolo saluda animado a su amigo desde la distancia en apoyo a su equipo.
Los Stoll se les unen un rato después, jugando a lanzar piedritas a la distancia e intentando seguir las instrucciones de Amelia que hace diminutas cestas con la hierba verde.
Es una tarde tranquila y familiar llena de charla ligera y bromas simples.
Harry tiende a olvidar que pese a ser pequeño Will Solace tiene aún más años que él en aquel campamento, suficiente tiempo para descubrir las tristes verdades que ocultaba su amado refugio.
Así que cuando el niño mata la causal atmósfera con una sola pregunta intenta no sorprenderse sin mucho éxito.
—¿Creen que nuestros padres mortales nos odien?— Will no dirige la pregunta a nadie en particular, su mirada siempre puesta en la hierba que sus hábiles manos trenzan con facilidad.
Los demás no parecen desconcertados por su declaración, tal vez fuera cosa de anuales tener esa clase de pensamientos sombríos. Harry solo puede comprenderlos a medias en la mayoría de las situaciones, ni siquiera Paulette cuyo padre ha demostrado ser cariñoso y sensato parece alarmarse.
Como muestra de atención al niño Travis deja su torcida cesta en el piso con tacto antes de pasar su mano izquierda por su hombro casi con dolor. Ahí donde Harry sabe su madre alguna vez se lo había golpeado hasta dislocarlo, en un gesto involuntario y revelador.
—Probablemente sí—, dice al final el hijo de Hermes con suavidad, sonriéndole a su hermano de forma despreocupada—. Al menos una buena parte de ellos. Otros son completamente lo opuesto, aman a sus hijos con fuerza.
—Como la madre de Percy— dice Will ligeramente animado— Él siempre habla muy bien de ella.
—Justo como la madre de Percy.
Hay un silencio agradable tras eso, el griterío de los niños corriendo tras el balón como único sonido. Los rostros de sus amigos se vuelven suaves y añorantes, comprende entonces que se han adentrado en los recuerdos dulces del pasado, ahí donde los años hacen parecer que las rosas jamás han tenido espinas.
Él tenía práctica con eso. En la infancia solía repetir como un disco rayado la misma escena en su cabeza una y otra vez. Tía Petunia velando su fiebre, tarareando suavemente igual que lo hacía con su propio hijo cuando no podía dormir. Ese recuerdo parecía más un sueño fantasioso propio de un niño pequeño que algo real, pero Harry se había aferrado a él con fuerza durante muchos años pese al maltrato. Esperando un amor que jamás llegaría.
—¿Por qué piensan que es así? — dice Will otra vez, con esa vocecita de pura curiosidad infantil que trata de ocultar sus miedos, al notar que no es comprendido aclara—. Me refiero… ¿Por qué creen que la mayoría de ellos nos odia? Debe de existir un motivo ¿No?
Esa pregunta parece al fin afectar a los semidioses a su alrededor, el mismo niño parece afligido. Como si hubiera decidido por sí mismo clavarse una daga en el corazón, Harry puede ver el miedo crecer en sus ojos por un momento, porque ¿Y si no había un motivo?
¿Cuál es la justificación de un padre para odiar a su hijo?
—Bueno… —Murmura Paulette que parece haberse repuesto más rápido que el resto, "Su padre la ama" piensa Harry "Es natural" — Es sólo algo que escuché de los nuevos pero… en casi todos sus relatos ni ellos ni sus padres sabían que… Bueno, que los dioses existen.
El gesto en el rostro de Harry debe ser tan obvio que la hechicera continua con nerviosismo.
—Mi padre tampoco sabía nada sobre mi madre hasta que yo misma se lo dije. Solo había escuchado historias— explica con cautela.
Connor asiente apoyando su versión.
—Nuestra madre tampoco sabía nada—dice después de un sorbo de soda—Seguramente sigue sin saber nada— sentencia.
Amelia toma la incompleta canasta de Harry antes de terminarla con rapidez y depositarla en su mano.
—Mi madre tampoco lo sabía— cuenta entonces mirándolo a él —. Lo descubrimos cuando un monstruo trató de devorarme, mi guardián nos sacó de ahí. Ella entonces dijo que ahora tenía un lugar al cual ir no volviera jamás.
—Chicos…— Harry intenta no entrar en pánico—. Los amo pero, ¿Realmente me están diciendo que la mayoría de nuestros padres durmieron con un dios sin saberlo? ¿Es ridículo, no?
Amelia le toma del brazo, tal vez consciente del lío mental que era su cabeza ahora mismo.
—¿Lo es?— Dice Paulette con repentina seriedad— No puedo dejar de pensarlo desde que se la verdad pero… todos esos mitos de dioses y mortales… ¿Son verdad, no es así? Algunas historias no son tan malas pero… todas esas cosas horribles que narran la mayoría de ellas, no puedo dejar de pensarlo.
La voz de la niña se vuelve un murmullo mientras más habla.
La hija de Ares suelta la hierba que comenzaba a trenzar a favor de mirar a los líderes de la Once. En sus miradas el vacío de alguien que se ha topado con la verdad hace tiempo. Harry jamás lo había querido ver, lo sabía por supuesto. Conocía la mayoría de esos mitos a grandes rasgos pero mientras más lo consideraba peor se volvía la presión en su pecho.
—No, no son simples historias— dice Amelia con pesar — La mayoría de ellas son verdad…Los dioses jamás han tenido tacto al tratar a los mortales.
La tranquilidad con la que todos asumen un tema tan escabroso y horripilante le hace hervir la sangre de forma repentina.
—Llamar falta de tacto a engaños, estafas, violaciones y asesinatos es algo vago— agrega Connor— Pero supongo que es correcto en términos divinos.
—No con todos los padres mortales sucede lo mismo— se apresura a agregar Travis tal vez al notar la tez cada vez más amarillenta del mago. Realmente sentía la necesidad de vomitar— Para la mayoría todo fue una relación normal, excepto por el detalle de no saber que el padre de tu hijo es un dios.
Harry aprecia su intento de calmarlo, pero es demasiado tarde ahora. Solo puede pensar en Lily. Oh, la pobre Lily. ¿Lo habría sabido? ¿Quien sea quien fuera su padre habría admitido ante ella quién era realmente? ¿Habría tenido el valor de contarle todos los problemas que su sangre le causaría a su hijo? Tal vez no, tal vez fuera un cobarde que se había escondido tras una apariencia humana cualquiera cuando se había enamorado de una bruja mortal.
Tal vez ni siquiera un rostro cualquiera, ¿Qué no había un mito así? ¿Un dios tomando la forma del marido de la mujer que deseaba? Engañandola hasta el final.
—Mi mamá sabía que padre era un dios—dice Will con nostalgia—. No al inicio, antes creía que era un cantante itinerante como ella. Cuando era muy pequeño padre visitó a mamá, le contó todo, le dijo dónde debía tráeme cuando fuera mayor. Unos años más tarde mamá enfermo, siempre he creído que Apolo sabía que eso pasaría.
—Hablo con tu madre para asegurarse de que estuvieras bien cuando ella faltara—dice Amelia acariciando su dorado cabello.
