El lunes llegó demasiado temprano para mí. Giré en mi cama mientras miraba el reloj de mi habitación. No tenía ganas de salir de la cama, pero había algo que esa mañana me animaba más a hacerlo. Castiel. Después de estar el sábado con él, sentía una gran tranquilidad que no había sentido desde hacía muchos meses. Sentía que, por una vez por todas, me tocaba ser feliz.
Aquella mañana me vestí como nunca antes lo había hecho. El otoño estaba llegando y hacía un poco más de frío que de costumbre. Me puse una falda vaquera con un top negro que marcaba cada curva de mi figura. Para no pasar frío, me puse unas calzas negras que llegaban por encima de mi rodilla y unos botines bajos de cordones negros que me compré en un mercadillo en Londres. Antes de salir de mi habitación, me miré una vez más al espejo. Quería impresionarle. Quería que se sintiera orgulloso de estar conmigo.
Desayuné un te de naranja con una tostada con mermelada de fresa, aunque apenas pude comer tanto como me hubiera gustado. Un montón de mariposas revoloteaban en mi estómago e impedían que pudiese comer. Cogí mi mochila con ilusión y salí disparada por la puerta mientras le gritaba una despedida a mi tía. Quería llegar cuanto antes al instituto. Quería ver cuanto antes a Castiel.
Llegué al instituto y todo parecía normal, sin embargo para mí era diferente. Había dejado atrás a la niña asustada y había resurgido de mis cenizas. Sin pensarlo dos veces, solté las cosas en mi taquilla y comencé a recorrer los pasillos del instituto. Aún tenía tiempo hasta que las clases empezaran y me apetecía que cierto chico apreciara mi precioso conjunto.
Estuve buscándolo durante más de diez minutos. El comienzo de las clases se acercaba y yo no había logrado encontrar a Castiel por ningún lado. Estaba por rendirme y volver hacia el aula cuando una mano agarró con fuerza mi brazo. Por un instante sentí pánico. La última vez que alguien me había agarrado así había sido Nathaniel y terminé con varias marcas en mi rostro.
"¿Acaso estás esquivándome?" La voz de Castiel hizo que me tranquilizara y, lentamente, el color volvió a mi rostro. "¿Qué sucede?" Preguntó preocupado y fue entonces cuando se dio cuenta de su gesto. "No quería hacerte daño."
"Todo bien." Sonreí mientras le acariciaba la mano. "Llevo toda la mañana buscándote. ¿Dónde te metes?" Le pregunté cogiéndole de las manos y atrayéndolo hacia mí. Rodeé su cuello con mis brazos y le oblgué a inclinarse hacia mí, de manera que su boca casi rozaba la mía. "¿Es que no quieres verme ya?" Pregunté con una sonrisa.
"No seas tonta." Contestó mientras posaba sus labios sobre los míos y rodeaba mi cintura con sus manos. Sentí como mi estómago se estremecía. Castiel besaba realmente bien. El beso, que en un principio era la mar de inocente, fue adquiriendo poco a poco un nivel más intenso y pasional. Mi respiración estaba entrecortada. Sentía el corazón de Castiel latir con fuerza contra mi mano. ¿También estaba nervioso como yo? La idea me divertía tanto que no me di cuenta de que una de sus manos había bajado de mi cintura a mi muslo y lo estaba recorriendo de arriba abajo y un frío se había instalado en mi espalda. Estaba contra la pared del hueco de las escaleras. Sentí como la mano de Castiel tiraba de mi muslo hacia arriba y actué por instito. Di un salto y, con su ayuda, acabé rodeando su cintura con mis piernas mientras me tenía contra la pared. Susurré su nombre como pude y paró. "Bueno, creo que si no nos damos prisa vamos a llegar tarde a clase." Dijo con una sonrisa burlona mientras me soltaba en el suelo. Lo miré perpleja. ¿Cómo era capaz de hacer eso? "Cierra la boca, que entran moscas." Río a la par que empujaba mi mandíbula hacia arriba. "¿Piensas venir?" Sin decir nada más, me encaminé hacia el aula y aceleré el paso hasta dejarlo atrás.
El ambiente en clase era extraño. Sentía a la gente mirarme más de la cuenta. Tal vez fueran imaginaciones mías. Habíamos llegado poco después que el seór Farrés. Sí, tal vez sería eso. Íbamos a sentarnos en unas mesas que estaban libres cuando una mano tiró de mí.
"Creo que es mejor que tu te sientes aquí." Dijo Rosa con la mirada seria. Dirigí una mirada a Castiel y vi que Lysandro también estaba tirando de él. Intercambiamos una breve mirada sin entender qué estaba sucediendo. "Creo que no deberíais seguir alimentando los rumores."
