Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo los tomé prestados para crear esta historia.
Capítulo 10
Alice era de esas personas que a diario vivía pensando que el mundo acabaría al final del día. La vida con ella a veces resultaba exasperante, porque quería hacer tantas cosas de sopetón que las horas no le eran suficientes. Llevaba una agenda bastante ocupada, llena de pasatiempos y trabajo, como si de alguna manera supiera que la muerte la visitaría joven.
Cuando decidió mudarse del país, Alice visualizó en su mente un futuro brillante. Quería viajar por el mundo, perfeccionarse en lo que más anhelaba y ser esa tía a la que todos sus sobrinos amaban porque traía regalos del extranjero. Hasta que un día conoció a Jasper y por primera vez en su vida quiso compartir sus sueños y viajes con alguien más.
Bella guardaba en su cabeza la imagen de su amiga probándose el vestido de novia, los ojos llenos de ilusión y encanto. ¿Todo para qué? Todo para nada. Cada sueño arrebatado por una ola fría en una terrorífica noche. En un momento era la dulce novia que esperaba casarse y al siguiente ya no existía en este mundo.
Pensó en ella toda la noche y a la mañana siguiente le pidió a Edward que la llevara con ella para despedirse. No le importaba el riesgo que corría, ni perder la habitación si se marchaba y tampoco la distancia que debían recorrer. Consiguieron que una persona los alcanzara unos kilómetros y el resto lo hicieron por ellos mismos.
Bella atravesó el camino horrorizada de lo que veía, por eso no se percató que su pie se había atorado en el fango.
Edward alcanzó a sujetarla antes de que perdiera el equilibrio.
—¡Ouch!
—¿Quieres que te cargue? —preguntó él viendo su mueca de dolor— ¿Te lastimaste?
—Me duele un poco la pierna. —admitió ella, mirándolo con duda— Vas a cansarte si me llevas.
Por supuesto, eso no era un obstáculo para él.
—No importa, ven aquí.
Edward preparó los pies en el fango, dobló las rodillas para que Bella trepara en su espalda y cuando sus pies abandonaron el suelo, ella se agarró al cuello y entrelazó los brazos. Caminaron alrededor de tres cuadras en la misma posición; ella sobre su espalda, los brazos entrelazados bajo su barbilla y las piernas pegadas a las caderas. Cuando llegaron a la entrada del polideportivo, ya sin barro de por medio, Bella se bajó y continuaron el trayecto de la mano.
Encontrar a Sue entre tanta gente no fue una tarea fácil, pero en cuanto Edward divisó la camioneta junto a los albergues, mientras ella y su marido descargaban víveres, caminó en dirección a ellos.
Sue rondaba los sesenta años, era activa, cariñosa y muy servicial. Estaba muy contenta de encontrarse a Edward de nuevo, pero todavía más contenta porque venía con Bella. Ella la abrazó como si la conociera de mucho tiempo y los invitó a comer de los víveres que traía en la camioneta. Se formó una fila grande personas que esperaban el alimento y los cuatro se ofrecieron a repartir entre la población, especialmente a los más pequeños que trataban de hacerse notar entre los más grandes.
Una vez distribuida la comida entre la gente, Edward se acercó a Sue para preguntarle si podía ayudarlos con Alice. Ella le prometió que hablaría con alguien para facilitar el ingreso, pero primero debían buscar en las listas de fallecidos que se había multiplicado estos días.
Cuando regresó con Bella, esta se encontraba sentada picoteando una barrita de cereal.
—Sue nos ayudará con Alice.
Los padres de Alice también estaban desaparecidos. Respecto al resto de los amigos y familiares de Jasper tampoco tenían información alguna de ellos. Hasta el momento los cuatro eran los únicos sobrevivientes.
Bella apretó la mano de Edward cuando Sue dio luz verde para ingresar a la zona de fallecidos, ubicada en la parte más externa del gimnasio. Como Edward había identificado a Alice con su nombre antes, fue más fácil ubicarla en la lista de las víctimas fatales.
Tan pronto como llegaron allí, Edward se interpuso entre Bella y la puerta sin dejarla dar un paso más.
—Bella… ¿estás segura…? —intentó, en vano, hacerla cambiar de opinión— Mírame, no necesitas hacerlo ¿vale? Si no te sientes preparada, por favor no lo hagas.
Aunque lo sabía de sobra, ella no iba a dar su brazo a torcer, no en estas circunstancias.
—Si no lo hago nunca me lo perdonaré. —le respondió, sin lágrimas, ni brillo ni color en las mejillas.
La principal razón por la que Edward no quería dejarla ir era por miedo a que reaccionara de la misma forma en que él lo hizo, la diferencia es que ella era consciente a lo que iba. Edward nunca esperó ver a Alice en esas condiciones y el impacto le había sacudido el estómago de tal forma que estuvo horas vomitando.
Pero Bella era más fuerte de lo que ella misma creía (o más orgullosa) a pesar de lo débil que estaba desde que la encontraron tirada en el bote. Físicamente era un desastre, pero era capaz de controlar sus emociones muy bien si lo necesitaba. Sin embargo, no iba a negar que su cuerpo se estremeció entero cuando, una vez dentro de la zona, distinguió a Alice muerta dentro de una bolsa.
Una bolsa negra con cierre. Y su corazón no pudo soportarlo, porque toda su existencia se reducía a una bolsa.
De un boleto de avión, a una bolsa negra.
De un anillo de compromiso, a una bolsa negra.
De un vestido de novia, a una bolsa negra.
Eso la traumatizó y el orgullo la abandonó.
Rose empezó a llorar de la misma forma en que hizo la noche anterior y Bella se dio cuenta que ella también lloraba, porque su boca se empapaba en lágrimas. Trazó con la yema de los dedos la mejilla fría de Alice, dejando rastros de sus propias lágrimas sobre ella.
—Lo siento. —murmuró dejando escapar un gemido ronco de su boca— Lo siento mucho, lo siento mucho. —repetía sin parar— Oh, Alice… esto es tan injusto. Toda… toda esta mierda es injusta.
Se acercó despacio y besó la frente de su amiga, estallando en un llanto desesperado. La envolvió con el brazo derecho y escondió la cara en el espacio de su cuello.
Si Alice estuviera viva, le daría palmaditas en la espalda para tranquilizarla, pero ahora no recibió nada más que soledad.
¡FELIZ AÑO!
Paso a dejarles este regalito de año nuevo y porque ya salí de vacaciones (por fin) No me demoré 4 meses esta vez. Y sí, es un capi triste también, pero como alguien me dijo en los comentarios, no hay forma de suavizarlo.
Muchas gracias a todas quienes aún siguen la historia pese a la tardanza. Ya estamos llegando al final, no queda nada...
Cuídense mucho, y nos leemos en el siguiente.
Besos.