Will se tensa entre sus brazos ligeramente, soltando un suspiro vago y resignado. La clase de sonidos tristes que Harry supone un niño de esa edad no debería hacer.
—Supongo que sí— admite al final con algo similar al anhelo—. Pero él está maldito, todos a los que quiera terminaran mal. Si lo sabe ¿Por qué tenía que amar a mi madre o a los padres de mis hermanos? Y si no podía evitar quererlos ¿Para que tenernos si nos íbamos a quedar solos tarde o temprano?
Harry conoce esa historia Apolo está maldito en el amor. Eso no había evitado jamás que su cabaña estuviera llena de niños, siempre había creído que eso se debía a que no había amado en realidad a ninguna de sus parejas. Tal vez la suerte de su pareja mortal dependiera de que tanto le había querido el dios.
—Supongo que ni siquiera los dioses pueden evitar amar, Will.
—Tal vez no sea la única cosa que no pueden evitar— murmura Amelia repentinamente pérdida en sí misma.
—¿Qué quieres decir? — pregunta Harry preocupado.
Su amiga suelta un suspiro largo.
—Es algo que me dijo mi madre hace tiempo… ¿Ustedes han escuchado de un mito en que algún mortal después de haber dormido con un dios no haya tenido un hijo?— La mirada que les da es cansada, tal vez preguntándose cómo su charla se ha vuelto tan seria a sólo unos metros del resto de animados campistas.
—Eh, supongo que… —Empieza a decir Travis antes de ser interrumpido.
—Quiero decir, cuando el mortal vive lo suficiente como para tener un hijo— aclara.
—Oh. No, no recuerdo ninguno—dice empezando a comprender el hilo de pensamiento de su amiga—No es que conozca todos los mitos, tal vez pase en alguno
—Por supuesto que sí — Admite Amelia.
Paulette mira a la hija de Ares con afecto.
—¿Qué te dijo tu madre para que llegaras a esa conclusión? — cuestiona con tacto.
Harry se siente estúpido de no haberlo pensado el mismo. Amelia aprieta los labios en una mueca resignada.
—Hace años me la encontré ebria en la sala— dice acomodando las pequeñas cestas sobre el mantel en un intento de distracción—. Ella dijo que no quería tenerme. Lo decía seguido, no era nuevo, pero nunca entendía por qué había elegido darme a luz. Eso le dije esa noche, en lugar de gritarme ella se puso a llorar: "No lo elegí, Intente no hacerlo", eso dijo "Traté y traté, sin importar cuantas veces intente deshacerme de ti seguías en mi"—. Sus palabras permanecen firmes pese a todo y Harry comprende que conocer ese hecho en la vida de su madre es tal vez lo único que le ha hecho posible perdonarla—. Hasta dónde se fueron intentos serios, probó de todo, incluso intento un par de veces en clínicas de abortos.
Por un segundo nadie dice nada.
—Oh, Amelia…
El jadeo que escapa de sus labios es suficiente para que Amelia le tome de la mano con tranquilidad. Con la templanza de quien no ve en sus palabras una herida.
—¡No pongan esas caras!— les reprende—. No es algo que me moleste, era elección de mi madre en ese momento. ¡Y los dioses saben que mi madre es ridículamente joven!
Hay tanta calma en ella que Harry sabe que esta es una de las únicas cosas de su infancia por las que no culpa a su madre. Las miradas se cruzan en un mudo acuerdo de tratar este delicado tema con naturalidad, el mismo modo crudo pero acertado en que tratan todo lo relacionado a las viejas cicatrices.
—Si tu madre fue a la clínica… ¿Cómo es posible que estés aquí? ¿Se arrepintió?— Will que parece poder seguir la conversación bastante bien asiente ante el cuestionamiento de los hermanos.
—Bueno, es complicado. Mi madre sólo hablaba de estas cosas cuando bebía— les dice ella dirigiendo una cruda mirada a las solitarias uvas en el tazón—. Por los que comprendo las veces que lo intento la tomaron por loca, le dijeron que no estaba embarazada… Decía que me burlaba de ella incluso antes de nacer, realmente se veía afectada. Cuando hablaba de eso lloraba toda la noche.
Paulette asimila sus palabras en silencio, dando un suave apretón en el hombro de manera confortable a su amiga. Hay claridad en su mirada cuando logra una conclusión.
—Parece algo que haría la niebla, un intento de protegerte— comenta con inseguridad—. Los doctores verían las cosas de modo diferente a tu madre, no te verían a ti.
Amelia toma la nueva teoría con curiosidad, parece tener lógica después de todo. Aunque no termina de explicar cómo seguía entre ellos pese al resto de intentos de su madre.
—Así que… ¿A la lista de cosas horribles que los dioses hacen a los padres mortales debemos agregar "hijos forzados"?— pregunta Connor con obvia incomodidad—. Tu madre tomó una decisión y le fue negada, eso es bárbaro y cruel. Varios de nosotros hubiéramos evitado muchas cosas si nuestros padres hubieran tenido la capacidad de decidir.
Harry siente que la bilis le sube por la garganta, pero supone que todo es verdad.
—Creo que si— dice Travis con realización— Quiero decir, ¿Las diosas no se suponen que aparecen con un bebé en brazos y lo dejan con los mortales sólo porque sí?
Will asiente con rapidez.
—¡Tengo una peor!—comenta como quien tiene un buen chisme— ¡Mi amigo Erin dice que su padre se desmayó cuando Atenea lo entregó con él!
Connor se ríe de verdad por primera vez después de un tiempo: —¡Benditos dioses, es verdad! ¿Se imaginan no haber dormido con nadie y que de repente te presenten a tu hijo? ¡Me moriría de la impresión!
El estremecimiento que les recorre a todos es casi cómico, pero pensar en estar en una situación similar se sentía agobiante.
Se empeñan en matar la mala atmósfera con bromas y risas. Con anécdotas de la infancia que pese a su trasfondo triste ahora pueden verse como memorias divertidas.
—¿Qué edad tienen sus padres ahora? —cuestiona Paulette—Mi padre es sorprendentemente viejo para tener hijos tan pequeños, cincuenta y seis años.
—Mi madre tenía casi veinte cuando me tuvo a mi— dice Harry—¿Así que tendría treinta y seis?
Nadie comenta de la obvia muerte de su madre y él lo agradece.
—No tenemos idea de que edad tiene nuestra madre— dicen Connor y Travis en un gesto despreocupado que a Harry le recuerda a los gemelos Weasley.
—Mi mamá debería de tener unos treinta y cinco— dice Will, al mago le duele el corazón la incertidumbre del niño. Sin saber si su madre aún permanecía en el mundo de los vivos o si su enfermedad ya la había encaminado al inframundo.
—La mía debe estar por cumplir los treinta y dos—dice Amelia mostrando con orgullo las pequeñas cestas llenas de flores silvestres.
—Tu vas a cumplir dieciséis—dice Connor confundido.
—Haz tus propias cuentas, cariño— se burla la otra lanzándole una uva a la cabeza.
—Es perturbador si piensas que los dioses tienen miles de años y tu madre tenía poco más de tu edad cuando te tuvo— dice Paulette.
Harry sonrió intentando tranquilizarse. Era más que perturbador, ¿Pero los dioses eran así no?