"¿Rumores?" Por mi expresión, Rosa supo que no tenía ni idea de qué estaba hablando. El señor Farrés nos lanzaba miradas un tanto incómodas mientras Rosa intentaba explicarme lo sucedido. Cansada de que la interrumpieran, decidió escribirme una larga nota que me entregó un rato después. La leí con cuidado y no pude evitar cubrir mi cara con mis manos. "Dime que no es verdad." Supliqué en voz alta, atrayendo la atención de todos mis compañeros.
"Señorita, si no se encuentra bien, puede salir un momento." El señor Farrés había interrumpido su clase y me miraba un tanto preocupado. Sin decir nada más me levanté de mi sitio y salí del aula con la mirada puesta en la puerta. Sentía vergüenza al mirar a mis compañeros. Necesitaba buscar un lugar en el que esconderme. Barajé mis opciones: Podía irme a casa, aunque eso llamaría la atención de la directora y tendría que traer firmado un justificante. No iba a tener problemas, pero entonces tendría que contarle todo a mi tía y me sentía un poco estúpida actuando así. Podía salir al club de jardinería. Era un lugar tranquilo, aunque seguramente no duraría mucho esa tranquilidad ya que se acercaba la hora de comer. Vagué por los pasillos del instituto hasta que di con un lugar decente.
"Espero que no te moleste." Murmuré para mí misma mientras bajaba las escaleras del sótano y me colocaba detrás de un montón de cajas viejas apiladas. Hundí mi cabeza entre mis rodillas e intenté idear una solución para mi nuevo problema.
"¿Acaso no pensabas venir a verme?" La voz de Castiel me sorprendió. No sabía que estaba en el sótano. Ni si quiera había oído la puerta. "LLevo todo el día buscándote, maldita sea." Dijo mientras se sentaba a mi lado. Sin embargo no me miraba. "¿Piensas contarme qué ha pasado?" Preguntó al cabo de un rato al ver que no respondía. Por su tono podía ver que estaba bastante cabreado.
"¿Lysandro no te ha dicho nada?" A veces me sorprendía el criterio que tenía Lysandro para considerar que algo no era importante. Castiel me miró serio alzando una ceja. Respiré hondo y me dispuse a contarle lo que Rosa me había dicho un rato antes. "Alguien a empezado un rumor sobre nosotros. Bueno, más bien sobre mí. Me van tachando de..." Sabía que no podía decirle a Castiel la palabra que me estaban atribuyendo en el instituto, eso le enfurecería aún más. "Digamos que consideran que soy una chica que no tiene escrúpulos a la hora de ir cambiando de pareja según me plazca." Castiel me miró serio, pero al menos no había ratro de enfado en su rostro. "Dicen por ahí que no me he quedado satisfecha hasta romperle el corazón a Nathaniel y que ahora voy a por ti. También están apostando quién será el siguiente..." A medida que terminaba de contarle lo sucedido a Castiel, sentía como un nudo se formaba en mi garganta.
"¡Maldita sea!" Exclamó Castiel a la vez que usaba unos calificativos bastantes desagradables hacia nuestros compañeros. Ví como se disponía a golpear una caja con la punta de su zapatilla pero se contuvo en el último momento. Comenzó a dar vueltas por el sótano hasta que acabó volviendo hacia mí. Se dejó caer a mi lado y me rodeó los hombros con su brazo, atrayéndome hacia él. "No te preocupes. Daremos con el responsable de todo esto. Y lo pagará, te lo prometo." Dijo mientras me besaba la frente.
"Es que" Comencé a decir sozollando. "¿Podré ser alguna vez feliz? No lo entiendo." Oculté mi rostro en su hombro y me dejó desahogarme con ganas mientras me acariciaba el pelo.
"Venga, tranquilízate. No me gusta verte así." Murmuraba mientras me abrazaba y me mecía ligeramente. Alcé el rostro y vi que estaba sonrojado. No pude evitar sonreír al ver lo preocupado que estaba por mí.
"¿Es que acaso no te gusta verme con los ojos rojos e hinchados?" Reí mientras le daba un pequeño empujón.
"¿Bromeas? Lo que no me gusta es que me llenes la chaqueta de mocos." Rió mientras me agarraba de la cintura y me hacía cosquillas. "Es mi favorita." Añadió. Yo no podía parar de reír mientras intentaba escaparme de su tortura. Sin embargo, Castiel era fuerte y me movía a su antojo sin ningún tipo de esfuerzo, haciendo que me sentara en su regazo. "Así estás mejor." Sonrió con una sonrisa de medio lado mientras me quitaba un mechón de pelo de la cara y limpiaba con su pulgar las lágrimas de mis ojos. Asentí mientras le daba las gracias y le plantaba un beso en sus labios.
Cuando salimos del sótano las clases se daban ya por finalizadas y los alumnos iban saliendo poco a poco del instituto. En la salida, Rosa nos esperaba impaciente.