Ponerse en el lugar de los padres mortales era doloroso y complicado, tener el amor y atención de los dioses (incluso sin saberlo) debía haber llenado sus vidas de bendiciones en lo que seguramente muchos llamarían su mejor momento. Pero la atención de los dioses era tan caprichosa como su amor, se desvanecia tan rápido como llegaba.
Incluso en muchos casos era un don compartido, ¿No eran prueba de ello esos hermanos que se llevan apenas unas semanas o meses de diferencia?
—No creo que los dioses sean malos— Había dicho Will— Al menos no a propósito.
Él empezaba a pensar similar, los dioses bendicen a sus parejas mortales de sobremanera cuando permanecen con ellos. Envolviendolos en una burbuja de gloria y felicidad, pero al partir ellos lo hacen también sus dones, dando la impresión que la anterior vida común no era otra cosa más que miserable. Si a eso se le sumaba un bebé cuyo destino era la definición de mala suerte podía comprender a dónde terminaba la cordura de los mortales.
No todos los padres corrían con la misma suerte por supuesto, algunos eran estúpidamente fuertes en voluntad. Criando a sus hijos con amor pese a las adversidades que sin saberlo (o tal vez en plena conciencia) la divinidad les hacía pasar.
Algunos como la madre de Percy o la de Will incluso sabían que su no cónyuge era un dios, la mayoría de esos eran debido a las circunstancias especiales: los niños de Atena con su nacimiento cerebral, los embarazos masculinos que tanto dolor de cabeza daban a los padres de niños de Apolo y el peligro inminente que sufrían los hijos de los tres grandes en la completa ignorancia.
¿Es culpa entonces de los dioses que los mortales lleguen a odiar a sus hijos? Probablemente sí, piensa Harry, lo que ellos llamaban bendiciones no eran más que llagas lacerantes en sus vidas. Y sus jóvenes hijos semidioses solo habían aparecido cuando todo empezaba a derrumbarse frente a ellos, cuando las bendiciones se terminaban. Era fácil asociar el fin de todo con el nacimiento de su nuevo (y en la mayoría de dichos casos) no deseado hijo. Incluso sin entender toda la red de divinidad que había detrás los mortales podían conectar algunos puntos por si mismos. Tal vez incluso culparan del abandono a su bebé, por qué ¿Qué no los dioses se largan tras el nacimiento de sus hijos o incluso antes?
Había escuchado un par de veces relatos de otros semidioses sobre sus padres, padres normales, no perfectos pero sin duda no tan psicóticos como algunos otros. Sonaba a una infancia decente en su opinión, cosas así pasaban cuando los dioses tenían tacto con la frágil vida de los humanos.
Eso le dejaba la pregunta.
Con los años, ¿Qué clase de madre se hubiera vuelto Lily Evans?
El ajetreo de los últimos días le había vuelto el sueño ligero, así que es lógico que sea el primero en notarlo. Oye los gritos antes de oler el humo, cuando apresurado se incorpora en su litera la vista que le da la ventana es clara incluso sin necesidad de ponerse las gafas.
La brillante luz anaranjada a la distancia le penetra los ojos de forma dolorosa mientras su cerebro da forma al mar de fuego que lame el bosque. El incendio está lejos de la mayoría de los edificios hasta dónde puede percibir y es trabajo de todos asegurarse que se quede de ese modo hasta extinguirse.
—¡Despierten! — les grita mientras se pone ropa adecuada y zapatos, Nico quien dormía a su lado se levanta exaltado—¡Hay un incendio! ¡Todos arriba!
Ha conseguido levantar a todos de sus camas cuando el sonido de una alarma empieza a sonar en la distancia. El campamento tenía un par de protocolos para ataques o desastres naturales, no eran la gran cosa pero al menos parecían funcionales.
Travis y Connor estuvieron listos en un momento listos para salir junto con otro par de chicos mayores. Cada uno consciente de su posición, corrieron en diferentes direcciones tan pronto abandonaron la cabaña.
—¡Paulette!— la apremia Harry—¡Te quedas a cargo! Si el fuego se extiende lleva a todos a la playa.
La ya no tan niña asintió con seriedad tal vez consciente de lo jóvenes y nuevos que eran sus compañeros. Harry le revuelve el pelo a ella y a Nico antes de correr a su puesto.
Lo único que ansiaba era ir a ayudar con el incendio, ahí donde estaba seguro estarían Travis y Amelia apoyando a las ninfas. Debía de ser el infierno cerca de ahí, aun a la distancia el calor era abrumador.
Harry tenía un papel diferente esa noche. Su puesto de vigilancia lo recibe oscuro y silencioso, es el bosque sur a unos metros del estúpido Árbol de las Citas donde un par de toros lo habían perseguido hace unos años.
Siente impotencia de estar ahí vigilando en la oscuridad, simplemente esperando, sin ser de ayuda a nadie. Pero Quirón había sido serio al respecto, el campamento era vulnerable cuando sucedían catástrofes naturales. Así que Harry permanece de pie en el lugar donde la barrera se había roto alguna vez esperando en silencio que las brillantes llamas y el alboroto no atrajera monstruos hambrientos.
Si gira la cabeza hacia la derecha puede ver la alta columna de fuego y a los extraños artefactos de la Nueve intentando apagarlo. Incluso sin hacerlo el olor a leña quemada es tan penetrante que le lastima la nariz, dirige una mirada al despejado cielo nocturno esperando ver algún indicio de lluvia.
Zeus no parece estar de humor esta noche para obrar el milagro. El humo empieza a cubrir el paisaje.
La oscuridad a su alrededor se siente incómoda y amenazada, se revuelve inquieta e imperceptible. El fuego debe de parecerle tan desagradable como al propio Harry, y de no ser por qué la ha visto devorar toros de metal enteros pensaría en tener lástima. Lleva cerca de veinte minutos ahí cuando lo escucha.
Tsk.
El sonido le pone alerta de inmediato. Amore deum en su mano en un instante.
Venía de lo profundo del bosque a su izquierda, se acercó con cuidado y lentitud. Los monstruos siempre atacan primero, descubriendo su posición. Cuando ha determinado el lugar donde se esconde entre las sombras de los árboles espera, pero el silencio que le otorga su rival le desconcierta, comprende entonces que lo que sea que esté ahí es un ser pensante.
—No esperaba verte aquí— Le dice la figura con una voz tristemente familiar, hay un matiz alegre en sus palabras— ¡Has crecido mucho, Harry!
El orgullo cariñoso en sus gestos es tan sincero como roñoso. Luke Castellan es también mucho más alto, logra notar cuando este da un paso al frente. Viste una armadura ligera de colores oscuros y tiene la horrible espada que Percy tanto le ha descrito antes. Una espada que mataba monstruos, mortales y semidioses por igual. Camina inusualmente despacio.
Harry no quiere reconocer el alivio que le inunda al verlo ahí, vivo, sano. No tan loco como había pensado pero en camino a estarlo, dejando la razón tirada en algún rincón.
—Es realmente afortunado que nos hayamos encontrado aquí— le dice con jovialidad, Harry se pregunta si alguien podría oírlo si llama por ayuda. Que Luke estuviera en el campamento era una mala señal—. Escuche mucho sobre ti estos años, eres todo un alumno prodigio. Es realmente triste que todo tu talento se desperdicie en esta pocilga.
Es horrible que pueda imprimir tanto interés en sus oraciones, el hijo de Hermes había demostrado hace años lo fácil que le resultaba abandonar a las personas.
¿A cuantos metros estaba el siguiente puesto de vigilancia? ¿Ochenta? No podía recordar quién estaría ahí, Clarisse sería de ayuda pero si llegaba a ser Connor le daría un gran shock ver a su hermano otra vez. Saber que el incendio seguramente fue provocado por él.
—¿No vas a responderme? —le incordia, suena tan jodidamente despreocupado que Harry le odia.
—¿Qué haces aquí? — le contesta bruscamente apretando su espada con fuerza—. ¿Has venido a matarnos a todos? ¿Quemarnos hasta que no quede nada del campamento?
Luke parpadea. Luego se ríe, de forma fresca y rica. La risa de alguien que jamás ha visto error en sus acciones.
—¡Dioses, que cosas dices Harry! Claro que quiero destruir este lugar, pero no deseo ni necesito matarlos a ustedes. Lo he dicho antes, el tiempo de nuestra generación está llegando. La gloria nos cubrirá a todos como lo que realmente somos: seres divinos.
Bendito Hermes, piensa, ¿Cómo se supone que meta algo de razón en esa dura cabeza?
Hay convicción en las palabras del mayor, la misma que el mago había admirado tanto. Ahora sólo era un recordatorio más de lo bajo que había caído el hijo de su patrón.
—¿Se te ha pasado por la mente que la mayoría de nosotros no deseamos eso? —Le escupe, una estúpida guerra entre los dioses y los mestizos solo terminaría con los últimos siendo borrados de la faz de la tierra—¡Solo piensas en tus estúpidos intereses! ¡Piensa en tus hermanos, imbécil!
La mueca de desagrado dura poco en el rostro del rebelde. El suspiro que sale de sus labios es exasperado, de alguien que intenta razonar con una vaca.
—¿Por qué no piensas tú en ellos, Harry?— le incordia con voz grave—. Todos ustedes están cegados bajo una niebla más espesa que la divina, creen las mentiras de los dioses y aceptan sus designios como si fueran bendiciones. Pienso en mis hermanos Harry, pero se que ellos no lo entenderán hasta que puedan ver nuestro brillante futuro con sus propios ojos.
—¡No habrá futuro para nadie si sigues por ese camino! —exclama.
Luke da dos largas zancadas en su dirección hasta quedar al límite del filo de la espada levantada de Harry. Le mira directo a los ojos con severidad, su mirada es profunda y casi afligida.
—¿Piensas que los chicos del campamento tienen futuro ahora? —cuestiona frustrado—. No lo tienen. Han nacido para vivir vidas duras y cortas. Para tener muertes violentas y horribles.
—Eso no puedes saberlo— contestó Harry sintiéndose cada vez más hipócrita. No había lugar seguro para ellos fuera del campamento, así que ¿Por qué Luke no tendría razón?
—Lo sé por qué lo he vivido, Harry — se lamenta— del mismo modo en que ahora lo vives tú. Somos iguales.
Lo que en otro tiempo hubiera sido un halago hoy se siente como un insulto. El mago retrocede un paso sin dejar de apuntarle con la espada.
—Nosotros no somos iguales—le riñe con hostilidad—. Nos dejaste a todos cuando te marchaste, arrastraste a toda la cabaña en tus estúpidos planes, ¡Eres un traidor!
—Claro que lo somos, solo mírate, Harry— Luke señala con sus manos los alrededores del bosque, en dirección a las cabañas que se veían pequeñas y débiles a la luz del distante fuego—. Mira donde estas, atrapado en este campamento igual que lo estuve yo, un semidiós talentoso bajo la sombra de su padre. Nadie me tomaría jamás verdaderamente en serio por ser mi padre quien es, pero tu… ¿Qué no sientes rencor contra ese padre tuyo al que no le importas?
La pregunta es igual a una bofetada hiriente, aún así encuentra la voz para responder.
—No.
Luke sonríe igual a las serpientes al notarlo, consolador y convincente.
— Pobre, Harry, estás atrapado en un lugar en el que nunca tendrás derecho a nada— le desalienta—. Tu padre te lo ha negado todo desde el inicio. Aquí eres sólo un indeterminado sin derecho a nada. No importa la antigüedad o los méritos que acumules, no podrás ser líder de cabaña o solicitar un puesto en el consejo de guerra. Sin hermanos en los que apoyarte.
La frustración crece en su pecho aún en contra de su voluntad, por qué encuentra la verdad en su falso discurso de comprensión. En el campamento había una marcada jerarquía no oficial, en donde sin el reconocimiento de tu padre divino jamás lograrías avanzar. No era realmente un problema, Harry no deseaba obtener algún tipo de poder sobre el resto, pero si era un problema ahí donde jamás terminaría de ser integrado. Donde el membrete de "indeterminado" llegaba a oídos de los demás antes que su propio nombre.
—¿Qué será de ti cuando te echen de aquí?— el gesto afligido es casi sincero—. ¿A donde iras a ocultarte de los monstruos? ¿Cuánto tiempo durarás ahí fuera por tu cuenta?
Castellan no sabía que Harry podía permanecer en el mundo mágico hasta el día de su muerte. Que podría huir lejos de los peligros de su sangre divina, no sabía que tenía opciones, pero… ¿Y si no las hubiera tenido? ¿Qué pasaría si el hijo de Lily no hubiera heredado su sangre mágica? ¿A dónde iría entonces?
—Admítelo Harry—suelta el otro cada vez más cerca—. Incluso ser hijo de Hermes sería mejor que tu situación actual, bajo el yugo de un padre al que no le importas.
Él lo sabe, lo había deseado muchas veces durante sus primeros veranos. Ver el caduceo de su patrón brillando sobre su cabeza, saberse con hermanos y hermanas de sangre.
—Dijiste una vez que tu madre te había protegido a toda costa— recuerda— ¿Esta es la vida que ella desearía para ti? ¿Esos arrogantes dioses y este miserable campamento? ¿Esta vida tuya vale el costo de su muerte?
—No te atrevas a hablar de mi madre—exige.
La ira brota de él acompañando al coraje y la frustración que le provocaba el lejano calor del fuego, sofocante incluso a la distancia. Ese incendio que estaba seguro el semidiós frente a él había provocado.
El incendio que ponía en peligro a su familia.
Actúa sin pensar. Su espada impacta en el hombro del contrario cubierto por la armadura con un ruido estruendoso que le obliga a apretar los dientes. Incluso en la sorpresa Luke logra desviar su ataque de los sitios desprotegidos. En sus ojos bailan la incredulidad y la insana curiosidad.
Recibe el golpe con los labios apretados antes de armarlo por el costado con fuerza. El peso de su armadura volviéndolo lento.
Pero pese a eso Harry puede vislumbrar con facilidad al joven campista que había recibido el título de mejor espadachín del siglo.
El filo del bronce celestial corta su carne con facilidad, la roja sangre goteando de sus brazos ahí donde el otro había conseguido herirlo.