"¿Nos estabas esperando, Rosa?" Pregunté al llegar a ella.
"¡Pues claro que sí! Después de cómo te has ido... Pensaba que vendrías a verme, o al menos tu querido novio podría haber tenido el detalle." La palabra novio hizo que tanto Castiel como yo nos sonrojásemos. Era una realidad, estábamos juntos. Pero no conseguía acostumbrarme a oír Castiel y la palabra novio en la misma frase.
"Lo siento mucho, pero la situación me ha sobrepasado. No me esperaba esto para nada." Me disculpé mientras intentaba controlar mis mejillas rosas.
"¿Sabes quién lo ha iniciado?" Preguntó Castiel por primera vez desde que nos habíamos encontrado con Rosa.
"La verdad es que no, pero tengo mis sospechas." Rosa intercambió una mirada con Castiel.
"¡Esa maldita pija, me las va a pagar!" Dijo furioso mientras alzaba su puño en gesto amenazador. "¿No piensa dejarme tranquilo nunca o qué le pasa?"
"¡Castiel por favor! ¿Qué piensas hacer cone sa actitud? No puedes pegar a una chica." Le recriminó Rosalya poniendo los ojos en blanco.
"¡Por ella haré una excepción!" Volvió a decir en el mismo tono furioso.
"Además no sabemos con seguridad si Ámber ha sido la que ha comenzado el rumor. Solo lo sospechamos." Rosa intentó tranquilizarlo inútilmente.
"Venga Castiel, así no vas a conseguir nada. Primero debemos averiguar si ha sido ella." Intervine yo intentando que bajara su enfado.
"Pero, ¿qué os pasa? ¿Desde cuando dudáis en que lo malo de este instituto esté relacionado con Ámber?" Gritó ofendido. "¿Sabéis qué os digo? Avisadme cuando hayáis decidido dejar de ir civilizadas con ella." Dijo mientras se iba del instituto con paso ligero. Suspiré y miré a mi amiga, que tenía una expresión divertida en la cara.
"No me imaginaba que le importabas tanto." Sonrió mientras se agachaba a mi brazo. Yo volví a mirar en dirección hacia donde había ido, pero Rosa tiró de mí. "Ignóralo. Deja que se tranquilice y ya volverá a buscarte. Ahora lo importante es averiguar quién ha podido hacer algo tan horrible." Dijo mientras tiraba de mí hacia el centro de la ciudad. Supuse que íbamos camino de la tienda de Leigh para poder hablar tranquilamente del tema sin que nadie nos escuchara.
Llegué a la tienda y realicé las formalidades oportunas. Saludé a Leigh tímidamente mientras Rosa le daba un sonoro beso en la mejillas. Se excusó para ir al baño y yo mientras me senté en el interior del taller de costura de Leigh, apartada en una esquina para no molestarle. Observaba cómo trabajaba un trozo de tela negro con un brillo espectacular. Cortaba con cuidado siguiendo un patrón y colocaba las agujas para sujetarlo. Era algo hipnótico verle trabajar. Tanto, que no me di cuenta de que Rosalya había llegado y estaba en frente mía golpeando el pie en el suelo.
"Perdona Rosa, estaba distraída." Confesé un poco avergonzada. Si no supiera de mis sentimientos por Castiel, estoy segura de que no estaría muy contenta.
"Sé que a veces cuesta centrarse, pero tienes que intentarlo." Rió con ternura. "¿Qué estás haciendo aquí?"
"Pensaba que íbamos a hablar del tema de los rumores." Contesté dudosa. ¿Para qué otra cosa si no iba a haber venido aquí?
"Ya tendremos tiempo de hablar más tarde. Ahora necesito que te pongas allí." Dijo señalando un escalón que estaba en el centro del taller. Mi mirada pasó del escalón a Rosa y de nuevo al escalón. "¡Venga!" Exclamó mientras tiraba de mí y me obligaba a colocarme allí.
"No entiendo. ¿Qué estás haciendo?" Exclamé al ver cómo me rodeaba la cintura con un metro de costura e iba anotando las medidas en un papel. "¿De verdad es el momento de hacer esto, Rosa?"
"¡Claro que sí! ¿O es que acaso no quieres llevar un precioso vestido para el baile?" Constesto indignada mientras seguía colocándome el metro alrededor de todo el cuerpo.
"¿El baile?" Pregunté mientras intentaba hacer memoria, pero era incapaz de recordar nada relacionado con ello.
"Didi, el baile de graduación es en dos semanas." Rosalya me miró sorprendida. "Todo el mundo lleva un mes hablando de ello." Entonces entendí porqué no recordaba nada. Hace un mes vivía en mi caparazón aislada por Nathaniel. Seguramente no hubiera querido ir ya que eso supondría tener otras miradas puestas en mí. "¿De verdad se te había olvidado?" Rosa me miraba preocupada.