Era ridículo que aún peleando contra él fuera su voz la que escuchara.
Mantén el cuerpo abajo. Cuida tu defensa. No dejes aberturas.
Luchar contra Luke era hacerlo con un espejo. Sus movimientos contraponiendose unos a otros. Harry sabía la postura del otro cuando se preparaba para atacar. Luke Castellan conocía los puntos débiles en la defensa del mago.
La armadura de Castellan le volvía lento pero protegido de la mayoría de los ataques de Harry. Esto sólo le dejaba la velocidad como aliada.
Habían sido amigos una vez, pensó Harry, habíamos sido hermanos.
Luke se lanza sobre él, harto y cansado. Harry se pregunta qué tanto trabajo le habrá costado entrar al campamento, se cuestiona si sus pensamientos seguirán una línea similar a los suyos. ¿Qué sentiría de estar ahí de nuevo?
La técnica de su rival es perfecta, y cuando viene hacia él Harry sabe que de darle esa batalla estará perdida. No tiene armadura que le proteja.
Y si tu vida está en riesgo, entonces puedes olvidar el honor. Es la firme voz de quien en otros tiempos había sido su maestro. Eso no les sirve a los muertos.
Cuando lo tiene casi encima Harry se agacha, la espada de Luke corta la parte superior de su espalda al mismo tiempo que Amore Deum se clava de forma dolorosa en la carne de la pantorrilla de Castellan.
El grito de dolor de ambos se entremezcla con los gritos a la distancia. Harry se obliga a levantarse, la piel de la espalda arde de forma dolorosa cada que respira. Luke sigue de pie a poca distancia y parece consciente que sacar la espada aún enterrada en su pierna es una pésima idea.
Harry le patea en su pierna sana tirándolo boca arriba sobre el piso. Recoge la horrible espada del otro y le clava un pie en el pecho evitando que se incorpore.
La espada en su mano apuntando a la garganta de su amo.
Aquella victoria no podría sentirse más sucia. Luke no tiene la mirada de un perdedor. Evalúa su expresión sería sin perder la compostura pese a su ceño fruncido como única señal de dolor.
Harry se siente agotado, el sonido apurado del resto intentando extinguir el fuego sintiéndose como un bloque pesado a su espalda. Solo nota que ha presionado demasiado el filo de la espada cuando la garganta contraria empieza a sangrar de forma delicada, no la aleja cuando ve en Luke la diversión que le causa si conmoción.
—¿No vas a matarme de una vez? —le pregunta con sorna.
La pregunta le estremece, ese chico sobre el piso era aún contra toda su lógica y razón familia. Hermano de sus hermanos. Jamás podría matarlo. Incluso con todos los pecados que pensaban sobre su cabeza, era familia. La justicia de los dioses caería sobre él, era lo único que podría hacer.
—Te llevaré ante el Sr. D, los dioses decidirán qué hacer contigo una vez les expliques todo.
Sí, eso era lo único que podía hacer por él. Hermes debería de comprender.
La risa de Luke sale ronca como si arañara al salir de su garganta.
—Si ese es tu plan entonces sólo matarme aquí, es mucho más rápido— le dice con sequedad—. Mátame tú ahora o lo harán ellos pronto, nunca dire nada. Todos lo saben ya, no hay más destinos para mí ahora: solo la victoria o la muerte.
En su palabras no hay lamento, la seguridad en ellas casi parece reconfortante. Era la tranquilidad de quien conoce ya su futuro.
—Hay algo que ambos bandos tenemos en común, Harry— le dice mirándolo directamente, presionando su garganta contra el filo de la espada—. Nosotros no tomamos prisioneros de guerra. Los vencidos y los traidores no son más que cadáveres que aún tienen el privilegio de respirar. Así ha sido y así será.
—Así que si vas a seguir con esto al menos se un hombre y terminalo tu— le exige.
Es como una aparición forzada, se estrella con la verdad de forma casi dolorosa.
Harry lo sabía, siempre lo había sabido y sólo no lo había querido ver. Quizá había preferido evitarlo del mismo modo en que Connor y Travis bordeaban cualquier referencia a su hermano casi con luto.
A Luke Castellan solo le esperaba la muerte. Zeus le mataría por haberse atrevido a robar el rayo, e incluso si no lo hiciera era cada día más obvio que el destino del semidiós era caminar al Hades. A manos de su gente o a manos de los dioses, tal vez incluso por propia mano de sus aliados.
Van a matarlo, pensó y comprendió que era una verdad inevitable
El honor no le seguirá a la tumba, así que ¿Le sería permitido un funeral? ¿Le sería dado el pago para Caronte o se le condenaría a vagar del lado opuesto del río? ¿Siquiera se les permitiría a sus hermanos bordarle un sudario?
Sería aún peor para los vivos que dejaría atrás, la muerte se llevaría sus pecados y serían los jueces del inframundo quienes decidirán su destino.
Los dioses no tienen piedad. Luke sería ejecutado por robo o por traición.
—Ni nosotros ni ustedes, Harry—le recuerda con severidad—. No hay lugar para los perdedores ni los traidores tras la guerra.
Los rostros de todos los chicos que habían seguido al mayor la noche de su huida se posa en su mente con horror. Ante los dioses no existiría diferencia entre ellos y su líder.
El mayor debe debió notar el pasmo en su mirada. Luke aprovecha que Harry se ha agachado lo suficiente para golpearle en la manzana de Adan lanzándolo hacia atrás lo suficiente para levantarse. Arrebata su espada de las manos contrarias y el filo de su espada araña la cabeza de su rival, luego cojea hasta tomar distancia.
Incluso herido y sangrante sigue teniendo el porte de un guerrero, la postura de ese maestro que hasta hace unos años aún enseñaba a los más jóvenes a luchar. Habían aprendido con él a matar monstruos, jamás se habían planteado pelear entre ellos. Los semidioses no tenían motivos para pelear y matarse entre sí.
La sangre escurre de su cabeza tibia y viscosa, gotea por su rostro y nubla la visión tras sus lentes manchados. Solo puede pensar en el destino que el mayor había traído sobre sus aliados.
Solo les había obsequiado la muerte temprana, jamás podrían vencer a los dioses.
Es la ira la que actúa por él, herido y traicionado. La oscuridad acudiendo a su llamado en un instante, agitada y ansiosa de devorar algo antes de que el distante fuego la tragara a ella.
Densa como la noche más oscura, tragando la luz de la luna y las llamas. Rodea al mayor con rapidez esperando el permiso que le es negado, Luke no tiene modo de salir de ahí. Incluso él debía de notar lo que le ocurriría de poner un pie fuera del pequeño claro donde aún eran visibles los rayos de luz.
Su rostro se ve impactado y maravillado, y aunque la preocupación nubla sus facciones un segundo al siguiente la confianza regresa a él. Analiza el rostro sorprendido del otro.
El mago no había deseado llamar a esa fuerza tenebrosa y oscura.
—¡Eso es maravilloso, Harry!— suelta Luke, visiblemente complacido—. Eres mucho más poderoso de lo que pude llegar a imaginar, ¡Serás una gran contribución a nuestra causa algún día!
Las sombras reaccionan a su molestia, cerrándose aún más a su alrededor.
—Nunca seré parte de tu causa, Luke—le escupe.
El otro sonríe.
—¿De mi causa? No, se ahora que no—. Se endereza evitando recargar su pierna mala, mira sobre su hombro en dirección al fuego—. Pero sé que harás lo que sea para mantener al resto sano y vivo. Pronto seremos mayoría, y para proteger a la familia deberás unirte a nosotros. Los semidioses o los dioses, no puedes elegir ambos.
Harry quiere golpearlo en el rostro. La seguridad en Castellan es tal que parece haber recibido una profecía del Oráculo.
— Ha sido bueno verte, pero temo que es momento de partir— se inclina lo suficiente para sujetar el mango de Amore Deum y tirarla fuera de su carne, no deja salir ningún signo de dolor. Arroja la espada a la distancia — ¡Janir!
El llamado le desconcertaba, era claro que el mayor no había venido solo. Pero jamás había esperado esa compañía.
Sus palmas relucen tenuemente como si la luz brotara de su piel, es baja. Más baja que Nico o que Will la primera vez que lo había visto. Sus muñecas son delgadas y su rostro de líneas angulosas que sólo concede el hambre.
La niña debe rondar los nueve o diez años. Es difícil saberlo, al ser tan pequeña y escuálida. Harry reconoce los signos del maltrato y la desnutrición después de haberlos vivido en su propia piel. Su ropa parece nueva y pulcra, su cabello rubio y quebradizo ha sido trenzado con cuidado.
Avanza hasta Luke con pasos temblorosos y largos, decidida. Detrás de ella marchan otro par de niños de edad similar, son parecidos a ella. Cuerpos desnutridos pero aparentes buenos cuidados, el último de ellos es alto y rollizo, un niño saludable, su piel clara está cubierta de hollín, pero su ropa estaba impecable como si no se hubiera molestado en limpiarse antes de vestirse.
Las sombras se muestran incómodas ante la luz que emana, manteniendo su distancia de ella y su grupo. Harry jamás había visto a algún semidiós hacer algo parecido, pero se obliga a suponer que es una niña de Apolo.
Con la confianza ganada de que la oscuridad no caerá sobre ellos corren hacia Luke, rodeándolo con devoción. Sus ojos infantiles mirándole con reproche. La niña—Janir— ilumina más con sus palmas. Parecía que sostenía un pequeño sol entre sus manos.
Harry no puede hablar de la impresión. ¿Esos niños estaban ahí todo el tiempo? ¿Por qué los había traído Luke?... ¿De dónde los había sacado?
Las sombras vibran furiosas por el ataque de la luz, disgustadas y molestas. Harry siente su peso sobre él, poderosas y abrumadoras.
La débil luz de la niña no podrá mantener a raya a su oscuridad, podría atraparlos. Pero el hambre que siente a su espalda es monstruosa. Sabe también que no podría evitar matarlos.
No era algo sobre lo que tuviera control aún, tan pronto soltara las riendas las sombras se sellarian sobre ellos como una bóveda y jamás volvería a verlos con vida. Los tragaria enteros y no podría impedirlo.
—Janir— apremia Luke a la pequeña semidiosa—. Es momento de irnos.
Harry empieza a correr hacia ellos cuando la niña apunta en su dirección. Las sombras lo notan antes, dispersandose bajo la seguridad de los árboles.
La luz brillante y fuerte le penetra en los ojos de forma dolorosa cegando su vista. Retroceder un par de pasos intentando no caer. No puede ver nada, su visión es oscura y borrosa, se siente aturdido.
—Luke— escucha la voz infantil susurrar, agotada y débil. Había sido un ataque poderoso para una semidiosa tan pequeña y ahora le cobraba a su cuerpo.
El suelo vibra bajo sus pies y le hace caer. El sonido de rocas y tierra moviéndose opaca a los gritos a la distancia. El aplastante ruido de una gran losa termina con el movimiento.
No se escucha nada más, no voces ni pisadas. Solo el sonido de las llamas consumiendo todo a su paso, permanece ahí sintiéndose miserable e inútil por un par de minutos hasta que escucha los pasos acelerados y la voz llamándole.
—¡Evans! —le grita Clarisse desde algún punto a su derecha— ¡¿Sigues vivo?!
—¡Aquí!— responde de mala gana, aún ciego.
—Vi la luz a la distancia, no estaba en mi puesto, ayudaba con el incendio—le dice en lo que Harry sabe es una disculpa mientras la otra examina sus heridas, no puede verla peros siente sus manos experta a apartar la sangre de su piel intentando averiguar la gravedad—, ¿Qué Hades ha sido eso?
—Eso, ha sido Luke Castellan.
La semidiosa no da muestras de sorpresa—al menos no algo que pueda oír o sentir—y él la admira por eso, en su lugar:
— Así que ese bastardo hizo esto—en su voz la misma ira que Harry había sentido un momento atrás, la que sólo traía la traición.
Clarisse le ayuda a levantarse con algo de brusquedad, y aunque su tono indica lo contrario Harry puede distinguir la preocupación en sus acciones. Guiandolo con cuidado a través del bosque camino a la enfermería. La hija de Ares es menor que él pero a su edad le supera ya en altura, así que le obliga a recargar parte de su peso en ella.
La piel de su espalda es un infierno, se estira con cada movimiento dando la sensación de recibir un latigazo. Clarisse es buena al no interrogarlo todo el camino, y termina casi cargandolo cuando la pérdida de sangre y visión pueden con él.
La suave cama de la enfermería le recibe como un abrazo acogedor, pese a que comete el error de acostarse y sus heridas le reclaman, puede sentir las sábanas empaparse de sangre. Algo en su nebulosa mente le recuerda a la vocecita del hijo de Apolo diciendo que el sol era bueno para blanquear la ropa, dioses, su cabeza era un caos.
—¡Harry! ¡Por todos los dioses! — le grita Will al alarmado tras lo que ha sonado como metal cayendo. La inconsciencia le reclama mientras oye al niño llamar por sus hermanos mayores y los Stoll.
—Clarisse—le llama con lo que le queda de voluntad—...donde estaba… se fueron…tenemos que...
—Iré a vigilar, le encontraremos—asegura, pero Harry no la oye ya.
Lo único en que puede pensar es en esos niños, en su mirada de adoración. Al mago le han mirado así antes aún en contra de sus deseos, así que sabe lo que significa.
Veían a su mesías, al héroe de su propia profecía.
Extra 32
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Hermione
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— Por consecuente, el Senado declara que Draco Malfoy ocupará el puesto de augur.
La voz de los pretores es firme, y Hermione casi podría sentirse mal por mentir. Pero el casi no es suficiente para hacerla sentir culpable, Draco sonríe orgulloso y altivo desde su lugar en el centro de la habitación, le guiña un ojo cuando el pretor mas joven le da la espalda.
Era altanero para ser un charlatán.
Febo jamás había respondido a sus llamados, ni siquiera por su descendiente. Igual que ningún otro dios, ni siquiera mi madre.