"Tengo muchas cosas en la cabeza últimamente. No te preocupes." Contesté mientras asentía y me dejaba guiar por mi amiga.
Al cabo de un rato terminó de tomarme medidas y se fue a una mesa a hacer el boceto del vestido. Intenté asomarme pero me lo impidió tapando el papel con sus manos y diciendome que iba a ser una sorpresa. Yo me dediqué a encogerme de hombros y a pasear por la tienda mientras miraba los vestidos que Leigh ya tenía confeccionados y las telas que había adquirido recientemente. Me quedé mirando una negra en particular. No era tan bonita como la que tenía Leigh en ese momento, pero tenía cierto encanto.
"Oh no te molestes en ello. La tela ya está elegida." Rosa había salido del taller y había ido en mi busca.
"¿Podré decidir algo del vestido?" Pregunté un poco molesta, pero Rosa sabía que no podía enfadarme con ella. Río mientras me ofrecía un sandwich y se sentaba conmigo en unos escalones para hablar del tema de mis rumores. "Entonces, ¿tu también crees que es Ámber la que está detrás de esto?"
"Es algo que haría ella sin dudar, pero no es de su estilo dejarlo correr como la pólvora. Suele disfrutar contándolo ella misma. Le da cierto protagonismo." Rosalya hablaba más bien para ella. "Tiene que ser alguien que quiera mantenerse en el anonimato. Alguien que no quiera destacar pero que a la vez necesite hacerte ese daño." Rosa se quedó callada mirando al infinito. Podía ver como su cabeza iba a mil por hora por el simple movimiento de sus ojos.
"¿Y alguna idea? Tal vez haya otra chica a la que no le caiga muy bien. Las amigas de Ámber o algo. Alguna que tenga aprecio por Castiel o..." Comencé a decir pero Rosa me hizo un gesto con la mano para callarme.
"Déjame que averigüe algunas cosas mañana. Te buscaré cuando encuentre algo." Dijo mientras le daba un bocado a su sandwich. Intenté convencerla de que me dejara ayudarla, pero estaba encabezonada en hacerlo sola. "Sé cuidarme yo solita." Rió mientras me daba un golpecito.
Salí al cabo de unas horas algo más animada que cuando había entrado. Rosa era una chica genial y me encantaba tenerla en mi vida. Con respecto a Castiel...Tenía que encontrar la manera de hablar con él. No me gustaba mucho que actuara de esa manera, pero tenía que encontrar la forma de decirselo para que no se enfadara conmigo. Saqué mi telefono para llamarlo y lo pegué a mi oreja.
"¡Por fin! Llevo horas esperándote." Oí su voz, pero lo extraño es que no era a través del teléfono. Miré la pantalla confundida. Había rechazado mi llamada. "No sé cómo sois capaces de tiraros tanto tiempo hablando ahí encerradas." ¿Estaba volviéndome paranoica? Pensé mientras me giraba sobre mí misma. Castiel estaba allí, detrás mía. Sus brazos cruzados sobre el pecho y una bolsa de papel en la mano. "Ten, te he traído la merienda." Lo miré boquiabierta.
"¿Qué estás haciendo aquí?" Pregunté sorprendida.
"¿No es obvio? He venido a acompañarte para buscarte a casa." Respondió. Yo alcé una ceja.
"Es extraño después de ver tu comportamiento de hoy."
"Sobre eso... Yo..." Castiel empezó a darle vueltas al tema hasta que le exigí que fuera claro. "Lo siento, ¿vale? No me gusta que se metan en mi vida, y mucho menos que hablen de ti de esa manera. Me pudo la rabia." Estaba evitando mirarme a los ojos. "Me importas mucho y no quiero que lo pases mal." No pude evitar estremecerme. En el fondo Castiel era un romántico empedernido. Nada que ver con la apariencia de chico malo a la que nos tenía acostumbrados. Seguía sin mirarme a la cara así que me acerqué rápidamente y le di un beso en la mejilla mientras le quitaba la bolsa con mi merienda. "¡Eh! ¿No piensas compartir?" Me preguntó con una sonrisa burlona mientras me rodeaba con su brazo y caminábamos hacia mi casa. No pude evitar reírme a la vez que le daba un pedazo de mi magdalena.
"¡Pero tienes que dejarme un poco!" Exclamé al ver que le daba un mordisco bastante grande.
"Seguro que te has hinchado a comer con Rosa hay dentro." Murmuró con dificultad con la boca llena de magdalena.
"Pero siempre tengo hueco para más." Reí mientras metía mi cabeza en su cuello. A pesar de lo mal que había ido el día, no podía evitar sentirme completamente feliz en ese momento. Estaba con el chico que me gustaba y nada podía estropearlo.