Habían sufrido por semanas hasta que abandonada al fondo de su baúl escolar había encontrado la respuesta, su viejo libro de adivinación. Draco, descubrió entonces aún cursaba la estúpida materia a un nivel avanzado.
"—¿Y a quien vamos a estafar?—le había preguntado cuando le conto su plan, sus ojos brillando de la ambición por el poder que traía el puesto que ella iba a obsequiarle.
—A todos—le dijo—. Por estúpidas que sean nadie pondrá en duda que los dioses te conceden predicciones."
A favor de la verdad, resulto que Malfoy podría no tener el don de la profecía, pero si el de la adivinación. Eran incluso más ambiguas que las predicciones de los dioses pero al menos eran sencillas de enfocar. ¿Lloverá mañana o morirá alguien pronto? eran cosas complicadas de decir, pero podía ver con facilidad si a un joven grupo de semidioses prontos a irse de misión les aguardaba tragedia en su futuro.
Por supuesto la palabra del mago al respecto valía nada contra la del Legado ancestral que afirmaba tener el don de la profecía otorgado por el mismo Febo, Hermione ni siquiera se digno a intentarlo por sí misma. La palabra de la bastarda de Minerva no tenía peso ante el Senado.
Pero la del hijo de Júpiter sí.
Convencer a Jason fue un dolor de cabeza, pero hasta él había admitido de mala gana que Malfoy era una mejoría al insoportable chiquillo que era Octavian. Así que tras muchos rumores y actuaciones muy públicas de amistad entre el niño dorado y el mago rubio, Malfoy había sido llamado a demostrar su don ante los líderes y el campamento.
Era algo que llevaban esperando y para lo que se habían preparado, sabían qué esperar de ello. Cada augur tenía su propio método para hacer lecturas, Draco Malfoy leía el futuro con ayuda de algunas pequeñas piedras del río que ella misma le había ayudado a buscar.
Hermione sabía que esperar, pero de todas las posibilidades no imaginó que sucedería eso.
Tras tirar las piedras los ojos del mago se abren con confusión, su ceño se frunce un poco y queda tieso. Fijo en su lugar sin siquiera pestañear, cuando los hace cierra los ojos con fuerza como para asegurarse que no ha visto nada malo, su voz cuando sale es abrumadora. Su gesto confundido se ha marchado y su rostro ha quedado blanco de expresión, como un maniquí hablando. En sus palabras las voces de cien hombres.
—...La sombra escupirá las verdades,
Y la carne será libre de la daga del padre.
Sobre los cielos yacerán eternas
las ruinas de tu reino.
Bendecido es y maldecido esta…
El estruendo la hace brincar. Malfoy calla de golpe y parpadea, ha sido interrumpido y parece estar saliendo del trance al que ha sido sometido, está confundido y Hermione notó con sorpresa, también algo asustado.
Octavian por otro lado permanece apoyado al lado de la mesa donde descansaban los utensilios de metal ahora esparcidos por el piso. El estupido niño le había interrumpido a propósito.
La conmoción se desvanece lentamente, siendo reemplazada por caos, gritos y confusión cuando todos los presentes llegan a la misma conclusión.
Draco Malfoy acaba de dar la primera profecía hecha en el campamento en décadas.
Una profecía incompleta.
Cuando los ojos de los dos magos se cruzaron en medio de la multitud la bruja podría jurar que habían pensado lo mismo.
Oh mierda, la hemos cagado.
Parecía que al final Draco no necesitaba la ayuda de Febo, su sangre mágica le había dado su propio don. Uno que ambos lamentaban en ese momento.
Extra 33
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Amelia
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El sonido de la flecha rompiendo el viento es cortado por el golpe seco en la diana. Will se gira entonces, deslumbrante de alegría y el pequeño descendiente de Hades le vitorea desde su lugar.
A la distancia Amelia puede ver a Harry sonriendo, distraído de sus lecciones por observar el éxito de los niños en su práctica. Le saluda con la mano antes de invitarlo a prestar atención a sus jóvenes pupilos, Nico y Will se ríen a carcajada suelta, los tres son concientes que Harry habría preferido darles a los chicos aquella lección de espada por si mismo, pero con cada vez más deberes en el campamento debía ocuparse de sus responsabilidades.
Las espadas de madera vuelven a chocar con fuerza una vez más, Nico es un aprendiz dedicado y Amelia siente en sus venas que llegará a ser con los años un guerrero peligroso. Su postura era firme y sus reflejos iban más allá de los típicos reflejos de semidio, pese a eso sigue siendo un niño y un estudiante, así que su espada sale volando por tercera vez.
La decepción en la mirada del menor es evidente cuando dice:—No creo que esto sea para mi, nunca seré bueno en esto, seguramente a mi hermana se le hubiera dado mejor.
Su tono es casi una disculpa y ella no puede evitar preguntarse quién le ha comparado tanto para que su primera reacción sea referirse hacia su hermana.
Nunca ha sido buena consolando, pero su joven pupilo no parece necesitar un hombro para llorar sino un poco de motivación.
—Hey, Nicokai—Le llama y el efecto en él es inmediato, mirándola con el ceño fruncido—. No deberías de decir eso, ¡Has mejorado!
Sentado en la hierba con la empuñadura de madera entre las manos exige:
—No me llames así... Mi nombre es Nico, solo Nico—habla con voz baja tal vez preocupado de que el Pequeño Sol llegue a escuchar la conversación.
El niño descubre que fue una mala idea decirlo cuando la chica lo mira con gesto socarrón mientras se acuclilla a su lado.
—Ambos sabemos que eso es una mentira—Le reta divertida, y pese a su molestia Nico admite que también está disfrutando de esa discusión. Es una novedad pelear con alguien siendo completamente consciente que todo enojo no es del todo cierto y que toda acción malintencionada es fingida.
Pese a eso no puede más que alarmarse de la declaración de la semidiosa.
—Eso no es verdad—Insiste algo cabreado pero sin perder el extraño ánimo.
—Tus padres te otorgaron un buen nombre— afirma—¿Por qué lo rechazas? Incluso suena lindo, Nikolai.
Por toda respuesta Nico se sonroja, ella le revuelve el pelo cuando el niño se queja ya derrotado.
—...No es un buen nombre, es un nombre de anciano…Además lo estás pronunciando mal—le reprende con fingida molestia—Es Nicolai, no Nikolai.
—Nicolai—repite Amelia probando la palabra—. Sigue sonando lindo.
—Sigue siendo un nombre de anciano—insiste el niño.
—¿De qué hablas? ¡Es un nombre genial!— dice ella al tiempo que Will finalmente vencido por la curiosidad se acerca a ellos—¿Sabes que significa?
Ambos niños niegan y ella sonríe casi consoladora.
—Significa "la victoria del pueblo" o "Aquel que lleva a su pueblo la victoria"—Explica con cariño, una parte de ella se preguntas si los padres del niño habían pensado en ese nombre con amor, meditandolo noches enteras antes de decidir que era el correcto— Es un nombre digno para un gran guerrero.
Will hace un pequeño sonido de admiración ante el nombre de su amigo pese a no tener idea de cual es en realidad, pero el aludido permanece en silencio un buen rato.
—¿Es eso cierto?—pregunta al final, cuando ella asiente cuestiona—¿Cómo puedes saberlo? Mi madre nunca me lo dijo.
Ella sonríe cómplice y misteriosa.
—Lo escuche en un sueño.
El niño de Apolo hace un gesto divertido ante eso, pero Nico se muestra repentinamente serio otra vez.
—¿Como en un "sueño de semidios"? —pregunta nervioso.
—Sí, ¿Es Harry quien los llamo así?— aparte de Percy pocos eran quienes se referían de ese modo a los típicos problemas de sueño que venían como bonus con la sangre divina.
El niño asiente.
—¿Lo que pasa en esos sueños es verdad?— suena tan agobiado que resulta preocupante—...¿Las cosas que sueñas podrían pasar?
—No siempre lo son—contestó—. Y rara vez muestran el futuro, suelen enseñarnos cosas que están sucediendo en ese momento en otro lugar, o cosas del pasado. Muchas veces ni siquiera tienen sentido…¿Tuviste algún mal sueño?
—No.
—No te preocupes, solo los descendientes de Apolo suelen tener sueños proféticos, me dijo mi hermano—intenta animarle Will—¿Qué has soñado?
—A mi hermana—Responde al final tras pensarlo un rato, incluso él quien es poco hábil con las personas a descubierto la aversión que tienen los campistas hacia Bianca—. La vi pelear contra monstruos con las Cazadoras,...Annabeth y Percy.
—No deberías preocuparte demasiado—le insiste Amelia—Incluso con nuestra sangre divina seguimos sin ser todopoderosos. Así que haz lo que puedas donde debas y tu hermana hará su parte en donde esta.
El niño asiente, aun algo apagado.
—Amelia—. Le llama cuando se levanta para seguir con la práctica—. ¿De qué me sirve tener un buen nombre?
—Los nombres suelen marcar nuestros destinos, un mal nombre puede hacerte seguir ese camino o llevarte a la ruta para superarlo. Un buen nombre te obliga a portarlo con orgullo y dignidad.
—...¿Crees que yo sea digno de ese nombre?
—Si.
—¿Cómo estás tan segura?—cuestionó confundido.
—Casi puedo verlo—dice con simpleza a la vez que ordena los mechones de cabello negro—. Llegaras en medio del caos y a tu espalda traerás la victoria.
Nuestra victoria.
Extra 34
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—¿Puedo llamarte Nicolai?— se atreve a preguntar después que han dejado a Will en la cabaña Siete.
Nico suelta un suspiro más cansado que molesto, casi divertido.
—Ni se te ocurra llamarme así delante de alguien.
Amelia se ríe al darse cuenta que por pequeño que fuera la descendencia de Hades tenía carácter iracundo.
—Gracias—Le dice consiente que su falta de negativa es en realidad su permiso—¿Y puedo decirle a Harry?— cuestiona solo por provocar.
—¡Haz lo que quieras!—Le grita cuando sale corriendo, mientras ella se destornilla de la risa provocando que le duela el estomago.
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NOTAS:
Hola chicos! No estoy muerta, lamento haber desaparecido así. Pero creo que coincidimos en que ha sido un año complicado para todos, hace un par de meses estuve enferma (y si, justo de eso de lo que están pensando) pero considerando que mi carrera y las profesiones de mi familia son enfocadas en ciencias de la salud era algo que se veía venir pese a nuestras precauciones. Y bueno, emocionalmente hablando tampoco estuve mejor, entre la universidad, mi enfermedad y la situcaion en general estuve bastante deprimida hasta hace relativamente poco, peo como todo en la vida pasa fui a terapia y me recomendaron retomar mis pasatiempos, así que aquí estamos...¡Feliz noche buena!
En fin, no tenéis idea de lo complicado que me ha sido editar esto y decidirme a subirlo, al final seguía siendo enorme y tuve que partirlo otra vez. Pero al menos tenemos actualización asegurada, incluso puse una fecha para obligarme a cumplirla (objetivos establecidos y toda esa chorrada de terapia que seguramente ya conocen y saben que suele funcionar).
Agradesco todos sus comentarios, de los que siempre me tienen paciencia y de los que van uniéndose en el camino, incluso de aquellos que se atreven a dejar un comentario para que este pobre fic no se llene de polvo pese que lo abandono a veces, gracias de verdad. Espero les guste este pequeño regalo de navidad.
Espero les guste mucho, ame escribirlo y ame volver. ¡Se viene lo bueno proximamente!
El siguiente capitulo respondo comentarios, gracias a margarita03 por ofrecerse a ayudarme con la portada y una disculpa por la demora en contestar-
ACLARACIONES:
— Algo que creí había corregido pero note que no fue así es el tema de las edades. Debido a que la maldicion del Titan esta tomando lugar en verano en vez de primavera Percy terminaría el ultimo héroe del Olimpo con 17 en lugar de 16. Por lo que su edad de atrasa un año, es decir en el "Ladron del rayo" tiene de 11-12 en lugar de 12-13 y así en todos los libros, en el segundo 12-13, tercero 13-14, cuarto 14-15 y el ultimo 15-16 años tal como en la original. Espero no sea confuso, luego arreglo las confusiones
—Harry tiene 16, Jason y Percy rondan los 13 (casi 14)años.
—Harry le dice "gran comedor" al comedor del campamento pero esto es sólo costumbre de él.
—Se refieren a Nico como "Descendencia de Hades" por qué aún no se sabe su parentesco totalmente.
—Segun la wiki el nombre de Nico seguramente haya sido inspirado de Nicolai que es un nombre de origen ruso, cuyo significado es el que Amelia menciona. Lo que ella dice escuchar en su sueño: "Nikolai" la versión mas usada en el idioma griego. En español seria simplemente Nicolas.
PREGUNTAS:
¿Alguien lee esto hasta acá? En fin espero me hagan saber que les pareció, me alegrarían la navidad y seria una gran motivación.
¿Qué les pareció el capitulo?
¿Cuál fue su parte favorita?
¿Qué opinan de la conversación de los chicos sobre sus padres mortales?
¿Creen que James adopto a Harry por amor a Lily o orgullo?
¿Qué opinan hasta ahora de Nico en el campamento?
Soy mala para hacer escenas de acción, pero ¿Qué les pareció?
¿Qué opinan de Luke y los niños?
¡Hermione y Draco aparecieron después de bastante tiempo! ¿Qué les pareció?
¿Qué les parece la profecía que soltó Draco?
¿Logran interpretarla de algún modo?
¿Creen que sea una profecía del mundo mágico o de los dioses?
¿Les molesta que los capítulos sean tan largos?
¿Comentarios generales? ¿Teorías conspirativas? Por hoy se acepta de todo menos mentadas de madre por que aun ando medio depre XD
Ahí me disculpan si se me va un dedazo, luego corrijo, pero si no subía ahora no subía nunca.
TÍTULO DEL PRÓXIMO CAPÍTULO:
La maldición del Titán III: El costo de la sangre. (Ahora si)
Próximo a publicar el 24 de Enero de 2021
¡No olviden decirme sus opiniones, teorías conspirativas y demás!
Un fic se alimenta de comentarios, alimenta este para que crezca fuerte y sano:)
¡Feliz Navidad! ¡Los adoro!
